Buenas chicas cómo les va? Espero que todo bien, acabo de escribir ya que se me metió la inspiración y quería escribir algo antes de empezar clases (mañana D:) para que no entren en un estado de ansiedad máximo jejeje. Bienvenidas las que descubrieron la historia y gracias a las que la siguen pongo mi mayor esfuerzo en esto, las quiero mucho! xoxo V

P.D: Hay cosas my interesantes en este cap :)

Inuyasha P.O.V

Dos semanas habían pasado ya desde la visita de los policías, como había evolucionado perfectamente me dejaron ir a mi casa, que sería mi cárcel. Al segundo día Shippo fue dado de alta y pudo ir a visitarme, lloró mucho al verme, él solía ser muy emotivo aunque yo siempre le insistía que los hombres no lloraban, no en frente de todo el mundo por lo menos. Mis padres se veían más preocupados con cada día que pasaba ante la ausencia de mi hermana, Miroku me mantenía al día sin embargo no tenían éxito. Lo último que supe fue que habían encontrado unas ropas pertenecientes a Kikyo en una casucha cerca de la frontera con México, sin embargo no había rastro de Sango. Por otra parte Aome también había desaparecido, si una más para el lote. El último momento en que los vieron fue en el aeropuerto, de resto no han podido encontrarla, tan sólo localizaron a Bankotsu y sus hermanos pero de Aome no había ni un solo rastro. Naraku se había trasladado a Rusia para encontrarse con su compañero, esa era toda la información que tenía. Me sentía completamente inútil al no poder hacer nada realmente productivo. Poco a poco mi herida comenzaba a sanar, la primera semana debo admitir que fue un infierno no podía hacer nada por mi mismo y el simple hecho de que mi madre o Shippo debían ayudarme a bañarme ya era demasiado.

Todos los días ideaba un plan diferente, aunque no tenía idea de en dónde se podría encontrar Aome comencé a realizar planes de ataque, de rescate y coartadas tanto para ella como para mi hermana. El maldito de Naraku se estaba metiendo mucho con mi familia, al parecer no sabía quien era Inuyasha Taisho, yo sería capaz de sacarme el corazón, morir, matar, robar, lo que fuese por mi familia y la persona que amo.

Aquel mes fue sin duda el menos navideño o festivo de todos, no había ni una sola luz que decorara, una bota en donde poner regalos, un villancico para alegrar el día…nada, era realmente pesado el ambiente. Yo pasaba la mayor parte del tiempo en mi antigua habitación, Shippo iba a la escuela sin embargo en su semblante se notaba que aun estaba conmocionado, papá seguía trabajando sin embargo su mirada estaba vacía, mamá…bueno, la escuchaba llorar todas las noches, le dieron reposo en el trabajo porque le era imposible hacerlo, ella definitivamente era la más afectada, a Seshomaru también le golpeó la situación por lo que pasaba las veinticuatro horas de la semana trabajando para poder olvidar todo excepto al sexto día de estar en casa en el cual me visitó dejándome muy sorprendido.

Flash Back

Eran las tres de la madrugada y no podía pegar el ojo, me sentía incómodo y mi mente no dejaba de maquinar ideas e hipótesis del paradero de mi hermana y Aome. Obstinado ya, me acomodé sentándome en la cama y encendí la lámpara que estaba sobre mi mesa de noche. Pasé mi mano buena por mi rostro buscando tranquilizarme, necesitaba dormir o de otra forma mi recuperación sería más lenta, en eso escuché como alguien tocaba la puerta de mi habitación, debía ser mi madre ya que si fuese Shippo hubiese entrado por la compuerta secreta la cual había utilizado mucho los últimos días gracias a las pesadillas. Antes de que pudiese decir "adelante" una figura entró por la puerta dejándome sorprendido sin duda alguna. Mi hermano mayor entró como un fantasma sin hacer ruido, cerró lentamente la puerta tras él y se quedó parado en su lugar viéndome con su acostumbrada cara de culo.

-¿Cómo está tu herida?- preguntó sorprendiéndome aun más por su repentina preocupación.

-Mejorando- mi voz estaba ronca por la falta de uso, muy pocas veces hablaba. Seshomaru asintió caminando por la habitación viendo todo a su al rededor -¿Qué te trae por aquí?- pregunté de forma curiosa, yo no era exactamente su hermano querido, esos eran los puestos de Sango y Shippo yo era algo así como el perraje para él.

-Sólo quería ver cómo estabas- dijo sin emoción alguna, yo asentí aunque no estaba convencido, debía haber algo que quisiera. Caminó un poco más hasta llegar a la ventana que en sus orillas estaba cubierta de nieve, noté como su aliento empañaba el cristal apocando su reflejo de manera que no podía ver su rostro ya que también me daba la espalda -Sango lleva seis días perdida…- se pausó -Ni mamá ni papá me han querido decir nada, sin embargo sé que ellos saben algo y estoy seguro de que tú también, ustedes saben quien es el responsable de todo lo que sucede pero por alguna razón no me han querido decir…creo que es necesario que lo sepa- La severidad se notaba en cada una de sus palabras…el boca suelta de Miroku les había dicho a mis padres algo que sin duda yo hubiese evitado pero estaba muy ocupado en un quirófano.

-Sólo te traerá problemas, ellos saben lo que no debían, sólo empeora las cosas y es más peligroso para ellos- Vi como sus manos se volvieron puños y respiraba profundamente para tranquilizarse, en otras circunstancias me hubiese golpeado sin duda alguna.

-Si ellos ya lo saben no veo por qué no puedo saberlo yo- se giró a verme caminando hasta las patas de la cama -Inuyasha…dime, puedo ayudar- me miró fijamente.

-Sólo traerás problemas, ya la C.I.A se está encargando de todo- mi palabras fueron cortadas por un puñetazo por parte de él al colchón, unos centímetros más a la izquierda y me quedaba sin pie.

-¡Maldita sea! ¡Ya van seis días y no hay rastro de ella! ¡No han hecho un coño! ¡Así que o me dices o me dices!- Su cabello se despeinó, sus ojos se desorbitaron por el enojo y respiraba agitadamente, me veía a los ojos esperando mi respuesta.

-¿Qué podrías hacer tú?- le respondí muy sereno, la clave estaba en no perder los estribos.

-Yo podría buscar por mi cuenta, yo tengo contactos, ¿Crees que no sabía que seguías vivo? Tal vez no conocía tus intenciones pero si sabía que estabas vivo ¿Por qué crees que no fui a visitarte al hospital? Porque sabía que estabas vivo ¿Un tiroteo? ¿En serio? ¿Pensaste que me comería eso? Te conozco lo suficiente como para saber que no eres tan idiota para morir así- lo que dijo me cayó como un balde de agua fría -Así que eso es sólo una muestra de lo que puedo hacer, ahora habla- me quedé en shock unos segundos asimilando cada palabra, nunca pensé que mi hermano fuese tan inteligente.

-Siéntate- le dije y entonces comencé a contarle todo lo que sabía, sin entrar en detalles profundos.

Fin del Flash Back

Desde aquel día Seshomaru investiga todo, tanto es que en el momento en que Miroku me contactó para informarme lo de las ropas de Kikyo recibí un mensaje de mi hermano con la misma información.

Ya eran catorce días desde su desaparición mientras yo no podía esperar para sanarme y así recuperar a ambas sin tener que involucrar más a mi familia. Ya podía caminar sin problemas y valerme por mi mismo sin embargo debía ser cuidadoso, no podía realizar movimientos bruscos ya que la herida podría abrirse. Ese día recibí una carta del tribunal, al parecer la fecha de mi audición había sido pautada para nada más y nada menos que en dos semanas.

-Ve a tú cuarto tenemos que hablar- escuché a Miroku e hice lo pedido.

-¿No se supone que tenías todo bajo control?- pregunté un poco irritado, definitivamente no quería ir a una audiencia y definitivamente no quería ir a la cárcel ya que estaba seguro de que iba a perder el caso, si Naraku había logrado chantajear al juez hace años podría hacerlo de nuevo.

-Así es- respondió él.

-Pues no parece- me eché en la cama con cuidado mientras leía cada párrafo escrito.

-Es parte del plan- lo notaba sorprendentemente relajado al respecto.

-¿Qué plan?- pregunté de immediate apartando la hoja de mi vista.

-Irás a la audición, yo seré tú abogado, perderemos el caso e iras a la cárcel- Mis ojos se abrieron como platos pero antes de que pudiese quejarme el me calló - Naraku estará allí el será tu oponente por así decirlo, Bankotsu será su abogado de está forma se aseguraran de que estas tras las rejas y así no te tendrán como amenaza ya que conocen tus intenciones gracias a la dulce Kikyo- Ese nombre cómo me enervaba -Una vez que esté hecha la sentencia enviaremos en tu lugar a otra persona que si debe estar tras las rejas y de allí partiremos a Rusia a buscar a la señorita Aome- me agradaba el plan era sólido y estratégico sin embargo intentar engañar a Naraku ya nos había salido mal una vez.

-¿No crees que eso de engañar a Naraku es un poco arriesgado? El muy maldito ya nos descubrió una vez-

-Tu tranquilo y sólo preocupare por cumplir tu misión de acuerdo- me dijo seriamente.

-¿Qué hay de mi hermana?- pregunté preocupado.

-Estamos seguros que está en Centro América junto con Kikyo y los hermanos Ivanovich, descubrimos una van negra cerca de Panamá, aunque había llovido logramos recuperar algunos rastros que indican que son ellos por lo que nos han facilitado la búsqueda, tenemos un perímetro en todo el país incluyendo Colombia y Costa Rica, no hay forma de que se nos escapen, ahorita mismo hay agentes buscando en todas partes- sentí un gran alivio al escuchar la buena noticia, tal vez no la habían encontrado pero las posibilidades eran cada vez más altas.

-De acuerdo- dije respirando profundo.

-Nos estamos hablando- con esto concluyó nuestra conversación.

Aome P.O.V

No podría decir cuanto tiempo había pasado, días, semanas, meses tal vez. Estaba perdida, ya no sabía que era real y que no, las paredes blancas a veces se pintaban de recuerdos por si solas, no tenía control sobre mi misma y me estaba volviendo loca, literalmente. Todos los días o cada rato, venía el doctor Petrovski, con él tenía sueños que en realidad eran recuerdos, recuerdos imaginarios para mi pero que sin embargo si habían sucedido. Ya no sabía quién era, un día era Aleksandria, el otro era Angélica y al siguiente era yo aunque ¿Quién era yo? era algo que me preguntaba sólo cuando era yo. Constantemente sufría de dolores de cabeza y taquicardia después de cada "sueño", a veces tenía ataques de pánico cuando "soñaba" algo que no me gustaba. No había salido de aquella habitación blanca en ningún momento o eso creía yo, la cuestión es que todo era blanco entonces no sabía nada, todo era infinito. Había recordado sin duda muchas memorias que no sabía que tenía, algunas buenas la mayoría muy malas. No me había dado cuenta de lo triste que era mi vida.

Petrovski entró a mi habitación de forma serena, con las manos en la espalda, se paró al nivel de mi cara y me miró a los ojos.

-Se van a mudar a otra habitación de acuerdo, en unos momentos entraran las enfermeras- por alguna razón luego de un tiempo comenzó a hablarme en plural algo que no le veía sentido pro bueno él estaba loco. Como lo había dicho entraron las enfermeras arrastrando mi camilla fuera de aquel cuarto blanco, ahora estaba en un lugar completamente desconocido, habían muchas ventanas de donde se podía ver un inmenso jardín con flores, el sol, unas mariposas volando, quería salir y correr por allí -¿Qué ves?- me preguntó el loco.

-Un jardín con flores y arbustos…hay sol…- tenía mis ojos pegados a las ventanas, en eso dimos un giró y se detuvieron.

-Este será tú nuevo cuarto- sentí miedo por un momento sin embargo cuando vi que abría la puerta y era completamente normal me relajé. Había una cama una mesa de noche, un escritorio y una ventana, soltaron mis muñecas que estaban un poco adoloridas por estar aprisionadas por tanto tiempo. Me sentaron en la cailla y me ayudaron a pararme y a caminar dentro del cuarto - Allí tienes un baño- señalo Petrovski a una puerta que no había visto antes - Aquí está tú ropa- señaló un armario al lado de la puerta de entrada -Y con eso me despido, nos vemos luego- Las enfermeras me dejaron allí en el medio de la habitación.

Las paredes eran beige y la cama tenía un cobertor azul. Caminé con dificultad hasta lo que era el baño y entré, una poceta, un lavamanos y una ducha pequeña, sin embargo no había espejos en cierta forma lo agradecí, tenía miedo de verme realmente. Me bañé lento sin pensar e hice lo mismo al vestirme, me dirigí al escritorio y vi un papel en blanco acompañado de un lápiz, inconscientemente me senté al momento que comenzaba a dibujar.

Tercera Persona P.O.V

En su oficina, muy acomodado en su silla se encontraba Petrovski escuchando las grabaciones de las sesiones con Aome, ya estaba justo en el estado que la necesitaba; aquel momento cuando dijo que veía por las ventanas un jardín supo que ya estaba lista. Las ventanas estaban en realidad selladas, cubiertas por una lámina blanca, Aome estaba alucinando. Alguien tocó su puerta y él lo invitó a pasar, era Naraku, inmediatamente el doctor se sonrió.

-Me alegra verte por aquí, justo iba a llamarte- informó el loco mientras el otro hombre se desplazaba por la habitación oscura.

-¿Cómo va todo? Hace dos semanas que la dejé aquí, espero escuchar buenas noticias- Naraku se sentó en la silla de cuero que soltó polvo al sentir su peso.

-De maravilla, ya está en el estado óptimo, de ahora en adelante todo será más fácil- Naraku asintió complacido.

-¿Cuánto tiempo más vas a necesitar? Es urgente obtener esa información- el doctor asintió entrecruzando sus dedos sobre el escritorio viéndolo fijamente.

-Hay algo que debe entender- comenzó muy profesional Petrovski -En ella no hay sólo otra, si no tres más, de las cuales sólo dos se manifiestan, la otra está escondida, no quiere salir hasta que la encuentren, concidérelo un juego, yo cuento y las voy encontrando, hasta ahora la tercera es la que ha ganado, tanto es así que no conoce su nombre. Aleksandria es como una niña, dulce, delicada y educada por lo que me ha contado es la personalidad que surge cuando está con usted es decir cuando hay algún evento o algún contrato. Angélica es atrevida, sexy y loca, fue creada debido al trabajito que le puso hace poco. Aome es la original, la que usted adoptó que aunque puede ser muy testaruda, terca y valiente creó a los personajes anteriores por el miedo…por no querer vivir lo que lo tocaba. Usted mismo hizo esto más difícil de lo que pudo ser, antes eran sólo dos, ahora hay cuatro- las palabras de Petrovski hicieron que Naraku se enojara, sobre todo en la parte en la que le echaba la culpa.

-¡Yo sólo trataba de encontrar lo que necesito! ¡No planeaba volverlo más complicado! ¡Todos los doctores anteriores no sirvieron tampoco!- aunque Naraku estaba sin duda muy agitado, el individuo que lo escuchaba estaba más que sereno.

-No le estoy echando la culpa señor Karshnikova simplemente le explicaba la situación. Puede contar de que encontraré lo que busca, en estos momentos las tres personalidades manifestantes se encuentran alteradas, con decir su nombre aparecerán sin embargo al no conocer el nombre de la cuarta o no saber nada de ella o él me es más difícil- Naraku respiró profundo y se levantó llegando hasta la puerta.

-Veré que puedo hacer- con esto el hombre despiadado se marchó dejando al otro entretenido con su grabación.


En una carretera de tierra se desplazaba una camioneta sucia, sus pasajeros iban con las ventanas abajo muertos del calor. En la maleta descansaba la chica castaña que aun tenía los ojos vendados.

-¡Qué calor!- se quejaba Jakotsu desde el asiento de copiloto mientras sacaba la cabeza por la ventana.

-¡Eso es culpa del idiota de tú hermano que daño el aire acondicionado!- exclamó la conductora que tenía las mejillas rojas y una camiseta.

-Lo siento, lo siento- se disculpó tontamente el más pequeño y feo de los cuatro secuestradores.

-Tus "Lo siento" no van a arreglar el aire- Bramó Kikyo molesta- Maldita sea- masculló.

-Creo que tenemos un problema- informó el tercer hermano.

-¿No me digas que quiere ir al baño otra vez?- se quejó Kikyo pero cuando vio por el retrovisor se dio cuenta de cuales eran sus problemas -Mierda- dijo apretando el volante al ver la caravana de autos que comenzaban a perseguirlos -¡Agárrense!- exclamó pisando el pedal a fondo cambiando las velocidades cuando era necesario.

-¡¿De dónde coño salieron?- gritó Jakotsu metiendo la cabeza de nuevo en el auto mientras veía hacia atrás.

-¡Deberías saberlo tú copiloto inútil!- le respondió con rudeza Kikyo. Mientras en la parte de atrás Sango escuchaba cómo los otros peleaban al mismo tiempo que su corazón palpitaba más y más fuerte, sin importarle nada comenzó a frotar su rostro en el suelo alfombrado para poder bajar el pañuelo que cubría sus ojos aunque se le hacia cada vez más difícil ya que el carro rebotaba demasiado -¡Usen las armas joder!- gritó Kikyo desesperada, los tres hicieron caso y asomados por la ventana comenzaron el tiroteo haciendo que unos cuantos chocaran -Vamos- mascullaba para si la conductora viendo frenéticamente por el retrovisor.

Sango había logrado despojarse de aquel pañuelo, vio como sus manos y tobillos estaban amarrados con unas cuerdas gruesas, se arrodilló viendo por la ventana trasera la feria de carros que se les venía encima, los tiros iban y venían. ahí en la maleta buscó entonces algo filoso con lo que pudiese cortar las cuerdas sin embargo no había nada, en eso un saltó súbito hizo que pegara la cabeza del techo acostándola de nuevo, algunas cosas cayeron sobre ella.

-¡¿Qué demonios te pasa? ¡¿Nos quieres matar?- se quejó Jakotsu.

-¡Había una piedra! ¡No me grites y dispara inútil!- en ese ir y venir de gritos Sango había encontrado un yesquero, no sabía de donde había salido pero lo tomó sin dudar, luego de numerosos intentos logró encenderlo quemando poco a poco las cuerdas de sus muñecas, en un movimiento brusco se quemó una de ellas pero superficialmente, una vez que tuvo las manos libres ignoró el dolor en su muñeca izquierda y comenzó a quemar las de sus tobillos, libre se acercó lentamente al asiento trasero en donde estaban los dos hermanos disparando, el sonido de un helicóptero se hizo presente alterando aun más a los secuestradores -¡Maldición!- gritó Kikyo. Los carros se acercaban más y más rodeándolos poco a poco.

Sango notó que entre el asiento trasero y la maleta había un hueco, con cuidado metió la mano y se encontró con un palo de acero, de esos que se utilizan para quitar los rines de los cauchos, estaba tan caliente que la quemaba pero no le importó, tomó impulso y con toda la fuerza que tenía golpeó el cristal trasero agachándose en caso de que se rompiera completamente, los otros pasajeros se exaltaron ante el súbito golpe y sonido. Todos miraron para atrás y vieron que la chica se había liberado automáticamente los dos hermanos del asiento trasero le apuntaron.

-¡No la maten idiotas! ¡Sigan disparando!- indicó Kikyo y ellos hicieron caso. Ella aprovechó la oportunidad para seguir golpeando hasta que el cristal se rompió, se cubrió el rostro por los cristales que cayeron.

-¡Mi ojo!- se quejó Mukotsu soltando el arma por la ventana.

-¡El arma estúpido!- reclamó Kikyo a todo pulmón.

-¡Me entró un cristal en el ojo! ¡Maldita niña!- exclamó el hombre pequeño pero antes de que pudiese hacer algo iban en picada.

-¡Agarrense!- gritó Kikyo una vez más mientras todos gritaban. Bajaban a toda velocidad por un barranco, el volante peleaba salvaje bajo sus manos. Sango se agarró del borde del cristal roto clavándose los restos de vidrio, frente a ella una nube de tierra le hacia imposible ver el suelo sin embargo decidió arriesgarse, los otros estaban muy preocupados por sus vidas. Contó hasta tres y se lanzó por la ventana golpeando el suelo con su costado dislocándose inmediatamente el hombro, se quejó de dolor pero logró mantenerse. Le ardía mucho su lado derecho y con razón estaba completamente aporreada, como pudo se levantó y comenzó a caminar cuesta arriba sin ver al auto del cual había saltado.

-Alcon 127, comando, el objetivo saltó del vehículo, repito, Alcon 127, el objetivo saltó del vehículo- informó un hombre desde el helicóptero.

Ya todo estaría bien