¡Volví! Hola chicas! Espero que estén bien, llegue hace unos días de viaje así que aquí les traigo lo suyo, espero que les guste y disculpen la espera. Gracias a todas por sus reviews y por agregar la historia a sus favoritos, disculpen si no les pude responder pero en donde estaba el internet no era muy bueno. Sin más disfruten y dejenme saber que les pareció! XOXO V!

Inuyasha no me pertence pero esta historia si :)


Aome P.O.V

Luego de salir de la tina me arropé con una toalla y caminé hacia el armario en busca de algo cómodo. Ya me encontraba más tranquila, solo el agua podía lograr eso. Cuando estaba a punto de abrir la puerta del armario sonó el teléfono desde la cocina. Sabiendo quien era, caminé con pereza hasta éste y tomé el auricular llevándolo a mi oreja.

-Alo- dije sin ganas.

-Buenas tardes hija mía- La voz de Naraku era un tanto repulsiva sin embargo, ¿Trataba de sonar amable? -Te llamo para informarte que Karpov quiere verte esta noche- al escuchar sus palabras me congelé, luego de nuestro peculiar encuentro hace unas horas, ¿El deseaba verme de nuevo? -Kaede fue a recoger el vestido que te escogió Olga, apenas llegue arréglate y ven a mi oficina- dijo sin mas colgando. Suspiré pegando mi cabeza a la pared levemente, sintiendo el frío de ésta en contraste con mi piel tibia, luego colgué. Caminé arrastrando los pies hasta mi cuarto en donde me desplomé sobre la cama dejando mi largo cabello rodeándome.

-Inuyasha...- dije abrazando una almohada que estaba cerca de mi. Respiré profundo, imaginando que una vez mas estaba junto a él, sintiendo el calor de su pecho, su aroma, escuchando los latidos de su corazón y me perdía en sus brazos… Sin darme cuenta me quedé dormida.

Luego de un rato Babu llegó despertándome al verme dormida, me apresuró ya que al parecer la cita con Karpov era pronto. Me asomé por la venta percatándome de la ausencia del sol, el cielo tenía un tono púrpura y en lo alto se podían divisar a penas unas cuantas estrellas. Sin más, me puse la ropa interior, a continuación arreglé mi cabello en forma de ondas dejándolo caer por mi hombro izquierdo.

-Devushka venir aquí a vestirse- me dijo mi nana mientras me daba el vestido color carmesí. Me lo puse sin problemas, era largo, ajustándose a mi cuerpo como si fuese hecho a la medida, tenia un corte en ¨V¨ ya que se ajustaba en mi nuca por una cadena de diamantes. Mi espalda estaba prácticamente descubierta, el espacio sin tela terminaba en la parte baja de mi espalda. Me miré en el espejo de cuerpo completo que estaba en la esquina de mi habitación, sólo pude quedarme admirando lo hermoso que era aquel vestido. Olga tenía un excelente gusto, ella era como nuestra entrenadora, por así decirlo, nos enseñaba a bailar y el arte de la seducción…

Me puse unos aretes de diamantes plateados que constaban de varias gotas que caían casi tocando mis hombros, me maquillé sencilla pero formal agregando el toque de mis labios tan rojos como el vestido, Babu me ayudó a ponerme los tacones, me perfumé, tomé un pequeño bolso de mano que también había escogido Olga, en él metí un poco de maquillaje, mi celular y salí directo a la oficina de Naraku.

Una vez dentro del ascensor me miré con detenimiento y comencé a pensar lo que estaba sucediendo, me parecía un poco extraño los deseos de Karpov por verme de nuevo, el hecho de que no recordara nada de la noche anterior y más aun, la autorización de Naraku acerca de esto, al parecer tenían un buen negocio. Generalmente el nunca se pegaba tanto a algún negociante simplemente hacia el trabajo y listo, aunque sigue siendo extraño, la mafia rusa no es como la italiana, aquí no hay familia.

Aun en esos momentos no entendía mucho de lo que sucedía en mi entorno, ¿Para qué Naraku me quiere? es decir, ¿Por qué adoptar a una niña repentinamente? ¿Qué planea obtener de ella? ¿Por qué obligarla a casarse con un compañero? ¿Por qué quiere que se case? Todas las respuestas a estas preguntas eran ajenas a mi.

Llegué entonces al último piso donde se abrieron las puertas, para mi suerte no estaban ninguno de los dos guardias anteriores si no Logan.

-Buenas noches Alex, luces muy hermosa- me dijo con sus dientes blancos que resaltaban en contraste con su piel oscura, yo le sonreí.

-Buenas noches Logan, tú no luces nada mal, ¿Te cortaste el cabello?- bromeé, desde que lo conocía, Logan siempre había tenido el cabello rapado, él se rió y yo le di un beso en la mejilla - A ver que quiere el jefe- le dije suspirando mientras abría la puerta.

Como de costumbre las luces estaban bajas, nunca logré entender porque demonios a Naraku le gustaba todo tan tenebroso, uno apenas y podía ver por donde pasaba. Di tres pasos abriendo mis ojos ampliamente para acostumbrarme a la falta de luz.

-Siéntate- escuché la voz de Naraku desde una de las esquinas de la habitación, haciendo caso caminé hasta las sillas frente a su escritorio de caoba y me senté; él camino hasta el escritorio lentamente, sus ojos rojos brillaban como sangre viva -Serás la acompañante de Karpov esta noche, es un evento de una de sus empresas...- se me quedó mirando, yo escuchaba atenta -Karpov se encuentra muy interesado en ti- habló más para si que para mi -Dependiendo de los acontecimientos de esta noche habrán...tal vez ciertos cambios- mi piel se erizó debido a la sonrisa maquiavélica que se formó en su rostro, nada podría ser bueno con ese gesto -Baja al garaje, el auto de Karpov te espera- dijo sin más echándome de su oficina, sin embargo me quedé inmóvil por un momento -¿Qué esperas?¿Un beso de despedida?- su voz era amarga. Mientras, yo me cuestionaba si preguntar o no los dilemas que atormentaban mi mente -¿Te vas a ir o llamo a Bankotsu para que te escolte?- preguntó con malicia, instantáneamente como si hubiese apretado un botón me levanté de la silla y camine hasta la puerta sin decir adiós.

Pensativa y con los pelos de punta baje hasta el garaje en donde, como había dicho Naraku, estaba la limosina que yo suponía era de Karpov. Cuando me acercaba al vehículo un hombre salió del auto, tenía pinta de mayordomo.

-Buenas noches señorita Karshnikova, el señor la espera en su mansión- yo asentí mientras el hombre abría la puerta para que yo entrara, con fluidez natural me deslice dentro la limosina de gran tamaño y acto seguido el hombre cerró la puerta, poco después ya nos encontrábamos rodando. El camino fue corto, logré tomarme media copa de champaña nada más, la cual debo decir, estaba exquisita.

Una vez en la entrada de la majestuosa mansión bajé del auto ayudada por los mayordomos de Karpov, y con el vago recuerdo de la noche anterior, logré llegar a la sala, pero ésta se encontraba vacía.

-El señor bajara en unos minutos- anunció un hombre desde la puerta yo asentí y me dediqué a inspeccionar la lujosa habitación buscando recordar algo de la noche anterior, sin embargo, antes de lograr algún hallazgo hubo algo que llamo mi atención, la foto de una mujer que se encontraba sobre una repisa.

Me acerqué al portarretratos con rapidez serciorándome de que no había nadie en la puerta y lo tomé para ver más de cerca, la mujer en aquella foto era espectacular, tenía el cabello tan amarillo como el oro, sonreía de una manera cálida y sus ojos azules parecían dos piscinas en verano, brillantes. Mis ojos comenzaron a rondar la fotografía detallando todo, no sabía porque aquella foto me causaba tanta inquietud, entonces en la orilla de la foto había un escrito en letras doradas.

"Lilly 1980-2005"

Al terminar de leer el ultimo numero sentí un leve hormigueo en las palmas mis manos, por mi espalda subió disparado un escalofrío desde mis pies hasta mi coronilla; lentamente y con torpeza deje la foto en donde estaba. Girándome a otro lado.

-Buenas Noches- escuché a Karpov decir.


Tercera Persona P.O.V

La chica se giró sobre sus talones para ver al hombre que la saludaba con tanta educación. Al escuchar su voz, su corazón comenzó a latir desembocado, sintiendo como ardían sus mejillas y su pecho. El la miraba atónito, parecía una diosa, lucía realmente hermosa.

-Buenas Noches Liev- respondió ella con nerviosismo sin embargo sus palabras salieron más seguras de lo que esperaba. El, la miró a los ojos mientras caminaba hacia ella, observando la diferencia que había entre la mujer que había visto hacia unas horas en el parque y la que se encontraba frente a él en ese mismo momento, ella lucía angelical, sincera y se podría decir que hasta inocente. Sin embargo, los ojos que había visto aquella tarde estaban llenos de tristeza, rencor y dolor. Parecía dos personas diferentes.

Queriendo probar su suerte, decidió actuar con normalidad. Se paró frente a ella ofreciendo su mano para que la tomara, ella, con suma delicadeza posó la suya sobre la de él, todos sus movimientos eran fluidos. Su piel lucia extremadamente cremosa y suave, tenía ganas de saborearla, pero no ahora, no allí.

-¿Nos vamos?- preguntó sonriendo al percibir el sonrojo de la chica, ella asintió y rápidamente caminaron hasta la entrada en donde los esperaba un carro negro bastante lujoso. Sin más, él abrió la puerta del pasajero para que entrara, ella entendió sin problema y se deslizó dentro del auto sintiendo el fuerte aroma a cuero, le cerró la puerta y se dirigió al asiento del conductor. Listos, partieron rumbo a la velada.

-¿Ya le había dicho que luce hermosa?- dijo él con una sonrisa, la chica halagada por sus palabras negó suavemente con una tímida sonrisa -Pues entonces déjeme mencionarle que luce hermosísima esta noche-

-Usted no luce nada mal- respondió con cierta timidez, él se rió sin embargo se dio cuenta de que la chica parecía no recordar su encuentro previo aquella tarde -¿Por qué no nos lleva un chofer?- preguntó con curiosidad la chica.

-Tenía ganas de manejar y a demás así puedo hablar mejor contigo, creo que es hora de acabar tanta formalidad y nos tuteemos, ¿Te parece?- preguntó sonriente, ella asintió -¿Qué tal tú día?- esperaba la respuesta impaciente.

-Bien, nada resaltante- dijo ella frunciendo el ceño, él noto como ella apretaba sus manos en su vestido y por un momento la notó tensa, la chica movió su cabeza hacia un lado de una manera peculiar, aguantaba la respiración, sus nudillos se tornaron blancos, él comenzaba a alarmarse sin embargo la chica volvió a mover la cabeza hacia un lado en un movimiento fluido y acto seguido se relajó , todo pasó muy rápido -¿Qué tal el tuyo?- preguntó seguidamente con una sonrisa despampanante, perturbado por lo que acababa de pasar respiró profundo y decidió restarle importancia para continuar la velada.

-Bien, unos cuantos contratos, nada extraño- le dijo sonriente disimulando su perturbación, entonces ella sonrío, bajó su mirada unos segundos y luego lo miró nuevamente.

-¿Cuál es tú negocio con mi padre?- preguntó la chica intrigada, sin embargo se podía notar cierto tono de tristeza en su voz. El la miró callado, se acababan de detener en un semáforo por lo que se veían con intensidad, ella subió una ceja incitándolo a hablar, él suspiró.

-He tenido problemas con ciertas personas...los que mataron a Lilliana...simplemente quiero que paguen- su voz salió dura y firme aunque triste, luego de hablar la miró y ella sonrío levemente, vaya que comenzaba a sentir algo por ésta persona pero al parecer él todavía no había olvidado a su esposa. Quedando en silencio nuevamente arrancó él auto para seguir con su camino ya que la luz había cambiado a verde.

-¿Y por qué yo entró en el negocio?- preguntó con tristeza. El la miro de reojo percibiendo su semblante apagado. Ella por primera vez comenzaba a sentirse querida por alguien, no solo usada.

-Tú… Tú no eras parte del negocio, tú no eres un negocio- sus palabras tocaron su corazón - Naraku simplemente te ofreció y yo acepté, quería distraerme con alguien- ella tragó duro, al parecer era sólo una distracción -Pero luego de anoche…supe que eras diferente creo que puedes sanar mi heridas y yo las tuyas, quiero conocerte más…espero que me lo permitas- conmocionada por sus palabras la chica bajó su mirada con las mejillas en llamas y su corazón latía desenfrenado. El al ver lo nerviosa que estaba movió una de sus manos que se encontraba en el volante hasta donde estaba la suya, con ternura y firmeza le dio un apretón leve y ella le respondió de la misma manera haciéndolo entender que aceptaba su propuesta.

-Pero…¿Qué hay de mi compromiso?- preguntó ella entonces cayendo en cuenta de su injusta situación. El la miró sonriente.

-Tranquila, tengo todo bajo control- su respuesta fue segura y relajada, particularmente ella no comprendía por que tanta serenidad, estaba claro con quien estaba tratando, no era un juego, era algo serio -Ya llegamos- dijo señalando un edificio bastante alto, de aparencia exclusiva y cara.

LLegaron hasta la parte delantera del lugar, era un hotel por lo que podía ver la chica desde la ventana. Inmediatamente un joven abrió su puerta al igual que la de Karpov, salieron y tomados del brazo caminaron hasta la recepción en donde en uno de los salones se daba lugar el evento. Antes de entrar se miraron a los ojos dandose valentía, ella lo agarró más fuerte y él hizo lo mismo, acto seguido caminaron dentro del salón.


En otro lugar de la ciudad se encontraba un hombre de sangre fría y sin arrepentimientos parado en su oficina, fumaba un cigarro dejando que el humo se escapara por sus labios de papel. Veía a la ciudad a su al rededor mientras su mente maquinaba. Con un vaso de whisky en su otra mano escuchó un barullo en las afueras de su morada, bien sabia quien era. Tomó un sorbo de su trago a lo que otra persona entró como un huracán enfurecido en el lugar rompiendo su paz.

-¡Naraku, me quieres explicar que demonios te pasa!- exclamó Bankotsu mientras se sacudía a los guardias de sus espaldas. El hombre frío como la nieve que veía por la ventana suspiró luego de consumir por completo su bebida, en ningún momento se volteó a ver al escandaloso.

-Señor disculpe- comenzaba a excusarse uno de los hombres que agarraban al revoltoso, Naraku simplemente sacudió la mano que tenía el cigarrillo en el aire y ellos dejaron libre a su compañero retirandose del lugar. Bankotsu, ajetreado, se acomodaba su corbata y su traje.

-¿Y? ¿Me vas a hablar o qué?- preguntó impaciente el hombre de ojos grises, su sangre parecía una olla hirviendo. Sin flanquear ni por un segundo Naraku suspiró de nuevo mientras botaba la colilla de cigarro en la basura. Se giró a verlo y se sentó en su silla con completa serenidad.

-No comprendo de que hablas- dijo simplemente encendiendo otro cigarrillo. Enardecido Bankotsu se acercó al escritorio haciendo que sus pies sonaran en la habitación mientras estampaba con fiereza sus manos sobre el mueble color caoba.

-Sabes bien de que estoy hablando- masculló el arrugando unos papeles que se encontraban bajo sus manos. Naraku lo miraba a los ojos sin expresión alguna -¿Cómo cojones vas a anular el compromiso? ¿Estás loco? ¡Y más si lo estás anulando por el maldito de Karpov! ¿Qué demonios te hizo? ¿Te lavó el puto cerebro o qué?- los ojos de Bankotsu parecían desorbitados, su furia era peor que la de un león, sin embargo Naraku actuaba como si estuviese tratando con un manso gatito.

-Las decisiones que tome o no con respecto a la niña no son de tú incumbencia- habló sutilmente haciendo que Bankotsu explotara.

-¡Claro que me incumbe! ¡Yo estoy tan metido en esto como tú! ¿Qué le paso al plan? ¿Karpov te hipnotizo a caso? ¿Cómo vas a confiarle algo así a un rico que conociste a penas tres meses? ¡Opino que mi trabajo ha sido bastante bueno y hemos estado a punto de lograr lo que queremos si no fuera por sus putos recuerdos!- el hombre de ojos grises y piel tostada respiraba con dificultad buscando aire, estaba demasiado molesto y sus corazón latía a mil por segundo. Naraku soltó una bocanada de humo llevando su mano a la coronilla - ¡Y no me parece que debamos confiar en ese hombre, hay algo en el que me da mala espina!- Bankotsu estaba por continuar sus quejas cuando Naraku lo miró de una manera que lo dejó paralizado haciendole poner la piel de gallina.

-¡Callate!- le dijo ahora un enfurecido Naraku -Ya me harte de tus malcriadeces y que tus métodos no den resultado, necesito esa información ahora mismo y tú no has hecho más que cagarla. Karpov puede darnos lo que queremos así que trágalo, la niña es mía y tengo un plan en mente. Si no te gusta te largas - culminó con firmeza. Bankotsu, aun enojado decidió tranquilizare un poco haciendo sus manos unos puños para poder controlarse, le interesaba conocer el nuevo plan.

-¿Qué plan tienes en mente?- preguntó entre dientes al hombre que se encontraba frente a el fumando de nuevo su cigarrillo, como si nada hubiese pasado.

-Sencillo…por la fuerza no sirvió lo que queríamos, es hora de usar otros métodos- maquiavélicamente Naraku sonrió, sin embargo, Bankotsu estaba más que confundido, no comprendía a que se refería por lo que arrugó su rostro -Ya verás a que me refiero…ahora vete, me has molestado bastante por hoy- dijo sin más volteando su silla para ver de nuevo por el amplio ventanal de su oficina.

Sin más quejas Bankotsu salió de la oficina aun enojado, no podía creer lo que estaba sucediendo, después de tanto tiempo su compañero decidía traicionarlo de esa manera, él bien sabía que no sólo quería lo mismo que él sentía algo por la chica, la quería suya para siempre y un rico estúpido no se la iba a quitar. El iba a pelear por lo que era suyo lo cual era la chica.

Bajó hasta su auto y salió directo a su hotel, en el camino pensaba mil cosas, todas eran formas de como recuperar su compromiso con la chica o primero que nada arrebatársela a Karpov. Miles de personas rondaron por su mente pero ninguno parecía ser el indicado, hasta que llegó a ella. Buscó su celular que se encontraba en el bolsillo de su traje hurgando en su directorio de contactos, en él pudo encontrar a la persona que buscaba, sin más le dio al botón de llamada y comenzó a repicar, luego de unos momentos alguien atendió.

-Si diga- dijo la voz seductora de una mujer.

-Necesito tu ayuda- dijo inmediatamente, ella se rió un poco.

-¿En qué puedo ayudarte Ivanovish?- pregunto con inocencia.

-Veme mañana al medio día en el hotel, mi habitación es la 215-

-Allí estaré- respondió ella colgando.

El guardo su celular dentro de su saco y siguió manejando. Ni Naraku ni Karpov iban a arrebatarle su tesoro.