Nota: Tras un mes sin subir ningún capítulo debido a los exámenes de Enero, por fin me veo libre, sin agobios de poder subir los últimos capítulos de este fanfic. Gracias por saber esperar y disculpen mi tardanza.
Capítulo 11
Quinn se despertó con los tenues rayos de luz de la mañana. Nunca había soportado que la luz del sol se filtrara por las ventanas, por eso en su casa, siempre dormía con todo cerrado. Sintió algo que pesaba en su costado, era el brazo de Rachel Berry, que la abrazaba con fuerza. Quizás en otra ocasión hubiera tratado de zafarse, pero ahora le resultaba agradable y el calor que desprendía el cuerpo de la morena era de lo más confortable. Quinn acarició la mano de Rachel, para luego sostenerla entre la suya.
- ¿Qué hora es? – dijo Rachel aún soñolienta.
Quinn soltó su mano lo más rápido que le fue posible.
- Serán las ocho y media más o menos – dijo un poco nerviosa.
- Ya sabía yo que me acosabas – dijo Rachel sin inmutarse
- ¿De qué estas hablando?
- Me estabas tocando la mano.
- - Tú me estabas abrazando, sólo intentaba quitarte de encima.
Ya, seguro. Por eso me la has agarrado durante tanto tiempo.
Quinn se quedó sin palabras, la había pillado in fraganti. De pronto, sus ojos se abrieron como platos, el brazo de Rachel, que aún seguía sobre su costado, la abrazó fuertemente.
- ¿Qué haces? – dijo Quinn con una voz temblorosa.
- ¿Abrazarte? – dijo dándolo por obvio.
- ¿por qué lo haces?
- Tú también me gustas, ¿No lo notaste anoche?
- ¿Anoche? – dijo Quinn mientras trataba de recordar.
- Jugando a la botella… me abalancé sobre ti… aproveché el juego para hacer lo que llevaba queriendo hacer desde que tú me besaste aquel día en el auditorio.
- Si estas bromeando no tiene ninguna gracia – dijo poniéndose seria.
- ¿Te parece esto una broma? – dijo mientras le daba un tierno beso en el cuello y luego otro en la cabeza.
Ante aquel gesto Quinn no pudo evitar ruborizarse y sonreír tan ampliamente que sentía como su mandíbula estaba a punto de resquebrajarse.
- ¿Sabes? – dijo mientras volvía a acariciar su mano y continuaba con su brazo – anoche escuché a Brittany y Santana – dijo riéndose- y no me extraña que se asustará con tus fotos.
- ¿De verdad? – se quedó pensativa un momento – que tontería – rió – no sé porqué me sorprendo, siempre van juntas – dijo mientras acariciaba con la mano que le quedaba libre el cabello rubio de su compañera.
- No sé como hemos llegado a esta situación, pero me gustaría permanecer así para siempre.
- Sí, es extraño – sonrió – va a ser verdad eso de que del amor al odio hay solo un paso.
- Quiero hacer una cosa – dijo Quinn incorporándose en la cama, soltando su mano de la de Rachel – cierra los ojos –
Rachel así lo hizo. Quinn se sentó encima de ella, con cada una de sus piernas al lado de su cintura. Se agachó hasta tener la cara de Rachel a unos centímetros de la suya y entonces la besó. No fue un beso pasional, sino uno tierno, lento y suave. Quinn se separó y se quedó mirando los ojos de Rachel que aún permanecían cerrados.
- No se te olvide respirar – bromeó Quinn
- ¿Eso es todo lo que querías hacer? – preguntó incrédula.
- Sí, quería besarte
- Pero ya nos habíamos besado antes
- No de la forma que lo hemos hecho ahora. Ha sido mejor, porque sabía que tú también querías hacerlo. No he tenido que robártelo.
- Me gustaría repetirlo – volvió a sonreír, acercando su boca a la de Quinn.
Ambas volvieron a fundirse en un delicado, dócil y pausado beso, que poco a poco fue convirtiéndose en algo más ardiente. Las manos de Quinn acariciaron la cara de Rachel, mientras que la morena masajeaba la espalda de su compañera. Los dedos de Rachel se colaron debajo de la camiseta de Quinn, anhelaba tocar su piel, pero Quinn la detuvo.
- No me siento preparada para eso – dijo nerviosa – no quiero que nuestra primera vez sea así, rodeada de nuestras compañeras de clase. No soy como Santana y Brittany, yo necesito algo más de intimidad, no me gustaría que nos pillasen. Lo siento.
- No tienes que hacer nada que no quieras – dijo Rachel comprensivamente – No hay prisa. ¿Al menos puedo abrazarte?
- Sí, claro.
Quinn se quitó de encima de su compañera y se colocó al lado, dándole la espalda. Rachel pasó su brazo por encima de su cintura, mientras que la otra volvía a sostener su mano. La morena le regaló un beso en la cabeza, y al poco tiempo se quedaron dormidas, en la misma posición en la que esa mañana habían despertado.
