Tienen todo el derecho de guindarme pero tengo mis razones laborales y mentales! De verdad lo siento por tardarme tanto pero espero que con este capitulo valga la pena la espera! Gracias chicas a todas por sus reviews disculpen sino le respondí alguna no he tenido tiempo pero si la leí! Gracias a las que comenzaron a seguir la historia y bueno espero que les guste! Dejenme saber que piensan! Las quiero! Besos V

Inuyasha no me pertenece pero esta historia si :)


Tercera Persona P.O.V

Solos en la antigua mas lujosa habitación se quedaron el buenmoso señor Karpov y la chica. Al sentir la soledad la muchacha fue convirtiéndose lentamente en un puñal de deseo buscando a quien acuchillar. La ahora sensual muchacha caminó hasta el hombre que se encontraba frente a ella, él la miró apreciando cada uno de sus movimientos mientras tomaba un sorbo de su bebida para relajarse. La chica con agilidad pegó su esbelto cuerpo al del hombre al tiempo que comenzaba a acariciar los anchos hombros del ejecutivo con sus delicadas y pálidas manos.

-¿Quisiera algo de tomar?- preguntó Karpov algo nervioso, la chica podía sentir el corazón de él en su pecho, latía muy fuerte amenazando con salir de su cuerpo en cualquier segundo.

-Si…quiero un sorbo de ti- Habló muy provocativa la muchacha, demasiado la verdad, su voz era ronca y profunda, cualquier hombre caería a sus pies. Lentamente la muchacha mordió el lóbulo izquierdo de el hombre respirando lentamente en él, su aroma era intoxicante pero delicioso. De alguna forma la chica odiaba lo que hacia, odiaba lo que era,odiaba el hecho que él había muerto y todo era su culpa, odiaba el hecho de que no podría visitar su tumba, odiaba el hecho de que nunca dijo adiós realmente…pero por más que odiara todo lo que estaba haciendo, pero tenía que hacerlo. Cuando Naraku Karshnikova la usaba para cerrar negocios era algo serio, muy serio, ella era su tesoro así que no se la entregaba a cualquiera sin embargo no quitaba el hecho de exponerla en el club, "Puedes ver pero no tocar" aprendió la chica a muy corta edad.

En aquel no podía darse el lujo de huir, bien sabía la chica que probablemente ya todos los hombres de su "padre" rodeaban aquella casa. El señor Karpov entonces con dificultad carraspeó su garganta y se alejó del curvilíneo cuerpo que se encontraba pegado al suyo, caminando al minibar en donde anteriormente había servido su trago.

-¿Qué tal un poco de champaña?- Dijo mostrando la botella de la cara bebida. La chica subió una ceja sonriendo. El comenzó a servir el líquido en una copa delgada de cristal. Tenía las manos grandes, las venas se marcaban en ellas, para ser ruso tenía un buen bronceado, probablemente artificial. Terminó de servir el trago volteándose para ponerlo en las manos de su compañera. Ella tomó la bebida dándole un sorbo viendo de manera provocativa al hombre frente ella, misteriosamente, él se sonrojó -Siéntate por favor- Ella hizo lo pedido cruzando sus largas piernas de forma de que su pie izquierdo rozara con la pierna del hombre que se encontraba a su lado. El se le quedó mirando sin expresión alguna. Ella dio otro sorbo a la bebida, que tenía un sabor exquisito, luego la dejó sobre la mesa de mármol blanco que estaba frente a ellos. Lentamente comenzó a acercarse acariciando su pecho sobre el traje de marca de color negro, con delicadeza puso su rostro en su cuello comenzando a besarlo con cuidad, subiendo y bajando; podía sentir su pulso bajo sus rosados labios y como su piel se calentaba más con cada caricia. El carraspeó -¿Qué tal si hablamos?- habló con firmeza pero con cierto nerviosismo.

-Claro…- susurró lamiendo su oreja -¿Qué quieres que te diga?- preguntó insinuante mientras sus manos subían y bajaban por su pecho, cada vez bajando un poco más al centro de su pantalón. Entonces él respiró profundo, tomó las manos de la chica y se separó de ella viéndola a los ojos. Ella se quedó cortada viendolo sin entender.

-Podrías…parar eso por un momento- Dijo el hombre sin poder explicarse con claridad, ella lo encontró divertido.

-¿Pero por qué señor Karpov? ¿No le gusta?- preguntó haciéndose la inocente, él tragó duro.

-Señorita Aleksandria me gustaría hablar con usted- ella arrugó la cara, generalmente los hombres no esperaban tanto, en otro escenario ya estaría ocupada en este momento -Verá me gusta conocer a las mujeres antes de relacionarme íntimamente con ellas- En ese momento la chica cambió de compostura. Su piernas ahora cruzadas en sus tobillos y sus manos descansando en su regazo, su espalda completamente erguida, viendo hacia el frente. El señor Karpov se sorprendió pero prefirió no decir nada al respecto -Bien…me alegra que entendiera- él entonces le sonrió con una sonrisa de oreja a oreja tan blanca como la luna en plena noche. Ella se sonrojó cual niña pequeña -¿Qué edad tiene señorita?- preguntó muy educado ahora más cómodo con la situación.

-Un hombre nunca debe preguntarle su edad a una dama- El señor Karpov se rió ante las palabras de la chica.

-Tiene toda la razón, disculpe mi intrusión- Se disculpó tomando otro sorbo de whisky -Vayamos a algo más cotidiano ¿Qué le gusta hacer?- su sonrisa hipnotizaba a la joven, hacia que sintiera mariposas en el estómago y que sus mejillas se sonrojaran.

-Me gusta viajar…- Habló con voz tímida bebiendo de manera formal de su trago. El hombre abrió los ojos de par en par con alegría.

-¡A mí también! ¿A dónde ha ido?- Preguntó curioso.

-A todo el mundo, viajo mucho con mi papá- respondió la chica con serenidad.

-Muy interesante, personalmente me falta el continente suramericano ¿Cuál ha sido tu favorito?- preguntó el hombre sirviéndose otro whisky.

-Japón, me gusta mucho su cultura- El asintió sentándose en el sofá de nuevo.

-También me gusta mucho allá, pero debo decir que mi favorito es Hawaii, me encanta el sol y la playa- ella asintió -Por cierto llamame Liev- ella asintió una vez más. La mayor parte de la noche se la pasaron hablando. Ya era pasada la media noche y seguían allí hablando

-Acompañame- dijo levantandose ágilmente del sofá mientras le ofrecía su mano, ella lo miró y luego a su mano, con cuidado tomó lo ofrecido y él ayudó a pararla dejándola pegada a su pecho sintiendo el calor de su cuerpo -Vamos a mi habitación ¿Te parece?- su aliento a licor golpeó su rostro, la despegó de su cuerpo y salieron de la sala dirigiendose a unas largas escaleras de mármol de forma ovalada. Una vez en la segunda planta de la casa caminaron por un pasillo bastante amplio, había un total de seis habitaciones de cada lado y al final del pasillo se encontraba una puerta más grande que las demás, de madera en la cual habían talladas formas de flores y enredaderas, muy a la antigua. Con fluidez Karpov abrió la puerta revelando la inmunesa habitación que escondía aquella puerta -Adelante- Le hizo el gesto para que pasara y la chica hizo lo pedido haciendo que sus tacones resonaran en todo el cuarto. Una vez adentro veía con atención todo a su al rededor -¿Qué te parece?- El cuarto era majestuoso, la verdad sentía que había sido remontada a otra época, a la de los antiguos reyes.

-Es hermoso- dijo ella tocando una pequeña mesa que tenía tres portarretratos, en cada uno de ellos se encontraba una fotografía de Liev junto con otra mujer a la que abrazaba o besaba, ésta tenía el cabello rubio, los ojos azules y la piel minada de pecas, era muy hermosa también. Con cuidado dejó que uno de sus dedos se deslizara por las fotos, comenzó a sentirse culpable al ver que el señor Karpov era casado o mantenía relación con alguna mujer y ella se encontraba allí para satisfacer sus necesidades…

-Ella es Lilly…mi difunta esposa- La voz del hombre se tornó melancólica, ella se volteó a verlo y podía percibir la tristeza en sus ojos del color del pasto en primavera. El se acercó tocando también una de las fotos para reirse sin ganas -Sabes…he tratado de olvidarla, tratado de que no me hiera más su ausencia, he buscado a infinidad de mujeres pero…nunca puedo deshacerme de ella…creo que en realidad no quiero hacerlo pero sé que es una obligación…no puedo seguir así- Anonadada la muchacha se quedó viendo al hombre frente a ella, sus palabras le llegaron directo al corazón, bien sabía lo que él estaba sintiendo.

-No tiene que olvidarla…- susurró ella, él la miró inmediatamente -Verá yo se lo difícil que es olvidar a alguien pero debe saber que no tiene que olvidarla, a lo mejor ella no está presente pero siempre estará aquí- con cuidado ella colocó su mano sobre el pecho del hombre posándola sobre su corazón -Siga viviendo por ella más no deje de hacerlo por recordarla. Ella no hubiera querido eso ¿No cree?- Con una leve sonrisa y una mirada curiosa él asintió, ella sonrió un poco - Así que no busque a nadie que la remplace porque nunca podrá hacerlo, busque a alguien que lo ayude a seguir sin su presencia física y que entienda su situación- El asintió una vez más y se quedó viendola, ella un poco apenada miró a otra parte -Supongo que no haremos nada esta noche ¿Verdad?- preguntó un tanto aliviada, el hombre se rió.

-Si eso desea…- Ella lo miró agradecida a lo que el sonrió -Sin embargo- era muy bueno para ser verdad…- Quisiera que me acompañase a dormir, si gusta obviamente- ella arrugó la cara ¿Quería dormir con ella y no hacer nada? -No le haré nada, le doy mi palabra- él alzó sus manos en el aire con una sonrisa de oreja a oreja, luego de unos momentos de confusión ella finalmente asintió -De acuerdo, iré a cambiarme, póngase cómoda por favor- le señaló la cama y salió caminando hasta el baño. Retomando la compostura camino hasta la cama en donde se sentó mirando al piso un tanto ausente.

Luego de limpiarse la cara y cepillarse los dientes Liev Karpov se miraba en el espejo, las palabras de la chica habían tocado su corazón…salió del baño viendo a la chica sentada sobre la cama con la mirada gacha, sigiloso camino hasta la cama pero ella no hizo movimiento alguno. Con cuidado se acostó en la cama pensando que tal vez no lo había escuchado pero nada, ella no reaccionó. Delicadamente movió su tibia mano hasta la espalda cremosa de la chica que lucía apetitosa sin embargo no deseaba devorarla, sino cuidarla.

-Señorita Aleksandria…- Susurró con voz ronca el hombre de ojos verdes, la chica inmediatamente se irguió y se volteó a verlo con los ojos tibios.

-Digame- respondió ella sonriendo con ternura, él le devolvió el gesto.

-Vamos a dormir- ella asintió desponjandose continuación de sus zapatos altos y adentro en las sabanas de hilo fino y suave. Entonces sin pensarlo y sin esperarlo, el señor Karpov rodeó con sus brazos a la chica dejándola contra su pecho, ella se sonrojó ante el súbito gesto -Eres una muy buena persona…quisiera conocerte más- le dijo al oído hundiendo su rostro en su cabello -Pareces comprender lo que siento…quisiera que me ayudases…- con sus manos en el pecho ancho del hombre ella respiraba su aroma sin estar segura de que responder.

-Sería un gusto para mi- respondió ella con las mejillas en llamas. El sonrió y la abrazó más fuerte. Luego de aquello ambos se quedaron dormidos.


Aome P.O.V

El carro de Naraku ya había llegado, de hecho se encontraba hablando con el tal Karpov en su oficina junto con Bankotsu. Yo me encontraba en la cocina terminando de comer, por alguna razón no podía recordar absolutamente nada de la noche anterior, la verdad lo único que recuerdo es la llegada de Naraku esa mañana y su ida la noche anterior, algún tipo de droga me tuvo que haber dado éste hombrecito, aunque no sería la primera vez, ya me ha pasado antes con varios socios de Naraku, con todos menos con Bankotsu…pero bueno la verdad no me importaba en aquel momento, mientras menos supiera de lo que hice todo estaría mejor. Me dirigí al lobby en donde se encontraba mi abrigo, me lo puse y comencé a esperar a que ellos terminaran sus negocios. En ese momento de soledad cayó sobre mi como un luchador de sumo el recuerdo de la muerte de Inuyasha…un nudo se formó en mi garganta y respiré profundo buscando deshacerlo. Tenía que despedirme por lo menos pero no sabía nada, no sabía si lo habían enterrado, si lo habían cremado, no sabía absolutamente nada, tan sólo el hecho de su muerte…tal vez debía buscar en el cementerio. Recuerdo que una vez, cuando murió la abuela de mis amigos, le hicieron un funeral y la enterraron en el cementerio cerca del vecindario, en donde se encontraban todos sus familiares, al parecer era una tradición enterrar a los Taisho en ese lugar, tal vez él se encontraba allí, no perdía nada con ir y tenía la excusa perfecta.

Luego de un buen rato finalmente salieron los tres hombres del estudio, reuniendose conmigo e el lobby, hicimos nuestras despedidas y nos montamos en la limosina. Separada de los otros dos veía por la ventana, esperando el momento exacto para hablar. Ellos me veían fijamente.

-Bueno, bueno, hiciste un muy buen trabajo querida- Habló Naraku, yo lo vi de reojo -El señor Karpov hizo unos ajustes en el negocio y a cambio simplemente quiere más tiempo contigo- sonrió de oreja a oreja sin embargo pude notar la molestia en el rostro de Bankotsu.

-La verdad no se que hice no recuerdo nada de lo que pasó anoche creo que el tipo me dio algo- respondí con indiferencia; vi como Naraku y Bankotsu compartían una mirada rápida y luego me volvían a ver.

-Bueno el hecho es que quedó encantado contigo y seguirá dando más dinero- continuó el obviando el hecho de que seguramente había sido drogada la noche anterior, si, ese era mi "padre".

-Quiero mi día de visita- cambié el tema inmediatamente mirándolo fijamente a sus ojos rojos. Su rostro se tornó plano, no tenía expresión alguna.

-No me parece sensato…tu día de visita no debería ser hasta la próxima semana- habló monótonamente.

-Necesito ir- hablé entre dientes.

-Aun me debes algo- dijo el impertinente de Bankotsu sonriente.

-Tengo tres meses sin salir a ninguna parte, me parece justo que me dejes ir hoy a visitarlos- Hablé firmemente viendolo a los ojos, sin miedo alguno. El me miró por unos minutos, nunca dejamos de vernos sin embargo Bankotsu cambiaba sus miradas continuamente entre él y yo.

-De acuerdo- habló el lentamente, los ojos de Bankotsu se abrieron como platos, su boca hizo lo mismo amenazando con explotar.

-¿¡Qué demonios?- gritó él inmediatamente. Naraku puso su mano entre ellos en forma de hacerlo callar y lo miró de una manera que hasta a mi me hizo sentir escalofríos.

-Ya sabes como es el trato cuando esta en tiempo de visita, puedes hacer lo que quieras cuando regrese- giró su cara volviéndose a mi. En cierta forma apreciaba que me dejara ir de visita mas lo odiaba por sus últimas palabras, lanzándome a Benkotsu como si fuera un pedazo de carne, aunque empezaba a pensar que lo era para ellos. Bankotsu se tranquilizó y asintió.

Al cabo de unos minutos habíamos llegado a nuestro "hogar" bajé de la limosina en plena avenida ya que ellos tenían otros asuntos pendientes. Salí sin despedirme subiendo por las escaleras que daban a la puerta. La toqué cuatro veces he inmediatamente Logan, el portero, la abrió.

-Buenos días señorita- Dijo sonriente, aunque Logan fuera un hombre robusto de dos metros para mi era como un oso, siempre fue uno de mis guardaespaldas así que lo apreciaba mucho, era como Babu, las únicas personas del personal de Naraku que no me trataban mal.

-Buenos días Logan- le dije dándole un beso en la mejilla para luego perderme dentro del ascensor. Mientras subía a mi habitación pensaba en muchas cosas. ¿Qué haría si encontraba su tumba? ¿Qué sentiría al ver su nombre gravado en piedra? Un escalofrío paso por mi columna vertebral erizando cada vello de mi cuerpo. El ascensor se paré en el piso que marqué y salí dirigiéndome a la puerta. La abrí sintiendo el olor a miel mientras entraba -¡Ya regrese Babu!- dije dejándome guiar por los distintos aromas dulces en el aire.

-Dobroe utro devushka (Buenos días pequeña)- la escuché decir desde la cocina. Me quité los tacones y camine sintiendo la madera tibia bajo mis pies. Pensé en decirle entonces acerca de Inuyasha pero no…algo me impedía hacerlo, algo en mi me decía que debía mantenerlo secreto. Respiré profundo y llegué a la cocina, en la mesa redonda habían unas tostadas, huevos fritos y jamón ahumado, olía exquisito.

-Huele divino Babu- me acerqué a ella dandole un beso en la frente sentándome en la silla -Pero ya comí en casa del señor Karpov…- me daba una lástima no comerme lo que me había hecho, su comida era realmente buena y simplemente el gesto me parecía lo mejor.

-Pero devushka tener que comer más, por lo menos tome la leche de miel que babushka preparó- sintiendo agua a la boca al ver sobre la mesa el vaso de leche con miel, sonreí y lo tomé dándole un sorbo a mi bebida favorita que sólo ella sabía preparar, ella le ponía un ingrediente especial que lo hacia simplemente divino -Beba,beba- yo me senté en la silla -¿Cómo fue anoche?- preguntó con preocupación. Tragué con dificultad en aquel momento pero decidí que debía ser seria y mentir como bien sabía hacerlo.

-Lo mismo de siempre- hablé con indiferencia, ella negó con la cabeza.

-Devushka tener que salir de aquí, usted no poder seguir así- me veía fijamente a los ojos con una mirada de dolor, bien sabía que si alguien sufría por mi y conmigo era ella.

-Todo a su tiempo Babu…¡Mira la hora que es y no me he bañado!- dije viendo el reloj que estaba guindado en la pared, el cual, que marcaba las diez y cuarenta y siete de la mañana. Terminé de beberme la leche de un sorbo y salí corriendo al baño, debía aprovechar al máximo mi día de visita.

-¿Pero qué le pasar a devushka? ¡Estar como loca corriendo así!- gritó siguiendome mientras recogía mis ropas que lanzaba por el aire mientras me despojaba de ellas.

-Es mi día de visita y tengo que sacar el mayor provecho de él- Le dije mientras entraba en la ducha.

-¡Ah! Babushka ya entender, yo iré a guardar almuerzo para que se lo lleva- dijo mientras regresaba a la cocina.

Me bañé en menos de lo que esperaba deshaciéndome del maquillaje pesado y el cabello voluminoso. Una vez seca me vestí con lo primero que encontré, unos jeans oscuros, una camisa manga larga azul marino y unas botas negras. El día estaba bastante frío así que también tomé una bufanda y mi abrigo. Me maquille superficialmente y sequé un poco mi cabello con el secador dándole forma. Me colgué mi cartera cruzada negra en el hombro y salí hacia la cocina. Allí Babu me esperaba con un envase en sus manos en donde se encontraba mi almuerzo. Lo tomé y lo guarde en la cartera, le di un beso en la frente y salí disparada de allí. Mientras salía agradecí no haberme topado con nadie, bien sabía que después de ser enviada a se tipo de negocios al día siguiente todas las chicas estarían preguntándome acerca de eso. Eran unas buenas chicas me caían bien y todo pero simplemente no podía entender como estaban en éste mundo por placer ya que ninguna estaba allí por obligación.

Una vez fuera de "casa" caminé por la avenida hasta llegar a una estación de buses, esperé eso de cinco minutos y tomé un bus que me llevaría a mi destino, me paré en una floristería que quedaba unas cuadras antes. Tenía tiempo ya que no pasaba por aquí…cuando llegué a la floristería que se encontraba en toda la esquina dejando expuesta en varios racimos todas sus flores, entonces vi a Jimenji, el hijo de la dueña de la floristería.

-Señorita Aleksandria cuanto tiempo sin verla- me dijo alegre viendome con sus grandes ojos azules, en sus manos estaba un hermoso ramo de rosas rojas.

-He estado viajando ¿Cómo has estado?- mentí sonriente aunque la verdad me costaba hacerlo.

-Lo mismo de siempre- dijo mientras amarraba el ramo con una cinta negra.

-¿Y tú madre?- pregunté buscando a la anciana de baja estatura y caracter atómico.

-Está en el supermercado debe regresar en un rato ¿Dime que quieres hoy?- preguntó poniendo el ramo de flores en un envase.

-Lo de siempre y unas fressias blancas…- el asintió y se puso a trabajar, agradecí que no me preguntara para quien era el nuevo ramo de flores. Luego de unos minutos, Jimenji regreso con los dos ramos de flores, uno de orquídeas, rosas y lirios y el otro de fressias blancas. Pagué y seguí caminando hasta mi destino. Con cada paso que daba las emociones de tristeza, impotencia y rabia volvían a mi, había pasado un buen rato sin senitrme mal pero ahora todo era distinto.

Luego de varios minutos llegué a mi destino, el cementerio. Respiré profundo aguantando las lágrimas. Caminé por el sendero de piedras que había entre las colinas de pasto verde en donde se encontraban durmiendo tantos cuerpos…llegué a la cuarta colina, al tope de ésta, allí se encontraban mis padres. Lentamente caminé hasta quedar frente a la lápida de mármol en donde se encontraba una placa con sus nombres.

"Dimitri A. Vólkov y Naomi E. Higurashi

Siempre recordados, nunca olvidados"

Me arrodillé dejando el ramo frente a la lápida liberando por fin las lágrimas.

-Hola ma, hola pa- hablé escuchando cómo mi voz se quebraba -¿Cómo están?- pregunté sabiendo que no recibiría respuesta alguna, sin embargo era la única forma que tenía para hablar con ellos -Yo no he estado tan bien…I-Inuyasha está muerto…y todo es mi culpa- por fin pude dejar salir lo que tenía por dentro -Nunca debí haber aceptado ir a su casa ¿Por qué no lo cuidaron?- les pregunté ¿Por qué razón no evitaron que algo le pasara?¿Por qué si sabían que él era mi razón de ser lo dejaban morir? -Me siento sola…ahora más que cuando recién los perdí a ustedes, no sé que va a pasar ahora, Inuyasha era mi única esperanza pero ahora…ahora tendré que casarme con el cochino de Bankotsu y nisiquiera se por qué ¿Por qué Naraku me quiere? no entiendo…¿De qué le puedo servir yo?- me quedé en silencio por unos segundos limpiando mis lágrimas -Los extraño saben- reí sin ganas- Quisiera poder abrazarlos, realmente necesito eso ahora mismo…- En ese momento el viento sopló abrazándome, sin embargo la brisa era tibia, no fría como había sido todo el camino hasta llegar allá -Gracias…ahora tengo que buscar a Inuyasha…tengo que ver si está aquí y pedir disculpas…- Coloqué mi mano sobre mis labios y luego sobre la fría lápida simulando un beso. Me levanté limpiando mis mejillas y me marché con el ramo de fressias blancas en mis manos.

Cuando iba colina abajo me topé con un anciano que trabajaba allí, lo había visto varias veces así que sabía que era de confiar, le pregunté si sabía en donde se encontraba la tumba de la familia Taisho y me indicó el camino, inmediatamente seguí sus instrucciones. Mientras iba al lugar señalado recordé el por qué de las fressias blancas, esas fueron las primeras flores que me regaló Inuyasha.

Flashback

-¡Corre Aome, corre!- gritaba Sango a mi lado mientras éramos perseguidas por su hermano mayor, jugábamos al monstruo y las princesas y él trataba de atraparnos.

-¡Las alcanzaré!- gritaba tras nosotras haciendonos gritar como locas.

-Escóndete. Tu por la izquierda yo la derecha- le dije a Sango para separarnos y que no nos atrapara tan rápido, ella asintió y siguió mis indicaciones. Cuando ya no tuve a Sango a mi lado vi como Inuyasha comenzó a seguirme inmediatamente, yo era un poco más lenta que mi amiga así que me atraparía más rápido. Corrí y corrí lo mas rápido que pude ya mis piernas comenzaban a arderme por lo rápido que corría la sangre por ellas cuando de pronto sin avisar me tropecé con una roca haciendo que golpeara el piso, escuche un ruido sordo y sentí el golpe contra el duro suelo bajo mi cuerpo deslizando un poco. El súbito dolor me hizo llorar instantáneamente mientras me paraba.

-¿Aome estas bien?- preguntó inmediatamente Inuyasha a mi lado muy asustado.

-¡Buaaah!- lloraba yo sin cesar, era bastante pequeña tendría cinco años o al rededor de eso. Lloraba a todo pulmón cuando sentí algo frente a mi haciéndome cesar el llanto levemente.

-Si dejas de llorar te la regalo- me dijo el con sus ojos grandes como el sol, lentamente logré tranquilizarme viendo el pequeño ramo improvisado de fressias blancas que se encontraba frente a mi -Ten, vez cuando no lloras todo está bien- me dijo sonriendo mientras yo tomaba las flores en mis manos.

-Gracias- le dije dandole un abrazo, él se rió.

Fin del Flashback

Desde ese entonces dije que mientras no llorara todo estaría bien, sin embargo las cosas cambian, la gente crece y nada es tan simple como solía ser.

Llegué al lugar que me había indicado el anciano viendo la línea de los Taisho mientras caminaba, iba tragando duro esperando encontrar ese nombre…y lo hice. Era el último de la línea, sobre una lapida de mármol grabado en una placa de metal, se encontraba su nombre. Sentí como la gravedad me aplastaba haciendo que mis rodillas se doblaran hasta quedar agachada, el aire de mis pulmones se esfumó y parecían no funcionar, incontrolable mis ojos se volvieron fuentes, mis costillas comenzaron a cerrase haciéndome sentir gran presión en mi pecho y mis manos temblaban.

"Inuyasha Taisho

1989-2011

Amado hijo, hermano y amigo"

Sin poder creer lo que veía inconscientemente mis manos tocaron la placa fría haciendo que me quebrara aun más, comencé a negar con la cabeza, la verdad no podría creer esto posible, nunca en mi vida pude imaginar que algo como esto sucedería, nunca en mi vida pensé que Inuyasha moriría, él era mi héroe.

-Lo siento…lo siento tanto…es mi culpa…lo lamento…- susurraba una y otra vez sin poder controlarme -Te amo Inuyasha, te amo- repetí continuamente. Todo aquello era irreal, tenía que ser una pesadilla, pero bien sabía que no lo era. Todo aquello estaba pasando. Me recosté sobre la lapida y seguí llorando mientras me lamentaba, pidiendo disculpas y lanzando apasionados "te amo" al aire sin conseguir respuesta, o eso pensé.

-¿A-Aome?- escuché tras de mi, paralizándome instantáneamente, lentamente me despegué de la lápida buscando aire que parecía insuficiente y me volteé. La verdad no estaba preparada para lo que vi -¿Eres tú?- preguntó….Sango.

Si, Sango. Mi mejor amiga la cual no había visto por diez años, ella. Se encontraba allí a menos de un metro de mi cuerpo viendome sorprendida con el ramo de rosas rojas y la cinta negra. Ese arreglo de flores era para ella, sentí escalofríos al pensar que me la pude haber encontrado en la floristería; sus ojos marrones comenzaron a aguarse y comenzó a caminar lentamente hacia mi…algo me decía que debía huir, no quería otra persona que amaba muerta, sin embargo otra parte de mi quería quedarse en ese mismo lugar. Paso a paso comenzaba a llorar con mayor fervor mientras yo hacia lo mismo.

¿Que debía hacer?