Capítulo 6

Cuando el viernes, la noche de chicas estuvo alrededor, yo estaba más que preparada para una buena y relajada tarde con mis mejores amigas y el maravilloso escocés James McAvoy, por supuesto. Había metido la copia de Jane Austen que Jessica me había regalado por navidad, un par de pijamas que apenas utilizaba —sí, duermo desnuda en casa, ¿y qué?—y mi cepillo de dientes en la mochila.

Rosalie trajo las palomitas y Jessica nos prometió grande cuencos de helado de chocolate.

Como si mi culo no fuera lo suficientemente grande.

Pero, naturalmente, el día no podía ser del todo bueno. La señora Perkins, mi profesora de inglés, se aseguró de ello durante el cuarto bloque.

—Así que esto es La Letra Escarlata —dijo ella, cerrando el libro—. ¿Les divirtió la clase?

Hubo quejas por lo bajo, en negativo, pero la señora Perkins no pareció darse cuenta.

—Bueno, porque el trabajo de Hawthorne es tan extraordinario y aplicable a la sociedad contemporánea, que quiero que cada uno escriba un ensayo relacionado con la novela —ignoró los ruidosos suspiros—. El ensayo puede ser sobre alguna parte del libro, un personaje, una escena, un tema. Pero quiero que esté muy bien pensado. También se les permite trabajar en pareja —la clase zumbó con excitación— que yo voy a asignar —le excitación desapareció.

Yo sabía que estaba en problemas cuando la señora Perkins sacó su hoja. Esta clase tenia igual numero de chicos y chicas, lo que quería decir que nos podía juntar así por parejas, y si iba tomando uno de atrás y uno de adelante, quería decir que…

—Bella Swan trabajará con Edward Cullen

Mierda.

Había conseguido mantenerme al margen de Edward por una semana y media —desde el día en que me había acosado después de la escuela— pero la señora Perkins tenía que ir y decir eso.

Recitó los últimos nombres de la lista, antes de decir:

—Espero que los informes sean de no menos de cinco páginas de largo. La fuente es de doce puntos, a doble espacio, Vikki, no use ese truco de nuevo.

Ella sonrió de buen humor.

—Ahora, quiero que las parejas trabajen juntas. Ambos deben contribuir al reportaje. ¡Y sean creativos, gente! ¡Diviértanse!

—No es probable —susurré a Jessica, que estaba sentada en el siguiente pupitre al mío.

—Oh, yo creo que tienes suerte, Bella —dijo ella—. Yo estaría encantada si Edward fuera mi pareja. Pero mi corazón pertenece a Mike. Es tan injusto que Rosalie tenga que trabajar con él… —miró hacia el sitio asignado a Rosalie, al final de la clase—. Probablemente, verá su casa, su habitación, todo. ¿Crees que le dirá algo bueno sobre mí si le pregunta? Tal vez ella va a ser mi cupido.

No me molesté en responder.

—El ensayo tiene que durar exactamente una semana —anunció la señora Perkins por encima de las charlas—. Así que, por favor, trabajen en ello este fin de semana.

La campana sonó y todos nos levantamos al mismo tiempo. Lástima que la señora Perkins se escurriera a un lado para evitar ser pisoteada por la estampida hacia la puerta. Jessica y yo nos unimos a la multitud y Rosalie nos atrapó cuando acabábamos de salir al pasillo.

—Esto es una mierda —siseó—. ¿Un ensayo sobre la nada? No quiero elegir un tema. ¡Es su maldito trabajo! ¿Cuál es la cuestión de esta maldita asignación que ni siquiera nos puede dar algo para escribir? Es ridículo.

—Pero tú vas a trabajar con Mike y…

—Por favor, Jessica. No empieces con esa mierda —Rosalie pestañeó—. Él. Es Gay. No va a suceder, ¿de acuerdo?

—Nunca se sabe. Así que, ¿no vas a jugar a cupido para mí?

—Te presentaré chicos en la cafetería —le dije, volviéndome en dirección a mi taquilla— Necesito coger unas cosas primero—.

—Guay —Rosalie agarró a Jessica por la muñeca y tiró de ella hacia el otro pasillo—. Nos encontraremos en la maquina de los snocks, ¿vale? Vamos, Jess —y me dejaron sola en el pasillo lleno de gente. Vale, no realmente lleno. Forks High tenía alrededor de cuatrocientos estudiantes o algo así, pero considerando el bajo número, los pasillos parecían bastante más llenos esa tarde. O quizá yo estaba estresada y volviéndome claustrofóbica. De todas maneras, mis amigas se fueron, y yo me quedé entre las bestias.

Me abrí paso entre los atletas fuertes y las parejas besándose —son tan desagradables— y me dirigí al pasillo de ciencias. Sólo me tomé un minuto en mi taquilla que, como el resto del colegio, estaba pintada de azul y amarillo. Giré mi combinación y abrí la puerta de un tirón. Detrás de mí, un grupo de animadora corría a través de los gritos.

— ¡Vamos, Espartanos! ¡Espartanos! ¡Espartanos! —

Acababa de coger mi abrigo y mi mochila y cerrado la puerta cuando él apareció.

Honestamente, lo había esperado más pronto.

—Parece ser que somos socios, Duffy.

Di una patada a la taquilla con un poco de excesiva fuerza.

—Desafortunadamente, sí.

Edward sonrió, pasando los dedos por sus rizos oscuros mientras se apoyaba en la siguiente taquilla a la mía.

—Bueno, ¿en tu casa o en la mía?

— ¿Qué?

—Para hacer la asignación este fin de semana —dijo él, estrechando los ojos. No es ninguna de tus ideas, Duffy. No te estoy persiguiendo. Sólo estoy siendo un buen estudiante. Edward Cullen no persigue a las chicas, ellas…

—Te persiguen a ti. Sí, lo sé —me puse el abrigo sobre la camiseta.

—Si tenemos que hacer esto, he estado pensando…

— ¡Edward! —una flaca morena que no reconocí (parecía estudiante de primer año) se arrojó sobre él. Lo miró fijamente, con sus grandes ojos sensibleros—. ¿Bailarás conmigo en la fiesta esta noche?

—Por supuesto, Meghan —dijo, pasando la mano por su espalda. Era tan alto como para mirar su escote sin ningún problema. Pervertido bastardo —. Reservaré un baile para ti, ¿vale?

— ¿De verdad?

— ¿Podría mentir?

— ¡Oh, gracias, Edward! —él se agachó y ella le dio un rápido beso en la mejilla antes de irse corriendo, sin mirarme ninguna vez.

Edward volvió su atención hacia mí.

— ¿Qué estabas diciendo?

—Creo que tenemos que quedar en mi casa —gruñí, apretando los dientes.

— ¿Qué problema hay con mi casa? —preguntó—. ¿Tienes miedo de que te persiga, Duffy?

—Por supuesto que no. Sólo que prefiero trabajar en mi casa. Dios sabe qué tipos de enfermedades podría coger poniendo un pie en tu dormitorio —sacudí la cabeza—. Así que en mi casa, ¿de acuerdo? Mañana por la tarde, como a las tres. Llama antes de venir.

No le di oportunidad de que respondiera. Si tenía algún problema con eso, me escribiría una nota. Así que, olvidando decirle adiós a propósito, me fui, lanzándome entre los grupos de chicas cotilleando, apresuradamente hacia la cafetería.

Encontré a Rosalie y a Jessica esperándome en la vieja máquina expendedora.

—No lo entiendo, Rose —estaba diciendo Jessica. Insertó un dólar en la única máquina que funcionaba y esperó que su Sunkist cayera al fondo de la ranura.

— ¿No tienes que animar el partido?

—Nop. Les dije a las chicas que no podía hacerlo esta noche, así que una de las suplentes, esa estudiante guapa de primer año, ha tomado mi lugar. Ha estado queriendo animar todo el año, pero no ha habido lugar para ella hasta ahora. Van a estar bien sin mí.

Yo estaba parada justo al lado de ella cuando Jessica me vio.

— ¡Hey, Bella! ¡Vamos fuera! ¡Woohhoo! ¡Noche de chicas!

Rosalie puso los ojos en blanco.

Jessica abrió la puerta azul que conducía hacia el aparcamiento lleno, sonriendo de oreja a oreja.

—Ustedes son las mejores. Realmente, las mejores. No sé que haría sin ustedes.

—Llorar en tu almohada toda la noche—dijo Rosalie.

—Pensar que tus otras amigas son realmente las mejores —aconsejé, devolviéndole la sonrisa.

No había una jodida forma de que Edward me arrastrara hacia abajo. ¡De ninguna manera!¡ Esta era la noche de chicas! Y no me la iba a perder por ningún jodido idiota como él.

— ¿No olvidaste el helado prometido, no, Jessica?

—Lo recuerdo. ¡Torbellino de chocolate!

Cruzamos el estacionamiento abarrotado y subimos a mi coche. Instantáneamente, Jessica se envolvió en la vieja manta. Rosalie, temblando visiblemente, la fulminó con la mirada con envidia cuando se puso el cinturón de seguridad. Con una rápida pisada al acelerador, reducimos al lote de estudiantes de la carretera y con exceso de velocidad nos alejamos de Forks High, como prisioneros corriendo de sus celdas, que era una especie de lo que éramos.

—No puedo creer que no estés nominada a reina de la fiesta esta vez, Rosalie —dijo Jessica en el asiento trasero—. Estaba segura de que lo serías.

—Nah. Me votaron como reina de la fiesta del futbol. Hay una regla sobre la gente que gana más de una vez el mismo año. No puede ser nominado otra vez. Van a ser o Vikki o Angela, estoy segura.

— ¿Crees que se pelearán si alguna gana? —Jessica sonó preocupada.

—Lo dudo —dijo Rosalie—. A Angela no le importa nada esa clase de mierda. Vikki es más competitiva… realmente, tenía ganas de ver un drama esta noche. ¿Te dije que Vikki estaba pensando en Edward Cullen, también?

—¡No! —dijimos Jessica y yo al unísono.

—Sip —dijo Rosalie, asintiendo—. Supongo que está intentando poner a su novio celoso. Ella afirma que lo engañó después de una fiesta recientemente (supongo que su novio aún no lo sabe) y está pensando en hacerlo de nuevo. Dijo que fue increíble.

—¿Él se acostó con ella? —jadeó Jessica.

—Él se acuesta con todo el mundo —dije, girando el coche en la calle 5—. Si tienes una vagina, él te la va a meter.

— ¡Ehh, Bella! —gritó Jessica—. No digas la… la palabra con V.

—Vagina, vagina, vagina —dijo Rosalie, categóricamente—. Supéralo, Jess. Tienes una. Puedes llamarla como es.

Las mejillas de Jessica se volvieron del color del tomate.

—No hay ninguna razón para hablar de ello. Es vulgar y… personal.

Rosalie la ignoró y me dijo:

—Puede ser futbolista, pero es malditamente sexy. Incluso tú lo admites, B. Apuesto a que es increíble besando. Quiero decir, lo hiciste con él. ¿Fue increíble? ¿Se puede culpar a Vikki por querer acostarse con él?

— ¿Lo hiciste con Edward? —graznó Jessica, asfixiada en su propia emoción—. ¿Qué? ¿Cuándo? ¿Por qué no me lo dijiste?

Rosalie me lanzó una mirada.

—Está avergonzada —explicó Rosalie—. Apuesto a que volaba por besarlo.

—No volé —dije.

— ¿Era bueno besando? —Preguntó Jessica—. ¡Dímelo, dímelo, dímelo! Quiero saberlo.

—Sí, debes saberlo. Era bueno. Pero eso no le hace menos desagradable.

—Pero —intervino Rosalie— con tu experiencia, responde a mi última pregunta. ¿Se puede culpar a Vikki de querer estar con él?

—No se puede —cambié mi señal de giro—. Ella se culpará a sí misma cuando contraiga alguna enfermedad venérea o cuando su novio se entere. Lo que ocurra primero.

—Y eso es exactamente por lo que quería ir a bailar —siseó Rosalie—. Podríamos haber sido testigos de primera mano. Como nuestro propio episodio de Gossip Girl de Forks. El novio de Vikki podría enfadarse y tratar de vengarse de su novia que se ha enrollado con el chico más caliente de la escuela, y Bella, ocultando su amor por Edward, se habría desanimado y lo odiaría, mientras suspira por su súper sexy y caliente beso de nuevo.

Mi mandíbula se abrió.

—No podría suspirar por nada de eso.

Jessica soltó un bufido de risa desde el asiento trasero, tirando de su cola de caballo hacia delante de la boca para ocultar su sonrisa cuando fruncí el ceño por el retrovisor.

—Oh, bueno —siseó Rosalie—. Estoy segura de que oiremos todo sobre el drama el lunes.

—O mañana si la historia es suficientemente buena —dijo Jessica.

—Angela y Jeanine nunca guardan los cotilleos para sí mismas. Si se vuelven locos, ya sabes que van a llamarnos y a decirnos lo que nos perdimos. Estoy segura de que lo harán —sonrió—. Espero que nos den muchos detalles. No puedo creer que me esté perdiendo mi última fiesta.

—Al menos no te la estás perdiendo sola, Jess.

Unos segundos después de entrar en Halbrook Lane, giré en la entrada de los Stanley. Tirando de las llaves del encendido, dije:

—La noche de chicas comienza oficialmente.

—¡Woohooo! —Jessica saltó fuera del sillón trasero y prácticamente bailó en frente de su porche. Empujó la puerta y Rosalie y yo la seguimos dentro, sacudiendo las cabezas con diversión. Me quité la chaqueta y la colgué en el gancho justo detrás de la puerta… tú sabes. Sus padres eran súper exigentes con el orden.

Rosalie hizo lo mismo.

—Quiero que mi mamá puede mantener una casa tan bien o que contrate una criada o lo que sea. Nuestra casa parece una pocilga —dijo.

La mía no parecía tan genial tampoco. Mi mamá nunca había sido un monstruo de la limpieza, y papá sólo creía en la limpieza una vez al año, durante la primavera.

Además dela colada, los platos y el trabajo ocasional del polvo (por lo general, mío) no había que hacer muchas tareas en la casa de los Swan.

— ¿A qué hora van a llegar tus padres, Jessica? —pregunté.

—Mamá llega a casa a las cinco y media y papá debe llegar un poco después de las seis —nos estaba esperando al pie de las escaleras, preparada para correr a la habitación tan pronto como nos uniéramos a ella—. Papá comenzó a ver un nuevo paciente hoy, por lo que debe tardar un poco más.

El señor Stanley era terapeuta. Más de una vez, Rosalie ha amenazado con preguntarle si me aceptaba gratis como paciente, ver si tenía un rato para ayudar a mis "problemas". No es que yo tuviera problemas, pero Rosalie me decía que mi cinismo era el resultado de algún tipo de conflicto interno. Yo le decía que sólo estaba siendo inteligente. Y Jessica, bueno, Jessica no decía nada. Incluso aunque sólo le había hablado una vez en broma, siempre se sentía un poco incómoda cuando surgía el tema. Con todas las psico-escuchas de su padre, probablemente pensaría que mi negatividad constante era parte de una lucha interna. Jessica odiaba la negatividad. La odiaba tanto, de hecho, que nunca decía que la odiaba. Eso podría ser demasiado negativo.

— ¡Deprisa, deprisa! ¿Están listas o qué?

—Que comience la fiesta —gritó Rosalie, corriendo detrás de Jessica y subiendo las escaleras.

Jessica parecía una maníaca cuando trataba de alcanzar a Rosalie, pero yo me quedé atrás, subiendo las escaleras a un ritmo regular. Una vez llegué, pude oír a mis amigas riendo al final de la habitación, pero no seguí sus voces. Otra cosa que me llamó la atención en primer lugar. La puerta de la primera habitación, una de las de la izquierda, estaba abierta de par en par. Mi cabeza me decía que pasara a la derecha, pero mis pies no estaban escuchando. Me quedé en la puerta abierta, dispuesta a mirar hacia otro lado. Mi cuerpo tampoco quería cooperar. La cama estaba perfectamente hecha, en azul marino, confortable. Posters de súper héroes cubrían cada centímetro de la pared. Oscuridad sobre la cabecera. La habitación estaba exactamente como la recordaba, sólo que no había ropa sucia en el suelo. El armario abierto parecía vacío, y el calendario de

Spiderman, que solía colgarse sobre el ordenador, se había caído. Pero la habitación todavía parecía cálida, como si él todavía estuviera allí. Como si todavía tuviera catorce años.

—Eric, no lo entiendo, ¿quién es esa chica?

—Nadie, no te preocupes por eso. Ella no significa nada para mí.

—Pero…

—Shhh. No es gran cosa.

—Yo te quiero, no me mientas, ¿de acuerdo?

—Yo no lo haría.

— ¿Lo prometes?

—Por supuesto. ¿Realmente te habría herido, Be…?

— ¡Bella! ¿Dónde diablos has ido?

La voz de Rosalie me sobresaltó. Rápidamente, salí del dormitorio, cerré la puerta, sabiendo que no podía volver al pasado cada vez que necesitara hacer pis por la noche.

— ¡Vamos!

Logré mantener mi tono de voz normal.

— ¡Dios! Sé paciente por una vez en tu vida.

Luego, con una sonrisa forzada, fui a ver la película con mis amigas.