Bueno aquí les traigo un bono porque mañana me voy de viaje y no vuelvo sino en dos semanas así que no podré actualizar hasta entonces, es algo corto pero es mejor que nada! Gracias por sus reviews y las que comenzaron a seguir la historia como favorita! Disculpen si las tengo jalándose los pelos pero esa es la idea de la historia jaja! Se que es un poco dura la muerte de Inuyasha pero hey! Toda muerte tiene su razón! Bueno ya mucha habladera, las quiero chicas! Besos!
Inuyasha no me pertenece ésta pero la historia si :)
Aome P.O.V
Trataba de moverme pero me era imposible, mi cuerpo estaba muy ocupado asimilando su presencia como para hacer lo que yo quería en aquel momento. Ella se acercó hasta donde yo estaba agachándose dejando el ramo de flores que llevaba en sus manos en el suelo. Me miró con los ojos rojos y las lágrimas bajando por sus mejillas.
-¿Eres tú?- pudo apenas preguntarme, entonces sin darme cuenta estaba asintiendo. Sango rompió en llanto y se lanzó sobre mi, inmediatamente la abrasé. Hace mucho tiempo que no abrazaba a alguien de esa manera, su cuerpo se sacudía entre mis brazos, lloraba desesperada y suspiraba en busca de aire. Por mi parte no encontraba mi voz, no podía hablar. Entonces se separó de mi aun llorando, veía mi cara como si buscara algo, trataba de hablar pero el llanto no la dejaba. Llevé mis manos a su rostro limpiando sus mejillas tratando de que se tranquilizara. Luego de unos minutos logró hacerlo -¿En dónde has estado?- preguntó.
-Por allí- le dije sonriendo un poco, ella se rió sin ganas.
-Nunca llamaste…-susurró viendo al suelo, yo respiré profundo.
-Lo sé…no podía…- dije mirando hacia otra parte. Ella me miró y luego miró la lápida de su hermano -¿Cómo…?- pregunté viendo con ella el nombre de él. Sango suspiró y se limpió los ojos con las manos.
-Era policía…sabes siempre defendiendo a los demás- pude ver una leve sonrisa en su rostro ante aquella afirmación, al parecer ella no sabía acerca de su trabajo con el FBI -Hubo un tiroteo y…- y murió a tiros…estoy segura de que fue un tiroteo pero no en un robo exactamente. Yo asentí lentamente.
-¿Hace cuánto?- ahora ambas estábamos más tranquilas.
-Tres meses más o menos- tragué duro -Podríamos ir a un café a hablar si quieres- ofreció ella con una sonrisa, pero no, otra vez no. No iba a dejar que mataran también a mi amiga, no podía hacerle aquello a los Taisho o a mi misma, ya había cometido un error y no planeaba repetirlo. Estar con ella en ese momento era lo suficientemente peligroso. Negué con la cabeza y logré levantarme.
-Lo siento, voy de paso, no puedo quedarme más tiempo- Limpié los restos de lágrimas en mis ojos.
-¿Pero a dónde vas?- preguntó muy confundida.
-Tengo que viajar está misma tarde, lo lamento- Iba a empezar a caminar pero ella me paró tomando mi mano.
-Aome…- susurró ella haciendo que mi piel se erizara y que por mi columna vertebral bajara como un cohete un escalofrío.
-Lo siento Sango no puedo…- no podía dejar que le hicieran daño a ella también. Soltando su mano salí corriendo colina abajo para llegar a la puerta del cementerio, dejando tras de mi a mi mejor amiga tartamudeando y sin entender que me ocurría. Corrí lo más rápido que pude soltando lágrimas en el trayecto. LLegué a la estación de autobús más cercana y para mi suerte había un bus a punto de partir. Sin pensarlo dos veces me monté y me senté en el último asiento, en la parte de atrás del vehículo, llamando la atención de la gente que se encontraba allí. El conductor arrancó y me alivié al ver que Sango no pudo seguirme. Todo era mejor así… Luego de un rato saqué un espejo que tenía en mi cartera, mis ojos estaban hinchados y rojos. Me maquillé para ocultar aquello y me bajé en la parada que me dejaba cerca de un parque, decidí bajarme allí para comer mi almuerzo. Pagué al conductor y bajé sin problemas, llegué al parque y me senté en un banquillo frente a un estanque. Saqué el envase de mi bolso y comencé a comer la comida que había preparado Babu.
Me sentía abrumada la verdad, en tan poco tiempo sucedió tanto. Mi mirada estaba fija en el estanque en donde unos patos nadaban, unos niños los alimentaban mientras su padres los veían, era muy lindo la verdad…Guardé la comida a medio comer ya que no me sentía de ganas para terminarla. Me levanté para ir a comprar algo de tomar, sentía la garganta seca y dura. Comencé a caminar pensando, no lo podía evitar por más que quisiera. Estando en mi propio mundo, de pronto, una mano me detuvo por el hombro, como era de esperar me asusté al no saber quien podría ser, pero cuando me giré, vi a la persona y me tranquilicé, aunque la verdad me daba igual en aquel momento. El jadeaba un poco, parecía que estaba haciendo ejercicio por las ropas deportivas que llevaba.
-Pensé que no la alcanzaría- dijo nada más y nada menos que el señor Karpov con una sonrisa de oreja a oreja -¿No escuchó que la llamaba?- preguntó muy curioso, la verdad estaba tan inmersa en mi mundo que no escuché nada.
-No, disculpe estaba distraída- respondí sonriendo un poco.
-Bueno no tiene importancia, ¿Y eso que está por aquí? suelo venir a correr a éste parque y nunca la había visto-
-Pues ya sabe, conociendo los al rededores antes de viajar de nuevo- respondí sin ganas, la verdad no tenía ganas de hablar con él -Iba a comprar algo de tomar y ya me marchaba- le dije insinuante a terminar la conversación.
-¡Cierto que me dijo que viaja mucho!- ¿Lo hice?- Bueno entonces vamos a comprar algo yo también muero de sed, déjeme invitarla- sabiendo que no tendría sentido argumentar acepté y comenzamos a caminar a una casa pequeña en donde vendían comida y esas cosas.
-Sabe…yo quería decirle gracias- dijo mirandome buscando mis ojos. Lo miré confundida -Supongo que no está acostumbrada a que le digan eso pero quiero que sepa que estoy agradecido por haberme escuchado- ¿Qué? ¿Escuchado? La verdad no entendía que estaba diciendo, primero que nada no recuerdo que paso la noche anterior y estoy cien porciento segura de que algo me tuvo que dar pero él parecía muy inocente al respecto. Entonces me paré y lo miré fijamente a los ojos.
-Señor Karpov ¿A qué juega?- si éste creía que me iba a tomar por tonta estaba muy equivocado, él arrugó la cara como una pasa, como si le estuviera hablando en chino -Sabe a lo que me refiero así que no se haga el inocente- dije cruzádome de brazos, no tenía tiempo para niñerías, si quería algo que fuera directo al grano pero que no me tomara el pelo.
-Discúlpeme pero no entiendo a que se refiere- dijo él negando con la cabeza, viéndome como si estuviera loca, yo reviré los ojos.
-Bien debe saber que no recuerdo absolutamente nada de anoche ya que de seguro usted me dio alguna droga-Me quedé viéndolo esperando su cara de renuncia ante mis palabras, sin embargo lo único que hizo fue abrir sus ojos de una manera tan exagerada que pensé que iban a salir volando de su rostro.
-Está usted consciente de lo que está diciendo señorita Alexandria ¡Me está acusando de haberla drogado!- masculló entre dientes viendo a la gente a nuestro al rededor.
-¡Exactamente! Por qué otra razón no tendría idea de lo que hice anoche- le respondí molesta, el tipo se las estaba dando de santo ¿O qué? El se llevo la mano a la frente suspirando.
-¡Bueno no se porque no recuerda pero yo no le di nada!- al ver que no tendría sentido discutir más con el me di media vuelta y comencé a caminar sin embargo él me detuvo -Aleksandria que le sucede no parece usted ¿Cómo me va a creer posible de algo así?- su voz era una suplica, me veía a los ojos fijamente evitando que me moviera.
-Déjame ir- susurré, no quería llamar la atención de nadie.
-¿Qué tengo que hacer para que me crea?- preguntó suplicante, entonces recordé a Inuyahsa…aquella noche en su camioneta, eran las mismas palabras que él había dicho…
-Inuyasha…- susurré sin querer, su nombre se escapó de mis labios dejando un sabor amargo en mi boca. Karpov si quiera se inmutó más bien me vio confundido.
-¿Quién es ese? ¿Está bromeando o qué? No me parece gracioso- No…no era él, Inuyasha estaba muerto tenía que aceptarlo…sacudí mi cabeza para deshacerme de su recuerdo en ese momento y di un paso hacia atrás.
-Disculpe yo solo…tengo que irme- dije ahora completamente triste.
-Espere- me agarró por el brazo girándome hacia él, quedando muy cerca uno de el otro -Dígame la verdad ¿Recuerda o no lo que sucedió anoche?- me miró fijamente a los ojos devorando mi alma con su mirada.
-No…- dije con los ojos aguados, la verdad no sabía porque tenía de pronto ganas de llorar -Pero…no es la primera vez que sucede…no se preocupes ya estoy acostumbrada…- susurré apenas pero él no dejó de verme.
-Aleksandria yo le prometo que nunca, nunca le haría algo como eso a usted- su voz salió con firmeza pero con dulzura, lo miré a los ojos y supe que decía la verdad, algo en ellos me decía que era una buena persona, que hablaba con franqueza.
-Le creo…- susurré admirando su rostro, era bastante atractivo la verdad.
-Bien- suspiró el soltando mi brazo -Sin embargo ¿Por qué no recuerda nada?- preguntó el aunque no sabía si la pregunta era para mi o se la estaba haciendo a si mismo.
-No lo sé- dije simplemente -Tal vez….- traté de pensar alguna posibilidad lógica pero ninguna vino a mi mente la que creía posible ya estaba descartada -No olvídelo no tengo idea- dije rindiéndome.
-Bueno…no sé porque pasó eso, la verdad es una lástima cuando dije que le daba las gracias por escucharme era enserio- Lo miré a la cara, de un momento a otro quise recordar la noche anterior, quería saber que me dijo, que me contó que era tan importante como para decirme "gracias". Inconscientemente habíamos comenzado a caminar de nuevo.
-Si es una lástima…- dije mirando mi reloj de mano, ya era hora de volver.
-Tiene que irse verdad- dijo sonriente al ver la acción que acababa de hacer. Yo asentí sin ganas, no quería volver a "casa".
-Déjeme acompañarla hasta su casa o su hotel- Iba a negar su oferta pero advirtiendo mi reacción tomó mi barbilla y me hizo mirarlo directamente a los ojos -Por favor- sin poder evitarlo acepté.
Comenzamos a caminar fuera del parque en silencio, no era incómodo pero tampoco se sentía de maravilla. Era un sentimiento extraño la verdad. Durante un buen rato ninguno de los dos dijo nada, hasta que don simpático lo hizo.
-¿Por qué está triste?- preguntó tomándome fuera de base.
-¿A qué se refieres?- pregunté, ¿Era tan obvio mi dolor?
-Está triste, lo puedo ver en sus ojos- dijo sonriendo, por alguna razón ajena a mi, sentí un ardor en mis mejillas, evitando que se diera cuenta de aquello, ya que ni yo misma podía afrontarlo, miré hacia otro lado.
-Si estoy o no estoy triste no es de su incumbencia- mis palabras salieron antes de poder detenerlas ya era la segunda vez que me pasaba con éste ser, al parecer con él hablaba por puro impulso. Me avergoncé un poco al ser tan mala y él tan amable sin embargo él no hizo nada al respecto.
-Tiene razón- dijo simplemente sonriendo ¿Por qué sonreía? Estaba loco? No quise decir nada más temiendo que volviera a pasar algo como lo que ocurrió hace unos momentos. El resto de el camino compartimos una que otra cosa pero más nada, pronto habíamos llegado a la avenida de Las Naciones en donde residía temporalmente, al parecer luego de la boda nos mudaríamos a otra parte…Una vez frente a las escaleras del edificio nos paramos frente a frente, la verdad no sabía que decir.
-Yo…- comencé a hablar, iba a pedirle disculpas por lo que había dicho antes pero él me detuvo.
-Tú no eres Aleksandria- dijo muy seguro de si mismo, yo me paralicé. Traté de replicar pero me detuvo de nuevo -No sé quien eres pero tú no eres Aleksandria, no eres la persona que estuvo ayer en mi casa- lo veía serio sin embargo podía notar cierta diversión en sus palabras.
-No sé a que se refiere yo soy Aleksandria Karshnikova- le dije con firmeza, él miraba mis ojos, por un momento me pareció ver algo que lo sorprendido pero luego volvió a la normalidad.
-Ya lo veremos…- se quedó viendome algo pensativo, no entendía que estaba sucediendo, en eso escuché como la puerta frente a nosotros se abría revelando a un hombre de gran tamaño.
-Hey ¿Todo bajo control?- preguntó Longan viendo de forma amenazadora a Karpov.
-Todo bien, en seguida entro- le dije a Logan que cerró la puerta a medias esperando a que entrara y vigilando cada uno de nuestros movimientos -Hasta luego señor Karpov- dije viendolo directamente a los ojos, él entonces asintió sonriendo ¿Qué le ocurría? Paóo como por cinco estados de ánimos en menos de diez minutos.
-Hasta luego, desconocida- La última palabra la dijo en un susurró junto a mi mejilla en donde plato un beso que dejó ardiendo mi piel, sin más, se marchó dejándome allí parada. Aun asimilando todo logré entrar a la casa y subir a mi habitación.
Cerré la puerta tras de mi agradeciendo la soledad que había en ella, no escuchaba a Babu en ninguna parte así que probablemente no estaba en casa, tal vez salió hacer las compras. Me quedé allí recostada de la puerta sin entender nada, de un momento a otro todo se había vuelto nublado, sentía que estaba en el ojo del huracán. Necesitando una segunda ducha caminé a mi cuarto mientras me despojaba de mis ropas, de pronto me sentí abrumada por ellas, como si usarlas me recordaran todo lo que sucedía. Cuando quedé solo en ropa interior ya había llegado a mi habitación, la crucé y entré al cuarto del baño para encender el agua y darme un largo baño de burbujas en la tina. Una vez que prendí el agua volví a salir rumbo a la cocina en busca de algo de beber, allí abrí el refrigerador encontrando un vaso de leche, lo tomé y comencé a beber de él, entonces escuché la puerta de la entrada cerrándose.
-¿Babu ya llegaste?- pregunté caminando a la entrada con el vaso de leche en la mano -¿Babu?- volví a preguntar ya que no respondía, caminé a la entrada pero me congelé al ver quien era.
-¿Me extrañabas?- preguntó Bankotsu sonriendo. Yo lo miré tratando de no mostrar el temor que comenzaba a formarse dentro de mi, lentamente comencé a caminar hacia mi cuarto.
-¿Qué quieres?-mascullé, desafortunadamente ya temía la respuesta.
-Ya sabes lo que quiero- su voz resonó en la habitación, sus ojos me veían de arriba a abajo y comenzaba a caminar hacia donde yo estaba, sin pensarlo corrí mi habitación dejando caer el vaso de leche en el suelo.
¡Crack!
Escuché como se quebraba el cristal en el piso, mis pies golpeaban el suelo de madera marcando el paso con un ruido sordo, tras de mi podía escucharlo a él corriendo, tratando de atraparme, estuve a punto, a centímetros de entrar en mi habitación y cerrar la puerta pero logró alcanzarme. Me tomó del cabello y me jaló hacia la pared haciendo que mi cabeza y mi espalda se golpearan con ella; inmediatamente pegó su cuerpo al mío dejándome sin aire.
-Cuéntame qué hiciste anoche ¿Ah? ¿Qué le hiciste a Karpov que quedó tan fascinado?- me preguntaba como si estuviese desesperado, hundía su rostro en mi cuello besándolo bruscamente.
-¡No sé que demonios hice! ¡No recuerdo nada de anoche! Tal vez tú sabes la respuesta- le dije insinuante, como si hubiese apretado el botón equivocado sentí su mano en mi mejilla por unos momento para luego sentir el dolor en ésta.
¡Slap!
-¿Insinúas que te drogué? Ah? ¿Eso es lo qué estás diciendo? Claro ahora estás prendada del maldito Karpov ¿No?- me gritaba, involuntariamente las lágrimas rodaron por mis mejillas debido a el dolor que sentía, nunca lloraría porque me gritara o por sus tratos, ya me había acostumbrado a ello, lo miré a la cara queriendo escupirle pero me controlé -¡No me mires así oíste! ¡Compórtate! ¡El hecho de que quiera más tiempo contigo no significa que ya te libraste de mi! No creas que el será el príncipe encantado y tú la princesa, no juegues a cuentos de hadas. Vi lo cerca que estaban hace unos minutos aquí afuera, para eso querías tu día de visita ¿No? ¿Para escabullirte con él? Pues recuerda que estás comprometida- Agarraba mi rostro con una de sus manos haciendo presión en mi cara, era bastante incomodo la verdad. Sus palabras eran absurdas para mí, hace mucho tiempo ya que no creía en cuentos de hadas, hace tiempo que me resigné a no amar. El único que podría salvarme estaba muerto, el único amor de mi vida estaba muerto.
-Déjame en paz- lo empujé agarrando fuera de guardia, aprovechando que no estaba sobre mí, salté sobre la cama para llegar al baño pero antes de lograrlo me agarró por el tobillo dejándome tendida sobre la cama.
-Te la das de muy lista ¿No?- podía ver la furia en sus ojos, parecía que en cualquier momento iban a arder, lo miraba esperando el golpe, el asalto, lo que fuera pero él nada más me veía enojado, respiraba profundo como si tratase de controlarse, me tenía agarrada por las muñecas por lo que las apretaba fuertemente, ya había dejado de sentir la sangre correr por mis manos -No te haré nada esta vez- murmuró molestó -Sin embargo espero que no se repita…¿Entendido?- preguntó, yo no me moví -Dije…- murmuró -¡¿Entendido?- gritó haciendo que todo en la habitación se sacudiera. Sin temer a sus amenazas me quedé inmóvil. El molesto como nunca antes me soltó y salió de la habitación lanzando maldiciones, escuché como cerró la puerta, más bien lanzó, creo que llegó a romperla.
Respirando profundo traté de tranquilizarme, ahora estaba temblando, aquello siempre me pasaba luego de ese tipo de asaltos por parte de Bankotsu, comenzaba a temblar, sudaba frio y mi cabeza comenzaba a darme vueltas. Como pude llegué al baño y apagué el agua del grifo, me metí en la tina humeante y me aferré a los bordes de ésta controlando la ira que había dentro de mi. LLena de rabia comencé a llorar.
Nada tenía sentido, todo era confuso.
