Hola hola! Ya estamos en la recta final, este es el penúltimo capitulo, el próximo y último lo subiré a más tardar hoy en la noche o por lo menos trataré. Sin más aquí se los dejo. xoxo V


Tercera Persona P.O.V

Los tres cuerpos restantes en el edificio que era consumido por las llamas se desplazaban a toda velocidad, pronto había llegado al lugar por donde Inuyasha había entrado hacia sólo momentos. El cambio de temperatura abrupto hizo que cada poro se abriera. Corrieron por la nieve dejando atrás el sanatorio, de pronto se escuchó en el aire el vago sonido de las sirenas de los bomberos. En los brazos de Inuyasha la chica se despertaba complatamente poco a poco abatida por lo que sucedía a su al rededor, mientras que Sango corría a la par de su hermano vigilando todo con ojo de águila aunque la oscuridad lo hiciera difícil.

-¿Cuánto más falta?- preguntó Sango empujando su cuerpo a través de la nieve que le llegaba un poco más arriba de los tobillos.

-Sólo unos cuantos metros- jadeó el mayor agarrando con mayor fuerza a Aome -Ya todo está bien- le susurró en el oído.

-Inuyasha, Sango ¿Cuál es su posición?- preguntó Miroku por los micrófonos.

-Cien metros del punto de partida- habló Sango.

-Bien, Jakotsu y yo estamos cerca ya saben en donde encontrarnos, Bankotsu nos espera- inconscientemente ambos hermanos asintieron como si su jefe los viera. Por un momento Inuyasha se recostó del tronco de un árbol cercano para arreglar a Aome en sus brazos, en eso el estruendo de un disparo los hizo detenerse, el impacto de la bala lo retuvo aquel árbol a tan sólo centímetros de donde se encontraba la cabeza del muchacho. De inmediato éste miró a todos lados en busca del atacante llevándose una sorpresa.

-Debí matarte cuando pude- se escuchó sobre el sonido de las llamas y las sirenas, la voz monótona de Naraku que apuntaba despiadado a su rival. Sango estaba parada a dos metros de su hermano, analizando la situación, no sabía si moverse o quedarse en su lugar -¡Ahora suéltala y muévete para que pueda matarte como debí hacer desde un principio!- gritó apuntando directo a Inuyasha.

-¡No permitiré que te la lleves de nuevo!- respondió a gritos el ojidorado, de pronto sintió como la chica se movía entre sus brazos, miró hacia abajo encontrándose con su delicado rostro y sus orbes chocolates.

-Déjame pararme por favor- susurró ella con una sonrisa en los labios. El vaciló por un momento pero hizo lo pedido -Naraku…- habló firme, aunque estuviese muy débil y necesitara la ayuda de Inuyasha para mantenerse en pie, su ira era más fuerte -Durante el tiempo que estuve en este lugar aprendí muchas cosas, mejor dicho, descubrí tantas cosas que no sabía y que tú habías ocasionado, sin querer tal vez, pero el daño está hecho. Angélica y Aleksandria son parte de mi y las descubrí en este tiempo, las conocí y vi por lo que pasé sin realmente saberlo. Tú quieres algo que yo tengo, me enteré de esto mientras dormía, mientras estaba en coma supe cual era tú propósito, por fin entendí la razón por la cual me habías adoptado hace ya tantos años… pero sólo puedo decirte que lo que buscas ya no existe… -Los ojos del aludido se abrieron de par en par -¿Recuerdas a Musso?, al niño que mataste por ser inservible, porque su almacenador había desaparecido, pues adivina quien desapareció mientras dormía- la cara de Naraku comenzó a contraerse mientras la sangre le hervía, sus ojos parecían estar en llamas -Así es, eliminé a tú preciada información, ya no existe, se desvaneció, ahora soy tan inservible como Musso, ya no eres mi dueño- los hermanos se miraban extasiados por lo que escuchaban, bien ellos estaban conscientes de la situación de su amiga nunca pensaron escuchar aquellas palabras salir de su boca, por otra parte la furia creciente en el cuerpo de Naraku hizo que un gritó explotara de su boca haciendo que disparara a la niña que ahora era sólo basura para él.

¡BOOM!

-¡NO!- gritó Inuyasha lanzándose al piso junto con su amada.

-¡INUYASHA!- exclamó su hermana. Entonces todo pareció suceder en cámara lenta.

Sobre la nieve los cuerpos inertes de Inuyasha y Aome uno encima del otro, Sango corría hacia ellos sin importarle el hecho de que tal vez Naraku pudiese disparar y herirla a ella también, desesperada tocó los cuerpos encontrándose con que estaban absolutamente bien, en eso los tres miraron a su atacante que caía de rodillas soltando su arma, apretando su torso, tras él la figura delineada de Bankotsu que caminó hasta su lado mirándolo con asco.

-Maldito traidor- Masculló Naraku moribundo -Siempre supe que algún día me traicionarías y me darías la espalda. ¡Todo por esa niña inútil!- mientras hablaba veía a las personas frente a él pero su mirada estaba fija en Aome -¡Aunque muera siempre te perseguiré! Y tú maldito hipócrita la pagarás caro-

-Creo que no estás en posición de hablarme así; yo sólo hago lo correcto, lo que debí hacer hace mucho tiempo- sin más le disparó de nuevo en la cabeza matándolo definitivamente, manchando la nieve de sangre, dejando escuchar el golpe sordo en el suelo que hizo eco junto con aquel disparo. Los tres jóvenes veían incrédulos la escena sobre todo Aome que clavaba sus uñas en los brazos de Inuyasha -Aome…- dijo Bankotsu caminando lentamente hacia donde estaban ellos que se paraban con un poco de dificultad, ella insegura de lo que podría pasar enterró con mayor fuerza sus uñas en la piel del muchacho sin embargo él parecía no notarlo ¿Estaría tan débil que realmente no estaba haciendo esfuerzo alguno?.

El se detuvo a un metro de ellos aun sosteniendo el arma en su mano lo cual los ponía nerviosos, en su mente Inuyasha maquinaba todo tipo de maniobras en caso de que Bankotsu decidiera atacar -Yo sólo…- mientras hablaba llegaron Jakotsu y Miroku por la derecha viendo al cuerpo en el suelo y a el otro frente a ellos -Quería pedirte perdón y decirte que te amo, que siempre lo hice y nunca dejaré de hacerlo- al terminar la oración, de un sólo movimiento Bankotsu Ivanovich llevó aquel revolver a su boca pegando el cañón de su paladar y antes de que alguien pudiese detenerlo jaló el gatillo, dándole fin a su vida. Todos gritaron al mismo tiempo, Miroku y Jakotsu trataron de detenerlo pero fue inevitable, otro cuerpo caía inerte en el suelo bañando la nieve con sangre.

-¡NO!- el grito desgarrador de su hermano se escuchó en todo el bosque. Miroku respiraba profundo para tranquilizarse mientras Sango sentía el estómago un poco revuelto, Inuyasha estaba en shock pero no tanto como Aome, no sólo por las palabras dedicadas, no sólo por el hecho de que acababa de presenciar un asesinato y un suicidio, no…lo que la tenía más extasiada era el hecho de que las dos personas causantes de su sufrimiento estaban muertas, ya nadie podría hacerle daño, de la manera en que ellos lo hacían, por fin era libre una vez más. Al analizar la situación, comenzó a llorar inevitablemente de felicidad, se estremecía en los brazos de Inuyasha que la veía sin entender.

-Soy libre…- explicó ella con una sonrisa -Soy libre- repitió viendo a Sango y a su hermano que le sonrieron inevitablemente.

-Ya todo estará bien- le dijo Inuyasha dándole un fuerte abrazo acompañado de su hermana.

Al rato aparecieron los bomberos tras escuchar los disparos sin embargo Miroku ya había contactado a su unidad especial que estaba por llegar. Jakotsu aun abrazaba el cuerpo ensangrentado de su hermano meciéndose de adelante para atrás, fue difícil apartarlo del cadáver, fue necesaria una dosis de sedante. Mientras le daban una revisada rápida a Aome y Sango por ser pacientes internadas, Inuyasha y Miroku veían todo a su al rededor. Como en un sólo momento había acabado lo que con tanto ímpetu habían peleado.

-Es increíble- dijo Inuyasha viendo fijamente a su amada que estaba sentada en la ambulancia cubierta por una manta especial, aunque estuviera sumamente flaca, con la piel traslúcida y los ojos cansados, ella siempre sería su princesa y la persona más hermosa en el mundo entero.

-Lo sé Taisho, lo sé, parece que fue sólo ayer cuando te detuve por andar fisgoneando donde no debías- comento cómico su jefe.

-Si pero gracias a eso logramos el objetivo- en ese momento Aome miró en su dirección enlazando sus miradas con una sonrisa que él devolvió inconscientemente.

-Ve con ella- sugirió el pelinegro colocando una mano sobre el hombro de su amigo que le respondió con un "si" silencioso. Cuando su hermana se percató que iba en dirección a ellas de inmediato salió fuera de la ambulancia alarmando a Aome pero antes de que ella pudiese decir nada se había desvanecido y en su lugar estaba Inuyasha, allí sentado frente a ella, era real.

-Siento que estoy soñando- confesó la pelinegra viendo a su amado.

-Pues déjame informarte que estás bien despierta- sonrió él recibiendo una risa débil por parte de ella, ese sonido le trajo mucha serenidad. Se quedaron en silencio simplemente viéndose, admirándose, las palabras no eran necesarias más bien estropearían el momento -Ahora seremos tú y yo contra el mundo, ya todo estará bien, lo prometo- susurró Inuyasha colocando una mano en su nuca para así pegar sus frentes -Te amo- y con eso unieron sus labios saboreándose mutuamente, sintiendo el amor con cada latido de su corazón, en cada vena, en cada poro de su ser. Justo cuando se separaron apareció Sango.

-Hora de irnos- informó la castaña sonriente, la pareja asintió y con ayuda de él ella bajo de la ambulancia aun arropada por aquella manta.

-¡Niña!- se escuchó por lo alto, Aome reconoció inmediatamente a la persona -Niña, en dónde está tú padre- preguntó el doctor Petrovski.

-Muerto…- la espontaneidad de aquella palabra en su boca lo sorprendió -Doctor, estoy por volver a mi hogar, ta le explicaran que pasó. Pero antes de irme debe saber que aunque usted trabajara para él, aunque estaba haciéndome daño de alguna forma debo decirle gracias- tanto el doctor como los dos hermanos se sorprendieron -Si no hubiese sido por usted nunca hubiese descifrado este misterio que era parte de mi y si de algo le sirve así sea para dormir tranquilo, logró su cometido, que tenga una buena vida- y sin más Aome hizo la seña para seguir caminando y así fue dejando plantado en ese mismo lugar al doctor que los veía partir en una camioneta negra.

Aquella camioneta negra los llevó directo al aeropuerto, el camino fue largo y callado pero nunca incómodo, Aome en brazos de Inuyasha, Miroku hablando con sus jefes por el teléfono y Sango viendo por la ventana muy pensativa. Jakotsu decidió quedarse en Rusia para organizar el entierro de su hermano y darle la noticia a resto de la familia. Una vez en el edificio los guiaron a un avión privado que esperaba expresamente por ellos, cuando estuvieron a bordo se acomodaron preparándose para el largo viaje.

-¿Aome quisieras comer algo?- preguntó Sango que había llamado a la azafata para pedir alimento, la chica a su lado asintió. Pidieron un poco de comida y esperaron a que estuviera lista mientras hablaban, Miroku e Inuyasha estaban atrás explicando la situación a los jefes superiores -¿Sabes? Durante todo este tiempo yo siempre pensé que tú te habías olvidado de nosotros…que no habíamos significado nada para ti, sobretodo yo, siempre supe que tenías algo con mi hermano pero tú eres mi mejor amiga, eres mi hermana y el hecho de que me olvidarás me mataba- las palabras sinceras de Sango hicieron que inevitablemente las lágrimas de Aome rodaran regando sus mejillas -Pero claro ya sé lo que en verdad pasó así que esos pensamientos estúpidos desaparecieron hace tiempo pero…me siento culpable por haberlos tenido, por pensar que tú me despreciabas cuando en realidad más me necesitabas y yo no pude hacer nada-

-Yo nunca los olvide Sango, opté por ocultarlos, por hacerme la idea de que no existían porque así sería menos doloroso y no quiero que te sientas culpable, yo hubiese pensado lo mismo, no llores- dijo Aome limpiando el rostro de su amiga con sus manos resecas -Ya eso no importa, lo que es importante ahora es que ya estamos juntos de nuevo- después de esas palabras un abrazo fue inevitable.

La mitad del viaje fue Sango y Aome comiendo y hablando mientras que Miroku e Inuyasha arreglaban los problemas legales y la otra mitad fue Sango y Aome durmiendo mientras Inuyasha y Miroku comían y hablaban. Al llegar los transportaron de inmediato a la sede de la C.I.A siendo recibidos nada más y nada menos que por el director de ésta en una habitación especial. Aome fue llevada al laboratorio mientras Inuyasha y Miroku se reunieron con el director y Sango fue enviada a casa.

-Dígame señor Walker en que demonios estaba pensado cuando realizó todo esto- comenzó el director con una sonrisa irónica.

-En el bien estar de la chica- respondió seguro el aludido.

-De acuerdo, pero no le dejé bien claro que estaba fuera de este caso al igual que usted señor Taisho- la sonrisa del director se desvanecía lentamente.

-Si señor, pero…debía hacerlo- la voz de Miroku era simplemente sincera logrando un revirón de ojos por parte del director.

-Debería suspenderlos a ambos por un buen tiempo para que aprendan la lección pero sólo por esta vez lo dejaré pasar porque trajeron a la chica y acabaron con dos objetivos- una ducha de alivio baño a los dos agentes -Pero que sea la última vez que algo como esto pasa, si sucede de nuevo pueden decirle adiós a esta institución- ambos asintieron firmemente.

-Señor lo llaman en laboratorio- informó el guardia que estaba fuera de la habitación en donde estaban, antes de poder evitarlo Inuyasha se levantó y salió del lugar seguido por sus dos jefes. Pronto llegaron al laboratorio en donde se encontraba un grupo grande de doctores y científicos reunidos en un círculo cuyo centro era Aome, todos escuchaban atentos.

-Ella me dijo que podía elegir si desapareserla o que se quedará y se manifestara pero…después de saber lo que era capaz de hacer le dije que se marchara, a demás así ambas seríamos libres, ella no quería hacer daño, por eso fue que no se había manifestado antes. El proyecto que ustedes hicieron no sirve si no para destruir pero para su suerte es como un ser humano que razona- terminaba de hablar la chica.

-¿Qué está pasando?- preguntó entonces el director, todos girando en su dirección.

-Señor el proyecto Anna fue suprimido- informó una de las mujeres de bata blanca.

-Demonios otro más…- masculló el director -¿Cúantos más quedan?-

-Cinco estables señor- respondió un chico larguirucho de lentes.

-Bien, mantengan el numero entonces- en eso el director se acercó hasta la chica y la miró a lo ojos -Eres libre de irte, ya no tienes nada que hacer aquí, sólo pido tú silencio- alegre por aquella oración la chica asintió sonriente. Antes de que pudiese irse le hicieron un interrogatorio de como era Anna y otras cosas, al terminar Inuyasha la esperaba recostado de la pared con los brazos cruzados.

-Pensé que nunca saldrías de allí- dijo pasando un brazo por su hombro.

-Yo tampoco- respondió ella sonriente, ya no estaba tan débil -Ahora ¿Qué?…- habían tantas cosas que hacer que no sabía por donde comenzar tal como visitar a babu y decirle que podría irse de nuevo a su tierra, buscar sus cosas, despedirse de todo el mundo y olvidar, ver en donde viviría aunque ya tenía en mente un lugar, pensar que haría con su vida, buscar ayuda para su trastorno psicológico, etc.

-Ahora…sólo queda vivir- respondió él viéndola a los ojos.

-Con tal de que sea a tú lado- dijo ella con los ojos aguados.

-Es un plan entonces- ambos se rieron. Antes de salir de aquel lugar pasaron por la oficina de Miroku para decir hasta luego, después se fueron directo a casa los Taisho, cuando aparcaron en el garaje fueron recibidos por el combo completo.

-¡Inuyasha! ¡Aome!- se escucharon los nombres en el aire seguidos de besos, abrazos y unas cuantas lágrimas. Esa noche tuvieron una cena familiar, todo parecía irreal para la pelinegra, como de pronto su vida cambió tal y como había sucedido años atrás. Luego de la cena vino el aseo y luego unas horas de sueño aunque había estado en coma por un buen tiempo se sentía cansada, necesitaba fuerzas ya que al día siguiente habían muchas cosas por hacer.

Aome P.O.V

Cuando me desperté a la mañana siguiente con las pilas recargadas no estaba segura si seguía viva o había muerto ya que me sentía en el cielo al estar rodeada por la gente que amaba, pero aun faltaba una persona a la cual iría a visitar. Luego del desayuno y una ducha rápida Sango me llevó a mi antiguo hogar, aquel edificio en la Calle de las Naciones, Inuyasha no nos pudo acompañar por cuestiones de trabajo. Al llegar me quedé un momento en el auto estacionado tomando aire, dándome ánimos, estaba un poco nerviosa de entrar de nuevo a ese lugar.

-¿Quieres que te acompañe?- me preguntó ella.

-No, yo puedo hacer esto, tengo que- respondí segura.

-Vale, te espero aquí entonces- me dijo dándome unas palmaditas de aliento. Salí del auto corriendo hasta las escaleras tocando la acostumbrada melodía sobre la madera haciendo que la puerta se abriera, Logan me veía con una sonrisa de oreja a oreja de inmediato alzándome en brazos.

-¡Pequeña estás bien, aunque bastante delgada! ¡No tienes idea de como te hemos extrañado!- dijo el hombre de tez oscura poniendome de nuevo en el suelo.

-Tú sabes como son esos viajes Logan, ahora iré a saludar a Babu hablamos ahora, también te extrañé- le dije abrazándolo, en realidad si lo extrañaba un poco; con eso partí hasta el ascensor que luego de varios pisos me dejó en el que era mi casa. Al salir del ascensor me quedé allí parada viendo la cerradura sin saber que esperar, preguntándome si Babu estaría allí, muchas preguntas pasaron por mi mente pero decidí que solo mis acciones responderían mis preguntas. Tomé una bocanada de aire y abrí la puerta lentamente viendo como nada había cambiado, tal vez cantidad de polvo que era perceptible en el aire, tanto que se me hacia un poco difícil respirar -¿Babu?- pregunté en el aire recibiendo nada más y nada menos que el silecio absoluto. Con cuidado caminé por el departamento viendo todo a mi al rededor, primero la cocina en donde esperaba encontrarla pero no estaba, luego seguí a la pequeña sala y nada, fue entonces que llegué a la puerta de mi habitación que estaba abierta y la vi allí enroscada en la cama, abrazando un portarretratos, el cuarto estaba intacto, tal y como lo había dejado aquel día en que me fui; con sigilo caminé hasta quedar frente a Babu y con suma delicadeza acaricié su rostro arrugado despertándola poco a poco.

-Devushka…- susurró roncamente Babu haciéndome sonreír -¡DEVUSHKA!- exclamó a los cuatro vientos abrazándome.

-Estoy bien Babu- le dije alegre, extrañaba tanto sus abrazos y su olor a galletas.

-¡Estar bien pero estar muy flaca, tener que comer, ahorita mismo yo preparar comida pero primero abrazo!- Babu seguía abrazándome como si nunca fuera suficiente, como si quisiera asegurarse de que todo era real.

-Babu te extrañé- murmuré devolviendo el abrazo aguantando las ganas de llorar, era inexplicable como aun tenía lágrimas.

-Yo también extrañar a devushka- entonces sentí como mi camisa prestada se humedecía, pobre Babu si estaba llorando ahora qué haría cuando supiera que Naraku estaba muerto y que podría ser libre, pero más que todo que ya no nos veríamos todos los días.

-Babu…hay algo que debes saber- dije, ella paró la oreja -Naraku y Bankotsu…- lo diría por primera vez, que estaban muertos, no podía creer que esas palabras saldrían de mi boca -Ellos…ellos están…ellos están muertos- de inmediato la sorpresa se plasmo en el rostro de Babu.

-¿Cómo?- preguntó.

-Ayer…Bankotsu mató a Naraku y él se suicidó…es decir que eres libre…somos libres- Babu se quedó allí congelada viendo mi rostro fijamente mientras que yo la acariciaba dulcemente -Ya puedes volver Babu, supongo que hoy les darán la noticia a todos- en eso ella volvió a abrazarme.

-Yo volver a casa- susurró en mi pecho -Pero… ¿Devushka a dónde ir?- preguntó viéndome a los ojos con preocupación, yo sólo sonreí.

-A donde pertenezco Babu, con Inuyasha- mi respuesta pareció satisfaserla así que decidió no pelear -Ya es hora de irme tengo que arreglar otras cosas pero vine primero para darte la noticia y despedirme, espero que estemos siempre en contacto. Ahora recoge tus cosas y ve a tu casa- le dije tomando su rostro redondo en mis manos -Ya todo estará bien…no me olvides- con esto último no pude aguantar y dejé que mis lágrimas fluyeran. Nos quedamos ahí abrazadas un rato hasta que decidí partir, ella me dio su número en un papelito que guardé en el bolsillo trasero de mi pantalón.

Al cerrar la puerta tras de mi sintí cierto alivio, me quedé allí parada por unos momentos hasta que recordé que debía despedirme de otras dos personas en especial. Con paso tranquilo por primera vez en ese lugar bajé dos pisos en donde sabía que encontraría a mis amigos, era temprano así que lo más probable era que estuviesen durmiendo. Toqué la puerta pero como era de predecir nadie atendió así que con mucho cuidado y silencio abrí la puerta siendo recibida por la oscuridad absoluta, como siempre el cuarto olía a alcohol y perfume con un toque a cigarrillo. Sin hacer ruido cerré la puerta y esperé a que mis ojos se acostumbraran a la oscuridad para caminar lentamente hasta la ventana y abrir un poco las persianas, cuando lo logré vi que Ayame estaba tendida boca abajo con los brazos y las piernas abiertas, parecía una estrella de mar, tenía puesta una bata blanca que apenas cubría su cuerpo en ese momento fue cuando me pregunté en dónde estaría Kouga, pero no tuve que cuestionarme mucho cuando me percaté que estaba en el suelo envuelto en las sábanas negras, estaba segura que se había caído de la cama o mi amiga lo había tumbado mientras dormían ya que era muy extraño que ellos pelearan y cuando lo hacían ella se iba a mi cuarto o él iba a la de algún compañero. Aguantando la risa caminé por la alfombra hasta quedar frente a la cama y sin poder resistirlo me lancé sobre ella cayendo a un lado de mi amiga despertándola de un solo golpe.

-¡AH!- gritó cayendo de la cama haciendome explotar en risas, de inmediato Kouga se levantó a mi lado con los pelos desordenados y los ojos pesados, yo no paraba de reír -¿¡Quién eres, qué demonios te pasa loca!- preguntó Ayame recobrando la compostura sin verme.

-¡Aome!- gritó Kouga lanzándose sobre mi.

-¿Cómo?- escuché preguntar a Ayame hasta que me vio y pegó otro grito lanzándose sobre mi al igual que su novio -¡¿En donde has estado? ¡¿Por que no llamas o envías un correo desgraciada?- me reclamó dejándome tomar aire.

-Bueno he estado por ahí, simplemente no tenía contacto con el mundo- en cierta forma era verdad, claro nunca diría la verdad completa, ellos me miraron escépticos, era de esperarse que no me creyeran.

-Si claro, claro- dijo Kouga caminando hacia el baño.

-¿Cuando regresaste? No te escuché entrar- preguntó mi amiga peinando su cabellera roja.

-Llegué anoche…pero estaba en casa de un familiar- ella arrugó la cara, estaba clara que no tenía más familia que Naraku -Si bueno por algo que pasó me iré a vivir con ellos así que vine a despedirme- a ella no podía decirle lo que había pasado con Naraku y Bankotsu, debía enterarse cuando vinieran a dar la noticia.

-Es decir que ya no te veré- dijo ella haciendo un puchero.

-No tan seguido, pero claro que nos seguiremos viendo- le dije sonriendo, ella me abrazó.

-¿Por qué tanto abrazo y yo no tengo ninguno?- dijo Kouga ya arreglado.

-Aome se va a vivir con unos familiares- dijo Ayame con el rostro triste -Ya no la vamos a ver-

-No seas exagerada, vendré a visitar lo prometo- dije para tranquilizarla.

-Pues con razón se abrazaban- de un solo movimiento Kouga se abalanzó sobre nosotras atrapandonos en su usual abrazo de oso.

-Bueno ya debo irme, me están esperando, escribanme sus números en un papel, perdí mi telefono- dije y ellos hicieron lo pedido. Antes de salir de su cuarto los abracé una vez más y salí por la puerta. Listo, ya no había más nada que hacer en este lugar.

Cuando entré en el ascensor me vi tentada a subir a la oficina de Naraku por alguna extraña razón, sin pensarlo marqué el último piso y antes de darme cuenta estaba en él. Como cosa rara no había nadie vigilando la puerta así que entré sin contra tiempo, estaba oscuro como siempre, aun estaba su aroma a tabaco y whisky. Caminé hasta su escritorio viendo todo, se notaba que no esperaba morir ya que aun habían documentos en el despacho, una botella de whisky a medio vaciar y un tabaco en el cenicero.

-No esperaba verte por aquí- escuché una voz que me erizó todos los pelos, Kagura, yo la miré sin expresión alguna -Debes estar feliz, ya eres libre. No te culpo yo estoy tan alegre como tú, ya no tendré que aguantarme las malcriadeces de ese niño- dijo ella refiendose a Hakudoshi.

-¿Qué pasará con él?- pregunté, ni de vaina me lo iban a encasquetar a mi.

-Como Naraku no tiene ningún familiar será dado en adopción, tu serías la única opción pero aun faltan unos meses para que cumplas la mayoría de edad, a demás no tienes trabajo así que no podrías mantenerlo- había caminado hasta la amplia ventana viendo a través de ella.

-¿Y que hay de ti?- pregunté.

-Yo sólo era su nana, podría adoptarlo pero ni de broma sigo amargándome la vida, le toca a otro- yo casi me rió, en realidad ella nunca fue mala conmigo.

-Bueno es hora de irme, espero que tengas una buena vida de ahora en adelante- dije mientras me iba de su habitación, realmente no había nada que quisiera conservar de recuerdo de mi "padre".

-Lo mismo digo- y con eso salí de la habitación bajando hasta llegar a la entrada, me despedí de Logan y mientras lo hacia llegaron unas personas del gobierno lo supe por su vestimenta y el auto en el que estaban, ya iban a dar la noticia. Caminé tranquilamente hasta el auto de mi amiga viendo por última vez aquel lugar, dejando atrás todos los malos recuerdos.

-¿Lista?- preguntó Sango mientras me abrochaba el cinturón de seguridad.

-Cien por ciento- respondí.

Ahora comenzaba una nueva vida