Chicas! Disculpen! Comence clases y he estado ocupada, a demas que no se que hice y desconfigure mi teclado entonces no tengo ni signos ni acentos y ahora o por lo menos hasta que lo arregle tengo que mandarle los cap a una amiga y ella los edita y me los manda. Bueno disculpen, gracias por sus reviews por seguir la historia. Espero que les guste y que la espera valiera la pena. Espero actualizar pronto de nuevo. Besos, V
Aome P.O.V
Estaba acostada entonces sobre mi cama, viendo directamente al techo blanco de la habitación, temía que podría perder el juicio si veía cualquier otra cosa, trataba de concentrarme en recordar qué había pasado y más importante… averiguar qué me estaba pasando. Los últimos desmayos, borrones y repentinos regresos de memoria me tenían demasiado confundida y angustiada, comenzaba a pensar que podría estar enferma, aunque también existía la posibilidad de que Karpov tuviera algo que ver con todo aquello. Los sucesos de los recientes días eran singularmente peculiares, de pronto y sin avisar caía en un estado inconsciente aunque al parecer era como un piloto automático, como si yo estuviese ocupada y alguien más se encargara de actuar por mí, sin embargo, no recordaba nada, simplemente pasaba.
De la noche anterior sólo podía recordar el momento en que estuve en su sala observando la foto de una mujer llamada Lilly. Karpov dijo mi nombre, eso también lo recordaba, pero de allí en adelante era como si me hubiera acostado a dormir, pero nunca soñaba. Comencé a pensar en todo, obligando a mi mente a decir algo, algún recuerdo tenía que tener. Sentí punzadas en mi cabeza, al parecer me estaba esforzando demasiado, pero el dolor tuvo sus frutos, como una película mal grabada, una serie de imágenes pasó por mis ojos. Un baile, una risa, un beso, la luna, un abrazo, pero sobre todo, una frase...
"Como si fuera la primera vez"
No era la frase en sí lo que hacía que cada vello de mi cuerpo se erizara, sino la voz que escuchaba, estaba segura que era la de Inuyasha, sin embargo era imposible ya que él estaba muerto. Luego de esa frase todo fue borroso más no oscuro, podía ver su rostro como si tuviera un velo sobre mis ojos, la luz no ayudaba mucho así que no sabía quién era, yo suponía que era Karpov...de resto no recordaba nada hasta el momento que desperté en el supermercado junto con Sango... Mi pobre amiga, me rompía el corazón saber que la hería, pero no había mayor solución, era eso o la muerte segura.
Decidí tranquilizarme para hablar con Babu, necesitaba decirle a alguien lo que sucedía y ella era la indicada, hasta podría ayudarme de alguna manera. Respiré profundo y fui moviendo mi vista poco a poco, me senté sobre la cama y tomé una bocanada de aire para darme fuerzas. Bajé de la cama tocando el suelo tibio de madera y caminé hasta la cocina en donde sabía que la encontraría. Iba dando pasos pequeños apoyándome de la pared temiendo que pudiese desmayarme de nuevo. A medida que me acercaba a mi destino escuchaba un balbuceo, podía imaginarme con quién estaba hablando ella. Sigilosa me paré en el marco de la puerta sin que pudiera notar mi presencia, ella se encontraba de espaldas a mí con el teléfono en su oreja muy cerca de su boca como si estuviese cuchicheando algo.
-Ne mogu etogo sdelatʹ- creí escuchar -Zdesʹ bezopasno , i vy znaete- parecía regañar a la persona en la otra línea -Datʹ yemu vremya- escuchó unos segundos más el teléfono y luego lo colgó suspirando, aunque un poco enojada. Se quedo allí sin moverse por lo que decidí interferir, carraspeé y ella se giró inmediatamente -¿Devushka qué haces parada? ¡Vamos acuéstese!- me gritó caminando hasta mí.
-Estoy bien Babu...solo quería hablar contigo- le respondí sonriente mientras caminaba hasta la mesa redonda color celeste que estaba en medio del lugar, me senté en una de las sillas antes de que pudiera alcanzarme y la miré, en su cara se notaba la preocupación que sentía - ¿Qué tal un poco de torta y leche con miel?- le dije sonriendo, necesitaba relajarla. Ella me miró por unos segundos y luego asintió sirviéndome lo que le pedí. Una vez que puso el plato de porcelana con la torta y el vaso de cristal con la bebida se sentó frente a mí viéndome atentamente. Le di una probada a la torta que era realmente una delicia -Te quedó buenísima la torta- dije, buscando ablandar el ambiente. Ella se quedó callada y sólo pudo sonreír aunque la tristeza no dejaba que lo hiciera correctamente, había un ambiente tenso, estaba todo en silencio, se podría cortar el aire con un cuchillo -Babu...- dije buscando su mirada pero ella se levantó a lavar unos trastes dándome la espalda -Babu...- le volví a decir pero ella no se volteó, decidí hablar de todas formas -Babu, me están pasando cosas que no entiendo...no sé que me sucede y estoy asustada- le dije, sin darme cuenta, mis ojos se comenzaron a aguarse, noté como la posición de Babu cambiaba demostrando que estaba tensa -Estoy confundida...estos últimos días es como si perdiera la conciencia pero sigo actuando, como otra persona toma el poder sobre mí y luego regreso y no sé dónde estoy, hoy me sucedió con Karpov pero qué pasa si luego ocurre en otro lugar y cuando despierte no sé dónde estoy o qué hice, Babu estoy asustada ¡ayúdame!- le dije entonces llorando, sin embargo, ella seguía dándome la espalda sin moverse, no estaba segura siquiera si respiraba. Me levanté de la silla y caminé hasta ella lentamente -Babu, mírame por favor- le supliqué entre lagrimas pero ella no me encaraba, me coloqué tras ella y puse mi mano en su hombro, pude sentir cómo su cuerpo temblaba -¿Qué pasa?- pregunté angustiada. Ella se quedó callada como había hecho desde hace un buen rato y al pasar unos minutos tomó una bocanada de aire generosa. Se volteó y me miró, limpió mis lágrimas y tomó mis manos, no lograba descifrar su expresión.
-Devushka tener que irse- dijo ella con la voz quebrantada. Mi corazón saltó un latido haciéndome temblar, ¿A qué se refería?
-¿Q-qué quieres decir?- le pregunté.
-Devushka tiene que empacar sus cosas- volvió a decir, yo no entendía, ¿Por qué tenía que irme?
-¿Irme a dónde? ¿Con quién?- le pregunté alarmada, ella apretó con más fuerza mis manos como si buscara apoyo en ellas para no caer.
-Tener que irse de aquí con Karpov- habló ella, ya no sentía la sangre en mis manos de lo fuerte que me agarraba, aunque en realidad no me importaba, cómo me iba a ir a vivir con ese hombre, qué demonios le pasaba a Naraku. Mis rodillas que temblaban descontroladas me fallaron haciéndome caer al suelo -¡Devushka!- gritó asustada ante mi reacción, me encontraba dispersa.
-E-estoy bien sólo...- empecé a hablar sin sentido -T-tengo que hablar con Naraku- dije levantándome del suelo, caminé hasta la entrada mostrándome fuerte para que no se diera cuenta de cómo en realidad estaba.
-Devushka debe esperar- comenzó a hablar ella pero la corte.
-En seguida vuelvo, voy a arreglar esto- le dije y salí por la puerta cerrándola de golpe, estaba enojada, ¿Como se atrevía ese maldito Naraku a dejarme con Karpov? Ok, él no era tan malo y me trataba bien ¡pero no importaba! ¿Por qué era necesario que estuviera con un hombre? ¿Por qué no me podía dejarme tranquila encerrada en mi casa con mi nana, no era mucho pedir? Pero al parecer él se divertía viéndome sufrir. Con las lágrimas de enojo subí por las escaleras, no quería verme en el espejo del ascensor. Llegué rápidamente a la oficina del muy maldito que tenía como siempre guardias, no corrí con tanta suerte y a demás eran unos con los que no me llevaba particularmente bien.
-Vaya vaya, tiempo sin verte Aleksandria- dijo Renkotsu, un hombre alto y calvo de ojos achinados y tez pálida.
-¡Cómo has crecido!- dijo de forma sádica el hombre de baja estatura que cuidaba también la entrada, era realmente desagradable.
-Hermano Mukotsu, cuida tus modales- le dijo el hombre más alto.
-¿Qué hacen aquí?- les pregunté, ¿por qué siempre había algo que tenía que volver las cosas más complicadas e incómodas?
-Pues ¿qué crees?, ¿organizándote una fiesta?- Preguntó con ironía Renkotsu, tenía tantas ganas de matarlo en ese mismo lugar, pero no tendría sentido. Lo miré de una manera despectiva y comencé a avanzar, sin embargo, ambos se pararon frente a la puerta bloqueando mi camino.
-¿A dónde crees que vas niñita?- las manos de Renkotsu tomaron mis brazos para detenerme, Mukotsu en lugar de ayudarlo se encontraba muy ocupado observando mis pechos.
-Suéltame, necesito entrar- le dije entre dientes mirándolo a los ojos, la adrenalina comenzaba a correr por mis venas y las lágrimas en mis mejillas se secaban rápidamente.
-No lo creo preciosa- escuché la voz sádica de Mukotsu mientras trataba de tocar mi cuerpo, la furia tomó mi ser y me segué completamente, comencé a ver todo rojo, estaba enardecida no quería que ese bastardo tocara mi cuerpo más nunca en mi vida.
Rápidamente y tomándolo fuera de base le di una patada a Mukotsu en su zona sensible ocasionando que se revolcara en el suelo, me retorcí bruscamente de modo que Renkotsu me soltara, logré zafarme y lo empujé de modo tal que calló junto a su hermano en el suelo, le di una patada en el estómago y lo dejé sin aire. Con el corazón a millón corrí hacia la puerta y cuando estaba a punto de tocar la manija sentí como me jalaban por el cabello haciendo que me callera para atrás, no sentí el suelo sino un abdomen fuerte como la piedra, inmediatamente unos brazos me aprisionaron por el cuello dejándome respirar a penas, clavé mis uñas en el inmenso brazo que me ahogaba tratando de zafarme pero él era más fuerte, bien sabía quién era.
-Quieta- escuché la voz siniestra de Kyokotsu.
-Déjame- le grité con el poco aire que tenía lo cual fue una muy mala idea, me quedé sin aire y el sentimiento de desesperación comenzó a golpearme, lo rasguñaba pero él parecía no darse cuenta.
-Niña malcriada ya vas a ver- escuché mascullar a Renkotsu que se levantaba lentamente del suelo con una mano en su abdomen, se paró frente a mí y de un solo movimiento enterró su puño en mi estómago al no tener aire que botar lo único que salió de mi fue un grito de dolor. Mi opresor me soltó en el suelo repentinamente por lo que no me dio tiempo de reaccionar y me golpeé contra el suelo con fuerza , me hice un ovillo buscando aire -Ahora sí te retuerces en el suelo ¿no?- me dijo al oído Renkotsu pateándome de nuevo, aguanté el gemido que estuvo a punto de salir de mí, aunque no estaba en posición para pelear no iba a darle el placer de verme sufrir.
-Deja que yo me haga cargo de esto- escuché decir a Mukotsu entonces que sacaba de su saco de vestir una jeringa, abrí mis ojos como platos y traté de arrástrame hacia una esquina pero los otros dos me lo impedían sumado el dolor abdominal y la falta de aire -A ver, sé una buena niña y no te muevas- me dijo acercando la aguja a mi brazo -Eso es…- su rostro mostraba el placer que le causaba todo aquello, sentí la punta fría sobre mi piel y cerré mis ojos.
-Pero ¿qué demonios pasa aquí?- Dijo una voz femenina junto con el sonido de una puerta abriéndose, abrí mis ojos para ver a la persona allí parada, no necesitaba verlo para saber quién era.
-Hermano Jakotsu la niña se ha salido de control- intervino Mukotsu -Ahora si me permites la calmaré- dijo volviendo a mirar mi brazo.
-Argh, los dejo diez minutos solos y esto es lo que pasa. Déjala tranquila, él la quiere ver- Jakotsu entonces con su aspecto femenino y sin embargo, varonil, caminó hasta mí espantando a sus hermanos de mi cuerpo como si fueran buitres, me tomó del brazo y de un sólo jalón me levantó, sentí como si volviera a caer, aún me dolía el estómago y me costaba respirar -Niña pero ¡cómo has engordado!- dijo él mirando de arriba para abajo -Muévete que pesas- se quejó haciéndome entrar en la habitación.
Como de costumbre todo estaba medio oscuro, Jakotsu me lanzó en el suelo ¡cual pedazo de carne! y me golpeé de nuevo. Miré hacia arriba y habían tres personas más en la habitación, todos viéndome. Traté de levantarme lentamente pero el dolor en mi torso no me lo permitía.
-¿Qué te pasa? ¡Levántate! ¿No eres una chica fuerte?- Escuché entonces la voz de Jakotsu. Traté de levantarme de nuevo pero me fue imposible, tan sólo logré apollarme sobre mis pantorrillas con el torso encobrado, arropando mi estómago con una mano y con la otra me apoyaba en el suelo.
-No puedo- mascullé quejándome silenciosamente, respirar comenzaba a ser doloroso y complicado.
-Déjame ver- escuché entonces una voz dulce seguida de unas tibias manos, tomó mis muñecas dándose paso para revisar mi torso, yo dejé que hiciera lo necesario, al final de cuentas era mi doctor. Con cuidado subió la camisa que usaba dejando mi abdomen a la vista, no me atreví a ver, con ver la cara de Riukotsu fue más que suficiente, era malo, lentamente puso una de sus manos en la zona descubierta y presionó en ella, yo arrugué la cara, me dolía -¿Duele mucho?- me preguntó el hombre de tez morena y ojos cálidos.
-Un poco- mentí haciéndome la dura, presionó y tocó en otros lados.
-No es nada de qué alarmarse, sin embargo, tendrá que usar maquillaje para tapar eso- se refirió al hematoma que comenzaba a formarse en mi abdomen gracias a la delicadeza de Renkotsu. Escuché como Naraku se quejaba.
-Dale una silla no vaya a ser que le dé algo- dijo mi "preocupado" padre con los dedos en su cien. Inmediatamente mi médico fue a buscar la silla y sentí dos brazos alzándome aunque en realidad hubiese preferido que me dejaran allí en el suelo, era Bankotsu. Lo miré con mi usual desprecio y asco, sin embargo, él estaba disperso, no me miraba, no me tocaba de las maneras que no debía, algo estaba pasando. Me sentó en la silla que trajo Riukotsu dejándola en el mismo lugar en donde había sido levantada. Los miré a todos con odio.
-Hola hermanita, tiempo sin verte- escuché entonces la voz monótona y fría de un niño que entraba a la habitación junto a una mujer alta, pálida y de cabellera negra. Lo miré queriendo correr y matarlo pero apenas y podía respirar -¿Qué? ¿te comió la lengua el gato?- preguntó tratando de sonar divertido.
-Kagura ¿por qué tardaron tanto?- preguntó molesto Naraku.
-No es mi culpa que este niño sea un indeciso- se quejó la mujer que había entrado a la habitación junto con el niño.
-Hakudoshi hijo mío, ¿es eso cierto?- preguntó Naraku al niño que me habló previamente, era un albino, tan blanco como la nieve.
-Sólo me tomó mi tiempo- respondió parándose frente a mí viéndome a los ojos, él era apenas un niño de once años y se creía más que yo, claro como Naraku no lo odiaba y lo trataba bien se creía muy importante. Lo miré esperando a que hiciera algo pero él simplemente me veía.
-¿Qué haces aquí?- le pregunté una vez que la habitación estuvo completamente silenciosa, no teníamos la mejor relación hermana-hermano y sinceramente no estaba interesada en tenerla.
-Sólo vine a verte una vez más antes de que te marches- Me dijo cambiando su mirada momentáneamente hacia Bankotsu que me veía igualmente, a penas y pude percibir aquel cambio.
-Te podías ahorrar el gesto- dije entre dientes aferrándome con las manos a la silla, sino le iba a saltar encima y…digamos que no tomaría responsabilidad por mis actos.
-Niños, basta de pelear- nos regañó Naraku como si fuéramos realmente sus hijos, yo no lo era y Hakudoshi aún no tenia idea, ni me importaba aunque eran bastantes similares hasta en la forma fría y despiadada de ser -Ahora a lo que nos interesa, deja pasar a los otros- comenzó pausando en su oración para fumar un poco de su cigarrillo, los tres que se encontraban afuera más uno que no había aparecido antes, Ginkotsu, una vez que todos estuvieron adentro, continuó -Alekasandria se irá a vivir con Karpov- iba a continuar pero no me pude contener.
-¡¿Qué demonios te pasa? ¡¿Cómo me vas a dejar viviendo en casa de ese hombre? ¡No iré!- le grité levantándome un poco pero me calló una cachetada del pequeño albino que se encontraba frente a mí, me quedé en shock, ¡¿cómo se atrevía ese enano a hacerme tal cosa?
-Gracias hijo, como seguía diciendo- continuó muy normal -Alekasandria se irá a vivir con Karpov. Hemos anulado el compromiso con su hermano Bankotsu porque las cosas no dieron resultado- ¿qué demonios? Naraku me estaba buscando un mejor marido ¿o qué? -Los convoqué a todos porque ustedes se encargarán de vigilar y protegerla- el silencio en la habitación en ese momento se hizo un poco incómodo, por lo menos para mí. Luego de tantos años de hacerme daño ¿ahora iban a protegerme? Su mirada entonces se posó en mis ojos- Si tratas de escapar, Kaede muere- tragué duro, era de esperar que buscara algo para evitar mi escape -Y bueno eso era todo lo que quería hablar con ella presente, ahora baja y termina de empacar nos vamos en unas minutos a casa Karpov, necesito tratar unos puntos con ellos a solas- me botó despectivamente, sin embargo, yo no me moví.
-¡No pienso irme! ¡No me iré a casa de Karpov! ¡Prefiero que me encierres en mi cuarto el resto de mi vida!- le grité obteniendo tan sólo una risa desganada.
-Primero querías irte y ahora quieres quedarte, quién te entiende. Baja, no me hagas perder mi tiempo- dijo más serio amenazándome con su mirada.
-Dije que no me iré y es en serio- refuté de nuevo.
-Bankotsu sácala de aquí por favor- inmediatamente vi como desde la esquina de la habitación Bankotsu se movió hasta mi, tratándo de alzarme por el brazo pero frocejeé ignorando el dolor que sentía.
-No me voy a ir de aquí- dije mirando a cada uno de los presentes a los ojos comenzando por Naraku, terminando por Bankotsu, él simplemente suspiró y estaba a punto de cargarme en su hombro pero Suikotsu lo detuvo.
-Espera, si haces eso podrías empeorar el golpe que tiene- le dijo con su dulce voz, su hermano simplemente asintió y prosiguió a alzarme de forma nupcial, comencé a lanzar patadas y golpes pero fue en vano, pronto habíamos salido de la habitación entrando en el ascensor en donde me puso sobre el suelo. Comencé a pegarle en el pecho buscando desquitarme, las lágrimas comenzaban a salir y no lo podía evitar. La razón por la que no quería ir con Karpov era el hecho que todos los desmayos, las lagunas y espacios en donde no sé qué hacia ocurrían con él, no quería que siguieran pasando ya que temía poder hacer algo de lo cual me lamentaría. Lo que más me sorprendió de todo aquello es que Bankotsu no me detuvo en ningún momento, alcé la mirada y él simplemente me veía sin expresión alguna
-¿Qué? ¿Te gusta lo que ves? ¿Disfrutas viéndome sufrir verdad?- le grité mientras las puertas del ascensor se abrían, él una vez más no respondió. Decidí ignorarlo y salí abriendo la puerta de mi casa dejándolo solo en el pasillo, tranqué la puerta de un portazo y me dejé caer llorando ante lo que veía, mis maletas justo frente a mí, ya todo estaba empacado. Babu apareció entonces, tenía los ojos hinchados, había estado llorando.
-¿Devushka estar bien?- preguntó agachándose frente a mí, limpiando mis lágrimas, yo bufé viendo hacia un lado, nada estaba bien -Ven a bañarse antes de irse, dejé unas ropas sobre la cama para que la use- se levantó ofreciéndome su mano, la vi mientras la tomaba y me ayudaba a levantarme.
Caminamos juntas hasta el baño me quedé parada, simplemente no podía moverme, mis lágrimas bajaban con riachuelos por mis mejillas llegando hasta mi mentón en donde caían sobre mi camisa mojándola. Babu al notar esto prosiguió a hacerlo como en los viejos tiempos. Abrió la llave del agua dejándola correr para que llenara la tina, luego se giró hacia mí, llevando sus manos al dobladillo de la camisa que usaba, la sacó por mis brazos y mi cabeza secando un poco mi cara. Se detuvo por un momento observando mi abdomen, yo no me atreví a ver. Sus ojos se aguaron pero siguió con su tarea, desabotonó los pantalones y me despojó de ellos con delicadeza. Desabrochó mi sostén en mi espalda y lo deje caer al suelo, con cuidado bajo mis bragas por mis piernas hasta que por fin quedé desnuda. Apagó el grifo de agua que había llenado un poco menos de la mitad de la tina y entré en el agua caliente. Ella prosiguió a tomar la regadera y comenzó a echarme agua en la cabeza, los hombros, la espalda mientras con sus manos me acariciaba, me dolía estar en aquella posición pero no me importaba. Reposé mi rostro sobre mis rodillas y cerré mis ojos, Babu comenzó a tararear la canción que me tarareaba para dormir cuando estaba más pequeña. Sentía como el agua caliente bajaba por mi espalda y se escabullía por mi pecho. Lavó mi cabello y enjabonó cada espacio de mi piel. Al terminar me levanté y ella me arropó con una toalla, secó mi cabello y lo peinó como si fuera una princesa. Luego salimos al cuarto y me dio un beso en la frente, ya no podía aguantar más así que se excusó para ir a la cocina, a llorar. Miré la ropa sobre la cama y suspiré, ya no me quedaban más lágrimas que derramar, me dolían los ojos al igual que mi cabeza. Sin ganas me vestí con lentitud gracias al dolor que tenía en mi abdomen, luego de ponerme la ropa interior decidí ver aquel moretón, de todas formas tendría que maquillarlo así que no podría ignorarlo. Caminé hasta el espejo de cuerpo completo y tragué duro al ver la inmensa mancha púrpura que abarcaba la mayor parte de mi abdomen, contuve la rabia que tenía y respiré. Maquillé el moretón y cualquier otro que se encontrara en mi cuerpo, al ser tan pálida mi piel era sensible y de nada me salía un morado. Terminé de vestirme y me dirigí a la cocina, Babu se encontraba en la mesa viendo por la ventana, tenía unos pañuelos arrugados frente a ella y algo en sus manos.
-Ya estoy lista- susurré desde el marco de la puerta, pero ella no se volteó a mirarme inmediatamente, pasaron unos minutos luego dio un suspiro y me miró. Sus ojos estaban pequeños y su cara triste, esta sería la primera vez que me separaba realmente de ella, nunca desde que había sido adoptada me habían separado más de un día de ella, era la única que se preocupaba por mí, la que sanaba mis heridas y escuchaba mis historias, la que me apoyaba y me defendía, ella era como una madre para mí. Se levantó caminando lentamente hasta que se paró frente a mí, tomó una de mis manos con la palma hacia arriba, dejó caer algo en ella y la cerró con su mano, yo la miré sin entender.
-Eso ser suyo-me susurró un tanto abatida, yo arrugué la cara y ella soltó mi mano para que pudiera ver qué era lo que me había dado, cuando abrí la mano me sorprendí mucho ante lo que veía.
Era el collar que siempre usaba, una cadena delgada de plata que sostenía una pequeña perla rosada.
-Babu no puedo, esto es tuyo- le dije tratando de devolverlo pero ella negó con la cabeza.
-Eso ser para ti, por favor acepta- me miró a los ojos directamente -Eta tsepʹ otnosit·sya k moyeĭ semʹe, kazhdaya matʹ otdaet yego docherʹyu vnuzhnoe vremya, ty moya dochʹ , i eto samoe podhodyashchyee vremya (Esa cadena pertenece a mi familia, cada madre se la entrega a su hija en el momento indicado, tú eres mi hija y éste es el momento indicado)- no pude resistir y le di un gran abrazo el cual ella devolvió. Nos abrazamos de una manera salvaje como si no fuera suficiente, buscando por más, no quería dejarla ir, no podía dejarla ir, ella era demasiado valiosa para mí y aunque no quisiera tenía que ir a casa de Karpov y quedarme porque sino ella moriría por mi culpa, algo que nunca podría perdonarme. En ese momento escuchamos cómo golpeaban la puerta, nos giramos aún abrazadas y me topé con la mirada de Bankotsu, seguía disperso.
-Ya es hora de irnos…pero…quiero hablar contigo antes- me dijo muy bajo, yo no entendí a qué se refería pero asentí, se veía anormalmente inofensivo. Dio un paso entrando por completo en el lugar y de tras de él aparecieron dos de sus hermanos, Renkotsu y Mukotsu tomando las maletas y desapareciendo con ellas rápidamente. Babu los miró con asco. Bankotsu me señaló que lo siguiera a mi cuarto cosa que hice lentamente, Babu trató de detenerme pero asentí dándole a entender que todo estaba bien. Lo seguí, no entendía que le pasaba. Una vez dentro del cuarto me dejó entrar y cerró la puerta, me alejé de él esperando lo peor, sin embargo, el dio tan sólo dos pasos al frente dejando una distancia razonable entre ambos. Miraba al suelo, su lenguaje corporal dejaba claro que algo malo sucedía -Aleksandria…Aome…- dijo con voz ronca, al escuchar mi nombre sentí una punzada en la parte baja de mi cráneo, cerca de mi nuca, llevé mi mano allí discretamente presionando de forma que dejara de doler. También me parecía muy extraño que me llamara por mi verdadero nombre, solo lo había escuchado decirlo una vez, hace mucho tiempo. -Yo…- decía con la mirada en el suelo -Yo tengo que…- volvió a tantear, se quedó callado por un momento lo cual me puso extremadamente nerviosa y mi cabeza misteriosamente dejaba de doler poco a poco. Entonces subió la mirada del suelo y se clavó en mis ojos, podía sentir cómo sus orbes diamantes atravesaban mi ser -Yo te amo Aome- dijo acercándose lentamente a mí. Mi corazón dejó de funcionar o eso creía yo, el aire que bajaba por mis pulmones hizo que me atragantara, trabándose en mi tráquea y la cabeza me daba vueltas, perdí el equilibrio por un momento pero él me tomo por el brazo con una delicadeza que nunca antes había sentido o visto por parte de él -Estás bien?- me preguntó, pude sentir su respiración sobre mi rostro, se encontraba muy cerca de mí -Aome…yo solo quiero que sepas…que no te dejaré con ese hombre, no me da buena espina- Al fin alguien que también lo piensa - Yo buscaré la forma de recuperarte y nuestro compromiso igual, haré lo que sea necesario para que seas mía de nuevo y de nadie más- comencé a asustarme ante su deseo de posesión sobre mí -Ya tengo gente en movimiento y…tranquila volverás a mi lado pronto- Lentamente y con dulzura me dio un suave beso en los labios, apenas y pude sentirlos, sólo fueron unos segundos, pero la verdad me encontraba en completa confusión -Vamos, la limosina espera- me dijo arrastrando fuera de la habitación cuando de pronto se detuvo haciendo que golpeara contra su espalda -No menciones nada de esto a Naraku, de acuerdo- me pidió seriamente yo asentí y seguimos.
Al salir encontramos a Babu esperando en la puerta, se notaba que no podía contener las lágrimas ni un minuto más, al verme rompió una vez más en llanto ocasionando el mismo efecto en mí. Por última vez llegué hasta donde estaba ella y la atrapé con mis brazos, su pequeño y blando cuerpo se abatía por el llanto. Yo, trataba de controlarme aunque no podía evitar llorar. Bankotsu me miro haciendo que me apurara así que me separé de Babu aunque sinceramente fue lo más difícil que había hecho en toda mi vida, el dolor tan grande que sentí fue inexplicable, otro vacío a mi corazón…
-Cuidase Devushka, sabe que siempre estaré aquí- me susurró colocando una mano en sobre mi corazón, yo asentí sin poder hacer más.
-Te amo Babu- le susurré por última vez caminando junto a Bankotsu fuera de mi "hogar". Cerró la puerta tras de mi sintiendo cómo se formaba un nudo en mi pecho que se retorcía y me dolía. Seguí llorando hasta que llegamos al sótano en dónde nos esperaban, me arreglé el rostro en el espejo, peinando mi cabello, secando mi cara y ordenando mi camisa. Hasta ese momento había ignorado el dolor que sentía en mi abdomen, sin embargo, comenzaba a hacerse presente.
Los hermanos de Bankotsu se encontraban al rededor de la limosina junto a mi supuesto hermano y su nana. Naraku estaba con ellos también, sin embargo, hablaba por teléfono. Caminamos hasta donde estaban y los miré con rencor y odio, no lo podía evitar, era lo único que podía sentir en aquel momento, sumado el dolor abdominal, me sentía fatal.
-¿Nos vamos entonces?- Dijo Naraku incorporándose en la incómoda situación, sin decir nada me acerqué a la puerta y la abrí lanzándome dentro del auto seguida de Naraku y Bankotsu, cerraron la puerta e inmediatamente mi "padre" bajo la ventanilla -Ya saben qué hacer; nos vemos luego hijo- Y con eso partimos.
Todo el camino fue completo silencio, nadie decía nada, era particularmente anormal aquella situación. Decidí no prestarle atención y concentrarme en pensar en qué le diría a Karpov, si creía que se iba a aprovechar de mí estaba equivocado. También jugaba con la pequeña perla que me regaló Babu. Al pasar unos minutos habíamos llegado a nuestro destino. Llegamos y rápidamente los mayordomos de Karpov descargaron el maletero del auto con todas mis pertenencias. Nos bajamos de la limosina y caminamos hasta la entrada.
-Disculpe, pero el señor Karpov ha tenido que partir hace unos minutos por una emergencia. Me pidió ofrecerles sus más grandes disculpas pero era realmente urgente- Informó entonces el hombre alto y anciano que se encontraba en la puerta.
-No se preocupe, comprendo perfectamete- le respondió Naraku a lo que se giró a verme y me alejó un poco de la puerta para hablarme -Espero que te comportes, te estaré vigilando y recuerda, si tratas de escapar, ya sabes las consecuencias- terminó la oración con un tono amenazador, simplemente lo miré, lo odiaba tanto -Hablaremos luego- Sin más entró de nuevo en la limosina junto con Bankotsu que antes de desaparecer en el auto me regaló una mirada de compasión, lo cual me hizo sentir aún peor, partieron y tan rápido como habíamos llegado se fueron.
-Señorita acompáñeme, el señor dijo que le mostrara la casa- me dijo el mismo anciano de antes invitandome a pasar, yo me giré con una falsa media sonrisa, bien sabía que aquel hombre no tenía culpa de nada así que no tenía sentido que me enfadara con él. Caminé pisándole los talones hasta que llegamos al lobby -¿Por dónde quisiera empezar?- preguntó él con mucha clase.
-La verdad me gustaría conocer la casa por mí misma si no es mucho problema- le dije sonriente, como si nada malo sucediera.
-¡Oh! Por supuesto que no, éste es ahora su hogar, por favor siéntase libre de hacer lo que quiera- me respondió el hombre muy alegre.
-Gracias- con eso él desapareció y yo comencé el tour.
La verdad aquello era sólo una farsa, tenía que encontrar algo con lo que podría arruinar a Karpov y salir de allí, algo que demostrara alguna traición con los acuerdos de Naraku, tenía que haber algo, un error, un desliz, lo iba a averiguar y me iba a salir de allí. Él simplemente no me daba buena espina.
