Atención, este capítulo contiene sexo explícito por eso es para mayores de 18. Si lo lees es bajo tu responsabilidad.

Capítulo 8. - La chica que yo pensaba que era inocente, no lo es.

TaylorPOV

- Entonces… ¿estás sola?- le pregunté. No sabía que mas decir.

- Sí. Rubén me ha dicho que no venia y que mañana me explicaba.

Dios. ¿Porque estaba tan nervioso? No es que fuera un experto en materia, porque no era así… pero debería tener un poquito mas de iniciativa, sobretodo porque la situación estaba puesta en bandeja.

- Así que… estamos solos?- ya era hora de coger las riendas. Era Taylor Lautner, y esa chica me gustaba y yo a ella.

- Eso parece…- antes de que pudiera hacer nada, ella se me tiro encima, besándome con pasión. Vaya, y yo que quería coger las riendas de la situación y la tenía sentada encima. Que hombreton eres Taylor. Nuestras lenguas se buscaban, se entrelazaban y nuestros labios se acariciaban. Llevé una de mis manos a su nuca, para acercarla todo lo posible a mi. Mi cuerpo ardía y podía notar como el suyo también. Mis partes bajas se despertaron cuando su sexo se acerco al mío. Ese era el punto sin retorno.

Me levanté y cargué con ella agarrada a mis hombros y sus piernas rodeando mi cintura. Andamos entre besos hasta su habitación y la dejé reposar en la cama, este era mi turno. Le quité el vestido y las medias, dejándola en ropa interior. Tenía un cuerpo precioso, no estaba tan delgada como las chicas con las que había estado, pero para nada estaba gorda. Era una chica con curvas, piernas finitas pero moldeadas, con pechos enormes pero bonitos, naturales. Nunca había visto unas tetas tan grandes naturales, todas de plástico. Me imaginé como sería tocarlas, y mis manos hicieron lo que deseaban masajeando sus pechos por encima del sujetador negro de encaje. Me encantaban, la miré y se estaba mordiendo el labio inferior. Me puse encima suyo para besar su cuello y darle pequeños mordiscos, a los que ella me contestaba dejando salir susurros y pequeños gemidos de sorpresa cuando le mordía. Le quité el sujetador de cuajo, temiendo que quizá lo hubiera roto. Lamí sus pechos, que sabían cómo un merengue de nata y azúcar. Ella me dio la vuelta, poniéndose encima de mi, desabrochándome la camisa con fervor, se encallaba en algunos botones y se frustraba, aquello me pareció adorable y sonreí. Pronto tenía el torso desnudo.

Me fijé como ella me miraba, con esos ojos de pasión, recorriendo con sus manos mis abdominales, no pude aguantar la sonrisa. Valía la pena el trabajo en el gimnasio si ella me miraba así todas las veces.

- Estas buenísimo- me susurró al odio. Esta Summer era totalmente diferente, pero estaba claro que me gustaba. Me puso más a cien de lo que ya estaba, y volví a ponerme encima suyo. Ella no dejaba de sonreír y me quitó los pantalones. Yo le quité las bragitas, dejando al descubierto su secreto mas intimo. ¡Hasta aquello tenía bonito! No había visto demasiados, unos dos o así… pero sabía que podía haber algunos realmente feos, me acerqué un poco y pude comprobar que hasta olía bien.

Acerqué mi mano lentamente y la acaricié un poco, solo un poco, con delicadeza muy sutilmente, para que perdiera la cabeza y me dijera que por favor continuara. Pero en lugar de eso me dio la vuelta poniéndose otra vez encima mío. Me quitó los calzoncillos y cuando ya me tuvo totalmente desnudo me miró y me sonrió.

- ¿Te gusta?- pregunté alzando un poco la cabeza para ver lo que pasaba allí abajo.

- Sí. Ella y yo vamos a ser grandes amigas- no pude hacer otra cosa que reírme. Entonces vi como se la metía en la boca, se me escapo un gemido, de sorpresa y de placer.

- No tienes porque hacerlo.- Todas las chicas me habían dicho que era muy desagradable, y no quería que se esforzara en hacer algo que le diera asco solo por complacerme.

- Cállate, lo hago porque me apetece- y así hice, me callé y disfruté lo que su boca empezó a hacer. Cerré los ojos, porque aunque me encantaba verla cómo lo hacía, no podía continuar teniéndolos abiertos. Abrí los ojos cuando paró, me di cuenta que Summer sabía lo que se hacía, porque había parado antes de pudiera haber llegado al orgasmo.

La iba a hacer mía, ahora.

Le di la vuelta, poniéndome yo estaba vez encima pero antes de nada la miré y ella entendió perfectamente lo que quería decirle. Se incorporo un poco y cogió un preservativo de la mesita de noche, lo intenté coger pero negó con la cabeza, y me lo puso ella. Cosa que me encantó. Ya estaba listo para entrar dentro, y así hice, delicadamente pero con confianza, ella cerró los ojos y suspiró. Cuando subí de intensidad, abrió sus ojos y los clavó en los míos. Sus manos fueron a mi espalda, agarrándose a ella fuertemente, de verdad esa chica sabía lo que me gustaba.

- Taylor…- estaba diciendo mi nombre, oh dios mío- más…- y aumenté el movimiento. Ella se arqueó y cuando volvió a su posición me mordió el hombro izquierdo. Cosa que me volvió totalmente loco. Me encanta que me muerdan.

Notaba que ella estaba llegando, lo notaba en sus gemidos cada vez mas seguidos, en su cuerpo que reaccionaba temblando. Aumenté la velocidad, porque yo también quería llegar.

- Me voy, me voy…- conseguí susurrar.

- Sí, Taylor…- y ella también estaba llegando, aunque solo conseguía decir mi nombre. Y llegamos, los dos a la vez, casi gritando. Menos mal que estábamos solos.

Nos quedamos así un rato abrazados y unidos. Me gustaba estar dentro de ella, se estaba caliente. Pero tuve que moverme, porque aunque no me dijo nada, creo que la estaba ahogando.

- Ha sido increíble- afirmé mirándola a los ojos, esperando que para ella también lo hubiera sido.

- Ya ves, me has puesto como una moto- !Sí! ¡Lo había hecho!

- He de confesarte una cosa… a mi nunca antes me habían hecho una felación- no sabía como le estaba explicación eso y no estar muriendo de vergüenza.

- ¿Qué? ¿Pero…?

- Las chicas con las que he estado siempre les ha dado asco y nunca han querido.

- Oh, malditas, es súper egoísta eso, a ellas que si se lo hagan pero ellas hacerlo… - no pude hacer otra cosa que reírme. Era increíble- Entonces… ¿Te ha gustado?

- Buf si… y no me lo esperaba. Eres una diosa o algo así.

- Que dices… esto no es nada- y se levantó dejándome allí totalmente ido. Mi pene respondió poniéndose algo duro, al pensar en la de cosas que podría hacer con ella. Aproveché que se había ido para quitarme el preservativo y tirarlo a la basura. Enseguida volvió, con una galleta de chocolate.

- ¿Quieres?- yo negué con la cabeza- a mi es que el sexo me da hambre- confesó la pequeña fierecilla.

Cuando se comió la galleta apagó la luz y nos acomodamos debajo de las sabanas. Se acurruco a mi lado, abrazándome, y yo hice lo mismo, protegiéndola con mis brazos.

Y al cabo de poco me quedé dormido, muerto por el cansancio.

Cuando abrí los ojos Summer ya estaba despierta. Que graciosa era por las mañanas, con los ojos casi cerrados.

- Me muero de hambre- exclamé.

- Pues vamos, haré el desayuno- cogió mi camisa azul y se la puso, le quedaba enorme- No te importa, no?

- No, te queda muy sexy.

Fuimos hasta la cocina, donde juntos preparamos unas tostadas con mermelada.

- Creo que deberíamos vestirnos, por si viene Rubén- comenté suspirando.

- Sí… aunque así estas perfecto- confesó mirando mi cuerpo solo vestido por unos calzoncillos blancos.

- Tu también estas perfecta así, pero solo para que yo te vea- ella llevaba mi camisa azul, que le iba muy grande, ligeramente abierta dejando ver un poco del sujetador negro de encaje, que al final, pese a mi poca delicadeza de ayer, no se había roto.

Fuimos los dos a su habitación, ella me devolvió mi camisa, cuando me la puse me di cuenta que olía un poco a ella, a esa mezcla de melocotón, frambuesa, madreselva y jazmín.

Se puso unos tejanos y un jersey blanco y yo la misma ropa de ayer. Cuando llegara a casa me iría directo a la ducha.

Cuando salimos de la habitación nos encontramos a Rubén, que acabaría de llegar, en una situación muy acaramelada con un chico de piel oscura. Tanto Summer como yo nos quedamos allí plantados, sin saber que hacer, si quedarnos allí o salir corriendo dejándoles intimidad. Pero no tuvimos que tomar ninguna decisión, porque enseguida se dieron cuenta de nuestra presencia.

- ¡Hola! Chicos este es Darryl, lo conocí ayer en la fiesta. Darryl, esta es Summer una amiga y mi compañera de piso.- Ella se acercó y se dieron un beso en la mejilla a modo de saludo.

- Y este es Taylor… es… bueno es un amigo de los dos- me acerqué a el chico y le di un apretón de manos.

- Supongo que eres amigo de Nikki, imagino…- adiviné.

- Sí, te conozco. Tu también eres amigo de Nikki.

- ¿Me conoces?- vaya pregunta mas idiota se me había ocurrido- Oh bueno, supongo que sí.- no me había acabado de acostumbrar a eso de que la gente me conociera.

- Me lo pase bien ayer, gracias por invitarme a la fiesta Taylor- me agradeció Rubén.

- Sí… ya veo lo bien que te lo pasaste!- dije alzando las cejas.

- Viendo tu ropa de ayer puedo decir que tu también te lo has pasado muy bien- me contestó. Creo que me sonroje un poco. Me lo tenía merecido, por no pensar antes de hablar. Por suerte, todos se rieron y pudimos pasar el tema como una broma.

- ¿Te quedas a comer?- me pregunto Rubén, volviendo a un tema serio.

- No, para mi desgracia no voy a poder saborear la deliciosa comida de esta casa, tengo una comida de negocios.

- Otro día entonces.

Me despedí de los dos tortolitos y Summer me acompañó hasta la puerta.

- ¿Trabajas esta noche, verdad?- le pregunté, sabiendo ya la respuesta.

- Sí… Tu hoy también trabajas, no?

- Sí, sí. Tengo una comida con un productor, ya sabes para tantear el terreno y a ver que tiene en mente que me pueda interesar.- esas cosas generalmente eran bastante aburridas, a no ser que me ofrecieran algo realmente emocionante, que pocas veces pasaba.

- Oh, pues mucha suerte entonces.

- Te llamaré, vale? - le di un rápido beso en los labios y salí corriendo a buscar un taxi. Me gustaba eso de que su piso estuviera en las afueras, nada de periodistas. Supongo que eso podría cambiar si se enteraban de lo nuestro. Aunque… no habíamos hablado de todo esto. ¿Como nos dejaba aquello? ¿Pareja? ¿Rollo de una sola noche? ¿Amigos con derecho a roce?. Siempre dejábamos las cosas colgando, como el día que nos habíamos besado después de ver El Rey Leon. No habíamos hablado ni una sola vez sobre aquella tarde y a lo mejor, tampoco hablaríamos sobre lo de esta noche.

Al llegar a casa me callo una bronca de mi padre. Que si había preocupado mucho a mi madre… que si tenía que llamar para avisar que no iba a dormir en casa…

Por supuesto, no les dije que había dormido en casa de una chica, me excusé diciendo que me había quedado a dormir en casa de Robert, aunque él ni siquiera estaba en la fiesta, pero parece que se lo habían creído.

En cuanto mi padre termino su charla me fui a duchar, aunque no tenía ningunas ganas de quitarme la camisa, que olía a ella.