Ya sé quién eres.


—No recuerdo a nadie más en este reino que haya llevado esas cosas —murmuró, intentando recordar.

Desde donde se encontraba, continuó observando la escena. Aparentemente, la camarera no parecía darle mucha importancia al asunto, pensó que eran dos borrachos que se retirarían luego de conseguir su bebida.

—Oye, preciosa, ¿te gustaría que después de esto subamos a tu habitación? —sugirió uno de los ebrios con tono insinuante.

—Tienes razón, parece que necesitas algo de atención. Estás muy tensa —comentó el otro con humor.

—Está claro que no has conocido a un buen hombre. Míranos, somos dos buenos partidos. Podríamos turnarnos para hacerte sentir especial y luego tú decides —dijo el primero con arrogancia.

Entre risas malintencionadas, el primer ebrio se comenzó a frotar de manera ofensiva con su amigo. La camarera estaba a punto de intervenir, pero un hombre de casi dos metros de altura y cabello blanco ya se había levantado y se encontraba de brazos cruzados frente a los ebrios con una mirada furiosa.

Al observar detenidamente, pudo reconocer de quién se trataba.

—No puede ser.

—Oigan, idiotas. Espero que pidan disculpas y se vayan de inmediato. Están arruinando la bebida —dijo Ban con voz firme y autoritaria.

—¿Y tú quién rayos eres para proclamar eso?

Ban sonrió. Aunque podría presentarse como pecado y mano derecha del capitán Meliodas, no le apetecía usar sus títulos para intimidar. Él prefería emplear los métodos antiguos de un bandido para enseñar respeto.

—Eso no te incumbe. Solo deberías saber que, si no te marchas, seré yo quien te marque la cara.

Los ebrios se miraron y estallaron en una risa sonora.

Ban parecía estar perdiendo la paciencia. La camarera lo observaba desde una distancia segura, con una sonrisa de satisfacción y unos ojos brillantes que hicieron que el caballero se preguntará dónde la había visto antes.

—¿Tú y cuántos más? Estoy seguro de que ella no es para ti.

Sin necesidad de escuchar nada más, Ban descargó dos puñetazos directos en el rostro del primer ebrio, que casi lo mandan detrás de la barra. Su compañero, sorprendido, se lanzó hacia Ban, pero éste le propinó una patada en el estómago que lo dejó en el suelo.

—¡Ban, cuidado! —advirtió la camarera.

—¡Un momento, esa voz me resulta familiar! —exclamó, deteniéndose en seco. El primer ebrio había logrado recuperarse y arremetió con un puñetazo directo al estómago de Ban, que se dobló de dolor.

Mientras trataba de recobrar el sentido, notó de reojo que estaba a punto de recibir un golpe directo en el rostro, pero antes de que pudiera reaccionar, la camarera intervino de manera sorpresiva: se abalanzó sobre el ebrio y lo golpeó con un cabezazo, aprovechando su estado.

El hombre cayó y Ban se incorporó.

—Muchas gracias —señaló con una sonrisa de agradecimiento—. Por cierto, tú eres…

—No nos distraigamos, primero hay que lidiar con él —interrumpió la mujer mientras veía al ebrio levantándose de nuevo.

—Tienes razón, lo siento —respondió Ban, mostrándose entusiasmado por poner fin a la situación.

Utilizando la confusión del ebrio, Ban lo sujetó con ambos brazos y lo arrojó con fuerza hacia su compañero, que también estaba tratando de levantarse. Ambos hombres cayeron al suelo con un fuerte estruendo.

Avanzó hacia ellos con determinación y lanzó un grito de rabia.

—¡Fuera de mi bar! —gritó con voz autoritaria.

Los hombres se levantaron del suelo y asintieron en señal de sumisión. Luego, corrieron hacia la salida, tropezando con todo lo que encontraban a su paso. Una vez fuera, el silencio invadió el lugar.

Ban respiró, tratando de recuperarse mientras observaba la salida por si los dos hombres regresaban. De repente, todos los presentes comenzaron a aplaudir y vitorear al reconocer su verdadera identidad. Él sonrió, un poco impresionado por el apoyo que estaba recibiendo.

—Parece que eres muy popular, Ban —comentó la camarera mientras se acercaba a él.

A pesar de que ya sabía quién era, Ban no podía evitar sorprenderse por cuánto había cambiado la situación.

—Y tú todavía llevas tus coronas de flores, Elaine —respondió él con una sonrisa.


Nota de la autora: ¡Reencuentro de Ban y Elaine! A pesar de que todo parece funcionar, no se sorprendan que todo de un giro la otra semana.

En fin, dicho esto, nos leemos el otro domingo.

Ciao.