Capitulo 3
Gwen entró en la habitación de Gabriela, no estaba allí. La cama no estaba echa. Cuando terminó de hacerla se dió cuenta que en la percha de suelo que había en la habitación, estaba colgado uno de los vestidos que dejó ayer. Se fijó bien, tanto la capa como el vestido estaban manchados de verdín por la parte que rozaban los zapatos. El suelo estaba manchado de pisadas y barro. Quizas la niña era sonambula. No lo creía pero era una posibilidad. Cuando estaba pasando la fregona por debajo de la cama, noto algo duro. Miró por debajo de la cama para ver lo que era, una caja. Frunció el ceño y la sacó. La abrió. Los ojos se le iban a salir de las orbitas. La pulsera de Morgana. Escuchó pasos acercandose hacía allí, corriendo metió la caja debajo de la cama y se puso de pie, simulando fregar.
- ¿Puedo pasar?- Preguntó Gabriela, que asomó su cabecita por la puerta al ver que todo el suelo estaba mojado. Le regañaría si pasaba y lo ensuciaba, por lo que prefirió preguntar. Uther apareció detras de ella.- Solo quiero cojer mi capa.- Gwen comprendió. Uther se había encariñado con la niña, no era de extrañar, pues ella tambien lo había echo. Seguro que iban a montar en caballo. Por las ropas de Uther, lo confirmó. Gwen cogió la capa y haciendo malabares se la dió a Gabriela, para que no pisara el suelo. Luego cuando se fué, Gwen salió corriendo, buscando a Merlín por todas partes.
A la hora de la comida, Gwen estaba sentada al lado de Gabriela. Uther había ordenado que ella fuera tratada como una de la realeza. Uther no paraba de mirarla y luego ella a él. Se rieron. Salir a cabalgar les había sentado mejor a los dos. Cuando terminaron de comer, Merlín cogió a Gabriela de la muñeca y la acercó a él. Quería hablarle de lo que había pasado anoche, pero al ser una dama tenía que tratarla con más delicadeza o lo enviarian a cepo.
- Ayer te ví salir del bosque de madrugada.- Al tocar aquel tema, ella abrió bien los ojos.- No se lo diré a Uther, si me dices que hcaías allí.- Ella no quería que él lo supiera.
- ¿Puedo confiar en tí?- Preguntó Gabriela, aunque en parte no tenía elección. Merlín asintió con la cabeza. Ella suspiró y pensó que despues de cotarselo la tomaría por loca.- Antes de venir aquí los guardias de Camelot nos atacaron. Desde hacía muchísimos años atras, la guerra ya había comenzado. Para pararla tenía que romper la pulsera de Lady Morgana, pero ya lo he intentado todo y nada funciona. Le pedí a Mordred que me dijera donde estaba escondida.- Tomó aire- Mi madre me dijo, que mientras Morgana tuviese la pulsera, estaría embrujada por Morgause.- Al decir aquello, Merlín cambió la cara.- Dijo que tenía que evitar que Morgause se hiciese con la corona, pues Lady Morgana sería utilizada para llegar al trono. Lady Morgana se dió cuenta de que estaba siendo utilizada como un títere y se quitó la pulsera, pero incapaz de romperla, la escondió. Mi madre me dijo que si ella no era embrujada por Morgause, no haría daño a nadie pero si no la rompo Morgause tendrá el poder de Lady Morgana.- La niña se estaba ahogando y no sabía si Merlín la estaba escuchando, pues estaba mirando a un punto fijo, pensando.
Por un momento, pensó que se quedaría así. Luego pensó en zarandearlo para que volviese, pero algo iba mal. Lo traspasaba. Merlín la miro preocupado. Estaba desapareciendo.
Hacía mucho tiempo que quería volver a Camelot, se había tomado unas vacaciones para escapar del egocéntrico de su rey Arthur. Tenía ganas de ver a sus amigos y en especial a Merlín.Él era como un hermano. Siguió caminado. Era de noche y tenía todos los signos de que iba a llover. Pensaba en refugiarse en cualquier lugar. Pero escuchó un ruido detrás de él. Un ciervo estaba corriendo a toda prisa. Se apartó del camino para no ser embestido por el animal. Este corría y Gawaine se preguntaba de qué. Prontó tuvo su respuesta, una flecha atravesó al ciervo. El caballero de Camelot miró a los lados buscando al cazador. Al ver que no aparecía, él se aproximó al ciervo, que estaba pataleando del dolor. Decidió sacarle la flecha y con la misma rajarle el cuello para que dejara de causarle dolor. Al oir un crujido entre los arboles Gawaine dió una giró sobre si mismo, para ver que lo había produciendo. Una mujer estaba allí de pie. Llevaba un arco en la mano y flechas colgadas en su espalda. Llevaba un vestido hasta las rodillas, tenía una navaja algo grande atada a la cintura por un cinturón. Llevaba el pelo suelto, mostrando sus ondulaciones negras que les llegaba hasta la cintura. Al fijarse en la cara, Gawaine la reconoció y se levantó.
-¡Morgana!- Exclamó, ella lo miró e hizo como si no lo hubiera oído y se hacercó al animal. Frunció el ceño, no quería darle en el pecho, quería darle en el cuello y cojerle la vena para que fuese rápido, pero estaba a diez metros y era un blanco en movimiento, no lo había conseguido. Gawaine miró a la arrodillada Morgana.- ¿Qué haces aquí?- Pregunto nervioso.
- Vivo aquí.- Respondió ella secamente.
- ¿Sola?- Preguntó él fascinado.
-No necesito a ningún hombre que me cuide, puedo hacerlo yo sola.- Respondió ella y le miró. Él la mantuvo la mirada y le sonrió. Ella le devolvió la sonrisa y volvió a mirar al animal. Un trueno sonó alertandolos a los dos.- ¿Cual es tu destino?
-Un sitio donde refujiarme de la tormenta- Dijo él mirando el cielo. Ella sonrió.-Pero mi verdadero destino es Camelot.
- Sí, será mejor.-Dijo ella. Estaba un poco incómoda, pues e había criado en el bosque y ella sobreviviría a cualquier cosa; él no. Gawaine cogió el ciervo y se lo echó al hombro, tendió la mano a Morgana que la aceptó gustosa.
-Y bien mi Lady. ¿Sabeis donde puede un osado caballero pasar la noche?- Gawaine hablaba como si estuviese hablando con una reina. Ella rió. Y unas gotas empezaron a caer. Los dos empezaron a correr, entre risas, hasta una cueva cercana.
