Capítulo 4
-¿Por qué estoy desapareciendo?- Gritó Gabriela desesperada. Los demás personajes que habían en la sala miraron hacía allí, incluido Uther y Gwen. Lancelot allí presente cogió a la niña en brazos y la llevó junto a Gaius. Este la examinó. Parecían haberle desaparecido la mitad de los dedos de la mano, pero podría ser mucho más si la causa no desaparecía. Lancelot miró a Merlín que tuvo una lloviendo a chorros desde hacía unos minutos pero a ellos no les importó y juntos corrieron hacía el llano del bosque. Merlín dijo algo en una lengua inventada y minutos despues apareció el gran dragón.
-¿Por qué desaparece?- Preguntó sin rodeos el mago. Al decir aquello, el dragón se colocó a dos patas, como un perro observando el lugar. Luego bajó otra vez.
- Veo que te hacen competencia.- Respondió el dragón.
-¿Qué significa eso?- Preguntó Lancelot al dragon. El dragón parecía verlo todo claro como el agua que caía.
- Significa que si la madre de la niña, se enamora de otro, tú nunca ocuparas un lugar en la vida de ella. Ni en la de Gabriela, pues dejará de existir.- Explicó el dragón. Esa situación deprimía mucho a Merlín, tanto que sus lágrimas se fundían con las gotas de agua que caían por su cara. Lancelot pareció dolido. Le había tomado cariño a la niña, pero más se lo había tomado Merlín. Sería un bache casi insuperable en la vida de su amigo.
-¿Qué hago para evitarlo?- Preguntó Merlín sin esperanza.
-Conquista a su madre con el corazón y no con la mente.
- Yo ya amo a Freya.- Gritó Merlín. Pero entonces le entró la duda. ¿Y si ella no le amaba? Pero estaba muerta. Eso significaba que en el futuro estaría viva. Tomó una decisión. Iría a ver a Freya con Gabriela. Ella era la madre de Gabriela, ella la curaría. Lancelot no sabía si eso sería una buena idea, luego miró al dragón, a él tampoco le parecía una buena idea. Pero a Merlín nunca le interesaba la opinion del dragon. Así que se dirigió al castillo.
Gawaine le ofreció un trozo más a Morgana, mientras le sonreía. La cueva era pequeña y un poco acogedora. Era una cueva incrustada en la montaña, por lo que se podía ver el bosque y el lago desde aquí. Estaban empapados los dos. Encendieron un fuego y pusieron sus ropas a secar. Gawaine tenía puesto solo los pantalones, las dos camisetas y su chaqueta estaban siedo secadas por el fuego. Morgana llevaba puesto únicamente un camison que no le tapaba ni los muslos mientras tanto su vestido y su chaqueta estaban en proceso de secado. Gawaine no pudo evitar fijarse en Morgana, estaba mojada y el camison se le ajustaba al cuerpo y eso la hacía mucho más apetecible, ella lo miró y él miró fuera rapidamente, apartando lo maximo posible la vista del cuerpo de la bruja. Devoraba el ciervo con rapidez, llevaba sin comer una semana y sinceramente era horrible. Gracias a Morgana había pasado una buena velada, con buena compañia y sin duda comiendo gratis.
- ¿Por qué no vuelves a Camelot conmigo? Yo convenceré a Arthur.- Volvió a insistir Gawaine. Ella puso los ojos en blanco.
- Te he dicho que no.- Respondió ella. No la iban a aceptar allí otra vez. No despues de lo que había echo.
- ¡Venga!- Insistió Gawaine. Deseaba que viniera con él. ¿Qué le iba a hacer? La bruja lo había encantado con sus encartos personales. Si volvia a Camelot, viviría con ella y con el tiempo se casaría. Estaba loco por ella. Cuando se hubo terminado la carne, se puso a cuatro patas y empezó a hacercarse a Morgana, insistiendole una y otra vez a lo que la chica le respondía siempre lo mismo, no.- ¡Vamos!
- No.
- Por favor.- Suplicó él. Estaba tan cerca de ella que sentía su tivio aliento en su cara. Era una sensación placentera. La tenía acorralada, aún así ella negó una vez más pero antes de que pudiese acabar la palabra, él aprisionó sus labios contra los suyos. Lé apretó fuertemente sus labios. Sus lenguas se entrelazaron. Les faltaba el aire. Pararon durante tres segundos y esta vez ella lo besó apasionada y fuertemente. La amaba y podía confirmar que ella tambien a él. La llevaría hasta Camelot y Arthur confirmaría su matrimonio. Quería tenerla siempre así, suya. Y de nadie más.
Cuando llegó al castillo y entró en los cuartos de Gaius, los brazos de la niña eran invisibles. Aquello había proseguido. Todos estaban preocupados por la niña, pero decidieron dejarla descansar. Uther no quería marcharse pero Gaius le dió una palmadita de consolación en el hombro, que le ayudo a marcharse tranquilo. Gwen se quedó allí y mirando a Merlín, confirmó que no había nadie. El mago se hacercó a la niña y al igual que hizo con Morgana tres años atras; posó sus manos elevadas sobre la frente de Gabriela y tras decir algo inaudible, la niña recuperó el color y la consistencia en sus brazos y manos. Duraría unas horas. Debía despertar a la niña y despues llevarla al lago con su madre Freya. Ella desharía el hechizo y dejaría que la niña viviese en aquella época junto a él. Sonrió. Todo saldría bien, se dijo así mismo.
