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EL GATO CARMESÍ
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HONG KONG, CHINA.
Tomoyo despertó en medio de la madrugada y a pesar del largo trayecto hasta China el sueño de pocas horas había resultado reparador, si la razón había sido dormir en brazos de Eriol ella no lo habría dudado. Sin darse cuenta miraba al ojiazul con una mirada de adoración que habría provocado celos en Spinelli. Recordando al pequeño peluche también recordó la imagen de Touya demasiado débil como para salir de un profundo sueño y el rencor la hizo olvidarse de la adoración por Eriol que no pudo dejar de sorprenderse por ver a Tomoyo despertándolo abruptamente.
—Ya podríamos haber desayunado antes de ir al pasado –se quejo Eriol pero fue ignorado por la morena—. ¿Tenemos prisa por alguna razón especial?
—Tenemos prisa porque la ultima vez Touya y su brazo se desvanecían.
—El joven Kinomoto, no te haces una idea de como me entusiasma ayudarlo –Eriol ignoro la mirada de Tomoyo que evidentemente no le creía nada. Y tenía razón en no hacerlo.
Igual que el día anterior Eriol uso su magia y pidió al reflejo de Clow mostrarle más recuerdos. Tomoyo esta vez se sintió igual o más admirada de ver al mago y reconocer en él muchos rasgos de Eriol, su forma de hablar, el movimiento, la forma en que su mirada estudiaba su entorno y parecía tener una comprensión que el resto del mundo jamás tendría, la morena se entusiasmo cuando vio al mago escribiendo sobre un largo pergamino y a su lado permanecían un atento Yue y un dormido Kerberos que estiraba las patas de cuando en cuando.
—No entiendo porque crear un guardián tan peculiar –decía Yue viendo a Kerberos que roncaba.
—Crearlo me costo casi una vida –comento Clow sin dejar de escribir.
Kerberos se levanto ágilmente cuando sintió una presencias desconocidas acercarse al lugar donde vivían, Yue hizo lo suyo e igual que el felino salio a recibir a los visitantes que retrocedieron asustados cuando un ángel de pelo blanco y una bestia de ojos dorados amenazaban con destrozarlos. Tomoyo pudo reconocer a los individuos como dos soldados que se debatían entre una retirada o enfrentar a esos seres sobrenaturales, al final su dilema se vio resuelto cuando Clow tranquilizo a sus guardianes y atendió a sus visitantes que le entregaron un mensaje que disgusto profundamente a Yue.
—¿Por qué tienes que estar a los servicios de un Rey?
—Me temo que en China acostumbramos a tener emperadores –Clow sonrío y acaricio la cabeza de Kerberos que parecía contento con la atención—. Y a final de cuentas yo solo soy un pobre mago como otros tantos que deben servirle.
—¿Tendrás que ver a esa mujer?— pregunto Yue.
—Ella es una hechicera y si el emperador esta llamando a todos los magos conocidos, ¿Por qué no debería llamarla a ella?
Tomoyo se lleno de emoción cuando ella y Eriol siguieron a Clow y pudo conocer de primera mano la China imperial de aquel tiempo. Las calles llenas de mujeres vestidas con la ropa tradicional la hicieron olvidar la advertencia de Eriol y grito contenta, como en las ocasiones en que podía ver a Sakura usando uno de sus diseños para capturar una carta, a pesar de sus gritos y chillidos nadie se giro a ver de donde provenían los gritos percatándose de ese detalle se giro a ver a Eriol que tenía una sonrisa misteriosamente parecida a la que hacía Yamazaki cada vez que contaba una historia inverosímil a Shaoran y este la creía.
—Eriol –la voz dulce de Tomoyo no consiguió engañarlo—. Eriol creí que dijiste que no podían vernos pero si escucharnos.
—Tomoyo estamos siguiendo a Clow, ¿Por qué no lo discutimos más tarde?
—Claro que los discutiremos –la tranquilidad de ella solo era un preludio para la tormenta que se formaba en torno a Eriol.
El palacio del emperador era tan basto que a Tomoyo se le dificulto saber donde empezaba y terminaba el mismo. Era comprensible porque la arquitectura China había sobrevivido al tiempo, magnifico era poco para describir ese lugar de bastos campos verdes, estanques, árboles y todo ello coronado por un palacio. Una larga fila de magos y hechiceros traspasaban las puertas que estaban flanqueadas por soldados de armadura oscura, la mayoría usaban capas que ocultaban sus espadas o las armas que usaran para confrontar un ataque, una banda roja en la cabeza los destacaba del resto y ninguno parecía temeroso de ver a los magos que acudían al llamado del emperador.
Clow había ido solo al palacio porque desde luego no se podía confiar en que Yue aceptara de buena gana el mandato de alguien que no fuera él y en cuanto a Kerberos era poco probable que dejaran pasar a su guardián que al primer cambio de humor pudiera encender en castillo. Eriol y Tomoyo le seguían de cerca y nuevamente los ojos violeta de ella miraron con cierto enojo a Eriol.
—Me dijiste que nos podían escuchar para que no tuvieras que aguantar mi parloteo, ¿Verdad?
—Pues claro que no ángel –Eriol no se creía ni el mismo—. Tienes una voz preciosa, ¿Por qué no iba a querer escucharte?
—Porque siempre te estoy preguntando cosas –Tomoyo se ofusco más al darse cuenta que había dado en la diana—. ¡Que malo eres Eriol!
Las risa de él se detuvo cuando vio a Clow detenerse frente a la misma mujer del ultimo recuerdo: Madam Reed. Tomoyo también se percato de la mujer pero le costo creer que esa mujer demacrada fuera la misma de la ultima vez. La mujer parecía querer desaparecer a Clow en ese preciso instante pero el sonido de una voz que anunciaba la llegada del emperador no permitió más que un intercambio de miradas. La petición del emperador era muy clara el mago o hechicera que lograra que la salud de la princesa mejorara sería recompensado con grandes riquezas, su nombre quedaría grabado en los libros de los grandes poetas y escritores y tendrían la gracia del emperador. La multitud empezó a comentar la noticia, Clow no parecía sorprendido por la petición por eso cuando fue su turno para ver a la princesa no parecía demasiado interesado en el tema.
—Tiene la misma expresión que tú tenias en los exámenes –comento Tomoyo—. Se ve que no le interesa nada.
—Ten en cuenta que prácticamente le han obligado a venir –ahí estaba Eriol defendiéndose a si mismo.
La princesa aguardaba a otro mago más que pudiera ayudarla, el siguiente sería el numero veintiuno y ella ya no tenía esperanzas de que los magos la ayudaran más de lo que los doctores del palacio pudieron. Clow traspaso en la habitación y el contacto visual con la princesa fue inmediato, Tomoyo miro la figura de la princesa enfundada en un kimono violeta, Eriol también la vio y retrocedió cuando se percato que la princesa no era otra que la propia Tomoyo. Eriol distinguió los rasgos de Tomoyo en la princesa y cuando hablo el pensó que la ilusión se desvanecería pero no fue así.
—Te conozco de vista –fue la voz afable de la princesa—. Eres esa mago, el mago Clow.
Tomoyo y Eriol quedaron anonadados, sin embargo, en aquella habitación nadie quedo más impresionado que el propio Clow. Fue el fin de aquel recuerdo. De una memoria olvidada por el tiempo.
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Eriol descanso la cabeza sobre la pared intentando que Tomoyo no se percatara de su aturdimiento hacia mucho tiempo que no se sentía tan perdido, ¿Entonces el conocía ya a Tomoyo? ¿Y porque no conseguía recordarlo? Era la primera vez que se preguntaba si en verdad poseía todos los recuerdos de su vida pasado o si apenas conocía un poco de lo que Clow deseaba que conociera. Por primera vez se sentía como el peón de un juego donde el que mandaba realmente era Clow y al que los demás no tenían más opción que seguir, la imagen de Sakura vino a su mente y su aprecio por la castaña creció al darse cuenta que ella misma había entrado a un juego diseñado por el propio Eriol para probar que merecía la magia, ¿Sería esta la ocasión para que él probara lo mismo?
—Eriol— la voz de Tomoyo parecía sacar al mago de sus pensamientos—. ¿Por qué estás tan alterado?
—¿Qué porque? –por primera vez se dio cuenta que Eriol que Tomoyo lo miraba con autentica extrañeza—. Estoy alterado porque me acabo de dar cuenta que te conozco de otra vida, una donde tu eras una princesa, ¿Es que no te a impresionado?
—Pues la verdad es que me a parecido bastante emocionante –la morena sonrío ampliamente a pesar del desconcierto de Eriol—. Yo una princesa, espera a que le cuente a Sakura se va a poner como loca.
Los chillidos de Tomoyo y su algarabía duro un rato más y el mago pareció golpeado por una nueva turbación al darse cuenta que Tomoyo era mucho más peculiar que él mismo y eso ya era decir mucho. Ella era la horma a su zapato. Después de tantas vidas, después de olvidarla y parecía que ella se las había ingeniado para alcanzarlo en esta vida donde su alma se había dividido en dos personas, ella era suya tenía esa seguridad, pero el no poder recordarla tal como era en aquella lejana época de la China antigua le infundía una desconocida emoción, el preludio de un juego que perfilaba para ser más seductor.
—Deja de verme y pásame mi cuaderno Eriol, quiero dibujar todo lo que vimos hoy.
—Si –Eriol soltó una risa ahogada y no se preocupo de parecer un loco—. ¡Si!
—¿Pero que te pasa? –esta vez era el turno de Tomoyo para verlo como un extraño.
No hubo una tercera oportunidad de viajar a los recuerdos de Clow. Esa misma noche la llamada de Nakuru informando de la debilidad de Touya apresuro el viaje de regreso a Inglaterra. Cuando Tomoyo y Eriol llegaron al apartamento fue ella quien se apresuro a llegar hasta la figura del joven Kinomoto recostado en la cama, Eriol consintió la escena más que otra veces al menos esta vez no se enfado por la preocupación que palpitaba en la mirada violeta.
Nakuru y Spi miraron con interés como el circulo de magia de Eriol se formaba bajo su figura, el báculo apareció en la mano de Eriol que se acerco más a donde estaba Touya, Eriol estiro su brazo y descanso la punta de sus dedos en la cabeza de Touya una luz rojiza salio de sus dedos y se entrelazo con Touya que hasta entonces parecía agitado, luego del hechizo la respiración se tranquilizo, el sudor perlado de su frente también se detuvo y el brazo que se había estado desvaneciendo regreso a la normalidad. Touya parecía recuperarse.
— Te veré luego –dijo Eriol saliendo de la habitación ya cerca de la puerta escucho un quedo gracias de parte de Tomoyo.
Ya en su propia casa Eriol se tendió a gusto en su sillón rojo y se maldijo a si mismo por ceder un poco de su propia energía a Touya, ya en el avión había advertido a Tomoyo que de momento era lo único que podía hacer para ayudarlo, ceder esa pequeña cantidad de energía era apenas un parche no así la solución para que Touya se recuperar por completa y tuviera la misma fortaleza que había tenido antes de ceder su energía a Yukito.
—Es la primera vez que te veo hacer algo de forma desinteresada –se le ocurrió decir a Nakuru que igual que Spi miraban asombrados a su dueño.
—No lo hice de forma desinteresada. Lo hice por Tomoyo y porque en China descubrí algo muy singular –el ojiazul sonreía a pesar de que se sentía como si en lugar de energía le hubiera transferido sangre al joven Kinomoto—. Creo que Clow no me dio todos sus recuerdos por una razón, vamos chicos, ¿Qué les parece un nuevo juego?
Spi sintió su pelaje electrizarse y viendo a Nakuru ambos asintieron de mutuo acuerdo con su creador.
—Oye Eriol –intervino Nakuru nuevamente—. ¿Haras que Tomoyo pague el precio que le pediste?
—Esta claro que si. No viaje a China y cedí mi energía por ser una buena persona, ¿Cierto?
No claro que no, esa no era la naturaleza de Eriol Hiragizawa. A la mañana siguiente Touya despertó y lo primero que vio fue a Tomoyo profundamente dormida sobre su colchón y aferrada a su mano, por alguna razón Touya sabía que había dormido por mucho tiempo y que hacía mucho tiempo que no se sentía tan bien como si una nueva brisa de vida lo inundara. Aquel día Touya y Tomoyo tuvieron la oportunidad de estar todo el día juntos, nadie irrumpió en su casa, nadie pudo ver como Touya Kinomoto desplegaba todas sus atenciones en la morena, ese era su día juntos, el único que tendrían para ellos solos en mucho tiempo. Pasaron apenas unos días antes de que Eriol cobrara el precio.
Continuará…
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