¡Hola chicas! ¿Cómo han estado? Finalmente estoy de vacaciones y no me iré de viaje así que podré actualizar con mayor frecuencia ¿Qué harán estas navidades? bueno creo que este capítulo está bastante bueno así que déjenme saber si es así, gracias por seguir la historia, agregarla a sus favoritos y dejar reviews las quiero mucho! Nos estamos hablando. xoxo V

Inuyasha P.O.V

Cuando sentí que Aome estaba completamente dormida procedí a levantarme de la cama y caminar directamente al cuartel secreto detrás de la pared en el cuarto de la biblioteca, antes de salir de mi habitación vigilé que todo estuviera en orden, Aome estaba hecha un ovillo completamente rendida mientras Duna se acurrucaba en su abdomen, no había nada fuera de lo común todo lucía normal.

Entré sin mucha bulla a la biblioteca, las cortinas estaban cerradas así que no me preocupe de ser visto. Abrí el pasaje encontrándome con un alboroto, gente corría de un lado a otro, tipeaban en las teclas de la computadora de forma frenética, unos llamaban a otros, me tropezaron varias veces, el ambiente estaba tenso y no lograba ver a Miroku en ningún lado. Al parecer nadie se había dado cuenta de mi presencia, nunca me había sentido tan ignorado en mi vida. Comencé a caminar en busca de mi jefe esquivando a los transeúntes que gritaban cosas como: ¡No lo encuentro! ¡Es imposible! ¡Sigue buscando!. No entendía nada de lo que pasaba lo cual me estaba molestando ya que se habían puesto con ese problema desde que Aome colapso en la piscina, lo cual fue su culpa vale acotar. Logré localizar entonces a Miroku, parado detrás de una muchacha que escribía desenfrenada sobre un teclado, él tenia los brazos cruzados y los ojos hinchados, sabría Dios desde cuando estaría allí parado viendo la pantalla de la computadora. Me acerqué rápidamente sin perderlo de vista, al llegar a su lado puse mi mano en su hombro pero fue como si no hubiera hecho nada, estaba demasiado concentrado en lo que había en la pantalla, giré mi vista hacia ésta sin poder entender que demonios decía. Eran letras extrañas, palabras que en mi vida había visto, trataba de entenderlas pero era imposible, no era ruso de eso estaba seguro, lo tuve que aprender en tres meses así que sabía que no lo era.

-¿Qué demonios está pasando?- pregunté entonces, Miroku tardó unos segundos en responder, se pasó la mano por los ojos y se giró a verme.

-Sígueme- me dijo respirando profundo, al parecer algo no andaba bien. Caminamos hasta llegar a lo que se podría decir su oficina, era un cubículo pequeño para apenas dos personas, tres como mucho, él se colocó detrás del computador en su escritorio desplomándose sobre la silla, lo notaba muy cansado.

-¿Vas a responderme o cómo hacemos?- se me estaba agotando la poca paciencia con la que he contado toda mi vida se acababa. El me miró, suspiró y comenzó a buscar algo en la computadora, notaba sus pupilas del tamaño de una hormiga rodeadas del usual color azul, los párpados caídos y los ojos achinados, en cierto punto, me dio lástima.

-Escucha- ordenó dándole click al botón izquierdo de mouse. Agudicé todos mis sentidos, mi concentración estaba completamente centrada en lo que estaba por sonar. Por un momento escuché una respiración agitada, unos murmullos como si alguien rezara en una iglesia un credo, comenzaron unos gemidos acompañados de una mala respiración, entonces en la grabación alguien habló, dijeron algo sin embargo era inentendible, algo que nunca había escuchado en mi vida,la voz era un poco ronca pero femenina, pasaron dos segundos de silencio y se acabó la grabación. Miré a Miroku sin entender, él estaba completamente serio.

-¿Qué…?- fue lo único que logré decir.

-Así estamos todos, al analizar la grabación logramos recortar el fragmento en donde dice algo sin embargo no sabemos qué demonios significa, ningún ordenador, sistema o interprete reconoce lo que acabas de escuchar- notaba la frustración en sus palabras -La señorita Alexandria o bueno Aome nunca había manifestado este tipo de acto, lo cual también estamos averiguando, eso es lo que pasa Taisho, estamos buscando que demonios significa lo que dijo hace unas horas mientras jugaban ya que esa mierda que dijo podría ser lo que necesitamos- Entendí que el pobre estaba hasta los cojones con el estrés, muy claro estaba en sus palabras así que decidí no molestarlo más, en algún momento me las cobraría, mientras me devolvería por donde mismo vine -Mañana parten de aquí a las cuatro de la tarde, deben estar en el aeropuerto a eso de las dos y media- me informó una vez que el silencio se habría adueñado del cubículo, yo solo asentí -Si no necesitas más nada Taisho tengo que seguir con esto- sin molestar ni un momento más me excusé del cuartel.

Fuera en la biblioteca el ambiente era muy distinto, tan distinto que fue abrumadora la diferencia entre el bululú de gente y la soledad que ahora me rodeaba. Entonces comencé a pensar…finalmente mañana sería el día en que comenzaríamos una nueva vida, el día en que Aome se convertiría en otra persona, en la persona que siempre ha tenido que ser y que sin embargo no había podido por el maldito de Naraku. Me preguntaba a dónde iríamos, probablemente a algún cuartel o algo así como el pentágono, ya no estaba en el F.B.I, no, ahora estaba con los que verdaderamente controlaban todo, la C.I.A. Miroku era un agente encubierto, nacido en Nueva York, de ruso tenía los pelos de la lengua. En fin, ya no trabajaba en las ligas menores ahora era todo un profesional, lo único es que para mi familia y conocidos estaba muerto…pero cuando terminara todo el revuelo yo volvería, cuando Naraku estuviera tras las rejas abrazaría a mi madre que de seguro llora todas las noches por mi en brazos de mi padre, también lo abrazaría a él como nunca antes, al pequeño Shippo ni pensarlo a ese lo iba a apachurrar hasta que no pudiese respirar, a Sesshomaru un apretón y unas palmadas en el hombro estarían adecuadas y a mi torpe Sango no la dejaría en ningún momento.

El suelo estaba helado bajo las plantas de mis pies, llegué de nuevo a mi habitación y cerré la puerta, había dejado la cortina del balcón un poco abierta ya que me encantaba cuando la luz de la luna y del sol (por las mañanas) iluminaba la piel de Aome. Respiré profundo acostándome en donde siempre, a la izquierda, el cabello de mi pequeña seguía un poco húmedo regado por toda la cama, pero no me importó, amaba su cabello, la amaba a ella. Duna seguía incrustado en su estómago, el rostro de Aome resplandecía con la luz lunar, estaba en serenidad total, parecía una muñeca de porcelana tan delicada y hermosa. Sin poder aguantarme llevé una de mis manos hasta su mejilla para acariciarla, su piel como la de un durazno. Estuve agradecido con el hecho de que no se despertó ya que esa no era mi intención.

-Mañana es un nuevo comienzo- susurré entrelazando su mano con la mía dejando que el sueño se apoderara de mi…

Estaba acostado en una cama, me veía dormir desde el techo sin embargo no podía acercarme a mi cuerpo. A mi lado estaba Aome con Duna, estaba todo tranquilo cuando de pronto vi como como se arrastraba sigilosamente por el suelo una serpiente negra, lentamente se desplazaba hasta llegar a la punta de la cama, me asusté al pensar en que podría hacernos daño, traté de acercarme pero no lo logré estaba completamente pegado al techo, grité pero nadie me escuchó. La serpiente de gran tamaño comenzó a subir a la cama, se deslizaba entre las sábanas que nos arropaban, caminó sobre mi pierna, lo podía sentir sin embargo era algo extraño, yo estaba pegado al techo, veía y sentía todo mientras que mi otro yo que estaba acostado en la cama sin sentir nada, estaba completamente absuelto de lo que sucedía a su al rededor. La piel fría del reptil se paseaba ahora por mi torso, el de mi otro yo, sin embargo yo lo sentía. Pronto el animal de gran tamaño había llegado a mi rostro, en eso sentí como varias serpientes subían hacia mi de las misma forma en lo que hizo la anterior, estaba preocupado por Aome pero no la habían tocado, era como si hubiera una pared de vidrio entre ambos. Pronto me vi ahogado entre las serpientes, comenzaron a morderme haciendo que me retorciera de dolor, sentía su ponzoña recorrer mis venas, era sin duda algo insoportable, trataba de deshacerme de las malditas pero me era imposible, sobre la cama se mostraba mi cuerpo ensangrentado, hinchado y morado, el corazón comenzó a latirme desenfrenado causando más dolor, todo me palpitaba, me estaba volviendo loco, quería gritar pero me dolía hasta la ultima papila gustativa en mi lengua. En ese momento al ver la sangre bañar la cama, bañar a Aome…

Salté aguantando el grito que clamaba libertad en mi garganta, de un solo movimiento me encontraba sentado sobre la cama, busqué desesperado las serpientes pero no las encontré, miré al techo pero no había nadie, mire a mi al rededor pero todo estaba igual, miré mi cuerpo pero sólo pude encontrarme con mis brazos cubiertos por un suéter que estaba empapado por el sudor que había producido. Había sido un sueño, una pesadilla a decir verdad, muy pocos momentos en mi vida podría decirse que habían sido tan desesperantes como aquel. Recordé el dolor punzante que transitaba por mi venas, como mis músculos se tullían, la sangre que me bañaba. Me quité acalorado el suéter lanzándolo al piso, respiré profundo pasando mi mano por mi rostro para luego girarme a ver a mi pequeña a mi lado, seguía en la misma posición en la que la había dejado cuando había caído dormido, me asomé por el balcón y seguía oscuro y nevando así que supuse que mi sueño había sido algo rápido, aunque bien sabía yo que los sueños duran cinco segundos antes de despertar, o por lo menos los que logramos recordar. Mi madre era fanática de ese tipo de cosas, le gustaba la esotérica y siempre andaba con lo del horóscopo y los significados de los sueños…vaya cuánto extrañaba a mamá, cuánto extrañaba a mi familia, siempre habíamos sido muy unidos así que estos meses de mi supuesta muerte me han pegado mucho… Sin pensar más decidí descansar nuevamente con la esperanza de no tener otro sueño con serpientes, me escondí bajo las frazadas acercándome a Aome, uniendo nuestros pechos mientras la abrazaba por la espalda ( Hice espacio para Duna) de alguna forma tocarla siempre me traía paz.

Mientras retomaba el sueño comencé a divagar por mi mente pensando que sería un buen gesto hacer algo especial antes de partir para siempre, llevarla a un lugar bonito pero no estaba seguro de a donde, si me ponía pensar cualquier lugar que no fuera al lado de Naraku era un lugar lindo…entonces recordé aquel día cuando la encontré en la calle, ese día frío y solitario para ella. Luego de entregarle los papeles a Kikyo la llevé a nuestro lugar preferido, al lago, en donde solíamos pasar todas las vacaciones de verano y primavera, ese sería el lugar perfecto, probablemente estaría cubierto de nieve pero no importa sería algo nuevo de un lugar viejo. Estaba decidido, sin duda la llevaría al lago.

Aome P.O.V

Contra mi rostro sentí el calor de mi respiración que golpeaba algo solido frente a mi. Olfatee un aroma delicioso y fresco, Poco a poco cada parte de mi cuerpo fue despertándose, sin embargo sentía que estaba en una especie de prisión, aunque una muy placentera cuando me di cuenta de quien era la celda. Estaba atrapada entre los brazos de Inuyasha con mi frente pegada a sus pectorales desnudos que estaban como la leche tibia, mis manos aprisionadas en sus abdominales sin queja alguna, una de mis piernas aplastaba una de las suyas que a su vez aplastaba la otra mía, se podría decir que éramos uno solo de lo juntos que estábamos. Suspiré profundamente sintiéndome más a gusto que nunca, me acurruqué enterrándome más en su prisión. No quería abrir los ojos estaba demasiado encantada de la forma que me encontraba, entonces me pregunté en dónde estaría Duna, recordaba que se había acostado con nosotros tras la amenaza de Inuyasha de no volver a dormir con el cachorro, tal vez se despertó a mitad de la noche a buscar espacio y aire, probablemente lo debimos haber aplastado sin darnos cuenta mientras dormíamos así que buscó un lugar más cómodo. Presencié bajo mis manos en aquel momento como su pecho se expandía y contraía en un sonoro suspiro que atornilló los brazos que me rodeaban, pronto sentí la danza de sus dedos por mi columna vertebral, subiendo y bajando en una coreografía sin pausa. Sonreí a escondidas al sentir las leves cosquillas que sus caricias me provocaban, comencé a dibujar círculos en donde mis manos se posaban, noté la contracción de sus músculos bajo mi tacto lo cual encontraba muy placentero. Sin estar realmente convencida abrí los ojos perezosamente entrando en contacto directo con su piel tostada, caliente como la arena de la playa. Limpié las lagañas de mis ojos sintiéndolos descansados, miré hacia arriba encontrándome con un par de soles que me decían los buenos días en silencio. Sonreí enterrando mi rostro en su cuello para besarlo un poco, su perfume era embriagante, me tenía borracha. Sin avisar estiró su cuerpo dejando que cada vértebra, cada hueso, cada articulación se despertara, que hiciera ese sonido característico "clac" que indicaba su despertar. Sus brazos volvieron a mi, personalmente no estaba preparada para dejar mi capullo de confort. Esta vez sus dedos se aventuraron entre los mechones de mi cabello salvaje, nadaba entre ellos con cuidado de no hacerme daño. Lo abracé con ímpetu diciendo que no quería separarme de él, ni ahora, ni nunca, aunque tal vez fuera solo una niña, él era todo lo que tenía y todo lo que quería. Desde que apareció de nuevo en mi camino la remota esperanza de que pudiese volver a una vida normal estuvo presente en todo momento.

-Buenos Días- su voz ronca me saludó, yo subí la mirada de nuevo, escalando para llegar a su nivel, lo miré a los ojos y le di un suave beso.

-Hacía bastante frío anoche como para estar sin camisa, ¿No crees?- en lo absoluto me molestaba que no tuviera camisa, más bien lo disfrutaba sólo quise fastidiarlo un poco. El giró los ojos en una rotación perfecta de 180 grados. De pronto sentí como algo golpeaba mi cabeza, me asusté por lo que salté moviendo mi cabeza bruscamente hacia arriba de donde había provenido el golpe. Inuyasha imitó mi movimiento para encontrarnos con nada más y nada menos con el pequeño Duna que movía su colita y jadeaba alegre. Me sonreí al verlo, caminó entre el reducido espacio que había entre nuestros cuerpos instalándose en éste muy cómodamente, no pude evitar reírme ante la cara de obstinación de Inuyasha.

-Estoy comenzando a arrepentirme de haberlo adoptado- me dijo suspirando mientras veía al pequeño, yo le di un empujocito.

-Cállate, es adorable- respondí acariciando la cabeza peluda de Duna, él no dijo nada, más bien se había puesto pensativo -¿Está todo bien?- pregunté un poco preocupada.

-Excelente- respondió sonriendo -Te tengo una sorpresa, pienso llevarte a…- esperé a que me dijera el lugar pero se quedó callado por unos diez segundos aproximadamente -A un lugar muy especial- culminó la frase sonriente, sinceramente me pareció extraño pero no le di mayor importancia.

Luego de morcear un rato más acurrucados en la cama decidimos pararnos, eran eso de las once e Inuyasha estaba apurado por llevarme a ese supuesto lugar sorpresa. Cuando él retiró la cortina de las ventanas completamente quedamos totalmente impresionados, todo pero absolutamente todo se encontraba cubierto de nieve, había dejado de nevar pero definitivamente en la noche cayó bastante nieve. Comimos un desayuno completo, bien proporcionado y balanceado, proseguimos a bañarnos juntos aunque por un momento sentí un poco de pena sin embargo logré hacerlo. Nos vestimos abrigándonos bien, el termómetro de la casa indicaba que afuera hacían unos cuantos grados bajo cero. Le pregunté si podíamos llevarnos a Duna y luego de unas cuantas suplicas aceptó a regaña dientes. Estábamos en la cocina terminando de arreglar todo para salir, Inuyasha había subido un momento mientras yo arropaba a Duna en una manta en la cual lo metería en el bolso que usaría para salir. De pronto apareció Inuyasha con algo en sus manos.

-Ten ponle esto- me indicó dándome una correa y un collar de cuero marrón.

-Pero está haciendo mucho frío no creo que sea buena idea llevarlo así, es muy pequeño- me preocupaba la salud de mi bebé, él giró los ojos.

-Bueno entonces solo ponle el collar y guarda la correa en tu bolso por si acaso- yo asentí haciendo lo pedido -Vamos entonces- tomó mi mano y salimos por la puerta principal, al parecer a donde íbamos no era muy lejos. Al salir la bienvenida del invierno nos abrumó, hacía bastante frío, tanto que nuestra respiración era visible. Agarrados de las manos comenzamos a caminar sin apuros, era muy agradable.

Caminamos y caminamos hasta llegar a lo que parecía un bosque, no entendía bien que sucedía pero supuse que esa era la idea. Nos adentramos en el espeso follaje invernal, Inuyasha me guiaba entre las plantas y la nieve, sinceramente para mi todo era igual así que no me sorprendería si de pronto estuviéramos perdidos, subimos una colina con sumo cuidado ya que el suelo estaba resbaloso, al llegar a la cima se detuvo por lo que golpeé con su espalda, giró sobre sus talones para rodearme en menos de un segundo cubriendo mis ojos con sus manos resguardadas dentro de sus guantes.

-Confía en mi- me susurró al oído con esa voz que hacía que me estremeciera sin poder evitarlo -Camina- ruborizada comencé a caminar con cuidado, podía sentir a Duna un poco inquieto pero no le presté atención estaba más concentrada en no perder el equilibrio aunque con Inuyasha atrás sabía que no podía pasar nada. Di más o menos unos quince pasos cuando Inuyasha me indicó que me detuviese, como si de un telón se tratara, sus manos descubrieron mis ojos dejándome a la vista aquella sorpresa. Mis ojos se aguaron, mi corazón se comprimió unos centímetros, sonreí sin darme cuenta y respiré profundo. Las lágrimas comenzaron a bajar por mis mejillas, se sentían muy frías pero no me importaba, la alegría que se nació en mi pecho era imposible de disimular, me quedé así por unos cuantos minutos admirando el lago el lugar de diversión de mi infancia, los buenos recuerdos me inundaron, aunque a mi al rededor todo se congelaba me sentía capaz de derretir un témpano. Inuyasha me abrazó, yo me giré para devolverle el gesto, enterré mi rostro en su pecho apretándolo lo más fuerte que pude, no tenía palabras, gestos o alguna forma con la cual agradecerle totalmente. De igual manera me abrazó, ese era el tipo de momentos que nunca se borrarían de mi mente. Sentí de nuevo como el cachorro se movía inquieto en mi bolso, bajé la mirada para regañarlo por arruinar el momento, cuando me topé con él noté que veía a nuestras espaldas pero antes de que pudiera hacer nada había sido separada de Inuyasha.

-¡No se mueva!- escuché la voz de un hombre gritar apuntando a Inuyasha, eran policías, el F.B.I para ser exacto, tenían chalecos que lo indicaban. Inuyasha estaba completamente rodeado por hombres armados que la apuntaban, unas manos fuertes y firmes me agarraban sin dejarme escapar por más que intentara, me giré a ver quién era mi opresor y casi muero a verlo.

Tercera persona P.O.V

Mientras los jóvenes tórtolos caminaban por los senderos del bosque poco sabían que estaban siendo observados. Los francotiradores se desplazaban sigilosamente por los árboles como serpientes en la arena del desierto, cerca pero no lo suficiente como para ser vistos, al menos no por los humanos, el cachorro con sus agudos sentidos se había percatado de la presencia de ellos sin embargo sus dueños lo ignoraron. La pareja se encontraba ahora casi a la orilla de un peñasco de donde se podía apreciar en su totalidad un lago. Comenzaron a abrazarse con fuerza, esa fue la señal perfecta para acercarse a ellos. En menos de un segundo ya los tenían rodeados a tan solo centímetros de ellos, el cachorro volvió a agitarse haciendo que su dueña lo mirara, en ese micromomento de despiste comenzó todo.

Bankotsu Ivanovich de un solo movimiento separó a la chica de su pareja con manos de acero, comenzó a alejarse aunque la muchacha forcejeara buscando liberarse, en eso ella se giró a verlo, esa acción casi le ocasionó un ataque al corazón. La joven abatida por lo que sus ojos presenciaban abrió los ojos como dos lunas "No puede ser" pensó angustiada, volvió a ver a su amante para encontrarse con que estaba rodeado de puros hombres armados.

-¡No se mueva!- escuchó decir a uno de los agresores ¿Sabían quién era él realmente? Aome buscó su mirada muy angustiada mientras era arrastrada lejos de él por Bankotsu, logró librarse al darle un codazo en el estómago y un puñetazo en la ingle, salió corriendo a donde estaba el acusado, la adrenalina corría por su cuerpo frenéticamente, pero fue detenida a tan sólo centímetros por los brazos duros y firmes de Kyokotsu, uno de los hermanos de Bankotsu.

-¡Inuyasha Taisho está bajo arresto!- gritó una mujer que apareció de la nada, Aome se asustó al ver que en realidad si sabían quién era Inuyasha, la reacción de este fue muy similar a la de ella, estaba tan sorprendido y hasta más. La mujer que de pronto había aparecido usaba una chaqueta negra de gamuza con unas botas del mismo color, en su mano pálida y estirada colgaba la placa que la catalogaba como autoridad de la nación, su rostro frío e inanimado, los ojos casi negros clavados en el acusado, Kikyo ardía por dentro.

-¡INUYASHA!- gritó repetidas veces desesperada la que era arrastrada fuera del lugar, trataba de zafarse del agarre de hierro de su opresor pero le era imposible.

-¡AOME NO!- gritó de igual manera el muchacho que se abalanzó contra uno de los policías n dirección a la chica sin importarle que pudieran herirlo.

¡BOOM!

Se escuchó un estruendoso cañonazo en el aire, todo pareció ser más silencioso de lo que en realidad era. El corazón de la chica se detuvo, todo a su al rededor pareció hacerlo, un THUMP se escuchó en el suelo. Irremediablemente dos ríos comenzaron a fluir por las mejillas de la chica, el cachorro que estaba en su bolso gimió asustado.

-¡INUYASHA!- un gritó desgarrador salió de la garganta de la chica causándole dolor. Como si no le importara, Kikyo rodó los ojos sacando un walkie talkie de su chaqueta llevándolo a su boca.

-Tenemos un 234, repito un 234 envíen una ambulancia- habló despreocupada, Aome la miró con las lágrimas en los ojos rojos ¿Cómo podía ser tan despiadada aquella mujer?

-¡Le ha perforado la costilla!- informó uno de los atacantes al agacharse para revisar al herido, a su lado un charco de sangre comenzaba a formarse, él se presionaba la herida para evitar un sangramiento mayor pero obviamente estaba fallando, su visión se hacia borrosa lentamente le costaba respirar y le ardía en donde la bala había pasado, con la nieve contra su rostro, entre las piernas de los agentes vio como un hombre fortachón se llevaba a Aome, veía como se ella se contorcionaba, deseaba levantarse y correr para abrazarla e huir como tenía planeado, se preguntaba en dónde estaba Miroku, ¿Por qué no le hablaban? ¿Qué estaba pasando? ¿Qué tenía que ver Kikyo en todo aquello? Trató de levantarse pero un empujón en su espalda lo envió de nuevo al piso, con dificultad se giró a ver quien había sido para mal dercirlo, era lo único que podría hacer. A su lado Kikyo lo veía con enojo, nunca en su vida la había visto así.

-¿Por qué…lo hiciste…Kikyo?- murmuró entre dientes el joven ensangrentado.

-Todo en la vida tiene un precio que debemos pagar- fue lo único que dijo al ver que un hombre bien vestido se aproximaba, ella asintió la cabeza en forma de respeto cuando éste pasó a su lado antes de agacharse para tomar por el pelo a Inuyasha.

-Buen intento de tu parte el querer engañarme- la voz monótona de Naraku inundo sus oídos, su aliento olía a cigarro y el hecho de que lo estuviera tocando le repugnaba -Te felicito, casi lo lograste- masculló al mismo tiempo que arrancaba el material sintético de su rostro, Inuyasha gritó de dolor con cada tajo que era removido agudizando las puntadas de dolor en su costado. La mujer lo veía sin expresión alguna mientras que los hombres armados que los rodeaban estaban perplejos ante la escena. Al terminar de desgarrar la cara del muchacho éste quedó al descubierto con la piel roja por el mal trato, lanzó su rostro contra el piso haciéndolo rebotar sobre el suelo helado -Nos vemos pronto Taisho- dijo arreglándose la chaqueta de vestir, miró a Kikyo y se marchó.

Inuyasha agonizaba en el suelo, estaba preocupado por lo que podría pasar ahora pero más que nada estaba preocupado por Aome, bien sabía cuál era el plan de Naraku. De la nada surgió el sonido característico de las ambulancias esa alarma infernal que amargaba a cualquiera, los paramédicos se acercaron al lugar al cabo de cinco minutos lo montaron en la camilla mientras atendían la herida palpitante. Kikyo observó todo sin decir palabra, sus compañeros se retiraron escoltando la ambulancia mientras ella se quedó allí sola con el viento, miró los restos de la máscara de su excompañero para luego darle un pisotón.


-¡No! ¡Déjame! ¡No me toques!- gritaba Aome al ser arrastrada en los brazos de Kyokotsu que no decía palabra alguna.

-¡Cállate!- exclamó Renkotsu que se les había unido en el camino de regreso al auto. Bankotsu iba en la delantera en silencio absoluto, de alguna forma se sentía culpable y molesto, la forma en que ella abrazaba al dichoso Inuyasha era la forma en la que él deseaba que lo abrazara, sin embargo le resultaba difícil creer que ella lo hiciera voluntariamente lo cual le molestaba y su culpa se sumía en el hecho de que los había separado…trataba de olvidar lo último.

-¡No me da la gana! ¡Déjame en paz! ¡INUYASHA!- La garganta de la chica comenzaba a arder obra de sus desgarradores gritos. Los tres hombres que caminaban por el bosque estaban más que obstinados. Aome pensaba en cómo había vuelto al principio, cómo de un momento a otro había vuelto a las manos de Naraku que de seguro la esperaba para reprenderla como nunca antes, estaba segura que su castigo sería muy fuerte, estaba segura que se mudarían a un lugar muy lejano, a un lugar en donde nunca podrían encontrarla. Entre gritos y golpes habían llegado a la carretera en donde los esperaba una van negra.

-Métela en la maleta- indicó Renkotsu super irritado.

-La vamos a tener que sedar anda como fiera- dijo tontamente el más grande. Bankotsu miró a sus dos hermanos negando con la cabeza, se acercó a la chica que lo miró con los ojos rojos, rencorosa, quería saltar y morderlo o golpearlo, lo odiaba tanto.

-Por favor coopera- los ojos cristalinos del hombre de piel tostada la miraron profundamente, le limpió las lágrimas y le abrió la puerta de la maleta. Ella vencida ya que no había forma de poder escapar entró en la cabina. Los otros dos hermanos lo miraron sorprendidos, estaban acostumbrados a las peleas incansables de la chica, esa reacción no era normal.

Rápidamente se montaron en la camioneta partiendo de allí a su destino que era desconocido para a Aome que se había vuelto un ovillo en la alfombra de la maleta. En el silencio que reinaba dentro del vehículo solo eran audibles los sollozos ahogados de la chica que abrazaba a su mascota, el cachorro le lamía tratando de calmarla estaba tan inquieto como ella. Los minutos pasaron lentamente y ella solo sentía que andaban y andaban, sin avisar el auto se detuvo y pronto recibió la brisa fría de afuera al ver como Renkotsu abría la maleta acompañado de Kyokotsu, el pelón estaba apunto de decirle que se moviera con su usual gentileza cuando Bankotsu apareció.

-Tienes que bajar por favor, estamos en el aeropuerto debes arreglarte- un dolor de estómago la golpeó sin avisar, lo veía venir, se la llevarían muy muy lejos. Lentamente hizo lo pedido ya que no tenía otra opción -¿De dónde sacaste eso?- preguntó Bankotsu refiriendose al cachorro.

-Es mío, no me lo vas a quitar también- sus brazos agarraron con mayor fuerza a Duna, él se quedó callado mordiendose la lengua.

-Vamos- dijo sin más.

Bankotsu los guiaba mientras la chica caminaba entre los otros dos que la agarraban disimuladamente por los brazos, unas cuantas personas los miraron extrañados ella imagino que era por su culpa, debía lucir destruida, lo estaba. Pasaron por seguridad sin problema aunque los oficiales los detuvieron al ver al perro sin embargo con solo dar el nombre de Bankotsu Ivanovich y Aleksandria Karshnikova los dejaron pasar cual realeza. Llegaron a la pasarela que los comunicaría con el jet privado de Naraku, se montaron sin contratiempos. Una vez en la nave Aome tomó asiento en una de las cinco butacas de cuero que quedaba al lado de la ventanilla, todo era lujoso. Se abrochó el cinturón cuando la luz lo indicó, como es costumbre las azafatas le ofrecieron comida y bebida sin embargo ella se negó. Esperando permiso de despegue indicó el piloto por las bocinas. Aome veía los demás aviones despegar, ella deseaba hacerlo, deseaba despegar y volar para no volver nunca más.

Permiso otorgado

Y con eso despegaron.