Second Meeting

Capítulo 3: Miedo

— ¿Tienes hambre? Porque yo sí.

El demonio sonrió y sintió de nuevo que la inmortalidad no era tan mala como parecía.

No si podía encontrarse de nuevo con él.


— ¿Por qué presiento que me estás ocultando algo, Grell Sutcliff? —cuestionó William posicionándose delicadamente sus gafas con el dedo corazón.

El pelirrojo se sobresaltó. Lo había descubierto.

— ¿Qué podría estar ocultándote?

El Shinigami pelirrojo sonrió con nerviosismo mientras su acompañante no paraba de ordenar los papeles de su escritorio.

— Cierto asunto con la reencarnación de un pasado conde, ¿tal vez?

— ¿Me crees capaz de ocultarte algo así? —Grell rió nerviosamente mientras pasaba las manos por la espalda de William.

— Sí, — dijo apartándolo —siempre ocultas cosas cuando se trata de ese demonio.

Los dos mantuvieron el silencio durante unos segundos.

— ¡Me encanta cuando te pones celoso! — el pelirrojo se abrazó de nuevo a él de forma alocada.

— Cállate —dijo el pelinegro a la vez que intentaba, fallidamente, apartarlo.


— ¿Por qué será que siempre terminamos igual?

— ¿A qué te refieres? —preguntó el demonio.

— Desde hace dos años, una vez a la semana, siempre terminamos en la misma hamburguesería, yo comiendo mi hamburguesa con queso y tú… haciendo nada.

Sebastian mantuvo su silencio.

— Nunca comes —prosiguió Ciel— Nunca hablas más de lo normal. Solo te sientas en frente de mí, me miras mientras como y sonríes. ¿Por qué? Y no me vengas otra vez con el cuento de que te ha enviado mi padre.

Sebastian sonreía entre sorprendido y curioso.

— ¿Cómo lo supiste? —preguntó.

— Mi padre murió hace año y medio. Obviamente no podría haber mandado a nadie para cuidarme.

Silencio de nuevo.

— No has respondido a mi pregunta, Sebastian.

El, ahora adolescente, continuaba mordisqueando su hamburguesa cuando el mayor contestó.

— Digamos que te pareces a alguien que conocí.

Las personas continuaban caminando de un lado para otro en aquella hamburguesería, y sin embargo Ciel sintió en aquel momento que solo existía la persona que tenía en frente.

— ¿Era importante para ti? —preguntó.

— No lo sé —respondió con indiferencia.

El bullicio continuó.

— ¿Le querías?

— No lo sé.

Ciel supo que aquella respuesta era una mentira.


— ¡Vas a hacer que tenga problemas, Sebas-chan!

Sebastian sonreía.

— Se te enfría el té —dijo.

El Shinigami tomó su taza y bebió.

— ¡Will lo sabe, y no le gusta! ¡Está enfadado! ¡Te dije que no te acercaras a su alma, solo te pedí eso, y tú no hiciste caso!

El rostro del demonio se torno serio.

— Gracias a él los días pasan rápido.

El dios de la muerte suspiró.

— Desde que lo vi mi vida es más entretenida. No siento la necesidad de devorar almas todo el tiempo. Ni siquiera deseo dañar a nadie.

— Tal vez… —dijo el pelirrojo— William podría darte un permiso especial… Con la condición de que no hagas ningún contrato.

— Tal vez.


— ¿Por qué siempre te recoge ese hombre los viernes? —preguntó Lizzy observando el coche negro estacionado en la salida.

No lo sé.

— ¡¿No lo sabes? —gritó— ¡Podría ser alguien peligroso!

— No creo, hace ya dos años que lo conozco.

La chica volvió a mirar por la ventana.

— ¿Era amigo de tu familia?

— No lo sé —respondió recogiendo sus libros.

— ¿Cuántos años tiene?

— Tampoco lo sé.

— Elizabeth dudó.

— ¡¿Entonces por qué vas con él?

— Sebastian es… divertido.


— ¿Se siente nervioso? —preguntó el hombre vestido de oscuro.

— ¿Por qué debería de estarlo?

— Mañana es su boda — sonrió.

El mayordomo le entregó lo que parecía ser un delicioso pastel de chocolate.

— A partir de ahora deberás ser cuidadoso, —el conde se llevó un trozo de pastel a la boca— Elizabeth es inteligente. Podría sospechar algo.

— Siempre soy cuidadoso, amo. —dijo—Aun así, hay cosas que no se pueden ocultar, tal vez debería ser usted el que sea cuidadoso y no yo.

El Conde lo miró con desprecio.

— Esta noche no requeriré de tus servicios, Sebastian Michaelis.

El mayordomo sonrió.


Ciel despertó sobresaltado.

Observó su reloj. Las cuatro y media de la mañana.

Sebastian Michaelis. Aquel nombre resonaba en su mente.

Desvelado como estaba, decidió abandonar la cama e intentar realizar alguna actividad productiva. Se acercó a su escritorio dispuesto a leer algún libro cuando observó la luz parpadeante del monitor de su ordenador.

Tal vez… —se dijo para sí mismo.

Introdujo aquel nombre en el buscador de internet con cierto miedo.

A los pocos segundos una foto inundó parte de la pantalla.

No puede ser.

Sebastian Michaelis, —leyó— se le conoció como el fiel mayordomo de Ciel Phantomhive, conde de gran prestigio, que habitó Inglaterra durante mediados del siglo XIX.

Según investigaciones, el mayordomo Sebastian Michaelis, desapareció momentos después de la muerte del Conde, tras servirle de forma apropiada durante toda su vida.

Otras fuentes menos fiables especulan sobre una posible relación entre el conde y el mayordomo. Aun así, Ciel Phantomhive permaneció casado con la duquesa Elizabeth Ethel Cordelia Midford, con la que tubo descendencia.

Hay gran variedad de leyendas acerca de este misterioso mayordomo. Según cuentan, Sebastian Michaelis fue y sigue siendo un ser maligno, un demonio que arrastró al conde hacia las tinieblas y hundió a su familia en la oscura maldad.

A día de hoy, aún no hay indicios acerca de la muerte de este hombre, no encontraros restos de su cadáver.

Ciel temblaba desde su asiento al observar la foto en la pantalla.

En ella, se encontraba Sebastian Michaelis junto al joven conde.

En ella estaban Sebastian y el mismo.

Un escalofrió recorrió su columna.

No estaba solo en la habitación. Observó cómo alguien o algo se reflejaba en la ventana.


Siento haber tardado tanto en actualizar, me fui de viaje y acabo de volver. ¡Muchas gracias por todos los reviews! Me siento gustosa de contestarlos uno a uno, hacen que mis ganas por continuar la historia aumenten.