Capítulo XXVI
El ciclo lectivo llegó a su fin, Cartman se había estado preparando con mucha dedicación aquel último mes para poder rendir una materia cosa que resultó de una manera muy satisfactoria, aunque el sólo hecho de tener que salir y afrontar tener que ver gente o intentar hablar nuevamente fue un trabajo muy duro que tuvo que tratar en terapia con Belén desde mucho antes; sin embargo finalmente esa situación había mejorado y había hecho un excelente progreso. Ahora regresaba a casa, contento por haber sacado un ocho.
Sabía que ese mismo día Kyle también había tenido que rendir un examen, sólo que mucho más temprano que él, pero se habían despedido al mismo tiempo porque Cartman quería dar su último repaso general en la biblioteca. No sabía con qué podría encontrarse al momento de llegar y dio cuenta que Kyle no respondía a sus mensajes. Un poco preocupado como estaba se apresuró a entrar apenas llegó. Había tomado el autobús para poder llegar aún más rápido, y en el momento en el que entró dio cuenta que no estaba en la sala de estar, comedor, o cocina. Su gata fue a recibirlo como siempre y le dejó un mimo en su cabecita y dio cuenta que no tenía alimento. Le pareció raro, suponía que Kyle había tenido que llegar antes de él por lo que tendría que haberlo cambiado, a no ser que se haya demorado.
Suspiró por no poder compartir su logro tan pronto como él quería, y fue hacia la habitación para poder desvestirse y ponerse algo más cómodo, pero cuando entró a ella vio a su pareja tendido en la cama y se lo notaba pálido. Se acercó hacia él sin perder el tiempo.
—Kyle, ¿qué te pasó? —Preguntó.
—Me dio fiebre cuando terminé el examen. —Respondió con apenas un hilo de voz. Se lo notaba congestionado, y si bien los cambios de temperatura durante esos días habían sido frecuentes, pensó que no lo fueron lo suficiente para tratarse de una alergia, debe haber sido por todo el estrés. — ¿Podrías ir a la farmacia por mí? —Dijo, para luego toser.
—Está bien, ¿qué te compro? ¿seguro que no quieres ir al médico?
—No, no, no quiero. Me pasa siempre. Cómprame unos analgésicos, vitamina C y un remedio para la tos. —Indicó él. Su cabello estaba despeinado y sus rulos parecían jugar en la almohada. A Cartman esa situación le producía un poco de ternura, después de todo todos aquellos meses atrás trataron de Kyle cuidándolo a él y que la situación se invirtiera le entusiasmaba un poco, por fin llegó la hora en la que él se luciría. Sonrió con la indicación y acarició torpemente los cabellos ajenos.
—Vuelvo enseguida. —Dijo Cartman y salió con un poco de prisas. Kyle se quedó en la habitación esperando y decidió que trataría de dormir un poco para intentar aliviarse.
Cartman llegó a destino al poco tiempo, nuevamente había tomado el bus ya que caminar no era de las mejores opciones, aunque en otro tiempo habría ido hasta corriendo con tal de poder caminar. Hizo la fila para poder pedir la medicación, no había mucha gente pero aún así tendría que esperar, hasta que por fin fue su turno y la mujer que lo atendió le consiguió toda la medicación correspondiente. Cartman había procurado no olvidar nada. La mujer fue muy amable por lo que le agradeció y fue a caja a pagar. Mientras pagaba empezó a notar que ocurría una situación a sus espaldas y es que otra fila había empezado a formarse. Atrás suyo un grupo de niños habían pasado jugando y gritando y empezaron a usar la balanza, cada uno de ellos y en fila, una vez que terminaron se fueron del lugar a seguir con sus juegos en la calle, parecía ser que sólo habían entrado siendo presas de la curiosidad. Cartman se quedó mirando la balanza una vez que volteó y se aproximaba a salir. Recordó que la última vez que se pesó fue hace tantos meses atrás, durante su internación, que se sintió extraño siendo que había llegado al punto de pesarse todos los días. Recordó el uso de su cuaderno y por un instante todos los episodios en los que se cortaba, llegando incluso a su intento de suicidio y se estremeció. Empezó a sentirse cada vez más nervioso y cómo los pensamientos poco a poco se aproximaban a salir de nuevo. La balanza lo llamaba y como nunca, empezó a sentir la urgencia de pesarse, aquella que hace tanto había tratado de ignorar. La miraba nervioso y se había parado a su par sin prestar atención por si la otra gente lo estaban observando como un bicho raro.
Empezó a sentir que su escenario simplemente se había reducido a esa balanza y él, como si fueran los únicos en el establecimiento. Sus manos empezaron a sudar y transpiró las manijas de la bolsa de la farmacia y a la otra la limpió en su pantalón. Finalmente, suspiró. Había hecho un esfuerzo por ignorar el impulso pero no había podido detenerlo y sin demorar más se subió a aquel aparato, apoyando antes la bolsa sobre el suelo a su lado para que no marcara una diferencia en su peso.
Si decía que no se sentía profundamente decepcionado estaría mintiendo. La balanza marcaba no sólo el resultado de su medicación sino también cómo el efecto rebote había empezado a cobrar realidad. Después de todo hoy por hoy comía todas las comidas y podía aventurarse a admitir que incluso un poquito más. Ya no llevaba ese conteo obsesivo, ni mucho menos volvió a vomitar. Todo ese tiempo había tenido bajo control sus pensamientos pero en ese momento sintió deseo de volver a sus prácticas e incluso pensó que quizá había sido un tonto por pensar en mejorar. Se bajó de la balanza sintiéndose exhausto, y tomó la bolsa que estaba sobre el piso. Sí había dado cuenta antes de que había subido de peso, su ropa holgada ya empezaba a quedarle bien nuevamente y algunas de sus prendas que usaba hace meses atrás le quedaban ya chicas, pero ver expresado el número, haber visto su aumento cuantificado era algo que simplemente golpeaba diferente. Sintió el impulso de caminar para volver y así hacer algo de ejercicio, y estuvo a punto de hacerlo hasta que recordó que quien lo esperaba era Kyle, un Kyle débil en cama, que casi no podía moverse y tuvo que replantearse ese deseo.
Kyle todo ese tiempo lo había estado acompañando. Recordó el momento en el que estudiaban y cómo le preguntó por sus marcas y cómo estas le habían llamado la atención y mientras caminaba hacia la parada del autobús intentó buscar un rastro de aquellas en sus manos, sin encontrarlas. Por fin habían cicatrizado. Recordó como su piel era tan reseca que sus dedos llegaban a pelarse apenas y cómo la sensación era tan incómoda, especialmente incómoda cuando dejaba crecer un mínimo sus uñas y al poco tiempo se hacía vomitar.
Ah, vomitar.
Pensó en ello y en aquel sentimiento de vacío que atravesaba su estómago al poco tiempo de hacerlo; recordó el sabor del ácido estomacal que quemaba su garganta y el sabor de los chicles de menta que comía inmediatamente después, al igual que su mal aliento y el ruido de la ducha para tapar cada sonido. Pensó en Kenny y cómo nunca lo había descubierto y cuán arriesgado había sido eso por todo ese tiempo. El autobús llegó y se sentó en un asiento. Apoyó su cabeza contra el cristal de la ventana y mirando hacia afuera siguió recordando.
¿Cómo era ese sentimiento de delgadez? ¿Aquel por el que era capaz de morir? No lo había olvidado, al contrario, quizá era lo que más extrañaba de todo ese tiempo. La satisfacción que sentía y lo disciplinado que presumía ser fueron cosas que durante su recuperación no volvió a encontrar, o al menos no de la misma manera. Suspiró pesadamente.
¿Y qué tenía para decir sobre sus cortes? Aquel sentimiento de la sangre tibia resbalándose por su piel era una sensación única de la que tan sólo sus cicatrices eran testigo, pensó en cómo sería volverlo a hacer pero dio cuenta que teniendo a Kyle en su vida sería muy difícil de disimular. ¿Es que Kyle se había convertido en un problema para él? Bueno, no, no era de esa manera. Kyle lo había ayudado mucho, estuvo muy atento a él incluso desde el primer momento y tarde o temprano se enteró de todas las conversaciones con Stanley y cuánto se había preocupado. ¿Pero él realmente en algún momento quiso ser ayudado?
Claro que sí lo quiso, se había intentado suicidar joder, ¿por qué pensaba sobre todo eso justo ahora?
Nunca se puso a pensar seriamente sobre qué había significado su intento de suicidio. La psicóloga le había conversado sobre la opción de que se tratara de un intento de llamar la atención, cosa por la que se ofendió al principio pero de la que luego dio cuenta que no sería tan raro, después de todo había estado transitando un camino muy duro y lo había hecho todo él solo, tenía gente a su lado pero ni siquiera daban cuenta de él, o al menos no hasta el momento en el que llegó Kyle, pero luego de la discusión... tal vez con su muerte quería cambiar algo, o tal vez simplemente no pudo soportar más. Lo que sí quiso y daba cuenta de ello es cuanto deseó que Kyle lo recordara. Lo deseó tanto, con todas sus fuerzas, que a día de hoy volver a recordar ese sentimiento le producía escalofríos.
Realmente estaba agradecido con aquel joven pelirrojo, ¿cómo no estarlo? Lo había acompañado tanto. Recordó su intento de suicidio y cómo se había sentido, recordó sentirse tan dormido, tan débil y cómo estuvo ahogándose en la tina hasta que golpearon su pecho con insistencia. Recordó los ruidos y los pedidos de auxilio que apenas se animaban a retumbar en su cabeza, pues casi ni los había sentido realmente, para él todo ese episodio se sentía como un sueño y el haber sido capaz de salir de ese pozo tan bajo en el que había caído le parecía surreal. ¿Cómo podía ser que se había intentado suicidar y al no tanto tiempo haya estado internado jugando al Uno con una pandilla de desconocidos? Bueno, ya no eran desconocidos, se habían transformado en sus amigos de internación pero aún así le parecía rarísimo, ¿y qué tal el haber salido de fiesta con Stan, Kenny y Kyle? o incluso los besos en el hospital con Kyle llegaban a parecerle tan raros que le daba un poco de impresión.
Pero, ¿cómo más iba a ser sino? ¿No es lo que todos dicen? ¿que la vida sigue? La de él había seguido. El mundo no se paró a esperarlo, el mundo siguió girando y casi no tenía sentido, pero porque nunca hubo tal sentido. Él no era el centro de las cosas, por lo que había sufrido no todos se pondrían a llorar a su lado, pero mirándolo de otra manera, todo lo que había pasado no significaba que no sería capaz de levantarse de nuevo, y eso ¿no estaba bien?
Dios estaba malditamente bien. Era genial. Había pasado por todo un infierno que su mente lo había condenado y ahora estaba en pie, seguía con vida, ¿eso no era genial? Quien dijera que no era genial podía hacer una fila e ir directo a chupársela. Él sabía que era genial. Pasó todo ese tiempo luchando por algo que era sencillamente GENIAL y con todas sus letras. Bajó en su parada y se aproximó a su hogar, con las llaves en mano para poder abrir.
Él, Eric Theodore Cartman había caído lo más bajo que una persona podía caer. Y salió de toda esa mierda. Y fue triunfante, mantuvo la frente en alto, supo levantarse y muchas manos le fueron tendidas para poder ayudarlo. Él era un resiliente. ¿Qué mierda era resiliente? Bueno, no lo sabía del todo, pero era una palabra que escuchó tanto en el hospital que pensó que era genial y que aplicaba a él. Él decidía llamarse resiliente. Luego buscaría el significado o se lo preguntaría a Kyle, ya que él sabe tanto.
Abrió la puerta y se adentró a su hogar. Sin perder más tiempo se dirigió a la habitación y dejó la medicación en la mesita al lado de Kyle. Fue a buscar un vaso con agua de la cocina y volvió enseguida para dejárselo en aquel mismo lugar y suavemente movió al mayor desde sus hombros, llamándolo tranquilo. Kyle poco a poco abrió sus ojos y le sonrió sutilmente.
—Volviste. —Dijo Kyle. Cartman sonrió con lágrimas disimuladas en sus ojos y asintió. Se sentó a su lado en la cama y Kyle poco a poco se reincorporó para tomar sus medicinas en el orden correcto.
— ¿Ky?
—Dime.
— ¿Qué significa resiliente?
—Una persona que pasó por mucho y puede readaptarse, transformarse.
—Vaya...
*.*.*
Kyle estaba casi recuperado, ya podía salir de cama y fue Cartman quien había estado cuidándolo con mucha dedicación. Cada noche preparaba distintas sopas para él y durante el almuerzo se centraba en prepararle sus comidas favoritas, especialmente pastas o comida árabe, que al pelirrojo tanto le encantaban.
Con sus pasos desgarbados se acercó hacia él y lo abrazó por detrás, Cartman al inicio se removió un poco entre sus brazos pero terminó por voltearse para besarle, dejando de lado la sartén que tenía en manos. Kyle sonrió y se fue a sentar a la mesa segundos más tarde, esperando que Cartman sirviera la comida. Esta vez tocaba niños envueltos con vegetales salteados y a Kyle se le hacía agua la boca.
—Espero que te guste, mira que estuve aprendiendo toda esta mierda por ti. —Advirtió Cartman antes de llevarse el primer bocado a su boca, echándose ligeramente hacia atrás complacido. Nunca se decepcionaba de sí mismo.
—Está delicioso Cartman. —Dijo Kyle con la boca llena. Le asombraba cuánto talento podía caber en una sola persona y Eric era una persona que sabía usarlo muy bien. Sonrió orgulloso por el cumplido.
— ¿Tienes algún plan para hoy?
—No, nada en mente. —Respondió, limpiándose su boca con una servilleta. — ¿Por? ¿tú pensaste en algo?
— ¿Qué tal si les digo a los chicos que vengan? Digo, para levantarte el ánimo. —Sugirió Eric, había pasado un tiempo desde que no veía a Kenny o a Stan. —Además, merezco que me feliciten por haber aprobado la otra vez. —Dijo, intentando hacer su argumento más convincente.
—Como quieras Cartman, a mí no me molesta.
—Está bien, les diré. —Y decidido sacó su celular de sus bolsillos, tipeando apurado. Lo mandó a un grupo que habían hecho recientemente para ellos cuatro en un intento de mejorar aún más la comunicación. Kenny no tardó en ver el mensaje y escribió que iría tan pronto se desocupe de atender en la barbería; al cabo de unos minutos más lo vio Stan y tan sólo mandó un emoji del pulgar levantado, para luego aclarar que dormiría una siesta y luego iría. Bueno, eso era suficiente para Cartman. Kyle lo observaba sonriente.
— ¿Puedo preguntarte algo, Eric? —Dijo el mayor.
—Ya me estás preguntando.
—Bueno, otra pregunta. —Blanqueó sus ojos.
—Dime. —Apoyó su cabeza en su mano mirándolo con atención.
— ¿Puedo ser tu novio? —Preguntó Kyle de pronto, mirándolo fijamente a sus ojos, viendo como poco a poco la expresión de Cartman cambiaba y sus colores subían a su cabeza a una velocidad por poco inhumana. Cartman quiso esconderse pero no supo dónde y por un minuto no supo qué responder.
— ¡¿Por qué lo dices tan de repente?! —Reclamó, avergonzado.
—Porque me gustas mucho, ¿por qué más va a hacer? —Replicó tranquilo, riendo ligeramente. Dios esas expresiones un tanto caricaturizadas de él llegaban a encantarle.
—Dios, eres un idiota. —Dijo Cartman desviando su mirada y tomando un sorbo del agua que estaba en su vaso. Se quedó en silencio.
— ¿Y bien? —Preguntó Kyle.
—Pensé que ya lo éramos. —Musitó Eric en voz baja.
—Bueno, pero nunca te hice la pregunta oficial. Eric Theodore Cartman, ¿me permitirías ser tu novio? —Repreguntó, esta vez tomando la mano del castaño y acariciándola con dulzura. Eric miró ese gesto y le dirigió una mirada profunda directamente hacia sus ojos.
—Claro que sí, imbécil maricón. —Dijo. Kyle sonrió con todos los dientes y salió disparado de la mesa para besarle, cosa que Eric correspondió con gusto y entusiasmo, casi sin querer despegarse de él. Lo sostuvo desde su nuca y Kyle acariciaba las mejillas ajenas con ternura. No importaba que estén en pleno almuerzo, era un momento especial y sólo de ellos después de todo y querían aprovecharlo al máximo. Tenían tiempo antes de que llegaran los otros muchachos. Cartman se entusiasmó besándolo y podría decirse que no quiso esperar demasiado. Al momento de separarse le dirigió una mirada pícara y movió sus cejas apenas, cosa que Kyle supo inmediatamente qué significaba. Cartman no había terminado de comer pero esta vez poco le importó, pues se levantó de la mesa, tomó la mano ajena y lo llevó hacia la habitación. Por supuesto que aprovecharía el tiempo hasta que los otros llegaran, aún había tiempo de sobra.
