Capítulo 2 Mis antepasados?

Los personajes pertenecen a la inigualable Stephenie Meyer. Mia solo es la historia.

Y ahí me encontraba, parada ante la puerta de aquella casa, con una maleta y mi mochila de viaje.

Saqué las llaves de la casa de la mochila, eran un llavero con unas diez llaves, comencé a subir los tres escalones que separaban el piso de una vieja puerta y lentamente fui acercándome a la cerradura. No sabía lo que iba a encontrarme dentro pero ya era tarde para arrepentirme.

Después de probar con cada llave la encontré.

Poco a poco empujé la puerta después de abrir la cerradura, la puerta crujió un poco y se atoró, supongo q la humedad había hecho que la madera se hinchara, tuve que empujar un poco para poder abrirla por completo. Lo hice sin utilizar mucha fuerza ya que no quería que la puerta sufriera por mi falta de control.

Todo estaba oscuro, pareciera que las ventanas estuvieran tapiadas y si efectivamente así era así que volví a salir de la casa para poder poner a trabajar la planta de luz de la que me había comentado el abogado de mi padre al entregarme la información de aquella casa.

Después de tres intentos logré echarla a andar y regresé a la casa, prendí la luz y vi que las ventanas estaban cerradas y tenían unos enormes candados, ahora entendía porque me habían dado tantas llaves.

Poco a poco fui quitando los candados y mientras la luz entraba por cada ventana me pude dar cuenta de que la casa era hermosa, tenía un toque rústico pero podía verse que la habían remodelado hacía poco ya que tenía una hermosa sala blanca cubierta por plásticos, todo decorado en blancos y morados, supuse que había sido obra del abogado ya que el era el único que sabía que iba a aquel lugar.

Di gracias de que todo estuviera limpio y en su lugar ya que realmente esperaba todo lleno de polvo y telarañas y yo realmente odiaba a las arañas.

Si ya se ridículo no? Sabía de la existencia de vampiros y no les tenía miedo alguno, pero una minúscula araña hacía que saliera despavorida y gritando a todo pulmón de cualquier lugar.

-Ahora si abuelo, explícame de que se trata todo esto.- Tomé mi mochila y me dirigía al sillón más cercano, retiré el plástico que lo cubría, saqué el diario del abuelo de la mochila y me acomodé para comenzar a leer.

-"Hola mi princesa."- Se leía en la primera página, así era como me llamaba mi abuelo.

-"Como podrás darte cuenta este es un diario escrito solo para ti, se que desde hace tiempo tendrás muchas preguntas por los cambios que estás sufriendo, este diario deben de dártelo cuando cumplas dieciséis."-

Demonios, estaba por cumplir los dieciocho y nunca me lo habían dado.

-"Si llegara a ser el caso de que no te lo hubieran dado, bueno, supongo que tu padre tendrá que ver en ello, el nunca ha creído sobre nuestros antepasado y sus leyendas pero para mi es necesario que sepas todo esto.

Tus antepasados eran Quiluetes, una tribu de nativos americanos asentados en la Push, una reserva cerca de un pueblo llamado Forks en Washington, si mi pequeña en Estados Unidos, bueno en este diario te escribo las leyendas de la tribu porque se que las podrás necesitar para entender los cambios.

Quiero que sepas que no eres un monstruo, que eres un espíritu guerrero que hará muchas cosas buenas por tu tribu, que tu deber es cuidarlos y protegerlos de los fríos, solo espero que esto te llegue en el momento adecuado y no cuando ya te hayas transformado."-

-¿Transformado? ¡Maldita sea abuelo! Por tu culpa soy un lobo gigante.-

-"Bueno princesa, espero que sirva de algo todo esto y que sea el momento adecuado, si decides ir a la Push no dudes en buscar al consejo de anciano, ellos podrán explicarte las cosas mucho mejor que nadie, creo que Billy podrá ayudarte, podría decirse que el es algo así como tu sobrino-nieto, pero bueno lo que decidas hacer yo estaré contigo en tu corazón, solo dale una oportunidad a tu destino.

Te amo mi princesa y recuerda que lo que eres es algo mágico."-

-Abuelo, en serio me encantaría que estuvieras conmigo.

Cerré el diario y descansé mi cabeza en el sillón.

No se cuanto tiempo me quedé así, creo que comenzaba a oscurecer cuando escuché risas afuera de la casa.

Me levanté dejando el diario en la mesita que tenía frente a mi y me dirigí a la puerta.

Al salir al pórtico me di cuenta de que a unos metros se encontraban dos muchachos haciendo una pila de madera, como si estuvieran preparando una fogata.

Eran altos, su piel era de un tono rojizo, un poco parecida a la mía pero mas bien era igual a la de mi abuelo, su cabello era oscuro y aunque solo veía sus espaldas, Dios! Que espaldas, eran musculosos y no llevaban camiseta, solo unos shorts de mezclilla.

No se cuanto tiempo me quedé observándolos en silencio, creo que no habían notado mi presencia hasta que el aire sopló y al parecer les llevó mi esencia a ellos, ya que en ese momento se voltearon y se pusieron en guardia, como yo lo hacía cada vez que olía a un vampiro.

Me miraban extrañados. Uno de ellos comenzó a acercarse. Seguían mirándome como si estuvieran a punto de atacar, aunque creo que ellos saldrían mas lastimados si acaso lo intentaran así que decidí permanecer tranquila.

El más alto de ellos se acercó a la casa.

-¿Quién eres?-

-Creo que eso debería de preguntártelo yo a tí ya que estás en mi propiedad.-

-¿Tu propiedad?-

-Sí, así es.-

El joven me observaba como si estuviera tratando de analizarme, como si quisiera saber si estaba mintiendo.

-Discúlpame, pero este lugar ha estado desocupado desde hace mucho tiempo, por eso organizamos nuestras fogatas en este sitio, pero creo que tendremos que buscar otro lugar.-

-Descuida, pueden hacerlo por esta noche, no los molestaré.-

Di media vuelta y me volví a meter en la casa, me fui al sillón y tomé el diario para seguir leyendo.

Así estuve algún tiempo hasta que creo que me quedé dormida ya que me desperté al escuchar unos golpes en la puerta de la casa.

Un poco atolondrada me paré pero al caminar me pegué con la mesa.

-Demonios!- Chillé y en eso volvieron a tocar.

-¡Ya voy!- Grité molesta.

Al abrir la puerta me encontré con cinco muchachos y un hombre en silla de ruedas.

-Buenas noches.- Me dijo aquel hombre.

-Buenas noches.- Miraba aquella escena y pude reconocer a los dos muchacho de la tarde.

-Disculpa que te molestemos pero mi hijo me ha dicho que al parecer eres la nueva dueña de estas tierras y como anciano del consejo me corresponde venir a corroborarlo.-

-¿El consejo?-

-Así es muchacha, el consejo es el que trata los asuntos referentes a todo lo que pasa en la Push.-

-Claro no se preocupe, supongo que he de estar invadiéndolos.-

-Por el contrario creo que nosotros lo hemos hecho.-

No entendí a que se refería, miraba a aquel hombre y a los cinco muchachos detenidamente.

-Oh cielos! Que mal educado he sido, ni siquiera me he presentado, mi nombre es Billy Black.-

-¿Black? Espere ¿Dijo Billy?-

-Si así es.-

-Creo que será mejor que pase.- Le dije haciéndome a un lado.

Dos de los muchachos cargaron la silla sin mayor problema hasta llevar a aquel hombre dentro de la casa.

Al dejarlo en el suelo comenzaron a observar toda la casa, supongo que se les hizo raro que todo estuviera arreglado.

-Si gustan pueden sentarse.- Les dije a los muchachos señalándoles los sillones pero ninguno se movió. Me encogí de hombros y acerqué una silla para quedar frente a Billy.

-Mi nombre es Saha, Saha Black para ser precisos.- Y le extendí la mano.

El la tomó despacio, sus ojos me miraban con cariño.

-Supongo que tu eres mi sobrino - nieto ¿No es así?-

Los chicos voltearon a ver a Billy.

-Sí así es, así que tu eres nieta de Tom.-

-Sí.-

-¿Y eres uno de nosotros?-

-¿A que se refiere?- ¿Acaso se refería a…?

-Chicos, creo que deberían ir a preparar la fogata, no deben de tardar en llegar los demás.-

-Pero papá.- Era el muchacho con el que había hablado en la tarde.

-Vayan Jacob, yo estaré bien.-

Los chicos me miraban como si me estuvieran haciendo una advertencia y después salieron dejando la puerta abierta detrás de ellos, ni siquiera me molesté en pararme a cerrarla.

-Bueno princesa, así te llamaba él ¿No?.-

-¿Conociste a mi abuelo?-

-Sí, era una gran hombre y siempre me escribía contándome de ti.-

-Si el era un gran hombre, pero a que se refería con eso de que soy una de ustedes.-

-El te habló de los espíritus guerreros.-

-Si y no.-

-¿Cómo es eso?-

Me levanté para ir por el diario, al tenerlo en mis manos se lo tendí a él.

-Este es un diario que me dejó mi abuelo, el murió cuando cumplí diez años, nunca me dijo nada de la tribu, todo lo poco que sé es lo que he comenzado a leer hoy en él, debían de dármelo al cumplir los dieciséis pero no lo hicieron, me lo dieron hace algunos días después de la muerte de mi padre. Y bueno estoy por cumplir los dieciocho.-

-Como lo siento, pero no entiendo, entonces como sabes de los espíritus guerreros.-

-Supongo que el sabía que me iba a… bueno el escribe algo de trasformar y bueno todo lo menciona aquí, las leyendas, los fríos aunque aún no he leído mucho.-

-¿Entonces ya te transformaste?-

-¿Podríamos hablar directamente?

-Claro, entonces ¿Eres un lobo?.

-Sí lo soy.-

Dulces momentos, sueños increíbles e historias memorables

Besos Kbash