Second Meeting
Capítulo 5: Soledad
Sebastian se adentró en lo que ahora sería su nuevo hogar. Cerró la puerta tras de sí y avanzó por el largo pasillo. Ya sabía lo que ocurriría, así que cuando vislumbró al que fue en otro día su amo en su sala de estar no se sorprendió en absoluto.
— Bienvenido Sebastian —le dijo con su mirada altiva.
Sebastian suspiró ignorando la mirada azulina del niño.
— ¿Piensas ignorarme cada vez que nos encontremos?
— Así es —respondió sin ánimos—. Tal vez así se canse de perseguirme.
— Tu empezaste —refunfuñó—, cuando aún no entendía quien eras, ¿recuerdas?
El demonio avanzó hasta su habitación sin responderle al adolescente.
— ¿No piensas hablarme?
— No —dijo secamente.
— ¡Quiero respuestas! —gritó el adolescente frustrado.
— Y yo paz y tranquilidad —sonrió mordazmente—, pero no se puede tener todo en la vida.
— No me iré hasta que respondas a mis preguntas —dijo Ciel ocupando el mullido sofá del salón.
— Puede esperar sentado entonces —finalizó abandonando la habitación.
— ¡Will! —llamó el Shinigami de pelo rojo al moreno con un tono de voz dulce— ¡Vamos a dar un paseo!
El moreno se ajustó las gafas son el dedo índice y continuó ojeando el papeleo.
— No puedo, tengo trabajo que hacer.
— ¡Siempre con el trabajo! —lloriqueó— ¡Nunca tienes tiempo para estar conmigo!
Es lógico que no tenga tiempo si tengo que hacer todos los días mi trabajo y el tuyo —respondió aun sin apartar la vista de las hojas—, si hicieras tu trabajo podría pasear tantas veces como quisiera.
Grell recapacitó y suspiró.
— No importa —dijo al fin—, me encanta estar con Will en la oficina.
William emitió una suave risa.
— Prefieres estar encerrado sin hacer nada a hacer tu trabajo y salir más tarde —respondió divertido—. Eres increíble.
Los segundos y los minutos transcurrieron lentamente mientras que William garabateaba sobre aquellas hojas en blanco y Grell le observaba sin apartar su mirada de él.
— ¿Por qué le devolviste los recuerdos a ese niño? —preguntó al fin después de mucho pensarlo.
El Shinigami de pelo negro paró de escribir durante una milésima de segundo, acción que fue notada por el de pelo rojo.
— Creí que no debíamos inmiscuirnos… —prosiguió.
— Por culpa de ese demonio, el niño estaba comenzando a recordar por medio de sueños —respondió con un tono de voz armonioso—. Ese demonio al que tu llamas Sebastian lo acechaba día sí día también, y aunque él negara que deseaba hacer un contrato, realmente lo hubiera hecho en un futuro próximo.
— Pero…
— El ansía su alma, por eso pensé que si aquel niño recuperaba sus recuerdos el demonio lo terminaría repudiando.
William prosiguió observando y pasando las hojas que se encontraban sobre su mesa.
— Lo que no entiendo es por qué no devoro su alma por completo cuando tuvo la ocasión hace siglos —dijo William.
Grell suspiró.
— No lo sé.
Fue un primero de mes cuando el Shinigami de pelo rojo se decidió a llamar al demonio con la excusa de acordar su cita para tomar el té.
El móvil de Sebastian sonó desde la repisa de color negro que se encontraba junto al sofá donde reposaba Ciel. Fue curioso y divertido para él averiguar que el demonio poseía un teléfono móvil ya que, dada la imagen que aún conservaba de él en el pasado, era extraño verlo utilizando un aparato de comunicación.
Notó como el pequeño teléfono vibraba desde el tercer estante, así que, aprovechando que Sebastian había salido de nuevo sin notar si quiera su presencia, se dispuso a contestar.
— ¿Diga?
— ¡Mi querido Sebas-chan! —gritó el pelirrojo a través del auricular produciendo un escalofrío en el adolescente.
Ciel resopló llevándose una mano a la frente.
— Espera… —dijo Grell— ¡Tú no eres Sebas-chan!
— No —respondió Ciel sin muchos ánimos—, él no está. Se olvidó el móvil, o tal vez lo dejo a conciencia, quien sabe.
Hubo un minuto de silencio por parte del Shinigami en el que Ciel maldijo una y otra vez al destino por tener que hablar una vez más con aquel extraño ser.
— ¿Y qué haces en su casa mocoso? —dijo de una vez por todas el dios de la muerte con cierto tono exaltado.
Ciel pensó en la respuesta, y decidió que si el destino le había jugado esa mala pasada, tal vez no le vendría mal divertirse un poco molestando al de ojos verdes.
— Lo estoy acosando —dijo con tono mordaz—, y a él no parece molestarle mucho.
Silencio de nuevo.
— ¡Eres un niño odioso! —gritó al otro lado del auricular.
Ciel rió internamente, pero la diversión le duró poco al observar al demonio a su espalda. El de ojos carmesí le arrebató el teléfono de forma poco elegante.
— Soy yo —dijo con tono seco a la vez que Ciel volvía al sofá mirándolo con odio.
El de ojos azulinos se revolvió en su asiento mientras el demonio hablaba.
—Sí, —le escuchó decir—, está bien. Mañana a las cinco en la cafetería de siempre. Adiós.
Sebastian guardó el teléfono en uno de sus bolsillos y, como había hecho todos estos anteriores días, ignoró por completo a Ciel.
— ¿Ahora pasas el tiempo saliendo con Shinigamis? —preguntó Ciel con un tono cargado de odio— Que bajo has caído.
Sebastian abandonó la sala dejando a Ciel en la más fría soledad.
¡He vuelto! Dije que volvería y así lo he hecho, como ya dije no pienso abandonar el fic, solo me tomo mi tiempo para que la inspiración venga y todos los capítulos sean dignos de leer.
¡Muchas gracias por vuestros reviews y por leerme!
Esta vez espero no tardar tanto en subir un nuevo capítulo ^_^
