CAPITULO 21; TRIUNFOS

Nueva Valyria

La villa de los Othoryon a las afueras de la antigua Volantis era una autentica delicia. Tyrion allí se sentía más cómodo allí en el primer día, que en diez años en la roca. Allí el y su tía podían gozar de los mejores manjares, y los mejores vinos. Con decenas de sirvientes pendientes de ellos, sus días consistían en reconfortantes masajes, funciones de teatro y cantantes. Podían nadar en una gran piscina, e incluso por las noches tenían sus buenos amantes.
A pesar de la belleza de las mujeres allí presentes, Tyrion se sintió acongojado, pues, aunque apenas veía unos cinco minutos cada dos o tres días a Jaenera Othoryon, no podía quitársela de la cabeza. Ni siquiera se atrevía a tocar a ninguna de las mujeres ofrecidas, por temor a causar una mirada de disgusto en la lady dragón.

"¿Qué me pasa?" se preguntó Tyrion tumbado en la cama con una copa de vino "¿Por qué no puedo quitármela de la cabeza?" se sentía tan miserable, al conocer la dura verdad de como una muchacha como ella se fijaría en alguien como él. "No solo es una diosa, también es una jinete de dragones" dijo Tyrion, sabiendo que no podría ser tentada con Roca Casterly ni todo el oro del mundo. Tampoco tenía el valor de intentarlo, alguien de esa perfección solo se reiría de él. Entonces vacío la copa de vino.
Entonces escuchó el batir de alas de Valente, y Tyrion instintivamente salió de sus aposentos, y deambulo por los pasillos hasta llegar a las escaleras, buscando alguna excusa para hablar tan siquiera con ella.
Fue caminando por los pasillos, hasta llegar al patio. Solo esperaba no encontrarse con el anciano Aryos Othoryon, el cual miraba a Tyrion como si su mera presencia fuese un completo insulto a su persona, una mirada muy parecida a la que le daba su padre.

Por un momento Tyrion escuchó un chapoteó, y vio una figura difusa en la piscina. Casi sin darse cuenta, se quedó observando a una desnuda Jaenera, nadando en el agua bajo la luz de la luna. Parecía triste y solitaria y nadaba en círculos, durante un rato hasta terminar flotando en el agua al mirar a la luna.

"¿Te agrada observarme?" le preguntó Jaenera sin apartar la mirada de la luna.

Tyrion sintió como su corazón estaba a punto de salírsele del pecho, pero al menos si moría achicharrado no se le ocurriría mejores ultimas vistas. Sin darse cuenta sus torcidas piernas le hicieron emerger de entre las sombras.

"Os ruego que me disculpéis" dijo Tyrion visiblemente aturdido "No era mi intención molestaros ni ofenderos"

Jaenera dejó de flotar y se sumergió en el agua, hasta llegar al borde de la piscina. Aun permaneciendo en el agua, posó sus brazos en el borde a unos de pasos de Tyrion, pudiendo observar este una tristeza y soledad en sus ojos, violetas luminosos y profundos. Entonces el diablillo tragó saliva.

"¿Qué deseas?" preguntó Jaenera con algo de calidez, algo muy raro en ella abandonando su tradicional actitud fría, algo que solo había con Octarya y sus amigas.

Por un momento Tyrion se quedó sin palabras.

"¿Mañana vendrá el prínceps?" preguntó Tyrion.

"Si" dijo Jaenera "Mañana será la celebración del triunfo y unas pocas horas antes del banquete tendrás una recepción privada con el gran señor" le dijo sin su habitual frialdad.

"Gracias" dijo Tyrion enrojecido "Si me disculpáis…"

"No me molestas" dijo Jaenera, y el corazón de Tyrion latió como nunca de esa declaración. Era la primera vez que alguien le decía eso, y aunque para ella no fue nada, para Tyrion esas palabras significaron mucho. Y se quedó sin palabras.

"¿A que has venido?" le preguntó Jaenera.

Tyrion se sorprendió.

"Vengo en representación de mi casa" dijo Tyrion con cierto nerviosismo "Quisiéramos hacer negocios con el feudo"

Pero Jaenera lo miró fijamente.

"Aegon está vivo" dijo Jaenera "Una araña lo salvó"

Tyrion se sorprendió con lo que dijo Jaenera. Era de rápido entendimiento, y enseguida pudo entender la magnitud de sus declaraciones. De ser así la casa Lannister se hallaba en graves problemas, y el temor afloró por su sangre.

"¿Cómo…como es eso posible?" preguntó Tyrion estupefacto.

"Tiempo después del establecimiento del nuevo feudo, vino un hombre llamado Jon Connigton apareció con un muchacho, que logramos comprobar que era perteneciente a la casa de Aenar. Su excelencia, apoya en secreto a los exiliados en venganza a los amagos de tu rey. El fue quien ha instado a los rhoynar a la rebelión, incluso ha dado a Aegon un dragón que tardará una década en crecer, pero será tan grande como Balerion lo fue en su apogeo"

Tyrion estaba en shock, la situación era realmente más grave de lo que pudiese haber imaginado. Pero aun contaba con una década de tiempo. Realmente Robert había metido la pata hasta el fondo.

"Dioses…" dijo Tyrion abrumado.

"Tengo un plan para salvar a tus siete reinos" dijo Jaenera "Pero tienes que hacer lo que yo diga"

"¿Qué propones?" preguntó Tyrion un tanto extrañado de que la jinete dragón quisiese ayudarle.

"Sé que tu hermana y tu rey han tenido una hija, ofrecérsela en matrimonio a su excelencia" le dijo Jaenera "Su excelencia actuará como sique de contención entre ambos bandos, ya que está planeando desposarse con Daenerys Targaryen" le dijo Jaenera mirándolo fijamente.

Tyrion lo pensó por un momento, aunque Robert ardiese en furia, su padre aceptaría sin duda alguna el compromiso. Y tampoco se le ocurrían otras alternativas realistas, en cuanto se hiciese publico la reaparición de Aegon, habría un levantamiento general en honor al recuerdo de Rhaegar, y en cuanto viesen al dragón, por muy pequeño que fuese sería un refuerzo moral a tener en cuenta.

"¿Por qué me ayudas?" preguntó Tyrion confundido por las confesiones de Jaenera.

"Hace unos días llegó un águila de Domyrion, Vaes Dothraki es historia, nadie fue perdonado, se estima que los dothrakis son solo unos pocos cientos. Vosotros sois leones, pero los Galbarys son monstruos, los monstruos de Tyria. Si su excelencia entra en guerra, ellos llevaran la muerte a todo Poniente. Me fue imposible evitar la guerra de restauración, pero puedo ayudarte a evitar el derramamiento de sangre" dijo Jaenera "Ahora vete y descansa"

Tyrion estaba hiperventilando.

"Gracias…" dijo Tyrion retirando la vista casi en contra de su voluntad.

"lo hago por todas las madres de este mundo…yo tuve una hija y la perdí…y cuando canallas como tu padre o los Galbarys sueñan con grandeza, todas las madres de este mundo lloran" dijo Jaenera.

Cuando llegó el alba, cientos de miles de ciudadanos salieron a las calles. Ya estaba todo preparado, y las calles estaban ricamente adornadas. En Spire, la sede de gobierno, los senadores estaban en cuidadoso orden a la espera de Serbion. Tyrion y su tía Genna estaban en las gradas reservadas para los dignatarios extranjeros. El ambiente era festivo, pero entonces se escuchó el batir de decenas de alas, bajo un cielo oscurecido.

Cien dragones de piedra negra, con magma brillante en ojos y venas recorriendo sus cuerpos, se dividieron por todas las calles de la ciudad, cubriendo las calles, acompañados por dos filas de guardias de la ciudad, que se extendían a lo largo y ancho de la urbe. Hubo un largo silencio, hasta que sonó la música. Primero fueron las trompetas, y luego los tambores. Pronto aparecieron en procesión por la ciudad cinco legiones. Acompañados por una gran banda de música con tinte marcial y místico.
Por el lado occidental de la ciudad, entraron Aryos Othoryon a lomos de Polux, su hijo Jaenor a lomos de Vindex, y su nieta Jaenera a lomos de Valente. Los tres dragones avanzaron a paso extraordinariamente sincronizado. Mientras tanto por el norte, entraron Dyrias Galbarys a lomos de Castor, su hermano Dyras a lomos de Vesiano, y Domyrion a los lomos de Maxis. A lo largo y ancho del recorrido se pudo escuchar la aclamación del pueblo, con un diluvio de pétalos rodeándoles. El recorrido duró casi una hora, pero al final llegaron a la plaza.
En orden jerárquico, los dragones de las dos familias vasallas se posicionaron el uno al extremo del otro.
Ante un publico eufórico levitaron hasta el suelo y caminaron seguidos por sus dragones, mientras se hacían acomodo a las legiones. Entonces la música sonó con más fuerza y los dragones rugieron de orgullo, provocando que la gente estallara enfervorizada ante su poderío. Durante unos minutos más continuó la música mientras los soldados golpeaban el suelo con sus lanzas, y llegó a su climax con la aparición de Pertinax surcando los cielos, hasta llegar al único hueco que quedaba en el lugar. Tyrion juraría que nunca habría visto bestia de mayor tamaño.

Serbion levitó con todo su cuerpo brillando con el naranja cegador del astro, en una muestra de su poder. Tyrion reparó en el tamaño del dragón de magma, y podría asegurar que no habría sobre la tierra criatura que igualase el tamaño ya ni hablar el poder de esa bestia. Lo vio subir las escaleras, y como los senadores abandonaban su estado solemne para alabar su presencia y rendirle pleitesía, algo que lo hizo con algo de timidez y nervios. Finalmente consiguió llegar hasta los últimos escalones, y miró fijamente a su pueblo.

La perfección de ese muchacho le golpeó como nunca, y en ese momento Tyrion se sintió miserable a un nivel que aun no había tocado en su vida. "¿Dónde estuvo ese cuando yo era moza?" dijo su tía Genna en un susurro, mientras reparaban en la figura de una niña rubía de ojos cerúleos, al igual que su dragona, la cual ya tenía el tamaño de una carroza, que se posicionaba unos pasos atrás del prínceps.

"Ciudadanía de Nueva Valyria" comenzó Serbion con un hechizo amplificador "Hoy ha sido el día soñado desde que hace cuatrocientos once años, nuestra madre patria se fue. Desde Lys hasta Vaes Dothraki, desde Lhazar hasta las tierras de Andalia. ¡Solo un pueblo, solo una nación! no más mercenarios, no más esclavos, ni dothraki ni guerras ¡solo paz, solo prosperidad! Hoy es el día de la restauración del mundo, un mundo nuevo y renacido que perdurará diez mil generaciones, todos caminando por la senda del alba de esta una nueva era. ¡Salve a la Nuevo Valyria, salve al nuevo día!"

El gentío rugió de fervor ante el discurso de Serbion. Entonces Pertinax rugió y de su boca salió una esfera de magma, que se alzó a los cielos y explotó con un gran estruendo, iluminándolo con intensidad. Entonces del magma aparecieron decenas de dragones de miles de píes, que surcaron el firmamento con vida propia. Estos expulsaron unos haces de energía, que fueron a parar a la espada de Serbion, quien comenzó a brillar con la luz del astro, mientras giraba su espada y los dragones se fundían. Serbion se elevó al aire y de un movimiento de su espada.

"¡Salve al restaurador del mundo!" gritaron los legionarios al unísono, al poco también el pueblo comenzó a corear el mantra.

Serbion movió su espada y una gigantesca onda de energía surcó los cielos, hubo un ligero calor. La gente entonces enloqueció de la emoción, y Tyrion no pudo sino quedarse más que anonadado por la demostración de poder, que no ni siquiera podía imaginarse que podría existir más allá de en el reino de los sueños.

Al poco de eso, en el interior de la sede del gobierno, Serbión estuvo una hora saludando con educación a los efusivos senadores. Los dignatarios de Qarth, fueron demasiado encantadores para su gusto. Finalmente llegó el turno del príncipe estiveño, el cual le cayó sorprendente bien, tanto que barajó ayudarle a reconquistar su hogar, sería pan comido. Casi con inocencia, este les introdujo a un enano y una mujer oronda que parecía una elefanta vestida de blanco.

"Gran señor, permitidme que os presenta a lord Tyrion Lannister, heredero de Roca Casterly, y su tía lady Genna Lannister" dijo Xabalhar Xho.

"Excelencia es un gran honor conoceros al fín" dijo Tyrion bajando la cabeza en señal de respeto, pero no se atrevía a sostenerle la mirada por la vergüenza que le causaba su deformidad.

"Un placer conocerlos" dijo Serbion agachándose un poco para estrecharle la mano a Tyrion "Mi edecán me dijo que venían en representación diplomática y que llevan un mes esperando mi regreso" dijo haciendo una seña hacía su edecán "si tiene a bien, el señor Vaelys le guiará hacía mi oficina una vez que concluyan estos formalismos, señora si lo deseáis podéis uniros con la princesa Daenerys y mi hermana, dentro de poco será hora de su tentempié"

"Os estoy muy agradecido su excelencia" dijo Tyrion luchando por mantener la calma.

Luego de otra hora de compromisos sociales, Serbion entró en su oficina y solicitó que le trajesen un jugo de naranja fresco. Abrió la puerta del balcón y el aire fresco le hizo suspirar, y exhausto tuvo una sonrisa un tanto tímida mientras miraba a Dany caminar hacia las terrazas en compañía de Missandei, para reunirse con su hermana, y vasalla de doble filo que tenía como niñera.

Petaron a la puerta, y dos guardias abrieron las puertas, a Tyrion y Vaelys. Este ultimo le hizo uno profunda reverencia y Serbion les hizo ademán de que tomaran asiento, mientras el se sentaba es su escritorio. Entonces apareció un criado que les sirvió una copa de néctar de naranja. Serbion puso ver como Tyrion preferiría el bueno vino veraniego, por lo que le ordenó al criado que le trajese una copa.

"Bien, señor Lannister ¿Qué proponéis?" inquirió Serbion.
Tyrion tomó un trago para saborear brevemente el vino, pero debía tener cuidado aquella sería la conversación más importante de su vida, y en secreto hizo acopio de todos su temple.
"Excelencia, vengo en representación de mi padre lord Tywin Lannister, para ofreceros el apoyo de la casa Lannister" dijo Tyrion con solemnidad.
Serbion dio un suspiro, se levantó del escritorio y miró fijamente a Tyrion. Puso sus manos en el rostro de Tyrion, con una le curvó la boca y con la otra le aplasto el pelo. Entonces Serbion sonrió y volvió a su asiento.
"Ahh si, vuestro padre fue el que prometió que vuestra casa nunca me atacaría" dijo Serbion con una sonrisa.
Tyrion no se sorprendió ante lo que acababa de escuchar.
"¿Conocéis a mi padre?" preguntó Tyrion sin ocultar su consternación.
Serbion se tomó un trago del néctar.
"Poco después de instar a Dorne a alzarse en armas contra ese trono de hierro. Me presenté en vuestra capital con mi dragón, e irrumpí en una sala de gobierno. Por un momento pensé que vuestro padre era el rey, pues estaba en píe junto a Eddard Stark. Si supieseis cuanto me reí al ver a ese gordo borracho…tuve una demostración de poder, y accedieron a devolverme Rocadragon, Marcaderiva e Isla Aarpa. Pero si lo hubiese querido, esa misma noche podría haberme hecho con todo Poniente, pero no lo hice porque no tengo ningún interes en vuestra tierra salvo por el hecho de que perturben mis dominios, alentando rebeliones desde el exterio…pero eso es de dominio público…lo que no lo es, es lo que queréis proponerme" dijo Serbion.

"Mi señor…la casa Lannister puede ser un valioso aliado de vuestra nación…somo la casa más rica de los siete reinos" dijo Tyrion con tono suave.

Pero Serbion soltó un bufido.

"Y yo el hombre más rico del mundo" dijo Serbion "ni siquiera sé cuanto dinero poseo…dime Vaelys ¿A cuanto asciende mi patrimonio?" le preguntó Serbion con curiosidad, mientras se tomaba un trago de jugo de naranja.

Vaelys lo pensó por un momento.

"Teniendo en cuanto las arcas de vuestra familia, vuestras posesiones, participaciones…contáis en torno a quinientos millones de piezas de oro…eso sin contar los ingresos de las minas de las montañas de los huesos y los yacimientos descubiertos en Mantarys. Huelga decir que es una cifra muy conservadora, aunque se espera que en menos de un lustro esta quede triplicada" dijo el edecán.

"¿Cuánto oro tiene la roca?" preguntó Serbion "¿Cien? ¿doscientos? Por favor dadme una cifra"

Tyrion en verdad estaba en blanco, había vivido toda su vida en la riqueza más absoluta, y realmente estaba avergonzado por no saber cuanto tenía su familia, aunque en su cabeza hizo una aproximación.

"En torno a veinte millones de dragones de oro" dijo Tyrion con algo de vergüenza por la odiosa comparación "pero nuestros yacimientos de oro son los más importantes de Poniente" subrayó.

"Preguntaría vuestra fuerza militar, pero la palabra más suave que se me ocurre para definir la diferencia de fuerzas no es otra que abismal" dijo Serbion con total tranquilidad.

Tyrion no podía negarlo, simple y llanamente no podía hacerlo. Pero en su interior halló un pobre consuelo, al saber que la poderosa casa Lannister, no era más que una enana frente ante quien estado.

"Podríamos serviros bien" dijo Tyrion "servimos a la casa Targaryen fielmente durante tres siglos"

"Corrección, durante doscientos ochenta y dos años. Hasta que vuestro padre entró en Desembarco del Rey a traición y vuestro hermano mató a su rey por la espalda" le espetó Serbion, haciendo que un escalofrío recorriera el cuerpo de Tyrion "pero eso no me importa, la casa Targaryen estaba acabada desde el momento en que perdió a sus dragones y tanto ese tal Rhaegar como Aerys se buscaron su propio destino. Sin embargo me disgustó el destino de Elia Martell y su hija, en Dorne no tienen mucho amor por vuestra casa, cuando les llevé a Aegon al alba, en el ocaso ya habían partido los cuervos llevando el mensaje de levantamiento…me pregunto lo que ocurrirá cuando sepa que sobrevivió y yo le estoy apoyando…seguro que será interesante" dijo Serbion con voz suave, pero no amenazante, el no necesitaba amenazar.

Pero Tyrion decidió seguir el consejo de Jaenera, mientras aun luchaba por quitarse el repelús de su sangre ante los siete reinos ardiendo, mientras las cabezas de su padre y su hermano colgaban de las picas, de las huestes de Aegon al entrar en la capital y hacerle eso mismo a su hermana y sobrinos.

"Pero ambos queremos la paz" dijo Tyrion "Y los Targaryen no son nada sin vos. Sin embargo, los Baratheon tienen sangre Targaryen tanto legitima como ilegitima, pues la abuela de Robert Baratheon era hijo de Aegon el improbable, y tiene una hija con sangre Targaryen, Baratheon y Lannister" en realidad Tyrion sospechaba de la relación de Jaime y Cersei, pero admitir eso habría sido un suicidio.

Serbion sintió curiosidad.

"¿Qué proponéis?" preguntó Serbion.

Tyrion sonrió con picardía, se le había ocurrido una locura, aunque sabía que se lo estaba jugando todo a una carta mientras se agarraba un clavo ardiente que podía reducirlo a cenizas en cualquier momento.

"Es cierto que muchos añoran el recuerdo de Rhaegar, pero no es menos cierto el enorme rechazo que siente la gente por los Targaryen, y ya estamos cansados de tanto fuego y sangre…vivo en una gran riqueza, pero hasta yo mismo sé que a los campesinos solo les interesa tener veranos eternos, no haya epidemias y por supuesto que no estalle una guerra que se lleve por delante a sus familias. Los siete reinos se han desangrado con cada nuevo rey, prácticamente desde la danza de dragones. En cambio en Valyria las únicas guerras que había eran puras intrigas políticas, mientras la gente prosperaba"

Serbion abrió los ojos como platos. De verdad no se esperaba nada de eso. Su única intención era que Poniente se desangrase en sus guerras, y que el vencedor quedase tan debilitado, que se aveniese a un tratado de paz, o se declarasen en una especie de protectorado si Aegon venciese, pero tampoco andaba por la labor de darle tanto poder, podría despertar viejas intrigas pasadas.

"Queréis integrar a los siete reinos en el Feudo franco" afirmó Serbion casi sin poder creérselo, aunque Vaelys había comprendido muy bien la jugada de Tyrion, pero se guardaba su opinión para si mismo.

Tyrion sonrió con arrogancia y vacío su copa de vino veraniego de un solo trago, disfrutando de ver al prínceps tan sorprendido, pero esto no era más que un muchacho al que le doblaba en edad.

"A la larga sería lo mejor. Con la esclavitud erradicada y según me han contado vuestra falta de practicas incestuosas no habría ningún problema. Y mi sobrina, la hija del rey, una muchacha con sangre andala, de los primeros hombres, de los rhoynar y de Valyria, aunque sean solo unas gotas, podría ser el sello perfecto del pacto, si vos os desposarais con ella…"

"Mi señor" irrumpió Vaelys "si me lo permitís, podríamos otorgarles el mismo estatus que las ciudades libres con una semi autonomía, siempre y cuando cumplan nuestras leyes, y se cohesionan nuestras culturas"

Serbion se levantó de su escritorio, aquella era una decisión de gran importancia. Pero no era una decisión tan descabellada, aunque los valyrios normalmente se casaban entre si tampoco eran raros los matrimonios entre otros pueblos, si ir más lejos, su abuela paterna era del mal logrado reino de Sarnor. Tampoco le disgustaba la poligamia, ya tenía planeado desposarse con Dany, y una segunda esposa no le vendría mal, quizás podría tomar una tercera o hasta una cuarta esposa. Entonces se giró y miró a Tyrion fijamente, haciendo que este le sostuviese la mirada con visible preocupación.

"¿Cómo es vuestra sobrina?" preguntó Serbion.

"La princesa Myrcella es una dulce niña, voluntariosa e inteligente para su edad" dijo Tyrion, al menos eso era verdad. Aunque no entendía del todo por que preguntaba aquello, aunque entonces cayó otra vez en la cuenta de la juventud del propio prínceps.

Entonces Serbion, llamó a un criado, le susurró algo al oído, pero al cabo de un rato, vino el mismo criado con un hombre de mediana edad, menudo, piel morena, piedra y fuego arcano en mano.

"Describídsela" le ordenó a Tyrion.

Tyrion así lo hizo, y al cabo de un rato, la escultura de una dulce niña de pelo largo y rizado, de rostro bello y ojos esmeralda, con su cuerpo pequeño, en vestido de princesa que le habían regalado por su séptimo día del nombre. Serbion estaba complacido, pero un tanto incomodo por lo pequeña que se veía.

"¿Cuántos años tiene?" preguntó Serbion.

"Siete días del nombre, excelencia" respondió Tyrion, un tanto incomodo de como miraba la escultura de su sobrina, había algo demasiado turbio en esos ojos cerúleos.

"Los mismos que tiene Octarya" pensó Serbion.

"Acepto" dijo este con convicción "Vaelys encárgate del papeleo"

"Como vos digáis gran señor" dijo el edecán sin ocultar su satisfacción "pero creo que esto se merece un brindis"

Las ocpas fueron rellenas y los tres alzaron sus copas.

"Por la paz, por la unidad y sobre todo por la prosperidad" declaró Serbion, y los tres bebieron todo de un solo trago. Entonces Serbion le estrechó la mano a Tyrion, y le dijo que tendría un asiento preferente en su mesa durante el banquete.

Al salir del despacho, Tyrion suspiró de alivio, por lo menos había conseguido salvar su pellejo. Pero allí en el pasillo se encontró con Jaenera, quien lo miraba fijamente con esos ojos penetrantes. Entonces tragó saliva, al verla con una túnica blanca que realzaba aun más sus atributos, y su cuerpo le traicionó, por fortuna su baja estatura jugó a su favor en ese sentido.

"Parece que ha salido bien la reunión" dijo Jaenera con algo de alegría aunque mantenía su expresión serena.

"Si, os estoy eternamente agradecido con la información que me disteis" dijo Tyrion apenas procesando que acababa de dar un golpe mortal al trono de hierro. Pero Jaenera sonrió, algo que un poco de calidez, algo nada habitual en ella.

"¿Os apetecería sentaros a mi lado en el banquete?" le ofreció Jaenera, haciendo que Tyrion se ruborizara. Al punto de ponerse como un tomate.

"Mi señora, nada en este mundo me honraría más" dijo mientras comenzaban a caminar juntos por los pasillos. "Tal vez todo esto no sea tan malo" pensó para si mismo.