Capítulo 5

Arthur insistió en acompañarle. Él le había sido siempre fiel, lo protegió, le confesó el secreto de su magia y ahora le tenía que devolver el favor. Gabriela estaba cogida de la mano de Merlín, asustada. Aquel lugar sin duda no le gustaba. Merlín pronunció unas palabras y la dama del lago emergió de las aguas. Era hermosa se dijo Merlín. Ninguno de los dos pudo evitar una sonrisa, habían pasado mucho tiempo sin verse, pero al ver a la niña, Freya dejó de sonreir. Arhur lo notó pero Merlín,no. Le pasaba lo mismo cada vez que la veía, le imnotizaban esos ojos y esos labios que en una ocasion tuvo la suerte de probar. Gabriela se asustó profundamente de la mujer que estaba frente a ellos y tiró del pantalon de Merlín para decírselo, pero él no respondía. Le sudaban las manos. Tenía la peor sensación del mundo, era como ver a la muerte en persona. "Arthur" Llamó Gabriela mentalmente y el susodicho la miró y luego disimulando volvió a mirar a la dama del lago. "Arhur tengo miedo". "Necesito que me hagas un favor, antes de que sea demasiado tarde". El rey la miraba de reojo y asintió con la cabeza pero antes de que ella pudiera decirle algo más, Freya comenzó a hablar.

- Merlín, me alegra volver a verte.- Dijo ella dulcemente.- Te he esperado durante mucho tiempo.- Y con eso salió del lago, dirigiendose a la playa, se acercó a Merlín y ambos se abrazaron. Los pies le estaban desapareciendo, lo sentía interiormente. Mientras él la abrazaba, ella miraba por encima del hombro a Gabriela, que dió un respingo al ver la mirada asesina que le echaba esta. Cuando se separaron Freya miró a la niña con una amabilidad falsa que incluso Arthur descubrió.- ¿Quien es esta preciosidad que tengo aquí delante?- Dijo ella mientras le apretaba con los dedos los mofletes como solían hacer las abuelas al ver a sus nietos, solo que Freya le apretaba tanto que cuando la soltó todavía creía tener sus uñas clavadas en la carne.- ¿Es tu hija?- Dijo refiriendose a Merlín.

- Sí. Pero no sabía quien era la madre y supuse que serías tú.- Dijo él tímidamente a lo que ella contestó de la misma forma.

- Formaré parte de tí en el futuro.- Respondió ella dulcemente mientras se acercaba a Merlín. Gabriela miró a Arthur. "Ella no es mi madre" Le confesó la niña al rey y al oir aquello, se alarmó. Ambos miraron a Freya que terminó de hablar.- Formaré parte de tí en el futuro,- Repitió.- cuando acabe con la niña.- Al decir aquello Merlín no reacciono, como la mayoría de las veces que ella le hablaba. Entonces Gabriela lo entendió, ya sabía para que le había mandado su madre allí. Pero antes de poder reaccionar, Freya ya había atado con cuerdas a Merlín, le apretaban eso era aparente, pero no dijo nada. Arthur ya había desenfundado su espada e iba a atacar a la dama del lago cuando esta con un simple movimiento de manos, hizo que Arthur fuese arrastrado tres metros más lejos.

-¡Arthur!- Gritó la niña queriendo ir hacia él, pero se encontraría con Freya y la mataría, así que decidió coger la pulsera. Rebuscó en el bolsillo izquierdo hasta que la encontró y se la lanzó a Arthur con toda la fuerza posible. La pulsera no llegó al rey, sino que cayó entre un punto medio entre Freya y él. Por lo que el rey corrió a cojerla al igual que ella, pero él fué más rápido. Cuando la tuvo en la mano, notó la magia negra que tenía en su interior y se quedó en trance. "Arhur debes correr con la pulsera hasta un lugar no muy lejos de aquí, donde hay una espada incrustada en la piedra, sacalá y rompe la pulsera con ella." La voz de Gabriela en su mente, lo despertó del trance y empezó a correr hacia dentro del bosque. Le sorprendió que la dama del lago no lo siguiera, pero no se detuvo, en cambió ella se giró sobre sus propios pies y fijó su vista en la niña. Tenía una sonrisa cínica en el rostro y Gabriela supo que iba a por ella, por lo que empezó a correr. Freya la seguía. Sus pies iban lentos, pues los dedos de sus pies habían casi desaparecido, solo le quedaban el meñique y el dedo gordo. Corría desesperadamente en sentido contrario a Arthur, que se ahogaba corriendo y buscaba con la mirada una piedra con una espada. Tropezó varias veces con algunas piedras del camino. Había heredado la torpeza de su padre. Pero se dejaba reflejar en el peor momento, pues el espacio entre ella y Freya se acortaba. Se levantó una vez más y corrió con más fuerza. Pareció que adelantaba camino, pero se vió frustado al verse acorralada en un gran saliente de la playa. Era un acantilado. Allí acababa la playa. Miró arriba y empezó a meterse entre las rocas. Quiso escalar, pero le resultó muy dificil pues los dedos de los pies habían dejado de existir. No podía agarrarse bien a las rocas y caía de vez en cuando, pero siempre se agarraba de alguna piedra saliente y volvía a subir. Cuanto más tiempo pasara su padre imnotizado, más lo separaría de su madre y más desaparecería ella. Freya comenzó a escalar. Gabriela miró abajo y muerta por el pánico empezó a subir con la máxima rapidez posible.

Arthur se detuvo en seco. ¿Donde estaba esa maldita espada? Se preguntó él. "por aquí" Le guió una voz conocida. Decidió seguirla e hizo bien. En un claro del bosque se encontraba la espada clavada en la piedra. Se hacercó a ella, la examinó. ¿Como iba a sacar la espada de allí? "Confía en tí" Dijo la voz. Arthur asintió con la cabeza y cogió la pulsera. Y la puso en un lado de la piedra. Cogió el mango de la espada, respiró ondo y tiró. La espada cedió suavemente, cuando la tuvo en sus manos la alzó por encima de sus hombros y en un acto secó rompió la pulsera en dos.

Un chillido horrible llenó la cabeza de Merlín, el cuál abrió fuertemente los ojos y analizó la situación. Vió a Freya y tambien a su hija. Sus ojos cobraron un color amarillento y las cadenas que lo ataban calleron al suelo. Empezó a correr. Era tarde, Freya tenía cojida por los pies a Gabriela la cual gritó con todas sus fuerzas al sentir las uñas de la dama del lago en su quedaba poco trayecto para alcanzar la cima pero Freya se agarró fuertemente de ella y luego tiró. Gabriela sentía como caía lentamente. Sus uñas, partidas de incrustarlas desesperadamente en la piedra. Le dolía. Iba a caer. Lloraba. Sentía sus lágrimas corriendo por sus pómulos y cegando su vista. Unas manos la cogieron de los brazos, tiraron de ella hacía arriba. Freya tenía las manos sudadas y se escurrian por sus pies, pero pesaba bastante y por lo que estaban callendo. Por suerte a Gabriela le habían desaparecido los tobillos y Freya no tuvo de donde agarrarse. Cayó y se mató, nuevamente, contra las rocas. Ver el cuerpo muerto de Freya no era una agradable visión pero la cara le cambió al ver que había llegado a la cima y que dos personas estaban allí.

- ¡Mamá!- El grito de Gabriela se escuchó por todo el lugar, incluidos los oídos de Arthur y Merlín que se miraban el uno al otro preocupados. Empezaron a correr por un atajo que les llevaría a la cima más facilmente. Al llegar, se encontraron a un hombre y a una mujer con el pelo negro abrazando a Gabriela. La acunaba entre sus brazos y la besaba en la frente, mientras la niña lloraba muerta de miedo apoyada en sus hombros. Merlín reconocío la figura de inmediato aunque no le veía la cara.

- Morgana...- Dijo Merlín y la llamada volvió la cara a Merlín. Le sonrió y se apreciaron sus lágrimas en el rostro. Estaba muerta de miedo pero acunaba a su hija consolandola, diciendole que no había de que temer cuando ella no podía dejar de temblar del pánico. A Arthur se le heló la sangre al ver a su hermana allí y más aún cuando Gawaine se acercaba a ella. Morgana... Morgana era la madre de Gabriela. Ella es la hija de mi enemigo. Ella es el fruto del pecado y posiblemente ninguno de los dos lo sabían.