LA LEYENDA DEL GATO CARMESI
Madame Reed miro impaciente la entrada y un suspiro le dijo que algo sucedería. No sucedió. Pensó que su ansiedad era algo impropio de ella, aunque su estado de enamoramiento por ese hombre misterioso a quién todos se referían como el mago había conseguido confundir su siempre aguda mente, la vida solitaria de hasta ahora parecía hundirla, la casa típicamente japonesa con sus pisos de madera, altos techos, un estanque y un tejado vividamente japonés era un encierro que le arrebataba el aliento. Era él quien debía robarle el aliento.
La mujer fue a pararse y dejo ver su kimono azul cielo un poco descompuesto, no había nadie que la viera y aun de haberlo ella no se habría percatado de su evocadora imagen, un rostro demasiado afilado enmarcado por un largo y oscuro pelo negro que no intentaba cubrir sus ojos oscuros y brillantes, la uñas largas y pintadas de un encendido color rojo se clavaron en su rostro hasta arañarlo. El piso alrededor de la figura empezó a llenarse de unas pocas gastas de sangre y aún entonces la mujer no hizo gesto o seña de dolor. Inhumana.
—¡Clow has venido! –gritó de repente al ver a aquél que había estado esperando—. Clow…
La figura de Kerberos y Yuu estaban detrás de su creador que miro a la mujer críticamente antes de sonreír enigmáticamente. La sonrisa de Clow.
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EL GATO CARMESI
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Londres, Inglaterra.
Eriol entró a su sala de estar como todas las mañanas y antes de dejarse a la vista termino de colocarse el jersey azul, estaba algo acostumbrado a medio vestirse en la mitad del pasillo entre su habitación y su sala, la escena frente a sus ojos se desarrollaba como la de cualquier otra mañana, Spi estaba cómodamente recostado en su sillón preferido con un panecillo que miraba con recelo, frente a él y haciendo gran alboroto Nakuru chillaba emocionada mientras tomaba de las manos a la única mujer invitada a su casa esas horas. Tomoyo. Ella tenía entrada libre y era parte de su hogar.
—Buenos días –saludó Eriol al acercarse a la sala y sentarse en su cómodo sillón azul de dos orejas que siempre era necesario en cualquier lugar que él estableciera su morada.
—Buenos días –fue la respuesta de todos los presentes.
—¡Tomoyo nos ha traído panecillos! –gritó entusiasmada Nakuru mostrando una cesta llena de bocadillos entres los que destacaban pequeños panecillos—. Pero Spi le ah estado poniendo peros –dijo mal mirando el peluche oscuro.
—Comer cosas dulce me provoca…una indisposición.
—Hice tres especiales para ti Spi –anunció Tomoyo dejando con toda delicadeza una taza de té sobre una pequeña mesa—. Te aseguro que no son demasiado dulces a tu paladar, prometo no embriagarte –sonrío ella.
—¿Eh? –las mejillas de Spi se colorearon de un suave rubor y tímidamente dio una probada al panecillo que efectivamente no era demasiado dulce y difícilmente lo haría pasar por ebrio—. Gracias.
Eriol enarcó una ceja pero no hizo comentario alguno porque al final de cuentas, ¿De qué serviría advertirla a Tomoyo que era ella misma un dulce para Spi? Siempre que la morena los visitaba el pequeño y receloso peluche terminaba embriagado por motivos diferente a la comida. Spi estaba un poco atontado por su amiga.
—Siempre es un gusto recibir tu visita Tomoyo –dijo Eriol a la vez que sonreía con su perfecta cara de póker.
—Siempre dices eso –sonrío Tomoyo sin darse cuenta que el cambio en su mirada borro toda sonrisa del rostro de Eriol.
—¿Necesitabas algo?
—Pues sí Eriol esta vez no he venido en una visita de cortesía.
—Nos encanta tenerte con nosotros, junto a nosotros y cerca de nosotros –chillo Nakuru comiendo un panecillo—. ¿Qué necesitabas preciosa niña?
—Un poco de magia o en el mejor de los casos un consejo.
—¿Qué clase de magia? –interrogo Eriol con cierta alarma hasta entonces desconocida para él—. ¿Algo estilo cenicienta?
—Cenicienta –la morena se río y su rostro se ilumino al decir—. Él se disfrazo una vez de ella aún conservo las fotos.
—Explícate –Eriol no se dio cuenta de que Spi y Nakuru lo vieron sorprendidos por su ORDEN—. ¿Qué fotos?
—Las de Touya en su obra por supuesto.
—¿El hermano de Sakura? Alguien me comento que él esta en Londres pero su magia está débil así que se me dificulta un poco localizarlo y…
—¡OH no te molestes en buscarlo! Touya vive conmigo.
Tomoyo siguió hablando con toda naturalidad sin percatarse de la conmoción provocada a su alrededor.
Ω : SAKURA CARD CAPTORS: Ω :
Eriol ese mismo día llegó a las oficinas donde empezaría su primera empresa de arquitectura, todo parecía un caos con obreros entrando y saliendo, alguien dando ordenes, su secretaria corriendo hacía su persona en un intento de informarle sobre sus citas del días, asuntos pendientes y en el camino a su oficina no se dio cuenta que todo el ruido se había hecho un extraño eco en sus oídos.
—¿Vives con alguien?
—¿Señor? –la secretaría miro a Eriol un poco alucinada—. Hem tiene una cita con la paisajista que piensa contratar, le voy a dar cinco minutos y después la dejare entrar, ¿Bien?
Eriol se sentó frente a su escritorio con esa extraña sensación persiguiéndolo no fue hasta que encendió el ordenador cuando leyó una de las notas que siempre leía cuando llegaba a la oficina: La vida vista de lejos es una tragedia, vista de cerca es una comedia. Se enderezo de hombros y recordó algo que siempre le había ayudado a ser tal como era, debía ver las cosas de lejos, esa sensación, su persona, los recientes acontecimiento. Mirar de lejos y hallar el problema, la solución y terminar. Un proceso metódico y perfectamente razonable tal como era el propio Eriol.
—Señor Hiragizawa la señorita Jean Graham ha venido a…
—¡Contratada! –gritó Eriol sorprendiendo a su secretaria y sin ver a la paisajista en su lugar salio rápidamente del lugar—. ¡Quedas a cargo Maggie!
—¡Señor Hiragizawa sus citas! –llamó su secretaria antes de salir tras él—. ¡Señor!
Cuando hace casi tres años antes Tomoyo Daidouji llegó a Londres él no le prestó mayor atención al asunto y a su decir la morena de ojos violetas era una de las pocas personas que no había logrado encontrar nunca en sus anteriores vidas y haberlo hecho en está que su alma se había fragmentado en dos era un misterio a sus conocimientos. Tomoyo era algo así como su contraria, no porque fueran enemigos de hecho en Londres ella era su mejor y más valorada amiga, pero es que ella parecía siempre oponerse en personalidad a la suya.
El tenía cierta frialdad tanto por se inglés como por sus vívidas memorias de vidas pasadas, ella en cambio era demasiado candida, el era amable siempre que alguien pudiera divertirlo y esos no muchos lo conseguía, ella en cambio era amable porque esa era su naturaleza Tomoyo era incapaz de no sentir afecta por las personas a su alredor. En muchos aspectos ella era única.
—¿Qué hago pensando en ella? –manejando su auto rumbo a destino desconocido intento meditar el porque estaba pensando tanto en Tomoyo.
Ella era su amiga, su mejor amiga. Los ojos malva eran demasiado llamativos en su rostro de corazón, confiaba en él al grado de prestarle una suma de dinero considerable sin pedirle garantía alguna, podía enumerar sus características como ser amable, un poco risueña, demasiado imaginativa con colores entorno a ella.
Por fin se estaciono y el mago se dio cuenta que estaba sudando, eso en un Londres con signos de lluvia aquel día no presagiaba nada bueno, se bajo del auto y se dio cuenta que había llegado al edificio donde vivía, se siento repentinamente cansado y al girar sobre si mismo se topo de cara a una escena nueva para él. Tomoyo iba detrás de un hombre alto de abrigo oscuro, con maletín en mano y que usaba un traje sastre perfectamente pulcro. La morena llevaba su propio maletín pero el abrigo aún lo llevaba en las manos, entones repaso el vestido de seda y las botas altas de terciopelo que dejaba a cualquier hombre fijo en la vista de esa mujer atractiva. La mujer era su amiga.
—¿Regresaras temprano a casa?
—Eso creo –Touya se giro a ver a la morena un poco desconcertado por el parecido entre Tomoyo y su madre—. No termino de estar convencido que mudarme a tu casa sea buena idea –el moreno vio como la sonrisa moría en el rostro de Tomoyo y sintiéndose un poco miserable se acerco hasta dejar el maletín y quitarle al de ella, con naturalidad le quito el abrigo de las manos y se lo fue a colocar en los hombros—. Llegaré cerca de las cuatro, si salgo antes prometo prepárate la comida, ¿De acuerdo señorita?
—Es grandioso –Tomoyo sonrío cuando Touya hizo llamar un taxi para ella, con toda galanura el moreno abrió la puerta y le hizo subir entregándolo el maletín de regreso—. De algo sirvió platicar toda la noche, ¿No te iras verdad?
—Tienes mi palabra.
La escena llegó a su fin y un dolor de cabeza hizo que Eriol se sentara en plena calle sin molestarse en responder a la gente que se acercaba a preguntarle si le sucedía algo, ¿Qué debería responder? Estaba enfermo y no sabía dar razón de qué. El gran chico había sido golpeado por una fuerza hasta entonces desconocida para él.
Continuara…
