¡Hola! ¿Cómo están? ¡Ya es casi navidad! jijiji bueno hoy me inspiré y escribí esto a lo mejor es un poco corto pero está bueno. ¡Las quiero! tengo que terminar de envolver regalos! xoxo V
Tercera Persona P.O.V
Los paramédicos habían montado al individuo en la ambulancia a toda prisa, el herido se desubicaba poco a poco viendo todo borroso a su al rededor, perdiendo la conciencia inevitablemente, las palabras de las personas que lo rodeaban eran distantes, ya no sentía más dolor, es más ya no sentía nada. En menos de lo previsto su visión se oscureció, ya no escuchaba nada, ya no veía nada, ahora era nada. Se sentía impotente por no haberse dado cuenta de lo que pasaba a su al rededor, lo mataba la ansiedad y la culpa.
Con el paciente inconsciente llegaron al hospital escoltados por los agentes, ahora Inuyasha Taisho era una persona de interés nacional. Sin tardar ni un segundo más lo trasladaron inmediatamente al pabellón para proceder a la cirugía.
En otro lugar, en una casa grande, se encontraba una chica de cabellos castaños y ojos del mismo color haciendo un pie de calabaza, practicaba para el esperado día de acción de gracias, aunque el de ese año no fuera igual debido a la muerte de su hermano, Inuyasha. Se limitó a obviar los recuerdos de él ya que cada vez que lo hacia lloraba y no se sentía de ganas. Afuera en la sala estaba el pequeño Shippo que jugaba video juegos con un amigo, la señora Izayoi madre de ambos estaba de compras en el súper mercado mientras que el padre de la familia se encontraba en su usual oficina trabajado junto con su hijo mayor Sesshomaru. No había nada fuera de los normal, la casa olía dulce gracias al postre mientras una canción navideña sonaba en la radio. Sango limpiaba todo lo que había ensuciado, vaya que era un desastre cocinando, mientras sentía el agua correr por sus manos pensaba en que haría ahora, estaba recién graduada de la secundaria y pronto iría a la universidad, sin mucho apoyo de sus padres ya que quería seguir los pasos de su difunto hermano, tal vez así pudiese encontrar a Aome y averiguar que pasó realmente con Inuyasha. Sonó entonces el timbre de la casa sacándola de sus pensamientos.
-¡Shippo ve a ver quién es!- gritó desde la cocina la castaña.
-¡No puedo estoy ocupado!- respondió el chico pecoso que iba en la parte más difícil del juego. Sango respiró profundo maldiciendo por lo bajo.
-¡Es un estúpido juego Dios mío no puedes ponerle pausa y ya!- gritó a los cuatro vientos dejando a Sota, el vecino de en frente y mejor amigo de Shippo paralizado.
-¡Sota no le hagas caso muévete! ¡NOS VAN A MATAR! ¡DEMONIOS!- exclamó el pelirrojo a su amigo. Sango se sonrió a ver que habían perdido. Caminó hacia la puerta mirando por el ojo de pez que había en ella.
-¿Si diga?- preguntó al ver a través del hueco a una mujer con la mano en la cabeza, parecía estar sangrando.
-Disculpe la molestia pero he chocado unas casas más atrás y necesito hacer una llamada, mi celular se daño, ¿Será que puedo utilizar su teléfono?- Sango sin creerlo de una vez analizó la situación, era horario de trabajo así que era comprensible que nadie le atendiera en la casas anteriores, la probabilidad de que se le hubiese dañado el celular era entendible, sin embargo los accidentes en ese vecindario eran contados con una sola mano, vio de nuevo a la mujer y lucía totalmente inocente pero algo no le cuadraba.
-Siéntese en el porche enseguida busco el teléfono de acuerdo- informó Sango pasándole seguro a la puerta, aquella mujer no le daba buena espina, del otro lado de la puerta la mujer estuvo de acuerdo con la propuesta por lo que se sentó en un banquillo que allí estaba. La castaña se asomó por la ventana para verla bien, era larguirucha, con piel tostada y cabello negro. Cuando pasó por la sala se encontró con que Shippo y Sota seguían peleando, ella giró los ojos hasta llegar a la cocina para buscar su celular, cuando llegó notó que la puerta trasera estaba abierta unos centímetros, se asomó a la sala para ver a los chicos que seguían en su pelea, se volvió a dirigir a la puerta, caminó lentamente hasta ella viendo por el cristal que cubría la mitad de ésta, llevó su mano al picaporte cuando escuchó un leve "crack" afuera, inmediatamente alarmada se abalanzó contra la puerta colocando el seguro, se alejó de nuevo esperando a que alguien apareciera pero nadie lo hizo. Se quedó parada en el medio de la cocina unos momentos recobrando la compostura, estaba paranoica. Con el celular en mano volvió a la puerta sin embargo antes de abrirla se asomó por la ventana para encontrarse con la sorpresa de que la mujer se había ido, lo cual le pareció muy extraño. Regresó a la sala dejando el celular en la mesa de entrada, allí se encontró con que los chicos se habían calmado y jugaban otra partida -Oigan no vieron si…- de pronto la luz se fue, "un apagón" pensaron los chicos, sin embargo Sango sospechaba algo más.
-¡NO!- gritaron en unísono los dos niños al perder lo que llevaban de juego.
-¡Cállense!- ordenó Sango muy seria, corrió a la mesa en donde había dejado el celular para encontrar que alguien le había sacado la batería…alguien había entrado en la casa -Mierda- murmuró corriendo a la sala para encontrarse con los niños que la veían confundidos, de un solo movimiento saltó el sofá tomando uno de esos palos de hierro puntiagudos que se utilizan para mover la leña de la chimenea, se asomó por la ventana afirmando su teoría de que eran la única casa sin luz.
-¿Sango qué pasa?- preguntó Shippo.
-Hay alguien en la casa- dijo muy seria buscando el teléfono que estaba en la mesilla al lado del sofá, lo tomó ya que servía con pilas "pi-pi-pi-pi" fue lo único que escuchó, alguien había cortado el teléfono y eso sólo era posible dentro de la casa…en el sótano. Los dos chicos estaban aterrorizados.
-¿Qué vamos a hacer?- preguntó angustiado el pequeño Sota. Sango se quedó pensando un momento, se acercó a ellos y se agachó a su nivel.
-Vamos a ir silenciosamente al segundo piso, entraremos al cuarto de Inuyasha y saldremos por la ventana bajando por el árbol, corremos a la casa de al lado y pedimos ayuda ¿De acuerdo?- susurró Sango nerviosa.
-¿Y por qué no salimos por la puerta?- pregunto en susurros el pequeño Shippo.
-Estoy segura de que no es una sola persona, probablemente nos esté esperando alguien allí, ahora basta de preguntas, tomen un bate o algo y síganme- haciendo lo indicado los chicos tomaron los palos de hierro restantes siguiendo a la castaña.
Con suma cautela Sango llegó a la entrada de la sala, miró el pasillo asegurándose de que no hubiera nadie, observó las escaleras viendo la puerta del sótano que allí se encontraba, se giró encontrándose con los pequeños un tanto asustados pero eso no era lo que buscaba. A su lado un silla de madera decoraba el salón, era un regalo de la abuela Taisho, sin darle mucha importancia a este hecho la tomó y la calzó en la manilla de la puerta evitando la salida de quien pudiese estar del otro lado. Hizo la seña a los pequeños para que la siguieran e inmediatamente comenzaron a subir las escaleras con sigilo, cuando iban por el cuarto escalón sintieron como la puerta del sótano se estremecía "Lo sabia" pensó la castaña.
-Vamos muévanse- susurró acelerada la mayor. Comenzaron a subir más rápido, los pequeños iban adelante -¡Vayan directo al cuarto!- ordenó. Al llegar la final de las escaleras los dos chicos salieron disparados al cuarto, Sango los seguía pero fue detenida por un golpe en el estómago que la hizo caer al suelo, los chicos se giraron a ver al escuchar el THUMP en el suelo de madera.
-¡Sango!- exclamaron al mismo tiempo.
-Sigan…- como pudo dijo Sango en el suelo, mientras veía a su agresor, la mujer de afuera. Los chicos se miraron por un momento y asintieron.
-¡No te vamos a dejar¡- exclamaron al mismo tiempo, salieron corriendo con las armas en alto pero antes de que pudieran advertirlo la mujer movió su pierna en un perfecto arco golpeándolos a ambos en el rostro haciendo que calleran al suelo.
-¡Huyan he dicho!- gritó Sango aprovechando el momento de despiste de la mujer para tumbarla abalanzándose sobre ella, aun un poco débil. Sobándose la cara Sota y Shippo corrieron al cuarto que pertenecía al hermano mayor.
-¡Escucha!- dijo Shippo agitado, tomando a su amigo por la camisa una vez dentro del cuarto -Iré a mi cuarto, buscaré el celular de emergencia y vuelvo, sal y avisa a los vecinos, no puedo dejar a mi hermana sola- dudoso, Sota asintió dándole unas palmadas de aliento a su amigo. Shippo corrió a la compuerta secreta que conectaba el cuarto de Inuyasha con el suyo, era pequeña y a penas cabía. Mientras buscaba el celular en su escondite escuchaba como afuera Sango se caía a golpes con aquella mujer.
-¡Argh!- exclamó Sango fallando un puñetazo al rostro de lo que ella pensaba era una mujer pero resultó ser un hombre.
-Eres muy fuerte- dijo el hombre -Nada mal para un niña- de un solo golpe la lanzó contra la pared.
-Pues tú eres bastante niña como para ser hombre- respondió Sango dándole una patada en el rostro.
-Niña insolente- murmuró Jakotsu sobándose la barbilla, descontrolado se lanzó sobre la chica derribándola en el suelo al comienzo de las escaleras, en eso se escuchó un remolón en la primera planta, quien sea que estuviese en el sótano había logrado salir. Con dificultad Sango se giró a ver a la persona que se encontraba al final de la escalera -Ginkotsu es toda tuya, voy por el niño- la castaña se alarmó al escuchar sus palabras por lo que tomó al hombre llamado Jakotsu por el tobillo haciendo que cayera.
-Tú no vas a ningún lado- murmuró sombríamente la chica.
Mientras la pelea seguía afuera, Shippo no lograba encontrar el celular, desordenó todo el cuarto, abrió todas las gavetas, todo pote lo inspeccionó y nada, no recordaba en donde estaba, caminando de un lado a otro sintió como una de las láminas de madera se hundía más que las demás recordando inmediatamente que ese era el escondite, desesperado logró quitar la madera agarrando el viejo celular que allí estaba cubierto de polvo pero eso no era importante, para su mala suerte estaba apagado así que tuvo que esperar a que prendiera para poder llamar, en eso escuchó como alguien trataba de abrir la puerta de su cuarto que muy inteligentemente había cerrado con seguro, asustado corrió al cuarto anterior para encontrarse nada más y nada menos que a Sota tirado de largo a largo sobre el suelo con los ojos cerrados, él corazón del pequeño se aceleró. Antes que nada corrió a la puerta para pasar el seguro, en sus ojos comenzaron a formarse las lágrimas, escuchaba los gritos de su hermana mientras veía a su amigo en el suelo. Miró el celular que había prendido totalmente y prosiguió a llamar a su padre sin embargo cayó la contestadora "Responde por favor" pensaba el niño luego de intentar dos veces, dejó un mensaje de voz en donde a penas podía hablar, mientras llamaba se acercó a su amigo para descubrir que estaba dormido, trató de despertarlo pero fue imposible; marcó el número de su madre pero estaba ocupado, intentó muchas veces más pero no logró nada, la desesperación lo estaba comiendo en eso escuchó unos pasos fuera del cuarto por lo que salió corriendo a esconderse bajo la cama, decidió en tonces llamar al 911.
-911 ¿Cúal es su emergencia?- se escuchó la voz de una mujer.
-Ayudenme por favor hay unos extraños en mi casa que quieren matarnos- susurró entre sollozos -Vengan por favor- de pronto un humo blanco comenzó a cubrir el suelo de la habitación abrazando lentamente a Sota -¡Hay humo, mi amigo esta inconsciente y mi hermana está peleando, ayuda!-
-Diga su dirección por favor- preguntó inmediatamente angustiada la mujer ue atendía.
-Calle ma…- de pronto Shippo dejó de moverse, no podía hablar y comenzaba a sentirse mareado, el teléfono cayó al suelo, la operadora siguió hablando sin embargo no obtuvo respuesta. Afuera Mukotsu se reía diabólicamente dejando el humo salir de uno de sus envases especiales.
-¡Mukotsu ven y has tu parte!- exclamó Jakotsu desesperado, Sango no se rendía nunca nisiquiera peleando con dos ya que Ginkotsu ayudaba a su hermano, tontamente el hombre de baja estatura y desagradable apariencia se acercó a sus hermanos que había logrado detener a la chica con cierta dificultad.
-Ya voy hermano Jakotsu- respondió tontamente sacando una pañuelo de su bolsillo.
-¿¡Qué demonios hacen!- gritó ya asustada Sango.
-Tranquila no te dolerá nada- Mukotsu se aproximó peligrosamente a la cara de la chica con el pañuelo en mano, antes de que pudiera hacer nada incrustó la tela impregnada de Dios sabe qué sobre la nariz y boca de la chica, ella batalló unos segundos hasta quedar completamente inmóvil y caer en un sueño profundo.
-Dios vamos a tener que meterla en un cuarto y encadenarla al suelo, que insoportable es- se quejó Jakotsu levantándose del suelo arreglandose -¡Argh! me despeinó por completo- se quejó a ver su reflejo en la ventana -Bueno vamos antes de que alguien llegue- indicó sin más -Métela en la caja, Suikotsu nos espera afuera- bajaron a la primera planta en donde se encontraba una caja bastante grande la metieron para dar la ilusión de que se llevaban un paquete en caso de que alguien apareciera o los viera, con rapidez salieron de la casa directo a la van negra que se había aparcado frente a la casa, se acercaron a la maleta para dejar la caja.
-No deberíamos sacarla?- preguntó Ginkotsu.
-¿A esa fiera? Ni de broma- respondió Jakotsu cerrando las puertas de la maleta. Como si nada hubiera pasado partieron.
Al cabo de cinco minutos la casa Taisho estaba completamente rodeada de policías, los dueños de la casa habían aparecido inmediatamente al escuchar los mensajes en sus celulares. La señora Izayoi abrazaba a su esposo angustiada, se les había prohibido el paso a la casa hasta que ésta fuese inspeccionada, los vecinos comenzaron a aparecer al pasar las horas. Sota había sido trasladado a el hospital al ser encontrado. Un hombre de tez oscura con uniforme de policía se les acercó.
-¿Señores Taisho?- preguntó recibiendo un si por parte de la mujer -Hemos inspeccionado la casa, encontramos al niño que es su vecino y acabamos de encontrar a su hijo- la sensación de alivio ablandó el corazón de la señora Izayoi -Sin embargo está en estado catatónico, parece que fue envenenado, en unos momentos lo bajaran los paramédicos para llevarlo al hospital- el corazón de la mujer volvió a comprimirse -Y otra cosa…su hija no está- ambos padres quedaron inmóviles, incrédulos ante lo que escuchaban.
-¿Qué dijo?- preguntó Inu Taisho ya que su esposa no podía hacerlo, las lágrimas se lo impedían.
-Presumimos que fue secuestrada por las personas que invadieron su casa, hay pruebas de forsejeo sin embargo no hay rastros de sangre lo que nos da la esperanza de que no fue asesinada- el hombre de ojos ámbar apretaba a su esposa de una manera tal que cortaba la circulación de ella, necesitaba controlarse, debía ser fuerte por su esposa, la perdida de otro hijo tan pronto no era algo fácil de tomar -Señores Taisho haremos todo lo posible por encontrarla- alentó el oficial, el señor Taisho solo pudo asentir, la señora Izayoi era incapaz de moverse.
-Todo va a estar bien amor- susurró dulcemente el ambarino a su mujer buscando tranquilizarla.
-¿Señor y señora Taisho?- escucharon que los llamaba un hombre, al girarse se encontraron con un caballero de ojos azules y tez blanca, tenia una chaqueta negra y los veía directo a los ojos -Mi nombre es Miroku Walker y soy un agente de la C.I.A, quisiera hablar con ustedes un momento- informó Miroku mostrando su placa, los Taisho se quedaron en shock. Miroku los guío a una van negra que estaba aparcada en el otro lado de la calle, les pidió pasar para luego cerrar las puertas, allí había una especie de asiento a cada lado, la pareja se sentó a la izquierda y el agente a la derecha -De acuerdo, iré directo al grano porque no tenemos tiempo. ¿Recuerdan a la niña Aome Higurashi?- preguntó recibiendo un si inseguro por parte de los padres -La niña fue adoptada por un ruso conocido como Naraku Karshnikova, él es un magnate de la mafia en su país poseedor de infinitas propiedades y dinero, tanto que tiene cierto poder en su propio país. Su sed de poder no termina allí como es de esperar. Aome Higurashi no es una niña normal como ustedes o cualquier pudiera creer, ella tiene algo muy valioso de interés mundial, algo tan poderoso que debe permanecer entre nosotros, es algo que solo conocen seleccionadas personas. El padre de Karshnikova era un reconocido agente de la C.I.A conocedor de éste enigma, sin embargo por razones desconocidas el hombre se reveló contra el sistema y huyó a su país natal, era desconocido para nosotros el hecho de que fuera un mafioso en su tierra, al morir todo cayó sobre Karshnikova por lo que el deseó cumplir la meta de su padre, ser el hombre más poderoso del mundo se podría decir, para ello necesitaba una información que buscó por muchos años ya que la C.I.A se encargó de tenerlo todo bien cubierto sin embargo no sabemos como logró localizar a la niña poseedora de esa información- los Taisho no entendían que demonios decía, estaban completamente confundidos.
-Un momento señor Walker, ¿Qué tiene que ver todo esto con nosotros- Mioku asintió respirando profundo.
-Sus hijos eran buenos amigos de la chica, luego de ser adoptada por razones obvias la niña desapareció lo cual conozco afectó mucho a los miembros de su familia- ellos asintieron -Hace cuatro meses Karshnikova volvió a la ciudad por negocios y se trajo a la chica con él, un mes después su hijo Inuyasha se topó con ella por lo que decidió recuperarla, por lo que recurrió a mi. Al ser un agente del F.B.I tus fuentes de información pueden ser filtradas por lo cual tuvimos que fingir su muerte y empezar desde cero si lo quisiera plantear de ese modo-
-Un momento…Inuyasha está vivo…- preguntó la señora Izayoi.
-Espere un momento y enseguida vamos a eso. Logramos acercarnos a los Karshnikova tanto que casi logramos recuperar a la chica sin embargo caímos en una trampa por parte de una agente del F.B.I que solía ser compañera de su hijo que a su vez trabajó por debajo de la mesa con uno de los colegas de Naraku, al nosotros casi lograr el engaño al mafioso comprenderán que trae consecuencias…Inuyasha está interno en el hospital, es este momento está siendo operado por un balazo en su costado sin embargo las expectativas de vida son buenas y… su hija, Sango, está en manos de Naraku en este momento- confundidos como nunca antes los Taisho estaban a punto de explotar, ella lloraba desconsoladamente mientras que él se apretaba la cabeza con las manos deseando entender ¿Por qué? -Se que esto es difícil pero lo vamos a arreglar, tienen al gobierno de su lado, simplemente quería que supieran lo que está sucediendo, sin embargo no pueden decir nada de esto a nadie- no recibió respuesta de los oyentes sin embargo sabía que lo habían escuchado -En este momento estamos rastreando el paradero de su hija, la regresaremos a casa lo más pronto posible-
-¿Y qué hay de Inuyasha?- preguntó el padre preocupado.
-Pueden ir a visitarlo en el hospital sin embargo creemos que le darán morada por cárcel hasta que se mejore, los cargos por los cuales se le han sido acusado son desconocidos hasta el momento- él asintió.
-¿Y Aome…?- preguntó entonces la señora Taisho preocupandose por su segunda hija.
-Ella…ella está en Rusia en este momento…hoy idearemos un plan para recuperarla, ahora por favor necesito que vayan a allá afuera y sean los fuertes padres que siempre han sido, yo me encargaré personalmente de arreglar todo esto- sin más la pareja fue despedida de la van que arrancó poco después de su partida. Shippo era trasladado a la ambulancia por lo que se montaron con él para así visitar a su otro hijo y apoyar al que acompañaban.
Todo era un embrollo
