¡YAHOI! Bueno, pues por fin, POR FIN, he podido completar esta historia. Sí, el epílogo ya está aquí, señoras y señores. Disfrutadlo.
Disclaimer: Naruto y sus personajes no me pertenecen, son propiedad de Masashi Kishimoto.
¡Espero que os guste!
Epílogo
El coche se paró en el caminito de entrada de la casa. La puerta del conductor se abrió y dos botas Panama Jack1 dejaron su impronta en la grava. Su dueño caminó con calma y decisión hacia la parte de atrás del vehículo, dónde abrió el maletero y sacó dos maletas y una bolsa de mano. Resopló por el esfuerzo al poner la segunda maleta en el suelo. Pesaba más que la otra, la suya.
Mujeres. Parecía que iba a haber un apocalipsis zombi cada vez que viajaban.
Tratando de hacer el menor ruido posible, arrastró ambas maletas hasta la entrada de la encantadora casita. Haciendo gala de su saludable físico, flexionó los bíceps de sus brazos, tensando los músculos, para agarrar ambas maletas y subir los 3 escalones hasta la puerta. Las dejó nuevamente en el suelo y buscó las llaves en los bolsillos de su pantalón. Suspiró con alivio cuando encontró la pequeña llave plateada; la introdujo en la cerradura y empujó la puerta de madera azul, recién pintada.
Echó un vistazo al interior antes de sonreír, satisfecho e introducir las 2 maletas más la bolsa de mano en la casa, dejándolas al lado de un bonito sofá color azul pastel. Se guardó de nuevo la llave en el bolsillo trasero del pantalón y salió de nuevo, en dirección al coche. Había dejado algo tremendamente importante en su interior y ya era hora de ir a buscarlo.
Con sumo cuidado, abrió la puerta del copiloto y metió parcialmente la cabeza en el interior, sonriendo al escuchar un leve ronquido. Con cuidado, posó una mano sobre un hombro delicado y lo sacudió.
―Hinata. ―Una mueca y un movimiento de cabeza hacia el otro lado, dónde se intentó acurrucar mejor en el espacio disponible, fue toda su respuesta. Aguantándose la risa, volvió a intentarlo, apretando un poco más fuerte el hombro esta vez―. Hinata, nena. Hemos llegado'ttebayo. ―Con mucho, mucho cuidado, le desabrochó el cinturón de seguridad y la abrazó contra su pecho con una mano, haciendo círculos con el pulgar en uno de los huesos de su omóplato, justo en el punto que sabía que a ella le gustaba.
Un ronroneo de placer y un estiramiento de los músculos femeninos hacia dónde él se encontraba―que hizo que sus pechos se rozaran contra su cuerpo, y no es que estuviera pensando en eso precisamente, no, señor―lograron que él se riera. Fue el sonido de esa risa, ronca y varonil, lo que finalmente hizo que los ojos en el rostro de la mujer se abrieran.
―¿Naruto?―Él sonrió, apartándose un poco para que ella pudiera sacar las piernas e incorporarse. Tardó un poco en sacudirse el sueño y en poder hacerlo, tambaleante. Naruto se apresuró a sostenerla de la cintura para evitar males mayores.
Ella le agradeció con una de sus preciosas sonrisas. Sus agarrotados músculos protestaron cuando los estiró. Juraría que oyó varios crack en su espalda. Esperaba que todas sus vértebras hubieran sobrevivido. Sería muy difícil convivir sin alguna de ellas, especialmente ahora, que parecía haberse zampado una enorme y gorda calabaza gigante.
Como respondiendo a sus pensamientos, algo se movió en sus entrañas, obligándola a poner una mano sobre su estómago, tratando de calmar la fiesta que de pronto parecía haberse desatado en su cuerpo. Viendo sus gestos y sus muecas de molestia, Naruto puso las manos sobre las suyas.
―Himawari, pórtate bien. ―Al punto, los movimientos frenéticos se detuvieron. Hinata lo miró, con el ceño fruncido. Naruto puso su mejor sonrisa de disculpa.
―No es justo―dijo Hinata, respirando hondo―. Da igual lo que yo le diga o lo que haga. Solo te hace caso a ti a la primera. ―Naruto amplió su sonrisa y, poniéndole una vez más la mano en la cintura, la instó a andar hacia la casita.
―No te pongas celosa, nena. Sabes que tú eres mi chica especial'ttebayo. ―Hinata lo miró con los ojos aguados.
―¿De verdad?―Naruto tuvo que morderse el interior de la mejilla para no reír. Con su segundo embarazo, Hinata parecía más un conjunto de hormonas andantes que la mujer adulta y madura que se suponía que era. Con Boruto―su primer hijo―no había sido tan emocional. Pero con Himawari había sido―y era―como estar montado en la montaña rusa de las emociones.
Tan pronto sonreía y se ponía mimosa como se echaba a llorar o se ponía furiosa por cualquier tontería, como su peso o el hecho de que no pudiera ponerse sus sandalias favoritas. Sakura les había dicho que eso era perfectamente normal, que ningún embarazo era igual al anterior y que no había motivo para preocuparse.
Naruto no lo hacía. Pero Hinata sí. Así que, por ello, habían decidido tomarse unos días de vacaciones antes de la llegada del nuevo bebé. Habían dejado a Boruto con sus abuelos y con su tía―con un calendario bien planificado para que todos, incluso Hanabi, tuvieran su día completo con Boruto―para que ambos pudieran relajarse antes de que el caos los invadiera de nuevo.
Tener a Boruto había sido maravilloso. Y aunque estaban empezando a disfrutar de un poco de tranquilidad, lo de tener otro hijo había sido casi… natural. Había bastado una mirada entre ambos mientras veían un programa infantil en la televisión con Boruto y simplemente lo supieron. Era el momento. Naruto decía que por eso eran la pareja perfecta, porque ya leerse la mente el uno al otro era un juego de niños.
Subieron los escalones hasta la entrada. En cuánto atravesaron la puerta de la casa, Hinata se quedó boquiabierta, sin palabras. Naruto se puso frente a ella y abrió los brazos, sonriendo y dando una vuelta sobre sí mismo.
―¡Sorpresa! ¿Qué? ¿Te gusta?―Hinata parpadeó y lo miró, luego miró de nuevo a su alrededor y otra vez a su rubio y guapo marido―estúpidas hormonas de embarazada―sin entender nada.
―¿Naruto? ¿Qué ha… pasado aquí? ¿Nos hemos equivocado de casa? ¿La de siempre no estaba disponible?―Naruto rio y negó con la cabeza.
―No, esta es la casa de siempre. Nuestra casa de siempre'ttebayo. ―Hinata pestañeó.
―¿Nuestra? ¿Cómo que… nuestra?―La sonrisa de Naruto flaqueó.
―Pues… eso, nuestra. Es decir… err… ¿recuerdas cuando el verano pasado te lamentaste enormemente porque teníamos que irnos? ¡Y Boruto se lo pasó genial y a ti te encanta la playa y eso! ¡Te prendaste del sitio en nuestra luna de miel y-
―Naruto, ¿nos has comprado una casa de verano?―Naruto pareció avergonzado de pronto.
―Esto… ¿sí?
―Sin consultarme. ―Naruto empezó a sudar frío. Tal vez, esto no había sido tan buena idea. Pensó que la sorpresa agradaría a Hinata. Que le encantaría saber que la casa en la que habían pasado algunos de sus mejores momentos de pareja y familiares estaba ahora en sus manos.
―¡N-no he gastado nada que no pudiéramos permitirnos! ¡Las inversiones que tu padre me ha ayudado a hacer estos años han ido dando sus frutos y… pues…
―¿Quién más estaba al tanto?―Naruto tragó saliva.
―¿Po-por qué piensas- ―Un resoplido nada femenino escapó de los labios de Hinata. Decidiendo que tal vez mostrarse humilde sería la mejor salida, bajó un poco la cabeza―. Ino y Konan. Y Tenten. Pero solo porque me ayudaron con la decoración. ―Hinata asintió y le dio la espalda, respirando hondo y meditando profundamente las implicaciones de lo que Naruto había hecho.
No es que no le gustara la casa de verano. Era preciosa. Perfecta. Y sus amigas habían hecho un trabajo magnífico renovándola. No habían tocado absolutamente nada de la distribución, eso podía verlo. La pequeña cocina de leña con sus armarios azules seguía en su sitio. Así como la chimenea y la mesa redonda rodeada por cuatro sillas. La mecedora en la que solía dar de mamar a Boruto también seguía en su sitio, junto a la ventana. La capa de pintura todavía olía a nuevo y el sofá nuevo también azul pastel, así como las cortinas de suave encaje blanco, creaban un armonioso conjunto que hacían que se le saltaran las lágrimas.
Quería alegrarse, darse la vuelta, tirarse sobre su marido y comérselo a besos. Pero la otra parte de ella, la racional, quería patearlo en sus partes más nobles por haber hecho algo de semejante calibre sin su consentimiento. Hinata odiaba que no la tuvieran en cuenta en las decisiones trascendentales que podrían afectarla directamente a ella o a sus hijos.
Pero también estaba el hecho de que Naruto había querido sorprenderla. Cuando le propuso estas pequeñas vacaciones de última hora le había parecido extraño. Pero unos días lejos del ajetreo de la ciudad tal vez sería lo mejor. Así podría descansar y recargar las pilas antes de que Himawari viniera al mundo. Faltaban unas dos semanas para que saliera de cuentas. Ellos iban a estar cinco días allí, según el plan acordado.
Además, la bebé había estado algo agitada últimamente. Según la ginecóloga, no había nada lo que preocuparse, simplemente se estaba colocando para poder decirle hola a sus papás en el momento adecuado.
Estaba siendo estúpida y paranoica. Naruto solo había querido tener un detalle tremendamente romántico con ella y lo estaba arruinando. En los últimos tiempos arruinaba muchas cosas.
Menos el sexo. Eso era lo único que funcionaba a las mil maravillas en su enorme y deforme cuerpo de ballena gigante. Y debía dejar de pensar en ello, porque sus hormonas parecían más que felices por la idea de que eso fuese lo único bueno de su embarazo.
Respirando hondo nuevamente, con lágrimas en los ojos, se volvió. Naruto entró en pánico al verla. En una zancada se plantó a su lado y le tomó el rostro con ambas manos.
―¡Mierda! ¡Lo siento, nena! ¡Nos iremos ahora mismo! ¡Encontraremos un hotel! ¡Uno que tenga unas vistas impresionantes y un spa para morirse! ¡Voy a llamar en este mo- ―Ya estaba sacando el móvil del bolsillo cuando los dulces y jugosos labios de su esposa lo callaron con un beso de esos que hacían a un hombre querer restregarse contra una fémina de forma no apta para menores de 18.
―Me encanta. Así que ni se te ocurra llamar a ningún hotel, Uzumaki. Quiero ver el resto de la casa. Ahora. ―Naruto se quedó anonadado, con los labios separados, viendo el dulce culito de su mujer dirigirse hacia las escaleras―. ¡Naruto!―Pegó un respingo.
―¡Sí, señora; enseguida, señora!―Sonriendo satisfecha para sí, Hinata terminó de subir con la cabeza bien alto las escaleras hasta la planta superior.
Tenía ganas de comprobar qué habían hecho sus amigas con el dormitorio principal.
Hinata suspiró satisfecha desde su cómoda silla de playa. Había sido idea de Naruto traer una silla plegable a su tarde de sol, arena y mar. No había estado errado. Dado el tamaño de su barriga, no podría levantarse por sí misma si se tumbara. Por las mañanas, siempre era Naruto el que tenía que tirar de ella para ayudarla a incorporarse.
Se ajustó su pamela de paja y sus gafas de sol, mientras su vista se fijaba en el atractivo espécimen masculino que salía en esos momentos del agua, echándose el corto pelo rubio hacia atrás y sacudiéndose las gotas de agua de su bronceado y bien formado cuerpo. Se mordió el labio al apreciar como el bañador―verde con un adorable estampado de ranas―deliciosamente húmedo se pegaba a sus muslos, haciendo evidente lo bien dotado que parecía estar entre las piernas.
Se mordió el labio inferior, maldiciendo a sus estúpidas y alocadas hormonas de embarazada una vez más. ¿Es que no podía pensar en otra cosa? Decían que el embarazo era un reflejo de cómo podía salirte el niño―o niña, en su caso―y, por el momento, solo había descubierto que Himawari iba a darle muchos más quebraderos de cabeza que su hermano. Al menos, cuando creciera.
No pudo evitar reír. Su marido era el que peor lo iba a pasar. Estaba segura de ello. Con lo impulsivo y sobre protector que era, su hija lo traería de cabeza. Bueno. Se lo merecía. Su esperma había contribuido a que ahora pareciese una horripilante, enorme y amorfa criatura.
―¿Por qué haces pucheros, mi amor? ¿No te lo estás pasando bien?―Sintió un toquecito juguetón en la nariz. Fulminó al pobre hombre con la mirada, sabedora de que no lo merecía, pero tampoco pudiendo hacer nada por evitarlo. En su interior, Himawari se removió. Se llevó la mano al estómago y suspiró, bajando la cabeza―. Eh, nena, ¿te encuentras bien? ¿Estás cansada? Podemos volver ya, si quieres. El sol empezará a bajar enseguida y entre que recogemos todo esto y llegamos a casa… ―Hinata negó con la cabeza.
―Quiero quedarme un poco más. ―Como pudo, se acercó a él y apoyó la cabeza en su hombro. Naruto arqueó una ceja en su dirección, pero ella se acomodó contra él y dejó escapar un suspiro de felicidad al sentir el frescor de su piel contra la suya, algo recalentada por el sol.
―Lo que tú digas, preciosa. ―Hinata sonrió. Se percató entonces de que unas jovencitas que estaban tumbadas en diagonal a ellos y con sus caras vueltas en su dirección cuchicheaban y soltaban risitas tontas cada vez que miraban hacia dónde se encontraban.
Con toda la dignidad que fue capaz de reunir, se subió las gafas de sol hasta colocarlas encima del ala de su pamela y clavó la vista en ellas. Esbozando una sonrisa malvada, dejó salir un quejido. Al segundo, ya tenía a Naruto rodeándola con sus brazos y observándola con atención, preocupado. Ella hizo una mueca perfectamente ensayada y lo miró con expresión entre avergonzada y afligida.
―Me ha empezado a molestar la espalda. ¿Podrías… darme un masaje? Es en los puntos de siempre. ―Naruto sonrió brillantemente, encantado de poder complacerla y ayudarla.
―¡Por supuesto que sí, nena! A ver, déjame. Un momento… ―Se movió de forma que ella quedara sentada entre sus piernas. La ayudó a echarse un poco hacia delante y luego la instó, con suavidad, a inclinarse un poco hacia delante, con la barbilla casi pegada a su pecho.
Con todo el mimo del mundo, las palmas masculinas se metieron por debajo de la tela diáfana que colgaba del sujetador del bikini pre mamá. Sus pulgares encontraron sus tensos y doloridos músculos y presionó suavemente. Hinata se estremeció. Naruto entonces procedió a comenzar a hacer círculos sobre esos nudos, tratando de aflojarlos y deshacerlos.
Mientras, con deleite, Hinata miró directamente para las jóvenes que se habían estado comiendo a su esposo con la mirada y sonrió ampliamente, casi con inocencia. Ellas enrojecieron de vergüenza y decidieron dedicarse a otra cosa, lamentando profundamente que aquel hombre tan guapo y sexy ya estuviera pillado.
Más tarde, Hinata culparía nuevamente al embarazo por su arrebato infantil. Pero ¡qué demonios! Estaba embarazada y podía permitírselo.
Y sino, que Naruto se lo hubiera pensado dos veces antes de decidir que él también quería otro hijo.
Adormilado, Naruto notó cómo Hinata se removía a su lado, incapaz de conciliar el sueño. Suspirando, encendió la lámpara que estaba encima de la mesilla, pegada a su lado de la cama. Hinata lo miró, con los ojos acuosos y una expresión llena de remordimiento. Él le sonrió y bajó la cabeza para besarla.
―¿Hima sigue despierta?―Hinata asintió, compungida.
―L-lo siento. Ú-últimamente no te dejo dormir mucho. ―Las lágrimas se acumularon en sus ojos perlas. Naruto se apresuró a abrazarla y a besarla de nuevo.
―Eh, no pasa nada, nena. No es cómo si tuviera otro sitio adónde ir u otra cosa que hacer… Ahora mismo, este bebé y tú―dijo, colocando su mano con la palma abierta sobre su vientre abultado―sois lo más importante para mí. Y Boruto, por supuesto. ―Hinata lo miró y Naruto casi juró ver estrellas brillando en sus preciosos ojos perlados.
―¿L-lo dices de verdad? ¿N-no somos una molestia?―Naruto trató de no suspirar, exasperado. Durante los últimos nueve meses, convencer a Hinata de que la amaba y de que él había elegido estar con ella y formar una familia parecía una tarea casi imposible.
―Claro que no, nena. Eh, ¿lo has oído, Hima? Papá os ama, a mamá y a ti. Estoy aquí, así que… ¿podrías, por favor, estar tranquila un rato y dejarla descansar?―Hinata enseguida notó como la pequeña que estaba en su interior dejaba de moverse.
Miró para su marido como si de repente fuese su súper héroe particular. En un impulso, alargó la mano para cogerlo por el pelo y tirar de él hacia arriba, para reclamar la boca masculina con sus labios. El beso fue demandante, exigente y despertó su más profundo deseo, acentuado por el embarazo.
―Hinata, nena, es-
―Te quiero. Ahora. ―Volvió a besarla. Sintió cómo su marido exhalaba por la nariz para luego tomarla entre sus brazos y correspondiendo tal y cómo ella lo necesitaba.
Ardiente. Excitado. Muriendo por tenerla.
Gimió al sentir sus manos acariciarla por todas partes. Le quitó a tirones el camisón de dormir mientras ella trataba desesperadamente de deshacerse de los calzoncillos de él. Incluso bajo todo aquel ardiente deseo, Hinata notaba que Naruto estaba tratando de ser dulce y delicado. Agarró nuevamente su pelo, con las dos manos esta vez, y lo obligó a mirarla directamente a los ojos.
―Te necesito. Ahora―casi repitió las mismas palabras que le había dirigido antes, pero ahora dotadas de una exigencia y desesperación tales, que Naruto sintió que todo el aire escapaba de golpe de sus pulmones.
Dios, nunca se cansaba de verla así, toda roja, como si estuviera a punto de morir si no lo tenía en ese mismo momento. Sonrió, con esa sonrisa pícara que sabía a ella la volvía loca.
―Como desees, nena. ―Hinata gritó cuando él al fin la penetró. Corcoveó salvajemente sus caderas y Naruto atendió inmediatamente su exigencia, empezando a moverse con golpes duros y rápidos, haciéndola sentir cada centímetro de él en su cálido, húmedo y apretado interior.
Hinata se aferró a su cuello lo más que pudo, suplicando, gimiendo y diciéndole por lo más sagrado que no se detuviese. Lo mataría si se detenía. Lenta y tortuosamente.
El clímax sacudió su cuerpo en violentos espasmos que la hicieron ver estrellas, casi pudo sentir cómo sus ojos daban la vuelta en sus cuencas, quedándose completamente en blanco. Naruto siguió embistiéndola, con movimientos más lentos y pausados, alargando así su orgasmo y permitiéndole disfrutar del dulce abandono que seguía al buen sexo.
Él gruñó de pronto y se clavó en ella. Hinata se permitió observarlo mientras su pecho subía y bajaba debido a su respiración agitada. Lo vio arquearse hacia atrás, gimiendo casi dolorido, vaciándose y saciándose en su cuerpo.
Siempre era un placer para ello hacerlo, espiarlo en ese momento crucial dónde su unión se manifestaba más fuerte que nunca. Hinata había desarrollado una teoría a lo largo de los años: puede que el sexo no fuera lo más importante en una pareja, pero sí la compatibilidad sexual. Encontrar a alguien que te complementaba al cien por cien en ese campo era lo difícil, lo complicado. Y tenía una suerte loca de que ella había encontrado eso y más en su perfecto y atractivo marido. Lo sintió al fin relajarse y dejarse caer en su lado de la cama, exhausto. La cama rebotó por el peso que de pronto la sacudió. Hinata se giró entonces hacia él, con esfuerzo. Naruto jadeaba, con el sudor cubriéndole la piel.
―Dios mío, nena, un día de estos vas a matarme'ttebayo. ―Hinata sonrió para sí misma, acurrucándose felizmente contra él, ignorando por primera vez en semanas su enorme barriga. Himawari protestó un poco al sentirse apretada, pero ella dio una suave caricia allí dónde la bebé le había dado una patada y se calmó al punto―. Aunque, ya sabes… me gusta mimarte y acariciarte cuando hacemos el amor. ―Hinata sonrió, esta vez mirándolo directamente a sus ojos azules.
―A mí también me gusta, pero hoy solo… te necesitaba. ―Un sonrojo acudió a sus pálidas mejillas. Naruto rio y se acomodó de lado, mirándola. Elevó una mano y acarició un lado de su rostro, desde la sien hasta la punta de la barbilla.
―Yo también te necesito, nena. Siempre. Me tienes. Lo sabes, ¿no?―Las lágrimas se acumularon nuevamente en los ojos perla de Hinata. Tragó saliva y, haciendo su mejor esfuerzo para no deshacerse en un charco de agua, asintió, agarrando la mano masculina que todavía permanecía en su cara y besando la bronceada palma. Sintió el estremecimiento proveniente del cuerpo masculino y un cosquilleo de felicidad subió desde las puntas de sus pies hasta su cuero cabelludo, haciendo temblar a todos sus nervios de puro placer femenino al saberse dueña y señora de ese hombre al que adoraba.
―Lo sé, Naruto. Te amo. ―La brillante sonrisa de su marido la deslumbró. Ella le sonrió a su vez cuando él inclinó la cabeza y atrapó sus labios una vez más, en un beso dulce esta vez.
―Y yo a ti, nena. Te amo. Ahora… ¿podemos dormir un poco, por favor? No sé si seré capaz de levantarme de la cama sin algo de descanso. ―Hinata soltó una risita y, por toda respuesta, dejó que él los arropara a ambos y apagara la luz.
Con una sonrisa, se quedó dormida, envuelta en los brazos del hombre que había atrapado su corazón para jamás devolvérselo.
No es que ella lo quisiera de vuelta.
Hinata sintió un calambre al levantarse de la silla. Hizo una mueca y llevó las manos a la parte baja de su espalda, tratando de estirarse y de desentumecer los músculos. Acababan de terminar de comer unos deliciosos fetuccini con salsa Alfredo, cortesía de Naruto. Aún le sorprendía lo bueno que se había vuelto cocinando desde que estaban juntos, aunque solo fueran platos relativamente sencillos. No pongas un solomillo Wellington en sus manos, pero una pasta y una salsa no eran problema para él.
Volvió a sentir la misma punzada con el consabido estremecimiento. Arrastrándose como pudo, gruñendo por la molestia, se dejó caer en el cómodo y bonito sofá color azul pastel. Arrancó una manta que estaba perfectamente doblada en el respaldo del mueble y se la extendió por encima.
―Eh, nena, ¿te encuentras bien?―Naruto, que se encontraba fregando los platos en la pequeña cocina, se agachó a su lado y le puso una mano en nuca, empezando a hacer círculos en la misma con el pulgar. La ligera presión la hizo gemir de gozo.
―Sí, es solo una pequeña molestia. Ya sabes, la niña está acomodándose y todo eso y cuando se mueve siento más presión… La ginecóloga dijo que era normal. ―Naruto la miró, preocupación y seriedad reflejándose en sus ojos azules.
―¿Me lo dirás si va a peor?―Hinata suspiró―. Hinata. ―Cedió al fin, sabiendo que de no hacerlo lo tendría encima de ella todo el santo día.
―Sí. ―Naruto asintió, conforme y aliviado al mismo tiempo. Ah, su terca mujercita lo traía a veces de cabeza, pero cómo la amaba.
Decidiendo disfrutar del silencio y del agradable sol que se filtraba por la ventana, Hinata tomó el mando a distancia y encendió la televisión. Le habría gustado más tener un libro a mano o una revista, pero moverse ahora a un lado y a otro era más bien como bambolearse como si estuviese borracha, así que lo descartó y decidió entretenerse con alguna serie o programa televisivo. Para su suerte, encontró una de esas telenovelas interminables que pareció entretenerla lo bastante en los primeros diez minutos, así que dejó el mando encima del brazo del sofá, a su lado, y se acomodó dispuesta a no hacer nada por el resto de la tarde.
Se había quedado medio adormilada, haciendo muecas de vez en cuando, cada vez que un calambre la asaltaban. No era tonta. Sabía lo que eso significaba. Pero decirle a Naruto lo haría entrar en pánico, así que decidió esperar a ver cómo se desarrollaban los acontecimientos. Parecía que sus dos hijos le habían salido precoces. Boruto también se había adelantado.
Así que respirando hondo, decidió abrir los ojos y mirar a su marido, dormitando a su lado, con su mano entrelazada con la suya.
―¿Naruto?―El rubio murmuró y apretó su mano―. Naruto, amor. ―Un gruñido la hizo rodar los ojos. Decidió ser más directa. Se soltó de su mano y le pellizcó en el abdomen, haciéndolo saltar.
―¡Auch! ¡¿Qué demonios… ―Se giró, viendo los ojos de su esposa clavados en él. Atisbó algo de aprensión y sintió que se le contraía la boca del estómago―. ¿Cariño? ¿Ocurre algo?
―Ve a traer la bolsa del bebé. ―Naruto parpadeó.
―¿Eh?
―Ve a traer la bolsa del bebé. Luego me vas a ayudar a levantarme, a llevarme hasta la puerta, bajar esos tres escalones de ahí fuera, meterme en el coche y salir pitando para el hospital más cercano. ¿Estamos?―El cerebro de Naruto se sacudió ante sus palabras. Tragando saliva pero con la determinación ahora brillando en su expresión, salió pitando escaleras arriba, para coger la bolsa del bebé―suerte que la había metido en el maletero del coche, solo por si acaso―, una chaqueta para Hinata y las llaves del coche.
Bajó de tres en tres las escaleras y fue de nuevo hacia el sofá. Acomodándose la bolsa en el hombro y agarrando con fuerza las llaves del coche, extendió los brazos y agarró las manos de su mujer, tirando suavemente de ella para ponerla en pie. Hinata contuvo la respiración mientras su cuerpo recuperaba la verticalidad, tambaleándose cuando lo que ahora ya sí era una contracción en toda regla, sacudía todos sus músculos.
Naruto se apresuró a pasarle un brazo por la cintura y poco a poco, despacio, fue guiándola hasta la puerta, Acababa de abrirla y de girarse hacia ella, cuando un sonido como de agua deslizándose llenó el ambiente. De pronto, el suelo bajo Hinata empezó a llenarse de líquido.
Hinata miró para su marido, ahora sí, con miedo.
―¡N-no te preocupes, nena! ¡Todo saldrá bien! ¡Solo tenemos que llegar hasta el coche y- ―Una contracción más fuerte que las anteriores la hizo temblar. Agarrándose a la camiseta de Naruto, respiró hondo y habló entre dientes, esperando a que el dolor remitiese un poco antes de hablar.
―Olvídate del puñetero coche. Llama a una ambulancia. ¡YA!―Naruto obedeció en el acto, marcando el número de emergencias.
―¿Hola? Sí, mi esposa se ha puesto de parto. Sí, ya ha roto aguas y… un momento ¿nena? ¿Cada cuánto son las contracciones?―Hinata sintió de pronto que quería empujar y le arrancó el teléfono móvil a Naruto de las manos.
―Escúcheme, señorita, estoy chorreando como si fuese las cataratas del Niágara, me duele todo el cuerpo y siento que moriré si no empiezo a empujar. ¡No pienso tener a mi niña en una casa de playa, así que o nos manda la maldita ambulancia o juro por Dios que prenderé fuego a todo el maldito país!―Una contracción la hizo quedarse sin respiración. Dejó caer el teléfono al suelo y tuvo que doblarse a causa del dolor. Naruto se apresuró a recoger el aparato y a llevárselo a la oreja. Murmuró un agradecimiento y una disculpa a la pobre teleoperadora, para acto seguido ponerse tras ella y comenzar a masajearle la espalda y los hombros.
―¿Qué hago? ¿Qué puedo hacer para que te sientas mejor? Nena, háblame, por favor…
―Es-este no era el plan. ―Naruto respiró hondo al oírla hablar. Eso significaba que estaba bien.
―Lo sé, nena, lo sé. Pero todo irá bien. Himawari está bien, la doctora dijo que todo estaba normal en la última revisión, que no había de qué preocuparse. La ambulancia estará aquí pronto, tranquila.
―Naruto… ne-necesito empujar, yo… ―El sonido atronador de un vehículo sanitario los hico a ambos casi llorar de alivio. Los paramédicos se apresuraron a coger el instrumental necesario y a llegar junto a la pareja.
―Señor, déjenos espacio, por favor. ―Reacio, Naruto soltó a Hinata y se apartó un poco, lo suficiente para que uno de los paramédicos tomara su lugar mientras el otro medía el tiempo de las contracciones.
―¿Tiene ganas de empujar, señora?―Hinata siseó cuando otra contracción la hizo temblar. A duras penas pudo asentir―. Bien, este bebé parece que está listo para salir y decir hola. Nos vamos. Ahora. ¿Es usted-
―Su marido. Y el padre. ―El que parecía tener mayor autoridad asintió.
―Recoja todo lo necesario y venga en la ambulancia con nosotros. Tenemos que irnos ya. ―Naruto se limitó a recoger la bolsa del bebé que había quedado olvidada en el suelo y a cerrar con llave la puerta de la casa, para seguir a su mujer y a los paramédicos hacia la ambulancia.
Metieron a Hinata dentro y la acomodaron en una camilla, medio recostada, con las piernas abiertas y dobladas y la falda de su vestido remangado hasta las rodillas. Sus cómodas sandalias con suela de goma yacían en el suelo de la ambulancia. Uno de los paramédicos se quedó con ellos mientras el otro regresaba a la parte delantera de la ambulancia y subía al lado del copiloto. En nada, sintieron como el vehículo se ponía en marcha, con la sirena sonando a todo volumen.
Hinata aferraba la mano de Naruto como si le fuera la vida en ello, sintiendo que el dolor la partiría en dos de un momento a otro.
―¿Naruto?―Lo miró con ojos llorosos. Naruto se apresuró a besarle la frente.
―Estoy aquí, preciosa, estoy aquí.
―¿De cuántas semanas está?
―Salía de cuentas la semana que viene. ―El paramédico asintió, mientras se colocaba unos guantes de goma y ponía unos electrodos en el pecho de Hinata, apartando los tirantes del vestido para tener más espacio.
―Vamos a medir el ritmo cardíaco y la tensión, antes de nada. ―Hinata sintió de nuevo. El dolor se esparció otra vez por todas sus terminaciones nerviosas, mientras el paramédico hacía su trabajo.
Finalmente, se asomó entre sus piernas y, aunque ese hecho hizo sonrojarse infinitamente a Hinata, no era momento de ponerse pudorosa.
―Todo saldrá bien, nena, ya lo verás―repetía por enésima vez Naruto a su esposa, casi como si tratara de convencerse también a sí mismo. Hinata se preguntó si el hecho de que sus dos embarazos no fuesen como debían sería algún tipo de premonición o de castigo por algún acto malvado que hubiese podido cometer en el pasado.
―Muy bien, este bebé ya está en posición. Cuando venga la siguiente contracción, necesito que empiece a empujar. Con todas sus fuerzas.
―Puedes hacerlo, nena. Lo tienes. ―Hinata respiró hondo y asintió. Cuando la contracción le sobrevino, hizo lo que debía, haciendo fuerza con todo lo que tenía. Un chillido de puro dolor resonó en el interior de la ambulancia.
Repitieron el proceso varias veces más, mientras la ambulancia recorría la distancia que los separaba del hospital más cercano. Para cuando Naruto sintió que el vehículo aminoraba la velocidad―y se preguntaba si en algún momento recuperaría la sensibilidad en su mano derecha―Hinata empujaba una vez más. Se oyó un sonido acuoso, como de agua cayendo y, de pronto, el sonido más maravilloso del mundo opacó a todo lo demás.
El llanto de un bebé. Exhausta, Hinata se dejó caer contra la camilla, todavía con las piernas abiertas. Mientras tanto, Naruto contemplaba, atónito, cómo el paramédico envolvía a su pequeña hija en una manta y, todavía con el cordón umbilical que la unía a su madre, se levantaba con una sonrisa y se la entregaba, dejando así que Hinata recuperara algo de fuerzas.
―Himawari… ―La emoción se filtró en su voz, ronca y temblorosa. La niña pareció calmarse un poco, pero siguió llorando y dejando escapar quejidos y gemidos.
Era perfecta. Preciosa y absolutamente perfecta. Miró para Hinata, viendo la misma emoción y el anhelo en sus ojos perlas, ahora llenos de lágrimas. Con cuidado, se incorporó un poco y depositó a la bebé en su pecho, dejando que sus brazos la acunaran y la apretaran. Himawari giró la cabeza en el acto, empezando a chupetear la tela de su vestido, ahora hecho un desastre. Ambos padres se miraron y rieron.
―So-solo tu hija podía nacer teniendo hambre.
―Eh, es perfectamente estar hambriento tras un trabajo bien hecho, ¿verdad que sí, princesa? Sí, ¿quién es mi princesa bonita? ¿Quién es la bebé más guapa del mundo?―Hinata no pudo evitar reír al tiempo que se bajaba el escote del vestido de un lado y desabrochaba el sujetador de lactancia que había empezado a ponerse hacía unas semanas. En cuanto lo sintió, Himawari se agarró a su pezón y empezó a chupar con fruición.
Así los encontró el ginecólogo de guardia cuando salió a verificar que todo estuviera bien, seguido de una enfermera del área de obstetricia que empujaba una silla de ruedas. Algo avergonzados, los felices padres se separaron. Naruto le dio un beso en la frente a Hinata y otro a su hija y bajó de la ambulancia para dejarle sitio al médico. Este hizo un examen preliminar tanto de ella como del bebé y luego procedió a cortar y atar el cordón umbilical. Mientras ayudaban a bajar a Hinata y a acomodarla en la silla de ruedas, otra enfermera había salido y le pedía a Naruto que la acompañara para cubrir una serie de formularios. Al no ser residentes en la zona, había un protocolo a seguir para poder ser atendidos como pacientes.
Algo reacio a separarse de su esposa y de su hija, Hinata lo convención con una sonrisa, diciéndole que fuese y que le diese tiempo para lavarse y ponerse presentable.
―Además, tienes que avisar a todos. Papá y Hanabi no te lo perdonarán nunca si no los avisas. ―Resoplando―pero sabiendo que su esposa tenía razón―Naruto siguió a la enfermera hasta el mostrador de recepción de urgencias mientras Hinata era guiada hacia los ascensores para subirla a la planta de maternidad, dónde se asegurarían de que tanto ella como Himawari estuviesen bien.
Naruto se dijo que tenía que dejar al personal del hospital hacer su trabajo, pero ya las echaba de menos.
―Hermana, lo tuyo con los embarazos es para escribir un libro. ―Hinata resopló al escuchar la voz de su hermana pequeña. Nada más llamar Naruto a casa para avisar del nacimiento adelantado de Himawari, todos se pusieron en movimiento, emocionados.
Los primeros en llegar habían sido, por supuesto, Hiashi y Hanabi. En menos de tres horas ya estaban en el hospital, clamando por verlas a ella y a la bebé. Kushina y Minato no habían podido llegar hasta el día siguiente, es decir, hoy. Por ello, Hanabi y Hiashi se encontraban en estos momentos con Hinata, mientras Naruto iba a recoger a sus padres y a Boruto al aeropuerto, quien era la razón del retraso de sus suegros. Organizar un viaje exprés cuando estás cuidando de un niño de 2 años no era tarea fácil.
Ahora, Hinata esperaba ansiosa la llegada de su esposo y de los padres de él, junto con su hijo mayor. Estaba preocupada por la reacción de Boruto cuando la viera con otro bebé en brazos. El pequeño era muy territorial en lo que a su madre se refería. Ni siquiera dejaba que su padre la abrazara si él andaba cerca. Enseguida se metía en el medio de los dos y empujaba a Naruto con sus manitas. El pediatra les había dicho que era algo normal, una fase por la que pasan todos los niños, hasta que entienden que papá también es parte de la ecuación, que todos eran una familia.
Mordiéndose el labio inferior, esperó, impaciente.
―Todo saldrá bien. ―La voz de su padre la sacó de sus pensamientos―. Boruto es un niño inteligente. Querrá a su hermana. La adorará. ―Hanabi esbozó una sonrisa maliciosa.
―Ah, ¿eso significa que tú ya la adoras, papá?―Un tenue sonrojo cubrió la nariz de Hiashi y este carraspeó. Hinata miró para su hermana y ambas se sonrieron. Oh, su pequeño girasol iba a ser toda una rompecorazones.
Una llamada a la puerta les indicó que Naruto acababa de llegar. Con un suspiro de disconformidad, Hanabi puso a Himawari en los brazos de su madre mientras Hiashi abría la puerta. Un borrón rojo corrió por la habitación hasta ponerse a su lado.
―¡Déjame ver, déjame ver a mi nieta'ttebane! ¡Oh, qué guapa es! ¡Minato, Minato, ven, mira! ¡Es exactamente igualita a mí!―Su marido sonrió con suavidad y se inclinó hacia ellas, saludando a su nuera con un beso cariñoso en el pelo.
―Sí, cariño, tienes toda la razón. ―Hiashi rodó los ojos, Hanabi sonrió y Naruto rio entre dientes, entrando el último en el cuarto con Boruto en brazos, sujeto a su cuello, con sus ojos azules muy abiertos, preguntándose dónde estaban.
―Bueno, nosotros iremos a comer algo a la cafetería. Llamadnos si necesitáis algo. ―Naruto y Hinata asintieron, despidiéndose de ambos Hyūga.
Naruto se quedó al pie de la cama, un poco atrás, dejando que los felices abuelos que ahora eran sus padres disfrutaran unos minutos de contemplar y alabar a su nueva nieta. Finalmente, Minato logró convencer a Kusihna de que se apartara un poco.
Era el turno de Boruto.
―Eh, campeón, ¿quieres saludar a tu nueva hermanita?―Boruto miró confuso para su padre y luego para su madre; miró con recelo para el bulto que esta sostenía. Se aferró con fuerza a las ropas de su padre, pegándose a él cuando Naruto se sentó con cuidado en la cama para dejarle ver más de cerca ese bulto que ocupaba su lugar especial, entre los brazos de su mamá.
―¡No!―Empujó hacia atrás, escondiendo su carita en el pecho de Naruto, cuando este quiso dejarlo al lado de su madre, para que viera a su hermana. Naruto y Hinata se miraron. Aquello entraba dentro de las posibilidades.
―Boruto. ―La voz suave de su madre lo hizo salir parcialmente de su escondite―. Ven, ¿no quieres darle un abrazo a mami?―Tras unos segundos de vacilación, el pequeño dejó que su padre lo soltara y se echó contra el costado de su madre, dejando que ella lo encerrase con su brazo libre en un abrazo amoroso y protector. Naruto se acomodó de lado sobre la cama, mirando con cariño y emoción para su familia.
Sin dejar de hablarle con suavidad ni de acariciarle el pelo, Hinata lo fue acercando poco a poco hacia dónde Himawari reposaba, sobre su otro brazo. Aunque Boruto opuso toda la resistencia que pudo―incluso intentando refugiarse nuevamente en el regazo de su padre―finalmente, ambos progenitores lograron su propósito y, desde donde Naruto lo sujetaba de la cintura, sus ojos conectaron con la carita redondeada de la bebé.
La curiosidad se impuso y Boruto se fijó entonces en ella. Tenía dos ojos, como él. Una nariz, como él. No parecía que tuviese orejas, pero sí tenía los mismos bigotitos que papá y él tenían. Miró para el susodicho, que los miraba a ambos, con calma. Entonces, se puso a gatas sobre la cama y extendió una manita.
―Boruto―Naruto le detuvo el bracito, tomándolo con cuidado―, despacito, ¿vale? Himawari aún es muy pequeña'ttebayo. ―Haciendo lo que su padre le decía, despacio, con cuidado, tocó con sus dedos regordetes las mejillas del bebé. Su diminuta naricita se arrugó y se acomodó de lado en su mantita rosa, para seguir durmiendo cómodamente en los brazos de su madre.
Sonrió, dejando mostrar sus dientecitos de leche y, mirando a sus padres, habló finalmente.
―Hima. ―Ambos adultos se miraron, sonrientes, emocionados, mientras Boruto seguía acariciando a su hermanita, reconociéndola, ahora sentado delante de su madre y del bebé―. Hima. ―Repitió. Luego, miró a su padre, con el ceño fruncido, como si de pronto se hubiese dado cuenta de algo―. Papá. ―Naruto sonrió.
―Dime, campeón.
―Mamá―dijo, poniendo una mano sobre el brazo de su madre―. Hima―pronunció, tocando la frente de su hermanita. Y, sin dejar de tocar a ninguna de las dos ni dejar de mirar a su padre, dejó salir la siguiente palabra con toda la determinación de la que era capaz un niño de 2 años―. Mía. ―Hinata tuvo que hacer verdaderos esfuerzos para no estallar en sonoras carcajadas mientras Naruto hacía amago de mirar para el techo y suspirar.
Sí, el rubio mayor tenía una ardua tarea por delante pero ¡qué demonios! No podía ser más feliz. No cuando tenía todo lo que un hombre podía desear en el mundo.
Una mujer a la que amar. Una familia. Su familia.
Detrás del cálido cuadro familiar, Minato y Kushina sonreían, emocionados, mientras uno grababa con el móvil y el otro hacía fotos.
Y es que el orgullo no les cabía en el cuerpo. Porque su hijo, su pequeño, tenía al fin su familia al completo.
Pero ambos que estos no era el final, no. Tan solo el principio.
―Y pensar que tú la odiabas al principio―murmuró Minato, pasándole un brazo por los hombros a su esposa. Kushina le pellizcó la mano.
―Cállate. ―Siguió grabando con su móvil, queriendo inmortalizar hasta el último segundo de la preciosa escena familiar.
―Te lo dije―le susurró Minato al oído―. Las diferencias es lo que hace perfecta a una pareja.
Y Kushina no pudo estar más de acuerdo con él.
Las diferencias entre Naruto y Hinata era lo que los hacían perfectos el uno para el otro. Y dio gracias al cielo por haberse dado cuenta a tiempo.
Porque ahora, podía disfrutar de mimar a dos nietos igualmente perfectos a sus padres por el resto de sus días.
Hasta que ellos mismos pudieran vivir su propia historia y ver que, a pesar de todo, las diferencias no separaban, sino que unían a las personas.
Mucho más de lo que ella misma imaginó en algún momento.
Fin Epílogo
Bueno, pues nada, una historia más completada. Espero que hayáis disfrutado este pequeño epílogo tanto como yo me divertí escribiéndolo. ¿Qué os ha parecido? Intenté describir todas las fases por las que puede pasar una mujer durante el embarazo: cambios de humor, hormonas revolucionadas, libido aumentada... Espero haberlo hecho bien xD.
¿Me dejáis un review? Porque, ya sabéis:
Un review equivale a una sonrisa.
Y, como siempre que finiquito una historia, agradecimientos infinitos a todos aquellos que se han tomado la molestia de, en algún momento, dejar un precioso comentario que me animaba a seguir adelante. Ellos son:
Camilla678
Hola van God
SereIya
Ryuuha Boon
Usagi Hina
bombonoscuro2043
Robbi Uzumaki -RobbiezMort
Sakima
Megu86
anna-fnh
Nimi-Chan
Cristal311
menien
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Son Of Time
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Hina002
fannyferreyra
Daiu Naruhina
panjangya
Juudaii
Guest
sele17
¡Muchísimas gracias a todos y cada uno de vosotros! ¡Sois los mejores! ¡Gracias por leerme y dedicar a mis historias unos minutos de vuestro tiempo! ¡Gracias, de verdad! ¡Muchísimas gracias!
*A favor de la campaña con voz y voto. Porque dar a favoritos y follow y no dejar review es como manosearme una teta y salir corriendo.
Lectores, sí.
Acosadores, no.
Gracias.
¡Nos leemos!
Ja ne.
bruxi.
