Aquí está lento pero seguro, un poco corto pero sustancioso, disculpen mi ausencia pronto tendré algunos dias libres y espero escribir en ellos. Gracias Alex-WindFly y Ahome Hinata por sus reviews si los lei pero no puedo responderles pq no sale el link jiji también gracias a todas que agregaron la historia y a mi como favorito 3. Besitos chicas nos leemos pronto, xoxo V
Tercera Persona P.O.V
Por los pasillos blancos acompañados del suelo laminado corrían desenfrenados los enfermeros perseguidos por el doctor y su ayudante, las ruedas de la camilla en donde habían logrado amordazar a la chica rechinaban en cada curva, los gritos que salían de su garganta hacían un eco rotundo estremeciendo todo, las lagrimas salían como cascadas mientras su cuerpo jugaba a ser acróbata. Con la mayor eficiencia que pudieron metieron a la chica en el cuarto donde había pasado anteriormente un buen tiempo, Petrovski indicó que le dejaran solo con la paciente pero que lo esperaran afuera, que buscaran sedantes y todo lo necesario en caso de que la situación se saliera de control. Al cerrar la puerta observó como Aome trataba de taparse la cara en intentos fallidos ya que sus muñecas y tobillos estaban bien apretados en los barandales de la camilla a cada lado de su cuerpo. Miraba a todas partes como si huyera de algo, sollozaba desesperada.
-¿Dime qué te asusta?- preguntó firmemente el doctor acercándose para tratar de detener el movimiento brusco de su cabeza que iba de un lado a otro como un parabrisas en plena tormenta.
-¡La niña!- gritó como pudo con los ojos cerrados.
-¿Qué niña? ¿Cómo es? ¿Conoces su nombre?- Petrovski con sus huesudas y frías manos aquietaba con dificultad el retorcimiento de la muchacha, sus palmas se llenaban de lágrimas y por primera vez en su trayectoria profesional sintió desesperación.
-¡Ahí está en la esquina! ¡Negro, cabello negro, una cola, ojos grises! ¡NO! ¡NO TE ACERQUES! ¡ANNA! ¡NO! ¡AH!- gritó desgarradamente la chica arqueando su espalda en un semicírculo perfecto, su piernas se contrajeron lo más que pudieron y sus ojos se tornaron blancos, el doctor ante la fuerza súbita de la muchacha salió disparado contra la pared golpeando fuertemente el piso, dos segundos pasaron antes de que la joven se desplomara sobre la camilla con los ojos cerrados. Con dificultad el doctor se levantó del suelo angustiado se acercó a su rostro colocando dos dedos en la yugular encontrando que su pulso era casi imperceptible al igual que su respiración, corriendo abrió la puerta dando la llamada de emergencia, de inmediato movieron la camilla fuera del lugar y la trasladaron al salón de operaciones en donde aplicarían nada más y nada menos que el electro shock.
Con agilidad cambiaron a la muchacha a una camilla más grande que estaba rodeada de aparatos y sobre ella se encontraba un inmenso foco de luz. De un tirón rasgaron su camisa dejando su pecho desgastado al descubierto, no se podía presenciar el acostumbrado va y ven de la caja torácica en el acto de la respiración, se estaba tornando más pálida y el tiempo estaba corriendo. Conectaron los parches necesarios que servirían como puente a el monitor indicador del pulso cardíaco, el cual era apenas perceptible, pequeñas ondas verdes se dibujaban en el fondo negro.
-¡Despejen!- indicó el encargado de los aparatos de forma circular, los colocó sobre el pecho de la niña aplicando la descarga haciendo que su torso se levantara unos centímetros. El hombre apartó las dos esferas y prosiguió a realizar la misma acción repetidas veces.
PIIIIIIII…
Se escuchó en la habitación, una línea recta dibujada en el monitor.
-¡Señor no está funcionando!- exaltó desesperado el asistente, Petrovski harto de la ineficiencia le arrebató las esferas colocándoselas en las manos las frotó rápidamente mientras decía.
-¡Súbele la carga al máximo!- Minka que se encargaba de aquello abrió los ojos como platos.
-¡Pero doctor es muy peligroso!- replicó la gordita.
-¡Obedece ya no hay nada que perder!- sin más que hacer la mujer rodó el círculo que aumentaba la carga, cerró los ojos mientras apartaba el rostro, los demás veían asustados -¡Vuelve!- gritó a la chica Petrovski mientras reposaba con firmeza las esferas que hicieron que su delicado cuerpo se estremeciera, la energía era tal que quemó levemente la piel de la muchacha dejando dos medias lunas cerca de su clavícula. Sudado el doctor se apartó de la chica dejando que el cuerpo se desplomara de nuevo en la camilla, miró al igual que los demás en la habitación, al monitor que dibujaba la misma línea recta sin cambio alguno acompañada del pito insoportable -Maldita sea ¡De nuevo!- estaba tan cerca de descubrirlo, de saber aquel secreto, no podía morir ahora -¡Uno, dos, tres!-
-¡Espere!- lo detuvo Minka tomando sus muñecas, él la miró molesto con los ojos desorbitados pero de inmediato siguió su mirada que apuntaba al monitor, pequeñas ondas nacían de nuevo en aquella línea -Está viva…no la mate- respirando todos de nuevo apagaron el electro shock y movieron a la chica otro cuarto, uno más acogedor. La vistieron, la peinaron y la dejaron en el lugar, la chica reposaba tranquilamente, en paz.
Por otra parte Petrovski se había internado en su oficina escribiendo lo sucedido, pero resaltando ante todo el nombre que gritó la joven: Anna. Esa debía ser la personalidad que faltaba, una niña de nombre Anna que tenía el cabello negro y los ojos grises. Lo que quedaba era despertarla de nuevo tanto a Aome como a la nueva identidad. El doctor comenzó a pensar en maneras de como hacer que apareciera pero ninguna le parecía adecuada. La tal Anna había aparecido luego de estar encerrada por tanto tiempo, Anna sintió que era sabio salir, sin embargo era extraño porque la niña aparecía como una ilusión para Aome, es decir, sólo la podía ver ella y le causaba miedo…tal vez Anna no era una personalidad…tal vez Anna era un pensamiento o recuerdo sembrado y por ello la chica se sentía amenazada ante ella…la verdad podía ser muchas posibilidades, sólo quedaba despertar a la niña y llamar al padre.
Semanas atrás
-Se abre la sesión- exclama dentro del gran salón un hombre de tez oscura y perlada. La voz grave del policía hizo que los cristales de las ventanas retumbaran mientras la piel de los espectadores se erizaba. El abrir de una puerta indicó a los presentes el momento de levantarse para recibir al juez, que de antemano sabían, sentenciaría una injusticia. Al podium caminó con pies pesados un hombre de cara severa con ojos enmarcados por dos cristales, el cabello rubio se escondía entre las crecientes canas mientras la piel manchada por el sol daba a entender su sabiduría. Frente a la supuesta deidad se encontraban cuatro individuos divididos dos en cada mesa, el acusado y el acusador.
¡PAM!
Resonó el martillo del juez sobre el taco de madera desgastado, a continuación todos tomaron asiento. La habitación de madera con olor a tristeza constaba de un total de treinta butacas largas en donde estaban los espectadores. En la esquina de la cuarta fila hacia el lado del acusado estaba la familia del susodicho, su madre con un pañuelo en la mano, el padre con la mirada fija y la mandíbula apretada junto con el hermano mayor que imitaba a su progenitor. Mientras se sentaba, el acusado se giró a verlos buscando tranquilizarlos sabía que estaban angustiados. El muchacho de mirada ambarina volvió su atención al frente del salón al mismo tiempo que respiraba hondo dándose ánimos.
-Veamos, ¿Qué tenemos aquí?- habló por primera vez el juez desde que había entrado tan prepotentemente -El señor Inuyasha Taisho es acusado de posesión ilegal de armas, rapto de un menor de edad, estafa y fraude por el señor Naraku Karshnikova que ha presentado evidencia factible ante los cargos previos- con la sangre hirviendo Inuyasha apretó las manos en sus muslos sintiendo un poco de dolor en su lado delicado, estaba sanado pero le dolía un poco cuando empleaba mucha fuerza como acababa de hacer -Tal y como se nos demuestra en estas imágenes- en la pared que estaba en las espaldas del juez se proyectaron entonces una serie de imágenes que ponían a Taisho en una situación bastante comprometedora. El jurado veía atento cada fotografía en donde se apreciaba el historial de la búsqueda de datos en las computadoras nacionales, las armas encontradas en su casa para las cuales "no tenía licencia", su falsa muerte, entre otras que dejaban mucho a la imaginación. Una de las diapositivas mostró entonces lo más espinoso, él y Aome, pero claro todas las imágenes eran del punto de vista del acusador haciendo quedar mal al joven inocente. Al terminar la proyección el jurado se miraba entre si escribiendo en el papel que tenían en sus manos. El abogado de Naraku se levantó pidiendo permiso para hablar el cual fue otorgado.
-Buenas tardes su señoría- hizo una pausa mientras hacia una reverencia - Jurado- refiriéndose a las personas a su derecha imitando el gesto anterior -Como verán mi cliente está en su pleno derecho de acusar a el señor Taisho de dichas patrañerias, pero lo que realmente movió a mi cliente fue el hecho de que la joven que vieron hace unos momentos es nada más y nada menos que su hija que tiene diecisiete años a penas, si, puede estar cerca de la mayoría de edad pero debemos tomar en cuenta de que sigue siendo una niña. Quisiera que el señor Taisho pasara al estrado para hacerle algunas preguntas- El juez otorgó el permiso haciendo que Inuyasha se parara caminando hasta la silla amplia de madera que estaba entre el jurado y el juez sobre una tarima, el joven acusado observó a su familia y luego a su abogado para sentirse más seguro. Como si de un bombardeo se tratara, Bankotsu, abogado de Naraku, comenzó a atacar a Inuyasha con preguntas a las cuales el acusado respondía con dificultad sin embargo esa era la idea, alimentar el ego de sus contrincantes para que creyeran que estaba indefenso. Miroku, disfrazado por su puesto, actuaba como abogado, como uno muy malo la verdad. Se llamó al receso en donde el jurado junto con el juez decidiría la sentencia, los Taisho reunidos todos en una banco fuera de la puerta se daban palabras de aliento fingiendo estar angustiados. Al cabo de media hora volvieron a entrar al salón en donde recibieron la grata noticia.
-Inuyasha Taisho es declarado culpable con una sentencia a cumplir de quince años de cárcel- De inmediato comenzó el acto, la madre comenzó a llorar desconsolada en los brazos de su marido que la abrazó a su vez con fuerza mirando a su hijo para darle ánimos, el hermano del acusado se levantó molesto golpeando el banco al tiempo que se iba, dos guardias de tamaño colosal se acercaron a Inuyasha agarrándolo sin compasión, el susodicho se contorsionaba bajo el agarre de los policías gritando a todo pulmón su inocencia, su abogado trataba de tranquilizarlo, el jurado huía como ratas fuera del salón, el juez se fue campante y sólo quedaban los dos socios.
-Me alegra que hayas entendido tú posición- murmuró Naraku sin embargo la máscara de abogado seguro y atacante había desvanecido, Bankotsu simplemente asintió recogiendo los papeles que estaban sobre la mesa -Quiero que lo mantengas en la mira de todas formas- con esto el ruso salió de la habitación viendo con asco a los Taisho que hablaban con el abogado de su hijo al cual se habían llevado. El hombre de ojos diamante vio como su compañero y jefe salía sin decir algo más, los últimos días habían sido difíciles.
Flash Back
-¡Te he dicho que no joder!- gritó aturdido el hombre de ojos rubí mientras ponía con firmeza su vaso de güisqui sobre su escritorio de una sola sentada -¡No puedes ir a verla! ¡Nadie puede verla! ¡Sólo yo! ¿¡Cuántas veces te lo tendré que decir!- harto Naraku pasó sus manos por su rostro deseando controlarse para no golpear a su socio.
-¡¿Pero por qué no? ¿Qué le están haciendo que no puedo ver o saber? ¡¿Qué pasa si le hacen daño?- gritó en respuesta Bankotsu que estaba desesperado, era la sexta vez en tres días que visitaba la oficina de su compañero.
-¿De cuándo acá te preocupa la niña? No recuerdo el mismo interés en Musso. No puedes verla y punto. En unos días es la audiencia y te agradezco que hagas lo mismo que hace años si no ya tengo quien te remplace- en ese momento hubo un silencio rotundo, tenso y filoso como una navaja. Bankotsu quiso gritar en ese momento que lo reemplazara, que así sería mejor, sin embargo su razón actuó antes que sus impulsos; si renunciaba a estar involucrado sabría menos de la chica y la verdad no quería que ella terminara igual que el otro muchacho.
-De acuerdo…- murmuró luego de un buen rato de verse intensamente a los ojos.
-Te estaré vigilando…a la primera ya sabes lo que te espera- sin más Bankotsu se encaminó fuera de la oficina -Por cierto- aquello hizo que éste se detuviera -Tus hermanos y la cómplice fueron capturados por el gobierno, ¿Quieres que los saque o prefieres hacerlo tú mismo?- el cambio repentino de conversación y trato abrumo al pelinegro.
-Has lo que quieras- de un aventón cerró la puerta.
Fin Flash Back
Naraku le impedía ver a Aome, aunque sabía en donde estaba tenía rotundamente prohibido acercarse a ella, sólo su "padre" podría hacerlo. Bankotsu se giró con su maletín en manos y vio a la familia del acusado, a decir verdad no sentía rabia, no estaba molesto, simplemente los miró con ojos vacíos, últimamente pensaba mucho en el daño que había hecho y en el que estaba haciendo, por alguna razón lo único que quería hacer era tener de nuevo a Aome con él y esta vez hacer las cosas bien…todo estaba mal. En un impulso inconsciente caminó hasta el abogado contrincante que recogía sus cosas.
-Señor Hunter…- murmuró el pelinegro, el aludido subió la mirada para encontrarse con la persona que menos esperaba -Yo…sólo quiero decir…mis más solemnes disculpas…usted y yo sabemos que él no es culpable…- con esto Bankotsu se despidió dejando anonadado a Miroku, sin embargo su mente comenzó a maquinar ¿Estaría Bankotsu revelandose ante Naraku o sería una trampa? ¿Podría cooperar con sus planes o arruinarlos?.
