Buenas Buenas! Me disculpo por mi ausencia pero aquí estamos con estas minivacaciones logré despejar mi mente y escribir un poco, estaba en la playa y ya tengo lo que resta listo, para todas las que tenían curiosidad en saber cuantos capítulos faltan pues sepan que quedan 4, si ya esto está por llegar al final pero no se preocupen que ya tengo otra historia en mente. Muchas gracias por sus reviews siempre que los leo me impulsan a seguir escribiendo, a todas las que tienen en alerta la historia y como favorita. Chicas las quiero y espero poder actualizar pronto. XOXO V.
Espero que les guste :3
PS: Hay una que otra escena fuerte pero nada muy exagerado.
Tercera Persona P.O.V
Blanco. Todo era blanco e infinito, no había principio ni fin… en un punto de la inmensidad estaba aquel magullado cuerpo.
Dolor.
Frío.
Soledad.
Eso sentía en ese momento la anatomía tendida en la superficie, no estaba consciente de lo que sucedía, un ardor en el el delicado pecho le molestaba, el frío que la rodeaba congelaba cada poro de ella y el silencio formaba una soledad aplastante. Poco a poco cada sentido de su cuerpo comenzó a activarse lentamente como si de una ola se tratara,la chica estaba acostada de lado sobre lo que se suponía era el suelo, no había piso o paredes, solo blanco. Con torpeza la muchacha se sentó mirando a su al rededor buscando algo móvil o con vida pero estaba completamente sola. Entonces surgió una pregunta en la mente de la pelinegra…¿Quién soy?…No tenía idea de quien era…Un nombre…no lo sabía…no sabía su nombre… a decir verdad no tenía idea de lo que era si quiera. Entonces ella se dio cuenta de que no tenía ni una prenda de ropa sin embargo no me sentía descubierta, todo lo contrario era como si estar así fuese lo mas natural del mundo, al no saber nada para ella no había algo que fuese incorrecto en aquel momento, era como Adan y Eva antes de que comieran la dichosa manzana del árbol prohibido, era completamente inocente como un niño. Con curiosidad los ojos chocolate comenzaron a inspeccionar cada centímetro de su cuerpo la piel parecía porcelana mientras que las puntas de los dedos parecían rosetones, apenas y tenia vello en los brazos o en cualquier lugar de mi cuerpo, todo era nuevo. Luego de ver con detalle cada parte de su cuerpo de alguna manera logró levantarse teniendo dificultad al momento de mantenerse en ambos pies, su equilibro era el de un bebé que aprendía a caminar. Tontamente dio algunos pasos buscando balance con sus brazos, pronto caminaba tranquilamente a lo largo de aquel lugar infinito. No había sonido, no habían aromas, no había algo que ver, estaba literalmente en la nada pero ella no sabía eso, ella no sabía nada.
Al cabo de ciento cincuenta pasos vio a alguien por primera vez, alguien mas bajo que ella que tenía la piel del mismo tono al igual que el cabello que estaba recogido en una cola. Esa persona de poca altura le daba la espalda como si no se hubiese percatado de la presencia de ella, llevaba un vestido color mostaza que caía hasta las rodillas con unas botas extrañas y puntiagudas de tono selva. Sin miedo y sólo curiosidad la muchacha desnuda caminó hasta aquella persona quedando a solo centímetros.
-¿Quién eres?- preguntó la más alta entretenida con el propio sonido de su voz que era una melodía suave, no fue si no luego de unos segundos que la persona frente a ella se giró a verla penetrando directamente sus ojos.
-La pregunta es ¿Quién eres tú?- respondió la niña señalando a la chica.
-¿Yo?- preguntó en un susurró la pelinegra posando su mano sobre su pecho -¿Quién soy yo?- cuestionó a la pequeña.
-Eso es algo que sólo tú puedes saber- la niña comenzó a caminar alejándose sin decir más. Sin saber que hacer la mayor la siguió, no tenía nada que perder.
-¿A dónde vas?- dijo la chica alcanzando a su compañía luego de unos pasos.
-¿Ves algún lugar?- la voz de la pequeña era aguda pero suave al mismo tiempo.
-No-
-Exactamente- la chica no entendió lo cual la confundió más de lo que estaba, siguieron caminando en silencio sin destino definido hasta que la niña se giró a verla -Deberías usar ropa, no puedes andar desnuda por ahi-
-Pero no hay ropa y ¿Por qué no se puede andar sin ropa?- definitivamente parecía un bebé. En completo silencio la niña dejo de caminar tomando por sorpresa a la chica que la perseguía sin decir nada cerró sus ojos y de pronto unas telas cubrieron la desnudez de la muchacha, un vestido blanco hasta la rodilla, nada muy elaborado -¿De dónde salió esto?- preguntó sorprendida la chica sintiendo las texturas de la tela sobre su cuerpo había olvidado como se sentía el algodón sobre su piel, poco a poco recordaba cosas, como caminar, que debía usar ropa, etc.
-Un recuerdo- suspiró la pequeña al tiempo que volvía a girarse -Ven- le indicó estirando su mano para que la chica frente a ella la tomara -Quiero que veas algo- sin dudarlo la mayor tomó la mano de la chiquilla dejándose guiar -Así podrás entender todo- En silencio caminaron sin rumbo específico.
-¿En dónde estamos?- preguntó la chica viendo que todo seguía igual de blanco.
-En tú mente- la mayor frunció el ceño sin entender -Ahora se podría decir que estás durmiendo- Sueño…esa palabra cruzó su pensamiento.
-¿Es decir que esto es un sueño?-
-Se podría decir que si- más tranquila la pelinegra siguió caminando tomada de la mano con la chiquilla.
-¿Cómo te llamas?- preguntó serenamente la mayor.
-Anna- Al escuchar aquel nombre la chica de ojos chocolates sintió un escalofrío escabullirse por su espalda pero no prestó mayor atención a ello la niña era muy amable con ella para tenerle miedo.
-Es un lindo nombre…oye…¿Sabes cómo me llamo?- con un tono de pena la chica se sonrojó al preguntar su nombre.
-Si, tú eres Aome- de la nada apareció una puerta frente a ellas, era grande y de madera color caoba con un pomo blanco -¿Quieres entrar?- Aome se quedó viendo la puerta por un momento cuando sintió como si algo la estuviese llamando, una fuerza invisible la arrastraba lentamente, sin decir nada la pelinegra asintió dejándose guiar por su acompañante. Anna con su mano diminuta giró el pomo de la puerta abriéndola para dejarle el camino libre a Aome -Adelante- un poco ausente la pelinegra caminó lentamente sin saber que esperar realmente, estaba descalza por lo que sintió un cambio de temperatura, de tibio a frío, detrás de la puerta hacia bastante frío.
-Anna, ¿Qué es esto?- la chica rompió el silencio.
-Tú mente- respondió simplemente la pequeña
-¿Pero eso no es afuera?- Anna suspiró.
-También, tú mente tiene diferentes puertas detrás de esas puertas hay diferentes recuerdos en este caso están los de Aleksandria- Aome se quedó callada por un momento.
-¿Quién es ella?- cada vez se confundía más.
-Una de tus personalidades- Las palabras de la pequeña no tenían sentido alguno para ella, ¿Por qué la confundía tanto? En fin, antes de que pudiese preguntar o abrir la boca el lugar de donde estaban se convirtió en un cuarto, que al tomar en cuenta los accesorios era de más decir que pertenecía a una niña, todo era color rosa pastel o lila, una casa de muñecas de un metro, una cama con cabecera de hierro blanco con flores que adornaban, un edredón estampado cubría al colchón, en el tope de éste se encontraban almohadas y cojines acompañados de peluches que adornaban, la luz provenía de un costado de la habitación, una ventana inmensa enmarcada con cortinas de tul que tenía mariposas decorativas en ellas, el suelo era de madera y las paredes estaban cubiertas en papel tapiz.
Sobre la madera en la esquina del cuarto estaban las dos muchachas una al lado de la otra, frente a ellas un armario de estilo antiguo de color blanco, de pronto como un huracán entró por la puerta una mujer vieja de cabellos blancos amarrados en una cola comenzó a buscar algo, sin embargo pareció no notar la presencia de las intrusas.
-¿Qué busca? ¿No puede vernos?- preguntó alterada sin reconocer a su nana, de pronto de sintió muy alegre de verla, tenía ganas de correr y abrazarla pero no estaba segura si podría y no sabía el porqué de su deseo.
-No, ella no puede vernos ni escucharnos, estos son los recuerdos de Aleksandria, nosotras simplemente vemos, ella nos ha dejado pasar- aclaró la niña viendo la escena ante sus ojos, como de pronto una pequeña parecida a ella salía del armario luego de ser encontrada. Siguieron a la anciana y a la niña fuera de la habitacion, vieron como ella corría como un rayo a abrazar a un hombre que llegaba a la casa en donde estaban, de pelo negro y ojos rojos.
-¿Quién es él?- murmuró de nuevo la pelinegra que había incrustado los ojos en el rostro de dicha persona mientras alzaba en el aire a la pequeña, el sentimiento de repulsión naciente en su vientre se acresentaba, recordaba odiarlo pero no tenía certeza de porqué, no entendía como la chiquilla que se reía en sus brazos estaba relacionada con ella...ahora que la detallaba esa niña era ella o se parecía bastante -¿Esa soy yo...?- preguntó esperando recibir un no, aunque estaba confundida y no sabía bien quien era.
-Es una de tus tres tú como dije antes- el rostro de la más alta se volvió una pasa -Verás en principio eres Aome pero luego de que te sucedieran cosas muy malas tu mente fue creando personajes alternativos para que así no vivieses los momentos que no quisieras, sin embargo no está en tú potestad elegirlos, tus personalidades aparecen cuando quieren, sin avisarte. La niña que ves eres tú físicamente pero mentalmente es Aleksandria, éste fue el día en que nació por así decirlo, el día en que no querías ver a tu padre, ella surgió- la escena que pasaba ante sus ojos era bastante cálida si no se tuviera en cuenta las verdades detrás de cada acto.
-¿Y…Quién es él?- preguntó la pelinegra observando al niño que aparecía de pronto a las espaldas de su padre.
-El…es alguien como tú…un experimento…un almacén- antes de que Aome pudiese preguntar algo el piso en donde estaban y el ambiente que las rodeaba dio un giró de trescientos sesenta grados dejandolas mareadas. De pronto aparecieron en lo que parecía ser una biblioteca, Aleksandria y el niño que vieron antes estaban sentados uno al lado del otro en un sofá frente a la chimenea que se encontraba en la habitación. Sobre las piernas de ambos reposaba un libro inmenso y antiguo el cual hojeaban sonrientes, por la ventana se veía la nieve caer, al parecer era invierno.
-Musso…¿Por qué tienes que irte?- preguntó la pelinegra con semblante triste.
-Y-yo…no lo sé…papá dice que es indispensable que vaya- respondió el niño de cabello café y ojos claros.
-¿Y si voy contigo? No quiero estar sola…tú eres mi mejor amigo…- la mano nívea de la pequeña se posó sobre la mano de su hermano viéndolo a los ojos.
-Alek, sabes que no puedes venir por alguna razón…yo tampoco quiero estar solo pero como somos hermanos y mejores amigos siempre estaremos juntos, aquí- el chiquillo movió su mano al pecho de su compañera tocando su corazón, de inmediato las lágrimas comenzaron a formarse en los ojos de la pequeña -No llores, hermanos por siempre ¿Recuerdas?- susurró el arropando a Aleksandria entre sus brazos que se estremecían por los sollozos ahogados.
-¿A dónde tiene que ir?- preguntó Aome sintiendo una punzada en su pecho, aquella escena la entristecía enormemente. Una vez más sin avisar su entorno giró trescientos sesenta grados dejándolas ahora en el techo de una habitación viendo todo desde arriba. En aquel lugar estaban Naraku, Bankotsu y el chico mientras que Aleksandria escuchaba por un hueco en la pared.
-¿Y dime…encontraste algo? ¿Sentiste algo?- preguntó Naraku amenazadoramente, el niño simplemente negó con la cabeza -Ya veo…los resultados llegaron- de inmediato el chico subió el rostro con angustia dibujada en cada centímetro de este -Al parecer hubo un mal entendido contigo…no tienes por qué estar aquí así que podrás irte…Bankotsu- de inmediato su colega de ojos brillantes puso una de sus pesadas manos sobre el hombro delgado del chico mientras Naraku se giraba en su silla para encender un cigarro.
-¿Puedo despedirme de Aleksandria?- preguntó el chico antes de salir por la puerta guiado por aquel hombre alto.
-No- sin más Bankotsu lo sacó de la habitación guiándolo por el pasillo, Aleksandria angustiada por no ver a su hermano de nuevo corrió como pudo sin hacer ruido para seguirlos. LLegaron a la puerta de entrada en donde los esperaba un carro negro, metieron al niño y como los fantasmas desaparecieron, todo volvió a girar regresando a el despacho de Naraku que golpeaba con fuerza el escritorio -¡¿Cómo que no pudo?- exclamó a los cuatro vientos.
-¡No pudo! ¡¿Qué esperas?- le gritó de vuelta su colega.
-¡Que hiciera el maldito trabajo! ¡Nunca le tiembla el pulso y de pronto es un pan de Dios! ¿A quién engaña?- replicó Naraku llevandose los dedos al puente de la nariz mintras el cigarro que reposaba en ellos se quemaba lentamente.
-Hazlo tú si eres tan macho, adelante- ante el reto de su colega, el hombre de ojos sangre subió la mirada perforando a su amigo.
-Esto era tú responsabilidad, son tus hombres, no pienso manchar mis manos por algo que no es mío, así que vas a ir y vas a hacer lo que tienes que hace de acuerdo- comandó severamente Naraku.
-Tú estas mas metido en esto que yo aunque no lo creas así que bien lo haré pero vendrás conmigo y estarás presente- dijo amenazador el pelinegro.
-Bien no tengo problema, simplemente quiero al niño fuera del mapa de lo contrario puede causarnos serios problemas, ha visto demasiado- su entorno giró de nuevo llegando a un bosque bañado en nieve en el cual había una pequeña cabaña de madera, en una de las ventanas se encontraba asomada Aleksandria parecía un buñuelo por la cantidad de abrigos que llevaba encima, con cuidado de no ser vista espiaba por la ventana. Aome y Anna estaban paradas al lado de la niña viendo lo que sucedía dentro de la pequeña cabina.
En una silla desgastada estaba sentado el niño de cabello castaño y ojos claros los cuales estaban cubiertos con un trapo, sus manos amarradas tras el espaldar al igual que sus tobillos a las patas delanteras de las sillas, el niño temblaba levemente y unas cuantas gotas saladas bajaban por sus mejillas -Adelante- se escuchó la voz grave y fría del pelinegro, a su lado Bankotsu llevaba un arma en las manos, un revolver nada muy sofisticado. Dudoso el aludido levantó el arma con el pulso de un anciano -Estamos perdiendo el tiempo…- indicó Naraku mientras veía su reloj al cabo de un rato de que su compañero no hiciera nada - Siempre quieres hacerte cargo de tus cosas pero esta vez no Bankotsu…¿Tienes miedo- típica manipulación - Apuesto que eres tan cobarde que siempre mandas a alguien más para que arregle tus asuntos…- las frases iban envenenando poco a poco la mente del pelinegro que sostenía el arma apuntando al chico -El chico es un error, los errores hay que arreglarlos, eliminarlos si es necesario- harto ya sin tener control de si mismo y con lágrimas en los ojos el hombre armado disparó dando al blanco para su desgracia, Aome abrió los ojos como platos estremeciendonce por el súbito sonido y por lo que acababa de ver, Aleksandria se mordía la mano para no gritar mientras las lágrimas corrían desesperadas por sus mejillas, Anna ni se había inmutado. Un nuevo giró las traslado fuera de la habitación de regreso al infinito blanco.
-¿Q-qué fue eso…? ¿Por qué…?- las palabras salían sin sentido alguno de la boca de Aome, no entendía que sucedía.
-Aleksandria te estaba mostrando algo que debías saber- Aun aturdida por lo que acababa de presenciar Anna le ofreció su mano calmándola poco a poco, una vez que la chica recuperó el ritmo acompasado de su corazón y respiración miró a la niña.
-¿Yo…vivi eso?- preguntó la chica sabia la respuesta pero por alguna tonta razon queria asegurarse.
-Si...yo tambien las vivi de cierto modo, yo estoy y he estado presente en cada uno de tus recuerdos- antes de que Aome pudiese preguntar como era aquello posible aparecio otra puerta frente a ellas esta vez negra y brillante como si tuviese escarcha pegada.
-¿Son estos mis recuerdos?- preguntó no muy convencida la chica por el estilo de la puerta.
-No, son los de Angélica. Ella también a decidido mostrarse- Aome dudo por unos momentos no estaba segura si estaba lista para otra escena de muerte o algo parecido sin embargo le parecía una falta de respeto no entrar ya que la dueña se ofrecía, a demas de esta manera ella podría poco a poco recordar quien era. Sin decir nada asintió para si y esta vez fue ella quien abrió la puerta, igual que antes entró agarrada de la mano con Anna. Se repetía el mismo escenario estaba todo negro y al cabo de unos cuantos segundos el entorno se tiño lentamente de luces de colores, el aroma a cigarrillo y alcohol inundo sus narices asfixiandolas un poco, la música hacia vibrar el suelo y de pronto se encontraron en un club paradas justo al lado del escenario circular que se encontraba en medio del lugar. Del suelo y sin avisar apareció una mujer con una melena roja envuelta en un atuendo de lentejuelas negras que realzaban su palidez, sus ojos grandes y brillantes resaltaban gracias a la sombra negra y su boca era tan roja como el carmesí. La audiencia aplaudió ante la aparición de la mujer que muy elegante caminó hasta el micrófono frente a ella.
-Muy buenas noches queridos amigos, como siempre estaremos brindando sus espectaculos favoritos con sus chicas preferidas, sin embargo hoy tenemos un evento especial...- el sonido de unos tambores resonando hicieron que lo que estaba a punto de decir fuera mas interesante creando tensión en la audiencia- Hoy presentaremos a UN NUEVO ANGEL- todos reaccionaron sorprendidos por alguna razon - Así es señores veran lo especial e inocente de esta chica luego de nuestro acostumbrado acto así que no se vayan, no querran perderse a la dulce Angélica- todos aplaudieron.
El acto prometido comenzó y justo al terminar volvió a aparecer aquella mujer que parecía ser la anfitriona de la noche -Bueno como hemos prometido presentaremos a nuestra querida Angélica, pero no de cualquier manera...estén atentos puede aparecer en cualquier momento- las luces que iluminaban a la mujer se apagaron y las de colores que animaban el lugar se volvieron oscuras de pronto un foco de luz apuntó un lugar en el escenario pero no había nadie, pasó lo mismo en diferentes lugares hasta que de pronto apuntaron al techo y allí estaba la chica, meciendose en un columpio con un atuendo extravagante y provocativo, la melena suelta hasta la cintura, su piel brillaba con escarcha, en su espalda unas alas sinteticas daban la ilusion de que la chica era realmente un ángel aunque sólo con su belleza podía hacer creer a cualquiera. Acrobáticamente la chica bajó del columpio haciendo piruetas y estiramientos compañada de música, aunque tuviese un cuerpo muy bien desarrollado tenía ese aire de niña lo cual la hacia más deseable ante el ojo masculino. Al llegar al escenario fue recibida por la anfitriona y los aplausos de los espectadores, sin darse cuenta Aome había caminado hasta frente el escenario arrastrando a Anna consigo -Y aqui la tienen, la tierna e inocente Angelica- la chica simplemente sonreía -¿Quién de ustedes caballeros será el afortunado de estar por primera vez con este dulce ángel? Bien pues ya saben que hacer- El giro de 360 grados volvio a tomarlas por sorpresa llevandolas a un pasillo afombrado adornado de manera lujosa, frente a ellas caminaba Angélica con sus maxitacones agarrada de brazos con un hombre unas cuantas cabezas más alto que ella, las dos chicas los siguieron dentro a una habitación. De pronto la chica ya se encontraba bajo aquel hombre que parecía poseido tenía los ojos rojos y desorbitados. Todo su cuerpo sudaba mientras que cada músculo estaba rígido y marcado, se movía bruscamente sobre la chica que lloraba sileciosamente, las manos de aquel hombre tenían amarradas sobre la cebeza de la chica sus muñecas, varios chupones teñian el cuerpo desnudo de la muchacha bajo el fuerte cuerpo del hombre de piel tostada. Sin realmente querer las piernas niveas de Angélica abrazaban al hombre dando un mejor acceso pero más dolor a ella. Los sollozos eran inevitables, el hombre obstinado de sus quejas tapó con rudeza su boca haciendole dificil respirar ocasionando inevitablemente que llorara más al mismo tiempo mordisqueaba los senos de la joven dejando marcas en la delicada piel, era fácil decir que la chica no estaba disfrutando.
Aome trató de quitar al hombre de encima de la chica con toda su fuerza acompañada de lágrimas, queria que se quitara, quería ayudar a la chica pero era imposible, era un recuerdo, ya había pasado. Frustrada y conmosionada la chica se tapó los oidos para no escuchar los gritos ahogados de Angélica que se retorcía de dolor bajo las manos de aquel hombre, cerró sus ojos y se agachó.
-¡No mas por favor!- gritó y pronto apareció de nuevo en el blanco infinito. Abrió los ojos cuando penso que era prudente, el aroma a sangre, sexo, alcohol, droga y cigarrillo había desaparecido así que se aventuró, para su buena suerte ya no estaba dentro de los recuerdos de Angélica, estaba ahora sentada sobre sus canillas, justo a su lado estaba Anna sentada como indio -¿Y-yo vivi eso también?- preguntó entrecortada y repugnada. Anna simplemente asintió haciendo que la pelinegra llorara más.
-Tenías catorce años, te obligaron a participar en ese acto, tú creaste a Angélica para no tener que vivir realmente esa situación de ver como los hombres te deseaban y abusaban de ti. Aquel hombre era Bankotsu...el socio de tu padre adoptivo sin embargo se encontraba bajo los efectos del alcohol y droga consciente nunca hubiera hecho eso. Fue todo idea de tu padre para ver que pasaba- Aome no queria escuchar mas, ¿Cómo era posible? ¿Su propio padre había ideado aquello? ¿El compañero de su padre? ¿¡A LOS CATORCE! Sin poder evitarlo comenzo a llorar más fuerte. Anna la abrazo calmándola, esta vez tardó más.
-Ahora...¿Quieres ver TUS recuerdos?- preguntó haciendo enfasis en la palabra "tus", Aome lo pensó por un momento, lo que había visto hasta ahora no era nada bueno y tener que ver algo peor la rompería por completo -Si no estas segura podemos esperar- comentó Anna pero luego de unos segundos Aome asintió, tenia que saber tenía que recordar todo, era la única forma de saber quién era y por lo que había pasado realmente -Bien- entonces apareció una puerta blanca tallada con enredaderas y flores -Vamos- Anna giró el pomo dorado e hizo ademan para que entrara.
Aome respiró y con todas sus fuerzas entró.
