Chicas ya conocen mis razones pero bueno ahí voy, el último año no es tan facil como dicen! En eso de dos semanas salgo de vacaciones así que podre actualizar como Dios manda, por fa no dejen de escribir reviews o mandar mensajes, creame me alegran los días (Pussy Moment). Las quiero mucho y gracias por seguir con la historia, espero que les guste. Besos. V


Aome P.O.V

Respiré profundamente sintiendo la calidez del aire entrar en mi, poco a poco comencé a identificar todo a mi al rededor a través de mis sentidos, me sentía descansada y relajada. Antes de hacer nada me golpeó el recuerdo de la noche anterior, Inuyasha estaba vivo.

Flash back

Al terminar lo que con tanto deseo habíamos comenzado, Inuyasha me abrazaba contra su pecho, los dos aun muy agitados por la actividad previa. Estábamos acostados en la pequeña cama con las sábanas revueltas, ambos mirábamos al techo. Con suavidad trazaba pequeñas formas en su pecho mientras escuchaba los latidos de su corazón y me dejaba acariciar por su respiración. El me apretaba muy fuerte como si temiera que pudiese salir corriendo en cualquier momento, algo que nunca haría voluntariamente.

-Inuyasha…- hablé entonces, fue más como una prueba, aun no podía creer lo que estaba pasando, tan solo quería hablar para saber si me respondía, si podría escuchar su voz y no imaginarla.

-Dime- el sonido de su voz me llenaba de paz, de armonía, de felicidad, tantas emociones recorrían mi cuerpo cuando lo escuchaba hablar que era imposible contenerme. Me abrasé más a él sintiendo como enterraba su rostro en mi cabello. Iba a preguntarle en dónde había estado durante los últimos tres meses pero aquello simplemente se desvaneció de mi mente, no era momento.

-Nunca más me vas a dejar verdad- susurré con la voz quebrantada y los ojos aguados, bajo mi cuerpo sus músculos se tensionaron, escuché como resonó su mandíbula e inmediatamente sus manos levantaron mi rostro para vernos a los ojos.

-Nunca más, ahora estás a salvo- me dio un beso en cada párpado para después juntar nuestras frentes, estaba tan cerca que solo podía ver sus ojos ámbar. Las manos de Inuyasha acariciaban mi espalda sin saber lo que causaba en mi aquella caricia, me estremecía completamente, cerré mis ojos dejándome llevar por sus mimos -Aome…- susurró entonces, sin embargo no abrí los ojos.

-Hmmm…- gemí perdiéndome en su aroma.

-Fuera de esta habitación…seré siempre Karpov y tú Aleksandria, ¿De acuerdo?- sus manos subieron a mis mejillas, acunando mi rostro, separándonos tan sólo un poco para vernos mutuamente, yo abrí mis ojos, aun no entendía la razón de todo aquello -Te explicaré todo en su momento, por ahora necesito que confíes en mi…¿Cuento contigo?- preguntó seriamente, yo lo miré y asentí, fuese lo que fuese lo que estaba planeando Inuyasha no me preocupaba, sabía que tenía todo en orden -Nunca, escúchame bien, nunca puedes decir Inuyasha fuera de esta habitación, Naraku a puesto un dispositivo en ti por donde escucha todo lo que dices, si escucha mi nombre y no el de Karpov habrá problemas, vale, así que confió en ti para que no suceda- lo miré de nuevo en silencio, con mis manos acaricié su rostro haciendo que cerrara sus ojos bajo mis caricias, me acerqué a sus labios y le di un suave beso.

-Puedes confiar en mi- le dije, él me abrazó con fuerza enterrando sus rostro en mi hombro.

-Te amo…te extrañé demasiado- susurró, mi corazón comenzó a latir desembocado por las palabras de amor que escuchaba.

-Y yo a ti…siempre esperaré por ti- luego de aquella frase caí en un sueño profundo.

Fin del Flash back

Consciente ya de lo que definitivamente no podía decir o hacer, recobré por completo mis sentidos y la noción del tiempo. Abrí mis ojos sintiendo la tenue luz del sol abrazándolos, haciéndome parpadear varias veces para acostumbrarme a la luz. Estiré mi cuerpo que estaba entumecido por lo arropada que estaba, tenía muchísimas mantas encima, me deshice de ellas sintiendo el cambio de caliente a frío sobre mi cuerpo desnudo. Me quedé sobre la cama unos segundos cuando miré a mi al rededor y me di cuenta de que Inuyasha no estaba así que me levanté rápidamente con intención de buscarlo. Al hacer aquel movimiento tan brusco mi campo visual se estremeció 360 grados haciendo que casi cayera, sin embargo me detuve a tiempo logrando mantenerme de pie. Cuando me recobré por completo decidí ir hasta el baño a buscar una bata para tapar mi desnudez.

Entré en la habitación de baño que era lujosa hasta en el jabón, amplia y sofisticada. A lado de la puerta en un perchero de madera que estaba empotrado en la pared guindaba una bata de seda blanca. La iba a tomar cuando vi la inmensa ducha de cristal frente a mi, lucía muy provocativa y yo deseaba ducharme, dejar que el agua recorriera cada centímetro de mi cuerpo. Me asomé por la puerta y no había señal de Inuyasha a si que decidí asearme rápidamente para luego buscarlo. Abrí la llave del agua caliente y del techo salió el agua que parecía lluvia . Vi entonces un armario de madera y lo abrí en busca de toallas, efectivamente allí estaban, eran de color rojo carmesí, esponjosas y suaves. Saqué dos, una para mi cuerpo y otra para mi cabello. Dentro de la ducha el vapor comenzaba a empañar el cristal así que me apresuré a entrar para templar el agua.

Al sentir el líquido caliente caer sobre mi piel todos mis poros se abrieron pero fue algo placentero, ajusté el agua a una temperatura agradable dejando que mis músculos se relajaran. Busqué el shampoo, el acondicionador y el jabón los cuales se encontraban en un rectángulo hundido de la pared. Tomé el primer pote color crema que al abrirlo desprendió un delicioso aroma a madera. Lo apliqué en mi cabellera masajeando suavemente, haciendo que la espuma se formara en mi cabeza. Retiré el químico y proseguí con el acondicionador que tenía la misma fragancia, al terminar tomé el jabón que al igual que los anteriores tenía un olor exquisito, sin embargo no a madera. Pronto había terminado de limpiar todo mi cuerpo por lo que cerré la llave del agua, exprimí mi cabello, lo envolví en la toalla carmesí y con la otra sequé y arropé mi cuerpo.

Me dirigí al lavamanos, el espejo estaba empañado de vapor, con mi mano lo limpié dejando a la vista mi cara, en cierta parte no me reconocía…lucía diferente, había algo en mi rostro que había cambiado, era como si alguna luz se habría sembrado en mis ojos, como si ellos pudieran hablar por si mismos, eso me hizo recordar a cuando era pequeña, solían decirme que mis ojos eran muy expresivos, siempre había pensado que eran por su tamaño, grandes pero proporcionales con mi rostro. En ese momento, sentí como si un rayo de esperanza cruzara por ellos como una estrella fugaz. Respiré profundo caminando hasta la bata de seda blanca, me la puse dejando en su lugar la toalla que había usado para secarme y salí del baño, tenía que buscar mi ropa, no podía andar en bata todo el día.

Al regresar al cuarto noté que alguien había arreglado la cama y que la cortina del balcón estaba abierta. Miré a mi al rededor topándome con unos ojos tan verdes como el césped, por un momento me decepcioné, pero al recordar quien era realmente esa persona caminé hasta él con una sonrisa en el rostro, la cual él devolvió.

-Buenos días Aleksandria, te traje el desayuno- mis deseos de saltar encima de él y besarlo me estaban carcomiendo, se me hacia agua a la boca nada más ver sus labios.

-Buenos días Liev, gracias- como si nunca hubiera pasado nada las palabras salieron de mi boca más natural de lo que nunca pudiese imaginar.

-La criada acaba de terminar de colocar tu ropa y tus pertenencias en el vestier, si quieres te arreglas y me esperas en el balcón, allí está la comida- yo asentí y le di un beso en la boca, fue algo realmente espontáneo. Ambos tratamos de profundizar mi repentina acción, sin embargo hubo algo que lo detuvo, supuse que tenia que ver con aquello que no me podía decir, o tal vez no podríamos expresar nuestro amor propiamente si no era en aquel escondrijo bajo tierra, si así era la situación, deseaba ser enterrada.

Entré al vestier e inmediatamente vi el espacio que se me había otorgado, tomé algo cómodo, unos vaqueros y una camisa de tela delgada color rosa pálido, un suéter gris ya que estábamos en pleno otoño, me coloqué unas botas cómodas de color marrón claro, busqué mi peine en uno de los estantes y desenredé mi cabello, rocié un poco de perfume olor a vainilla por mi cuerpo y salí del lugar, guindé la toalla y la bata en su lugar en el baño para luego dirigirme al balcón en donde sabía que me esperaba Inuyasha, o bueno Karpov.

Al salir note una pequeña mesa de madera adornada con un mantel azul y un florero pequeño de color blanco que portaba dos margaritas, habían dos platos con comida y dos vasos con jugo de naranja, obviamente dos sillas en cada extremo. En el barandal observando el inmenso terreno, estaba Inuyasha disfrazado de Karpov, tenía el cabello ordenado algo que nunca hubiese permitido mi amado, una camisa manga tres cuartos color azul marino pegada a su perfecto torso y unos jeans negros. Notó mi presencia en el marco de la entrada por lo que se giró a verme sonriente, los dientes blancos perfectos parecían brillar en contraste con su piel bronceada, me sentí un poco extraña al verlo, en mi mente imaginaba que Inuyasha era la persona que se volteaba a verme aunque en realidad era el rostro de Karpov, un personaje ficticio.

-¿Comemos?- preguntó arrimando la silla para que me sentara, era todo muy extraño, saber quien era en realidad y sin embargo ver como aparentaba ser otra persona con tanta facilidad. Yo debía hacer lo mismo. Asentí sentándome en la silla que había movido a lo que él se sentó frente a mi -Son tostadas francesas, fresas, moras, yoghurt y mermelada, espero que te guste- sin poder evitarlo sonreí sintiendo el calor en mi rostro -¿Quisieras hacer algo el día de hoy?- preguntó mordiendo el pan azucarado.

-Me gustaría terminar de conocer los al rededores de la casa- mi ánimo estaba en el tope aquella mañana, después de una noche tan buena, era de esperarse.

-Me parece bien- respondió sin decir más.

Al terminar nuestra comida nos levantamos bajando por las escaleras de la mansión tomados de la mano cual novios de colegio. Salimos por la puerta trasera dejando que la brisa delineara cada centímetro de nuestros cuerpos, sin embargo, no sentí frío. Me sentía cálida a su lado, segura, en paz. Caminamos por el camino de rocas rodeado de flores, los olores de ellas impregnaban mis fosas nasales, aunque fuera otoño de alguna forma lograban mantener su esencia. Inuyasha me guió hasta la pequeña cabaña en donde habíamos estado el día anterior, en el centro había una caja de tamaño mediano color rosa pastel con una cinta blanca que formaba un lazo pomposo en la parte superior. Yo miré extrañada el objeto así que me dirigí a él en busca de explicación sin embargo sólo recibí una sonrisa que hizo hervir mi corazón. Subí curiosamente los dos escalones del lugar sin soltar su mano en ningún momento, él parecía estremecido por mi actitud.

-¿Qué es?- pregunté muy inocente escuchando algo que provenía de la caja, un extraño gemido.

-Un regalo, para ti, de bienvenida- susurró en mi oreja mientras rodeaba mi cuerpo con sus brazos de acero. Me giré dentro de su agarre de modo de quedar frente a frente, él me brindó una de esas sonrisas que terminarían causando algún daño cardíaco en mi, me volví a girar hacia caja rosa caminando hacia ella. Me acerqué lentamente ya que sabía que algo se movía dentro de esa cosa, apoyé mi cuerpo sobre mis rodillas quedando frente al presente sintiendo los ojos de Inuyasha clavados en mi espalda. Con sumo cuidado coloqué mis manos sobre el cuadrado de cartón, encontré lo que sería la tapa y de un solo golpe destapé la caja. De inmediato a mi regazo saltó una pequeña bola de pelos caliente color arena, me sorprendí ante el súbito movimiento -¿Te gusta?- Un pequeño cachorro movía la colita sobre mis muslos, sus patitas se apoyaban en mi estómago y sus ojitos color café buscaban afecto -Es un Golden Retriver- tomé al pequeño animalito en mis brazos, era un poco más grande que mi mano, estaba feliz con la lengua guindando y jadeante, hacia pequeños sonidos en busca de caricias, me levanté del suelo y corrí hasta Inuyasha para darle un abrazo con mi brazo libre ya que fácilmente podía sostener mi nueva mascota con una sola mano.

-¡Gracias!- le dije muy alegre, tan alegre que no pude contener las lágrimas. El se rió de mi mientras secaba mis mejillas.

-No tienes que llorar, no es tan feo- me reí de su chiste malo al momento que el pequeñín gemía atención.

-Tranquilo, no seas celoso- dije refiriendo al cachorro mientras acariciaba su cabecita.

-Celoso me voy a poner yo- comentó riendo Inuyasha imitando mi acto -¿Qué nombre le vas a poner?- esa era la pregunta del millón. ¿Qué nombre podría ponerle a una mascota? Nunca había tenido una…

-¿Qué tal Fluffy?- Inuyasha arrugó la cara inmediatamente y el cachorro pareció rechazar la propuesta de igual manera -¿Puffy?- recibí la misma reacción -Emmm…¿Pelusa?-

-¿Es lo mejor que puedes imaginar?- preguntó él con incredulidad.

-Bueno hago lo mejor que puedo, me estoy guiando por la televisión- me defendí, él reviró los ojos.

-¿Qué tal Kiki?- dije entonces sin pensar, ambos nos quedamos en silencio. Podría ser el nombre perfecto si nuestra si nuestra situación hubiera sido otra, llamar al perro Kiki sería recuerdo de Inuyasha a cada momento, sería algo peligroso ya que el nombre se me podría escapar.

-No me gusta- respondió seco, sabía que pensaba igual que yo.

-¡Bueno ayúdame entonces!- le dije tratando de cambiar lo que acababa de decir.

-Dejame pensar- el silencio nos rodeó adormeciendo al pequeño en mis brazos, podía sentir sus pálpitos en mi brazo y su respiración rápida y acompasada. Lo miré apreciando la serenidad en su rostro, su pelo brillaba como los granitos de arena bajo la luz del sol, entonces vino a mi aquel nombre.

-Duna- dije acariciándolo. Inuyasha me vio con una sonrisa.

-Me gusta- respondió simplemente apartando un mechón de cabello de mi rostro para colocarlo detrás de mi oreja -Vamos a dejarlo en su cama y seguimos con el recorrido- asentí sin realmente escuchar, estaba embelesada viendo a mi nueva mascota, a mi nuevo bebé. Ese momento fue extraño, nunca me había sentido de esa manera tan…maternal.

Fuimos dentro de la casa por un momento, al parecer Inuyasha ya tenía todo planeado y justo en la cocina había una pequeña cesta con un colchón azul marino, acosté a la criatura que estaba más que dormida en él y salimos de nuevo.

-De verdad muchas gracias- dije luego de un rato de caminar por el césped, esta vez nos desviamos del camino habitual.

-No tienes porque, sólo me alegra que te haya gustado- me abracé a su brazo inconscientemente reposando mi rostro sobre su hombro. No sabía realmente a donde íbamos simplemente me dejaba llevar por él.

Caminamos y caminamos en silencio, no era incómodo, era realmente agradable.

Inuyasha P.O.V

Sabía muy bien que estábamos siendo vigilados por ambos lados, los buenos y los malos. Podía percibir los ojos en nuestros cuerpos, ya me había acostumbrado a aquella sensación, sin embargo Aome parecía estar completamente ajena a lo que nos rodeaba, suponía que lo hacia a propósito o simplemente estaba en otra atmósfera.

-Taisho- escuché la voz de Miroku en mi oreja entonces. Giré mi cuello como si lo estuviera estirando, en realidad esa era mi respuesta a él -Al llegar a casa te encontraras con Naraku, está más desesperado de lo que pensábamos, necesito que ganes tiempo y logres la misión lo más pronto posible, mañana mismo efectuaremos el plan si es necesario- con cierto agrado miré al cielo señalando que estaba de acuerdo con el plan. Mañana comenzaríamos una nueva vida.

La abracé más a mi cuerpo sintiendo la aceptación de ella. En ese momento recordé los días anteriores en los cuales pensaba que era Karpov, podía sentir en cierta forma su repulsión hacia mi, pero esa negación duraba solo unos momentos, de pronto ella simplemente asumía su papel y se encontraba perfecta a mi lado, bien sabía yo que no era ella realmente.

Le mostré el resto de los al rededores de mi supuesta casa que era en realidad un cuartel general. Todos los mayordomos y criadas eran en realidad agentes encubiertos preparados para cualquier adversidad con el enemigo. Naraku no era ninguna joya, era despiadado y sanguinario, no le importaba lo que tendría que hacer o por las personas por las cuales tendría que pasar con tal de tener lo que quisiera. A demás, el simple hecho de ser un mafioso ya lo hacia peligroso. Nunca olvidaré hace tres meses cuando lo conocí en éste disfraz, cuando vi cara a cara esos ojos fríos que harían temblar hasta a una piedra, en ese momento quería lanzarme contra él y golpearlo hasta que le doliera el cabello. Lo maldije en mi mente como nunca antes lo había hecho con ninguna otra persona, lo maldije por lo que era, por lo que le había hecho a Aome pero sobre todo por arruinar su vida, la nuestra.

Jamás pude olvidar aquella carta que llegó de la corte la misma mañana en la que se supone mis padres adoptarían a Aome, yo fui el que tomó la carta y la abrí desenfrenado. Esperaba que dijera la respuesta pero tenía otro contenido.

Corte Suprema del Condado de Ohio

Estimados Sr y Sra Taisho, se le envía a la presente para informar el cambio de la audiencia que se habría pautado para el día de hoy por tratado de asuntos de mayor importancia, lamentamos el inconveniente. La audiencia ha sido revocada para dentro de una semana.

Atentamente, La Jueza Collins.

Me mordía la lengua cada vez que recordaba aquello, como habíamos sido engañados por Naraku. El fue el que envió la carta para que mis padres no llegaran nunca a la audiencia. La carta era tan exacta que mis padres no pudieron lograr denuncia alguna a la corte, fue considerado un mal entendido. Durante un año aproximadamente estuvimos intentando contactar al padre adoptivo o comunicarnos de alguna manera, pero la respuesta siempre era no. Era una adopción cerrada, se podría decir que confidencial así que nunca logramos obtener información alguna.

Para mis hermanos los primeros años fueron un golpe bajo, sobre todo para Sango. Lloraba todas las noches, dormía con el peluche de felpa que le había regalado Aome en su cumple años numero cinco, siempre tenía el semblante apagado y nunca, ni siquiera para un acto formal se quitaba la pulcera tejida que habían hecho una vez como signo de mejores amigas. Por mi parte ocultaba mis emociones, no quería que me vieran mal, todos se encontraban así, alguien debía ser fuerte.

Bip- bip- bip- bip

Sonó en mi bolsillo sacándome de mis pensamientos, toqué mi bolsillo aun abrazando a Aome y miré la pantalla. Tal y como lo había predecido Miroku el degenerado de Naraku me llamaba para hablar conmigo.

-Es tú padre, tengo que atender- le dije alejandome de ella unos pasos -Diga-

-Buenas Tardes señor Karpov- la voz monótona del fantasma habló.

-Muy buenas tardes señor Karshnikova ¿En qué puedo ayudarle?- pregunté con suma serenidad, tenía un par de ojos chocolates incrustados en mi espalda.

-¿Cómo va todo, qué tal la niña?- Odiaba cuando se refería a ella de esa manera. Sabía bien a lo que se refería quería lo que se supone yo debía encontrar y dárselo.

-Ella está muy bien- respondí ya que no podía hablar de "negocios" con Aome detrás de mi, comenzaría hacer preguntas a las cuales no debía dar respuesta.

-Estás con ella verdad- preguntó captando mi respuesta, si hubiera estado solo hubiese inventado alguna excusa para ganar tiempo.

-Si- respondí relajado para tranquilizar a Aome.

-Salgo para allá en cinco minutos- dijo colgando el teléfono. Suspiré para tranquilizarme y me giré para encontrarme con la persona que amaba, sin embargo en su rostro notaba la curiosidad y preocupación.

-Era tú padre- le dije, sus ojos se abrieron como dos sartenes -Dice que viene para acá en un rato, tenemos que hablar de unas cosas- me acerqué a ella abrazándola y dándole un beso en la coronilla.

-Me va a llevar verdad…- susurró, noté el quebrando en su débil voz, me partió el corazón escucharla así.

-No, claro que no- tomé su rostro entre mis manos haciendo que me viera fijamente -Simplemente va a hablar conmigo de unas cosas que tenemos pendientes no es nada de lo que debas preocuparte- limpié una lágrima que bajo por su mejilla cual niño en tobogán. No aguanté y le di un suave beso en la boca. Sus manos apretaron mi camisa como si estuviera a punto de caerse, aunque conociéndola simplemente trataba de no llorar.

Regresamos a casa siendo bienvenidos por el pequeño Duna que caminaba torpemente y agitaba su cola de lado a lado. Ella lo tomó en brazos sonriendo, amaba su sonrisa.

-Hola pequeño- dijo ella alzándolo de modo de que el hocico del cachorro rozaba su nariz respingona.

-¿Qué tal amiguito?- dije acariciándole la barriga para luego ir a tomar un vaso de agua -¿Quieres algo?- le pregunté.

-Un poco de agua también por favor- hice lo pedido y le di su vaso de agua. Duna comenzó a chillar entonces en los brazos de su dueña, ella dejó el vaso de agua pasando su atención al cachorro.

-¿Qué tienes pequeño?- preguntó preocupada -¿Te duele algo?- comenzó a examinarlo de arriba a abajo.

-Podría ser hambre- dije entonces recordando que el vendedor me había dicho que debía alimentarlo cada tres horas, al igual que un bebé.

-¿Pero debe tomar leche materna verdad?- preguntó entonces viéndome preocupada probablemente por el hecho de que la medre del cachorro no estaba con nosotros.

-Para tú suerte el vendedor me dio lo necesario, está en esa nevera- señalé una pequeña nevera que estaba debajo de una estantería, ella caminó hasta el aparato y al abrirlo se encontró con una cantidad excesiva de teteros llenos de leche. Duna comenzó a chillar de nuevo como si supiera que aquello era para él.

-¿Te lo tomaste en serio no?- dijo ella agarrando un tetero. Yo reviré los ojos tomando el biberón de sus manos, lo metí en el microondas quince segundos para que estuviera tibio y se lo di a ella. Aome se detuvo un segundo con el biberón en una mano y Duna en la otra -¿Qué pasa?- pregunté.

-Es que…no se cómo hacerlo…- sus mejillas se sonrojaron por la pena. Era de esperarse que se sintiera de esa manera.

-Ven- le dije acercándome a ella. Me coloqué detrás de su cuerpo pasando mis brazos por los suyos hasta llegar a sus manos, su espalda estaba completamente adherida a mi pecho haciéndome respirar el divino aroma de su cabello. Sus brazos se pusieron rígidos -Relájate- susurré en su oído, lentamente sus músculos se aflojaron dejándome hacer. Hice que agarrara a Duna en la posición perfecta sobre su mano a su vez pegándolo a su pecho para que no se cayera, luego incline su mano donde estaba el biberón hasta el hocico del cachorro que sacaba la lengua impaciente -Así y dejas que él tome- Duna comenzó a lamer la tetina mientras en la cara de Aome se dibujaba una sonrisa, se giró a verme con los ojos brilllosos y volvió a ver al cachorro.

-Señor, el señor Karshnikova ha llegado- Anunció una de las criadas que era en realidad una agente especializada en las armas. El cuerpo de Aome volvió a tensarse, se giró a verme preocupada.

-Vamos a saludarlo- esas palabras eran amargas en mi boca. Noté su inseguridad, sin embargo me siguió fuera de la cocina.

Llegamos a la sala de estar en donde solíamos encontrarnos siempre. Ella caminaba pegada a mi espalda escondida mientras yo tenía que estar con la frente en alto, como si nada pasara, como si todo aquello fuera lo más normal del mundo. Naraku se encontraba solo, lo cual me parecía anormalmente extraño ya que siempre el maldito de Bankotsu lo acompañaba. Veía las fotos que estaban sobre las repisas, al parecer se encontraba admirando a mi "difunta esposa".

-Buenas tardes- habló Naraku aun admirando a el supuesto amor de mi vida.

-Buenas tardes- devolví el saludo. Aome estaba callada.

-¿Cómo está todo querida?- preguntó refiriéndose a Aome que estaba escondida detrás de mi.

-Bien, padre- noté la amargura en sus palabras y él pareció hacerlo también, sonrió sin ganas y se giró a vernos.

-Quiera hablar con usted unos minutos señor Karpov- dijo con suma tranquilidad.

-Me parece bien, ¿Quisiera ir a mi oficina o aquí mismo?- pregunté.

-Ya sabe que me gusta la privacidad- yo asentí viendo a Aome.

-En seguida vuelvo- le di un beso en la frente y junto con Naraku partí hacia mi supuesta oficina. Miré de reojo al hombre detrás de mi y noté la mirada amenazadora que le profesaba a Aome haciendo que quisiera voltearme y partirle la cara, la miré a ella pero ni se había inmutado, más bien parecía desafiarlo. Entramos a la oficina en silencio como siempre, yo me senté en mi lugar detrás del escritorio y él frente a mi. Le ofrecí una copa de vino que aceptó sin problema y por mi parte también me serví una para luego comenzamos los negocios.

-No vayas a decir ninguna estupidez- escuché la voz de Miroku en mi oído.

-Entonces señor Naraku, dígame ¿De qué quiere hablar?- pregunté dando un sorbo a mi bebida.

-Usted sabe bien lo que quiero. ¿Cuánto más se va a tardar? Mi paciencia no es para siempre y el tiempo se agota- aunque podría sonar bastante enojado, en su rostro no había emoción alguna.

-¿Si fuera fácil no cree que ya lo hubiera logrado usted? La niña tiene una inestabilidad mental demasiado fuerte- hablé con soltura refiriéndome a ella como si no me importara.

-Pues no me importa, quiero lo que necesito para el final de esta semana, si no, ya sabe lo que pasará- quería matarlo, estrangularlo con mis propias manos, hacerlo sufrir y desear no haber nacido -Usted es el único que ha logrado esos cambios naturales en ella, sería lamentable tener que llevarla a Rusia con el doctor Petrovski- una sonrisa sadicona se dilato en su rostro haciéndome sentir nauseas.

-Comprendo, sabe que estoy haciendo todo lo posible- le dije muy serio.

-Regarle un cachorro…definitivamente es un hombre serio- su sarcasmo era repulsivo.

-Pienso que primero hay que ganar confianza para luego poder manejar la mente- mi seriedad seguía en pie.

-Y vaya que usted sabe de confianza, no crea que no se lo que ha hecho con mi hija estos últimos días- me molestaba el hecho de que de pronto se volviera protector cuando nunca en su vida se ha interesado realmente en ella, me quedé callado esperando a que dijera algo más, no planeaba responder ante aquel comentario -Bueno creo que me voy, tengo muchas cosas que hacer como preparar los boletos a Rusia y hablar con Petrovski. Tiene cuatro días, ya hoy es lunes, si realmente quieres el dinero y aprecias tu vida, dame lo que quiero- Sin más se levantó y salió de la oficina. Espere diez segundos y rompió la ira en mi, lancé las copas de vino al suelo, arrojé todos los papeles sobre el escritorio a suelo, le di golpes a la pared. Me sentía impotente por la forma en que me había hablado.

-Inuyasha tranquilízate, ya todo está listo mañana mismo parten de aquí- dijo Miroku buscando calmarme.

Aome P.O.V

Cuando Naraku me vio de aquella manera, no sentí miedo, más bien me sentía fuerte, capaz de vencerlo. Duna se había terminado el tetero así que fui a lavarlo en la cocina. Lo puse en la cesta viendo como daba vueltas buscando salir. Me reí de él y me dirigí al lavaplatos. Mientras el agua corría por mis manos me preguntaba qué estarían haciendo, qué le estaría diciendo Naraku a Inuyasha. Aun no sabía realmente cual era el negocio que tenían ya que nunca había tenido la oportunidad de preguntarle. Si lo pensaba, no sabía bien que ocurría pero si Inuyasha no me había dicho era por alguna razón. Escuché entonces a alguien bajar por las escaleras, supuse que eran ellos así que corrí a la sala para encontrarme con mi "amado padre" que me veía inexpresivo. Nos encontrábamos a eso de dos metros de distancia en pulcro silencio.

-Pronto volverás a mi querida- dijo con su sonrisa de violador que siempre hacia que la piel se me pusiera de gallina. Salió por la puerta sin más y yo me quedé allí plantada.

¿Qué acababa de ocurrir?

Subi las escaleras con la urgencia de hablar con Inuyasha, llegué hasta su oficina y me quedé parada frente a la puerta. No sabía si debía entrar o tocar la puerta. Puse mi mano sobre la manilla y escuché un estruendo del otro lado de la puerta, salté por el susto así que respiré profundo para tranquilizarme. Me decidí y giré la manecilla abriéndome paso en el cuarto.

Estaba desordenado, papeles en el suelo, había una mancha vinotinto en la alfombra acompañada de cristales que iluminaban el liquido, al parecer alguien había roto algo de vidrio, Inuyasha se encontraba contra la pared con un brazo en ella en donde reposaba su frente, sus manos eran puños y no se molestó en girar a verme. Bien sabía que aquello no había sido obra de Naraku puesto que él nunca se ensucia sus propias manos, era incapaz de realizar una pelea mano a mano. Al parecer le habían dicho algo que realmente lo había molestado.

Caminé hasta Inuyasha lentamente pisando algunos cristales en el camino. Me paré detrás de él observando su inmensa espalda. Sin pensarlo dos veces lo abracé reposando mi rostro entre sus omoplatos. Sentí su corazón latir fuertemente bajo mis manos, estaba agitado. Colocó al cabo de unos minutos una de sus manos sobre la mía. Se giró y me abrazó propiamente.

-Nadie te va a separar de mi- susurró aprentándome con más fuerza. Sentí la calidez de siempre envolver mi corazón. Le devolví el gesto hundiéndome más en su pecho.

-Lo se- le dije.

Sabía que a su lado nada podría pasar.