Capítulo 8
Quinn y Rachel llevaban una semana ensayando juntas. Se reunían después de clases, sólo una hora, porque Quinn decía que ese era el tiempo máximo que podía aguantar en un día al lado de Rachel sin querer asesinarla. Rachel había escogido la canción que iban a interpretar y esperaba ilusionada que el señor Schuester finalmente las dejara interpretar el dúo en el estatal. Estaba casi segura de que ganarían, y no precisamente por la labor de Quinn, que solo aportaba al dúo la apariencia hermosa de una chica de instituto y eso a los morbosos jueces seguro que les ponía y ella, por el contrario, tenía ese don innato de hacer que la gente se emocionara al escuchar su voz. Solo esperaba que la presencia de Quinn en el escenario no creara una sombra sobre ella, los focos tenían que apuntarla directamente, porque ella, desde pequeña, siempre había sido una estrella.
Ese día, por la tarde, después de un intenso día de instituto, Rachel llegó al auditorio con las partituras de la canción que había escogido. Le entregó una copia a Quinn y ambas se pusieron a cantar. En medio de la segunda estrofa Quinn se detuvo.
- ¿Qué haces? – se volteó Rachel para mirarla – Ahora te toca a ti – dijo señalando la partitura.
- Claro, es la única frase que digo es toda la canción – dijo indignada
- No seas absurda, tienes más de una frase
- No me digas – inquirió sarcásticamente, arqueando las cejas en claro signo de enfado – No pienso ser tu coro. Esto no es un dúo, es Rachel y la tonta que la acompaña – dijo muy enfadada
- Eso te lo has llamado tú solita, pero lo secundo – dijo bajando la mirada para ver de nuevo la partitura.
- Rachel… no sabes con quién te la estás jugando
- No me vengas con esas. Ambas sabemos que a ti te importa una mierda todo esto, tú sólo… - Rachel se calló abruptamente.
- Dilo, yo solo… - Quinn le instó a continuar – venga, dilo –
- Mira… - dijo poniéndose realmente seria – no hemos hablado de esto, yo sé que lo que pasó hace unas semanas fue algo raro, pero…
- ¿de qué estas hablando? – la interrumpió
- Pero… fue un error… -dijo sonrojándose- me pillaste en un momento realmente triste, me sentía sola… y tú… y tú estabas allí, me besaste… - le costaba terminar la frase- yo luego te besé a ti… pero no significó nada para mí…
- Espera un momento – volvió a interrumpirla - ¿crees que estoy enamorada de ti?
- Bueno… -hizo un gesto afirmativo con la cabeza- creo que me acosas
- ¿Pero como puede ser que una persona tan bajita como tú tenga un ego tan grande? – dijo cabreada
- ¿entonces porqué estás aquí? De todos los clubs que hay en este maldito instituto, ¿Por qué has elegido pertenecer a este?
- Porque tú hiciste que me expulsaran de las animadoras, y sólo quería devolverte el favor.
- ¿Querías hacer que me echarán? –Rachel rió - ¿Y cómo pensabas hacer eso? Aquí soy la mejor, todo el mundo lo sabe, y todo el mundo me quiere por eso.
- Eso no te lo crees ni tú – esbozó una pequeña sonrisa de suficiencia- todo el mundo te odia, eres insoportable, te lo tienes tan creído que no eres capaz de verlo.
- Eso no es cierto, la gente me quiere.
- Si tanto te quieren, ¿Por qué estabas llorando sola aquel día? ¿dónde estaban tus amigos? ¿Dónde estaba Finn?
Rachel se quedó pensativa, era verdad, estaba sola. No tenía la confianza suficiente como para llamar a alguno de los componentes del club, y que este, además, fuera a acudir en su ayuda. En cuanto a Finn, le sacó una excusa estúpida para evitar ir con ella al hospital, y llevaba sin hablar con él desde ese día. Los ojos de Rachel se enrojecieron.
- ¿Ves como tengo razón? – dijo sonriendo al ver los ojos de Rachel – No es de extrañar que no te quiera nadie.
- Como si tú fueras la más querida del instituto. Estas tan sola como yo, o incluso más.
- Como te equivocas, mi querida Rachel – dijo poniendo una mano en el hombro de la morena – Me he hecho amiga de prácticamente todos los miembros del club.
- No me hagas reír, sólo quieren acostarse contigo. Admitámoslo, eres muy guapa, pero tienes un carácter tan malo como el mío, sólo que tú lo disfrazas. Te recuerdo que a cada uno de ellos, incluida yo, los has humillado públicamente, y eso no se olvida en unas cuantas semanas.
- Quizás tengas razón, quizás no, pero aún me quedan mis antiguos compañeros de las animadoras.
- ¿de verdad? ¿Cuántos han vuelto a dirigirte la palabra después de tu ida?
- Esto… - Quinn se quedó pensativa – bueno… Brittany y Santana acaban de incorporarse al club y ellas eran mis mejores amigas en las animadoras.
Ante aquellas palabras, Rachel no pudo evitar soltar una risa que se escuchó en todo el salón.
- Pobre Quinn –dijo todavía con una sonrisa en los labios- fue Santana la que te acusó ante Sue. Yo le di a elegir entre tú y el equipo y adivina que escogió.
- Eso ya lo sabía, Brittany me lo contó todo el otro día. Tuviste que amenazarla con algo muy fuerte para que me traicionara de esta manera.
- La verdad es que no me costó mucho convencerla -sonrió- solo dije que le mandaría esto a todo el instituto – Rachel le enseñó la foto en a que salían Brittany y Santana una encima de la otra.
- ¿Sólo por esto? – dijo señalando con su dedo índice a la pantalla del móvil- pero si ni siquiera está bien enfocado.
- Ya lo sé - rió- es un móvil con baja calidad fotográfica. Supongo que ella vio más en esta foto de lo que hay en realidad – se quedó pensativa – Si al menos hubieran estado desnudas se entendería, pero así… Fue una traición por algo muy tonto – puntualizó Rachel.
- No me lo puedo creer – dijo Quinn muy confusa – esto no puede estar pasando. Estoy tan sola como tú.
- Pero hay una pequeña diferencia – quiso especificar Rachel- yo sé que en realidad he estado sola siempre, es lo que tiene que todo el mundo me tenga envidia, pero tú – hizo una pausa, que ella creyó necesaria para darle dramatismo a su frase- tú te creíste la reina, la persona más admirada y querida por todos, pero en realidad te han estado utilizando. Una vez que te caíste de tu status nadie ha vuelto a querer saber nada de ti.
Quinn estaba a punto de llorar, pero no iba a permitir que Rachel se regocijara ante su dolor, esperaría hasta llegar a casa para derrumbarse. En su cabeza ahora se mezclaban emociones de todo tipo: recuerdos de Santana, Brittany y ella pasándoselo genial juntas, de confusión por todo lo que le había contado Rachel, de negación, de miedo por lo que iba a pasar ahora, y de ira, mucha ira. Sus cejas se arquearon salvaamente, en su mirada un fulgor ardiente de rabia apareció y sin decir una palabra más, abofeteó a
Rachel. Le dio tan fuerte que la huella entera de su mano, no solamente la punta de los dedos, quedó grabada en la mejilla derecha de Rachel. Incluso ella se hizo daño en la mano, sintiendo las pulsaciones de su corazón en los dedos.
Rachel se llevó la mano a la zona dolorida. Se le había hinchado, notaba la mano de Quinn en relieve. Miró a su agresora a la cara, tenía los ojos encolerecidos, y lacrimosos. Alzó la mano para devolverle el golpe, Quinn cerró los ojos dispuesta a recibirlo, pero un pequeño remordimiento apareció en su despiadada consciencia, de pronto se sintió merecedora de aquel guantazo, había hecho mucho daño a Quinn, aunque ella tampoco se había portado muy bien, pero iba a demostrar ser mejor persona que ella, por lo que lo único que hizo fue tocar la cabeza de la rubia, que aún tenía los ojos cerrados, se dio la vuelta y se marchó de allí.
