Le llega su turno a Gumi y a Miku de contar su historia. Capitulo no apto para menores y si andan sensibles, abstenerse un poco de tiempo. No me afecta si me llegan o no reviews.
Un pequeño flashback de parte de la Inquisidora.
La primer nevada del invierno cayó la mañana en que Miku Hatsune llegó.
Gumi, como le decían cariñosamente los gemelos, abrió la ventana de su cuarto para observar los frágiles copos blancos que caían. Uno, con forma de estrella hizo que sus grandes ojos e inocentes ojos lo siguieran hasta que se topó con una sombría figura que caminaba por el aguanieve.
Tenía una capa color beige, que apenas si permitía ver los pequeños pies de la portadora, aparte de un rosario.
El viento finalmente desintegró el copo. Y permitió a la casera ver el cabello verde azulado.
Asustada, cerró las ventanas. Cerró los ojos, tratando de pasar el extraño sentimiento que le había provocado aquella persona.
Luego continuó su día como si nada hubiera cambiado.
La chica que ahora portaba el título de Inquisidora, algo poco común para la época, escuchó el ruido. Pero le negó toda importancia, pues en esos momentos pensaba en lo que haría a partir de ese momento. Se detuvo en seco, mirando sus pasos hacia atrás. No tenía escolta alguna consigo, puesto que su mentor aún la esperaba.
-Cada paso que he dado hasta ahora- dijo para sí misma al observar su camino, firmemente dibujado- Es para confirmar lo que haré.
El latín había sido su vida desde los 9 años, desde que trabajaba para el Inquisidor León, era requerido también para estar en la corte, con el Príncipe Gakupo. Sin esto último como motivación, ella nunca se quemado las pestañas, dispuesta en aprender el idioma de los letrados.
Aún así, Miku no entendía los rezos que se le hacían en ese momento, para protegerla de las artes de brujas, en la misa de su designación final. Solo miraba a la cruz, llorando, recordando que su Alteza le había contado en sus cartas frecuentes la existencia de una mujer en su vida.
Eso le partía el alma, brotando de la herida no sangre, sino una sustancia negra, ardiente y pegajosa, un veneno que podría contaminar todo y destruir hasta lo mas puro. Pero quizá también eso podría darle el impulso para ser la mejor cazadora de herejes.
-Acepto entregar mi vida a la cacería de los que se han apartado de los buenos caminos y han consagrado sus almas a entes diferentes a Dios nuestro Señor- dijo al final del ritual, con una reverencia.
Instalada ya como ama y señora del Palacio del Santo Oficio, lo primero que hizo fue ir ella misma a por las pruebas que necesitara, en caso de haber infieles. A todos en el pueblo preguntó, sin mostrar interés alguno en sus respuestas, realmente. No es que no le gustara el cargo, sino que solo estaba cubriendo apariencias.
En la casa de huéspedes, Gumi estaba vuelta loca en la cocina, preparando infusiones para todos en la casa: un matemático que vivía ahí sufría de resfriado, otra era una huésped que recién había dado a luz. Y ella y Luka necesitaban otra más, para prepararse a atenderla, como debía de ser.
-Goumina sabes que si se enteran que somos parteras nos pondrán bajo sospecha de brujería.- habló la pelirosa, luego de que Rin subió con las infusiones a sus respectivos enfermos.- Además...- y bajó la voz, un poco preocupada- sabes que no es natural lo que pasa cuando yo atiendo.
-No deberías preocuparte. Hay personas que tienen mano para curar, porque son nobles. Y otras, como la "bruja" de Prima- hizo comillas con sus dedos-... seguro me enfermaría de las tripas, su personalidad da miedo, es altanera. No me la trago.
-Pero... no recuerdo nada de quien fui yo, desde que desperté en el campo, con esos amables campesinos. ¿Si estas habilidades las tenía desde antes por otros motivos?
-Entonces es lo mejor que le pudo pasar a este pueblo. Y a estos niños, que normalmente estaban flacos- sonrió la peliverde- Además siempre vas a misa. Te habrías quemado al poner un pie frente al templo, lo mas posible.- suspiró, poniendo la olla mas grande al fuego.
Luka estaba muy cansada luego de unos días de cuidar al recién nacido. Había nacido casi muerto, aunque ahora parecía fuera de peligro.
Era por eso que cuando Miku llamó a la puerta fue la peliverde la que atendió, con el estómago revuelto. No como cuando no se quiere hacer algo, sino como cuando se sabe que algo malo pasará por esa acción.
-Buenos días, Excelencia saludó la casera.
-Buenos días- la Inquisidora tomó un libro que llevaba consigo, hojeando de modo indiferente- ¿Ha oído usted acaso de alguna bruja en el pueblo, señorita?
-No, al menos no cerca de aquí. Yo no suelo salir mucho porque debo atender a mis huéspedes.
-¿Entonces... afirma usted que las brujas no existen?
-Es posible.
-Muchas gracias. Tenga usted un plácido día, casera.
Gumi cerró un poco los ojos, fastidiada por la interrupción.
-Vaya con Dios.
Pero al volverse, la joven de cabellos verdes sonrió, felíz de modo malsano por la noticia que le había dado su entrevistada.
Los gemelos miraron cuando un par de guardias matones tomaron presa a su amiga, mientras ella se remolinaba entre sus brazos, exigiendo conocer el motivo de su arresto. Luka en ese momento estaba visitando al Príncipe por unos días en su mansión de invierno.
La casera se encontraba en una fría, sucia y asquerosa celda de la prisión del Palacio de la Inquisición. Su verdugo fue a sacarla de ahí, con el mismo libro bajo el brazo. La llevaron a la sala de tortura, sin que ella continuara hablando: estaba afónica de gritar que la dejaran en paz, porque no sabía nada.
-Muy bien, creo que será hora de que nos confirmes tus herejías, joven señorita- sonrió Miku, con un rasgo de perversidad en sus preciosos ojos claros.
-¿Qué herejía? ¿Acaso me acusa usted de ser marrana?
La inquisidora abrió el libro en una página. Solo entonces la acusada pudo leer que libro era: malleus malleficarum.
-"Todo aquel que niegue que existe la brujería, es un hereje"- dicho esto, cerró el libro de golpe- Pero le doy una oportunidad, podrá confesar en caso de que no sea así.
Por mas que la muchacha repitió con su escasa voz lo que sabía, eso solo le provocó que uno de los sirvientes de Hatsune la amarrara a una mesa y le abriesen de piernas. Solo para mostrar el instrumento mas temido por una mujer: la pera.
Los gritos de dolor no se hicieron esperar conforme el instrumento se abría en sus entrañas y las preguntas continuaban repitiéndose.
-¿Las hierbas que tienes en tu alacena, qué son?- gritó furiosa Miku, por no obtener ninguna respuesta.
-¡Medicinales: tila, manzanilla... nada más!- gimió la pobre Gumi, llorando.
-Muy bien. Déjala- ordenó secamente. Un grito más salió de los labios de la torturada cuando finalmente dejaron de torturar su interior- ¿Conoces de una bruja?
-Solo su existencia, Eccellenza. No su nombre.
Mortalmente herida en todos los sentidos, Goumina salió del palacio, hecha un mar de lágrimas.
La sangre resbalaba por su pierna, tiñendo la tierna e inocente nieve en escarlata. Era ya de noche y la luna llena la alumbraba en su dolorosa y agónica soledad.
-Mi señora- preguntó el siervo al anochecer, mientras le llevaba una copa de vino a su señora, que leía los llamados "libros prohibidos, es decir, ficción- ¿Porqué interrogó a esa chica, si era inocente?
-Hay alguien más que está bajo la mira. Pero este pueblo la protege demasiado. Si alguno de los suyos muere, será ejemplo para el resto- miró el fuego que la cobijaba-. Con miedo, nadie querrá defenderla. Y entonces sí caerá la verdadera bruja.
Al volver a su libro, ante la mirada atónita del siervo -quien dicho sea de paso debería estar acostumbrado al despotismo de la gente de poder-, Miku solo pudo traer a su mente el recuerdo del príncipe, regalándole una rosa.
Aquello que la corrompía seguía creciendo, ardiendo en sus venas.
Al amanecer, encontraron a Gumi. Las lágrimas se habían escarchado en sus ojos, mirando a un punto indefinido, desde el otro mundo. No había tenido fuerzas ya para tocar a la puerta de su propia casa.
Fue Anne quien la escondió antes de meterla, para velarla y darle sepultura en secreto, puesto que el modo en que había muerto dejaba en duda si se le enterraría en el cementerio o no.
Finalmente, envió dos cartas: una para Luka y otra para su tía, avisándole de los hechos.
La pelirrosa no se enteró de eso hasta habiendo vuelto de los paseos invernales con su enamorado.
Ese era el principio del fin.
Y bueno las notas de autora:
1- Sí, las parteras siempre estaban bajo el ojo vigilante y paranoico de la inquisición. No pocas fueron quemadas.
2- Para nosotros que solemos ser hoy día mas abiertos de mente en cuanto a religión, no nos sonará que Marranos es el término que se le solía dar a los judíos convertidos al cristianismo pero que seguían practicando la religión de su gente. (Esto dio origen a una guerra poética entre Garcilaso de la Vega y creo que era Calderón de la Barca, a quien el primero acusó de ser marrano).
Asd y Shadow: de hecho se me hace mal organizado malos fics porque... no te avisan que estás. Y me parece lo hacen con mala intención muchos -sé lo que se siente escribir una crítica negativa y como dice Antón Ego "es divertido escribirlas y leerlas"-, no de ayudar, leí varias críticas/reseñas y era como "que se compre un diccionario", "ni por asomo se parece a x escritor". Somos amateurs, aunque muchos tengamos nuestro rato en el "negocio". Si se quisiera ayudar, se avisaría y se dan sugerencias pero "podrías intentar..." "¿sabes? las palabras con x, y, z se escriben con a,b,c...". (Aunque también para eso está lo del betareader, que es también una buena ayuda *mi beta reader personal es mi hermana, pero no siempre funciona/está*)
Con todo ^^, me alegra ver sus comentarios.
Asd: Es Anne, y no, no están en Japón. La mamá de los gemelos es (Sweet) Anne. Lo de poner a Lily... bueno ^^, me alegra te haya gustado
Lukamui: :D, gracias, no estaba inspirada (?) XD
Iguchi: ^^, también muchas gracias por leerme, espero te haya gustado el capítulo.
Abril: "Megurine Luka- Witch Hunt".
El siguiente capitulo... bueno, es hora de contar que hay entre Luka y Gakupo.
