Hola chicas! Ya logré arreglar el problema con mi compu sin embargo mi tiempo esta algo corto, por eso no he respondido muchos reviews o mensajes jejeje pero sepan que si los leo y los aprecio mucho es que simplemente me llega el correo al celular y es demasiado estresante responder de allí y luego se me pasa y no lo respondo, lo lamento tienen derecho a odiarme. Pero bueno aquí les traigo algo nuevo, un poco corto pero espero que sea de su agrado. Gracias por sus reviews y las que siguen esta historia, las quiero un mundo y estamos hablando! Besos! V
Inuyasha no me pertenece pero esta historia si :)
Comencé a caminar lentamente observando todo a mi al rededor. Los cuadros con pinturas antiguas, los decorados al estilo victoriano, era bastante clásico aunque moderno al mismo tiempo. Recorrí rápidamente la primera planta en donde se encontraba la sala, la cocina, un estar, el cuarto de lavandería, los cuartos de los empleados y la salidas a los diferentes patios y piscinas que tenia el muy condenado. Entonces decidí subir a la segunda planta en donde probablemente encontraría los cuartos, tal vez una biblioteca o un estudio, lo más seguro es que en aquellos lugares encontrara mi ticket de salida. Subí las escaleras de mármol pasando mi mano por el barandal, se sentía frío bajo mi piel, a mi derecha otros adornos decoraban la pared.
La segunda planta era un pasillo completamente recto y amplio, al lado izquierdo se encontraban una serie de ventanas altas por donde se escabullía el sol iluminando el suelo alfombrado y las paredes estampadas. Caminé sintiendo la tibia luz sobre mi cuerpo con cada paso que daba. Aquello me recordaba mucho a mi habitación en las mañanas, la luz del sol siempre lo iluminaban haciendo que se sintiera tibio… entonces, no sé por qué,recordé el hecho de que Bankotsu había dicho que me amaba, hasta aquel momento no me había dado cuenta de lo que en realidad significaba, sin embargo era extraño, ¿Por qué si me amaba me trataba de la forma que lo hacia? La verdad nunca me hubiera imaginado que esos eran sus sentimientos hacia mi, sinceramente me era difícil creerlo pero era justo lo que necesitaba, con él de mi lado se me haría mas fácil salir de allí.
¿Por que no quería estar con Karpov? el hecho de que era muy misterioso, y si me trataba bien, pero sólo en los pocos momentos de memoria que tenía con él ya que no podía recordar absolutamente nada de las noches anteriores, ¿Qué hacia? ¿Me drogaba o qué? No lo sabía pero siempre sucedía estando con el, lo cual no era normal. Cuando estaba a su al rededor me sentía extraña como si algo de mi quisiera estar con él pero no al mismo tiempo.
Decidí apartar las preguntas de mi mente y me dirigí a la primera puerta, habían tres. Giré el el picaporte empujando la puerta dejándome entrar. Era un cuarto simple, modesto sin embargo muy bien arreglado. Parecía ser un cuarto de huéspedes. Nada fuera de lo normal, opté por no revisarlo. Cerré la puerta tras de mi siguiendo mi camino hacia la otra puerta, estaba muy atenta de que no apareciera algún mayordomo y me agarrara espiando. Una vez frente a la puerta hice lo mismo que con la otra y entré.
Por alguna razón algo dentro de mi me indicó inmediatamente que aquella era su habitación y vaya que debía serlo, era muy elegante y tres veces más amplia que la anterior. La cama se encontraba al lado de un balcón, a cada lado de la cama habían dos mesas de noche color caoba. Me dirigí a ellas en busca de algo, abrí la gavetas y comencé a indagar pero no podía encontrar nada solo libros, pelusas, pastillas, bolígrafos, lentes y una barra de chocolate. Me senté en el banco que se encontraba en la falda de la cama sin ningún éxito y comencé a observar todo a mi al rededor, frente a mi había una puerta, justo en la esquina, en el otro lado un marco del mismo color que las mesas de noche hacia una especie de puerta. Caminé hasta allá sin nada que perder, di un paso dentro de lo que había luego del marco lo cual desconocía porque estaba completamente oscuro, pero apenas coloqué mi pie en el suelo las luces se encendieron. Era un vestier inmenso, aquello parecía una tienda de marca, como las de Gucci o esas cosas elegantes que nunca me gustaron. Sin perder tiempo me encontraba inspeccionado todo el lugar, pero una vez más no pude encontrar nada. Estaba revisando unas cajas que se encontraban en la parte alta de uno de los armarios cuando accidentalmente hice que una caja se cayera, cuando mire al suelo no me sorprendí.
Un arma, específicamente una Magnum 45, la tomé con cuidado pero tenía el seguro puesto, era fría pero podía sentir el poder que podía significar tener aquel objeto, ya sabia en donde estaba en caso de necesitarla. La guardé en la caja y la dejé en su lugar. Terminé de buscar en toda la habitación sin encontrar absolutamente nada, de nuevo. Cuando iba a salir para dirigirme a la habitación me percaté de que al lado de la puerta se encontraban mis maletas, sinceramente no me había dado cuenta que se encontraban allí. Me molestó el hecho de que las pusieran allí, ¡No quería dormir con el! Como un toro, tomé mis cosas y las dejé en el cuarto anterior. Cerré la puerta y seguí hasta la última.
Debía apurarme tenia el presentimiento de que Karpov podría llegar en cualquier momento, caminé rápido a la última puerta girando el picaporte y empujando la puerta pero para mi sorpresa estaba cerrado, empujé la puerta de nuevo esperanzada de que no había tenido fuerza suficiente para abrirla pero ni que tuviera la fuerza de Hulk esa puerta se iba a mover ¿Por qué estaría cerrada? Debía tener algo escondido en aquella habitación y mi deber era averiguar qué. Escuché unos pasos que se aproximaban así que me separé de la puerta y corrí hasta la ventana simulando que admiraba la vista que era en realidad muy agradable.
-Señorita Karshnikova- escuché la voz del mayordomo que me había recibido hace un rato, tomé aire y me giré con la sonrisa más hipócrita que nunca había sentido en mi vida.
-Si dígame- respondí amablemente, ese hombre no tenía la culpa de nada.
-El señor Karpov acaba de llegar y quisiera verla en el jardín- Genial… disimulando cualquier acto de repulsión asentí con mucha tranquilidad -¿Desea que la guíe o recuerda el camino?- preguntó muy educado.
-Tranquilo yo puedo llegar sola, muchas gracias- sin más el hombre desapareció y yo me quedé allí parada por un momento. Respiré profundo y me dije a mi misma que tenía que ser fuerte, que no me iba a desmayar, no perdería la conciencia y estaría alerta cien por cierto. Entonces comencé a caminar hacia las escaleras, ese hombre no sería más fuerte ni listo que yo.
Duré eso de cinco minutos en llegar al jardín en donde había unn especie de casita al final, como las de las película antiguas. Un sendero de piedras guiaba el camino hasta aquel lugar en donde podía divisar a Karpov, estaba solo con la mirada perdida, se podría decir que hasta preocupado. Comencé a caminar lentamente siendo abrazada por el aroma de las peonías que adornaban el camino. Llegué a los escalones de la pequeña casa era redonda y sin paredes, una mesa de metal blanca estaba en el medio sobre ella había un plato con galletas, dos tazas y una tetera. Me quedé allí parada esperando la reacción de Kapov, pero él estaba aun un poco perdido. Carraspeé a propósito haciendo que se volteara inmediatamente. Noté la sorpresa en su rostro sin embargo se relajó al ver quien era, sus orbes selva comenzaban a marearme.
-Aleksandria, que gusto verte- dijo con la voz más dulce que nunca podría haber escuchado en mi vida, acto seguido se acercó a mi y me abrazó. Con el simple sonido de su voz mi corazón comenzó a latir desenfrenado, con tacto casi me desmayo, sentía que algo dentro de mi quería salir, sentía que quería abrazarlo también. Y lo hice. Lo abracé con igual aprecio que el hacia mi dejando que su aroma impregnara mi olfato. Poco a poco comencé a sentir un hormigueo subir por mis piernas como pequeñas serpientes, ante aquello me recordé que no debía perder la razón así que me separé de él disimuladamente, él me miró un tanto extrañado pero al ver mis ojos asintió con un suspiro, me invitó a sentarme y yo acepté. Era un pequeño banquillo de madera, él se sentó en el que estaba frente a mi y me miró sin decir palabra. Comencé a sentirme ansiosa por lo que agarré una galleta y le di un mordisco, eran de avena, bastante buenas. Al sentir el sabor del postre en mi paladar no pude evitar recordar a Inuyasha, esas eran sus galletas favoritas y nadie las hacia como él, sin embargo aquellas sabían muy parecido -¿Te gustan?- preguntó con una leve sonrisa -Las preparé yo mismo- mi corazón saltó un latido o quizás más ya que todo mi cuerpo se estremeció por dentro.
-Si…están muy ricas- dije tratando de sonar lo más normal posible.
-¿Qué tal te parece la casa?- preguntó mirando a su al rededor, lo notaba muy sereno con cierta melancolía en su rostro.
-Muy linda, ya la recorrí por completo- a excepción de cierto cuarto en el segundo piso.
-Me alegra que te guste…no sabía si querías tu propio espacio así que les dije a las mucamas que arreglaran el cuarto de huéspedes ¿Lo has visto?- en aquel momento no lograba entender por que se preocupaba tanto por mi.
-Si, es muy lindo y se ve cómodo, gracias por pensar en ello- dije dándole otro mordisco a la galleta. El asintió y volvió a mirar al infinito ¿Qué le pasaba? -Oye…- salió de mi boca antes de que pudiera evitarlo, él me miró esperando a que continuara -¿Por qué…Por qué le pediste a mi padre que viviera aquí contigo?- pregunté entonces muy inocente. El se quedó callado por unos minutos, abrió su boca para comenzar a hablar pero entonces sonó su celular interrumpiéndolo.
-Sólo será un minuto- se excusó al ver quien llamaba, se levantó y camino un metro de donde estábamos sentados, yo respiré profundamente, no sabía por qué había preguntado aquello simplemente salió de mi boca y no lo pude evitar. Lo miré entonces, asentía con la cabeza, se pasaba la mano por el cabello, me veía de reojo de un momento a otro y luego me daba la espalda colocando su mano en su cadera como si algo le molestara. Terminó de hablar y regresó -Disculpa cosas de trabajo…- se pausó unos momentos, tomó la tetera y sirvió el líquido en la taza, era leche no té, acto seguido tomó una galleta y la hizo pedazos con una mano dejando que los trozos cayeran dentro de la taza, dio un sorbo y noté como se saboreaba el alimento en la boca. Aquello me hizo estremecer una vez más, así solíamos comer las galletas con leches los Taisho y yo… -Le pedí ese favor a tu padre porque…me informó que se irían del país en unos días… y yo simplemente no…no quería que te fueras- su voz era tan serena que hacia que mis pelos se pusieran de punta, no sabia que responder, no esperaba esa respuesta, a demás recién me enteraba que pronto me mudaría de nuevo. Yo asentí… El de pronto hizo un gesto muy peculiar, movió su nariz como un ratón y bostezó…algo que solo hacia Inuyasha…entonces comencé a sentirme abrumada por relacionar tanto a Karpov con Inuyasha, no era normal y me estaba comenzando a marear; me excusé para ir al baño ya que sentí repentinas ganas de vomitar. El notó mi palidez así que vi como me siguió mientras entraba a la casa.
Me metí en el baño que se encontraba en el lavandero y puse el seguro en caso de que quisiera abrir la puerta. La nariz comenzó a picarme al igual que mi garganta lo que me hacia toser incontrolablemente, las nauseas se camuflajearon con aquellos repentinos síntomas, me apoyé del lavamanos blanco y me miré al espejo, mis vista estaba distorsionada por lo que no podía ver claramente mi reflejo, comencé a sentir calor, este me agobiaba haciéndome difícil respirar. Mi corazón se aceleró al punto de que pensé que estaba sufriendo una taquicardia en aquel momento, de pronto una desesperación se apoderó de mi y comencé a buscar una salida, mi vista se había vuelto borrosa por lo que no sabía en donde estaban las cosas en el pequeño baño, todo era blanco así que no podía distinguir la puerta de las paredes. La asfixia comenzó a atraparme como las raíces de un árbol, golpeaba las paredes y solo lograba decir una palabra.
-Inuyasha- repetía continuamente golpeando las paredes, sentía que me quemaba, no entendía que me pasaba, sentía las llamas, el ardor, el calor, sin embargo no había fuego.
-¿Aleksandria?- escuché a lo lejos pero no sabía a quien se referían, no entendía nada, escuché que repitieron varias veces esa palabra que no tenía sentido para mi, yo solo daba vueltas buscando escapar de mi propio infierno pero no sabía como, solo Inuyasha podía salvarme, eso era lo único que tenia sentido para mi, ese nombre, esa persona. Escuché entonces como golpeaban las paredes y no era yo, todo retumbaba sentía que todo se me iba a venir encima, me dejé caer, volviéndome un ovillo encajando mi rostro entre mis rodillas, cerré mis ojos y repetí sin cesar Inuyasha.
Tercera Persona P.O.V.
-¿Aleksandria?- preguntó Karpov pegado de la puerta escuchando una serie de golpes y susurros dentro de la habitación. Trató de abrir la puerta pero la chica la había trancado -¡Aleksandria!- gritó de nuevo lanzando su cuerpo en contra la puerta múltiples veces tratando de derribar la barrera que le impedía el paso a donde se encontraba la chica que no respondía a sus llamados -Maldita sea- masculló. Dejó de escuchar los golpes dentro la habitación lo cual lo preocupó más. Pasó sus manos por su rostro y se alejó un poco de la puerta, respiró profundo y le plantó una megapatada a la puerta, abriéndola en el acto. Sin menos se lanzó dentro de la pequeña habitación divisando rápidamente a la chica en la esquina al lado del lavamanos, estaba hecha un ovillo en el suelo. Corrió hasta ella y se agachó tomándola en sus brazos, ella reaccionó inmediatamente buscando sus ojos.
-Inuyasha, Inuyasha- repetía ella abrazándolo desesperadamente, él estaba en shock -Yo sabía que me ibas a salvar, el fuego, Inuyasha- Sin saber que hacer él devolvió el abrazo temiendo que si no lo hacia tal vez empeoraría todo, la chica o agarraba con extremo fervor. Luego de unos momentos él reaccionó y la tomó en brazos, ella se encontraba más tranquila susurrando aquel nombre contra su pecho. Inuyasha decía sin cesar. La llevó a la habitación de huéspedes donde había deseado quedarse y la acostó en la cama, ella parecía dormida ahora. La miró por un momento sintiendo un nudo en la garganta, le dio la espalda y comenzó a caminar sin embargo fue detenido por una mano -Inuyasha tu siempre vas a estar conmigo verdad…- la voz de la chica se había tornado ronca y un poco infantil. Ante sus palabras no sabia que hacer, ella lo tomó con mayor fuerza -Lo prometiste…- notó el rostro de desesperación de la chica sin saber que más hacer habló.
-Si…- fue lo único que pudo decir ya que si decía algo más se quebraría en llanto, notó como la chica volvió a tranquilizarse y salió inmediatamente de la habitación cerrando la puerta tras de si.
Conmocionado se quedó allí parado viendo por la ventana, tenía los ojos enternecidos y el nudo en su garganta no lo dejaba respirar bien, buscó en su bolsillo su teléfono celular y marcó un número, rápidamente su llamada fue atendida.
-No puedo seguir con esto, es demasiado- su voz se quebró con aquellas palabras, ya no podía contenerse.
-¿Cuánto más debo esperar? ¡Ya la dejamos hoy en casa de ese maldito!- se notaba la desesperación del hombre, en su rostro las ojeras eran prominentes, se le notaba cansado.
-Ya tengo todo listo, solo debes esperar más- la voz fría de aquella mujer lo ponía al borde, siempre con sus misterios y no iba al grano.
-¿Qué parte de que ya no puedo esperar más no entendiste mujer?- masculló irritado el pobre.
-Si quieres que todo salga bien y no te manches en este problema tienes que esperar más ¿Entendido? Solo hay que esperar el momento adecuado y yo te llamaré- ella estaba más irritada de él que él de ella, no soportaba a un hombre desesperado. El dejó caer sus puños sobre la mesa y miró hacia otro lado buscando tranquilidad.
-Si ese momento no pasa en menos de dos semanas estas muerta entendido- sin más el hombre se paró de la mesa y se retiró dando pisotones en el lugar.
La mujer suspiró y le dio un sorbo a su trago que se había regado un poco sobre el mantel luego de que el gruñón descargara su ira contra la mesa. En eso llegó un joven a la mesa sentándose frente a ella.
-Jefa aquí le traje los papeles que me pidió- dijo el muchacho dejando una carpeta bastante gorda sobre la mesa.
-Gracias- dijo tan fría como una piedra.
-Jefa…si no es mucho preguntar…¿Para qué quiere el historial de esa niña?- inmediatamente el chico sintió la mirada penetrante y asesina de la mujer, todos los pelos y nervios de su cuerpo se congelaron ante aquello, era una advertencia.
-Puedes irte- él asintió más asustado que nunca y caminó con rapidez hacia la puerta pero antes siendo detenido por aquella mujer que le causaba escalofríos -Ni una palabra de esto a nadie, o mueres- el muchacho tragó duro ante aquella amenaza que bien sabia ella no dudaría en cumplir. Asintió de nuevo y lo dejó ir. Tomó otro sorbo de su bebida y dejó la propina en la mesa, guardó aquella pesada carpeta y desapareció como una sombra de aquel lugar.
Aome P.O.V
Abrí los ojos con cierta dificultad, me dolía un poco la cabeza y me sentía desorientada. Rápidamente identifiqué en donde estaba, era el cuarto de huéspedes de la casa de Karpov. Me levanté con cautela para no marearme, con cuidado coloqué mis pies sobre el suelo y me levanté, ¿Cómo había llegado hasta allí? entonces mis ultimas memorias me golpearon como un camión haciendome sentir escalofríos, la sensación de que me ahogaba, la picazón en mi garganta, la taquicardia ¿Por qué había sentido todo aquello? Inuyasha…me golpeó más aun, lo había visto….lo recordaba, yo lo llamaba y lo llamaba y él de pronto apareció…lo abracé y él me abrazó, ¡Era él estaba vivo! La desesperación me acobijó entonces haciéndome difícil pensar lo que debía hacer, tambaleé sobre mis talones por unos segundos pero recobré la compostura, ya estaba oscuro afuera así que seria buen momento para buscarlo sin que Karpov se enterara…me preguntaba como Karpov había dejado que Inuyasha entrara…sin pensarlo mucho más salí de la habitación quedándome sola en aquel pasillo que era alumbrado por la luz de la luna que al igual que el sol en la tarde se colaba por las ventanas. No estaba segura de donde buscar, pero decidí cubrir primero aquella área.
Rápidamente corrí hasta el cuarto de Karpov abriendo la puerta, las luces estaban encendidas sin embargo no había nadie a dentro. Revisé en el balcón, en el baño y el vestier pero no vi a nadie. Salí de nuevo dejando la puerta abierta. Entonces algo, mi intuición, no lo sé, me dijo que me girara hacia la derecha, que buscara dentro del cuarto cerrado. Lentamente dejándome guiar por mis instintos caminé hacia la tercera habitación que ocultaba algo, tal vez un secreto. Llegué a la puerta y me quedé allí parada por unos momentos. Miré hacia el pasillo tenuemente iluminado y volví a mirar la puerta, con cautela llevé mi mano al frio picaporte que parecía llamarme a gritos para que lo girara y descubriese que se encontraba allí dentro. Dejé mi mano sobre el picaporte sin estar segurar de girarlo o no, repsiré profundo y conté hasta tres.
1-2-3…
Lo giré y éste siguió el movimiento de mi mano sin protestas, sentí que mi corazón se aceleraba, sabia que estaba a punto de descubrir algo. Empujé la puerta y entré en la habitación. Algo estaba a punto de suceder.
