Capítulo 3. -El invitado y las falsas apariencias.
SummerPOV
Hacía dos semanas que no veía a Taylor. Y yo misma me había sorprendido, puesto que me pasaba los días paseando por el centro, pero no había manera de encontrarlo. ¿Saldría corriendo otra vez si lo veía? Si así era no entendía ahora este estado de necesidad de verle en el que me encontraba. Decidí que lo mejor era preparar la comida para Rubén, el cual hoy tenía tiempo para venir a comer a casa.
- ¡Hola, ya estoy en casa!- Mi compañero de piso había llegado.
- Estoy en la cocina- le grité.
- Espero que hayas hecho comida suficiente, traigo otra boca mas- comentó mi amigo desde el comedor, me supuse que un compañero de clase. Dejé la cocina para dirigirme hacía dónde se escuchaban las voces. No podía creerlo. Era el, Taylor Lautner, en mi comedor.
- Hola- me dijo él saludando con una de sus manos, mientras la otra restaba en el bolsillo del pantalón.
- Espero que no te importe… me lo encontré en el campus.- se excusó mi amigo, que sabía de mis contradicciones respecto a nuestro invitado.
- No pasa nada, hay tallarines para todos.- y sonreí. Taylor me miro sorprendido, supongo que porque nunca me había visto tan amable, había sido bastante arisca con él desde el principio. De todos modos, no iba a bajar mi guardia, ese chico todavía podía hacerme mucho daño.
Entre los tres pusimos la mesa y nos sentamos a comer la pasta.
- Me alegro de haberos conocido, esta comida esta buenísima- decía Taylor con la boca llena.
- Pues en esta casa todas las comidas están igual de ricas- explicó mi amigo.
- Entonces me alegro de que Summer ya no corra como si la fuera a violar- no es violación si me dejo, pensé.- así podré venir en otra ocasión.
- Es que tienes cara de pervertido, bueno seguro que lo eres en realidad, solo que con Rubén aquí te controlas.
- Perdona señorita, pero yo puedo salir violado de aquí por dos personas.
- Vaya… veo que ya conoces a Rubén en profundidad.
- Si, hemos tenido una conversación interesante viniendo hacía aquí- me daba miedo lo que esos dos podían haber hablado.
Después de más conversación sin sentido sobre nada en concreto nos terminamos la comida.
- Me gustaría seguir con la interesante discusión sobre si los cocodrilos se comerían a Taylor, pero debo volver a clase- los dos se levantaron.
- Vamos, que te llevo.- dijo el de tez oscura.
- No, quédate y reposa la comida, yo iré en metro como siempre.- agrego mi amigo, cuando volviera a casa lo iba a matar. Pretendía dejarme a solas con él.
- Bueno, si Summer esta de acuerdo y no piensa que me voy a aprovechar de ella…- dijo Taylor mirándome a mi.
- Como quieras. No te tengo miedo.- el se rió ante mi comentario y volvió a sentarse en la silla. Rubén se despidió y salió por la puerta tal y como había llegado.
- ¿Recogemos la mesa?- me preguntó. Yo asentí y cogí mi plato y el de Rubén. Llevamos todos los utensilios de la comida hacía la cocina, bromeando y empujándonos levemente. Cuando acabamos nos sentamos en el sofá, mirando un programa en la tele. Yo, por mi parte, ni me había enterado de que trataba el programa, porque estaba absorta en mis pensamientos.
- ¿Qué haces aquí Taylor?- pregunté de golpe, mi cerebro necesitaba encontrar respuestas.
- Ver la televisión. ¿Qué clase de pregunta es esa?
- Me parece surrealista que estés sentado en mi sofá. Debe de haber una razón, podrías estar en el tuyo, que seguro es mucho más cómodo.
- Me caes bien, aunque todavía no te conozco mucho, espero que me permitas saber mas de ti.
- Seguro que conoces a mucha gente simpática.
- Mira, Rubén me a explicado que has salido muy herida en otras ocasiones, pero yo no voy a hacerte daño.
- Lo dudo bastante- ante eso el se quedo callado, mirando sus manos. Por primera vez desde que lo había visto parecía nervioso y dubitativo.
- Ya se que piensas que soy un chulo playa…- susurraba.
- No he dicho eso…
- Pero lo piensas, porque todos lo piensan. Pero solo es un caparazón… al igual que tu tienes el tuyo, yo tengo el mío. Y no soy como aparento ser.
- No se que es lo que te ha explicado Rubén o que es lo que crees saber… pero es evidente que no sabes mi historia.
- No te enfades por favor, - decía este, angustiado. ¡Angustiado! ¿Quién era ese chico que estaba en mi comedor? Era evidente que resultaba que no lo conocía.- es la primera vez desde que te conocí que no me haces el vacío. Solo… no se, creo que los dos necesitamos un amigo con el que poder comportarnos tal como somos.
- No me he enfadado.- contesté medio sonriendo, para que se calmara un poco.
- Creo que en realidad no podrías enfadarte con nadie ni aunque quisieras, y tienes mucho amor que dar a la gente que te importa. Pero intentas que nadie te importe para no salir defraudada.- Lo había clavado, pero no quería reconocerlo.
- Y tu intentas aparentar que tienes mucha confianza en ti cuando no la tienes. Es mas, apuesto a que a ti una chica te ha hecho mucho daño y por eso aparentas ser un egocéntrico.- Me miró con una mirada completamente diferente, y supe que yo también lo había clavado.
- No te lo voy a negar, ese es el propósito de que este aquí, intentar volver a ser yo mismo.- después de eso nos quedamos un rato callados. Creo que intentábamos asimilar la situación.
- ¿Que te parece quedar el sábado?- él rompió el silencio con esa proposición.
- Trabajo los fines de semana.
- Oh vaya… entonces quedaremos entre semana, bueno, si quieres- y me sonrío, no con esa sonrisa torcida, sino con una dulce. Me gustaba esa faceta suya, podía notar como mis muros se derrumbaban poco a poco.
Después de un poco más de charla distendida y de intercambiarnos los teléfonos, Taylor se tuvo que ir ya que tenía trabajo. Era inquietante lo que me podía deparar el futuro. Aproveché para llamar a casa, porque seguro que mi madre se estaba subiendo por las paredes por no saber de mi.
- ¿Summer? ¡Por fin llamas!- efectivamente había contestado ella.
- Si, he estado algo liada.
- ¿Has echo amigos?
- Si. Algunas conocidas que trabajan en el bar conmigo y un chico muy majo.
- Oh. ¡Un chico! Cuéntamelo todo. Cómo es, cómo se llama, de que hace.
- Mama por favor… es un chico y ya esta.- Quizás no había sido buena idea decírselo, mi madre era la cotilla mayor.
- Pero debo saberlo, he de darle el visto bueno.
- Solo es un amigo. ¿Esta papa?- pregunté cambiando así de tema.
- No, salió a comprar. Le diré que estás bien, pero vuelve a llamar pronto eh...
- De acuerdo. Volveré a llamar. Os quiero.- las llamadas eran bastante caras y no solían ser muy largas.
Me metí en internet un rato, cotilleando el facebook y el twitter, que hacía días que había dejado abandonado. Un montón de comentarios me preguntaban que tal todo, cómo me iba, si ya había encontrado alguna buena oferta… me avergonzó el echo de pensar en contestar y decir que todavía no.
Mi mejor amiga, Eva, me había dejado millones de comentarios, canciones en facebook y tonterías varias, como la echaba de menos… decidí enviarle un email, ya que solo le había contestado a los comentarios que me dejaba.
Mi muy añorada y loca Eva, aquí todo esta bien. Rubén estudia mucho y me deja sola muchas veces. El trabajo en el bar bien, cómo ya te expliqué, pero entre semana mis días son asquerosamente aburridos y me los paso dando paseos y tomando cafés en Starbucks. Aquí todavía hace bastante calor. ¿Te acuerdas del sueño aquel que se me repetía? Pues ya lo he resulto, los ojos eran de Taylor Lautner, si, si, me lo he encontrado varias veces por la ciudad y hoy a venido a comer. Sé que todo esto parece una broma o una paranoia de las nuestras, pero es cierto, yo también estoy flipando. Tengo un montón de ganas de volver a verlo, pero no estoy segura de si él también quiere, dice que si… pero puede ser que solo lo haya dicho por quedar bien. De todos modos ya sabes como soy yo para abrirme a los demás y la desconfianza que tengo… Ojalá estuvieras aquí, todo es mas fácil a tu lado. Contéstame pronto, necesito sabias palabras sobre lo que piensas de todo esto. Recuerdos a los demás.
Después de eso me tumbé en la cama a leer el libro de Stephen King, que lo había empezado el primer día que llegue a Los Angeles. Iba a ser el primer libro que me leía en tierras estado unidenses. Cada detalle cuenta.
Rubén llego antes de lo que me esperaba, e hice la cena para los dos, tortilla francesa. Normalmente era yo la que cocinaba, porque se me daba bien y era algo que me gustaba, no porque él no quisiera.
- Has reaccionado muy bien este mediodía cuando me he presentado con Taylor.
- Ya. Ni yo misma me lo creía. Ya sabes como soy para estas cosas… simplemente me sentí con ganas de estar con él.
- Me alegra. ¿Y que ha pasado esta tarde?- mi amigo me puso ojos maliciosos.
- Nada. Hemos hablado de varias cosas, hemos visto la tele y me ha dado su numero de teléfono.
- Bueno, él te ha dado su numero, porque el tuyo se lo di yo esta mañana cuando me lo encontré.
- Oh, pues se ha hecho el despistado como si no me tuviera en su lista de contactos. Se va a enterar cuando lo pille- hablaba en broma, me hacía gracia que hubiese escondido ese dato- oye, ¿que le contaste exactamente esta mañana?.
- No te preocupes, nada, solo le dije que tuviera paciencia, que te habían hecho daño antes y te costaba abrirte a los demás. También le dije que como se le ocurriera hacerte daño lo iba a atar en mi cama como esclavo sexual.
- Oh dios mío, dime que no le dijiste eso de verdad- mi amigo se carcajeo, pero no supe interpretar lo que quería decir. Lo creía bastante capaz de soltar esa perla.
Recogimos rápidamente y los dos decidimos que hoy nos iríamos pronto a dormir.
Mi habitación era mi santuario, no era ni pequeña ni grande, pero allí me sentía protegida. Mi cama era mullida cómo a mi me gustaba, tenía un edredón y una manta muy calentitas. En la pared de enfrente de la cama había una gran estantería color marrón, llena de libros y sobretodo de dvds, porque era una gran coleccionista de cine. En la otra pared había un gran cuadro con varias fotografías de Audrey Hepburn, mujer que me parecía casi perfecta.
Me puse mi pijama de invierno, aunque no hacía frío yo me sentía bien con el puesto. Y apagué la luz. Estaba nerviosa por pensar que quizás esa noche tendría un sueño diferente, pero a causa de esa excitación no podía dormir y no paraba de dar vueltas, de un lado a otro de la cama. Alcancé el móvil que reposaba en la mesita de noche… sin pensar me vi con la bandeja de los mensajes abierta, dispuesta a escribirle uno a Taylor.
"Esta tarde has jugado con ventaja. Tu ya tenías mi numero. Has sido un niño malo. Habíamos quedado que nada de secretos o falsas apariencias".
Le di a enviar antes de siquiera pensar en lo que acaba de escribir, la verdad es que lo hice rápido, porque si pensaba en lo que estaba haciendo me iba a arrepentir.
En poco tiempo me quede medio dormida, en ese estado entre dormida y despierta, cuando una vibración me despertó del todo. ¡Era un mensaje! ¿Sería él?
" Como hemos quedado en nada de secretos, te diré la verdad. No te dije que ya tenía tu numero porque me hacía ilusión que me lo dieras tu, es algo tonto, lo sé. Buenas noches niña buena"
¿Quien le había dicho que yo era una niña buena? Esta vez pensé con un poco mas de sangre fría y no conteste a la tentadora idea de decir que no era una niña buena. Ese tipo de conversaciones se suelen ir de las manos.
