Capítulo 2

Cogió varios vestidos y los llevó hasta su armario. No eran muy grandes pues la niña no era muy alta mas le resultaban muy bonitos y graciosos con tantos detalles en tan poca dimension. Cuando llegó Gabriela estaba sentada en el poyete de la ventana.

- Te vas a resfriar si sigues ahí.- Dijo con toda la dulcura del mundo- Vamos, ven. Sientate aquí conmigo.- Ella le hizo caso y se sentó a su lado. Tenía miedo a que por la noche, vinieran monstruos salidos de la oscuridad a por ella y se la llevaran lejos muy lejos. Guenivere ya había previsto el miedo de la niña, por lo que ordenó desalojar la habitacion que había al lado de la suya y Arturo para que la niña durmiera allí. La niña tocó la cama.

- Mi cama estaba más dura, pero no era tan fría como esta.- Agregó Gabriela para romper el hielo entre las dos.

-Entonces recuerdas de donde vienes.-No era una pregunta pero Gwen lo daba a entender.

-Lo único que recuerdo es que mi madre estaba tumbada a mi lado en la cama. Luego se escucharon gritos y mi madre fúe a haber lo que pasaba, cuando volvió, me encerró en el granero donde podía ver a mí madre, que no entró conmigo. Unos guardias entraron, llevaban el mismo dragón que hay en las banderas de este castillo. Intentaron apresarla a ella y a toda la población.- Luego se paró y unas lágrimas le corrieron por las mejillas.- Uno de ellos le dió con la empuñadura en la cara y se cayó al suelo. Mi madre pronunció algo y desaparecí. Luego vine aquí.- Gwen no sabía de que hablaba porque Camelot no ha atacado a nadie durante cinco años. Aún así sabía que la niña no mentía.- La echo de menos.

Gwen le dió un beso en la frente en señal de que no temiera nada y de que descansara en paz por esa noche. La niña se arropó hasta los hombros y luego cerró los ojos, mas una pregunta la despertó otra vez.

- ¿De donde sacaste esa capa?- Dijo mirando la capa verde con la que había apareció.

- Es de mi madre.- La respuesta fúe la última pieza del puzzle. Ella fingió una sonrisa y luego salió de la habitación. Tenía que decírselo a Merlín, él tení magia y la ayudaría a resolver aquel misterio.

Merlín estaba profundamente dormido pero unos susurros lo despertaron. Conocía aquel tono de voz cansado, así que cogió su chaqueta y salió lo más pronto posible de la habitación para no despertar a Gaius. Se dirigió al claro del bosque como siempre, donde esta vez el dragón llegó primero.

-¿Por qué me has llamado?.-Preguntó Merlín aún somñoliento.

- La niña esa que Arturo y tú habeis encontrado ¿De donde viene?.

- No lo sabemos, pero...- Y miró al dragón que tenía una expresion picara.- Tu si sabes quien es ¿Verdad?

- Claro que lo sé. Por eso he venído a advertirte. Muchos intentaran matar a la niña pero tu no debes permitirlo.

- ¿Por que no debo permitirlo?

- ¿No te has dado cuenta del parecido que tiene la niña contigo?- Al decir aquello ya sabía por donde iba.- Ella es tu hija. ¿Como explicarías que hubiera podido hacer una clase de hechizo tan potente?

- ¿Qué clase de hechizo?- Preguntó Merlín.

- Uno para controlar el tiempo. Solo magos muy poderosos son capaces de hacerlos. HA venido a hacer algo, tiene una misión y su deber es cumplirla aunque eso suponga morir.

- Espera...- Grito el joven mago- ¿Quién es la madre de la niña?

El dragón rió y alzó las alas para empezar a volar y Merlín movió la cabeza en signo de negación. No le iba a responder. Pero él solo se había enamorado de una persona y posiblemente sea la madre: Freya. Se volvió con una sonrisa en los labios.

Cuando Merlín llegó a su habitación Gaius, Lancelot y Gwen estaban esperandolo de pie. Con cara de extrañeza le preguntó a Gwen que es lo que pasaba y ella le contó a Merlín la conversación con la niña.

- ¿Entonces no sabemos quien es la madre?- Dijo extrañamente Lancelot. Negaron con la cabeza.

- No sé quien es la madre, pero ella es morena como Freya y es la única persona a la que he amado tanto como para tener una hija con ella.- Sentenció Merlín bastante convencido.

- ¿Qué es lo que te ha dicho el dragón?- Preguntó otra vez Lancelot.

- Que tenía una misión.- Dijo dudoso Merlín. No sabía de que se trataba pero pensaba ayudarla. Al terminar de conversar Lancelot salió seguido de Gwen, la cual estaba con el ceño fruncido. Merlín entró en su cuarto para dormir.

- Gwen...¿Estas bien?- Gaius estaba preocupado por Gwen, este asunto no le sentaba muy bien, lo notaba. Ella sonrió y salió de la puerta. ¿Es que nadie se había dado cuenta de que merlín tenía los ojos azules? La niña los tenía verdes. Y si bien recordaba la dama del lago los tenía marrones oscuros.

Abrió los ojos despacio. Aunque había sido una pesadilla, era la misma que tenía todas las noches, así que ya no le asustaba. Miró por la ventana. Lo único que se veía eran casas, era bonito, pero no era el bosque. Tenía que encontrar esa pulsera o más rapido posible. Se puso el vestido mas sencillo de los que le había traido gwen y su capa. Salió corriendo y sienciosamente para que ningun guardia pudiese captar el ruido de sus andares. Al salir del castillo, se adentró en el bosque, alguien la seguía. Intentaba no ponerse nerviosa, actuar lo más natural posible. El ruido de los ratones rollendo frutos secos caidos de arboles, el crujir de las ramas de animales que pasaban por encima de ellas, el aleteo de los buhos buscando sus presas y el agua del rio chocando contra las piedras, la hacía sentir bien, más que bien, se sentía como si le hubiesen devuelto la vida que le habían robado al alejarla del bosque. Pero había ruidos que no lo producian los animales, sino un humano que no se había criado en el bosque. Había llegado al lugar de más expesura del bosque, donde se escondían los druidas. Allí tendría que encontrarse la casa en la que había vivido con su madre. Pero no estaba. La persona que la seguía seguía haciendo ruido. Tendría que ser el más torpe del mundo. Pero cuando se iba a volver, un arbusto se movió delante de ella. Gabriela estaba asustada, pero se mantuvo recta para que no diera esa impresion. De los arbustos salió un niño joven, de ojos azules y melena negra. Mordred. Pero el no pareció reconocerla. Quizas por que no la conocía. Entonces sus sospechas eran ciertas. No era de esa época. Mirando bien al niño, era mucho más joven de lo que le recordaba, pero anún así seguía siendo mañor que ella uno o dos años.

-¿Quien eres tú?- Preguntó el chico realmente no la recordaba. Eso la entristeció. Hub una época en la que estuvo enamorada de él y que no la recordara era horrible. Un crujir de hojas la despertó de su ensoñación, alguien la seguía, todavía. Decidió hablar con Mordred y contale lo que le había pasado. Pero si lo hacía quien quiera que la siguiera lo sabría. Por lo que optó por decirselo mentalmente. Cuando terminó de hablarle, él sonrió comprensivamente y le pasó un brazó por el hombro. Gabriela se sonrojó y dió gracias a dios de que era de noche y no se veía nada, ni siquiera su color de mejillas. El la miró a los ojos. Estaba muy cerca- pensó ella- podría rozarle la naríz con la mía si quisiera. Pero se contuvó, el la cojió de la mano y tiró de ella. Él tambien escuchó un crujir de ramas detrás de ellos, siguiendolos. "Emrys" Dijo mentalmente y supo que él lo había oído por lo que sonrió cínicamente. Empezaron a correr tan rápido que no pudo seguirlos sin ser visto. Por lo que decidió andar lentamente, sin hacer ruido. Los había perdido.

Llevaban más de dos horas y tres cuartos allí. Qué estaba haciendo, no lo sabía. Iba a irse, cuando la vió salir, con la capa puesta y una caja en la mano. Iba sonriendo y feliz. Sentía remordimientos, pero se le pasaron al ver que Mordred la seguía. Este le dió un beso en la mejilla en señal de despedida y ella volvió a sonreir. Luego empezó a correr hasta llegar a donde él estaba y luego le despidió con la mano. Mordred sonreia. Era la primera vez que sonreía de aquella forma, dulcemente. Luego ella siguió su camino hasta el castillo y Merlín la seguía. Todo padre se preocupa de su hija. Era casí el amanecer, por lo que todos los campesinos sirvientes y obreros estarían ya en sus puestos de trabajo. Pero ella se la arregló para que no la vieran.