N/A: Hablando de atrasos… vamos, ya sé que me perdí y ya sé que no he subido nada, pero los finales están terminando apenas y me he podido escapar sólo porque hay un día de descanso. En fin, basta de excusas escolares y hay que pasar a lo importante: Agradecer los comentarios. De verdad, hay mucha buena vibra cada vez que veo que alguien se ha tomado el tiempo de leer esto. Siempre me anima y por eso quiero que sepan que lo aprecio.


Titulo: There is a momento

Autora: MsEnny

Fandom: Glee

Pareja: Klaine (Kurt&Blaine)

Capítulo: Cookies.


Capitulo 4 – Cookies.

San Valentín. La fecha de los enamorados había llegado y Kurt se encontraba preparando galletas de corazones, como cuando quería conquistar a Finn en la secundaria y escuchó por pura suerte a su padre, diciendo que a un hombre se le llega al corazón haciendo escala en el estómago. Aquello fue muy marcado para sus planes de conquista, y aunque a Finn le encantaban sus galletas y muffins, es obvio que los resultados no fueron los esperados. Aún así allí estaba él, era catorce de febrero y sus mejillas estaban cubiertas de harina y azúcar, como un soldado de guerra doméstica.

La realidad es que sólo aceptó hacerlo porque Sunshine le miró con ese rostro de chica filipina noble e inocente y bueno, ¿ya saben verdad? El es malo diciendo "no" a la gente. Además ella era ya su amiga, algo que en sus inicios no creyó posible pero sucedió. Y no era tan sorprendente puesto que inclusive Rachel se amistó con ella.

La historia tras ellas era larga, pero se puede resaltar que fue su rivalidad artística lo que las llevó a enemistarte. Suena tonto, pero dejaron de hablarse por un buen tiempo. Y ahora que Rachel vino a Los Ángeles, el comentario salió sin querer. Sunshine Corazón estaba como titular de una escuela de canto en la ciudad y necesitaba un asistente. Ahí es donde él entraba y decidía hacer algo útil con su tiempo libre, se ahorraba entrevistas tediosas y cerradas de puerta en sus narices.

Ella fue muy amable y no puso ningún problema para aceptarle, incluso parecía satisfecha con ello. Y él tampoco se quejaba.

El punto es que los alumnos deben vender las galletas que hagan para poder ir reuniendo dinero para los viajes que podrían hacer si llegan a ganar los concursos de interpretación coral de la ciudad. Juntan ese dinero, más que nada porque es una posibilidad real, todos esos chicos son buenos y Kurt sonríe cada vez que actúan, porque le trae tan buenos recuerdos de su propia adolescencia, la pasión, la rebeldía, el dejarlo todo en ese auditorio… era increíble hacer aquella magia. Fue lo que él era antes, lo que siempre quiso.

No pudo hacerlo por sus problemas personales, pero tener la oportunidad de ayudarles a ellos… se acercaba mucho a sentirse bien consigo mismo.

El teléfono comenzó a hacer su peculiar sonido y el chico, consiguiendo una servilleta de camino, fue limpiando sus manos y parte de su rostro para poder contestar. Levantó el auricular y con una sonrisa contestó.

–Hola.

–Kurt, chico, ¿cómo van esas galletas?

–Tan rápidas como el calentamiento global. –dijo en sarcasmo mientras apoyaba el aparato entre el hueco de su hombro y su mejilla para poder regresar a la cocina.

–Valdrá la pena, Kurt, tus galletas son las mejores que he comido, lo eran en la escuela y seguro ahora son mejores.

–Halagarme no harán desaparecer las horas de trabajo que llevo encima, Sunshine.

–No, pero las hacen más soportables, ¿a que sí? –se burló, Kurt lo sabía, pero se vio sonriendo de igual forma. –De verdad, estoy tan agradecida con Rachel por haberme dicho que estabas aquí, no hubiera encontrado a nadie mejor para ayudarme en el colegio, apenas llevas unas semanas con nosotros y los chicos te adoran.

–Y yo a ellos. Son increíbles, muy talentosos y tan diferentes.

–Lo sé, es lo que más me gusta de mi trabajo. –aceptó ella completamente de acuerdo con su opinión. –Bueno, sólo quería saber si necesitabas algo.

–Todo bien, Sunshine, yo me encargaré y a medio día le daré a los chicos las primeras porciones para que comiencen a vender. – aseguró el chico Hummel.

–De acuerdo, y de nuevo, gracias Kurt.

Colgó y de nuevo volvió a su trabajo. Cortar, decorar, colocar, moldear… sonaba tan sencillo.

Recordaba la primera vez que horneó galletas, fue en navidad, con su madre, sí, pero dominó el arte precisamente en su segundo intento, un San Valentín en el cual había quedado solo en casa y sentía al aburrimiento consumirlo. ¿Qué otra cosa podía hacer en un día como ese? La TV era un completo asco y no se sentía con ánimos de fraternizar con ningún ser humano.

Entonces…


La puerta principal tembló un par de veces, haciendo que Kurt le prestara atención.

No esperaba a nadie esa mañana, sus padres estaban fuera por todo el fin de semana, entonces, ¿quién podía ser? Dudaba seriamente que Finn fuera a volver ese día de casa de Rachel, quien también se quedaba sola, así que las posibilidades eran reducidas.

Con las galletas en el horno, el castaño trastabilló de prisa mientras llegaba a la puerta. Abrió y parpadeó contadas veces para observar al chico frente a él.

Uh, Blaine, hola.

Éste miró fijamente al chico Hummel, con una enorme sonrisa decorando su perfecto rostro.

Hablando de imágenes pornográficas…

Kurt se sonrojó, sabía que Blaine podía ser el chico más educado del mundo, lo era, pero también amaba hacerle rabiar, así que no podía sorprenderse tanto por escuchar ese tipo de comentarios. El castaño frunció el ceño y con la mejor actuación de ofensa se dispuso a cerrarle la puerta en la cara, pero Blaine no iba a quedarse fuera sólo por eso. El pelinegro gimió bajito al sentir el golpe de la puerta contra su pie, pero al menos su objetivo fue un éxito y, haciendo acopio de su fuerza, logró escurrirse hasta entrar a la casa.

Eres un tonto.

Dime algo nuevo, Hummel.

Sonriendo el chico Anderson comenzó a andar por la casa como si nada, como si fuera suya, con la confianza de haber pasado tanto tiempo allí durante tantos años. Kurt lo dejó estar y regresó a la cocina donde tomó un trapo y comenzó a limpiarse lo mejor posible… todo con tal de no darle excusas ni pie a esos comentarios tan vergonzosos. Blaine por su parte sólo curioseaba. La cocina estaba casi tan ordenada como siempre, sólo que no siempre era normal ver tanta masa y moldes en la mesa. ¿Acaso eso en el horno eran galletas?

Quiero. –murmuró mientras observaba de cuclillas los pequeños postres en el horno.

Pues no voy a darte. –dijo el castaño mientras lavaba sus manos y se quitaba el delantal. –Son para Finn y Rachel. Me han dicho que pensaban salir de día de campo y he pensado en regalárselas.

Eso es injusto.

La vida es así.

Uhm… si te invito a un día de campo, ¿me darías galletas?

Creo que la pregunta realmente importante es si yo, en algún momento de locura, aceptaría ir contigo a un día de campo. –le picó con toda intención. Aún no sabía porque, pero pelear con Blaine era como su deporte favorito, casi una meta de vida.

Por su parte Blaine se incorporó, divertido por la plática y, con movimientos ágiles, se posicionó a espaldas de Kurt, apresándolo con sus brazos y recargando la cabeza sobre su hombro. El pálido chico parpadeó algo sorprendido, ladeó la cabeza intentando mirarle y descubrió una sonrisa condescendiente en aquellos labios que, por cierto, estaban demasiado pegados a su oído.

Yo sé que sí aceptarías.

Y yo sé que eres un creído, Anderson. –respondió mientras se dejaba hacer y recargaba parte de su cuerpo contra el de su amigo. Por alguna razón, Blaine hacía ese tipo de escenas demasiado sencillas, demasiado naturales… no había ni pizca de incomodidad en el ambiente. –Pero tal vez si, tienes razón. Sería divertido verte intentando montar la comida en pleno parque… me harías pasar un buen rato.

La sonrisa sincera de Kurt infló el ánimo del pelinegro.

Hazlo más seguido.

-¿El qué? ¿Las galletas? Eres un goloso.

No, reírte… eres la cosa más hermosa y sexy del mundo cuando lo haces… me contagias y me haces querer hacer esto…

Los labios contactaron en una caricia al principio, Kurt ladeó aún más la cabeza para facilitar la acción, los labios de Blaine eran como un elixir para poder transportarse a un mundo donde no hay ruido, solo silencio y paz. Con ello, Blaine podía sentir su hambre crecer, ya ni siquiera por galletas, era más bien que el simple sabor de Kurt combinado con aquellos aromas dulces en el aire, eran perfectos. Había pequeños restos, lo sabía, tal vez porque Kurt ha comido alguna galleta o porque ha trabajado demasiado y no solo sus mejillas han tenido harina… es tan exótico, tan empalagoso que es surrealista.

Blaine… no terminaré contigo distrayéndome. –Lloriqueó fingidamente mientras se giraba entre los brazos del otro y pasaba los suyos por su cuello.

Yo no he hecho nada. –se exculpó mientras miraba detenidamente los ojos claros de su amigo… o más que eso, porque a veces ya no sabía cómo llamarle a lo que tenían… sólo sabía que era especial. –Pero, Kurt, estoy seguro que "Finchel" sobrevivirá sin las galletas. ¿Por qué no mejor te cambias de ropa y te invito un delicioso café y una presentación de los Warblers en el centro?

Kurt rió con la mención del sobrenombre de pareja que tanto utilizaba Blaine.

Claro, entonces quieres que nosotros, "Klaine", pasemos la tarde con tus amigos.

También son tuyos. Ellos te adoran… más de lo que me gustaría, pero no discutiré por ellos, sólo los mantendré al margen de ti.

Estás loco, Anderson.

Prefiero llamarme posesivo antes que loco, pero tienes tu punto. –se encogió de hombros mientras su abrazo se envolvía aún más en la cintura del castaño.

Sí bueno, absolutamente nadie puede decirme a quién pertenezco, nadie tiene ese derecho.

Yo sí.

Kurt levantó una ceja mientras, inconscientemente comenzaba a acariciar la parte posterior del cuello de Blaine, se sentía normal.

Ah, ya. ¿Y qué te ha hecho pensar eso?

El otro chico se mordió el labio inferior y, después de desviar un poco la mirada, inseguro, decidió ser valiente. Decidió implementar su palabra de vida: Coraje.

El hecho de que voy a preguntarte si quieres ser mi novio, porque de un tiempo acá siento que no puedo pasar mucho sin verte y que cuando estoy contigo estas estúpidas mariposas no dejan de fastidiarme el estómago hasta que me atrevo a abrazarte, o darte un beso, o simplemente hacer el ridículo con tal de verte sonreír y que cada día se vuelva el mejor de mi vida. Me temo que por ello.

Blaine, yo… –de pronto Kurt pensó que debería retirarse un poco porque en cualquier momento echaría a correr, ¿de emoción? ¿de miedo? No lo sabía. Sin embargo, aquella situación había imposibilitado sus opciones para actuar porque simplemente estaba allí como una estatua de hielo, sólo mirando fijamente esos ojos cobrizos que comenzaban a envolverlo más y más, sin poder bajar los brazos que disfrutaban rodear la cálida piel del moreno.

Quiero esto, Kurt, todo, contigo, siempre contigo… Y necesito saber qué piensas ahora, quiero saber si debo seguir besándote o simplemente comprender que no estamos destinados a esto.

El castaño se mordió los labios también, sin despegar la mirada de quien ha sido su mejor amigo desde hace casi dos años. Todo era tan surrealista, todo era tan inesperado. ¿cómo saber que mientras él preparaba unas tontas galletas su gran amigo iba a pedirle formalizar algo como eso?

Me amas. –dijo el chico de piel pálida que se enrojecía por sus propias palabras.

Lo hago.

Asintió mientras se afianzaba a él, en un cálido y significativo abrazo.

Bien. Sigue así, Blaine. No vayas a romperme el corazón, porque creo que ya te lo he dado y ni siquiera me enteré.


Sí, aquellos tiempos.

Kurt termina de envolver las pequeñas canastas con galletas de corazones y figuras similares, las coloca en una caja y va a su habitación para darse una ducha rápida y poder entregar aquella encomienda.

Un poco más y se cumplen ocho meses de su separación, aquello que pensó eterno, y terminó más rápido que nunca.

No es, en sí, que llevara la cuenta, sólo era difícil no pensar en lo que Blaine hizo a su vida. En lo que él mismo se provocó por un arranque adolescente. Muchas veces no puede evitar culpar a quien fue su amigo. ¿Quién se había creído? Le ofreció el mundo y tan pronto se sometió a él… desapareció. Blaine lo olvido todo por una carrera que si bien le dio todo a él, a Kurt lo dejó sin nada.

¿Cómo evitar sentirse traicionado? Y sí, esa era la palabra: traición.

Saliendo del baño y colocándose unos pantalones y una sudadera azul el chico sólo se imaginaba años atrás, cuando la moda era su pasión intensa, cuando el cantar era primordial en un dosis de tres veces por día y que hoy no lo hace ni a la semana. ¿Cómo pudo perderse en el camino?

Tal vez era esa contradicción hacia Blaine lo que le ha impedido muchas veces regresar a Ohio y pedirle de rodillas su perdón, una absolución a su abandono, que no debió irse, que quiere estar con él y que todo sea como era… pero por muy pequeña que fuera esa contradicción, definitivamente era suficiente para poner su orgullo muy por encima. De todas formas, no es como si aún tuviera un chance con quien fue su marido. Ya no. Porque Rachel es su mejor amiga ahora, y ella le cuenta cosas.

Y una de ellas es que Blaine no iba a esperarlo por siempre.

Aunque siempre supo que esperar lo contrario era una fantasía, porque él mismo le orillo a olvidarle.

Y lo chistoso es que lo logró.


N/A: Creo que este capitulo no es tan revelador que digamos, pero es algo. Kurt y Blaine se querían, pero la vida es la vida. xD Ok, el melodrama sale de mis poros naturalmente.

¿Alguien va al día con Glee? Yo sí y el episodio de navidad será el mejor regalo del mundo, realmente quiero creerlo! :)

~MsEnny