Aqui está disculpen no habia tenido tiempo, pero nunca me olvido de ustedes, sorry que no respondí sus reviews como siempre lo hago pero de verdad que no tengo tiempo de nada. Gracias por todo chicas haré lo posible por actualizar rápido. XOXO V
Inuyasha P.O.V
Mi jefe y yo caminábamos entre las personas pasando desapercibidos, éramos uno más en el montón. Aún no podía creer lo que íbamos a hacer, me parecía completamente descabellado y arriesgado pero tomando en cuenta la situación en la que estábamos no había más nada que hacer, era nuestra única oportunidad de acercarnos a Aome. Caminamos y caminamos por un buen rato, poco a poco la gente iba disipándose mientras nos adentrábamos a las afueras de la ciudad, Miroku de pronto se detuvo frente a un edificio abandonado, me miró y asintió indicando que lo siguiera. Lo seguí pisándole los talones, los escalones de aquel edificio antiguo estaban desgastados y manchados, al llegar a la puerta un olor a musgo y guardado golpeó mi nariz mareándome un poco. Mi compañero tocó la puerta mientras yo veía casualmente a mi al rededor asegurándome de que no hubiese nadie viéndonos, me sentía un vándalo. En menos de dos segundos se abrió la puerta, entramos presurosos sin hacer ruido alguno, el lugar era lúgubre y tenebroso, inevitablemente sentí unos cuantos escalofríos recorrer mi espalda. Un hombre alto de porte cuadrado estaba al lado de la puerta, un guardaespaldas, nos miró con cierto asco e indicó con un movimiento de cabeza que siguiéramos por el pasillo.
Las paredes a nuestro al rededor estaban desconchadas, filtraciones en el techo, unos cuantos cuadros de gente que era de más decir que estaba muerta, me sentía en una casa embrujada, no es que yo creyera en esas cosas, todo lo contrario me parecían tontas pero luego de visitar varias atracciones en parques de diversiones ese era sin duda el lugar más escalofriante que había visitado en mi vida. El polvo era espeso haciendo que la respiración fuera difícil, menos mal que estaba entrenado para todo tipo de cosas. Sin mucha tardanza llegamos a lo que se le podría llamar una sala común, las cortinas hasta el suelo cerradas, unos cuantos muebles, una chimenea y en el medio una mesa redonda decorada con un cenicero con mil cigarrillos apagados, justo detrás se encontraba la persona con la cual habíamos ido a hablar, si no fuera porque de verdad lo necesitábamos lo hubiera matado ahí mismo.
-Buenas noches caballeros- La voz grave y monótona nos dio la bienvenida -Siéntense- indicó señalando las dos sillas que se encontraban frente a él.
-Buenas noches señor Ivanovich, me alegra que haya accedido a mi propuesta- dijo mi compañero mientras se sentaba quitándose el abrigo, yo lo imité.
-Razones personales…- murmuró encendiendo un cigarrillo, dios mío ese hombre parecía chimenea -Bien antes de comenzar quisiera dejar mis condiciones claras- prosiguió inclinándose sobre la mesa.
-Adelante- indicó Miroku.
-Primero que nada agradecería total anonimato acerca de mi persona. Segundo, la libertad de mis hermanos, ellos sólo hacían lo que indicaba Naraku y esa mujer- era más que obvio decir que se refería a Kikyo pero sentí una punta de curiosidad en la lengua.
-Disculpe que lo interrumpa pero ¿No se supone que ella trabajaba para usted?- pregunté cruzando las manos sobre la mesa.
-En realidad era un favor que me debía lo único que le pedí que hiciera era que alejara Aome de usted, todos los demás detalles incluyendo el rapto de su hermana fue mera obra de Naraku, él si le pagó, yo simplemente cobraba un favor- Asentí lentamente mientras Miroku indicaba que continuara-Tercero, quiero participar en el rescate…quiero verla y ya después pueden llevársela- ese tono posesivo del amiguito me tenía un poco furioso ¿Quién se creía él? Tú salvación idiota.
-De acuerdo me parecen aceptables sus condiciones- dijo Miroku mientras escribía en una libreta, no me había percatado del momento en que la había sacado -Puede comenzar a dar la información cuando quiera- Mi compañero miró a Bankotsu que suspiraba el último aliento del cigarrillo que tenía en sus manos, lo echó en el cenicero y prosiguió a encender otro, cerró los ojos pellizcando el puente de su nariz con los dedos libres y nos miró nuevamente.
-Está en Rusia, en un sanatorio para mujeres llamado Tuskin, está en las afueras de Irkustk hacia el sur cerca de un río que cursa por allí. El doctor que la atiende tiene el nombre de Kiev Petrovski, es también el dueño del sanatorio, Naraku va a visitar una vez cada dos semanas, últimamente ha viajado con mayor frecuencia así que supongo que descubrieron algo, no sabría decirles ya que él no habla conmigo al respecto- Ivanovich se quedó callado por un momento con la mirada fija en la mesa, yo estaba ansioso porque siguiera hablando mientras escuchaba el bolígrafo de Miroku sobre el papel.
-¿Alguna forma en la que podamos entrar sin ser detectados?- preguntó Miroku.
-No sabría decirle…tienen buena seguridad como entenderá hay mujeres que están realmente locas así que no tengo idea pero tengo algo que puede ayudar- en silencio se agachó buscando algo en lo que supuse era su maletín, tardó unos pocos segundos a lo que puso un papiro sobre la mesa, con cuidado de que no cayera colilla de cigarro sobre el papel, Ivanovich esparció el rollo sobre la mesa revelando un mapa arquitectónico de un edificio bastante grande -Este es el mapa del sanatorio, lo tomé prestado cuando estaba en Rusia, los círculos en rojo son las salidas alternas, los amarillos son las esquinas en donde hay cámaras y los azules las habitaciones. LLévenselo, puede servir de algo- como Miroku escribía yo fui el que tomó el papiro guardándolo dentro de mi abrigo.
-Pues bien creo que eso es más que suficiente por ahora, mañana lo llamaremos informando el plan de ataque, libraremos a sus hermanos esta misma noche y nadie sabrá que ha sido usted el que brindó la información- Nos levantamos a lo que Bankotsu también lo hizo mirándonos fijamente.
-Confío en que estoy haciendo lo correcto pero a la mínima soplada no me hago responsable de mis actos- asentimos y nos despedimos saliendo por la puerta, ya era tarde y si antes no había nadie ahora parecía un pueblo fantasma.
-¿Qué vamos a hacer primero entonces?- pregunté cuando ya nos adentrábamos a la civilización.
-Ya tengo un plan en mente sólo necesito aprobación del gobierno, ahora vamos a liberar a los hermanos de nuestro querido amigo y luego lo llamamos y comienza el espectáculo- siempre tan calmado, a veces me molestaba lo sereno que era.
-¿Y se puede saber cual es tú plan?- pregunté con las cejas levantadas, el tipo tenía una capacidad imaginativa bárbara, con razón había llegado a donde estaba.
-Ya lo verás- Maldito…
Caminamos hasta la camioneta blindada que nos esperaba la cual nos llevaría a la sede de la C.I.A, al llegar pasamos por seguridad y luego seguimos nuestro camino, llegamos a la oficina de mi jefe y él me pidió que colocara el papiro sobre la mesa mientras él buscaba algo en el archivador, luego de hacer lo pedido lo miré sin saber que buscaba, fui hasta una mesita detrás de su escritorio que tenía una cafetera, me serví una taza de café y me recosté de la pared viéndolo.
-Ten- me dijo entregándome una hoja -Es la orden de liberación, ve y se útil mientras yo termino de estructurar bien el plan yo simplemente rodé los ojos, salí de la oficina con mi taza de café y orden en mano. Caminé un poco ausente por los pasillos mi mente estaba en otro lugar, pensando en Aome. LLegué al ascensor y marqué el piso en donde estaban todos los detenidos, cuando llegue ya había terminado mi café sin darme cuenta, salude al guardia que estaba sentado detrás de su escritorio leyendo un libro de criminalística, con mucha pena interrumpí su lectura para mostrarle el papel que me había entregado Miroku, el hombre de ojos claros leyó atentamente la hoja y asintió colocando un sello en el borde de ésta y acto seguido me indicó que pasara, dos gorilas me revisaron antes de entrar por la puerta de metal que tenía un código especial para permitir el acceso, al terminar la revisión pase tranquilamente.
-Celda ocho, código cuatro cinco cuatro nueve dos- me informó el guardia detrás de mi, le hice una seña con la mano dándole a entender que había escuchado. A mi lado derecho se encontraban las puertas con los números en la parte superior, conté hasta llegar a la ocho, respiré marcando el código en la puerta, luego de analizar los números la puerta se abrió. La habitación era amplia, meramente gris, dos literas a los lados, un cubiculo rectangular en una de las esquinas era el baño, nada resaltante, cuatro cabezas se alzaron con mi entrada, una de ellas me enojaba.
-Ustedes tres, fuera, vamos- dije señalando a los tres hermanos, la cuarta persona me veía fijamente, no sabía que ella también estaría aquí con ellos -Quedan bajo libertad, vayan directo con su hermano- ellos asintieron sin decir nada mientras salían -díganle al guardia que tengo un asunto pendiente, en seguida salgo- hicieron lo que les y pedí salieron, ella en ningún momento dejó de verme -Gracias por el recuerdo de la última vez- dije tocando mis costado en donde gracias a ella había pasado una bala.
-¿Qué quieres?- preguntó seria desde la cama de abajo.
-¡Quiero saber en qué demonios estabas pensando! ¡Quiero saber por qué carajo lo hiciste! ¡No tienes idea del daño que has hecho!- grité sin que me quedara nada por dentro, necesitaba hacerlo. Ella se quedó callada mirándome con los ojos aguados, sus manos agarraban fuertemente las sabanas como si tratara de controlarse.
-Yo…lo hice…porque te amo…- dijo ella entrecortada.
-¡¿DISCULPA?- Fue lo único que logré decir estaba demasiado impresionado, de todas las respuestas nunca hubiese imaginado eso.
-Yo…te amo Inuyasha Taisho…por eso lo hice…si te alejaba de esa niña entonces volverías a mi…- ¡Esta mujer estaba loca!
-¿Pero que demonios te pasa? ¿¡Eres loca!- Si lo sé un poco insensible pero no podía contenerme -¡Yo la amo a ella, siempre lo he hecho! ¿Cómo se te va a ocurrir ayudar a mi enemigo para que "volviera a ti"? ¿Tienes idea de lo que a pasado esa pobre niña por culpa de ese hombre? ¿Se te cruza por lo cabeza lo que está sufriendo ahora sólo por un capricho tuyo? ¿Qué carajo te hizo pensar que yo estaría contigo luego de algo así? ¿Ah?- mi respiración se había alterado, hiperventilaba como cochino en sudadero, estaba enojadísimo.
-¡Pues no me importa! ¡Tú tienes que estar conmigo y nadie más!- soltó a los cuatro vientos levantándose de la cama caminando rápidamente hacia mi -Inuyasha yo te amo, esa niña nunca te podrá amar como yo, te estoy haciendo un favor es conmigo con quien debes estar- sus manos se posaron en mis mejillas, si no fuese por el pequeño detalle de que era mujer juro que la partía a golpes en ese momento en cambio tomé sus muñecas las aparte de mi dando un paso hacia atrás.
-Yo NUNCA sería algo tuyo, no después de lo que hiciste- le dije severamente viéndola a los ojos -Espero que te pudras en esta celda como te mereces- mascullé dejándola plantada en su lugar y salí. Me sentía más aliviado que nunca, como si un peso se desvaneciera de mis espaldas, necesitaba sacar toda esa furia que llevaba dentro.
Regresé a la oficina de Miroku luego de asegurarme de que hubiesen sacado a los Ivanovich, cuando llegué a la habitación me encontré con nada más y nada menos que mi hermana que se reía de alguna bobada que había dicho mi jefe, desde el momento en que regreso a casa y yo comencé a hacer mis movidas de nuevo con Miroku ella se había encariñado con él, no es que me agradaba mucho la cosa pero tampoco me iba a interponer.
-¿Por qué tardaste tanto Inuyasha?- preguntó Miroku con una sonrisa en el rostro, se le notaba a leguas que le gustaba mi hermana.
-Asuntos pendientes, que tal Sango- me acerqué a ella dándole un beso en la frente como de costumbre, ella estaba sentada sobre la mesa con las piernas guindando justo al lado del papiro -¿Está listo el plan?- pregunté mirando con detalle el mapa. Ellos me miraron otro un momento debatiéndose si preguntar algo o no pero para mi suerte prosiguieron a responder mi pregunta, realmente no quería hablar más sobre Kikyo.
-Todo listo, solo faltaría informarle a la mesa ejecutiva pero estoy cien por ciento seguro de que aceptaran, así que bueno, escucha. Uno de nuestros agentes femeninos entrara infiltrada como una demente, averiguara la locación exacta de Aome, aquí - dijo señalando el ala oeste del edificio -Se encuentra la cocina y todo eso, una vez que estemos listos para recuperar a la chica iniciaremos un incendio "accidental" de manera que nos sirva de distracción, por ser un sanatorio tienen contacto directo con hospitales y bomberos así que nuestro margen de acción es reducido- yo asentí con cada palabra -Y bueno hay uno que otro detalle pero nada extraordinario, ahora iré a hablar con los mesa y comenzaremos inmediatamente- muy seguro de si mismo tomo el mapa y otros papeles saliendo por la puerta -Puedes retirarte Taisho, te llamaré a penas salga- yo asentí y por el rabillo del ojo vi como ambos, mi hermana y mi jefe se regalaban una
mirada que tenía más de un significado, ignorando lo que acababa de ver me fui en busca de mis cosas.
-Vamos pequeña- le dije a mi hermana saliendo de la oficina.
-¡Ay no me digas así!- refunfuño cruzándose de brazos mientras me pisaba los talones.
Pronto nos encontrábamos en mi auto rondando por las calles, las luces amarillas de los faroles iluminaban el camino, estaba extrañamente solo pero lo atribuí a la hora que era un poco tarde, en eso milagrosamente noté que mi hermana estaba algo pensativa, yo realmente nunca fui muy detallista u observador pero no sé que me pasó en ese momento que me percaté de aquello. Aproveché el cambio del semáforo a rojo para verla y preguntarle que pasaba.
-¿Todo bien?- pregunté luego de dos segundos, ella se quedó en silencio un momento con la mirada perdida en el camino de asfalto frente a nosotros, escuché como trago largo acompañado de sus ojos revoloteando.
-Inuyasha…la vamos a salvar verdad…ella no puede seguir con esa gente- su voz quebrándose hizo que mi corazón se achicara unos centímetros, quise abrazarla pero por alguna razón me quedé estático -Hay que hacer todo lo posible ¿Verdad? No podemos dejarla ir otra vez…- se giró entonces a verme y noté que estaba llorando, suspiré y con mi pulgar limpié sus lágrimas asintiendo serenamente.
-Claro que si- mi voz resonó en la cabina. La luz cambio a verde así que avancé siguiendo nuestro camino; estábamos cerca de casa cuando volvió a hablar.
-Sabes… todo este tiempo…nosotros hemos tenido una vida normal, buena, sana, llena de amor y ella…no…yo podría ser ella, yo podría estar en su lugar pero está ella…algunos años atrás yo pensaba que ella debía tener una muy buena vida, esa debía ser la única razón por la cual se hubiese olvidado de nosotros y recuerdo que hasta hace poco yo en cierto modo le tenía resentimiento por eso, porque nos había extraído de su vida como si fuésemos basura pero no…no fue su culpa y ahora yo me siento horrible por haber pensado todo eso de ella- La confesión de mi hermana fue sin duda algo que no esperaba de todas las cosas que podría estar pensando nunca me imaginé que era eso lo que la perturbaba, realmente nunca pensé que ella pudiese culpar a Aome por algo así, yo siempre pensé que debía tener sus razones, y vaya que las tenía. Sin poder evitarlo esta vez detuve el carro, ya nos encontrábamos en la zona residencia así que no habría mayor problema, la miré y la abracé dejando que se desahogara todo lo que quisiera -Esos días que estuve secuestrada -hablaba en sollozos - Imaginé que así debía sentirse Aome, atrapada, encerrada, ciega y abusara y yo pensaba cosas tontas mientras tenía una buena vida, nunca se me paso por la mente lo mal que ella podría estarla pasando- las palabras fluían cual cataratas al igual que sus lágrimas, yo sólo le daba palmaditas en la espalda buscando calmarla.
-Sango…no puedes culparte por eso, justamente el punto aquí es que no lo sabías, no tenías idea, no puedes culparte por eso, a demás ya quedó en el pasado y ahora puedes hacer algo al respecto así que no te preocupes te prometo que la voy a traer a casa- con mis últimas palabras tomé su pequeño rostro entre mis manos obligándola a que me viera para que se diera cuenta de que mis palabras eran sinceras. Me interné en sus ojos, iguales a los de mi madre, y dije -Confía en mi- ella inspeccionó mi mirada un poco más y asintió. Seguimos el camino hasta la casa ya estábamos por llegar cuando sentí mi celular vibrando en el bolsillo de mi chaqueta, lo saqué mirando a la pantalla y atendí inmediatamente -¿Cuándo comenzamos?- pregunté a mi jefe.
-Si…bueno hay un problema- pisé el freno en seco haciendo que Sango se asustara me miró preocupada "pon el altavoz" me dijo y yo hice lo pedido -La mesa ejecutiva negó financiar el proyecto por los intentos fallidos de la ultima vez y…em, bueno digamos que ya no estoy a cargo del caso, se lo dieron a otra persona, ósea sigo siendo parte de el pero ya no soy el jefe- la noticia nos cayó como una balde de agua fría, el silencio de ambas partes era tal que parecía oírlo -¿Sigues allí?- escuché decir pero de nuevo no pude reaccionar ¿Qué íbamos a hacer? ¡Ya no teníamos el poder de la C.I.A de nuestro lado, estábamos extrema y totalmente jodidos!.
-Miroku- dijo Sango arrebatando el celular de mi mano -Inuyasha está en estado de shock pero dime qué tienes en mente-
-Nos encontramos en mi apartamento en diez minutos voy saliendo de aquí- informo mi jefe.
-De acuerdo- con eso Sango colgó el teléfono y me miró -Lo prometiste recuerdas…así que vamos- la miré un poco desorientado y asentí regresándome por donde vine para ir a casa de Miroku.
Al llegar al modesto pero moderno apartamento de mi jefe fuimos recibidos por éste que había llegado un minuto antes. Nos sentamos en la sala, por mi parte debía estar mas pálido que la tiza -Bien…aunque la mesa ejecutiva haya negado el financiamiento seguiremos con el plan- sentenció Miroku, yo lo miré inmediatamente.
-¿¡De dónde planeas sacarte tanta plata!- exclamé.
-Y había tardado mucho en explotar…- murmuró Miroku a Sango lo cual me enfureció más.
-¡¿Qué vamos a hacer ahora? ¡Tenemos gran desventaja si no tenemos a el gobierno de nuestro lado!- mi pecho subía y bajaba agitado, mi hermana tenía los ojos abiertos como platos, creo que nunca me había visto tan alterado.
-Primero relájate, gritando y lanzando cosas no vas a lograr absolutamente nada, debemos pensar y actuar- me dijo apacible Miroku, odiaba que tuviera razón.
-Voy a hacer un poco de café- escuché a Sango que huía hacia la cocina.
-A ver sábelo todo parece que tienes un plan por lo tranquilo que estás así que habla no podemos perder tiempo- refunfuñe sentándome de nuevo, no me había dado cuenta de en que momento me había levantado.
-La respuesta es muy fácil, Ivanovich, lo usaremos para la cuestión financiera, ya hablé con él mientras venía a casa y me dijo que no tenía problema. Lo único que necesitaríamos sería a la supuesta loca y alguien que haga de su esposo-
-Yo puedo ser la loca- dijo Sango asomándose desde la cocina, de inmediato me giré a verla.
-Ni de vaina- la miré amenazante.
-¿A ver y por qué no? ¿Por qué tú lo dices? Mayor de edad recuerdas puedo hacer lo que quiera- su actitud me fastidió más haciendo que me molestra inevitablemente.
-No porque yo lo diga, porque es peligroso- dije sin más.
-Es una buena idea en realidad- mis ojos giraron a Miroku de inmediato ¿Qué le pasaba? -No me mires así, es cierto. Aome la conoce, en lo que la vea sabrá que estamos allí y seguro será más fácil encontrarla- él y Sango se miraban sonriente.
-¿¡Pero que te pasa? ¡Es mi hermana no un pedazo de carne de lo que estamos hablando aquí! ¡Tú y yo, hasta ella, sabemos lo peligroso que es esto, que es Naraku, tú no eres ninguna carnada. No lo harás y punto- Escuché los pasos estruendosos de Sango en el suelo de madera, eso sólo pasaba cuando dentro de ella ardía Troya.
-Tal vez no sea un pedazo de carne pero me estás tratando como uno, ya tengo libre albedrío y haré lo que se me venga en gana y me parezca correcto, soy la única que puede hacer esto ya que el resto de sus compañeros se meterían en un lío del tamaño de Estados Unidos si se llegaran a involucrar así que no se tu pero pienso cumplir con la promesa que me hice a mi misma, voy a salvar a Aome y todo va a regresar a la normalidad, así que te guste o no te guste yo voy a ir, sé lo necesario y haré lo necesario, ¿Capito?- cada palabra fue una bofetada a mi persona, por el rabillo del ojo vi como Miroku aguantaba las ganas de reirse pero a su vez miraba con cierta admiración a mi hermana, si, ella era una de las pocas personas que me gritaban así y se los permitía.
-¡Keh!- fue lo único que pude decir mirando hacia otro lado, suspiré recobrando la compostura y analizando la situación, lamentablemente mi hermana tenía razón…ella era la única que podría ayudarnos -De acuerdo…- susurré.
-Bien entonces esto es lo que vamos a hacer- habló Miroku de nuevo, Sango se marchó a la cocina a buscar el café cuando regresó mi jefe prosiguió -Ahorita mismo me pongo a hacer nuestras identificaciones falsas, por suerte Naraku no conoce directamente a Sango así que no necesitaremos mayor maquillaje, Inuyasha como ya sabe quien eres simplemente podrás ser monitor, yo haré del esposo- Noté el leve sonrojo en el rostro de mi hermana -Tenemos que buscar una enfermedad psiquiátrica lo suficientemente fuerte como para que te dejen entrar allí, tengo en mente unas cuantas ahorita buscamos, y bueno en esencia eso seria el plan, yo tengo cámaras minichips que nos permitirán ver que pasa, cuando sea oportuno tú Inuyasha o alguno de los hermanos de Bankotsu iniciaran el fuego, ese será el momento exacto para sacarla- Todos asentimos y nos pusimos a trabajar.
Toda la noche estuvimos ocupados haciendo identidades falsas, configurando las cámaras, entrenando a Sango para que se adaptara a la enfermedad que habíamos escogido, gracias a dios que estuvo en clases de teatro en la secundaria, a eso de las tres de la mañana Bankotsu llamó diciendo que nos vería en el aeropuerto a eso de las diez de la mañana lo cual reducía nuestro tiempo de preparación. Una vez que estuvo todo listo eran las nueve de la mañana comimos algo rápido y partimos hacia el aeropuerto. Llamé a mis padres comentándoles que nos habían enviado a Miroku y a mi a Inglaterra ya que habían encontrado una supuesta pista de Aome y que llevaría a Sango conmigo para que tuviera experiencia, como era sólo recaudación de datos no era peligroso.
En el aeropuerto nos encontramos con uno de los hermanos de Bankotsu, el que tenía pinta de afeminado, mi hermana lo miró con desprecio y se mantuvo muy cerca de nosotros sin fiarse de su antiguo raptor, sinceramente yo tenía unas ganas bárbaras de partírle la cara pero me controlé, todo por Aome. El amigo este nos guío a la parte privada, pasamos la migración sin problemas con nuestros documentos falsos. Yo era un tal Mike Johnson, americano sin remedio mientras que Sango y Miroku eran ingleses, Sophie Bloom y Daniel Williams. Nos montamos en el avión privado de Bankotsu sin embargo él no estaba allí.
-Mi hermano nos espera en Rusia- informó el afeminado mientras se sentaba en uno de los primeros puestos de lujo, asentimos y nos sentamos en las últimas butacas, entre nosotros una mesa. Despegamos al cabo de unos minutos y aprovechamos para descansar un rato aunque personalmente me costó demasiado, tenía la adrenalina a millón, mi corazón latía desenfrenado, aquella era tal vez la última oportunidad de salvarla y no podíamos desperdiciarla, estaba ansioso por verla, no podía esperar un minuto más para tenerla entre mis brazos y estrecharla. Tan sólo logré cerrar los ojos pero sin dormir, el rostro de Aome estaba adherido a mi mente. Luego de unas horas de descanso proseguimos a la transformación, Sango debía ser una loca literalmente que sufría de desrealización que consiste simplemente en que para ella nada es real. Media hora antes del aterrizaje recibimos una video llamada de Bankotsu.
-Hay un carro esperándolos en el aeropuerto, Taisho se irá con mi hermano a un hotel de donde monitorearemos todo, usted Miroku haga lo que tenga que hacer- asentimos todos, poco después aterrizamos. Todo transcurrió sereno de acuerdo al plan, antes de separarnos le di un fuerte abrazo a mi hermana y un beso en la frente deseándole buena suerte, realmente estaba seguro de que podría lograrlo pero no podía evitar mi instinto protector.
Junto con el hermano de Bankotsu llegué a un hotel de mala muerte, pero bueno era entendible que nos llevara a un lugar así, no podíamos levantar sospechas. Una vez en la habitación conecté todos los aparatos, computadoras y micrófonos, activé la laptop y de inmediato apareció la imagen que mostraba un camino, iban en el auto todavía, suspiré cerrando los ojos buscando calmarme, la ansiedad me consumía.
-¿Cerveza?- me ofreció el hermano loco, me había olvidado de su presencia, sin dudarlo acepté y entonces divisé aquel edificio antiguo, de inmediato se me pusieron los pelos de punta.
-Llegamos- escuché la voz de Miroku, Sango respiró y salieron del auto. Estaba muy nervioso comiéndome las uñas casi. Subieron los escalones y tocaron el timbre, alguien habló en ruso y Miroku respondió a lo que les abrieron la puerta. Una enfermera sonriente los recibió en el lobby antiguo de alfombra roja.
-Vine a internar a mi esposa- logré entender, Sango se aferraba fieramente a Miroku actuando como la loca que debía ser.
-Venga por aquí, llene estos papeles- informó la enfermera, de pronto apareció otra diciendo algo imposible de entender a Sango que se escabulló aun más tras Miroku.
-Mi mujer no es rusa así que no entiende lo que le dice- aclaró Miroku serenamente.
-Pues disculpe, ¿Quisiera venir conmigo a pasear y conocer el lugar?- preguntó en un inglés rudimental con acento ruso, Sango miró a su supuesto esposo que le asintió y ella siguió a la mujer sin tocarla más bien se aferraba de las paredes. Comenzaron a caminar por varios pasillos en donde habían puertas con números de metal, todo era lúgubre, sin vida alguna lo cual era sin duda deprimente. Llegaron a la conocida sala común en donde habían unas cuantas mujeres que hasta a mi me dio pavor ver, parecían zombies, mientras caminaban las seguía con el mapa todo iba en orden, siguieron caminando hasta llegar a una intersección de varios pasillos ellas tomaron la derecha pero noté que a la izquierda había una puerta sin número pero en el mapa no aparecía eso debía ser una pared
-Tienes que ver que hay detrás de esa puerta- le indiqué utilizando el micrófono de inmediato noté como se paró deteniendo a su vez a la enfermera, comenzó a retroceder diciendo cosas extrañas que no tenía idea de como se le había ocurrido, corrió dejando atrás a la enfermera y se abalanzó contra la puerta que estaba al final del pasillo izquierdo ésta se abrió y lo que vi rompió mi corazón.
Allí en una cama, como un cadáver estaba Aome, demacrada como un fantasma, tenia ojeras púrpuras, su cabello no tenía el brillo de siempre y a penas pude percibir su respiración, gracias al cielo Sango actuó rápido y cerró la puerta con llave. evitando que la enfermera entrara.
-Recuerda que hay cámaras allí sigue actuando- pude decir a penas, estaba congelado por lo que veía en el monitor. Sango caminó despacio, con cuidado llevó una mano al rostro de Aome rozandolo, en ese momento quise ser ella -¿Qué dice la carpeta en la mesa? Leelo discimuladamente- luego de hacerlo lo susurró.
-Está en coma…- maldición. Antes de que pudiese hacer nada más la puerta se abrió de golpe, dos hombres de gran tamaño aparecieron seguidos de Miroku.
-Mi amor no puedes estar aquí- dijo el tomándola por los brazos.
-Un ángel… ¡Tienen a un ángel!- gritó Sango como loca llorando, de inmediato la sacaron de allí y la llevaron a su nueva habitación, le dieron un sedante y se quedó dormida.
Ya sabíamos su ubicación, ahora sólo quedaba actuar.
