Hola hola! Cómo están? Se que las dejé guindando en el capitulo pasado pero esto está bueno, espero que disfruten. De nuevo disculpen a las que me escriben reviews y no se los he respondido a penas y puedo escribir el cap. Gracias por los reviews favorite stories y todo las quiero mucho muchisimo y me inspiran a seguir escribiendo. Disculpen si las hice esperar mucho. Besos y mucho amor 3 V

Inuyasha no me pertenece pero esta historia si :)


Aome P.O.V

Abrí la puerta abruptamente mirando todo a mi alrededor, era un estudio con una inmensa biblioteca, muy a la antigua. Las cortinas de terciopelo vinotinto guindaban desde el techo alto hasta el suelo cubriendo las ventanas. Infinidad de libros se encontraban en cada tramo de los estantes pegados en todas las paredes, frente a mi un escritorio de apariencia clásica donde se podían observar muchos papeles, una lampara, plumas y otras cosas. Cerré la puerta tras de mi escuchando el "click" al cerrarse el seguro.

La habitación estaba tenuemente alumbrada por una lámpara que se encontraba a mi izquierda en una esquina que alumbraba principalmente una silla de cuero antigua de color marrón, en el asiento se encontraba un libro abierto casi a la mitad, miré a mi al rededor pero no había nadie así que decidí ver que era aquella lectura. Di unos quince pasos llegando a mi destino, giré mi cabeza para entender mejor que decía aquello.

Incendios 2003

Era el título de aquella pagina, era el recorte de una revista, el libro parecía una especie de carpeta con varios documentos dentro de ella. Bajo aquel titular salía la foto de una casa de dos pisos en llamas, al detallarla mejor me di cuenta que era mi antiguo hogar… sentí unos pinchazos en los ojos y un apretón en el corazón, lentamente tomé la carpeta sentándome en la silla dejando que el texto reposara sobre mi regazo. Con una de mis manos acaricié la foto como fuera una persona. Comencé a leer el breve escrito que aparecía bajo la foto.

Cada palabra era una pieza del rompecabezas que prometí nunca armar.

"En mayo del 2003 específicamente el primero del mes, un incendio de morada fue reportado al 911 por una niña de ocho años bajo el nombre de Aome Higurashi, la pequeña no sabía con certeza que había ocurrido según cuentan los paramédicos y autoridades que la cuestionaron luego del fatal evento. Rita y Keiko Higurashi, padres de la niña, murieron en aquel incendio. Sus cuerpos fueron encontrados en el sótano de la casa (en donde se presume comenzaron las llamas) completamente incinerados, no fue si no hasta trasladarlos a la morgue y luego de hacer la autopsia que confirmaron completamente el fallecimiento de los padres ya que a simple vista era imposible identificar a las personas. Al parecer el fuego fue ocasionado por una fuga de gas en el sótano de la casa, se desconoce la razón por la cual los padres se encontraban ambos en el sótano mientras que la niña se encontraba en la segunda planta dentro de su habitación. Eran las cinco y cuarenta y seis de la tarde cuando se cree que comenzó el incendio. La niña fue rescatada de la hoguera por un vecino conocido como Inuyasha Taisho de a penas trece años que tuvo el valor de trepar por la ventana y sacarla antes de que la estructura colapsara. La niña fue llevada inmediatamente a cuidados intensivos por la cantidad de humo que había respirado; una vez estable recursos humanos la puso en adopción e inmediatamente fue adoptada por un empresario ruso.

Los acontecimientos no son lo suficientemente claros, se desconoce el causante exacto del incendio, al igual de la razón de por qué los padres se encontraban en el sótano, entre otras cosas. Luego de la adopción de la niña el caso se llevó a segundo plano ya que nunca pudieron encontrar respuestas coherentes ante aquel suceso."

Mis lágrimas caían sin parar sobre aquel escrito causando que se arrugara un poco en donde se mojaba. Me estremecía al pensar en que todo aquello era verdad, que me había pasado a mi, estaba leyendo la historia de como se arruinó mi vida y no podía hacer nada. Coloqué aquella carpeta en el suelo ya que estaba conmocionada. Puse mis codos sobre mis muslos y sostuve mi cabeza con las manos enterrando mis dedos en mi cuero cabelludo. Pasaron aproximadamente dos minutos en los cuales estaba en ese estado; sin avisar, sentí una mano caliente en mi hombro. Me asusté ante el tacto sorpresivo y me levanté de golpe. Miré a la persona a quien pertenecía aquella mano y me alteré aun más.

Karpov me miraba con dolor, con lástima y arrepentimiento. Me ofreció su mano la cual luego de dudar unos momentos tomé sin problema pero entonces sentí como me jaló hacia él golpeándome contra su pecho, me asusté mucho ya que me agarró con fuerza, con la mano libre me hizo señas de que me callara y al ver sus ojos supe que no me haría nada malo.

Sentí como su mano aventuraba por mi espalda, sentí escalofríos pero no lo detuve. Al parecer había encontrado lo que buscaba. Me miró y vi como su mano me mostraba un pequeño dispositivo circular, un micrófono. Estuve a punto de hablar pero me tapó la boca con la mano. dejó el dispositivo sobre la silla de cuero colocando la revista sobre él. Con cuidado y sigilo me guió hasta la parte de atrás del escritorio antiguo, nos paramos frente a los libros y entonces colocó su mano libre sobre un libro gordo y alto, lo empujó levemente para luego agacharse y abrir una pequeña puerta cuadrada del suelo, se veía una luz dentro de aquel pasaje. Yo lo miré insegura de que debía hacer a continuación, él asintió levemente dándome a entender que debía bajar. Vacilé por unos momentos pero decidí que no tenia nada que perder.

Con su ayuda coloqué mi pie en el primer escalón que se escondía en las sombras, el cual se encontraba unos centímetros más abajo. Bajé un total de diez escalones sumergiendome en la oscuridad, Karpov venía detrás de mi. Se paró a mi lado y jaló una cuerda que no había visto antes, con esto cerró la compuerta por donde habíamos entrado y el lugar en donde nos encontrábamos se iluminó. Era un pasillo largo completamente blanco, las luces salían del suelo y al final había una puerta de metal. Yo estaba completamente paralizada era la primera vez que me encontraba en un lugar así, sin embargo no sentí miedo en ningún momento. El pasó frente a mi y yo lo seguí, lo notaba un poco ansioso.

Llegamos a aquella puerta la cual tenía en el centro un dispositivo para marcar una clave, como la de las cajas fuertes. Rápidamente marcó unos números, de inmediato se abrió dicha puerta la cual el empujò para permitirme el paso. Era una habitación más o menos pequeña, parecía un refugio pero muy elegante como todo en esa casa, había una cama, un escritorio, una mininevera, un televisor, cosas básicas. La puerta se cerró de pronto lo cual me hizo dar un salto, todo quedó en absoluto silencio, solo nuestras respiraciones eran audibles y si agudizabas mucho el oído podrías escuchar los latidos de nuestros corazones.

Caminé al centro de la habitación mirando todo a mi al rededor, la curiosidad y la ansiedad me estaba consumiendo aunque aparentara lo contrario. Me giré a verlo quedando a exactamente un metro de él. Su mirada estaba clavada en mi, sentía como sus ojos me arropaban, como un bosque verde y frondoso comenzaba a cubrir cada parte de mi cuerpo.

-¿Por qué me has traído aquí?- pregunté entonces, ya no podía con aquel silencio y la sensación de sus ojos sobre mi cuerpo me comenzaba a molestar, aunque bien se notaba que no tenía ninguna intensión morbosa el hecho de que alguien se quede viendo, analizando y memorizando cada rincón de tu anatomía es considerado incomodo. El silencio era tal que pude escuchar como tragó con dificultad, como si lo que estaba a punto de realizar seria un desafío.

-Sólo quiero que me veas- logró hablar al cabo de un minuto, no entendí bien a que se refería pero seguí instrucciones cual cadete en la milicia.

Se quedó inmóvil por unos momentos, noté como su cuerpo se tensaba, llevaba puesto unos jeans oscuros y una camiseta blanca que dejaba al descubierto la mayor parte de sus brazos en donde era evidente la contracción de sus músculos. Cerró los ojos y respiró profundo como hace un meditador antes de comenzar su sesión. Entonces, muy lentamente, subió sus manos a su rostro dejándolas reposar sobre sus pómulos, aun tenía los ojos cerrados lo cual hacia la escena bastante extraña. Asintió para si como si se estuviera dando fuerzas y entonces vi como clavó sus uñas sobre su carne, como se sacó un tajo de piel de cada lado de la cara; al principió sentí temor y deseos de detenerlo pero entonces me di cuenta de que aquellos retazos de lo que yo creía que eran parte de él, eran en realidad, sintéticos; dejó caer al suelo dichos pedazos, sin detenerse, siguió removiendo partes de su rostro que caían como gotas de lluvias. Su manos no me dejaban ver claramente su rostro por lo que no podía descifrar quien era. La persona frente a mi que ya no tenía idea de su identidad se desordenaba el cabello con las manos, se frotaba los brazos como si le ardieran, las manos como si estuvieran sucias, siguió con ese procedimiento por varios segundos hasta que paró completamente agitado, su respiración era irregular con la mirada pegada al suelo, tenía las extremidades rojas por el trato tan brusco, el material sintético lo rodeaba haciendo que todo el ambiente fuera demasiado tétrico. Yo ni me movía estaba demasiado asustada como para hacer algo. De pronto, llevó sus manos a su rostro nuevamente, comenzó a tocarse el ojo. Aquello me asustó más de lo que ya estaba así que decidí no ver, me giré completamente dándole la espalda, cerré mis ojos tapando mis oídos al mismo tiempo.

"Todo estará bien, todo estará bien"

Me repetía una y otra vez, sentía que había llegado la hora de mi muerte. Que Karpov era en realidad un asesino, que me había llevado hasta una cámara subterránea en donde haría a diestra y siniestra lo que quisiera conmigo, se quitaba su disfraz para verlo realmente, para que supiera quien me mató al momento de que mi cuerpo no pudiera más.

Muchos dicen que cuando temes morir por tus ojos pasan una serie de imágenes como película de cine, los momentos más felices, los que marcaron tú infancia, los que te hicieron la persona que eres. Sin embargo yo no pasé por nada de eso, a mi mente vino una sola imagen, una sola escena de la película de mi vida, aquel día en que Inuyasha prometió protegerme de todos, de cualquier peligro, del mundo. El recuerdo fue tan real que podía sentir el calor del sol sobre mi cuerpo, el olor a primavera, el sonido de los niños corriendo sobre el suelo del patio del colegio, la mano de Inuyasha limpiando mis lágrimas. Aquello me brindó paz, y si bien era la hora de mi muerte no me importaba, porque aunque Inuyasha estuviera muerto yo sabía que de alguna forma me iba a proteger.

Me quedé allí parada no planeaba voltearme a menos de que fuera forzada a hacerlo. No podía escuchar nada y me negaba a abrir los ojos, era mejor así. De pronto como una tenue brisa de playa sentí una respiración tibia sobre mi hombro. Mi corazón por instinto comenzó a palpitar desenfrenado, mis manos junto con mi cuerpo temblaban como si estuviera en una nevera sin abrigo, apreté con mayor fuerza mis ojos llegando al punto del dolor. La adrenalina se concentraba en mi pecho justo en el centro, sentía como toda mi energía se dirigía hacia aquel punto formando una especie de bomba que en cualquier momento explotaría.

No recé, solo repetía el nombre de mi ángel protector, que yo sabia llegaría en algún momento. La desesperación me agobiaba sin que pudiera evitarlo, la respiración caliente sobre mi hombro seguía allí presente y el hombre desconocido tras de mi no se dignaba a matarme de una buena vez pero me negaba a moverme. Entonces lo más tétrico que pudo pasar, sucedió.

Sus manos tocaron las mías haciendo que ahogara un grito. Su manos sobre las mías era algo que no esperaba sentir con vida, me mordí el labio para no gritar, debía mantener la calma o la situación se podía tornar peligrosa. Lentamente sentí como sus manos comenzaron a mover las mías con delicadeza y precaución, respiraba irregularmente ya que mi autocontrol iba decayendo, aun tenía los ojos cerrados si los abría sería la perdición.

Pronto mis orejas habían quedado completamente descubiertas y mis manos a ambos lados de mi cuerpo, aun bajo el agarre del hombre desconocido. Una vez de que se aseguró de que no subiría las manos, me imagino que me veía bastante asustada, las soltó haciendo que sintiera un escalofrío ante el repentino cambio de calor y frío.

-Mírame…- dejó salir un susurró aquella persona muy cerca de mi oreja, todo mi cuerpo se estremeció. Mis ojos comenzaron a doler, no solo por lo apretados que estaban si no por la urgencia que sentía de llorar. Aun cuando estaba en aquella posición, que me sentía indefensa y ya muerta, me negué a hacer lo que aquel hombre me pedía. Luego de meditarlo unos segundos negué con mi cabeza. Escuché una pequeña risita que provenía de el desconocido. ¿Qué era tan gracioso? ¿El hecho de que estaba completamente a las de perder y aun así me hacia la dura? No lo sabía.

-Por favor…- susurró de nuevo lo cual me pareció muy extraño, los asesinos nunca piden favores al menos de que estén tan retorcidos en la mente que actúen amablemente cuando en su mente ya te están estrangulando. Me negué nuevamente ganando un suspiro del desconocido en lugar de la risa. No sé por qué batallaba realmente, ya era mi hora, pero como mis padres me habían enseñado, siempre hay que luchar hasta el final.

Al colmar la paciencia que podría tener aquel hombre, sus manos calientes tomaron mis hombros, no con fuerza más bien con gentileza pero aun firmemente. Pasaron unos momentos como si se estuviera debatiendo que hacer conmigo pero la cuestión duró poco ya que mi torso se giró debido a él por lo que tuve que girar el resto de mi cuerpo. Sentí el calor que emanaba su cuerpo, estaba cerca de mi, sin embargo no al punto de rozarnos.

Seguí con los ojos cerrados, ya más relajados porque el dolor me lo pedía. Su manos dejaron mis hombros y pude escuchar como se alejaba un poco. Los nervios me comían como termitas la madera. Hice mis manos puños clavando las uñas en mis palmas. Entonces sentí como si me hubieran transportado a otro lugar ya que dejé de escuchar la respiración del desconocido, el silencio se hizo espeso. Aun así no quise abrir los ojos hasta que de pronto sentí un puñetazo en mi estómago justo en el lugar en el que anteriormente había sido golpeada, el aire salió de mi boca como un cohete, me encorvé, mis ojos se abrieron inmediatamente ante el repentino dolor.

Todo estaba en blanco, como si una luz encandecente había sido colocada sobre mis ojos, poco a poco todo logré acostumbrarme y vi algo que no esperaba, algo que hizo que mi corazón se detuviera, la sangre recorrió mi cuerpo con velocidad luz, mis labios temblaron.

Frente a mi se encontraba el amor de mi vida, Inuyasha.

Traté hablar pero las palabras no salían ¿Estaría muerta? Era la única forma de que lo viera. Sus ojos, sus dulces ojos de miel me miraban, me arropaban, me hacían sentir a salvo. Su rostro estaba sereno, en paz, mis lágrimas no se pudieron contener y comenzaron a caer haciendo que mi intento de comunicarme fuera nulo. El dio tres paso quedando más cerca de mi aun no podía creer lo que sucedía.

-¿E-es-toy mu-muerta?- tartamudié sacándole una sonrisa a Inuyasha que negó con la cabeza.

-No, no lo estás. Estás más que viva- su voz era una dulce melodía a mis oídos. Pero si no estaba muerta entonces ¿En dónde estaba? ¿Aquel dolor que sentí en mi estomago qué fue? -Aome- mi verdadero nombre saliendo de sus labios me estremeció, sonaba tan bien -Estás viva- repitió acercándose aun más a mi quedando a apenas unos centímetros, sus ojos derritiendome.

-Pruébalo- susurré.Me miró con detenimiento, detallando cada facción de mi cara. Sentí como lentamente sus manos acunaron mi rostro el suyo se inclinó hacia mi oreja dejándome escucha su respiración acompasada.

-Como si fuera la primera vez- susurró en mi oído causando que todo dentro de mi se conmocionara. Se alejó de nuevo para ver mi expresión, estaba completamente sorprendida. Con sus pulgares acaricio mis mejillas regalándome un beso en la frente, otro en la nariz y finalmente posó sus labios en los míos. Entonces supe que no estaba muerta.

Me beso lentamente disfrutando cada momento al igual que yo, aunque realmente estaba impaciente y quería más, él era mi droga, mi adicción, sólo quería más y más de él. Subí mis manos por su pecho, se sentía tan bien. Como lava sus manos bajaban por mi cuello, por mi pecho, por mi espalda, quemando todo a su paso. Mi manos se enterraron en su cabello suave, lo agarraba con fuerza, tenía miedo que en cualquier momento desapareciera. Su manos se posaron en mis muslos, inmediatamente agarré la señal, salté rodeando su cuerpo con mis piernas y él me abrazó tan fuerte que pensé que perdería el conocimiento, pero no me importó. Nos miramos a los ojos y las palabras no fueron necesarias todo estaba claro.

Inuyasha P.O.V

La lleve a aquella habitación secreta, no esperaba su reacción principal aunque claro comenzar al quitarme la mascara y el maquillaje tan agresivamente era lo más normal que pudo haber hecho, es más, me extrañó que no salió corriendo huyendo de mi. No me di cuenta que se había volteado hasta que subí la vista, estaba demasiado nervioso no sabia que iba a hacer.

Se tapaba los oídos al parecer no me quería escuchar. Esperé unos minutos hasta que decidí acercarme a ella, caminé con sigilo no quería asustarla. Noté como su postura cambiaba, se había dado cuenta que estaba detrás de ella sin embargo no se giraba.

Yo quería abrazarla en ese momento, que supiera que estaba vivo, que la estaba salvando, que todo estaría bien pero no podía hacer eso, podría causarle algún daño y más en el estado delicado que bien sabía estaba. Prefería que me escuchara antes de verme, tal vez la conmoción sería menor. Coloqué mis manos sobre las suyas con sumo cuidado de no asustarla aunque fue un poco difícil. Lentamente bajé sus manos hasta sus lados.

-Mírame- le susurré, temía que hablar muy alto la espantara aunque en realidad era yo el que parecía tener más miedo. Esperé su respuesta pero sólo pude conseguir un "no" con la cabeza. Siempre tan terca, no pude evitar reírme aguantando para que no me escuchara aunque creo que fallé. Ni siquiera en una situación así ella deja de ser tan terca. Tal vez si se lo pedía amablemente lo haría -Por Favor…- volví a susurrar pero nada, se volvió a negar. Suspiré tocandome la cien, ¡Dios mío que terca era!

Decidí entonces arriesgarme, sinceramente no tenía nada que perder. Coloqué mis manos con suavidad sobre sus hombros, la sentía tan delicada bajo mis manos. Conté hasta tres en mi mente, no estaba seguro de lo que podría suceder, solo esperaba que fuera ella. La giré con cuidado de no tumbarla dejandonos cerca uno del otro pero no lo suficiente como para tocarnos, sentía el calor de su pequeño cuerpo frente a mi.

Para mi sorpresa seguía con los ojos cerrados, tenía la cara mas tierna que había visto en mi vida, parecía que se había chupado un limón. Solté sus hombros para no incomodarla y también di unos pasos hacia atrás. Noté entonces como sus párpados se relajaban al igual que el resto de los músculos de su rostro. Pude ver como bajo sus párpados de nieve se movían sus pupilas, muy rápidamente.

Comencé a preocuparme de que pudiese desmayarse así que atenté con acercarme a ella pero en ese momento como si alguien la hubiera despertado abrió sus ojos chocolates de par, al ver sus ojos supe que era ella, estaba tan feliz. Sentí un nudo de calor en mi pecho, quería correr y abrazarla para alzarla en el aire y luego besarla hasta que me dolieran los labios. En su rostro pude observar la sorpresa, pero sobretodo las lágrimas que comenzaron a bajar por sus mejillas. Sin poder evitarlo di tres pasos quedando cerca de ella, mi autocontrol me estaba sorprendiendo aunque en los últimos meses había aprendido a controlarme bastante bien. Su boca, sus dulces labios estaban entre abiertos trantando de producir palabras pero le era difícil.

-¿E-es-toy mu-muerta?- preguntó, claro era de imaginarse que lo pensará, yo se supone que estaba muerto desde hace tres meses. Sonreí un poco y negué con la cabeza.

-No, no lo estás. Estás más que viva- le dije tranquilamente. Noté la confusión en su rostro no entendía lo que sucedía -Aome- su nombre sonaba tan correcto, hace tanto tiempo que quería decirlo, gritarlo al viento -Estás viva- me acerqué más a ella, las manos comenzaban a picarme necesitaba tocarla.

-Pruébalo- susurró. La miré con detenimiento, detallando cada facción de su cara. Siempre tan fuerte y determinada. Lentamente acuné su rostro con mis manos pegando nuestros cuerpos por completo. Me acerqueé a su oreja oliendo su dulce aroma.

-Como si fuera la primera vez- susurré ganando un temblor de ella. Me alejé para ver su rostro, estaba completamente sorprendida, al parecer recordaba algo de aquella noche. Acaricié sus mejillas húmedas por donde habían rodado tantas lagrimas, sin poder aguantarme más, besé su frente, su nariz y por último atrapé sus labios en los míos con suavidad y lentitud.

Al principio la note un poco rígida pero luego se relajó incorporandose al beso, comenzaba a desesperarse ya que sus manos recorrían mi pecho y se alojaban en mi cabello pidiendo más. Yo recorrí su figura memorizando cada parte de ella, toqué sus muslos e inmediatamente saltó para que yo la agarrara, sus piernas tomaron mi torso como las tenazas de un cangrejo. La abracé muy fuerte, la necesitaba, la extrañaba. La separé de mi necesitba ver su cara y saber que aquello era real. Pegados frente con frente nos vimos, me perdí en aquellas piscinas chocolate, quería ahogarme en ellas. Sin más que hacer simplemente dije una palabra.

Te amo...

Y eso fue todo para perdernos en nosotros.