Hola hola! Como están? Bueno como estos últimos días ha llovido tanto en mi país las clases se han cancelado por unos días ya que hay derrumbes, deslaves etc pero bueno he aprovechado este tiempito para escribir algo! El capitulo anterior no tuvo muchos reviews...disculpen si no fue entretenido o algo por el estilo si sienten que se está perdiendo la intriga por favor diganme! Las quiero estamos hablando xoxo V


Aome P.O.V

El resto de la tarde fue amena, actuamos como si la visita de Naraku nunca hubiera ocurrido. Por mi parte sentía deseos de saber que era lo que realmente sucedía pero no podía arriesgarme.

Duna era la cosa más tierna del mundo, me había encariñado rápidamente con el cachorro, de alguna forma por muy loco que sonara, era como si aquel perrito fuera nuestro hijo… Mi mente cortaba aquellos pensamientos recordando que tan solo tenía diecisiete años, aunque para mi fueran más, tenía una basta experiencia en ciertas áreas que ni una mujer de cuarenta podría tener pero en otros aspectos aun era una niña. Había sido forzada a crecer cuando no era el momento, a actuar como señorita al ser una infante, de alguna manera Inuyasha lo comprendía. Bien sabía yo que él conocía más de mi realidad que yo misma, estaba completamente segura de que Naraku no había sido honesto conmigo y de alguna forma comenzaba a sentir que Inuyasha estaba haciendo lo mismo, en sus ojos notaba algo extraño, no lo podía descifrar, toda la tarde me miró de una manera extraña sin embargo yo decidí hacer que no me había dado cuenta pero estaba segura de que algo ocultaba.

Por primera vez en un buen tiempo me tocó hacer la cena, no fue por obligación simplemente me nació hacerlo. Inuyasha estaba recostado en la isla centrada en la cocina, me veía caminar de un lado a otro buscando los utensilios necesarios. No era una chef profesional pero recordaba como cocinar un pollo ,hervir papas , preparar una ensalada y servir un delicioso banana split. Duna estaba entre los brazos de Inuyasha olisqueando el aire con su pequeña nariz, el pollo desprendía un rico aroma a hierbas y salsa de soya las cuales había utilizado como condimento, éste se cocinaba en el sartén soltando un jugo que lo bañaba por completo. En el horno estaban las papas sin pelar, solo lavadas y envueltas en papel aluminio, bañadas con aceite de oliva y orégano. Ya había lanzado la lechuga recién lavada en un bol de cristal acompañada de hongos frescos, nueces y trozos de naranja, bañe los vegetales con miel mostaza, pimienta y un toquesito de sal. Inuyasha había cooperado poniendo la mesa mientras apagaba la estufa y el horno. Serví en cada plato una presa de pollo, una papa horneada desenvuelta que chorreaba aceite de oliva expirando olor a orégano y una porción de ensalada, Babu me había enseñado que los vegetales eran muy importantes, tanto, que debían estar presente en cada comida. Inuyasha olfateo desde su puesto el delicioso banquete servido, tomó los cubiertos clavándolos sobre la pechuga de pollo que al ser aplastada soltó un sabroso jugo. Se llevó el trozo a la boca saboreándolo con lentitud, me tenía nerviosa ya que pensaba que no le iba a gustar. Me miró con una sonrisa diciendo:

-Nunca pensé que podías ser tan buena cocinera- sentí un gran alvino al escuchar aquellas palabras.

Comimos a gusto el primer plato dejando espacio para el postre que compartiríamos. El helado estaba riquísimo, bañado en sirope de chocolate, la combinación del frio manjar con la banana era de en sueño. Al terminar Inuyasha lavó los platos, yo trate de ayudarlo pero no me dejó. Estaba aburrida mientras lo veía restregar el jabón sobre la porcelana blanca pero entonces se me ocurrió una idea. En la esquina del fregadero había una manguerita (de esas que se utilizan para gastar más agua) me fui acercando lentamente haciéndome la loca hasta que quedé frente a mi objetivo, Inuyasha estaba tan concentrado que no se dio cuenta, tomé la manguera y de un rápido movimiento apreté la palanca que daba acceso al agua, la boquilla del arma escupió agua con fuerza. Inuyasha pegó un brinco alejandose del lava platos, huyendo del agua mientras, sin poder evitarlo, me reía a todo pulmón, lo estaba mojando hasta dejarlo completamente empapado llegando al punto de que goteaba agua. Su cara de "¿Qué acabas de hacer?" y "¿Te crees muy graciosa?" era un poema, le saqué la lengua una vez apagada la manguera.

-Yo que tú corro- dijo mientras las gotas de agua bajaban por su mascara.

-¿O qué?- lo desafié, lo estaba provocando pero sabía en que me estaba metiendo, él subió una ceja.

-Tienes tres segundos para huir y averiguarlo- Me quedé allí parada como si su amenaza fuera inofensiva -Uno…- comenzó a contar -Dos…- ni me moví -Te estoy dando ventaja…- bostecé dramáticamente como si me quedara dormida ante sus palabras, suspiró y me miró fijamente a los ojos -Tres…- se lanzó hacia mi pero lo detuve echándole agua en la cara, como tenía los ojos abiertos se frenó por un momento restregándose los ojos para mitigar el dolor producido por el golpe de agua. Aproveché el momento para salir corriendo, me fui por el pasillo de la lavandería que guiaba a su vez a la piscina techada, escuchaba los pasos pesados de Inuyasha persiguiéndome, estaba muerta de la risa -¡Lo vas a pagar!- gritaba de tras de mi, sonaba severo pero estaba segura que debía tener una sonrisa en el rostro. Casi me resbalo unas cuantas veces pero como estaba en medias pude mantener el equilibrio. Abrí de golpe la puerta de cristal entrando en la habitación templada, estaba cubierta con cristales, sobre mi el cielo estaba nublado. Todo estaba oscuro, por alguna razón las luces no se encendieron cuando entré ya que se supone que ese era el sistema eléctrico de gran parte de la casa, también dejé de escuchar los pasos de Inuyasha detrás de mi. Miré a mi al rededor y sólo logré ver la luz proveniente del pasillo en el que había estado corriendo hace solo segundos, Inuyasha no estaba, solo el silencio me acompañaba.

De pronto, sin razón alguna, sentí el pánico subiéndome por las piernas como una serpiente hasta llegar a mi corazón y luego a mi mente, ¿Estaría imaginando cosas, sería todo un sueño? Volví a mirar a todas partes con la respiración agitada, tuve miedo, a mi vinieron malos recuerdos, malos momentos que salieron de su baúl, sentí nauseas, el corazón martillaba mis costillas, las manos me temblaban, no sabía que me pasaba, mis piernas amenazaban con fallarme en cualquier momento, un dolor punzante cruzó mi cabeza, era como si una flecha atravesara mi cráneo, el dolor era insoportable, caí al suelo de rodillas, una mano en la cabeza la otra en el suelo, comencé a sudar frío aunque sentía un calor agobiante dentro de mi; sentí como mis párpados temblaban, mis ojos dolían por la súbita presión que los rodeaba, en ese momento comenzaron a pasar imágenes por ellos como una película en cámara rápida, no entendía nada de lo que veía: sombras, una habitación, un bombillo guindado del techo, un ruido estruendoso como el de un disparo, calor, alguien corre, alguien llora, alguien habla, alguien grita. Nada tenía sentido. Sin darme cuenta había comenzado a gritar.

Inuyasha P.O.V

Se había pasado de la raya cuando me mojó, ahora la perseguía por el pasillo, chiquilla traviesa. Noté como estuvo a punto de resbalarse varias veces, que atolondrada.

-Taisho, cuando Aome entre en el cuarto de la piscina escóndete tenemos una idea- escuché la voz de Miroku en mi oído, lo maldije en mis adentros por arruinar el momento, pero era mi jefe y debía acatar normas a demás era un beneficio para ella.

La vi entrar a la piscina sin mirar para atrás así que aproveché para meterme detrás de una pared al lado de la puerta que tenía una ventanilla por la cual se podía ver a dentro. Las luces no se encendieron como se supone debían.

-Tranquilo Taisho es solo una prueba- dijo de nuevo Miroku en mi oído probablemente vieron la reacción de mi cerebro y mi corazón en la maquina de monitoreo corporal al ver como Aome me buscaba, como en su rostro de un segundo a otro apareció algo que me había negado a dejar que sucediera mientras estuviera cerca.

Miedo.

Sus ojos se abrieron de par en par y llevó sus manos a su cabeza, aunque estaba oscuro haciendo difícil mi percepción me di cuenta del temblor en su cuerpo, de hecho, era audible, sus dientes resonaban clac-clac-clac rápidamente, era como un zumbido.

-¿Qué demonios le hicieron?- mascullé aguantando las ganas de salir corriendo a ella.

-No hemos hecho nada, es ella misma. No te atrevas a interferir necesito que esperes por una vez en tu puta vida- Miroku hablaba seriamente, la tensión en su voz se hacia presente en cada palabra, era de entenderse, se nos agotaba el tiempo. Me mordí la lengua y apreté los puños para controlarme me mataba el deseo de ir a abrazarla, de decirle que todo estaba bien.

Su delicado cuerpo cayó al suelo como peso muerto, uno de sus brazos amortiguó la caída ya que el otro sostenía su cabeza, las rodillas golpearon fuerte el mármol, respiraba con dificultad, lo sabia porque podía escuchar su respiración forzada, gemidos, comenzó a gemir como si pidiera ayuda.

-¡Vamos hagan interferencia con la otra linea, no dejen que ellos escuchen, cambien la frecuencia, obstruyan la visión del enemigo!- escuchaba a Miroku dando ordenes como loco -¡Coloca el micrófono en su máxima capacidad!- los gemidos de Aome se hacían más fuertes, yo ya estaba al borde aguantando las ganas, comencé a golpear la pared para poder drenar mis energías -Vamos sigan, sigan, eso es vamos- en eso todo quedó en silencio de nuevo, miré por la ventanilla y Aome estaba en la misma posición, una mano en el suelo, la otra en la cabeza y las rodillas como soporte -Está susurrando algo- la voz de atento de Miroku se repotenció -Escuchen, está murmurando algo- yo paré la oreja pero era inútil, por más agudo que fuera mi oído, lo que decía Aome estaba fuera de mi campo auditivo -¿Qué demonios significa eso? ¡Rápido busquen al traductor! Taisho es toda tuya- no lo pensé dos veces y corrí de inmediato a donde estaba ella aunque me preguntaba qué habría dicho.

Los músculos de Aome estaban completamente contraídos, parecía una piedra, su piel perlada por el sudor, no se movía, a penas respiraba. Coloqué mi mano sobre su espalda e inmediatamente perdió el equilibrio, con uno de mis brazos la tomé por el torso, recosté su cuerpo contra mi pecho, miré sus ojos y aunque estaban cerrados, lloraba. La abracé con más fuerza acariciando su cabello para tranquilizarla, me mecía de adelante hacia atrás, odiaba verla así, tan frágil. Me levanté tomándola en brazos de forma nupcial y me dirigí lentamente a nuestro cuarto, estaba cubierta en sudor, sus ropas estaban húmedas así que decidí que debía bañarla. Mientras subía por las escaleras noté que sus ojos se abrieron, pero estaban vacíos al igual que su rostro, no tenía ese no se qué que me atrapaba siempre, sus mejillas eran tan blancas como el papel, estaba muy pálida. Un nudo de rabia e impotencia se formó en mi garganta haciéndome difícil respirar. Ella no me veía, era como si estuviera perdida. LLegamos al cuarto y caminé directo al baño.

-Cualquier cosa que planees hacer dile, necesita saber que pasa a su al rededor para volver en si- dijo una de las asistentes de Miroku.

-Te voy a sentar aquí mientras busco tus ropas ¿De acuerdo?- le pregunté mientras la sentaba en en un banquillo que estaba cerca del armario de las toallas. Aun perdida en su mundo asintió levemente. Salí corriendo al vestier y tomé lo primero que encontré, un suéter negro y un mono de cuadros, regresé rápidamente al baño temiendo de que tal vez hubiera tenido otro episodio pero estaba allí sentada justo como la dejé, en cierta forma fue un alivio. Dejé la ropa a un lado de ella y me arrodillé mirando su pálido rostro, una lágrima rodó por su mejilla -A…Alex- casi se me sale el Aome -Te voy a bañar ¿si? Necesito que te levantes para que te quites la ropa y luego te sientes en la bañera- se quedó inmóvil por un momento hasta que me miró, sus ojos penetraron los míos aunque estaban vacíos, sólo lágrimas salían de ellos, se levantó sin decir nada -Voy a encender el agua- Me levanté al igual que ella dirigiéndome a la ducha, tomé la manguera que tenía una regaderilla y templé el agua hasta dejarla a una temperatura agradable. Yo pensaba que ella ya estaría lista pero al voltearme estaba igual, vestida completamente con los ojos perdidos, dejé la regadera en el suelo de la ducha y me paré frente a ella -¿No puedes hacerlo tú sola?- susurré, ella negó suavemente con su rostro, respiré profundo -Voy a quitarte la ropa entonces- le dije con suavidad sin embargo noté como sus músculos se contrajeron en forma de defensa.

-No le digas que eres tú, recuerda que los escuchan, hemos logrado obstruir su visión así que puedes quitarte los lentes de contactos al menos- escuché de nuevo la voz de la mujer. Como lo había sugerido me quité los lentes de contactos sintiendo un gran alivio en mis ojos.

-No tienes que temer, soy yo- tomé sus hombros haciendo ademán para que me viera, cuando sus orbes chocolate toparon con las mías sentí su como se relajó -Solo voy a ayudarte- ella asintió. Lentamente y con cuidado comencé a quitarle la ropa, primero el suéter gris, luego la camisa rosa pastel de algodón dejando a la vista su bello torso aunque en algunos puntos de él se notaban las magulladuras de golpes anteriores. Desabotoné el jean bajándolo por sus piernas con cuidado, solo quedaba la ropa interior y las medias, la despoje de ambas, su cuerpo expuesto. La ayude a caminar hasta la ducha en donde la senté con sumo cuidado, recogió sus piernas de forma de que con sus brazos abrazaba las rodillas y escondía su rostro sobre ellos. Su espalda encorvada mostraba en relieve su columna vertebral, algunos moretones viejos terminaban de sanar.

Tomé la regadera y comencé a mojar su cuerpo con delicadeza, la presión del agua era la apropiada de modo de que no se sintiera atacada. Por donde pasaba el agua yo acariciaba buscando relajarla, mojé su cabello dejándolo completamente emparamado, poco a poco se iba calmando, su respiración se hizo amena bajo mis manos. De pronto se puso erguida, yo me detuve pero no hizo nada así que aproveche para lavar su cara y el resto de su cuerpo. Al terminar busqué las toallas que había utilizado en la mañana, exprimí suavemente su cabello sacudiéndolo con una de las toallas con cuidado. La levanté secando cada rincón de su piel, luego la envolví en la toalla, busqué el banco que estaba al lado del armario arrimándolo cerca de ella y la senté allí de nuevo. Su labios estaban tan rojos como las fresas, había recobrado ese color cremoso que la caracterizaba en su piel, el cabello húmedo se le pegaba a la espalda y los hombros. Todo lo que acababa de hacer lo había aprendido de mi madre, recuerdo que siempre hacia aquello con Sango cuando estaba pequeña y se enfermaba, también recordé que mamá la peinaba.

-¿Quieres que te peine?- pregunté, ella asintió. Busqué el cepillo en una de las gavetas del lavamanos, al encontrarlo me dirigí nuevamente hacia ella, no estaba seguro de como debía hacerlo, esperaba que lo que recordara de mi madre sirviera.

-Suish-Suish- murmuró ella. Mi corazón latió rápido al escuchar su voz aunque no entendí lo que había dicho. Suish-Suish ¿Qué demonios significaba eso? La miré a la cara muy extrañado pero seguía perdida -Suish-Suish- volvió a repetir, se me vino a la mente que tal vez me trataba de decir algo así que me puse a pensar. Suish-Suish, Suish-Suish… repetí en mi cabeza varias veces, Suish-Suish, Suish-Suish… ¡Entonces lo recordé!

Flash Back

-¡Aome ven!- dijo Sango con su voz aguda desde el porche de la casa. Aome paseaba en su bicicleta aguamarina por la calle, tenía un vestido amarillo y una media cola adornada con una margarita. Al escuchar la voz de mi hermana salió corriendo a donde estábamos, yo me encontraba acostado en un banco con mi pelota de fútbol esperando a que llegaran mis compañeros del equipo para ir a practicar. Subió las escaleras del porche como si le quemaran los pies mi hermana la esperaba con los brazos abiertos, como era de costumbre se abrazaron como si no se hubieran visto en años, siempre pensé que para ser unas niñas de seis años se querían demasiado.

-Hola Inuyasha- me dijo con su acostumbrada sonrisa al darse cuenta de mi presencia. Yo nunca fui de esos de saludos cálidos así que simplemente asentí con la cabeza.

-Aome ven necesito que me ayudes- Sango jaló la mano de Aome para que se sentara a su lado, frente a ella habían varias muñecas y dos cepillos.

-¿Con qué?- preguntó inocente sentándose a su lado.

-Estas son unas muñecas que eran de mi mamá y las encontró en el ático ayer, entonces necesito que me ayudes a peinarlas- Observé como Aome bajó su rostro sonrojándose ¿Qué le pasaba?

-Si no quieres no importa…- le dijo mi hermana al ver su reacción, inmediatamente Aome la miró y negó con la cabeza.

-¡No, no es eso! Es que…no se como hacerlo…- dijo muy apenada, mi hermana se echó a reír.

-¿Sólo eso? ¡Pensé que era algo más! Yo te enseño mira es muy fácil- Sango tomó una de las muñecas colocando entre sus piernas y un cepillo -Mira con una mano agarras un poco de cabello suish y con la otra pasas el peine suish y ya es así de fácil, suish-suish- Aome asintió tomando una muñeca y comenzó a hacer lo que le habían enseñado.

-Agarro cabello suish, paso el peine suish- decía riéndose mientras lo hacia, cuando lo hizo por segunda vez el cepillo se le quedó trabado en un nudo.

-Y si hay un nudo haces ¡Suish, suish, suish, suish!- Sango se rió mientras peinaba frenéticamente a la muñeca, ambas estallaban en carcajadas.

-Vaya, vaya ¿Qué es toda esta risa aquí?- apareció mamá en la puerta sonriendo con su acostumbrado rostro de porcelana.

-Le estoy enseñando a Aome como peinar una muñeca- informó mi hermana.

-¡Hola señora Izayoi!- exclamó Aome corriendo hasta ella para darle un abrazo por la cintura, mi madre se sonrió aun más devolviendo el gesto, amaba a la amiga de mi hermana como una hija más.

-Me alegra verte por aquí pequeña, oigan que les parece si siguen con eso adentro, acabo de terminar unas galletas que quedaron de-li-cio-sas- solo mi madre hace galletas en pleno verano cuando lo que necesito es una limonada para este calor.

-¡Si!- gritaron las dos tomando rápidamente las cosas mientras corrían por la puerta haciendo carrera como siempre. Mi madre se rió de ellas.

-¿No quieres acompañarnos mi vida? Están realmente ricas, son tus favoritas de avena- me preguntó tan dulce como el azúcar. Me iba a levantar a acompañarla pero en eso llegaron mis amigos así que huí por la derecha.

-¡Lo siento, tal vez la próxima!- grité cuando ya estaba a medio camino.

-¡De acuerdo! ¡Diviértete!-

Fin del Flash Back

Eso era lo que significaba suish… con el recuerdo en mi mente tomé un mechón de cabello, no muy grueso, y pasé el peine entre las hebras negras, realicé el mismo movimiento en todo su cabello topando con uno que otro nudo pero todo bien. Al cabo de minutos había terminado, como era tan largo y abundante tardé más de lo normal. Me giré a verla ya estaba mejor, me arrodillé para quedar a su nivel, puse mis manos sobre las suyas que reposaban en su regazo.

-Alex…- susurré, ella me miró.

-Me volví a desmayar verdad…- murmuró con los ojos apagados, ya había vuelto en si. Yo asentí -Lo siento…- apreté con delicadeza sus manos bajo las mías, tomé su mentón e hice que me mirara.

-No tienes porque disculparte, simplemente pasó- una vez más sus ojos se empañaron aunque esta vez no se aguantó, comenzó a llorar de forma fluida drenando todo por dentro. La abracé sin importarme que podría mojarme, ella hundió su rostro en mi cuello y sentí como sus manos se aferraban a mi camisa -Sh…sh…- le decía para tranquilizarla.

Luego de que se desahogara salió al cuarto a vestirse mientras yo tomaba una ducha, no podía esperar a que fuera el día siguiente y desapareciéramos de esa mierda.

Aome P.O.V

Me sentía horrible, me sentía culpable, estaba confundida, ¿Por qué siempre que estaba con Inuyasha algo así pasaba? me sentía frustrada, no recordaba nada. Había salido del baño con la ropa que él había escogido en mano, la lancé sobre la cama y me senté a su lado mirando al suelo, ese dolor que había sentido antes de caer al suelo…no podía explicarlo, nunca había sentido algo así, el solo recordarlo me daba escalofríos y lo peor era que era lo único que recordaba al momento de desmayarme. Comencé a vestirme con lentitud sintiendo el roce de la tela con mi piel, se sentía extra suave, sinceramente no podía moverme rápido, al terminar escuché como alguien tocaba la puerta, dirigí mi atención a ella y me topé con una de las criadas.

-Disculpe molestarla señora pero el pequeño no para de gemir, ya le di la comida pero está muy inquieto- Duna se retorcía en los brazos de la mucama, gimiendo sin parar, cuando me vio se estiró tratando de alcanzarme.

-Déjalo en el suelo, gracias y disculpa la molestia- le dije amablemente, ella asintió y dejó a Duna en el suelo, mi pequeño salió corriendo directamente hacia mi, la chica cerró la puerta con un "buenas noches" y se marchó.

-¿Qué pasó amiguito?- le pregunté tomándolo en brazos, su minúscula lengua lamia mi suéter negro y restregaba su rostro pidiendo caricias que yo brindé.

Sentí ganas de tomar aire fresco realmente lo necesitaba. Salí al balcón con Duna en brazos, la noche estaba helada, el cielo nublado y la brisa leve. Respiré profundamente sintiendo como el frío congelaba mi cerebro y mis fosas nasales, era extraño pero agradable. El cachorro se acurrucó entre mis brazos por lo que lo abracé con mayor fuerza, cubriéndolo más. Me sentí fresca, ligera, como si por un momento todo lo malo desapareciera.

-Está haciendo mucho frío- escuché decir al momento que alguien me cubría con una manta, Inuyasha. Estaba parado detrás de mi rodeándome con sus brazos cubiertos, estaba tibio, recosté mi cabeza en su hombro sintiéndome segura. El silencio nos rodeaba sin agobiarnos más bien me tranquilizaba -¿Cómo te sientes?- preguntó luego de un rato.

-Normal- respondí indiferente, Duna se había dormido hace un momento.

-¿Cómo es eso?- preguntó.

-Ni mal ni bien, solo, normal- sabía que no era la mejor respuesta pero ser honesta era mi fuerte, él no respondió -Gracias…- le dije girándome para encontrarnos frente a frente, sus ojos eran sus ojos, no los verdes falsos si no los amarillos que tanto amaba, que calentaban mi alma. Su mano subió a mi mejilla acariciándola suavemente mientras pegaba nuestras frentes.

-No pienso perderte- susurró -siempre te voy a cuidar de acuerdo, siempre- me dio un beso tierno y me abrazó con cuidado de no aplastar a Duna claro. Me acurruqué en su pecho escuchando los latidos de su corazón, era una dulce melodía. En eso sentí algo mojado en mi nariz ¿Estaba llorando? miré hacia arriba para sentir una vez más algo mojado en mi rostro.

-¡Nieve!- grité emocionada, la nieve siempre me alegraba no sabía por qué. Los copos de nieve caían de pronto rodeándonos por completo, en mi rostro se pintó una sonrisa, abrí mi boca como niña de seis años para sentir como la nieve se derretía en mi lengua, Inuyasha se burló de mi -¡Inténtalo es divertido!- le dije sin importarme, sorprendentemente hizo lo que le pedí, ambos teníamos la boca abierta de par en par en dirección al cielo. Nos miramos una vez más sonriendo.

-Bueno ya es hora de entrar si no quieres pescar un resfriado- dijo mientras abría la puerta corrediza de balcón, yo asentí y lo seguí, dentro, en la habitación, el ambiente estaba cálido lo más seguro es que hubiesen encendido la calefacción. De pronto me sentí muy cansada siendo golpeada por el sueño, bostecé como un león caminando hacia la cama -Déjame hacerle una cama a Duna improvisada y nos acostamos vale- yo asentí. Vi como buscaba algunas sabanas y tomaba una de las almohadas colocando todo sobre el banco que estaba en la pata de la cama, acomodó lo suficiente como para que el pequeño se sintiera a gusto -Acuéstalo- ordenó y yo acaté. Puse al cachorro con sumo cuidado para que no se despertara, vi como se movió incomdo ante la falta de calor, Duna comenzó a gemir, lo arropé pensando que tal vez era frío pero nada. Inuyasha trató de ponerlo cómodo también pero sus intentos fallaron, lo cargó consiguiendo un gemido mayor -¿Qué le pasa a este perro?- masculló meciéndolo como si fuera un bebé.

-Dámelo- le dije, era mi turno de intentar. Tomé al cachorro de su agarre e inmediatamente, como arte de magia se quedó quieto, callado y dormido por completo.

-Excelente…- comentó sarcásticamente Inuyasha -Primera y última vez que dormimos con él ¿De acuerdo?- me dijo seriamente, yo solo le sonreí. Cada uno tomó su lugar en la amplia cama, él a la izquierda, yo a la derecha, Duna en el medio de ambos y un edredón nos cubría, nuestras piernas estaban entrelazadas y si no fuera por el espacio que ocupaba el pequeño estaríamos pecho con pecho.

-Buenas noches- le dije sonriendo.

-Que duermas bien- respondió suavemente.

-Igual- contesté ya con los ojos cerrados, mis párpados no daban para más.

-Mañana será un nuevo día- lo escuché decir, sinceramente no sabía a que se refería exactamente.

-Te amo- le dije casi dormida.

-Yo también- escuché a lo lejos.

Y esa fue nuestra despedida aquel día.