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El Gato Carmesí

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Londres, Inglaterra.

—¿Ya tienes los datos?- fue la respuesta de Tomoyo al llamado del celular—¿En una residencia? Se donde está, gracias.

Tomoyo termino de abrocharse el abrigo y con bolso en mano se dirigió a la residencia donde alguna vez había visitado a Eriol, solo que en esta ocasión iba en busca de Touya Kinomoto. La residencia seguía tal como la recordaba, aunque la recepción de los estudiantes por su llegada resultaba escandaloso, de hecho le pareció poco probable que alguien tan serio como Touya estuviera cómodo entre esa horda de universitarios revolucionados.

—¡Kinomoto!- grito un joven pecoso—¡Es preciosa! Está en tu habitación esperándote, te tengo tanta envidia en estos momentos Doc.

Touya asintió en dirección al joven que era el encargado de dormitorios, no había entendido palabra pero ahora mismo el sueño lo vencía de a poco, ignorado los chiflidos y el alboroto a su paso entro a la habitación solo para tener una premonición, en medio del cuarto una preciosa chica giro el rostro y por un fragmento de segundo el juro ver el rostro de su madre en ella. Bellísima.

—Buenas noches senpai- la joven inclino la cabeza con respeto y sus ojos violetos brillaron divertidos—. Soy Tomoyo, Tomoyo Daidouji.

—¿Qué tú eres?- Touya miraba escéptico a la beldad—. ¿Cómo se llama el peluche amarillo?

—Kerberos pero le queda mejor Kero-chan, ¿Verdad?

—No te he reconocido- Touya invito a la joven a sentarse en la silla junto a su escritorio y él a su vez se sentó en la cama intentando evitar que los parpados se cerraran—. No te veía desde la boda de Sakura y el roba hermanas, hace tres años.

—La misma época por la que me mude –Tomoyo se sobresalto al escuchar una estrepitosa música o lo que ella describiría como una serie de ruido inconexos que provocaban el temblor de los cristales cercanos—Te ves cansado –antes de poder reaccionar la chica vio como el cuerpo de Touya caía sobre la cama y un ronquido escapaba del cuerpo de él—. Pero bueno si se a dormido.

Una serie de interrogantes aparecieron alrededor de Tomoyo que no entendía en que clase de coma profundo había caído el doctor para ignorar el sonido infernal de la habitación a lado. Tomoyo se llevo un mechón de pelo detrás de la oreja y se levanto hasta ver más de cerca el rostro masculino que necesitaba una buena rasurada, las bolsas debajo de los ojos tampoco eran halagadoras, el rostro igual que el resto del cuerpo estaba demacrado, ¿Y si en realidad si estaba en coma?

—Por la forma en que ronca es más probable que este hibernado –Tomoyo sacó el celular de su bolso y de inmediato recibió respuesta de su jefa de seguridad—. Necesito de su ayuda chicas, vamos a secuestrar a un hombre.

Un grupo de seis mujeres y una chica de abrigo rojo entraron a la residencia, con precisión guardaron libros, ropa y sin demasiada dificultad se llevaran a Touya Kinomoto, la mirada atónita de los universitarios igual que su rostro perplejo fueron puro arte.

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El apartamento de Tomoyo era lo bastante grande para tener un precio de seis cifras, la morena ordeno que Touya fuera recostado en la habitación de huéspedes, le pareció improbable que el joven despertara ese noche pero de todas formas se quedo sentada en un sofá aguardando a que solo tal vez el despertará, ella carecía de todo sueños así que el sueño de él le parecía reconfortante.

—¿Por qué estás así? –preguntó al hombre que dormía ajeno a sus palabras—Y pensar que alguna vez me gustaste.

El suspiro de Tomoyo fue apenas perceptible, con un bloc en mano y un marcador comenzó a diseñar algún vestuario, primero marcando una silueta difusa tan distorsionada como lo eran sus pensamientos en ese momento, las ideas iban y venían, primero y como venía siendo costumbre pensó en Eriol, su mejor amigo y ahora también su socio.

—La ilusión siempre es mejor –murmuró ella mientras un nuevo ronquido escapaba de la silueta sobre la cama.

Y luego estaba Touya Kinomoto. Aunque lo conocía de muchos años y en varias ocasiones habían cruzado palabra, Touya era de las pocas personas a las que observaba sin sacar nada en claro, de niña le había parecido hasta fascinante, él era muchas cosas igual que Eriol. Eriol era mago, tenía el conocimiento de muchas vidas y a veces era solo un niño bromista que siempre era agradable y misterioso.

Touya no era mago pero siempre había creído que tenía un don que guardaba para si mismo, en más de una ocasión lo había escuchada tocar el piano y le parecía que el escuchaba algo o a alguien que ella misma no podía ver. Era misterioso y lejano, cuando le había cedido su energía a Yukito por afecto la menos sorprendida fue ella, era bastante obvio para todos menos para Sakura que esos dos eran como Sol y Luna, el uno no podía existir sin el otro aunque el Sol era siempre más fuerte.

Touya había dado algo que necesitaba a la persona que más quería, una clase de amor que nada tenía que ver con el amor humano a veces apasionado y a veces carnal, la clase de amor que solo un astro tan brillante como él podía compartir.

—Demasiado alto –murmuro la morena al verlo dormir—Demasiado guapo, demasiado lejano y fascinante. No me sirves como modelo, no hay ropa que diseñar que no te sentaría bien, una lastima.

La moreno siguió trazando la figura sin rostro en el papel, una sonrisa se iba formando de a poco al ver como lo difuso se iba concretando. En ese mismo edificio de apenas cuatro pisos una pantera negra iba retirando su forma hasta convertirse en lo que Nakuru llamaba como pequeño Spi, la pequeña figura de alas fue descendiendo junto a un sillón donde su creador repasaba cifras y más cifras, lo único que leía últimamente.

—¿Qué tal tu paseo Spinelli?

—La ligera presencia de magia que sentiste ya se quién era –la figura termino de recostarse y dijo tranquilamente—. Es Touya Kinomoto, estoy seguro de ello.

Eriol cerró el libro en tanto pensaba lo extraño que era tener a Touya en Londres, el hermano de Sakura poseía ciertas habilidades por las que el se había sentido intrigado en su momento. Con un movimiento de su mano el libro desapareció y en su mano una copa con un liquido transparente tomo su lugar, ser mago en siglo XXI era incluso mejor que serlo hace mil años. Vivir como persona en cambio era más difícil, ser Eriol y no Clow era más complicado.

—Estoy pensando demasiado –el ojiazul sonrío y tomo el teléfono marcando un numero de memoria—¿Estas libre hoy? Grandioso, te recojo en una hora- colgó el aparato pensando en pasarlo bien tomándose un break y después regresar a ser el siempre serio Eriol Hiragizawa.

Spinelli despegó la mirada del libro solo para ver que Eriol continuaba ocupado en la carta cuya destinataria era la dueña de las que alguna vez habían sido las cartas del mago Clow en ocasiones sentía curiosidad por esas cartas que llevaba escribiendo desde que se fueron de Japón seis años atrás, en ocasiones el mago le mencionaba el contenido y otras tantas el rostro de esfinge no le daba ninguna pista a Spi, podía ser cierto que Eriol tenía escasos dieciséis años pero su naturaleza mental era una situación bien diferente.

—¿Sucede algo? –preguntó el mago en dirección a la criatura de ojos rasgados.

—No, no es nada –respondió la voz chillona de Spi—. ¿También hoy vas a salir?

—Si –respondió el mago secamente—. ¿Qué estas leyendo ahora Spinelli?

—Un libro de leyendas, el nombre del mago Clow aparece en esta.

—Y en otras cien –sonrío Eriol levantándose con clara intención de irse—. Luego nos vemos.

La criatura de pelaje oscuro regreso su vista al libro que como era costumbre era dedicado a historias mágicas del Japón antiguo, en muchas ocasiones había encontrado el nombre de Clow inmerso en esas historias, paso una pagina y miro críticamente la ilustración de colores blanco y negro este dibujo en especial le pareció gustar. Era la silueta de un gato de ojos como la sangre, un carmesí profundo que pareció gustar al peluche negro.

Continuara…