¡Feliz Navidad! ¡Feliz Año Nuevo! ¿Qué tal sus navidades? Espero que hayan recibido mucho amor en estos días ya que un beso o un abrazo vale más que un regalo . Me disculpo por mi desaparición pero estuve corta de inspiración, hasta anoche a las tres de la madrugada, pero bueno mucho blah blah aqui les dejo un nievo capitulo escrito con mucho cariño para ustedes, sin duda debo agradecerles todo su apoyo y motivación a seguir escribiendo, es un placer para mi poder distraerlas y despejar sus mentes por un rato bueno me despido con un gran beso y un inmenso abrazo las quiero chicas espero que este año se cumplan todos sus deseos :3
Inuyasha P.O.V
Lo último que recuerdo antes de despertar en aquel cuarto nublado, de paredes azules enfermizas era la voz de Naraku…sus amenazas sucias y su "Nos veremos pronto". A mi lado se encontraban varios monitores indicadores de mi corazón, respiración y otros, no podía moverme, el dolor que sentía en mi costado me paralizaba por completo, estaba mareado, mi visión borrosa. Sentí unas manos cálidas sobre la mía, esas manos que tanto conocía, eran la manos suaves de mi madre ¿Cómo sabía que estaba aquí? me alarmé un poco buscando su rostro con mi corta visión, al encontrar sus ojos acaramelados de alguna forma me tranquilicé. En eso escuché como alguien tocaba la puerta atrayendo la atención de mi madre y la mía, por el portal apareció lo que yo suponía era el doctor.
-Buenas noches- dijo muy educado el señor de poco cabello y piel manchada de lunares, se veía bastante anciano -¿Cómo te sientes muchacho?- preguntó acercándose a mi moviendo su bigote de manera graciosa, quise reírme pero no pude.
-He estado mejor- un susurró salió de mi boca logrando escucharse, el anciano asintió con la cabeza dirigiéndose a una carpeta que llevaba en manos.
-La intervención fue un éxito, corriste con la suerte de que la bala no atravesara ningún órgano o tejido importante, a penas y rozó tus costillas. Estarás aquí tres días para ver como evolucionas y si no hay problema alguno estarás en libertad de irte, aunque… tengo entendido que los muchachotes de allá fuera no piensan lo mismo- el doctor se refirió a tres hombres vestidos formalmente que se encontraban fuera de la habitación los cuales se asomaban cada cinco segundos por la ventana -Hijo, yo soy amigo de tú padre y conociéndolo, estoy seguro de que ninguno de sus hijos ha de ser un delincuente, puedo afeitarme el bigote a que es cierto- por el rabillo del ojo, noté como una lágrima escapaba por la mejilla de mi madre viendo al doctor -Todo saldrá bien- con cuidado él puso su mano fría y arrugada sobre mi brazo dando unas leves palmadas.
-Gracias Charles- escuché a penas a mi madre, sin más el señor se excusó de la habitación, por la ventana noté como era interrogado inmediatamente por los policías.
-¿En dónde está papá?- pregunté incorporándome poco a poco, de inmediato el leguaje corporal de mi madre cambio, la noté tensa y un tanto nerviosa, algo no andaba bien.
-E-está con Shippo- tartamudeó conteniendo las lágrimas.
-¿Pasó algo? Te noto tensa- temía que la respuesta fuera si, sin embargo dentro de mi lo sabía. No era normal el hecho de que me habían operado, nada más y nada menos que de un balazo, y sólo mi madre estuviese presente, lo normal era que toda la camada estuviera allí, incluyendo a Seshomaru, aunque fuera sólo por un rato. Mi madre negó con la cabeza dejando caer las gotas de agua salada por sus mejillas ¿Por qué no me lo decía? -Mamá, dime por favor- supliqué deseando tener el poder de pararme y abrazarla, odiaba ver a una mujer llorar, más si era mi madre.
-N-no -p-p-pue-do- tartamudeó entre sollozos.
-Mamá tranquilízate - dije lo más dulce que pude maldiciendo en mis adentros por estar inmóvil. Sin avisar los tres hombres que se encontraban afuera entraron a la habitación, todos usaban lentes oscuros aunque obviamente no los necesitaban pero digamos que eso es un reglamento.
-No niegues tus cargos, son falsos, mantén la calma- la voz de Miroku resonó en mis oídos gracias al cielo que no podía moverme, si no sería demasiado obvio el hecho de que alguien me había asustado. Asentí levemente suponiendo que me observaba desde algún lugar, ¡Vaya que tenía preguntas!
-Señor Inuyasha Taisho- dictó uno de los hombres -En nombre de la Nación hemos de informarle que está detenido debido a la posesión ilegal de armas, rapto de un menor de edad, estafa y fraude, debido a su estado delicado se le dará morada por cárcel. Una vez que esté en condiciones tendrá una audiencia en el tribunal supremo de justicia y tendrá derecho a un abogado-cada palabra era más absurda que otra, ese maldito Naraku había logrado torcer todas mis acciones comenzando por el rapto de un menor, él es el que debía estar tras las rejas por todo lo que le había hecho a Aome. Al decir su nombre recordé como había llegado a donde estaba, que había sucedido realmente. Yo asentí dándole a entender a los tres payasos que se fueran, a penas cruzaron la puerta alcé mi brazo bueno y golpeé el colchón con mi mano hecha un puño, mi madre se exaltó ante el súbito movimiento, sentí dolor pero no me importó.
-¿En dónde está?- mascullé a penas refiriendo a Miroku, entendía que no podía acercarse a mi, sería muy obvio pero necesitaba respuestas, necesitaba saber qué demonios estaba pasando, necesitaba saber qué había pasado. Ya estaba completamente alerta, herido, pero con mis sentidos al máximo.
-Saca a tú madre de la habitación- me respondió.
-¿Qué dices hijo?- preguntó mi madre muy inocente.
-Podrías…em… dejarme un momento sólo…necesito meditar las cosas- ella un poco herida asintió acercándose a mi para darme un beso en la frente mientras acariciaba mi mejilla. Quería abrazarla y decirle que todo estaría bien pero el estúpido vendaje más el estúpido dolor me lo impedían. Mi madre no había terminado de cerrar la puerta cuando escuché aquella voz familiar en mis oídos.
-De acuerdo primero que nada necesito que mantengas la calma, voy a darte mucha información la cual pueda alterarte, desearía no tener que transmitirla pero no tenemos tiempo, debemos actuar lo más pronto posible y tu debes estar al tanto de todo al formar parte de esto- asentí tragando duro, si Miroku me daba esa antesala significaba que lo que me venía era candela -Primero que nada Aome se encuentra en el avión de Naraku rumbo a Rusia, se fueron a penas la secuestraron, tenemos varias unidades allá que los están monitoreando, por los momentos no tenemos mayor información- no está herida pensé tranquilizándome sólo un poco -Kikyo, la mujer responsable de todo esto desapareció del mapa, no la encontramos en ningún lado- la sangre me hirvió con aquel nombre, esa maldita me había traicionado -La única información que encontramos fue que tenía una alianza con Bankotsu y Naraku, desconocemos sus razones- estaba enojadísimo con ella, después de tanto tiempo cómo podía traicionarme de esa manera, a patearme como un perro, a apuntarme con sus hombres, ¿Cuál podría ser su excusa para haber cooperado con Naraku? -Taisho…ya que tocamos el tema debo pedirte disculpas, todo esto es mi culpa, por andar tan enfocado en la grabación que te mostré nos despistamos dándole ventaja a los hombres de Naraku, fuimos adormecidos por los gases del hermano de Bankotsu por ello no pude hacer nada- Maldición pensé, con razón no apareció, con razón todo lo que pasó, los muy malditos lo tenían todo fríamente calculado -Tenemos un plan para recuperar a la señorita Aome pero debemos esperar a que te recuperes, mientras yo me encargaré de otro problema…Respira profundo por favor- ¿¡Esperar a que me recuperara! ¡Debían actuar inmediatamente! ¿¡Qué más putos problemas habían! -Naraku…tiene a tú hermana…- sus palabras fueron como puñales en todo mi cuerpo, la rabia creciente se alojaba en mi pecho, creo que iba a explotar en cualquier momento sin embargo no podía moverme lo cual me arrechaba más -Fueron al hogar de tus padres y se la llevaron, Shippo y un amigo también estaban allí, sin embargo no salieron mayormente heridos, se intoxicaron con los gases de Mukotsu, tal como hizo con nosotros, tú hermano está en la habitación contigua a la tuya, le darán de alta mañana una vez que hayan limpiado por completo sus pulmones- no podía creer lo que me estaba diciendo eran demasiadas cosas, demasiadas catástrofes en muy corto tiempo, mi operación había durado no más de seis horas, en ¿seis horas pasó todo eso? -En cuanto a tú hermana…se esfumó, igual que Kikyo, tenemos la teoría de que tal vez estén juntas- En serio….como en seis horas pasa todo eso…-Por ahora lo único que debes hacer es mejorarte, tienes un estimado de recuperación total en un mes, durante este tiempo idearemos un plan sólido para recuperar a Aome y acabar con Naraku de una vez por todas y yo me encargaré personalmente de encontrar a tú hermana- quería llorar, quería gritar, quería golpear algo.
-¿Qué hay de mi supuesto arresto?- mascullé.
-No te preocupes lo tengo todo bajo control- asentí sin decir más, no estaba de ánimos realmente -Hablaremos pronto Taisho, apenas sepa algo de alguna de las dos te lo haré saber- asentí una vez más y fue todo.
Me dolía la cabeza de tanto pensar, a su vez la culpa me ahogaba, era mi culpa de que mi hermana estuviera en Dios sabe donde, que Shippo hubiera tenido que pasar un momento tan desagradable, que mis padres estuvieran sufriendo tanto, maldición me odiaba demasiado en ese momento, no fui lo suficientemente fuerte, no pude proteger a nadie…me sentía horrible. Llamé a la enfermera pidiendo un sedante con la excusa de que sentía mucho dolor, en realidad sólo quería dormir y alejarme de todo tan sólo por un rato.
Aome P.O.V
Habíamos llegado luego de once horas de vuelo a nuestro destino, todo el viaje me aferré a Duna, el único recuerdo físico que tenía de Inuyasha, no comí, no bebí, me moví tan sólo para ir al baño dos veces de resto parecía un crustáceo en el asiento de cuero. Todo el camino Bankotsu estuvo mirándome lo podía sentir.
Al tocar territorio ruso me percate de como la angustia acompañada de la ansiedad comenzaban a apoderarse de mi, si bien no estaba segura de qué pasaría a continuación o qué estaba tramando mi "padre", estaba absolutamente clara de que no sería nada bueno, conocociendo al personaje, sería peor de lo que podría imaginar.
Antes de bajar del Jet privado, Bankotsu me dio una chaqueta para cubrir mi cuerpo, no eran muchos los momentos que estaría afuera, de eso estaba segura, pero en esos pocos segundos podría congelarme. Con mi cachorro en brazos y la chaqueta cubriéndome salí por la pasarela que nos conectaba al aeropuerto, sin hacer el proceso de inmigración como ya estaba acostumbrada a saltar, salimos directamente al helado estacionamiento en donde nos esperaba uno de los carros de Naraku, mi semblante era nulo, no tenía expresión alguna aunque por dentro comenzara a sentir miedo.
Sin perder tiempo nos montamos en el vehículo que era manejado por Bankotsu, de copiloto iba Renkotsu y junto a mi Riukotsu, ni de broma me dejaban sola.
Todo el tiempo estuve callada, pensando en qué pasaría ahora, en cómo estaría Inuyasha, sinceramente sería feliz con sólo saber que estuviera vivo, libre...yo era simplemente una carga más… Si no hubiese sido por mi su vida sería muy diferente, tal vez estuviera cenando con su familia, tal vez estuviera atendiendo un caso...todo era mi culpa…¿Por qué tenía que ser todo así? ¿Por qué tenía que existir? ¿Para qué vivir si sólo causo dolor y desgracia? Quería desaparecer, no haber nacido nunca...pero era difícil, no podía regresar el tiempo y por alguna razón no era lo suficientemente valiente o fuerte como para acabar con mi vida.
Recorrimos muchos kilómetros los cuales fueron nulos para mi, durante todo el tiempo que estuvimos en el auto sólo pensaba, de vez en cuando me entraban ganas de llorar pero me aguantaba, no debía mostrarme débil o más dolida ante aquellos que me rodeaban. No fue si no hasta que el auto se detuvo que salí de mi caja, frente a nosotros se encontraba una enorme casa de ladrillos antiguos con ventanales que combinaban, se veía algo abandonado y descuidado, sin embargo había gente adentro. No reconocía el lugar y buscaba su identificación en algún lado, sin avisar Bankotsu abrió la puerta dejando que el frío infernal tocara mi rostro descubierto llegando a mi nunca haciéndome temblar. Sin decir palabra baje del auto rodeada por los otros dos que tomaban mis brazos respectivamente. Cinco escaleras de cemento guiaban a la gran entrada de madera, buscaba en todas partes alguna placa, algún número pero era en vano. Noté entonces como Bankotsu que estaba delante de mi tocaba un botón rojo que estaba justo al lado de la puerta.
- Dobryĭ denʹ , pervyĭ (Buenas tardes, nombre)-se escuchó una voz femenina de dios sabe donde.
-Dobryĭ denʹ, Bankotsu Ivanovich , ya prikhozhu ot imeni g- Naraku Karshnikova (Buenas tardes, Bankotsu Ivanovich, vengo en nombre del señor Naraku Karshnikova)- luego de dos segundos la puerta se abrió inmediatamente siendo bienvenidos por un hombre larguirucho, de nariz puntiaguda y ojos desorbitados.
-¡Dobro pozhalovatʹ! (¡Bienvenidos!) ¡Los he estado esperando con ansias!- exclamó el hombre extraño invitándonos a pasar con su marcado acento ruso en cada palabra. Me percaté de como Bankotsu le sonreía a medias, yo no entendía que estaba pasando. A dentro del edificio la calefacción era agradable, el suelo era alfombrado de un tono carmesí, las paredes estaban forradas de papel tapiz color crema en el cual se pintaban arabescos. Varias mujeres detrás de varios escritorios me vieron al llegar curiosas deteniendo lo que hacían, todas llevaban vestidos blancos. ¿En dónde estaba? - ¿Qué tal su viaje?- preguntó nuestro anfitrión sobándose las manos.
-Tranquilo- asintió Bankotsu mirando todo a su al rededor.
-¿Y en dónde esta ella?- preguntó como si no me hubiera visto, aunque creo que no lo había hecho. No muy convencido Bankotsu se quitó del camino dejándome frente a frente con aquel loco. Sus ojos brillaron al verme lo cual me alarmó de inmediato haciéndome sentir realmente incómoda por lo que me retraje un poco sin embargo me tenían bien agarrada, Duna se arremolinó en mis brazos como si le tuviese miedo a aquel hombre. Antes de poder evitarlo el tipo había agarrado mi barbilla con sus manos frías, casi vomito al detectar un olor agrio proveniente de él. Inspeccionaba mis rostro girándolo de lado a lado, de arriba a abajo, al toparse con mis ojos fue como si de un imán se tratara, parecía que buscaba algo dentro de ellos -Mucho trabajo por delante...tiene un alma fuerte y una mente especial...nada que no se pueda arreglar- en su rostro pálido se formó una sonrisa amarillenta que me hizo temblar, ¿Qué demonios planeaba ese tipo? De pronto bajó su mirada y al ver a mi cachorro se le borró la sonrisa -Llévense a ese animal de aquí- dijo entre dientes a lo que yo agarré a Duna más fuerte, Bankotsu con cautela se acercó a mis brazos.
-Ni se te ocurra- hablé severamente por primera vez desde que habíamos despegado de los Estados Unidos, mis ojos se volvieron dagas invisibles, no me iban a separar del único recuerdo físico de Inuyasha, lo lamento pero no lo iba a permitir.
-Por favor no hagas esto mas difícil de lo que ya es, dámelo, yo lo cuidare- la voz de Bankotsu era suave y apacible, sus ojos de diamante trataban de calmarme sin embargo era imposible, tenía mucha rabia encima.
-¿Tal y como cuidas de mi?- le respondí, notando la cara de interés en el loco -Es mejor echarse a morir- mis palabras sin duda lo habían herido aunque sinceramente no me importó. Miró a sus hermanos para luego acercarse peligrosamente a mi por lo que comencé o bueno intenté echarme para atrás, doblándome para esconder a Duna en mi estómago -¡No te lo vas a llevar, no me vas a alejar de él también maldito!- no sabía qué me había poseído pero estaba enojada, sentía la adrenalina fluir por cada vena de mi cuerpo incendiando todo en su camino, mis palabras salieron firmes y más severas de lo que esperaba. Acostumbrada a su poca paciencia, me preparé para la reacción de Bankotsu. Su rostro se tintó de rojo casi igual a la alfombra que pisábamos, me miró con enojo y se acercó rápidamente a mi agarrando con mano de acero mis brazos. Patalee, me retorcí, escupí, mordí, golpee, grite y sin embargo no pude evitar que él me arrebatara al cachorro -¡NO! ¡DEVUELVELO, ES MIO!- grité desgarradamente llorando -¡DEJENME IR!- me batuquee dándole un golpe en la nariz a Renkotsu logrando que se enojara aun más.
-¡Quédate quieta!- me gritó agarrándome más fuerte, estaba segura de que mi brazo se rompería en cualquier momento. Escuché un chasquido pero no le di importancia trataba de zafarme, estaba ciega solo veía a mi pequeño en manos de aquel desgraciado, de la nada sentí un pinchazo en mi hombro que me hizo gritar de dolor, un líquido caliente comenzó a incendiar mi cuerpo mientras lentamente me debilitaba, genial, un sedante. Mis papados pasaron de ser livianos como una pluma a ser un par de rocas, mis músculos se enternecieron y mis huesos se volvieron gelatina dejándome sin soporte alguno, mis sentidos se nublaron por completo, dejé de ver, no podía escuchar nada, no sentía nada, no olía nada,no saboreaba ni mi propio aliento.
Olía a guardado, un respiro profundo me lo rectificó, mis labios estaban resecos y mi garganta parecía un desierto. Por alguna razón tenía miedo de abrir mis ojos sin embargo lo hice lentamente. Estaba desorientada, no tenía idea de donde estaba, todo era blanco, tan blanco que parecía brillar. Miré a mi al rededor pero no había nada, absolutamente nada. Luego de unos segundos caí en cuenta recordando todo lo que había pasado, atenté con levantarme del lugar en donde estaba pero sólo logré alzar mi torso y retraer un poco las piernas. Mis muñecas y tobillos estaban rodeados por franjas de cuero, busqué algún nudo o algo con lo que pudiese liberarme pero era imposible las franjas tenían candado, forcejee unos minutos pero supe que era en vano, me desplomé de nuevo sobre la camilla en donde estaba dejando salir las lágrimas, me sentía más impotente que nunca. De pronto escuché como si alguien tocara una puerta "toc-toc" pero me pareció extraño ya que en ninguna parte había una, o eso pensaba yo. De la nada apareció aquel hombre de aura extraña y rancia, odiaba admitirlo pero tenía miedo.
-Me alegra que despiertes, ya comenzábamos a preocuparnos- su tono de voz agudo perforaba mis oídos alterándome aun más.
-¿E-en dónde estoy?- pregunté vacilante sin verlo ya que podría entrar en pánico, no sabía por qué aquel hombre me alteraba tanto.
-En un lugar mejor- dijo recorriendo la camilla en donde estaba acostada poniéndome más nerviosa.
-¿Estoy muerta?-la pregunta se escapó inconscientemente de mi boca.
-¿La muerte es tú lugar mejor?- odio cuando me responden con preguntas.
-Eso creo- respondí sinceramente.
-Entonces si, estas muerta- me levanté como lo había hecho anteriormente encontrándome con el rostro desnutrido de aquel hombre.
-¿Quién es usted?- pregunté, no podía estar muerta…¿o si? si realmente estaba muerta debía estar en el purgatorio o el infierno porque en el cielo ni de broma.
-¿Quién quieres que sea?- el maldito me tenía verde con sus preguntas, las estaba haciendo yo no él, al parecer notó mi molestia.
-Yo seré quien tú quieras que sea, tú al rededor será el que tú quieras que sea y tú serás quien quieras ser- sus palabras resonaron en el lugar en donde estábamos el cual no estaba segura de cual era. Por un momento me sentí extraña como si algo andaba de mi no maquinaba bien -Deja salir de ti lo que necesite salir, deja que estas paredes blancas se vuelvan tú mundo, lo que está dentro de ti que necesita comunicarse déjalo y así no te molestara más- cada frase hacia eco en mis oídos y en mi mente. Poco a poco mis ojos se cerraron y mi respiración se controló. Dejé de escuchar la voz de aquel personaje extraño que me perturbaba tanto, ahora sólo sentía tranquilidad. Me perdí de pronto sin saber más.
Tercera Persona P.O.V
La chica abrió sus ojos al escuchar una voz femenina que la llamaba por su nombre -¿Aleksandria en dónde estas?- exclamaba alguien pero ella quería seguir escondida un poco más, de pronto las puertas del armario se abrieron dejando a la vista a Babu, su nana, que la veía con impaciencia -Basta de juegos pequeña, ve a vestirte que tu padre llegará pronto- le ordenó la mujer.
-¡Ay! Babu no te preocupes, es sólo un juego- respondió la pequeña de nueve años a su nana mientras salía del armario en donde se escondía para ir a cambiarse.
-Nada de juegos, vamos- la apresuró su nana dándole pellisquitos en los pequeños glúteos haciéndola reír.
-¿Y mi hermano Musso? ¿Cuándo regresa?- preguntó inocente la niña adentrándose en el vestido color rosa pastel. Babu, se quedó congelada unos instantes pensando en qué responder.
-Pronto- antes de que la chiquilla pudiese decir algo más escuchó el acostumbrando "mic-mic" que anunciaba la llegada de su padre, emocionada y lista salió disparada de su cuarto bajando por las escaleras hasta llegar a la entrada para recibir a tan importante persona. Luego de unos segundos el susodicho apareció por la puerta siendo esa la señal para correr hasta él - ¡Papi!- gritó la pequeña saltando sobre el hombre vestido de traje.
-Hola chiquilla- respondió su padre mientras la cargaba. Aunque la chica tuviera a penas pocos meses de adoptada habia creado un vínculo con su nuevo custodio -¿Cómo has estado?- preguntó amablemente dejando su maletín de cuero en el suelo para así cargar con mayor facilidad a su hija.
-Extrañándote- una sonrisa se dibujo en la piel de porcelana de la pequeña recibiendo una risa de su padre mientras éste se encaminaba a la cocina.
-Pues yo he hecho exactamente lo mismo, oh, supongo que recuerdas a mi compañero Bankotsu- en el lugar de la casa en donde estaban apareció el aludido con una sonrisa.
-¿Qué tal princesa?- preguntó el hombre de ojos cristalizados haciendo que la pequeña se riera.
-Vamos a comer- Informó Babu guiándolos hacia el comedor. Todos fueron juntos y comieron en familia.
El sonido de tres lentos aplausos hicieron que despertara, no se había dado cuenta de que se había quedado dormida, a su lado el hombre que le hacia sentir escalofríos la miraba muy interesado. Notó que sus mejillas estaban mojadas, había llorado, acababa de tener un sueño que parecía bastante irreal.
-Excelente relato, no está nada mal para ser la primera vez- habló a lo alto aquel individuo mientras se pavoneaba al rededor de la camilla confundiendo a la chica que en ésta reposaba.
-¿A qué se refiere?- preguntó un poco deshubicada.
-Acabas de contarme uno de tus recuerdos- dijo sonriendo sin mostrar los dientes.
-Pero…eso es imposible…lo que vi…lo que soñé…nunca pasó…- murmuró la chica.
-Si pasó, sólo que no lo recuerdas ya que en ese momento eras otra persona- la muchacha frunció el ceño hasta más no poder ¿A qué se refería aquel hombre? -Cierra tus ojos y concentrare en pensar en lo que sucedió antes de ese recuerdo- vacilante la chica hizo lo indicado, no tenía nada que perder.
Cerró sus ojos concentrándose apaciguando su respiración, pensando en qué había sucedido antes de aquel supuesto recuerdo.
-Aleksandria tienes que ir a vestirte- indicó Babu, ya sabía lo que significaba. El venía, llegaría pronto, pero…no lo quería ver, tenía miedo, su cara me daba miedo, él no me quería lo podía ver en sus ojos. Antes de que Babu pudiese decir algo salí corriendo a esconderme -¡¿A dónde crees que vas?- la escuché gritar pero no me detuve, subí rápido por las escaleras hasta llegar a mi cuarto miré en todas partes y el mejor escondite que divisé fue el armario que era profundo y podría esconderme detrás de la ropa guindada. Escuché pasos acercándose así que me lancé dentro del armario escabullendo mi cuerpo por las ropas hasta llegar al lugar más profundo, me volví un ovillo y comencé a llorar, no quería verlo, no quería nada, quería volver a mi casa con mis papás y mis amigos, no quería que mi hermanastro Musso volviera, él no era malo pero lo obligaban a hacer cosas malas…quería huir…de pronto todo se desvaneció.
Tres aplausos volvieron a despertar a la muchacha que lloraba con mayor fuerza, ella no entendía que estaba pasando, estaba confundida y se sentía mal, tenía nauseas y le dolía la cabeza.
-Eso es lo que tú, Aome Higurashi recuerdas, el recuerdo anterior pertenece a Aleksandria Karshnikova, que también es una parte de ti…la creaste para huir en los momentos en que querías desaparecer, en los momentos en que no querías ver a tu padre- cada palabra martillaba la cabeza de la chica, no entendía nada ¿Qué estaba diciendo? ¿Qué tenía doble personalidad?.
-¿Q-que quiere decir?- preguntó entre cortada la chica.
-Sabes bien a lo que me refiero…en fin esto ha sido todo por hoy, descansa, necesito que estés fresca para indagar en tu cerebro mañana…- la cara de sádico-loco de esa persona hizo que cada pelo de su cuerpo se levantara, estaba horrorizada, ¿Qué demonios planeaba hacer? El hombre comenzó a marcharse pero antes ella logró detenerlo.
-Me podría decir su nombre- preguntó llorando, él meditó por unos momentos y sin girarse le respondió.
-El doctor Kiev Petrovski- sin más aquel individuo desapareció.
En algún lugar de la frontera entre Mexico y Estados Unidos , en una casa deshecha de paredes escamadas y techo de zinc, se encontraba dentro de un cuarto nada más y nada menos que la fugitiva número uno del imperio Norte Americano. Estaba parada frente a un ventilador que a penas y funcionaba, el calor que hacia era algo descomunal, afuera se escuchaban las voces que hablaban y los bullicios de las gallinas, ovejas y cabras. Estaba mareada quería irse de allí lo más pronto posible pero no podía hacer nada hasta que no se le indicara. En el cuarto contiguo encadenada al suelo es encontraba la hermana secuestrada del ojidorado, tenía hambre, sentía que se desmayaría en cualquier momento, sudaba la gota gorda gracias al techo de zinc, las paredes de concreto y el hecho de que no había ningún tipo de ventilación en la habitación en donde se encontraba, tenía los ojos vendados contando con tan sólo su audición y olfato para anticipar algún movimiento.
Luego de escuchar unos pasos aproximándose sintió como se abría la puerta, la brisa caliente acarició su rostro por tan sólo segundos pero fue lo más placentero que había sentido en horas, su cuerpo estaba aun magullado y resentido por la pelea que ejerció hace unas cuantas horas. Se movió tratando de incorporarse, no tenía idea de quién había entrado sin embargo sabía que era una mujer por su aroma delicado. Una mano rodeo su brazo obligándola a levantarse más rápido de lo que hubiese deseado por lo que perdió el equilibrio cayendo sobre aquella persona.
-Perdón…- dijo sin ganas, tenía la garganta seca. La otra persona sin decir nada la desencadenó ¿Sería posible? ¿La estaban salvando? sus esperanzas se desintegraron cuando colocaron un saco sobre su rostro, simplemente la estaban llevando a otro lugar, era el mismo procedimiento que habían hecho antes. Sabía que estaba lejos de casa ya que había escuchado a gente hablando español.
Caminó dejándose arrastrar por su raptor, sintió el cambio de temperatura de ardiente a fresco al ser lanzada dentro de un auto, sabía que debía quedarse acostada, de lo contrario la golpearían aunque sabia que no la matarían ya que de alguna manera era valiosa para ellos. Partieron del lugar en donde estaban, escuchó las voces de cuatro personas, tres que la habían secuestrado y una mujer que no conocía sin embargo su voz era vagamente familiar, estaba segura que utilizaban nombres de pila para no ser identificados. Escuchó el rugido del motor y el sonido de los cauchos desplazándose sobre la tierra, una vez más partían a un lugar desconocido.
