NOTA: Yo sé que es algo tarde, pero bueno, esta historia la escribo como proyecto para una clase de escritura que recién me inscribí. obviamente no me pertenecen los personajes, son propiedad de Disney. si tienen un comentario o propuesta son bienvenidos, les agradecería mucho.

NOTE: I know it's a bit late, but hey, I'm writing this story as a project for a writing class that I just enrolled in. Obviously the characters do not belong to me, they are property of Disney. If you have a comment or proposal you are welcome, I would really appreciate it.


Capitulo 6.

El sol brillaba sobre el cielo de encanto, iluminando la vida de toda la gente que empezaba las labores diarias.

La plaza principal fluía al ritmo de la banda local, el sonido de la marimba se entrelazaba con las notas del acordeón; mientras que el aire se llenaba del dulce olor a pan recién horneado.

Era un día normal en el pueblo, para todos, excepto para los integrantes de la familia Madrigal. Que uno por uno, se iban levantando de sus camas sin saber que esperar para hoy.

La primera en salir de su habitación fue Julieta, la hora del desayuno se acercaba y era su trabajo satisfacer los estómagos hambrientos de 5 adolescentes. Llegó a la cocina y ya la mayoría de los ingredientes se encontraban ordenados a lo largo de la barra, eso de tener una casa mágica era de mucha ayuda.

Inspeccionó la masa para las arepas, ralló el queso, y comenzó a pelar el plátano macho. Era ya una experta, los movimientos mecanizados por años de práctica lo hacían ver fácil. Hasta que una presencia interrumpió su baile culinario.

-Te levantaste temprano Richter, por lo general, a tu edad es una guerra sacarlos de la cama a estas horas- el muchacho se había quedado congelado en el marco de la entrada a la cocina.

Richter no sabía que decir, no había podido dormir mucho, después de la charla en la azotea con Mirabel, solo había dejado pasar el tiempo, recostado mirando al techo del cuarto. Ya había asumido que esa noche no habría sueño para el, tenía demasiado en la cabeza dando vueltas; cuando vio el amanecer, estuvo casi una hora luchando con la idea de salir o no salir.

No tenía la confianza suficiente como para salir a explorar la casa o algo así, no quería parecer que estaba fisgoneando, y para rematar, no conocía la casa, ¿Qué tal y terminaba invadiendo la privacidad de algún miembro de la familia?; Así que tomó la decisión de esperar a escuchar algún ruido, que alguien de los Madrigal comenzará su rutina mañanera para así poder salir.

Se acercaban las 8:00 am. Cuando por fin, escuchó movimiento, pasos que bajaban por la escalera principal. Richter rápidamente se puso de pie, ya vestido y calzado con una camisa de algodón a botones, de color negro sin mangas, fajada en un pantalón de chándal ajustado color café y unas botas, a media altura de la espinilla. afortunadamente Luisa había salvado su mochila así que contaba con unas cuantas prendas.

Lentamente había salido por la puerta, atento para ubicar la dirección de dónde provenían los sonidos. Para finalmente encontrar la entrada de la cocina y a Julieta en su ritual de cocina.

-la verdad no pude dormir mucho, estaba esperando que alguien más se levantara- le contestó a Julieta, rascándose ligeramente la nariz.

-me puedo imaginar, no ha de ser fácil sentirse cómodo en un entorno tan desconocido, pero espero que pronto te acostumbres. Mientras tanto, ¿Te gustaría ayudarme a preparar el desayuno? - ofreció la maternal mujer, esperando ayudarlo a entrar en más confianza.

El joven aceptó rápidamente y así comenzó a seguir las indicaciones de Julieta, se dio cuenta de que no necesitaba ninguna ayuda, pero agradeció el gesto de inclusión. -ayer, mamá nos llamó, tanto a Pepa cómo a mi, y nos dijo que te querías quedar en el pueblo-

La pregunta sacó de sus pensamientos a Richter, que estaba rellenando con queso crema las bolitas de plátano. -si señora, así es, no tengo nada que me haga volver de dónde vine, y no se, pero aquí parece ser un buen lugar para comenzar de nuevo-

La respuesta sorprendió un poco a Julieta, que con cuidado preguntó - ¿No tienes familia que te esté buscando? - a lo que el joven solo negó con la cabeza.

-o mi niño, como lo siento, pero no te preocupes, aquí te vamos a recibir con los brazos abiertos- Richter sintió su mano en el hombro, está mujer era maravillosa, casi podía sentir las lágrimas picando en el borde de sus ojos. -muchas gracias- murmuró.

Se quedaron unos minutos en silencio, trasladándose de la barra al comal para comenzar a cocer la comida. Mientras Julieta formaba las arepas y las colocaba al fuego, Richter le ayudaba a voltearlas.

-la señora Alma accedió con la condición de que usara mi poder para ayudar a la gente del pueblo- se escuchó la voz del muchacho por sobre el chisporroteo de la parrilla. -sin embargo, no tengo ni idea de cómo podría ayudarlos-

-en ese caso ya eres como uno más de la familia- la mujer lo soltó como si del clima hablase, sin detenerse a ver los sentimientos que esas frases causaban en el adolescente. -no tienes que darle muchas vueltas, después de desayunar, toda la familia sale a brindar apoyo a la gente, caminamos por las calles y si se presenta alguna situación en la que podamos ser de ayuda con nuestro don, intervenimos; yo, por ejemplo, llevo suficiente comida a la plaza principal, y ahí llega toda la gente que haya tenido un accidente, herida o enfermedad-

A pesar de los intentos de Julieta, las dudas de Richter no se habían apaciguado, con un don tan encaminado a ayudar como el de la mujer las cosas serían claras. Pero alguien como el, que generalmente usaba sus poderes para si mismo, no lo tenía claro.

-Voy a hacer mi mejor esfuerzo para que la señora Alma, y todos en general, queden satisfechos; enserio quiero quedarme- el atinó a decir por lo bajo.

-Sé que así será, vas a enorgullecernos a todos- declaró Julieta, al mismo tiempo que se limpiaba la mano en un trapo de cocina, entre charla y charla ya había terminado. La comida caliente lista y el café recién echó servido en la tetera. Con una sonrisa y un gesto de mano, la mujer de mediana edad le indicó a casita que pusieran la mesa.

Platos y cubiertos brincaron de las estanterías hacia las manos de Julieta, que, con gracia, los colocó uno por uno en el comedor. Todo un espectáculo para Richter, que, viendo por primera vez, la magia de la casa entrar en acción.

- ¿La casa tiene vida? - finalmente pregunto lo obvio, buscando una explicación un poco más profunda.

-Mas que tú y que yo, te lo aseguro- ella contestó con una risa entre dientes. -es una historia larga que espero pronto te podamos contar-

Richter ya no quiso presionar por información, el bullicio en la planta alta dio a conocer que los demás miembros de los Madrigal ya estaban fuera de la cama. Decidió espera recargado en la barra mientras Julieta terminaba de poner la mesa. Aprovechando el medio muro que separaba la cocina del comedor para pasar un poco desapercibido. Nunca había Sido bueno socializando, y sabía que toda la atención se iba a centrar en el.

El sonido de buenos días y sillas recorriéndose llenó el comedor, pláticas y bromas entre los Madrigal le daban vida a casita. Ya no pudiendo prolongar más el momento, lentamente salió de su improvisado escondite.

En el momento que cruzó el marco de la cocina al comedor, todas las voces se apagaron. Tenía ganas de meter la cabeza en la tierra, podía sentir todas las miradas sobre el; Alzando la cabeza pudo ver a los Madrigal atentos en su persona, a la cabeza de la larga mesa estaba Alma, seguida a su derecha por Pepa, Félix y sus tres hijos, así como por Julieta, Agustín y dos de sus tres hijas, a la izquierda de la mujer mayor.

Se aclaró la garganta con un carraspeo. -ammm buenos días a todos- atinó a decir en un murmullo, sintiendo el calor subir por su rostro.

-Como podrán ver, Richter va a ser nuestro invitado por estos días. Espero de todos un buen comportamiento, después del desayuno. Camilo le ayudará a familiarizarse con el pueblo y la forma de ayudar a la gente. - Alma rompió el incómodo silencio de todos en la mesa, dando órdenes tan naturalmente que era seguro quien mandaba en esa casa, La cabecilla miró a Camilo, quien solo asintió de acuerdo. -muy bien, entonces ¿Cómo se dice familia? -

- ¡Buenos días Richter! - se escuchó al unísono, y todos comenzaron a comer, reanudando su normal charla.

-Richter, ¿podrías hacerme un favor antes de sentarte? - le llamó Alma.

Sorprendido y aún en su lugar en el marco de piedra, solo atinó a asentir con la cabeza. -podrías ir a buscar a Mirabel, ya es tarde y aún no se ha levantado, no podemos retrasarnos más- y así la matriarca volvió a su taza de café.

El joven no sabía que hacer, ¿Dónde la iba a buscar? Con una mirada a Julieta y Agustín buscando ayuda, ambos formaron la palabra "habitación" haciendo la seña de subir la escalera.

Rápidamente siguió la instrucción, regresando al recibidor de la casa, dándose cuenta que la escalera al segundo piso no estaba. -entonces…. Casita, ¿podrías poner la escalera? - intentó sin mucha esperanza. Sin embargo, para su sorpresa, la escalera se materializó frente a el, y no solo eso, daba directamente a la única puerta que no tenía patrones dorados y brillantes.

Con cautela subió la escalera de madera, mirando detalladamente alrededor, Las puertas brillantes inevitablemente llamaban la atención. Cada una con un patrón distinto, junto con el nombre del propietario. Para cuándo llegó al final de la escalera, una simple puerta verde le dio la bienvenida.

Se quedó mirando la madera un segundo, sin saber cómo proceder. Tocó suavemente y no hubo respuesta. - ¿Mirabel? ¿Estás despierta? - de nueva cuenta nadie respondió. Tras mucho pensarlo decidió entrar, lo haría lentamente para no espantar a la chica.

Con suavidad abrió la puerta y asomó la cabeza lentamente, el espectáculo que vio lo dejó sin palabras: una Mirabel perdida en su sueño, boca abajo, con los pies dónde se supondría debería estar su cabeza y viceversa, la boca abierta de dónde se le escapaba un hilo de saliva y el trasero levantado, roncando ligeramente.

La postura le hizo mucha gracia, podría verse desordenada, pero linda a la vez. Se le acercó despacio, tocándole el hombro con firmeza. -hey Mirabel, tu abuela dice que ya te levantes- Al principio no tuvo ningún efecto, sin embargo, al segundo intento, la chica dio un salto como resorte, con grito incluido.

Entre saltos y gritos, una patada involuntaria voló justo a la mejilla izquierda del adolescente, derrumbándolo hacia atrás, cayendo sobre su espalda.

Mirabel pareció darse cuenta del golpe, y saliendo de su frenesí post sueño, vio lo que había provocado -Lo lamento Richter, ¡es que me sorprendiste!, Nunca esperé que vinieras a despertarme- finalizó, tendiéndole la mano para ayudarlo a levantarse.

-vaya que golpeas duro Bel- el aceptó la ayuda, frotándose la mejilla adolorida. Un sonrojo iluminó el rostro de la morena por el acortamiento de su nombre, y más al darse cuenta que era le segunda ves que la veía en camisón, por lo que corrió de nuevo a la cama para cubrirse con la sábana. Bajo la confundida mirada de Richter.

-oye, ¿estás bien? - trató de preguntar, pero fue cortado rápidamente por Mirabel nerviosa. -si claro, más que bien, bajo en un momento, espera afuera- Con un movimiento de hombros el chico le dio su espacio y salió.

Mirabel trató de calmar su agitada respiración, maldiciendo por lo bajo. ¿Cuántas veces tenía que ridiculizarse ella misma frente a ese hombre? Se cambió rápidamente a su clásica blusa y falda bordada, con sus alpargatas rosas y sus anteojos verdes. Sin embargo, antes de llegar a la puerta, se vio de reojo en el espejo del tocador.

Se tomó un momento para inspeccionar su apariencia, ¿Se podría considerar atractiva? Obviamente no estaba ni cerca de la belleza de su hermana Isabela, pero se podía considerar bonita ¿No?, Su mamá no reparaba en las veces que le decía que era tan bonita como cualquiera de sus hermanas, pero la palabra de su mamá no podía ser usada para confirmarlo. Las madres no eran muy objetivas que digamos.

Con la actitud positiva que la caracterizaba comenzó a enumerar sus cualidades. Tenía bonitos ojos, le gustaba su cabello, su sonrisa era expresiva y no era mi muy delgada ni muy robusta.

-yyyyy ya no se me ocurre nada más- dramáticamente se dejó caer sobre el tocador. -bueno, hay que trabajar con lo que se tiene- en un instante recuperó la positividad.

Rápidamente peinó un poco su cabello, colocando un pequeño broche dorado en forma de mariposa cerca de su oreja, rizó sus pestañas con la ayuda de una cuchara y para finalizar puso un poco de brillo en sus labios. -ya estoy lista- murmuró, dándose un último vistazo en el espejo, para después dirigirse a la puerta.

Richter la estaba esperando recargado contra el barandal, se le quedó mirando sin decir nada, hasta que una nerviosa Mirabel le dijo que bajaran.

- ¿Desvelada? - Richter le preguntó divertido, cuando un bostezo se le escapó a la joven mientras bajaban las escaleras.

-un poco, ¿tú no? - ante la negativa del chico, Mirabel solo dijo en tono de broma -que también tienes el don de no necesitar dormir-

-para estar desvelado primero se tiene que dormir algo, más bien estoy en vivo, por ahora me siento bien, ya al rato voy a sentir las consecuencias- Richter se encogió de hombros y ambos llegaron a la cocina sin más contratiempos.

La mayoría de los Madrigal ya habían terminado de desayunar y solo tenían una taza de café en la mesa. – ¿porque tardaron tanto?, El desayuno está casi por terminar- Alma protestó tan pronto ambos cruzaron por la puerta.

-buenos días a todos familia, y perdón abue, por el retraso, fue mi culpa- Mirabel tomó toda la responsabilidad, ya que no era mentira.

-Quizá si pasabas menos tiempo arreglándote, no hubieran tardado tanto hermanita- interrumpió Isabela en tono burlón. La mayor de los nietos Madrigal amaba molestar a su hermana menor, era un deporte para ella.

-Te ves bien hermana, ese brillo te queda muy lindo, y ese broche combina con tu vestido; aunque es extraño verte tan arreglada…. – Luisa por lo general no participaba en las bromas de Isabela, sin embargo, le parecía muy lindo y gracioso el efecto que tenía el nuevo sobre su hermana pequeña.

Mirabel ignoró las provocaciones de sus hermanas mayores, ya sabía lo que insinuaban, pero estaban equivocadas, Richter no tenía nada que ver con querer verse bien ¿Verdad? Ocultó su rubor llenando su plato de comida fría. Mirando de reojo a Richter, que, si escuchó o no los comentarios burlones, parece que no le dio importancia; El joven solo se limitó a tomar un par de arepas y buñuelos para después sentarse al lado de Camilo.

El resto del desayuno trascurrió sin más contratiempos, mientras Mirabel y Richter trataban de comer a prisa para ponerse al corriente con el resto de la familia, con la voz de Alma de fondo. La matriarca estaba dando su clásica charla de enorgullecer a la familia y de dar el 100% todo el tiempo. Generalmente la joven de 15 años escuchaba atenta a su abuela, sin embargo, esta vez no tenía mucho ánimo; su mente estaba divagando, y la falta de sueño no le ayudaba mucho a concentrarse.

- ¿Entendiste Mirabel?, ¿Mirabel?, ¡Mirabel! - La fuerte voz de Alma la sacó de su ensoñación, mirándola se dio cuenta que ya tenía tiempo hablándole. - ¿Me lo podrías repetir abuela? – atinó a contestar apenada, bajo la mirada frustrada de Alma.

- ¿Qué te pasa hoy? Sabes que, no tengo tiempo para eso, necesito que le ayudes a tu mamá a preparar la comida para llevarla a la plaza más tarde, ¿entendiste? – la chica solo asintió, dando una mirada de enojo sobre Isabela, que, entre dientes, se reía del regaño.

-Muy bien entonces familia, salgamos, que la comunidad cuenta con nosotros, ¡la familia Madrigal! -

- ¡La familia Madrigal! – todos corearon al unísono. Levantándose de sus asientos para ir a cumplir sus obligaciones.

Mirabel se quedó atrás con Julieta, viendo cómo, uno por uno, salían camino al pueblo, estuvo a punto de llamar la atención de Richter, para ver si quería ayudar en la cocina, cuando vio que justamente Camilo se le adelantaba, llamando la atención del peliblanco, haciéndole un gesto para que salieran.

Richter la miró antes de seguir a su primo a la puerta, gesticulando un "nos vemos más tarde" para después irse con el cambia formas.

Julieta vio el cambio de aura de su hija menor, que veía con el ceño fruncido en dirección en la que se fueron ambos adolescentes. Con una sonrisa, se acercó a ella, llamando su atención. -Cuando terminemos aquí, podrás alcanzarlo en el pueblo-

El gesto de la muchacha se relajó un poco, cambiando a un dejo de tristeza. Todo bajo la atenta mirada de su madre. -Si sabes que ahora vivirán bajo el mismo techo ¿verdad? – la sanadora hablo en tono de broma, quiso ayudarle a abrirse a su hija.

-si ma lo sé, es solo que, ayer, Richter me dijo que quería que yo fuera quien le enseñara el pueblo, y ahora de la nada se va con Camilo- dijo enojada, no es que se llevara mal con su primo, casi tenían la misma edad, y cuando eran más jóvenes pasaban mucho tiempo juntos. Sin embargo, con el paso del tiempo su relación se enfrió, llegando a pasar mas tiempo con el pequeño Antonio, y por su parte, Camilo ahora pasaba mas tiempo con Dolores e Isabela. Mirabel sabía que la ruptura había sido propiciada por el echo de que el si recibió un don y ella no.

Mirabel no tenia envidia o algo hacia el camaleónico chico, solo que, como miembro activo de su familia, mientras el salía a ayudar al pueblo, ella se quedaba en casa o vagaba por las calles. Por lo que sus caminos se fueron separando; ella esperaba que no ocurriera lo mismo cuando el pequeño Toñito recibiera su don la próxima semana.

-no te lo tomes personal Mirabu, me imagino que ese era el plan de Richter si el te lo pidió, pero antes de que fuera a despertarte, la abuela le ordenó que se fuera con Camilo. El pueblo es grande para recorrerlo en un día, ya tendrás oportunidad de mostrarle algunas cosas- Julieta dijo, guiando a su hija de nuevo a la cocina para empezar los preparativos de la comida.

Al escuchar eso, Mirabel se relajó notablemente, su madre tenía razón, y si Alma lo había ordenado, al peliblanco no le quedaban muchas opciones, en realidad ninguna, mas que obedecer a la matriarca de los Madrigal, al final de cuentas, su permanencia ahí, dependía enteramente del juicio de la mujer.

-a todo esto, ¿cuándo tuviste la oportunidad de hablar con Richter? – Julieta preguntó distraídamente, mientras amasaba la masa de las arepas, viendo como su hija se congelaba en su lugar.

Mirabel se quedó en silencio unos momentos, sin saber que decir, pensó en inventar una mentira, sin embargo, lo descartó, no había motivos para mentirle a su mamá, al fin y al cabo, no había hecho nada malo.

-En la madrugada, casita me despertó, y al mirar por la ventana, lo vi sentado en el techo, así que fui a verlo para ver que pasaba, y ya ahí nos quedamos conversando un ratito- explicó dando pocos detalles del encuentro.

-Ya veo, con que a eso se refería cuando me dijo que no había dormido, y por eso no despertabas- la miró de forma inquisitiva, mirada que puso nerviosa a la muchacha de lentes.; Esperando un regaño por parte de su madre. Pero este nunca llegó, al contrario, la cara de Julieta se tornó en su clásica sonrisa y mirada cálida, volviendo la mirada a la comida. -Me alegro que lo hayas echo sentir mejor, se nota que no lo ha pasado muy bien, y siempre es más fácil cuando se tiene apoyo-

Mirabel se relajó por completo, concentrándose, volvió su atención a los ingredientes. -Ni te lo imaginas ma- finalizo con voz baja.

El tiempo pasó rápido, mientras las dos mujeres se movían de un lado al otro en la cocina, antes de que se dieran cuenta, ya habían terminado.

-ya está todo listo, Dolores, ¿Puedes decirle a Luisa que venga a ayudarnos a llevar la mesa y la comida a la plaza por favor? – Julieta hablo en voz alta mientras se limpiaba las manos con un trapo, sabiendo que su sobrina la escucharía en cualquier lugar donde se encontrase. -tan pronto lleguemos a la plaza, podrás irte a buscar a Richter- dijo, esta vez dirigiéndose a su hija menor. La muchacha solo asintió, bajando la mirada ruborizada.

- Quizá, aún tengas tiempo de mostrarle parte del pueblo que Camilo se le haya pasado, para que no te pongas tan celosa-

Los ojos de Mirabel se abrieron como platos, lista para refutar- ¿Qué? ¿Celosa yo? ¡Claro que no estoy celosa! – habló frenéticamente, con la cara mas roja que un jitomate.

Julieta la abrazó cariñosamente, cortando la queja de su hija, entre risas le pellizcó una mejilla cariñosamente. - ¡Te ves tan tierna cosita linda! - dejando sin palabras a la chica de anteojos verdes.