Disclaimer: Personajes de Suzanne Collins.
Acá escribo la segunda parte, a pedido. Me di cuenta que en el primer capítulo no cerraba la historia y aparte, tuvo buena crítica.
Notas: A la hija de Katniss y Peeta la llamé Prim. Y al hijo, Cinna. Necesitaba ponerles un nombre. Y aquí va...
II
Son las ocho y media de la mañana del día siguiente. Katniss corre hacia la habitación de sus hijos porque escucha gritos provenientes de su hija, Prim. Si hay algo de lo que lamenta Katniss es que viva con pesadillas como ella, porque su hija no debe pasar por lo mismo. No se lo merece. Katniss siempre le canta una canción y eso la calma internamente, para que pueda descansar otra vez.
Lo que más le asusta es no poder hacer algo por ella; no existe un remedio o calmante que no sea la voz, porque así creció Prim.
—Shh, hija, calma —le dice Katniss abrazándola y acariciando su pelo rubio. De reojo mira a su hijo, que curiosamente observa desde la cama, para ver si su hermana puede tranquilizarse. Porque como Katniss, él tampoco quiere que viva recuerdos de los que no le pertenecen. —Duerman un poco más. En una hora los levanto para desayunar —les da un beso a cada uno y se retira de la habitación.
Al salir, Katniss se dirige directamente a la cocina donde encuentra a un Peeta adormilado cocinando pastelitos para todos. Apenas pronuncia un "¿Está Prim bien?" A lo que Katniss le responde "Como siempre".
Prim sueña pesadillas cada dos o tres veces por mes. Pero todas son intensas, como si hubiera nacido una nueva Katniss.
. . .
Peeta y Katniss saben lo que les depara el día de hoy: mostrarles el libro a los niños y además, contarles lo sucedido en aquellos Juegos del Hambre. Ya había llegado el momento y cuanto más tarde, peor. Aún así, aunque sus hijos ya sepan un poco de la historia, por la escuela, ambos saben que expresado por ellos, los niños lo entenderían mejor.
Cuando sus hijos se levantan, los cuatro desayunan tranquilamente, Cinna contando que soñó que cabalgaba con caballos sobre una pradera bellísima, Prim pidiéndole a su padre que le enseñe a cocinar pastelitos y Katniss reía de como Cinna hacía pucheros porque su padre y su hermana no lo escuchaban.
—Niños —comienza a decir Katniss—, papá y yo debemos contarles algo, de lo cual sabemos que llegó el tiempo indicado y no se debe ocultar más —tomó una pausa y continuó—. Peeta, por favor, trae el libro.
Peeta se levantó de su asiento y tomó el libro que tienen guardado en un armario. Decidido, abre la primera página, una fotografía de Katniss y Peeta ganadores de los Septuagésimo Cuartos Juegos del Hambre, y Katniss nota que en sus manos llevaban aún las bayas y sonríe para sí.
Peeta comienza a hablar.
—Como saben, mamá y yo nos conocimos a la edad de cinco años. Y a partir de la finalización de los Juegos del Hambre, hablábamos siempre. Ésta foto que ven acá es el fin de los primeros Juegos. Ambos decidimos actuar frente al Capitolio de que nos tragábamos las bayas, porque como había sido siempre: no podían haber dos o más ganadores. El Capitolio decidió por fin, dejarnos de ganadores a ambos. A partir de ese momento empezó la Revolución.
Peeta dio vuelta la hoja. Esta vez era un escrito sobre la Arena, donde Katniss escribió unas palabras antes del matrimonio de Finnick y Annie.
Katniss tomó la palabra esta vez.
—Se los voy a leer. Aquí estoy con Buttercup, el gato que tanto detesto. Aún me pregunto como Prim puede vivir con él, pero me siento satisfecha de que tenga a alguien con quien permanecer viva. Me he dado cuenta de que Prim está creciendo sin mí, de que yo me alejo de mi familia, sin causa y sin motivo. Finnick y Annie están a punto de casarse y yo me siento celosa, Finnick tiene a quien amar, Annie también. Todos se sienten entusiasmados en la idea de un matrimonio entre tantos sucesos. Yo lo único que puedo hacer es sonreír. Por ellos. Ya ni recuerdo la última vez que sonreí. K.
Los chicos se quedan callados. Si hay algo que aprendieron es quedarse mudos en momentos así, donde las palabras no llenan el vacío de los recuerdos. Peeta asiente, dándole a entender a Katniss que podrían dar vuelta de página.
Lo siguiente, es una pintura de Peeta, un bosquejo más que nada. De un sinsajo. Katniss nunca supo cuando él lo dibujo, pero a pesar de ser un dibujo sin terminar, era sumamente parecido y lo hacía recordar a su padre.
—¡El ave que vimos ayer! —Gritaron los niños—, el sinsajo.
Katniss y Peeta sonríen. No hay palabras para algo que ya lo saben. Dan vuelta la página, una carta del padre de Katniss para su hija.
—Oh por Dios —Katniss toma la carta y la lee, no era tan larga, sólo saludaba a Katniss por su tercer cumpleaños. —Querida hija, ¡feliz cumpleaños! Ya tienes tres años y aún no puedo creer como pasa el tiempo. Creía que era ayer cuando te tuve por primera vez en brazos. Recuerdo la primera vez que reíste, que lloraste, que te cantamos con mamá tu primer "Feliz Cumpleaños". ¡Feliz día, y que cumplas muchos más!
—Siempre quise conocer al abuelo —dijo Cinna—. De seguro fue una persona increíble.
—Lo fue —dijo Katniss—, siempre fue mi ejemplo a seguir.
—Papá... ¿Qué es lo que tienes en tu mano? —preguntó Prim.
Katniss y Cinna voltearon a ver a Peeta. Lo que tiene en su mano es una fotografía, al principio no se ve que es, pero después lo muestra: una fotografía del nacimiento de Prim, la morocha en brazos de Katniss. Peeta la había sacado.
Katniss sonríe.
Peeta se levanta de su asiento y busca entre los cajones de un mueble un portarretrato y puso la fotografía junto con otras más: La familia de Peeta, la de Katniss, una de Primrose Everdeen, una de Prim aprendiendo a caminar y otra de Cinna en su primer día de clases.
—Niños, hasta acá terminamos. Mucha información por un día, mañana seguiremos —dice Katniss. Mira a Peeta de reojo y se dirige con Prim y Cinna hasta la habitación de ellos. Toma a los chicos y entre los tres se sientan en una alfombra blanca que queda cerca de la cama de Cinna y les dijo: —Prim, especialmente a ti, les quiero contar algo breve sobre mis pesadillas. No es un tema delicado —explica mirando directamente a su hija—, porque a pesar de que hayan pasado años, aún sigo teniéndolas, porque no me van a abandonar aún. Prim, las tuyas son menos comunes que las mías, pero sueñas pesadillas que no te pertenecen, porque son recuerdos míos. Pero debo agradecer —toma a Prim en sus manos— de que te suceda pocas veces en un mes. Mis... Mis pesadillas fueron desde siempre, pero los Juegos las intensificaron aún más. Niños muertos, mi padre, mi madre, Prim, los Juegos, los mutos, todos, todos ellos pertenecen a mis sueños todas las noches. Pero ya vivo con ellas y hasta mi último día —Katniss se levanta y con un beso en la frente a cada uno de sus hijos, y al final dice: —Los amo.
Al salir de la habitación, Katniss se encuentra con Peeta cerca de la puerta. Ambos se miran y junto con un movimiento de cabeza Peeta dijo:
—¿Podrán vivir con la realidad?
—No tienen otra alternativa. Saben que nosotros estaremos siempre con ellos, pase lo que pase.
Peeta le toma la mano a Katniss en señal de "Todo estará bien". Mientras que la vida la pasan con lo último que les queda: sus hijos.
Listo. Creo que por fin la historia quedaría terminada. Faltan un montón de cosas que Peeta y Katniss deben contar a sus hijos, pero no quiero entrar en muchos detalles. Sólo lo fundamental.
Gracias por los reviews que recibí en el capítulo anterior. Y por los alertas y favoritos. Realmente me sentí muy contenta con cada uno. ¡Gracias de nuevo!
