Resumen: Segunda parte de la serie "Constelaciones". Draco y Harry están felizmente disfrutando del comienzo de su relación, sin embargo, los problemas están lejos de acabar. ¿Podrán superar los obstáculos que les serán puestos en el camino y a las acciones de quienes intentan separarlos? ¿O su relación terminará incluso antes de que siquiera pueda comenzar? DRARRY

Disclaimer: el universo de Harry Potter no me pertenece, todo es propiedad de Rowling y Warner Bro.

Notas de autora: ¡Muchísimas gracias por todos sus alertas, favoritos y comentarios! No tienen idea de lo mucho que significa para mí. Este capítulo va dedicado a xonyaa11, giulianacontesso y Yumiko Luna por haberse tomado el tiempo de dejarme sus reviews el capítulo pasado. Ahora sí, espero que disfruten el capítulo.

Advertencia: el capítulo contiene violencia física y lenguaje soez.


Galaxia: El verdadero plan de Ginny

31 de diciembre de 2010

Era casi irónico lo muy equivocado que podía estar en algunas ocasiones. Después de que la guerra terminó, y de que finalmente pudimos librarnos de la mayor amenaza que pisó el mundo mágico durante un largo tiempo, creí que las noches de insomnio habían acabado. No más permanecer despierto y alerta ante cualquier sonido fuera de lugar. No más cerrar los ojos y tratar de ignorar la sensación de absoluto terror que se apoderaba de cada parte de mi cuerpo, dejándome impotente y totalmente expuesto ante magos y brujas que sólo querían causarme dolor por el simple hecho de encontrarlo divertido. No más incertidumbre por lo que podrían hacer dichos magos para lastimar a quienes lo representaban todo para mí. No más de nada de esto; sólo que sí había habido más de ello, mucho más.

Un agotado suspiro escapa de mis labios, a la vez que me llevo las manos a mi soñoliento rostro para restregarlas contra mis ojos para tratar de quitarme esa sensación de letargo. No hacía falta decir lo horrible que había dormido anoche, si es que siquiera había llegado a dormir por más de unos pocos minutos. Durante toda la noche no había podido hacer nada más que quedarme allí, recostado boca arriba y con la cabeza de Harry sobre mi pecho, mientras repasaba una y otra vez los acontecimientos del día. Había perdido la cuenta de las veces que había intentado encontrar una solución a lo que fuera que Weasley estuviera planeando con dejar a la luz mi identidad secreta. Si lo que pretendía con ello era que me alejara de Harry, ciertamente no había funcionado para nada. De hecho, eso sólo había servido para que nos uniéramos aún más. No, estaba claro que este no era el plan completo de la comadreja. Era obvio que esto sólo había sido el comienzo y que, desafortunadamente, habría más esperando para interponerse entre nuestras vidas; pero, ¿qué era? ¿Qué era eso que ella había planeado? Ninguna de las ideas que se me habían ocurrido a lo largo de toda la noche parecían tener sentido o ser capaces de separarme de Harry, al menos que involucraran mi muerte claro está; pero ese era un límite que no creía que la chica comadreja fuera a ser capaz de cruzar, ¿verdad?

Dando otro suspiro, coloco un brazo para cubrir mis ojos y trato de tranquilizar mi respiración, la cual comenzaba a agitarse producto del pánico que me generaba no saber qué tenía planeado esa perra para nosotros. Permanezco de esta forma durante un par de minutos, simplemente tratando de infundirme algo de serenidad, cuando siento un peso sobre la cama y unos suaves labios comenzar a besarme el pecho y el cuello. Automáticamente, una sonrisa se instala en mi rostro y soy capaz de percibir cómo desaparecen de mí la mayoría de mis preocupaciones. Realmente escapaba de mi comprensión cómo era posible que Harry pudiera tranquilizarme con unos pocos e inocentes besos.

─Hey, dormilón. Nos hice el desayuno.

─¿Qué hora es?

─Las nueve.

Harry dice esto entre medio de pequeños besitos que eran dejados por una parte muy sensible de mi cuello, sin embargo, lo único que yo hago es fruncir el ceño ante esto. ¿Qué hacía Harry aquí todavía y por qué no había ido a trabajar? De inmediato quito mi brazo para descubrir mis ojos, y solo entonces puedo ver que Harry estaba vestido con ropa de civil.

─Harry, ─Suelto esto con un exasperado suspiro, a la vez que lo aparto para poder levantarme y comenzar el día. ─¿por qué no fuiste a trabajar?

─Quería quedarme. Ni siquiera han pasado veinticuatro horas desde que…

─No.

─Pero…

─Dije que no, Harry. ─Lo reprendo con un autoritario tono para hacerle comprender que no cambiaría de opinión, y por el rabillo del ojo puedo ver que él se sentía algo molesto y desilusionado por mi rotunda negativa. Lo último que quería en estos momentos era que discutiéramos, así que me apresuro a poner un tono más comprensivo para explicarle el porqué de mi decisión. ─No es que no lo aprecie. En verdad lo hago. Y quiero que sepas que, si dependiera de mí, te tendría en casa todos los días, y no sólo por lo ocurrido; pero también sé cuánto te importa tu trabajo y lo mucho que amas ejercer tu profesión, así que no me interpondré en ello de ninguna forma. Es por eso que quiero que vuelvas al trabajo. No quiero que lo ocurrido con esto sea capaz de perturbar nuestras vidas. Quiero que sigamos viviendo como si nada de esto nos afectara porque si no lo hacemos, estamos dándole de ganar a quien está intentando arruinar nuestras vidas.

Perfecto. Con estas palabras le había dejado en claro exactamente por qué quería que volviera al trabajo, e incluso, había sido capaz de dejarle de forma ambigua el hecho de que alguien estaba intentando separarnos. Sabía que esto no generaría el mismo efecto que si pudiera confesarle toda la verdad, pero al menos Harry podría estar alerta al saber que había alguien ahí afuera dispuesto a lastimarnos.

Harry me observa en silencio por unos segundos y por un aterrador momento creo que va a protestar y a negarse a ir, sin embargo, nada de eso ocurre. Harry suelta un derrotado suspiro y se levanta de su lugar para comenzar a cambiarse a ropas más decentes. Habiendo ganado esta pequeña batalla, me levanto de la cama y me visto para comenzar el día. Una vez hecho esto, higienizo mis dientes y voy a la cocina para colocar el desayuno de Harry en un recipiente para que pudiera llevarlo al trabajo. Afortunadamente, mi gatito había comprado cruasanes en la panadería de la esquina, así que no necesitaba hacer nada más que envolverlos y colocarlos en una bolsa. Luego, rebusco en la alacena hasta que hallo un vaso térmico con tapa, y vierto el té dentro. Después de taparlo, lo coloco junto a los cruasanes y dejo todo sobre la mesa de la isla.

─¿Qué es eso?

─Tu desayuno. Ya estás llegando una hora tarde, así que mejor te lo llevas para comer en la oficina, o Robards va a darte el sermón más largo de la historia de los sermones.

Por la forma en la que Harry me estaba observando no era capaz de comprender si quería golpearme con exasperación por lo que acababa de hacer, o besarme hasta la inconciencia por mi dulce gesto. Al parecer esta última había ganado la batalla, porque de inmediato se para sobre la punta de sus pies y me besa con una intensidad que me estaba haciendo replantearme el hecho de dejarlo ir a trabajar. ¿Por qué había insistido con ello de todos modos? Estaba seguro de que en el Departamento de Aurores podrían encargarse de las cosas a pesar de la ausencia de Harry, ¿verdad? Sí, ciertamente podrían. Estoy a punto de hacerle saber que había cambiado de opinión, cuando Harry se aparta y me da un último beso sobre la comisura de los labios, antes de tomar la bolsa y separarse a unos pasos de mí.

─Volveré para almorzar. Prométeme que me llamarás si algo ocurre.

─Lo prometo.

Harry me roba un último beso, y se desaparece hacia su trabajo. Por mi parte, aún podía ser capaz de percibir sobre mis labios el agradable cosquilleo que sentía cada vez que Harry me besaba. ¡Merlín! Las emociones que podía hacerme sentir con un gesto tan inocente eran indescriptibles. Más animado que nunca, voy hasta mi asiento en la isla y me preparo para comenzar a desayunar. Detrás de mí escucho la chimenea encenderse y a alguien ingresar por ella. Teniendo la certeza que era Blaise quien había decidido autoinvitarse a desayunar, al igual que lo había estado haciendo a lo largo de estos últimos días, ni siquiera me giro, y en cambio, digo algo con un divertido tono.

─Comienzo a pensar que tus elfos domésticos te matan de hambre, Blaise. Porque no hay otra explicación a que vengas todos los días a robar comida aquí.

Petrificus Totalus.

Y sólo cuando siento mi cuerpo ponerse rígido como una tabla es cuando me percato de lo equivocado que estaba y lo muy insensato que había sido al dejarme expuesto de esa manera. No necesitaba poder ser capaz de girarme para conocer la identidad de mi atacante porque a esa voz, a esa maldita e irritante voz podría ser capaz de reconocerla en cualquier lugar. Después de todo, dicha voz había pasado a pertenecer a la persona a la que, actualmente, más odiaba en este mundo. Weasley. Ginny Weasley estaba en mi apartamento y había conseguido tomarme con la guardia baja de la manera más simple y estúpida en la que alguien podría haber pensado. ¿Cómo, en el nombre de Salazar Slytherin, había conseguido unir mi Red Flu a la suya? Aunque no puedo pensar en nada más, porque la siento acercarse hasta donde aún me encontraba petrificado y lanzarme un hechizo para arrastrarme hacia la silla de mi escritorio. Una vez allí, me ata con un Incarcerous antes de liberarme del hechizo de la inmovilización total. Sin embargo, no tengo tiempo de intentar huir porque de inmediato me empuja hasta caer sentado en la silla, y lanza otro Incarcerous para que quede atado a esta.

Maldigo para mis adentros al pensar en mi varita, la cual se encontraba aprisionada en el bolsillo de mi pantalón y sin que yo pudiera alcanzarla con estas fuertes ataduras. Era en momentos como estos donde me vendría bien un poco de esa magia sin varita que Harry realizaba tan naturalmente; pero yo no era tan poderoso como él, y mis hechizos sin varita eran débiles e insignificantes, así que no me ayudarían en lo absoluto con mi situación actual. La perra de Weasley gira la silla para que quedara frente a ella y me observa con una triunfante expresión en su pecoso rostro, una que quería borrarle de inmediato a maldiciones, pero dada mi condición sólo podía lanzarle dagas con la mirada y expresar con ello cuánto la odiaba. Ella no parece perturbarse por esto, y simplemente rebusca entre los bolsillos de mis pantalones por mi varita. Cuando la tiene en su poder, me la quita y la guarda dentro de su abrigo. Y sabía lo que vendría a continuación incluso sin que ella hubiera abierto la boca aún.

─¡Oh! Miren a quién tenemos aquí. A mi Mortífago favorito. ─El sarcasmo y desprecio con el que dice estas palabras podría incomodar a cualquier otra persona, pero en mí no provocaba más que exasperación. Internamente sólo estaba tratando de hallar una forma de liberarme de estas ataduras para poder huir de aquí, pero las cuerdas estaban atadas mediante magia, lo cual volvía la tarea un imposible. Weasley me observa con una triunfante expresión y sabía que lo que diría a continuación no me gustaría. ─Te lo advertí, Malfoy. Te dije que esto no había terminado y que obtendría lo que quería. ¿Y tú me escuchaste? ¡No! Decidiste ignorar mi advertencia y representar el papel del idiota arrogante que siempre interpretas. Bien, creo que es hora de que alguien te enseñe algo de humildad. ¿No crees?

No respondo nada porque, ¿qué sentido tendría cuando eso sólo la haría enfadar aún más? Y la chica comadreja parecía estar lo suficientemente inestable dentro de su mente como para representar una gran amenaza hacia mi apresada figura. No, lo más sensato sería mantenerla hablando y despotricando hasta que Harry volviera para almorzar. Con un poco de suerte, quizás él fuera capaz de detenerla a tiempo y esta pesadilla terminaría de una vez por todas. Por su parte, Weasley no parecía molesta ante mi falta de respuesta, y simplemente continúa con su venenoso monólogo.

─¿Sabes, Mortífago? Las cosas podrían haber sido muy diferentes, tanto para ti como para mí. Sí, muy diferentes. ─Weasley hace una pausa y observa todo nuestro apartamento con una mirada de desagrado. Cuando su vista se posa en el desayuno que Harry me había dejado preparado, algo parece nublar su visión y por ella podía ver un absoluto desprecio, como si esto le produjera nauseas. Finalmente aparta la mirada de esto y vuelve a posarla en mí. ─¿Y sabes otra cosa? No tienes a nadie más que a ti mismo para culpar. Te buscaste esto tú solo al interponerte entre Harry y yo.

¡¿Interponerme?! ¿De qué estaba hablando esa loca perra? ¡Nunca me había interpuesto entre ellos! Sólo Merlín sabía lo mucho que había sufrido durante todos esos años por un amor que creía que era no correspondido. Sólo Merlín era testigo de las incontables noches que había pasado suspirando por Harry en silencio, pero sin ser capaz de dejar expuestos mis verdaderos sentimientos por el simple hecho de no irrumpir en su perfecta vida con Weasley. Sólo Merlín sabía que yo hubiera continuado amándolo en secreto, aun si eso significara que mi vida se convertiría en nada más que una cruel y despiadada tortura, y sólo por no arruinar su tranquila vida. No, ciertamente yo no me había interpuesto entre ellos, así que, ¿por qué ella estaba diciendo esto?

Sin poder contenerme, abro la boca y suelto una pregunta con el más rencoroso tono de voz que podía emplear.

─¿De qué demonios estás hablando, comadreja? ¡Yo no me interpuse entre nada! ¡Todo fue tú culpa! ¡Tú fuiste la que le dio Amortentia a Harry en un primer lugar!

─¡Cállate, maldita basura! Tú no sabes nada. ¡Nada! ─Weasley grita esto con incontrolable desprecio, a la vez que comienza a pasearse con nerviosismo como un animal enjaulado. Después de dar unos cuantos pasos, vuelve a posar su mirada en mí y comienza a explicar lo que ella creía que era la verdad, aunque no podría estar más alejada de la realidad. ─Todo iba bien en mi vida. ¡Todo! Tenía todo lo que siempre había deseado, un trabajo que me gustaba y al chico del que había estado enamorada incluso desde antes de conocerlo. Teníamos planes de mudarnos juntos, casarnos y formar una familia; y luego tuviste que venir a entrometerte, ¡y arruinarlo todo dándole a Harry esas asquerosas y anormales ideas homosexuales!

¿Mis ideas? ¿De qué demonios estaba hablando? ¿Acaso la comadreja creía que la homosexualidad era alguna clase de enfermedad que se te podía contagiar? ¿Qué tan estúpida y discriminatoria podía ser? A cada segundo que Weasley hablaba, obtenía más y más motivos para odiarla y hechizarla hasta el olvido una vez que consiguiera liberarme de estas jodidas ataduras. Por desgracia, no logro deshacer las cuerdas y sólo puedo contentarme con fulminarla con la mirada, rogando a cualquier deidad que estuviera escuchándome porque pudiera matarla con la vista tal cual Basilisco; pero Weasley no muere, y simplemente continúa con su retorcido discurso. ¿Por qué a los villanos siempre les gustaba hablar tanto?

─Espero que hayas disfrutado el que Harry te follara, porque eso se acabó. No volverás a poner tus sucias manos en él, ¿me oíste, asqueroso Mortífago?

Y es aquí donde no puedo evitar soltar un divertido resoplido de risa por la ironía de la situación. ¡Oh! Si tan sólo Weasley supiera cuánto disfrutaba Harry de cederme por completo el control para que pudiera follármelo hasta la inconciencia, de seguro quedaría traumada de por vida. Desafortunadamente, la chica comadreja no encuentra nada de divertido en ello, porque detiene su andar y me observa con un odio tan intenso que incluso parecía esparcirse a nuestro alrededor de manera física.

─Crees que es divertido, ¿verdad? Crees que simplemente podrás librarte de esto y volverás a apartarme de Harry, ¿no es así?

Todo rastro de diversión se me escapa al oír ese peligroso tono con el que habla, y realmente debo hacer uso de toda mi enseñanza sangre pura para no dejar entrever nada del nerviosismo que me acometía. Mi imperturbable máscara Malfoy permanece intacta y me fuerzo a no tragar saliva para no delatar lo mucho que comenzaba a asustarme esta situación. Aunque Weasley no lucía intimidada ante mis infructíferos intentos por permanecer impasible, y continúa hablando con ese malicioso tono de voz que tanto detestaba.

─Voy a contarte un pequeño secreto. Estoy segura de que te encantará oírlo. ─Weasley hace una pausa para acercarse y posarse a pocos centímetros de mi rostro, y por un horrible segundo temo que vaya a besarme. Sin embargo, y para mi mayor fortuna, no hace nada de esto y sólo se dedica a observarme con una perversa sonrisa que me producía desagradables escalofríos por todo el cuerpo. ─¿Sabes, Malfoy? Cuando Harry comenzó a actuar tan extraño debido a las repugnantes ideas que habías estado metiéndole en la cabeza, no tuve otra opción más que buscar una manera de hacerle olvidarse de esos anormales pensares; porque ciertamente no iba a dejar que nadie me quitara a Harry, no después de todo lo que había tenido que hacer para que él me notara como algo más que la hermana pequeña de Ron. No, en verdad no iba a dejar que nadie arruinara lo que siempre había estado destinado a suceder, mucho menos una basura como tú. Así que me puse a pensar, ¿cuál podría ser la mejor manera de hacer que Harry volviera a amarme de la forma en la que solía hacerlo? Y sólo encontré dos posibles formas de cumplir este objetivo.

Weasley me observa en silencio y con la mirada perdida, como si estuviera rememorando algo, mientras yo intentaba forzar a mi magia a tratar de liberarme de esas ataduras. Desafortunadamente, no consigo hacer que las cuerdas se muevan ni siquiera un poco. ¡Maldita sea! ¿Por qué la magia sin varita era tan difícil? ¿Y dónde estaba el jodido Blaise cuando lo necesitaba? Había venido a desayunar toda la semana, ¿por qué no había venido hoy? Un desagradable frío me recorre por la columna al pensar en esto. Ciertamente era extraño que Blaise no hubiera aparecido, en especial después de lo ocurrido. Weasley no les habría hecho algo a mis amigos, ¿verdad? Una conocida sensación de pánico comienza a apoderarse de mí, pero la perra de Weasley no me permite perderme en ese mar de desesperación porque de inmediato sale del extraño trance en el que se hallaba, y reanuda su explicación.

─Sí, sólo había dos opciones. La primera de ellas era usar alguna maldición que lo hiciera corresponderme como solía hacerlo. Quizás no lo sepas, pero Harry puede resistirse a la maldición Imperius; así que eso descartaba por completo mi idea y sólo me dejaba con la segunda opción, utilizar algún filtro de amor. ─Weasley vuelve a hacer una pausa y su rostro adquiere una grotesca mueca que afea su pecoso rostro. Nunca seré capaz de comprender qué había visto Harry en ella en un primer lugar. Para mí, Weasley siempre había sido una gráfica representación de todo lo que no sería capaz de excitarme en una persona. La mueca no desaparece del todo, pero al menos le permite abrir la boca y continuar con su eterna explicación. ─En verdad odiaba tener que darle Amortentia a Harry. No sólo porque preparar la poción era un completo problema en sí mismo, sino que, además, tenía que asegurarme de darle una dosis diaria para que no pudieras ser capaz de volver a meterle esas asquerosas ideas en la cabeza. ¡Incluso tuve que pagarle a un reportero de El Profeta para que averiguara qué comidas le gustaban a Harry y cuáles no! No podía arriesgarme a preguntarle personalmente en caso de que encontrara algo sospechoso en ello. Harry es muy receloso con esa clase de cosas gracias a su entrenamiento de Auror.

El recuerdo de lo que Harry me había dicho cuando fuimos a cenar a la casa de Granger y Weasley vuelve a mí, y es entonces donde descubro que había sido ella. Ginny Weasley había sido la responsable de que, no sólo Harry, sino también sus amigos, tuvieran que levantar protecciones en sus casas para evitar esta clase de acosos. ¿Hasta dónde había llegado la locura de la chica comadreja, que ni siquiera le importaba lastimar a amigos y familiares sólo para obtener lo que quería? Aterrador. Esto era sin lugar a dudas aterrador.

Una fuerte carcajada me aparta de estos pensamientos, y cuando elevo la vista, me doy cuenta de que Weasley estaba riendo con una maldad tan potente que era capaz de atravesarme los huesos. Esta situación comenzaba a gustarme cada vez menos.

─¡Oh! Pero tú no puedes hacer alarde de eso, ¿cierto? Tú no puedes resistirte a la maldición Imperius, ¿verdad? Podría lanzarte esta maldición ahora, y ordenarte que odies a Harry. Sí, podría hacerlo.

¡NO! Weasley no se atrevería a hacer algo tan cruel como eso, ¿verdad? El sólo pensamiento de verme forzado a odiar a mi adorable gatito por un jodido maleficio era suficiente para que sintiera náuseas y unos irrefrenables deseos por lanzarme un Avada a mí mismo. Preferiría morir antes que tener que vivir en un mundo en el cual odiara a Harry por obra de esta desquiciada mujer. Afortunadamente, las palabras que dice la comadreja apartan algo de la desesperación que me había acometido con su amenaza. ─Pero no voy a hacer eso. ¿Por qué lo haría, cuando eso levantaría sospechas de Harry? No, él se preguntaría por qué de repente su patética putita quiere maldecirlo; así que no haré eso.

Una ínfima sensación de alivio me asalta al escuchar esto, pero la perversa sonrisa de Weasley permanece intacta, por lo que sabía que lo que diría a continuación no iba a gustarme; y ciertamente no me gusta.

─¿Sabes? Incluso podría hacer que me amaras a mí. ─Weasley se ríe ante eso y me regala una ladina mirada mientras me recorre el cuerpo de una manera que me provocaba arcadas. ─Sería muy divertido verte arrodillado a mis pies, diciéndome lo mucho que me amas y cuánto no puedes vivir sin mí.

Y eso era todo lo que necesitaba oír para reaccionar. El simple pensamiento de verme forzado a amar a alguien que no fuera Harry, en especial a alguien tan asquerosamente repugnante y malvado como ella, era más que suficiente para que quisiera hacerle pagar por insinuar una cosa tan aberrante como esa. Reuniendo todo el odio y asco que sentía por esta maldita perra, acumulo una gran cantidad de baba en mi boca y se la escupo con fuerza en su pecoso rostro. Weasley suelta un chillido y se aparta de mí de inmediato. Sin perder tiempo, pasa su mano por todo su rostro para quitar los restos del escupitajo que acababa de lanzarle. Una pequeña sensación de satisfacción me inunda al haber podido atacar de alguna forma a la pequeña zorra. Sin embargo, no puedo regodearme demasiado con mi victoria, porque de inmediato siento un fuerte puñetazo aterrizar sobre mi ojo izquierdo y un gran dolor recorrerme por toda la cabeza. ¡La jodida salvaje me había golpeado como lo haría un vulgar muggle! ¡¿Es que no le habían enseñado modales en el basurero en el que había vivido?!

Era atroz el dolor que sentía recorrer en una parte de mi frente y alrededor de mi ojo izquierdo, y por la forma en la que mi visión comenzaba a hacerse borrosa, estaba seguro de que la piel estaba comenzando a hincharse y oscurecerse a su alrededor.

¡Maldita perra, sólo espera a que me libere! ¡Lo juro, no va a quedar nada de su patético ser, y ni siquiera sus padres serán capaces de reconocerla para cuando termine con ella!

Aunque Weasley no parece amedrentarse ante la letal mirada que estaba dándole, porque vuelve a lanzarme uno de esos rencorosos gestos y acerca su varita hasta posarla a la altura de mi rostro.

─Creo que ya hemos hablado suficiente. Es hora de recuperar lo que me pertenece. ─Weasley eleva la varita firmemente, y es entonces donde comprendo que ella hablaba en serio. Mierda. ¿Qué iba a hacerme esta desquiciada psicópata? Mi pregunta queda respondida al instante cuando la siento lanzar el nombre de una maldición con fluidez y confianza. ─Imperio.

De repente, mi cuerpo se llena de una extraña y anormal sensación de ligereza que para nada se correspondía con la tensa situación a la que había estado expuesto unos segundos atrás. Mi mente parecía haberse embotado con una densa niebla que me impedía pensar con claridad, pero esto no evitaba que notara a la otra presencia que parecía haberse instalado dentro de mi cabeza. De inmediato, esa presencia cobra vida y puedo ver que pertenece a Weasley. Y como si no fuera más que una especie de títere, no puedo hacer nada más que observarla en espera de que ella moviera los hilos para ordenarme a hacer lo que ella quisiera.

─Quédate sentado y no intentes hacer nada.

A mi alrededor siento cómo se desatan mágicamente las cuerdas que me tenían retenido, pero a pesar de que esta era una perfecta oportunidad para escapar, la orden que me había dado había activado la maldición y sólo consigo hacer como ella me dice. Permanezco sentado en la silla y ni siquiera intento mover un solo dedo, nada. Simplemente me quedo en un aturdido estado en la silla de mi escritorio y odiándome internamente por no ser capaz de liberarme del control de la Imperius. Weasley ni siquiera se molesta en asegurarse de que yo no intentara hacer algo, y comienza a rebuscar en los cajones por tinta, pergamino y una pluma. Una vez que saca todos estos elementos, coloca un fragmento de pergamino frente a mí, y vuelve a hablar en ese tono que tanto detestaba.

─Ahora, vas a escribirle una carta a esos amiguitos tuyos para que no estén husmeando. No podemos dejar que ellos arruinen esto antes de tiempo, ¿verdad? ─Weasley me da una maliciosa sonrisa y vuelve a alzar la varita hacia mí, aunque esto era completamente innecesario ya que aún me encontraba bajo los efectos de la Imperius. ─Toma la pluma, mójala en la tinta, y quiero que les escribas una carta diciéndoles que Harry te fue infiel. Diles que lo encontraste follando con otro Auror en tu propia cama, y que te vas a mudar a un nuevo apartamento. Quiero que les digas que ya has juntado todas tus pertenencias, así que no deben molestarse en buscarte aquí. Diles que tú te pondrás en contacto con ellos muy pronto y que no se preocupen, que los llamarás cuando estés instalado en tu nueva casa.

Y lo hago. Ni siquiera ejerzo un leve titubeo antes de estirar la mano y mojar en el tintero la punta de la pluma que me había regalado Harry. Cuando ésta tiene suficiente tinta, la apoyo sobre el pergamino y comienzo a escribirles una carta a Blaise y Pansy con todas y cada una de las órdenes que Weasley me había dado. Sabía que tenía que encontrar una forma de salir del control en el que me tenía, pero eso era algo que era mucho más sencillo de decir que hacer. Trato de reunir todo el autocontrol que poseía, todos mis conocimientos en Oclumancia y mi personalidad dominante que era tan característica en mí para emplearlos como una forma de terminar con el control de la maldición, pero lo único que consigo hacer con ello es que mis manos tiemblen y comience a escribir con una caligrafía que era atroz; aunque esto no llamaría la atención de mis amigos, no cuando el contenido de la carta expresaba algo que habría roto mi corazón en irreparables fragmentos de ser cierto. El esfuerzo que estaba realizando por romper la maldición hacía que gotas de sudor se aglomeraran en mi piel, mientras que desde mis ojos comenzaban a caer lágrimas de dolor. Resistirse a la Imperius era más difícil de lo que jamás hubiera creído.

Siento a Weasley removerse a mi lado y observarme con una mirada que era indescifrable, al menos para el estado mental en el que me encontraba. Es por ello que ni siquiera me doy cuenta del momento en el que termino de escribir, y ella me quita la carta con un rápido movimiento para asegurarse de que había escrito todo lo que me dijo.

─Me gusta. Las lágrimas incluso le aportan un toque más realista.

La comadreja guarda la carta en un sobre y lo sella. Una vez hecho esto, se la guarda en uno de los bolsillos de su abrigo, y me entrega otro pergamino. ¿Otro? ¿A quién iba a escribirle ahora? ¿Qué más quería de mí?

─Bien. Ahora vas a escribirle una carta a Harry.

No. Por Merlín bendito, no permitas que esto ocurra. ¡No dejes que me aparte de Harry!

Aunque ninguna deidad parecía estar escuchándome en estos momentos, y Weasley simplemente continúa con su malvado plan sin ninguna interrupción.

─Quiero que le digas que lo odias y que sólo habías estado jugando con él. Quiero que le expliques cómo fingiste ser su amigo para poder meterte en sus pantalones, para poder jactarte de que te habías follado al "Elegido". Quiero que le digas que no te busque, porque no quieres volver a ver su lamentable rostro. Quiero que le dejes muy en claro lo patético e ingenuo que fue por haber caído en tu trampa, y cómo tú nunca podrías enamorarte de un asqueroso mestizo como él.

Siento mi corazón romperse una y otra vez en diferentes formas y tamaños con cada palabra que estaba escribiendo. Mi pecho dolía en agonía por cada una de las mentiras que esta perra me estaba forzando a escribir, pero no consigo hacer nada más que llorar desconsoladamente; aunque esta vez mis lágrimas no eran producto del inhumano esfuerzo que estaba haciendo por liberarme de la maldición, sino porque sabía que, con esto, iba a perder a Harry para siempre. No había forma de que mi adorable gatito pudiera perdonarme por esto, en el caso de que alguna vez pudiera escapar de la maldición. La tinta comienza a arremolinarse en los lugares donde mis lágrimas caían y hacían que ciertas palabras fueran algo ilegibles. Mi mano temblaba tanto por las desahuciadas emociones que me recorrían y hacían que mi estilizada caligrafía se volviera un desastre que era prácticamente inentendible; y eso era lo único que podría darle a Harry un indicio de que había algo fuera de lugar en esa carta, algo que no se correspondía con las venenosas palabras que estaban dirigidas a él. Sin embargo, no me estaba haciendo ilusiones porque sabía que las cosas estaban prácticamente perdidas a estas alturas. Cuando termino de escribir, Weasley vuelve a tomarla y leerla, aunque esta vez lo hace con una satisfacción y perversidad que conseguían helarme la sangre.

Había tanto deleite en ese pecoso rostro por ver cómo mis palabras arruinarían la confianza que Harry tenía en mí; tanta indiferencia por el sufrimiento que, indirectamente, eso le causaría a Harry, que no podía evitar desearle una muerte lenta y dolorosa. Desafortunadamente, Weasley no muere y simplemente guarda la carta en otro sobre, y lo coloca en el bolsillo donde había puesto la que estaba destinada a mis amigos.

─Bien. Levántate. Lo que quiero que hagas a continuación es guardar todas tus pertenencias en cajas. Todo lo que consideres que sea tuyo, lo guardarás. Quiero que este lugar luzca como si tú hubieras decidido irte por voluntad propia, y no porque alguien te forzó. Y que ni se te ocurra atacarme o intentar escapar, sólo te dedicarás a guardar tus cosas.

Weasley me da otra perversa sonrisa antes de entregarme mi varita. Y cuán malditamente irónico era que tuviera en mis manos el objeto que podría liberarme y detener esto, pero que yo no fuera capaz de emplearlo para nada más que transfigurar pergaminos en grandes cajas de cartón para guardar mis pertenencias.

Comienzo por lo que tenía más a mano, lo cual era mi escritorio y el armario donde guardaba todos mis libros mágicos y los elementos para fabricar pociones. Una vez que tengo esto listo, paso a guardar todos los utensilios de la cocina. Tazas, platos, cubiertos, ollas, fuentes, todo lo que encuentro en armarios y alacenas va a parar a las cajas, y para cuando termino, lo único que queda sobre la mesa de la isla es la taza que le había comprado a Harry, aquella que tenía la leyenda que a él tanto le gustaba.

Mi corazón se aprieta al pensar en mi adorable gatito, por lo que aparto la mirada de ésta y me dedico a cerrar la caja que tenía frente a mí. Cuando termino con esta tarea, la llevo junto a las otras que estaban apiladas cerca de la chimenea. Luego, voy hasta el baño y retiro las pocas pertenencias que tenía allí. Una vez que termino con este lugar, voy hacia la última habitación del apartamento. Mi mano tiembla incontrolablemente al tomar el pomo de la puerta de nuestro dormitorio debido al titánico esfuerzo que estaba realizando por salir del control de Weasley. Realmente no quería que ella profanara nuestro santuario, el lugar donde nos habíamos entregado en cuerpo y alma, pero mis intentos por romper la Imperius no eran suficientes y me encuentro girando lentamente el picaporte. Weasley parece haberse impacientado con mi indecisión, porque me aparta de un manotazo y abre la puerta ella misma. Colocando la punta de su varita contra mi espalda, me da un empujón hacia adentro, y dice:

─¡Deja de perder el tiempo, asqueroso Mortífago! ¡Entra ahí y comienza a guardar todas tus cosas de una buena vez!

La orden que me da se registra en mi hechizado cerebro, y en un autómata estado, comienzo a quitar del armario todas y cada una de mis prendas de vestir. Por el rabillo del ojo podía ver a la maldita perra mirando con absoluto disgusto nuestra cama aún desecha, como si el simple hecho de que Harry durmiera junto a mí la asqueara al punto de provocarle arcadas. Guardo mi última prenda de ropa en una de las cajas y me dirijo hacia la mesa de luz de la izquierda, la cual era la mía, y de ella saco las pocas pertenencias que tenía en el cajón. El rostro de Weasley se torna de un color verdoso al ver el pequeño frasco de lubricante que había allí, pero afortunadamente no emite opinión y sólo continúa apuntándome con la varita en un amenazador gesto. Cuando termino con la mesa de luz, doy un rápido vistazo a la habitación para ver si me quedaba algo por guardar. Mis ojos se posan en la cama y de inmediato mi cuerpo se mueve sin mi consentimiento para quitar todas las mantas y las sábanas. Después de que la cama queda desprovista de estos elementos, me doy cuenta de que había terminado con la tarea que me había encomendado, por lo que cierro todas las cajas y las levito hasta la sala de estar.

Después de dejarlas junto a las otras, me quedo petrificado en el lugar en espera por una nueva orden. Sin embargo, aprovecho este momento de quietud para reunir toda la fuerza de voluntad que tenía para eliminar el control de la maldición sobre mí. Mis esfuerzos parecían estar dando resultados porque podía sentir cómo la mano derecha se apretaba alrededor de mi varita y comenzaba a elevarse.

¡Vamos, tengo que concentrarme! ¡Puedo hacerlo, sé que puedo! Sólo un poco más, sólo un poco más y podré romper el maleficio.

Desafortunadamente, Weasley vuelve a ponerse a mi lado y me quita la varita antes de que pudiera deshacerme de su control. Perder el contacto con mi varita se siente igual que si me hubieran arrebatado toda la fuerza de voluntad que me permitía presentar batalla frente a la maldición. De inmediato siento cómo el control de la Imperius se acrecienta y me devuelve a ese estado de falsa sensación de ligereza. Y quería llorar y gritar por la frustración que me generaba el haber estado cerca, tan cerca de lograr mi libertad. Aunque no tengo tiempo de lamentar la que de seguro había sido mi última oportunidad de escapar, porque de inmediato Weasley se posa a mi lado, y con un movimiento de su varita, todas las cajas aligeran su peso y reducen su tamaño hasta ser capaces de caber en la palma de la mano. La chica comadreja las recoge con parsimonia y las guarda en otro bolsillo de su túnica. Luego, se gira hacia mí, y dice:

─¿Harry sabe dónde viven tus amigos? Respóndeme honestamente.

─No.

─Bien. En ese caso, quiero que cortes la conexión con la chimenea de tus amigos para que él no pueda ponerse en contacto con ellos. No creo que quiera saber nada de ti después de que reciba la carta que le has escrito, pero aun así no estoy tomando riesgos.

¡Grandioso! ¡Oh! ¡Gracias Merlín por esta oportunidad que me has dado! Esto era justamente lo que necesitaba, una oportunidad de volver a tener mi varita entre mis manos para poder eliminar el control de Weasley. Sin embargo, no debía dejar que ella descubriera mis intenciones. Me obligo a colocar sobre mi rostro la imperturbable máscara Malfoy, y se la pido con un apático tono. Por dentro, sólo estaba rogando porque me diera el tiempo suficiente para salir de su control.

─Necesito mi varita para cortar la conexión.

─Aquí tienes. ─Weasley me la entrega, pero no la suelta del todo. Una maliciosa sonrisa se extiende por su rostro, y yo no podía evitar pensar que ella sabía lo que estaba tratando de hacer. Mis sospechas quedan confirmadas cuando eleva su varita y vuelve a reforzar la maldición Imperius al darme una orden que me ataría de pies y manos. ─Te prohíbo que uses esa varita para nada más que cortar la conexión por Red Flu con tus amigos.

La mirada de odio que le dirijo podría incluso hacer llorar a algunos magos y brujas, pero ella sólo suelta una divertida carcajada porque se sabía ganadora; sabía que, hiciera lo que hiciera, no podría escapar de su control. Finalmente, Weasley suelta mi varita y puedo ir hasta la chimenea para bloquear la conexión. Una vez cumplida su orden, la chica comadreja me quita la varita y vuelve a guardarla dentro de su túnica. Luego, rebusca en el bolsillo donde había guardado las cartas y saca de él un frasco vacío de Amortentia. Weasley se acerca a mí y me toma con fuerza del brazo, a tal punto que estaba seguro de que podría dejarme grabadas las marcas de sus dedos sobre la piel. Después de todo, yo sólo vestía una fina remera de manga larga. Aunque a ella no parecía importarle este hecho, y simplemente me da una nueva orden.

─Sostén el frasco, y no lo sueltes hasta que yo te lo quite.

Hago como me dice, y con un movimiento de su varita, el objeto libera un breve resplandor plateado y de inmediato siento una molesta sensación sobre mi ombligo, una que era como si alguien hubiera clavado un gancho allí y estuviera tirando de él. La sensación no era otra más que la que generaba el estar moviéndonos por medio de un Traslador. No sé por cuánto tiempo viajamos a través de un sinfín de colores y sonidos indistinguibles, pero para cuando mis pies aterrizan en un polvoriento y oscuro lugar, puedo sentir mi estómago revuelto y un poco de náuseas. Observo a mi alrededor el lugar en el que me encontraba y no logro reconocerlo. El lugar parecía ser una especie de dormitorio de alguna precaria casa, pero había tanto polvo acumulado aquí que parecía haber estado deshabitado durante mucho tiempo. Sin embargo, eso no era lo más escalofriante de todo. No, lo que terminaba de helar mi sangre y generarme una sensación de absoluto terror eran las grandes marcas de garras que recubrían el suelo y las paredes, como así también en cada uno de los pocos muebles que aún permanecían en pie. Lo que sea que hubiera eliminado a los antiguos propietarios de este lugar sin duda era producto de alguna especie de bestia o criatura sedienta de sangre. ¡¿Y Weasley pretendía dejarme aquí?!

De repente, siento un fuerte empujón y me encuentro sentado sobre una desvencijada y sucia silla que había visto mejores tiempos. Cuando elevo la vista, veo que Weasley se había parado frente a mí con la varita elevada. Al instante, unas cuerdas negras vuelven a atarse con fuerza a mi alrededor, y siento desaparecer de mi cabeza esa presencia que me mantenía bajo el control de Weasley. Mi cabeza se siente algo embotada después de haber estado bajo los efectos de la maldición Imperius durante tanto tiempo, pero ni siquiera tengo tiempo de quejarme internamente por ello, porque de inmediato Weasley da un paso más hacia mí, y dice:

─¿Están demasiado apretadas?

─¡Vete a la mierda, sádica perra!

─Mmm… Creo que eso significa que no están lo suficientemente apretadas.

Y con eso dicho, las cuerdas comienzan a comprimirse aún más a mi alrededor, a tal punto que siento cómo el simple roce de estas provoca cortes contra los lugares de piel que me quedaban expuestos. El apriete era tan agudo que incluso comenzaba a encontrar difícil el hecho de respirar con normalidad; y eso, sumado al miedo que aún me generaba la habitación que había sido destruida por una poderosa criatura, junto con el polvo que continuaba volando en el aire, volvía esta acción en un imposible. Aunque a la maldita comadreja no podría importarle menos que no pudiera respirar, y simplemente continúa observándome con esa sonrisa de suficiencia, como si se supiera ganadora.

─¿Sabes en dónde estamos, Mortífago?

No, no lo sabía. Y tampoco me interesaba saberlo. Lo único que quería hacer era recuperar mi varita y hechizar hasta el olvido a esta retorcida perra; pero como eso no era algo que pudiera hacer en estos momentos, me conformo con fulminarla con la mirada mientras espero que continúe con otro de sus aburridos monólogos. No le iba a dar la satisfacción de insultarla y que volviera a apretar las cuerdas, después de todo, no creía que me quedara demasiado espacio más entre mi cuerpo y estas, antes de que me quitaran el aire por completo.

─Estamos en la Casa de los Gritos. ¿La recuerdas? Estoy segura de que la has visitado por fuera en innumerables ocasiones cuando teníamos visitas a Hogsmeade.

¿La Casa de los Gritos? ¿En serio? ¿Weasley iba a usar esa vieja casa que solían utilizar en los años escolares de Lupin para contenerlo cuando había luna llena? Oh, sí. Harry me había contado toda esa historia, y en verdad agradezco que lo hubiera hecho, porque eso sólo conseguía brindarme una sensación de alivio. Al menos la peligrosa criatura que había convertido este lugar en ruinas no estaba presente en la actualidad, así que no había un verdadero peligro de vida. Bueno, al menos no uno que proviniera de una criatura oscura. En cuanto a lo que Weasley pudiera hacerme con su varita… eso era otra historia. Y hablando del diablo, aquí continúa con su regodeo. ¡¿Es que nunca se cansaba de hablar?!

─¿Sabes, Mortífago? Aquí es donde vas a pasar el resto tus miserables días. ─Una perversa mueca se extiende por ese pecoso rostro, y realmente tenía deseos de volver a escupirla, pero tomo la sabia decisión de contenerme lo suficiente, y no lo hago. De nada serviría hacerlo, más que para ganarme otro ojo morado. De repente, Weasley coloca una gentil sonrisa en su rostro, una que para nada se condecía con el malicioso brillo de sus feos ojos marrones. ─¡Oh! ¡Cambia esa cara, Malfoy! No soy tan mala, ¿sabes? Mira, incluso te he traído todas tus pertenencias para que te hagan compañía; y hasta te las devolveré a su tamaño original para que puedas verlas sin problemas.

Weasley se aparta de mí y comienza a sacar todas las cajas con mis pertenencias de su bolsillo. Una vez que las coloca en el suelo, las devuelve a su tamaño original. Como una última ocurrencia, saca mi varita de su abrigo y la deja sobre la caja que se encontraba más alejada de mí, pero que, a su vez, se hallaba en una ubicación privilegiada frente a mí. La forma en la que lo había dispuesto de esa manera parecía tener la única intención de torturarme psicológicamente. Mi varita, el objeto capaz de brindarme la libertad, estaba tan cerca que incluso se hallaba al alcance de la vista. No obstante, yo me encontraba lo suficientemente lejos e imposibilitado como para obtenerla. Y eso no era nada más que una especie de cruel burla hacia la forma a la que me había dejado completa y absolutamente impotente.

Y realmente no lo comprendía. No comprendía qué la había puesto en ese estado de locura. Era imposible que el hecho de que Harry ya no la amara fuera la única causa de haberla convertido en esta cruel y psicópata mujer. Sí, ella nunca había sido una de las brujas más dulces en existencia, pero nunca había tenido verdadera maldad en ella. Algo no andaba bien en todo esto, algo la había afectado lo suficiente para volverla en esta despiadada perra. Y si iba a pasar el resto de mi vida atado en esta miserable casa, al menos merecía saber el motivo por el cual me odiaba tanto. Quizás, y con algo de suerte, pudiera hacerle entrar algo de sentido común y salvar, no sólo mi vida, sino también la de Harry. Porque sí, la vida de Harry también corría peligro, o, mejor dicho, su libertad era la que estaba en juego. Estaba claro que ella iría por mi adorable gatito una vez que se desapareciera de aquí; y eso era algo que, bajo ningún concepto, iba a permitir que sucediera. No si yo podía hacer algo al respecto.

Sin pensar en las posibles consecuencias de mis acciones, elevo la vista hasta conectar nuestras miradas, y con un tono que no mostraba ni rastro de miedo, pregunto aquello que me estaba carcomiendo por dentro.

─¿Por qué haces esto? ¿Qué te hice para que me odiaras tanto? ¿Por qué no puedes dejar a Harry en paz? ¿Es que no lo ves? ¡Él no te ama! Y no importa lo que hagas o qué pociones uses para mantenerlo bajo tu control, eso nunca hará que se enamore verdaderamente de ti. Sólo creará una ilusión, una obsesión, pero no verdadero amor. ¿Por qué no puedes dejarlo ser feliz con quien él realmente quiere estar? ¿Por qué tienes que ser tan egoísta?

─¡CÁLLATE! ¡CIERRA LA MALDITA BOCA! ¡TÚ NO SABES NADA! ¡NADA!

Weasley se lleva las manos a la cabeza y cierra los ojos con fuerza, como si estuviera escuchando el sonido del canto de una sirena fuera del agua, y desde aquí podía ver lo agitada que se había vuelto su respiración. Algo que le había dicho había roto su máscara de indiferencia y estaba dejando a la luz a la verdadera Weasley, pero ¿qué había sido? ¿Y qué podía hacer para seguir presionando en ello?

Desafortunadamente, Weasley parece recuperar algo de autocontrol, porque de inmediato aparta las manos de sus orejas y me observa con un odio casi palpable.

─¡Tú no sabes nada de mí! ¡¿Egoísta?! ¿Crees que yo soy egoísta? ¿Es que acaso mi familia no perdió suficiente producto de una guerra que generaron personas con ideales como los tuyos? ¿Crees que yo no perdí lo suficiente? ¿Necesitas que te haga una lista, Malfoy? ¡Bien, te la haré! ¿Por dónde quieres que empiece? ¿Quizás por lo destrozado que quedó el rostro de Bill gracias a tu pequeña incursión en el colegio, aquella donde metiste Mortífagos dentro de Hogwarts? ¿O quizás quieras que te hable sobre cómo George perdió una oreja para tratar de llevar a Harry a salvo a nuestra casa antes de su decimoséptimo cumpleaños? ¡No, ya sé! Quieres que te haga una lista de los amigos y familiares que perdimos durante la guerra que ustedes desataron, ¿verdad? Bien, te la haré. El profesor Dumbledore, ¿te suena? ¿Qué hay de Sirius Black o Tonks? Eran tu familia también, ¿verdad? Bueno, familia es una forma de decir. Todavía recuerdo las quemaduras de sus rostros en el tapiz de la Mansión Black. ¿Y qué hay del profesor Lupin y de Ojoloco Moody? ¿Quieres que siga? Quizás quieras que te nombre compañeros de la escuela, tal vez. De acuerdo, aquí van. Cedric, o Colin, quien todavía formaba parte del Ejército de Dumbledore cuando los Carrow se apoderaron de Hogwarts; o mi hermano… Fred…

Weasley suelta una especie de ahogado sollozo al nombrar a su hermano fallecido y sus ojos se llenan de lágrimas, y es entonces donde descubro el motivo por el cual ella había perdido la razón. Algunos de los Weasleys estaban en lo cierto, ella no había podido hacer frente a la pérdida de su hermano. Algo de eso la había traumado psicológicamente y la había convertido en una persona rencorosa y despiadada hacia todos aquellos que teníamos una marca en el antebrazo izquierdo. Y no quería, realmente no, pero casi podía sentir un ínfimo vestigio de lástima por ella. Al parecer, la guerra también le había quitado parte de su cordura.

Weasley parece salir de ese aturdido estado en el que se encontraba, y vuelve a mirarme con esos ojos que destellaban odio y asco, y sabía que lo próximo que saldría de su boca me haría maldecir el que, al menos por unos segundos, hubiera sentido lástima por ella.

─No. Yo no soy egoísta, tú lo eres. ¿Cómo puedo serlo, cuando he perdido tanto por la culpa de personas como tú? Así que no voy a perder a Harry también, no después de todo lo que me costó obtenerlo. ¡Y MUCHO MENOS LO PERDERÉ A MANOS DE UN PUTO Y ASQUEROSO MORTÍFAGO COMO TÚ!

Y con esta última exclamación desaparece por completo cualquier rastro de lástima que pudiera tener por ella. Porque sí, ella había sufrido en la guerra; pero, ¿acaso no lo habíamos hecho todos? Yo había perdido a mis padres y a Vincent, pero no por eso iba secuestrando personas y dejándolas morir en una casa abandonada. Podía ser capaz de empatizar por sus pérdidas en la guerra, pero lo que sin duda no podía perdonarle (y era el motivo por el cual Weasley pasaba a ser la persona que más odiaría en la vida) era el hecho de que, sin importar lo que nadie le dijera, ella aún iba a ir detrás de Harry. Weasley aún iba a intentar forzarlo a estar con ella en contra de su voluntad, sin importar cuánto lastimara eso a Harry. Mis manos se aprietan en puños debido al profundo aborrecimiento que sentía por esta pecosa y desquiciada mujer, e internamente le deseo la más sanguinaria y dolorosa de las muertes.

─Pero ya hemos hablado suficiente.

Weasley se acerca y eleva su varita una vez más, y por primera vez, realmente temo que esta vez me lance un Avada Kedavra. Sin embargo, no es esta Imperdonable la que conjura, sino la maldición Imperius. La molesta sensación de ligereza vuelve a mi mente y quedo, una vez más, a merced de sus órdenes.

─Ahora, te ordeno que permanezcas sentado en esta silla. No vas a poder gritar ni pedir ayuda de ninguna forma, y tampoco vas a intentar escapar. Vas a morir sentado en esta repugnante casa, y de la única forma en la que una basura como tú se merece hacerlo… completamente solo.

Weasley me da otra de esas perversas sonrisas que hacían que su rostro se afeara en una horrible mueca, y deja salir unas últimas palabras que me harían gritar y maldecir dentro de mi mente.

─¿Quién sabe? Si te portas bien, quizás hasta considere traerte una invitación a la boda que tendré muy pronto con Harry.

Y dándome una última de esas siniestras sonrisas, Weasley levanta su varita y se desaparece con un fuerte crack que resuena por toda la abandonada casa. Y yo… yo me quedo aquí, atado a la silla con unas cuerdas que lastimaban mi piel, y sin poder hacer nada más que quedarme en un impotente estado.

Estaba total y absolutamente jodido.


Notas finales: muchas gracias por leer. Espero que les haya gustado el capítulo. Finalmente conocemos los verdaderos motivos por los que Ginny está actuando de esta manera. Si debo ser honesta con todos ustedes, el personaje de Ginny es el que más odio de la saga de libros. Siempre encontré escalofriante la especie de obsesión que ella tenía por Harry en los libros. Y JKR podrá decir lo que quiera, pero el repentino "enamoramiento" que Harry tuvo en sexto año por ella es bastante sospechoso. Si debo ser honesta, siempre he sospechado que Ginny le había dado Amortentia a Harry en sexto año para hacer que él se "enamore" de ella. Y eso, sumado al hecho de que Fred y George, habían abierto una tienda de bromas donde vendían filtros de amor, lo hace parecer una teoría bastante posible. Es por ello que he explorado un poco de estas hipótesis en este fic.

En fin, sólo espero que esta Ginny de mi fic no haya quedado como una villana sin fundamento. La detesto como personaje, pero eso no quiere decir que quiera hacerle un absoluto bashing sin sentido.

Bien, esta nota final ha durado una eternidad. Me disculpo por ello, pero sentí necesario aclarar estas cosas para que vieran de dónde había tomado la idea de volver a Ginny de esa forma. Ahora sí, me despido. Nos leemos el próximo fin de semana.