N/A: De acuerdo, si no han visto el 3x05 de Glee… mejor no lean mis comentarios, pasen directo a la historia, no quiero molestar a nadie. Si ya lo vieron, pues igual pueden leer lo que quieran.

Bueno, ¿por dónde empiezo? Oh, sí, gritar como fangirl histérica por que en lo personal ese capítulo fue lo más emocionante que he visto en Glee. Digo, aquí una servidora que es amante de lo cursi y de Klaine, es obvio que me derretí tan rápido como un cono de helado en pleno verano.

Muchos dicen que esperaban escenas más "fuertes" en particular y, lo admito, yo también. Pero a pesar de ello simplemente no puedo decir que me siento decepcionada de alguna forma porque para nada es así. Lo amé totalmente y casi lloro con el final, esas manos y esas frases y, por Dios, Darren Criss debe ser aclamado pero ya, porque esa actuación en el auditorio, cuando hacía las paces con Kurt… eso de "Estoy orgulloso de estar contigo" "Quiero que lo estés." Oh, esas miradas…. Fueron demasiados sentimientos.

En fin, ya que aclaré lo feliz que me hacen estos dos continúo.

Título: There´s a moment.

Autora: MsEnny

Fandom: Glee (Ya saben, Ryan es Dios, Cadena Fox es una suertuda, si Glee fuera mío, que no lo es, Blaine y Kurt se hubieran conocido desde los dos años, Klaine sería la pareja principal y jamás se separarían por más de un minuto.)

Clasificación: M

Pareja: Blaine/Kurt

Canción: Last Christmas – Glee


Capitulo 3 – Last Christmas

Once bitten and twice shy

I keep my distance

But you still catch my eye

Tell me baby

Do you recognize me?

Well, it's been a year

It doesn't surprise me…

I wrapped it up and sent it

With a note saying "I love you"

I meant it

Now I know what a fool I've been

But if you kissed me now

I know you'd fool me again

Entonces… ¿no crees que mi plan es absolutamente brillante? –preguntó el pelinegro mientras apoyaba su cabeza sobre su propio brazo, todo para poder mirar a los ojos a su mejor amigo, quien por cierto, se veía absolutamente adorable esa tarde.

Uh, un poco más que brillante, creo que lo describiría como hilarante, o fantasioso, quizá un completo sueño.

Vamos, Kurt. Debes dejar de ser tan realista, puede hacerte daño. Eso, además de volverte un total aburrido. Nueva York no va a recibirte bien así.

El castaño sonrió, arrugando su perfecta nariz y sus facciones de porcelana. El clima era completamente frío, sus sentidos trataban de ignorarlo, pero la nieve bajo su cuerpo era difícil de pasar por alto ya que provocaba un ligero temblor en él, sin contar que sus dientes podían asemejarse a castañuelas si seguían tiritando así. Lo sabía, en su sano juicio no habría salido de su casa, probablemente en aquél momento estaría viendo televisión mientras una manta le protegía del invierno, pero no, estaba en el patio de su casa, con una ropa que no le era muy útil y un chico que no hacía más que darle ideas que lo llevaban a cometer torpezas una tras otra.

Aún no comprendía muy bien el poder de Blaine. Es decir, un día podía enojarle hasta el punto de aplicarle la ley de hielo… pero al otro día estaban mejor que nunca, porque Anderson tenía la facilidad de hacerle ceder, y era sólo ver aquellos ojos casi cobrizos y simplemente sucumbir, como si hubiera un botón que Blaine podía apretar para hacer de él su marioneta. Era irritante pero, al mismo tiempo, le ahorraba mucho sufrimiento.

No podía imaginarse un día sin verle o escucharle, sentirle revoloteando por todas partes, invadiendo hasta su espacio personal.

Ser realista sólo te hace maduro. ¿Has escuchado sobre eso, la madurez?

Uh, sí, claro. Yo soy un buen ejemplo, soy maduro.

Ahora sí, sin poder evitarlo, Kurt estalló en carcajadas, confundiendo al otro chico que, desde su sitio, se acercó más al cuerpo recostado del castaño.

Ambos habían decidido tumbarse para mirar el cielo completamente gris y lleno de nubes imperfectas. Al principio parecía buena idea, luego no tanto, pero la pereza les pudo y, por más frío que sintieran en sus espaldas, ya estaban allí. El silencio era cómodo, sólo el viento les acompañaba y, aunque la risa de Kurt fuera uno de sus sonidos favoritos, y aunque sus mejillas sonrojadas por la agitación y el clima le dieran una vista completamente dulce, Blaine decidió que ya se había mofado suficiente de él, al menos le gustaría que compartiera el chiste.

Vale, al menos cuéntame la broma porque no me he enterado.

No, no es… lo siento, es que…

Estoy comenzando a creer que piensas que no soy maduro. Eso es muy cruel de tu parte, Hummel. –replicó el pelinegro mientras se apoyaba sobre sus codos, uno a cada lado del cuerpo de Kurt, ya que en un momento de despiste, sin Kurt saberlo, ha quedado en una pequeña prisión donde no había salida. Sólo el agradable peso de Blaine sobre él y su aroma… ese pequeño detalle que lo confundía y lo volvía un manojo de nervios.

Yo, uh, ¿qué haces?

Nada.

El moreno reclinó su cabeza y reposó sobre el hombro de Kurt con total confianza.

Bueno, ¿podrías levantarte?

¿Porqué lo haría? Se está bien así.

No. Sí. Es que… estás pesadito. –mintió. –No me dejas respirar.

Blaine frunció el ceño fingiéndose ofendido. Hizo una mueca herida.

Oh, dios… me has dicho gordo. –dijo mientras liberaba a su amigo y giraba hasta darle la espalda, dispuesto a no mirarle hasta que se disculpara. –Eso sí ha dolido.

Kurt se incorporó hasta sentarse, sus manos se hundieron en el hielo y quizá fue aquello, sentir aquél singular material entre sus dedos lo que lo llevó a sonreír como un malhechor y agarrar un puño pequeño de nieve que se junto hasta formar una esfera casi perfecta. Se acercó a Blaine hasta pegarse completamente a su espalda. Su brazo libre le ayudó a darle un abrazo firme que, de ante mano sabía, le haría dejar el drama a un lado porque, igualmente, Anderson no era así de teatral, y amaba ser mimado, y Kurt sabía aquello, entonces las ventajas iban a su favor.

No estás gordo, Blaine… sólo más… suave.

Kurt, ni lo intentes, ser sutil no es lo tuyo.

Yo no estoy intentando nada… -murmuró el castaño mientras ladeaba su cabeza que, al estar tan cerca ambos cuerpos, lograba que su nariz, fría por el ambiente, acariciara el cálido cuello del pelinegro, arrancándole un escalofrío inesperado. –Sólo te abrazo porque tengo frío, y tú eres como la mejor estufa del mundo, ¿sabías?

Bueno, si quieres que esta estufa te caliente, sé de métodos más efectivos.

Blaine se giró de nueva cuenta, quedando cara a cara con Kurt, el otro un poco confundido antes sus palabras y aquella mueca perspicaz que seguramente no le traería nada bueno.

De pronto, Kurt sintió sus mejillas enrojecer más de lo normal, y el frío era lo de menos.

Blaine se había pegado tanto a él, en pequeños pasos, y estaba seguro que lo había planeando desde que le llamó por teléfono para pasar la tarde juntos… porque ese beso, ese calor tan abrazador no podía ser sólo casualidad. No le respondió, pero tampoco se apartó. Sólo lo dejo hacer lo que quisiera, como siempre, ¿eso contaba realmente como un beso?

Cariño, me desanima tu entusiasmo.

Y a mí me perturban tus acciones. –dijo mientras se relamía los labios que, demonios, sabían a Blaine.

No es la primera vez que hacemos esto, no sé porque aún te asustas. –replicó el pelinegro.

No me asusta. Es que, se supone que somos amigos. Los amigos no se besan sólo porque les da la gana. Además, ¿era esto parte de tu plan para irte a vivir a nueva york terminando la secundaria? ¿Propasarte conmigo e irte satisfecho por ello? Si es eso, mejor que sepas que no soy así de fácil, Anderson.

Rodando los ojos, Blaine le tomó de las manos, dispuesto a convencerlo de que aquello no era sólo un juego. Era algo que venía rondando en su cabeza desde hace meses. Cierto, Kurt tenía razón, no era normal que lo anduviera besando sólo porque sí… Sin embargo, llegó a una conclusión, y fue difícil, al principio no podía verlo de esa manera pero, las pruebas estaban sobre la mesa, no había donde esconderlo, y tampoco es que quisiera hacerlo.

Kurt le gustaba, le gustaba demasiado.

Y debía decírselo pronto. No podía arriesgarse a que alguien más se le adelantara, cosa que no podía retrasarse mucho ya que el castaño era tan increíble que muchos ya se habrán dado cuenta de ello.

¿Y por qué no hacerlo ahora? Se preguntaba Blaine… pero tuvo que desechar la idea en cuanto sus manos tocaron las del otro chico. Estaban heladas.

¡Por dios, Kurt, estás helado! ¿Por qué no me dijiste nada? –se exaltó mientras se reincorporaba, realmente le preocupaba que su amigo pudiera estar muriendo congelado y él ni enterado de nada.

Uh, chico listo, estamos a menos de seis grados, nevando, en pleno invierno y acostados en el patio… no es como si alguien pudiera sudar en una situación así.

Hummel miró para otro lado maldiciendo, con el beso simplemente se olvidó de la nieve que iba descongelándose de a poco en su palma.

Vamos, mejor entramos antes de morir de pulmonía o algo así.

Hasta que dices algo sensato. –murmuró mientras tomaba la mano que Blaine le tendía en ayuda. Ya de pie sacudió un poco de nieve de su ropa y comenzó a caminar hacia la casa. – Y que sepas que si enfermo será tu culpa, tú y tus ideas.

Pudiste decirme que tenías frío.

En realidad quería jugarte una broma antes de decirte que entráramos, pero eres tan reina del drama que no me diste tiempo. No es justo.

Ibas a… vaya, eso es un avance. Pensé que este año sería cuando te volverías un anciano de dieciséis años. Totalmente serio y aburrido. –se burló el moreno mientras abrazaba al otro por los hombros. –Bueno, es una lástima no haber sido tu víctima pero, vamos, ha sido una tarde entretenida.

Si tú lo dices.

Sí, había pequeños detalles que Blaine no podía borrar. Pequeñas frases, palabras, sonidos, imágenes… se sentía tan bien tener aquellos recuerdos que no pueden divorciarse de él por mucho que lo intenten, porque era una forma de tener en mente que tuvo mucha felicidad. Que pudo vivir une vida libre de problemas, que pudo conocer lo que es ser feliz. Y estaba bien, porque hoy era navidad, y esos recuerdos eran los mejores regalos que podría recibir.

Sí, han sido seis meses ya, mucho o poco tiempo, no lo sabe. Pero siente que la redención ya es una opción. Ya no siente odio, ya no siente furia, ni contra Kurt ni contra la vida… simplemente hay vacío, pero es pasajero. Eso le han dicho todos.

Él no sabe de eso, simplemente porque nunca antes vivió algo así… sin embargo confía, cree en los demás y, allí acostado en los muebles de su casa, mira las imágenes navideñas del televisor que lucen como toda una fantasía, todos sonriendo, todos cantando.

Sí, aquella era la época más musical del año y también era de sus favoritas.

Semanas atrás estuvo tan ocupado como para si quiera pensar en nada, la disquera, las promociones, las firmas, todo requería de una parte de él, pero ese día, su día libre, su día de navidad, realmente deseaba estar tranquilo, sin salir de fiesta, sin llegar a las tantas de la mañana arrastrándose a su cama y cerrando todas las persianas como si de un vampiro de tratara. No, ese día sólo quería pensar en él, en lo que haría a futuro porque… ya fue medio año solo, hundido, diciendo estar bien pero llorando por las noches, excusándose con la gente de maquillaje por cargar ojeras demasiado notorias, por oler peor que una bar de carretera… entonces, había que buscar una solución.

Y creía saber cuál podría ser, pero tenía miedo. Miedo de no encontrar lo que buscaba.

Blaine miró al techo, su cabeza dando vueltas como en una montaña rusa. ¿Una nueva relación? ¿Estaba preparado para eso? Lo que más le preocupaba era la palabra confianza, no sabía si aún quedaba algo de ella en él. ¿Y si se equivocaba de nuevo? ¿No era muy pronto?

No, pensó, porque de todas formas hace un mes que es un hombre libre, sin ningún papel que lo ate a un chico que sólo jugaba a ser una víctima, a quien según Blaine dejaba de lado, pero en realidad él pasaba el cien por ciento de su tiempo idealizándolo.

Ahora sólo era Blaine Anderson, un chico de veintidós años con una de las carreras más exitosas del mundo artístico.

Y por ello mismo sabía que podía tener a quien quisiera.

Ya era hora. Ya era tiempo.

Dos jóvenes iban caminando de un lado a otro tomados de las manos. Ella iba radiante y enérgica. Él… él simplemente se dejaba llevar.

–Rachel, por favor, ¿podemos parar un momento? Ya sé que querías venir a Los Ángeles a comprar cosas de la boda pero, ¿no crees que dar vueltas por esta plaza, en plena navidad, es algo innecesario? Podríamos estar en Ohio, con nuestra familia y…

–Mira, cariño, tengo mis razones y son muy justificadas. –interrumpió la chica mientras se giraba a mirarlo más de cerca. –¿Recuerdas que te dije que te daría una sorpresa? Bueno, si la quieres, tendrás que esperar.

El chico alto se dejó caer en la banca más cercana mientras pasaba una mano por sus cansados ojos. La noche era fría, se sentía sin fuerzas y había demasiada gente yendo de un lado a otro.

–Pues espero que se trate de un auto deportivo porque si no…

–Debería sentirme ofendido pero creo que eres adorable pensando erróneamente que tu futura esposa te comprará un deportivo, Finn Hudson.

Finn levantó la cabeza tan rápido que creyó romperse el cuello en el precipitado movimiento. Mucho tiempo quiso escuchar aquella voz, mucho tiempo esperando pacientemente a saber más sobre él, pensando que debió protegerlo más, estar con él, darle la confianza de tener unidad para que hubiera sido con él con quien se comunicara para contar sus cosas. Le agradecía a Rachel que le dijera de cada llamada que tenía de él, pero se sentía desplazado, porque después de todo eran hermanos…

–Kurt… ¿eres tú?

–No he cambiado tanto. Ni tú tampoco, sólo que no paras de crecer. –bromeó el chico pálido mientras se acercaba a la pareja con un caminar ligero, igual a como lo recordaba el mayor, con el mismo estilo único en vestimenta y peinado. –Y bueno, ¿cómo estás tú, Finn?

–En… en este momento, demasiado feliz. –dijo mientras se levantaba y rodeaba con sus brazos a su hermanastro, casi haciéndolo desaparecer entre ellos. Realmente era el mejor regalo del mundo, como Rachel dijo. ¿Qué importaba un auto si podía tener a su hermanito con él después de casi más de medio año? El más angustioso de su vida si lo puede decir. –No tienes ni idea de cuánto deseaba verte. Te juro que estaba por contratar a un detective. No iba a casarme sin que estuvieses presente y me dieras esas maravillosas clases de baile que sabes.

–Realmente me halagas, yo también te he extrañado terriblemente. Pero no respiro, Finn.

Sonriendo nerviosamente, el alto retrocedió mientras palmeaba el hombro del otro chico, liberándolo al fin. Rachel, completamente feliz, sólo los miraba con ternura, casi lagrimeando de la emoción. Desde que supo dónde estaba Kurt, y desde que éste, por primera vez desde su separación con Blaine aceptó verles, no dudo en preparar todo para llevar a Finn consigo, siendo las cosas de la boda la excusa perfecta, aunque no del todo una fachada.

Por su parte, Kurt se sentía bien. Al principio, cuando una semana atrás colgó el teléfono, pensó en que quizá fuera una mala idea, quizá aún no era un buen momento para enfrentar las cosas. Sin embargo, era navidad y estando allí, a unos metros de dos de las personas más influyentes para él, su primer flechazo y su talentosa amiga, bueno, eran demasiados sentimientos encontrados, pero predominaba de sobremanera la calidez y familiaridad. Porque parecía que todo seguía siendo perfecto, por un momento, nada era equivocado. Y aquél abrazo fraternal fue lo que siempre necesitó desde que dejó Nueva York, un lugar dónde poder protegerse, porque Blaine ya no era una opción.

–Rachel, pequeña demonio, no me dijiste que vendrías con Finn. –reclamó.

El castaño pasó una mano por su rostro, evitando delatar la expresión de vulnerabilidad de sus ojos.

–Bueno, yo estoy más que agradecido con ella, aunque no quisieras verme, yo realmente lo venía esperando mucho.

–No, no es eso, te repito, me encanta que estés aquí, necesitaba verlos, a los dos, de verdad… es sólo que no hice suficiente comida para la cena, pensé que seríamos solo dos.

–De eso ni te preocupes, compraremos algo de camino a tu departamento, todo estará bien, lo importante aquí es el reencuentro y la sensación de estar en una película donde los protagonistas se unen como un rompecabezas de pocas piezas. –espetó la chica mientras ilusionada, tomaba la mano de ambos y comenzaban a caminar, dejando a la muchedumbre fuera de sus cabezas y de su escena.

El trío de jóvenes pasó una buena velada.

Finn así lo cree, y él sabe que nunca ha sentido tanta paz en una noche de navidad.

Last Christmas

I gave you my heart

But the very next day you gave it away,

This year

To save me from tears

I'll give it to someone special (special).


N/A: Ya sé que me tardé un poco en este capítulo pero, como navidad se acerca he estado pensando en escribir algo para la ocasión, incluso éste creo que se adelantó un poco a la fecha pero igual creo que ya era tiempo de actualizar y sí, no me miren de esa forma, pronto habrá Klaine, de eso se trata esto, sólo que no es tan fácil. Tengan fe, ya verán que cosas buenas llegaran pronto.

~MsEnny