Serie: La Flor y el Demonio
Arco II: La Venganza de la Flor
De celos y otros insectos
"¡Por favor, permítame cortejarla!"
Ferdinand se detuvo en el pasillo que daba a la zona de ditter dónde había planeado entrenar ese día. ¿En serio había gente flirteando tan temprano en la mañana?
"Agradezco mucho su propuesta, Lord Heisschitze, pero no puedo aceptarla. Soy una candidata a Archiduque y usted no".
Esa voz era la de la odiosa candidata de Eisenreich. ¿Qué demonios hacía ahí tan temprano? Heisschitze
"¡Entonces permítame servirle! ¡Incluso le daré mi nombre!"
La voz sonaba desesperada. Ferdinand dio un par de pasos más, quedando refugiado por las sombras creadas por la esquina del pasillo de mármol blanco, pero dejándole ver la escena casi por completo.
Lady Rozemyne llevaba el cabello recogido en una cola de caballo alta con un par de trenzas manteniendo todos los mechones de cabello en su lugar tejidos desde las orejas hasta la coronilla. Su ropa de montar se notaba sucia y la extraña espada que tenía en la mano brillaba bastante en ese momento.
"No puedo aceptar ninguna de sus ofertas, Lord Heisschitze. Además, dudo que Aub Dunkelferger le permita servir a alguien de otro ducado".
Ferdinand notó entonces la capa azul del aprendiz de caballero que se encontraba postrado frente a la niña con una rodilla en la tierra.
"¡Lo arreglaré si usted promete aceptarme! ¡Por favor! Una rifa crece en mi pecho desde que la vi combatir en ese ditter contra Lord Lestilaut. ¡Tanta fuerza y belleza solo pueden pertenecer a la hija del mismísimo Leidenschaft! ¡Juro que la protegeré con mi vida! ¡Me volveré más fuerte para ser su espada! ¡Y además, yo…"
"No necesito otra espada además de mi Rompe Tormentas, Lord Heisschitze ".
El joven bajó la cabeza. Ferdinand se sentía aliviado por alguna razón, sorprendiéndose al darse cuenta. Estaba seguro de que sus orejas se habían sonrojado.
"¿Pasa algo interesante ahí delante, Milord?" preguntó Justus desde detrás de él, asomándose con ayuda de su exceso de estatura en comparación con Ferdinand.
"No es nada, solo… espero que abandone pronto el lugar, de lo contrario tendremos que ir a entrenar a otra zona".
"¡Entonces permítame ser su amante, por favor!" rogó el chico Dunkelferger, poniendo la cara de Ferdinand y la de Rozemyne completamente rojas.
Una risita divertida y discreta llamó la atención de Ferdinand, quien miró arriba.
Justus parecía disfrutar demasiado con el espectáculo.
"Ahora entiendo" murmuró su asistente, haciéndolo preocuparse por el enorme malentendido.
"¡Justus! ¡Yo no…"
"¡Me niego!" gritó Lady Rozemyne interrumpiendo la explicación de Ferdinand y haciéndolo voltear.
Si bien la niña seguía un poco sonrojada, también se notaba pálida ahora.
"¡No necesito de un amante! ¡Por todos los dioses! ¡Solo tengo diez años!"
"Pero, Milady, si no necesita una espada, no desea mi nombre y no puedo cortejarla para comprometernos, yo estoy dispuesto a…"
"¿De verdad tienes idea de lo que es un amante? ¿Lo que tiene que hacer? ¿Cuál es su función?"
Se veía asqueada ahora.
El estómago se le apretó de forma dolorosa a Ferdinand. La niña parecía saber de lo que hablaba, parecía saberlo tan bien como él mismo, que también se sentía asqueado y triste al recordar sus últimas interacciones con Camille, recordando a su padre penetrando a una flor como si fuera un animal.
"Bueno, yo…"
"¡No lo sabes! ¡No lo sabes y no deberías saberlo aún!" respondió Lady Rozemyne con ojos vacíos antes de voltearse y darle la espalda al chico de capa azul "Jamás querría un amante, así que por favor, no vuelva a insinuarlo siquiera. Me enferma esa palabra".
Ferdinand no podía estar más de acuerdo con ella. No debería existir semejante relación.
"Milady, lo lamento. No pretendía ofenderla. Yo solo…"
No podía soportarlo más. Se enderezó todo lo que pudo, hizo una señal con su mano y comenzó a caminar hasta detenerse junto al chico Dunkelferger, el cual lo miró en cuanto sus caballeros pusieron pies en el lugar.
"Lady Rozemyne, es una verdadera sorpresa encontrarla aquí hoy. ¿Otro ditter, supongo?"
La niña volteó a verlo. Parecía aliviada… por un par de segundos al menos, luego pareció recordar que lo detestaba por alguna razón. Su mirada se volvió fría y su brillante sonrisa social apareció de inmediato.
"¡Príncipe Ferdinand! ¡Qué sorpresa! Temo que estaba terminando mi entrenamiento matutino. ¿Ya conoce a Lord Heisschitze?"
El aludido se volteó por completo, pálido apenas escuchar su título y cruzándose de brazos, dando su largo saludo de primer encuentro.
"... Mi nombre es Heitzchite, soy estudiante de primer año de Dunkelferger, Majestad. ¿Puedo orar por usted?"
"Puedes".
Estaba molesto con este chico por ofrecerse como amante tan fácilmente. Estaba molesto porque se hubiera ofrecido de forma tan desesperada a Lady Rozemyne y estaba molesto por sentirse molesto por eso último.
Una pequeña bendición, apenas un par de diminutas esferas de luz blanca tocaron a Ferdinand y el niño salió de sus cavilaciones, obligándose a relajar el ceño y sonreír.
"Lord Heitzchite, Lady Rozemyne, debo admitir que venía a entrenar con mis caballeros, sin embargo, si están ocupados ahora mismo…"
"Oh, no, su alteza, yo ya terminé por hoy" dijo la niña antes de señalar al Dunkelferger todavía en el suelo "pero él no ha entrenado lo suficiente. Creo que se sentiría más que honrado si se le permitiese entrenar con usted. Si no es imponerse demasiado, por supuesto".
"Para nada, Lady Rozemyne. Estaré ENCANTADO de entrenar con él".
"En ese caso, me retiro. Mis mejores deseos para ambos. Que Leidenschaft los bendiga con un entrenamiento arduo en esta bella y fría mañana".
Ferdinand asintió una vez apenas un par de pequeñas luces de bendición volaron hasta él. Dejando la confusión de lado, esperó a que Lady Rozemyne hubiera salido del lugar para mirar al chico Dunkelferger, mostrando una sonrisa venenosa.
"Así que, Lord Heitzchite de Dunkelferger. ¿Le parece si comenzamos el entrenamiento?"
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Lo último que había esperado Heisschitze era tener un doble entrenamiento… o que el segundo fuera mucho más intenso que el que había hecho pasada la primera campanada con el grueso de sus compañeros.
El entrenamiento del príncipe era duro y exigente. Podía con ello. La práctica con armas, por otro lado, lo había hecho sentir que moriría en cualquier momento.
Los combates con los caballeros del príncipe Ferdinand eran complicados y exigentes, pero el combate que había tenido con el príncipe Ferdinand había sido sanguinario por llamarlo de algún modo. Cada vez que había quedado desarmado, la certeza de que moriría le había robado el aliento.
Los dos niños entrenaron con mandobles, espada y escudo.
Cuando el entrenamiento terminó, Heisschitze sentía que se quemaba en las llamas de Leidenschaft. No había un solo rincón del cuerpo que no le doliera, ya fuera por el entrenamiento en sí o por los duros golpes que había recibido del príncipe. Seguro estos últimos se tornarían morados a lo largo del día.
"Parece que se levantó inspirado, milord" comentó el asistente del príncipe cuando al fin pudieron descansar "espero que no deseé continuar. La tercera campanada sonará pronto y aún no ha desayunado".
Heisschitze sintió una mirada penetrante y colérica sobre sí mismo. Se movió del lugar en el suelo donde se había sentado a beber agua, buscando la fuente de incomodidad y encontrándose con la mirada fría y llena de furia del príncipe Ferdinand.
"Supongo que sí. No parece que el dulkenfergiano pueda seguir a este ritmo".
Algo se encendió en él. Era cierto que estaba exhausto, ¿pero quién no lo estaría luego de dos entrenamientos a primera hora de la mañana?
Heisschitze se puso de pie de inmediato, cruzando sus brazos al pecho para mostrar su respeto. Nunca había participado de un combate tan salvaje y exigente como los de hacía un rato.
"Su Majestad me honra con su consideración. Lamento no tener más resistencia que gastar para este momento, pero, estoy dispuesto a repetir este entrenamiento con usted el resto de la semana e incluso de la temporada, si a su Majestad le place".
El niño levantó la mirada un poco, lo suficiente para notar la confusión en los ojos del heredero a Zent y luego escucharlo soltar un suspiro.
"¡Oh, dioses!" fue todo lo que murmuró el hijo del Zent antes de tocarlo del hombro "puedes unirte solo por este año. No pienso participar en ningún ditter aún y no me agradan las personas que deciden presionar a otros para hacer lo que les plazca, ¿Lo entiendes?"
"¡Si, su Alteza!" En realidad no estaba muy seguro de a qué venía eso último.
"Bien. Ve a prepararte para tus clases entonces y deja de molestar a otros. En especial a las chicas. No es una actitud digna de un caballero".
Se sintió sonrojar mirando al chico de cabellos azul claro retirarse, rodeado de su asistente y la escolta de diez caballeros que parecían seguirlo por toda la Academia Real.
¿Lo habría visto declarándose a Lady Rozemyne?
Lo pensó, tratando de retroceder en sus recuerdos sin encontrar nada, solo la repentina intromisión accidental del príncipe y su intercambio con Lady Rozemyne.
"¡Dioses, vamos a tener un Zent increíble! ¡Es todo un adivino!" gritó Heisschitze emocionado, corriendo fuera del recinto donde su propio asistente lo estaba esperando.
Tenía que contarle todo a Lord Lestilaut de inmediato, solo alguien tan sabio y fuerte como él podría comprender su creciente emoción ante el príncipe y Lady Rozemyne.
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Ahí estaba, ese pequeño gremlin disfrazado de shumil, nada divertido al que su hermana mayor llamaba hija con afecto.
Sylvester soltó un suspiro antes de sentir que era empujado por Rihyarda, apenas un toque ligero en su hombro que no hizo más que recordarle el predicamento en el que estaba.
Luego de lanzarle una mirada de súplica sin respuesta favorable, movió su mano para que la mujer le entregara un par de libros. Sylvester caminó entonces hacia la pequeña sala que ese shumil devorador de libros había acaparado, colocando con cuidado los dos libros sobre las páginas abiertas de lo que fuera que estaba leyendo su sobrina.
Un par de ojos ocultos detrás de gruesas gafas lo miraron entonces. Había un sonrojo encantador en los pómulos de la niña de diez años que miraba de manera alternativa de los libros a él y de regreso.
Sylvester jaló un poco la mesa cafetera frente al sillón para sentarse ahí, quedando su rostro a la misma altura de la cara de la pequeña, recogiendo los dos libros y manteniéndolos en alto detrás de él cuando ella intentó detenerlo, justo antes de cruzarse de brazos y fruncir la boca en un puchero con las cejas tan juntas, que poco faltaba para que se juntaran.
"¿Sylvester?"
"¡Necesito tu ayuda, por favor!"
La niña soltó un fuerte suspiro antes de tomar una tablilla muy delgada para colocarla en medio de las páginas que había estado leyendo para luego cerrar el libro, entrelazando los dedos sobre la cubierta del mismo.
"¿Qué hay con esos libros?"
"Uno para que me escuches y el otro solo si me ayudas".
Se sentía incómodo al ser observado como un sujeto de estudios. La niñas tamborileo sus dedos sin descruzarlos antes de mirar a uno de sus asistentes al cual le entregó el libro que había estado leyendo.
Sylvester se puso en pie de inmediato, entregando uno de los libros al mismo niño.
"¡Gracias, Rozemyne! ¡Muchas gracias!"
"Todavía no hago nada por ti".
Sylvester sonrió entonces, esperando a que la niña se emparejara con él antes de guiarla a una de las pequeñas salas de té que Rihyarda había preparado de antemano.
Cuando ambos niños se sentaron, les sirvieron té, algunas frutas de temporada con un poco de miel y nueces. Sylvester observó ansioso como le devolvían el libro obsequiado a Rozemyne, quién lo examinó de inmediato, sonriendo. Sylvester tomó un sorbo a su té para disimular su alivio ante la mejora en el humor de su sobrina, la cual cerró el libro y lo devolvió antes de mirarlo.
"Te agradezco mucho este obsequio, querido tío. No tenía aún una guía de plantas de Drewanchel."
"Y estoy bastante seguro que tampoco tienes una guía minuciosa sobre uso y diseño de círculos mágicos…"
Los ojos de la niña resplandecieron por un segundo o dos con emoción. Sylvester sonrió sintiendo que tenía la victoria… por muy vergonzoso que fuera el favor.
Rozemyne se reacomodó entonces en su asiento, poniendo de manera repentina una sonrisa de comerciante que a Sylvester no le gustaba nada.
"¿Y bien, querido tío? ¿cómo puedo serte de ayuda?"
"Verás… es Florencia"
Los ojos que lo miraban sin emoción lo hicieron sentir un poco avergonzado, luego suspiró cayendo en cuenta de que le había pedido bastante ayuda con Florencia a lo largo de la temporada invernal.
"Necesito comprimir más si quiero alcanzarla. Casi no puedo sentirla ni ella a mí…"
"Si comprimes con regularidad, tal vez seas capaz de alcanzarla el próximo año tío"
"¡Noo! ¡El próximo será demasiado tarde! ¿No lo entiendes?"
Sentía que iba a comenzar a llorar de un momento a otro, su hermosa y amada Florencia estaría…
"No lo había notado, Rozemyne, pero no soy el único intentado hacer que Bluanfah baile para ella y…"
"¿Cuántos?"
"¿Eh?" La súbita interrupción lo desconcertó, Sylvester tardó un momento en comprender la pregunta y recomponerse.
"Bueno, Rozemyne, esa no es la cuestión, yo…"
"¿Cuántos y de que Ducados? Si no me lo dices, no puedo ayudarte, porque dependiendo contra quienes compites son tus posibilidades de conseguir la esposa que quieres o reducir mi tiempo de lectura las próximas dos semanas al mínimo."
Sylvester palideció. No quería pasar el poco tiempo que quedaba antes del Interducados rogando por ayuda. No tenía tanto dinero para conseguir más libros nuevos para esa pequeña gremlin come libros, después de todo.
"Hasta donde sé, hay un par de sujetos de Hauchletzte, uno de Immerdink, un niño bonito de Neuehausen, también un idiota de sexto año en Drewanchel que ya está comprometido con una chica, pero quiere a Florencia como segunda esposa y no es el único, hay un tipo de Klassenberg de sexto que la quiere como tercera esposa y yo… ¡Tengo que salvarla de todos esos idiotas!"
Su sobrina se llevó su taza de té a la boca sin dejar de mirarlo para nada antes de bajarla de nuevo.
"¿Y ha mostrado interés en alguno de estos chicos?"
La furia pareció subir por Sylvester, cuya mano se cerró en un puño que no tardó en azotar sobre la mesa.
"¡Esos son a los que les pone atención porque los puede sentir!" dijo Sylvester furioso, llevándose ambas manos a la cabeza, jalando un poco su cabello "dijo que a mí casi no puede sentirme y que por eso no puede tomarme en serio, cómo los chicos de Ducados del fondo que también la persiguen".
Los ojos de la niña se veían más grandes de lo normal cuando se llevó la taza a la boca. Si al menos pudiera saber lo que estaba pensando.
"Bien, bien, te ayudaré entonces por el bien de mí tiempo de lectura. Florencia debe ser de algún modo impresionante si tantos hombres están interesados en ella".
Ahora se sentía ofendido "¡Florencia ES MÁS que una belleza, Rozemyne! ¡Es graciosa! ¡Y amable! ¡Tiene buenas notas! ¡Y cuando la miro, mi cuerpo entero quiere tomarla de las manos y salir con ella en mi bestia alta para…!"
"¡Si, si, lo entiendo, lo entiendo! ¡Estás loquito de amor por ella! ¡No necesitas explicarlo!"
Su sobrina se terminó el té, comió algunas galletas sin dejar de golpear su barbilla con el dedo índice mirando algún punto en el techo y justo cuando Sylvester estaba comenzando a impacientarse, la vio hacer una señal a su asistente adulta. La niña susurró algo en los oídos de la mujer de cabellos verdes, la cual parecía sorprendida, mirándola. Rozemyne pareció decirle algunas cosas más y luego la mujer cruzó los brazos al pecho frente a ella para salir de la habitación.
"Voy a explicarte MI método con una guía visual hasta el tercer paso. Si en una semana no logran sentirse con claridad, entonces te mostraré el cuarto."
"¡Rozemyne, sabía que no podías ser tan mala y dejarme a mi suerte, eres la me…!"
"No, no, no, me estás malinterpretando, tío. Además de los dos libros te haré un cobro extra por la urgencia, debiste decirme esto ANTES de venirme a pedir ayuda con todas las otras nimiedades. ¿No comprendes todavía la importancia de tener cantidades similares de mana?"
La niña se metió una galleta detrás de otra a la boca mirándolo como un shumil enfadado ahora.
"Bueno, si, tal vez debí empezar con esto, pero pensé que podría alcanzarla solo, y…"
"¡Vas a ponerte bastante enfermo toda esta semana por sobre comprimir, tío! Lo cual significa que mientras tú estás aquí encerrado esforzándote, ella va a estar socializando con los otros… solo espero que esto no vaya a meterme en problemas con mi madre".
Estaba a punto de contestarle algo cuando Rihyarda carraspeó detrás de él, poniendo su mano sobre su hombro y haciéndolo voltear. Esa cara era la que la mujer ponía cuando se estaba comportando infantil.
"Gracias, Rozemyne" masculló con una sonrisa artificial y forzada dejando de escuchar cualquier cosa que la niña dijera desde ese momento y hasta que saliera de la habitación. Habría querido gritar, patalear y lanzar cosas por ser reprendido de esa manera por una enana de diez años, pero se contuvo, desviando sus pensamientos a lo que obtendría después… Florencia sería suya, solo suya y esos estúpidos y molestos pretendientes no serían más que un mal recuerdo.
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Había pasado poco más de una semana entera desde que el infantil de mi tío comenzó a comprimir con mi método. Tal como predije, se había puesto muy enfermo y hasta hoy había podido salir a socializar en Frenbeltag.
Yo, por otro lado, había asistido a una fiesta de té en Dunkelferger. Había sido divertido hablar con Hannelore y Eglantine sobre libros y jugar luego al gweginen con Lord Lestilaut, su hermano mayor quien justo ahora me estaba escoltando.
"¡La próxima vez voy a ganarle en ese tablero, Lord Lestilaut!" dije con una sonrisa divertida.
"Espero que practique sus movimientos entonces, Lady Rozemyne. Y no se confíe, yo también estaré practicando".
Era un poco tarde, de modo que los pasillos estaban algo oscuros. Había otro grupo de personas caminando en nuestra dirección, no fue sino hasta que coincidimos bajo una de las lámparas de mana que pudimos vernos.
El odioso de Ferdinand estaba de pie frente a nosotros ahora, mirándonos con el ceño fruncido.
Lestilaut debió ser el primero en recordar que ese estúpido es parte de la realeza porque no tardó en tomarme de una de las muñecas y jalarme al piso antes de soltarme y cruzarse de brazos. Me apresuré a imitarlo. El curso estaba por terminar. Mi madre llegaría al día siguiente para las demostraciones de proyectos, el Torneo Interducados, la Ceremonia de Graduación y la de Mayoría de edad. No podía meterme en problemas.
"¿No es un poco tarde para que esté fuera de la cama, Lady Rozemyne?" dijo el príncipe mimado sin dejar de mirarme.
"Dreganurh hiló ayudada por Steiferise, cómo suele suceder cuando Cuococalura y Grammalatur conviven de manera armoniosa en la misma fiesta de té, Majestad." respondí con calma, sosteniendo la mirada de ese idiota.
"En parte es culpa mía, Majestad" me apoyó Lestilaut "Dreganurh en verdad hiló tan rápido, que no me di cuenta que no era oportuno compartir un juego de gweginen con Lady Rozemyne, por eso la escolto apenas a esta hora a su dormitorio".
Incluso la nariz del estúpido príncipe se arrugó, como si apestáramos o algo así. Podía notar sus puños apretarse y ponerse blancos como si estuviera molesto por algo. Cuando nos dio permiso de ponernos en pie, tomé la manga de Lestilaut apenas un poco, notando la mirada aguda y enfadada del príncipe en mis manos.
"Ya que su Majestad ha hecho notar su malestar ante la hora" comenzó a disculparse Lestilaut "me aseguraré de que la dama a mi lado llegue a salvo a su dormitorio lo antes posible".
Lestilaut dobló su brazo y está vez lo acepté, apoyando mis manos un poco más cerca de su antebrazo de lo que dicta la etiqueta en simples acompañantes de escolta, sonriendo como una boba y poniendo mi mano en mi mejilla, notando el desconcierto y algo más en los ojos de Ferdinand.
"Espero que Schlaftraum lo lleve pronto a su reino cuando vuelva a sus aposentos esta noche, Majestad" 'si, y de paso que le muestre todo tipo de imágenes desagradables, por favor' "con su permiso".
Lo vi sonreírnos de un modo brillante, exagerado y artificial antes de que Lestilaut me guiará para rodear al séquito real, luego de lo cual seguimos adelante. Podía sentir sus ojos en mi espalda, así que me volteé, viéndolo voltear al frente con nuestros séquitos en medio de ambos. Una pena, me hubiera gustado mostrarle la lengua de nuevo para burlarme de él, aun si éste no era el lugar adecuado.
"Pensé que Milady no deseaba abusar de mi amabilidad y tomarme del brazo" dijo Lestilaut con algo de burla en su tono, devolviéndome al presente y obligándome a voltear a verlo.
"Es de sabios cambiar de opinión" dije con amabilidad, sonriéndole divertida antes de tratar de retirar mi mano, sintiendo la de él en mis dedos para asegurarla en su lugar.
"Y es de valientes mantener una decisión" parecía que intentaba molestarme con eso, de modo que acuné mi mejilla.
"¿Me considera valiente entonces?"
"No. Sólo interesante."
Lestilaut me sonreía como un niño travieso que se ha salido con la suya. Estaba a punto de responderle de algún modo cuando nos detuvimos.
"Hemos llegado, Milady. Nos veremos durante la Demostración de Proyectos. Espero que su hilo y el de mis hermanas sigan hilándose con frecuencia".
"Espero lo mismo, Lord Lestilaut. Que descanse" luego de lo cual entramos al dormitorio.
Sylvester llegaría un poco después con un bullicio jovial que me haría preguntarme qué tan buena idea había sido enseñarle mi método. Florencia al fin había aceptado que fuera él quién la escoltara en su ceremonia de graduación el año próximo. Mi tío incluso había acordado pasar con mi madre a la mesa de Frenbeltag para acordar que ambos pudieran visitarse para volverlo todo más formal. Espero que vivan en Frenbeltag, es más que seguro que van a reproducirse.
Ferdinand se había quedado despierto hasta tarde, fastidiado y sin saber la razón.
Los chicos de Dunkelferger parecían todos igual de molestos, revoloteando de manera estúpida alrededor de la extraña candidata a archiduquesa de Eisenreich.
Sus últimos días en la Academia habían sido tranquilos, en todo caso. Había tomado el té con su hermana bastante seguido. Había aprendido bastantes cosas nuevas sobre los Ducados que estarían a su cargo en unos años y había ganado lo mejor de lo mejor como estudiante de primer año… junto a Lady Rozemyne… su único consuelo era que la niña parecía tan molesta como él por tener que compartir el escenario y la felicitación del Zent frente a los nobles de todo Yurgensmidt.
Al menos, había podido refrenar sus quejas lo suficiente para intercambiar información con su asociado.
"¿Estás seguro de que no te gusta esa niña?" se había burlado su acompañante de té media campanada atrás.
"Te portarías igual si conocieras un bicho raro como ella" intentó defenderse Ferdinand, agobiado al escuchar la risita burlona de su socio.
"Solo te aconsejo que tengas cuidado con la cantidad de atención que le pones al bicho raro. Podrías descubrirte con una rifa creciendo por ella".
Si no sintiera el más mínimo aprecio, habría ordenado que le cortaran la lengua por hablar de más. En lugar de eso se había despedido y se había marchado. Tenía que prepararse, algo le decía que su padre lo estaría llevando a ese sucio lugar de nuevo cuando terminara la Conferencia de Archiduques.
…
"Te escucho" comentó Georgine al hombre que se encontraba frente a ella.
"Aub, la infiltración al lado de Zent ha sido exitosa, sin embargo, aún estoy en proceso de ganarme su confianza completamente. Lamento informar que en reuniones cruciales me siguen ordenando voltear o no asistir." la culpa era clara en la voz del hombre.
"Leberecht, no es necesario sentir culpa. Llevas un tiempo relativamente corto al servicio de Zent. Es comprensible que aún no confíe en ti del todo" lo tranquilizó.
"Así es. No obstante, me veo en la necesidad de disculparme ante mi incompetencia. Al mismo tiempo quiero informar sobre dos asuntos. El primero relacionado al príncipe o más bien a los planes de Zent para este"
"Por favor, comienza" dio el visto bueno Georgine. A medida que el erudito avanzaba en su informe la indignación crecía en su interior, emociones encontradas chocando dentro de ella como una tormenta.
'¿En que pensaba ese estúpido hombre al enviar a su hijo a ese asqueroso palacio? ¿Cómo pudo obligar a un niño a ver lo que él hacía con esas pobres mujeres? ¿El séquito del príncipe está lleno de espías para Zent? … ese hombre no quiere criar un heredero digno de gobernar el país, sino una pobre imitación de él mismo' estás y más preguntas se agolpaban en su mente. Tan concentrada estaba en ellas que casi se pierde lo último del informe.
"... Reunión con un rey extranjero…"
"Repite eso último desde el inicio" ordenó interrumpiendo lo que Leberecht estaba diciendo. El hombre asintió y repitió.
"Hace unas semanas, llegó al país un Rey proveniente de un lejano país llamado Lanznave, quien solicitó una reunión con Zent. Si bien no tengo información sobre lo que hablaron, si puedo decirle que sea lo que sea no salió tan bien. Según lo que pude averiguar este hombre se llama Gervasio, al parecer estudió en la academia en la temporada baja, evitando la socialización con nobles del país. Estuvo en la misma época que el actual Zent. Cuando pude entrar a la sala, Lord Gervasio ardía de indignación mientras que nuestro rey lo miraba con superioridad.
"Comprendo… has hecho un buen trabajo" Dijo Georgine después de un minuto.
Cuando estaba a punto de dar por finalizada la reunión recordó algo. "Dijiste que eran dos cosas las que querías informar, ¿era está reunión la segunda o hay algo más?"
Él hombre sonrió.
"De hecho, he encontrado una forma para ganarme la confianza de Zent. Es un poco arriesgada, pero creo que es mi mejor oportunidad, para esto me gustaría su ayuda"
"Continúa" indicó ella.
"Me gustaría entregarle mi nombre a usted y a Zent" Dijo sin siquiera inmutarse.
"...sabes bien que eso no es posible…" se detuvo ante la sonrisa que le obsequió él erudito.
"De hecho si es, sin embargo, he creado una herramienta mágica que me permitiría hacerlo. La magia detrás de esto es fácil, pero dejaré la explicación del círculo para otra ocasión ya que se nos acaba el tiempo. La idea es entregar mi verdadero nombre a usted, mientras que a Zent le entregaré una herramienta mágica que hará lo mismo que una piedra de nombre solo que sin atarme a su vida. Si Zent cree que le soy fiel hasta el punto de entregarle mi vida y nombre, cualquier desconfianza se acabara".
Georgine no pudo evitar emocionarse ante tanta lealtad por parte de Leberecht. Sin mucho más tomó la piedra de nombre que este le ofreció.
"Siempre estaré en deuda por tu sacrificio, espero que pronto puedas volver a casa"
"Mi vida es de usted mi señora, es un placer para mí ofrecérsela" dijo el hombre arrodillado frente a ella, luego se fue.
'¡Resista príncipe! Tengo la esperanza de salvarlo también a usted' pensó Georgine mirando hacia algún punto del espacio.
