Antes de volver a clases, un dos por uno.


Gakupo no pudo dormir aquella noche. Miraba el techo mientras su consciencia le recriminaba sus actos. La luz de la luna iluminaba su mano derecha, donde aún sostenía un mechón de cabello rosa, así como el medallón que había sido de Luka.
Un corazón puro...
Aquella frase se la había dicho su madre cuando era un crío, quizá luego de verlo turbado. La buena reina había malinterpretado los sonrojos y silencios repentinos de su hijo.
Y es que el Príncipe había llegado por accidente a una sala donde su padre a veces sostenía reuniones secretas. La única que había visto era con una mujer de largos cabellos color plata, que llevaba de la mano a una pequeña niña de 4 años. Un gorro tejido cubría su cabello y parte de su carita.
-Mientras su madre aún vivía, Ranka lo visitaría, majestad. Pero ella ha muerto y ya no volverá mas con usted. Será lo mejor para su imagen, Alteza.
-Miriam, por favor, no me aparte de mi hija.
Los ojos de aquella mujer se volvieron fríos, la pequeña comenzó a llorar. Sin embargo su voz sonaba dulce y suave, llamando a su padre en media lengua infantil.
-Usted podrá ser el rey, pero ella es mi sobrina y desde hoy yo decido lo que es mejor para ella. Su nombre cambiará también.
Al darse la vuelta la niña y su tutora, el joven había visto un mechón verde mecerse al viento. Un verde precioso, lleno de vida.
Desde ese momento su padre se mostró triste por aquella hija incómoda a la que sin embargo amaba mucho. Aquella hermana desconocida.
¿Porqué recordaba eso?

Los gemelos tampoco tuvieron la mejor noche de su vida. Después de haber visto el brutal corte de pelo de su protectora amiga corrieron de vuelta a su casa, solo para encontrar a los guardias de Miku apostados otra vez en la casa. Adentro Anne era interrogada brutalmente por los guardias.
-¡Mamá!- aquel llamado no llegó a grito porque dos guardas fornidos los atraparon, poniendo sus gruesos brazos alrededor de los delicados cuellos de los niños.
-Ahora sí, campesina. ¿Es Luka Megurine una bruja?- preguntó eso el que sostenía a Rin.
Los grandes ojos azules de la niña lloraban ante el peligro, pero también le decían a su madre que no importaba el precio a pagar, debían defender la inocencia de la pelirrosa. La dulce mujer sin embargo no tenía salida: la vida de su hija poco habría servido para defender a Luka, pues algo le decía que ya estaba condenada.
-¡Es una bruja!- gimió, al fin- ¡Por favor, suelten a mi niña!
La pequeña rubia cayó al piso apenas se obtuvo la confesión, de rodillas, implorando aire entre profundos suspiros. Len también fue liberado y corrió a abrazar a su madre, para consolarla, mas esta lo apartó con suavidad, llorando.
-He traicionado a un ángel, hijo. No merezco que me abraces, ni siquiera que me veas.

La tarde siguiente iluminaba la cruz donde sería amarrada la bruja, quien fue llevada entre empujones y rociada totalmente de agua bendita, por el miedo de que llegara a hacer algún hechizo. La amarraron brutalmente, apretando sus costillas contra el madero, impidiendo un poco su respiración. Había dormido mal por un fuerte dolor de espalda que había sufrido, por no decir que no le habían dado de comer.
La inquisidora apareció con su capa, un báculo de cruz de plata y el malleus malleficarum en mano. Con ayuda de la llama sagrada del cirio pascual prendió aquellos leños que rodeaban a Luka.
-¡Amarrada estás a la cruz, renuncia entonces al demonio!- gritó Miku, poderosa.
-¡Penitenziagite!- respondió el pueblo.
Los rezos siguientes sonaban como gritos de guerra que herían los oídos de la condenada, las llamas ocultaban el calor del moribundo sol. La pelirrosa solo miraba al cielo, pidiendo un milagro que demostrara su inocencia. O al menos morir de alguna forma rápida, en caso de realmente haber sido una bruja. Observó la esquina donde había conocido a su amado príncipe. El corazón se le oprimió en el pecho. Sus lágrimas hervían en su preciosa cara de luna.
Gakupo la acompañaba, si bien se le veía abatido, se le notaba claramente que no movería un solo dedo para contradecir a Miku. Aquel juicio era estúpido, sí: condenaban a su amada por el simple hecho de ser diferente, incluso por haber sido mas compasiva y amable. Ella había quedado enjaulada: negar la brujería era sinónimo de cuna de judas, ser bruja la condenaba a la hoguera.
En ese momento la cabeza de la enjuiciada se inclinó. Parecía dormida.

¿He muerto?
Luka abrió los ojos en una estancia de un color blanco puro e inocente. Giró varias veces, comprobando que era solo ella. No, había también una presencia que le resultó familiar, pues era imposible saber qué era realmente aquello que la acompañaba. Esa presencia era protectora y bondadosa.
-Esto es... ¿El cielo? ¿No debería haber ido al infierno, por ser una bruja?
-Oh no- respondió aquella voz, imposible de identificar si era hombre o mujer- El primer momento que recuerdas de tí, Luka es exactamente el primero de tu existencia como humana. Observa lo que realmente eres.
Un espejo perfectamente pulido apareció frente a la chica, quien observó en su reflejo el cabello rosa en un tono de pétalo agonizante, los ojos azules como el acero. Usaba un vestido blanco, bordado majestuosamente con plata y oro. En el cinturón que rodeaba su cintura había una lámpara. Una rosa blanca hacia de prendedor de su cabello. También usaba muchas joyas en brazos, cuello e incluso una pierna, pero casi todas eran esmeraldas. Solo en un collar llevaba un ámbar.
Esa imagen le reveló todo lo que era: aquel momento en que había luchado contra los ángeles rebeldes de Luz Bella (Luzbel), la alegría del nacimiento de Jesús, el llanto amargo con su muerte. También otros, como cuando recibía amorosamente a cada mártir, a cada futuro santo.
-Netsaj o la séptima sefirá, la eternidad- respondió-. La cara femenina de Dios... de tí.
-Es verdad. Cada ángel está destinado a una parte de las diez emanaciones del Sefiroth-continuó la voz, con un tono casi maternal-. Firmeza, valor y generosidad. Cualidades que te describen.
-Pero... las personas sanaban cuando yo estaba con ellos... ¿Fue por ser esto?
-Pediste ir a la tierra, Luka, hija de Hani El, una de las mas cercanas a mí. Se te concedió no sin ciertas reticencias, pues era grande tu deseo por ayudar a los humanos. Tus alas ocultas en aquel medallón, aunque en caso de necesitarlas con solo retirarlo estas volverían. Sin embargo, no esperaba que tu corazón tan puro fuera juzgado duramente, especialmente por una mujer de culto. Ahora...
¡DESPIERTA!

Al oír esa voz atronadora en su cabeza, la chica soltó un grito desde lo mas profundo de su ser, un eco de cristal que atrajo al aire furioso, cortante como miles de cuchillas. Las lágrimas prístinas se volvieron rojas: sangre. El ángel lloraba sangre por aquel amor que tan cruel la había tratado.
Las llamas quedaron apagadas de golpe por un enorme par de alas color negro que brotaron de la espalda de Luka.
Las cuerdas comenzaron a reventarse con la presión que las alas ejercieron entre la cruz y el frágil cuerpo de la mujer. La multitud gritó enloquecida al ver aquel espectáculo sobrenatural.
Miku se cubrió los ojos, pero Gakupo observó claramente el momento en que quedó libre.
El calor de las llamas se desvaneció, el suave y frío viento invernal rozó la cara del ángel negro que volaba en dirección al sol.
Era libre ahora.
-En verdad ella...- los gemelos habían visto la escena, junto con su madre.

Plumas negras se mecieron en el viento. Una cayó en la mano del príncipe.
Gakupo se permitió llorar frente a todos aquel error. La voz de su madre sonó claramente en su cabeza.
Un corazón puro, como el tuyo, encontrará a otro igual.


Ranka=Gumi. (Ranka Lee de Macross Frontier, con quien comparte voz e imagen).

Sefiroth: las diez emanaciones de Dios, cada una es algo diferente. Netsaj está representada por Venus y custodiada por Nahi El. Asimismo la ropa de Luka como ángel son sus símbolos.