Hola! Regresé, como sabrán estamos en semana santa lo que implica nada que hacer en una semana, anoche se me pego la inspiración y pude escribir esto, trataré de escribir lo que falta antes de que termine la semana. Las quiero un mundo y gracias por seguir aquí aunque tarde mil años. xoxo V


Tercera Persona P.O.V

Al cruzar la puerta blanca una luz cegadora abrazó a la chica de ojos chocolate, sintió la calidez del sol sobre su piel acalorándola de manera agradable. Sus ojos se habían cerrado como pasas pero, poco a poco mientras se acostumbraba a su entorno, comenzó a abrirlos con lentitud; por su nariz se filtraba el olor a césped mojado y un rocío a penas perceptible salpicaba su cuerpo. Cuando se sintió a gusto abrió los ojos por completo encontrándose en el medio de una calle rodeada a ambos lados por casas majestuosas decoradas con un jardín tan verde como la esmeralda que eran rociados por unos regadores. Frente a ella un camión blanco estaba frente a una casa en específico, de la parte trasera de este, salían hombres musculosos con muebles en brazos, cajas, cuadros y cualquier tipo inmueble. De pronto desvió su mirada del vehículo divisando a un hombre alto, de buen porte , con el cabello negro y la piel blanca firmando unos papeles sobre una carpeta de madera, a su lado un hombre mucho mas bajo se abanicaba con una gorra dejando a la vista la calva que reflejaba a la perfección la luz del sol, justo cuando terminó de firmar saltó hacia su espalda una niña pequeña que usaba una falda agua marina y una camiseta rosada con unos zapatos blancos, la niña se reía mientras las dos coletas en lo alto de su cabeza rebotaban en el aire, el hombre sonrió mientras de un solo movimiento la alzaba en lo alto haciendo reír aun más a la chiquilla, a ellos se les unió una mujer de piel nívea, de cabellos azabaches y cortos con un semblante dulce que hizo a la observadora sentir un nudo en el pecho, aquella escena hizo que por cada vena de su cuerpo recorriera ese sentimiento tan especial…amor, puro y sincero. Sin darse cuenta había empezado a llorar.

-Esa eres tú- se escuchó a su lado la voz de Anna que veía la escena al igual que la otra chica. Aome entendiendo porque aquella imagen causaba tantos estragos dentro de si; se acercó lentamente hasta quedar a un paso de la pequeña familia.

-¿Te gusta tú nueva casa?- preguntó el papá sosteniendo en su cintura a la pequeña.

-¡Muchísimo!- gritó con los brazos al aire la chiquilla ocasionando una sonrisa en su madre.

-Tenías que verla cuando vio el tamaño de su haboitación- mencionó mamá -¡Empezó a correr por todo el cuarto!- las risas acompañaron las palabras haciendo que inevitablemente la niña se sonrojara.

-Es que es muy grande- volvió a intervenir la pequeña sonriente.

-Bueno me alegra que te guste amor- con ello su padre la puso de nuevo en el suelo. En eso una pelota de goma chocó en sus piesitos, por acto reflejo miró hacia abajo tomando la pelota para después buscar al dueño, en eso miró a una niña de su edad aproximadamente, seguida de un niño más grande.

-¡Sango te dije que con cuidado!- exclamó el chico de ojos tan amarillos como el sol de ese día. La niña pequeña que amarraba sus cabellos en una coleta alta se quedó del otro lado de la calle viendo a la niña que ahora tenía su pelota -¿En dónde está? ¡Ya nos metiste en un problema verdad!- bramó el chico un poco amargado al ver que la niña tenía el balón.

-Ve a devolverlo Aome- dijo su madre dándole un empujosito animándola. La chiquilla asintió y caminó viendo a ambos lados antes de cruzar como le había enseñado su papá, luego de unos cuantos pasos quedó frente a los dos chicos desconocidos que la veían atentamente, sobretodo la niña.

-Hola, mi nombre es Aome Higurashi, me estoy mudando hoy a esa casa y esta pelota es tuya- habló sonriente la chiquilla dándole el balón a su dueña -¿Podría jugar con ustedes?- preguntó entonces con curiosidad, de inmediato notó como los ojos de la niña frente a ella se iluminaban como estrellas, el otro niño se sorprendió pero una leve sonrisa se dibujo en su rostro.

-¡Si! ¡Soy Sango Taisho y este es mi hermano mayor Inuyasha! ¡Vivimos a cuatro casas de aquí, ven vamos!- sin pausa la chica tomo la muñeca de su nueva amiga para llevarla jugar.

-¡Mami, papi, voy a jugar!- exclamó la pequeña de dos coletas, sus padres asintieron alegres mientras se abrazaban mutuamente.

Entonces Aome, ya grande, trató de palpar a sus padres, pero justo cuando su mano estuvo a tan sólo centímetros de ellos, como antes su entorno giró trescientos sesenta grados llevándola a otro escenario. Un jardín, grande y de color verde, a su al rededor las mariposas revoloteaban, todo era sereno hasta que de pronto una explosión de risas inundo sus oídos, aun con las lágrimas latentes en las mejillas se giró buscando de donde provenían cuando divisó a las dos niñas acostadas al pie de un inmenso árbol frondoso. La brisa sopló haciendo que sus hojas crearan una dulce melodía, de nuevo ese sentimiento que aceleraba sus latidos. Caminó con cuidado sintiendo el césped bajo sus pies, pronto llegó a tan sólo pasos de las dos niñas que tenían en sus cabezas unas diademas echas con flores blancas, el cabello de ambas esparcido por toda la grama. En eso Sango tomó la mano de la niña a su lado y la miró quedándose callada, ya eran un poco más grandes que en el recuerdo anterior.

-Aome…eres mi mejor amiga- dijo Sango -Sabes…yo estaba muy sola antes que llegaras pero ya no, ahora tú eres mi amiga y siempre vamos a estar juntas- el corazón de la chica que comprimió unos centímetros, que buenos momentos aquellos.

-Para siempre- respondió su recuerdo, entonces ella se percató que en una rama sobre aquel árbol se encontraba el niño que sería el amor de su vida observándolas con una sonrisa a penas perceptible en el rostro.

-Inuyasha…- murmuró Aome ya grande. De nuevo el lugar en donde se encontraba giró dejándola en un cuarto amplio que a simple vista era fácil deducir que pertenecía a un niño. Escuchó entonces el sonido de una puerta abriéndose, miró a la puerta principal pero no hubo movimiento alguno fue entonces cuando observó detenidamente el lugar en donde estaba y vio aquella compuerta escondida en la pared por la cual aparecía ella escabulléndose. Una luz tenue proveniente de una lámpara de mesa iluminaba a penas el rostro del niño que se encontraba dormido en la cama de sabanas azules, sin darse cuenta había caminado hasta la pata de la cama viendo como las mejillas de Inuyasha tenían un tono rojizo, la piel perlada y su respiración era lenta y forzada. Su pequeño ser caminó con cuidado sentándose en la cama al lado de su amigo colocando una mano sobre la frente.

-¡Ay pero si tienes mucha fiebre!- exclamó para si la niña de ocho años. De inmediato se levantó y corrió al baño, en menos de un parpadeo había vuelto con una toalla pequeña empapada de agua, la dobló y se la puso en la frente a Inuyasha -Eso te hará sentir mejor- volvió a hablar consigo misma la pequeña mientras se arrodillaba frente a él reposando sus brazos cruzados sobre la cama.

-Aome…- murmuró el pelinegro haciendo que la pequeña saltara.

-Si- respondió ella con una sonrisa, pobre, quién le manda a jugar bajo la lluvia.

-Gracias- y con eso él volvió a dormirse, Aome le dio un beso en la mejilla y se quedó allí, viendo a su mejor amigo.

La pelinegra que lloraba se acercó esta vez más rápido logrando sentarse en la cama y abrazarse a su amigo con fuerza, las lágrimas rodaban sin perdón y los sollozos la hacían convulsionar, su ojos apretados en una línea la cegaban de todo. Ya recordaba quien era, estaba consciente de todo, los infinitos recuerdos comenzaron a aparecer como un torbellino de películas, las imágenes, voces, olores y sonidos la ahogaban haciendo que sintiera una presión en todo su ser, a penas y podía respirar. Cada segundo de su vida se filtró frente a sus ojos recordándole quien era realmente llevándola al punto de llegada, abrió sus ojos respirando fuerte; ya no estaba en la habitación de Inuyasha había vuelto a la inmensidad blanca, ya no estaba en sus recuerdos. Fue entonces cuando de nuevo apareció Anna.

-Ya has recordado todo y ahora sabes más de lo que sabías antes de que entraras en coma. Sin embargo sólo quedan dos cosas por explicar- al terminar su oración la niña alzó su brazo y lo desplazó en una trayectoria ovalada, con ello aparecieron en el sótano de su antiguo hogar, allí estaban sus padres parados frente a ella protegiéndola de nada más y nada menos que Naraku, ella dormía en el suelo.

-Denme a la niña o los mato a ambos- dijo monótonamente Naraku con pistola en mano.

-Bienvenido seas- dijo su padre tomando posición de combate -LLévatela al cuarto y no te vayas de ahí- le ordenó a su esposa que sin tardar ni un segundo tomó a su hija en brazos y subió por las escaleras, sin embargo Naraku no se movió ni un centímetro.

-Tus últimos deseos- bramó con seguridad el mafioso.

-Que te vayas al infierno- gritó entre dientes el pelinegro enojado que con movimientos fluidos se abalanzó sobre su presa cual leopardo en la sabana, sin embargo Naraku no disparó, comenzaron a golpearse como fieras, nunca en su vida había visto a Naraku pelear así, ni siquiera sabía que podían pelear, Aome veía extasiada. Los golpes iban y venían hasta que de pronto un disparo sordo se escuchó en el lugar seguido de un cuerpo cayendo por las escaleras todos giraron a ver la masa que caía en el suelo cubierto de sangre, su madre había muerto -¡Maldito!- exclamó su padre pero antes de que pudiera moverse otro sonido sordo retumbo en la habitación acompañado del golpe de sus rodillas en el suelo, otro charco de sangre comenzó a formarse. El corazón de la muchacha que veía expectante se detuvo, se congeló, ver como mataban a sus padres, ver su verdadera muerte… -No te vas a salir con la tuya- forcejeó entonces su papá oprimiendo el botón de un control que tenía en su mano. De inmediato una explosión hizo vibrar el lugar, un incendio.

-Maldito- dijo Naraku terminando de matarlo con otro tiro antes de huir del lugar. Aome se arrastró hasta llegar a ellos por fin pudiendo tocarlos sin embargo al no ser un recuerdo suyo no pudo sentirlos.

Aparecieron de nuevo en el blanco infinito, Anna mirándola.

-Asi fue como murieron tus padres Aome…pero lo que en realidad deber saber es que ellos no son tus padres, no los biológicos por lo menos- el rostro de la aludida se arrugó -Verás, tus verdaderos padres son unos jóvenes, una pareja de dieciséis años que fue irresponsable al momento de tener relaciones. Ellos te dieron en adopción, sin embargo, tú eres especial. En esa época la C.I.A estaba realizando una serie de experimentos y de una u otra manera tú llegaste a ellos. Ellos te adoptaron por así decirlo y vieron que estabas en las condiciones para ser parte de su plan y así fue…Aome yo soy ese plan. Yo soy ese misterio, esa información, eso que Naraku quiere y el gobierno protege, lo que yo sé puede cambiar el curso del mundo. Fui almacenada en tú mente con tan sólo meses, desde entonces he visto y vivido todo junto a ti aunque tú no supieras de mi existencia. Tus supuestos padres eran en realidad agentes en cubiertos que tenían como misión protegerte. Se supone que yo debía manifestarme en algún momento pero nunca lo quise hacer, yo sólo traería destrucción al mundo, a la raza humana más de lo que ya están matándose y han hecho hasta ahora- Aome estaba en shock no podía creer lo que escuchaba -Musso, también era como tú, un proyecto, sin embargo su almacenador como nos llaman a los experimentos como yo, se manifestó en un sueño y le mostró de lo que era capaz de hacer, él se asustó tanto que no quería participar en ello por lo que Miku, su almacenador, le dio la opción de desaparecer y así lo hizo por eso fue que Naraku mató a Musso ya que el muy tonto e inocente le contó lo que había pasado, sin Miku para él era inservible. Ahora Aome yo te doy la opción…puedo desaparecer pero puede que corras con el mismo destino que Musso sin embargo tienes la ventaja que yo no me he manifestado como tal y que a demás tienes a Inuyasha y los otros tras de ti…¿Qué decides?- las palabras de Anna retumbaban en sus oídos, se quedó callada pensando que hacer, buscando los pro y los contra de la situación pero solo pudo encontrar pros.

-Anna…yo necesito que desaparezcas….- murmuró la chica limpiándose las lágrimas. La niña frente a ella sonrió mientras acariciaba su mejilla.

-Haces bien- con eso la chiquilla cerró sus ojos y flotó mientras comenzó a desvanecerse.

-¡Anna, espera! ¿¡Por qué si no querías estar aquí no te habías ido antes?- preguntó Aome esperando que respondiera su duda.

-Pues porque en cierta forma soy parte de ti, no podía irme sin tú permiso- explicó serenamente la pequeña.

-Pero…¿Por qué no antes?- preguntó la pelinegra.

-Porque Naraku se hubiera dado cuenta y ahorita estuvieras muerta, es cierto que sufriste pero ahora te toca vivir, ya pronto despertarás…Adiós Aome- y sin más la chica se desvaneció dejando a Aome íngrima y sola. De inmediato se hizo un ovillo abrazando sus piernas a su pecho susurrando una canción para tranquilizarla, tantas verdades, tantos recuerdos, tantos enigmas ahora descubiertos. Anna era la razón por la cual Naraku la había adoptado, la C.I.A era la culpable de todo y sus padre biológicos…quería encontrarlos, verlos a los ojos y decirles por todo lo que paso sólo por no usar protección…pero no todo era malo…si no hubiese sido por todas las razones anteriores no hubiese conocido a Inuyasha o a Sango, a Babu o a Ayame.

Todo tiene un porqué en nuestra vida, todo tiene una razón de ser ya sea por tú Dios o por tú destino, las cosas pasan por algo y eventualmente es que conocemos y entendemos todo.

-Aome…- escuchó a lo lejos -Aome- volvió a escuchar, era su voz, era Inuyasha que la llamaba.

-¡Aquí estoy!- gritó a todo pulmón la pelinegra con lágrimas en los ojos -¡Inuyasha aquí estoy!- volvió a gritar. Hasta que de pronto se encontró en un cuarto en llamas que se difuminaba, el humo no la dejaba ver ni respira bien, estaba desorientada.

-!Aome!- escuchó la voz de Inuyasha de nuevo, de pronto el lugar infinito en donde estaba desapareció, el suelo en donde estaba apoyada desapareció, sintió como caía en el vacío, trató de gritar pero la voz no salía de si boca, apretó los ojos para no llorar ya había llorado mucho, entonces cayó; no era duro más bien suave, había mucho calor, algo la movía y le aprisionaba el rostro -¡Aome aquí estoy!- la voz de Inuyasha hablaba muy cerca de ella. Lentamente logró abrir los ojos encontrándose con esos dos soles frente ella -¡Aome!- volvió a exclamar dándole un beso en la frente -Nos tenemos que ir, vamos- le explicó cargándola en brazos, ella no entendía nada.

-¡Vámonos ya!- se escuchó la voz de una mujer, también había otro sonido, uno conocido, el sonido de las llamas consumiendo su al rededor, eso era el calor, un incendio.


Luego de dejar a Sango internada Miroku se marchó al motel donde estaba su amigo, luego de un buen rato llegó y fue recibido por un puñal de ansiedad, Inuyasha le abrió la puerta antes de que él pusiera la llave en la cerradura, su cara era literalmente un poema de emociones, el joven pasó sin decir palabra preparándose para la lenguarada que estaba por soltar su compañero.

-Ya sabemos en donde está, ahora podemos ir a buscarla no, ella estaba dormida verdad en lo que vayamos va a estar despirta- Antes de que pudiera seguir Miroku lo detuvo alzando una mano en el aire a la altura de su rostro.

-¿Cuántas veces te he dicho que debemos pensar antes de actuar querido amigo?- cuestionó tranquilamente el pelinegro -Antes que nada ¿En dónde está Jakotsu?- Inuyasha sin poder evitarlo viró sus ojos con irritación.

-Aquí estoy- se escuchó la voz del aludido proveniente de la pequeña cocina -Así que la niña está en un loquero, ya era hora- sus palabras hicieron molestar a Inuyasha por lo que se abalanzó hacia él para atacarlo pero de nuevo, Miroku muy sereno lo detuvo recibiendo un refunfuño del atacante -Quieto tigre, sólo digo lo que pienso- le bramó con su acostumbrada feminidad.

-Bueno basta de peleas tontas; Jakotsu llama por favor a tu hermano y dile que venga lo mas pronto posible para comenzar con la operación- el afeminado asintió picándole un ojo especialmente al ojidorado que hechaba humo por las orejas -Escucha esto es lo que vamos a hacer, contacta a Sango- se refirió él a su amigo que asintió al sintonizar la señal con su hermana -Jakotsu y yo comenzaremos el incendio aquí en el ala oeste- dijo señalando el extremo opuesto a donde estaba Aome -Bankotsu entrará como mensajero de Naraku, Sango, cuando empiesen a evacuar trata de escaparte por el ala este en lo posible, si puedes espera a Inuyasha en el cuarto de Aome, si lo ves muy difícil espérame en la parte trasera- "positivo" se escuchó por la radio -Taisho, yo te daré la señal para que entres al edificio y saques a la chica, ¿Todos de acuerdo?-preguntó para asegurarse Miroku.

En menos de veinte minutos Bankotsu había llegado a la pequeña habitación de hotel, que con cuatro personas y todo el equipo, estaba más que a tope. El plan se le había comunicado, ahora sólo esperaban la hora exacta para comenzar, mientras se preparaban con armas y chalecos, esperando que lo peor pudiese pasar. Cuando llegó la hora salieron a la voluntad de Dios rumbo al sanatorio, los dos espías y el hermano de Bankotsu abandonaron el vehículo unos kilómetros antes para así no ser detectados. El sol ya estaba oculto, la oscuridad inundaba aquel lugar inhóspito, pronto las ruedas del vehículo lujoso rechinaron sobre la nieve avisando la llegada de alguien. Ivanovich respiró profundo unas cuantas veces y con suma confianza y tranquilidad Bankotsu salió del auto directo a la puerta de entrada que gracias al frío abrieron de inmediato.

-¡Buenas noches señor Ivanovich! ¿A qué se debe su visita?- preguntó la recepcionista catira y joven que apreciaba a aquel hombre de pies a cabeza.

-Oh nada solo vine a dejar unos papeles que me mando a entregar el señor Karshnikova- respondió serenamente el empresario.

-Que raro, porque ahorita mismo está con el doctor Petrovski- informó la joven alarmando a Ivanovich pero antes de que él pudiese comenzar a sudar buscando explicaciones sonó la campana de incendios alterando a todo el personal -¡Señor Ivanovich márchese y busque ayuda!- le comando la recepcionista que huía hacia las habitaciones como el resto del personal.

¡RIN! se escuchaba en todo el lugar martillando sus oídos.

-¡Naraku está aqui!- masculló Bankotsu en el microfono especial que lo comunicaba con los demás mientras salía del edificio acompañado de unas cuantas personas que comenzaban a fluir por la puerta principal.

-¡El plan sigue en pie no se alteren!- habló Miroku con la voz agitada, estaba corriendo -Simplemente debemos actuar más rápido!-.

-¡Ya entré al edificio!- informó Inuyasha igual de agitado que su jefe, las voces de mujeres gritando se escuchaban al fondo -¡Ya casi llego!-

-¡Inuyasha te estoy esperando muévete, el fuego se dispersa rapido!- exclamó Sango de pronto.

-¡Bankotsu ve a tú posicion!- comando Miroku, el aludido hizo lo mandado.


Inuyasha corría entre el mar de mujeres y enfermeras, el calor comenzaba a alcanzarlo y se desesperaba al no conseguir la bendita puerta. Había logrado entrar por una ventana que Sango con mucha astusia había abierto antes. Desesperado llegó por fin al pasillo en donde estaba la habitación de Aome pero para su mala suerte una pared de fuego lo separaba de su destino, sin importarle tomó impulso y corrió a través de las llamas, como fue algo tan rápido no se quemó gravemente pero un ardor se esparció por su cuerpo y estaba acalorado, ignorándolo siguió corriendo hasta la puerta que abrió frenéticamente encontrandose con las dos mujeres de su vida. Sango había desconectado todo cable, via o parche que estuviese sobre la chica, ella lo miró asustada pensando que era otra persona, al identificarlo su corazon volvió a latir. El corrio de inmediato viendo a su delicada flor.

-Aome aqui estoy- le dijo con lágrimas en los ojos -Aome- dijo -Aome- Repitió, dejando que las lágrimas corrieran -¡Sango no respira!- exclamó asustado al colocar su mano frente a su nariz y sobre su boca..

-¿Cómo dices?- preguntó ella asustada acercandose al pecho de su amiga sin escuchar latido alguno, se quedó paralizada hasta que el estruedo de una viga al caer la despertó -¡Inuyasha no importa, cárgala y vamos!- exclamó su hermana cubriendose del fuego intruso que se adentraba en la habitación.

-¡Aome despierta!- exclamó moviendo a la joven sobre la cama -¡Aome aquí estoy!- gritó de nuevo el chico cuando de pronto vio como lentamente ella abría los ojos -iAome!- susurró esta vez acariciando su rostro besando su frente sudada.

-Inu...yasha...- dijo con voz ronca la pobre. El sólo pudo llorar.

-¡Vámonos ya!- con ese grito de su hermana Inuyasha tomó en brazos a su amada con sumo cuidado resguardándola de las llamas que ahora los rodeaban.

-Tenemos que correr rápido así no nos quemaremos- gritó en lo alto el mayor recibiendo un "si" tembloroso de su hermana -Sígueme- comando él corriendo fuera del infierno.