Second Meeting
Capítulo 2: Inmortalidad
Nunca tuvo la intención de encontrarse en tal situación. No debería haberle seguido. Mucho menos haber hablado con él. Y, desde luego, no deberían encontrarse en aquel lugar.
Eso es lo que Sebastian pensaba mientras observaba al niño que tenía enfrente dar un gran mordisco a lo que él llamaba un "Big Mac".
— ¿Cómo te llamas? –rompió el silencio el chico de cabello oscuro a la vez que mordía por segunda vez su hamburguesa.
El demonio dudó entre responder o no. Resignado, decidió hablar.
Sebastian.
— ¡Mi perro también se llama Sebastian! –dijo riendo– ¡Qué casualidad!
Sebastian suspiró divertido, algunas cosas no cambiaban.
— Y tú, ¿cómo te llamas? –le preguntó, aunque muy dentro de sí ya sabía la respuesta.
— Ciel. –dijo– ¿No comes? Dijiste que tenías hambre.
Sebastian suspiró.
— Se me ha quitado el apetito –respondió con su usual sonrisa.
Y era cierto. El olor de Ciel lo embriagaba, hasta tal punto que minutos antes lo siguiera inconscientemente. No obstante, ahora que se encontraba a su lado entablando una conversación, su necesidad había menguado.
Se trataba de una sensación extraña. Aquel niño era Ciel, pero al mismo tiempo no lo era.
Ciel era reservado, orgulloso y maduro. Este Ciel, sin embargo, era… era un niño.
— ¿Te dijo mi padre que me siguieras?
Sebastian observó como continuaba comiendo con su mentira ya preparada.
A decir verdad, no se esperaba que Ciel aceptara la invitación de un desconocido, por eso esperaba algo como esto.
— Exacto – mintió.
Ciel negó con la cabeza.
— Él siempre quiere protegerme, piensa que por tener trece años y ser el hijo de un importante director de compañía estoy constantemente en peligro.
Sebastian rió. Si el supiera lo cerca que se encontraba el peligro…
— Aun así… – dijo Ciel seriamente – Tu cara me es muy familiar, ¿estás seguro de que no nos hemos visto antes?
— Posiblemente lo hayamos hecho – dijo el demonio.
Ciel le miró con extrañeza en sus ojos.
— Pero deberás recordar tú dónde y cuándo nos vimos por última vez — respondió el demonio casi leyéndole el pensamiento — Por ahora debería llevarte a casa.
El demonio, resignado, decidió acompañarlo. Si el niño tardaba más de lo habitual, o se extraviaba comenzarían los problemas. Estaba decidido. No podía mezclarse con él de nuevo. Todo sería problemático. Por eso decidió que era momento de salir de su vida para siempre, desaparecería tal y como había aparecido. Era lo más correcto.
— Hasta luego – dijo Ciel.
Sebastian se despidió del chico con una sonrisa amarga y prosiguió su camino.
Nunca había tenido pesadillas. Ni una sola.
Durante los trece años de su vida nunca había soñado. Por eso no entendía el por qué de que aquellos sueños aparecieran tan de pronto.
Siempre era lo mismo. Un hombre cuya voz recordaba tan cercana y un rostro borroso.
Todo era oscuro.
— Si Lady Elizabeth supiera lo que hace por las noches con un simple mayordomo, ¿qué cree que opinaría?
— Me importa bastante poco lo que opinaría, —decía la otra voz— puesto que no lo sabrá nunca.
Ciel despertaba todas las noches sobresaltado. Mentalmente se preguntaba una y otra vez a quienes pertenecían aquellas voces que le eran tan familiares. Aunque siempre era en vano.
— Se lo que has hecho Sebas-chan –dijo el pelirrojo con su usual voz cantarina.
El demonio calló.
— Will se enfadara mucho cuando lo sepa. – continuó – ¡Prometiste no inmiscuirte en su vida!
El silencio continuó por parte de Sebastian.
— Por tu culpa ese chico está soñando cosas que no debería.
— ¿Está recordando? – preguntó Sebastian, irrumpiendo por primera vez en la conversación.
— Sí – dijo Grell.
Los habitantes de la ciudad paseaban despreocupadas por las calles, ajenas a la conversación que estaban teniendo en aquella cafetería.
— Tengo que irme, – el Shinigami se levantó de su asiento – tengo una misión.
Los dos se despidieron silenciosamente y Sebastian aguardó un poco más en aquella cafetería.
Cuando su joven amo murió, tomar el té con un amigo se había vuelto algo rutinario. Una vez al mes, al año tal vez. Era agradable entablar conversación con alguien conocido. Por eso, el dios de la muerte acudía cada primero de mes a aquella cafetería a brindarle compañía.
A veces el demonio hablaba. A veces no. Pero siempre era puntual a su cita. Tal vez, tras tantos años, la soledad le afectaba, aunque solo fuera un poquito. Por eso, Grell sabía, que tarde o temprano volvería a buscar a ese niño.
Tal vez, la inmortalidad no fuera tan buena como pensaban los humanos.
Fue un año más tarde cuando se volvieron a ver.
El demonio aguardaba en las afueras del colegio, observando como uno a uno los alumnos se apresuraban a llegar a sus casas. Por fin, tras dos o tres minutos, Ciel apareció.
Se encontraba de nuevo con aquella chica que guardaba un gran parecido con su anterior esposa, caminando con la gracia y el porte de un conde.
Ciel lo miró por fin. Lo miró con esos ojos tan idénticos a los de su joven amo, y dijo:
— ¿Tienes hambre? Porque yo sí.
El demonio sonrió y sintió de nuevo que la inmortalidad no era tan mala como parecía.
No si podía encontrarse de nuevo con él.
¡Por fin actualizo! Ni siquiera sé cómo me ha quedado el capítulo porque estos días he estado muy falta de inspiración. Lo he escrito casi a la fuerza xDD
Muchas gracias a las personas que han añadido mi fic a favoritos o lo están siguiendo, en serio, es un honor para mí.
Como siempre digo, los review hacen que me anime a escribir más, por eso, si has llegado hasta aquí deja uno, estaré encantada de responderlo ^_^
