Disclaimer: Todos los derechos de autor de la presente obra, le pertenecen a Katee Robert. Yo sólo la adapto a los personajes de Crepúsculo de Stephanie Meyer, con fines exclusivamente lúdicos o de entretenimiento.
Capítulo 15
—Dímelo todo.
Bella equilibró el teléfono y se precipitó fuera de la casa dando codazos en el camino. No quería tratar con una Rosalie enloquecida, pero era mejor a que se apareciera exigiendo respuestas.
—No hay mucho que contar. —Nada, excepto Edward dándole en el sofá uno de los mejores orgasmos de su vida, y que luego pasara el día volviéndola loca en la cama.
Además de eso, hicieron una cita para el fin de semana. Pero no podía decirle a Rosalie todo eso.
—Tonterías. Y no me dijiste cuán magnífico es a su tosca manera. ¿Qué sucedió después que te arrastró fuera de aquí? Porque pensé que, si no ibas voluntariamente, iba a cargarte en el hombro como un hombre de las cavernas.
Puso los ojos en blanco.
—No fue nada parecido. —Sí, lo había sido. Aún podía ver la expresión en su rostro cuando le ordenó que tomara el Benadryl o iba a obligarla. No era alguien con quien pudieras tener problemas. Es curioso cómo algo así solía apagarla y ahora pensaba que era más caliente que el infierno.
—Ahora me estás tomando el pelo. Escúpelo.
No había manera de eludirlo, no importa lo mucho que lo deseara. Sentía la necesidad de hablar con alguien, e Emmett no estaba cerca. No es que fuera capaz de hablarle acerca de hombres. Porque, en serio, casi mata a James después de enterarse que tuvieron relaciones sexuales. Se estremeció al recordar la mirada en el rostro de su hermano antes de que la subiera a su vehículo y se alejara. Lo siguiente que supieron de James fue que se exhibió con una escolta policíaca en el asiento trasero de una patrulla. No era exactamente el momento más brillante de su carrera universitaria.
—¿Estás ahí?
Sacudió la cabeza para despejar los recuerdos.
—Sí, lo siento. Sólo tuve un pensamiento extraño.
—Enfócate en mí, que me estoy muriendo por saber lo que pasó anoche. ¡Vamos!
—Está bien, está bien. Me arrastró a la tienda de comestibles, compró un montón de cosas que no necesitaba, y luego me llevó a casa y se negó a irse. —Cuando Rosalie dio un suspiro tembloroso, alejó el teléfono lejos de su oreja y le frunció el ceño a la pantalla—. ¿Estás bien?
—Sí, estoy bien. Sigue adelante. ¿Qué sucedió después?
—A continuación... —Su teléfono sonó. Miró de nuevo la pantalla y una estúpida sonrisa se extendió por su rostro. Edward—. Rose, tengo que contestar esta llamada. Hablamos más tarde. —Colgó, cortando la protesta de su amiga—. ¿Hola?
—Hola, hermosa.
Las mariposas hicieron erupción en su estómago y el corazón le dio un vuelco.
Todo por una sola palabra.
—¿Cómo estás esta mañana?
—Podría estar mejor.
—¿Pasa algo malo? —Dios, ¿y si estaba repensando el salir con ella de nuevo?
—Sólo que no me desperté con una castaña sexy en mis brazos. ¿Conoces a alguien que encaja a la perfección en esa descripción? —preguntó riendo
No sabía qué hacer con su flirteo casual. Tragó, tratando de encontrar algo ingenioso que responder.
—No tanto. —Oh, eso fue genial. Ahora pensaría que estaba pescando un cumplido. Oh, por favor, ¿me dirás que soy bonita? Agh. Mejor cambiar de tema antes de que sea aún más incómodo—. Así que, ¿qué vas a hacer hoy?
—Jasper me está arrastrando a Clayton para almorzar.
—¿Clayton? —Por lo que sabía, no había nada en esa zona, sólo campos sin fin y un solitario parque de casas rodantes. Claro, Loon Lake estaba a pocos kilómetros más allá, pero si iban allí, Edward lo hubiera mencionado.
Una vez más, la impactó el anhelo por la playa. Tal vez debería desechar sus planes para hacer algunos trámites e ir al lago por un par de horas. Era una irresponsabilidad, pero no podía evitar la tentación.
—¿Quieres decir que no estás al corriente de Clayton Burger? Mujer, tienes que salir más. Es la creación más asquerosamente fantástica en la zona, hamburguesas y hot dogs. Lo mejor de ambos mundos.
Hizo una mueca.
—Suena... apetitoso.
—Sí… en realidad no es lo tuyo. Lo entiendo. —Rio de nuevo—. ¿Qué vas a hacer esta tarde? ¿Puedo verte de nuevo?
Se llevó una mano a la boca. Pues sí, la estúpida sonrisa acaba de conseguir ser más amplia. ¿Cuál era el secreto de este tipo para hacerla sentir tan fuera de control? La sensación de caída libre debería haberla enviado por completo al modo de pánico, pero lo único que se sentía era atolondrada.
—Tengo medio millón de cosas que necesitan ser atendidas en la ciudad. Sin embargo, honestamente, estoy pensando saltármelas e ir a Loon Lake.
—Hagámoslo. Compro algunas cervezas y te encuentro allí. ¿O te gustan esos licores fríos?
Al diablo con los trámites, iba al lago con Edward.
—Si consigues Blue Moon, estoy bien con ello.
—Considéralo hecho.
—¿Qué pasa con Jasper? —No quería que abandonara a su hermano para pasar el rato con ella, sobre todo después de lo que le contara ayer. Y, honestamente, ahora no estaba segura de lo que sentía por Jasper en general. Estaba tan convencida de que era el hombre para ella, pero entonces apareció Edward y la tomó por sorpresa. Le hacía sentir tanto. Mucho más que Jasper. Pero eso no significaba que quería interponerse en su tiempo de unión fraternal.
—Oh, le ofreceré la alternativa. También puede venir, si quiere. Tropezó con el último escalón de su porche.
—¿Viene también?
—Sí, ¿por qué no?
Porque no sabía cómo enfrentar estar alrededor de los dos al mismo tiempo. Obviamente Jasper sabía que algo estaba pasando, de lo contrario no la habría empujado, prácticamente, a los brazos de Edward, pero... ¿Qué pasa si Edward le habló de la última semana, y de ayer por la noche? ¿Cómo se suponía que mirara a Jasper al rostro?
Edward continuó, ajeno a su agitación interior.
—¿Nos vemos allí al mediodía?
Echó un vistazo a su reloj. Tenía mucho tiempo para cambiarse y llegar hasta allí.
—Claro.
—Bueno. Hasta pronto.
Se dirigió a su habitación, preguntándose cómo se metía en estos líos. Parecía ser algo constante en lo que se refería a Edward. En un minuto estaba en el buen camino, el trazado por ella, y al siguiente, estaba volando dentro de la madriguera de un conejo, sin suministros y completamente pérdida.
De acuerdo, sí, justo caía a lo más profundo de la metáfora.
Se puso un bikini de color rosa brillante y se vistió deteniéndose frente a su sombrero de ala ancha. Era tonto, pero le encantaba. Y, diablos, era tan blanca que el cáncer de piel era una preocupación muy real... pero no era sexi. Frunció el ceño. ¿Estaba seriamente pensando no llevar el sombrero, sólo porque era más adecuado para una abuela que para una diosa del sexo? No simplemente no. Él podía tomarlo o dejarlo, pero esto era ella, la correcta, junto con todas sus otras peculiaridades.
Es curioso cómo la diatriba mental no hizo una sola cosa para calmar su estómago mientras guardaba el sombrero en el bolso de playa. Justo al lado de su protector solar, toalla, y una estimulante y ardiente novela romántica. Puso el bolso en la cama antes de que empezara a jugar con su contenido, y fue en busca de sus chanclas. Se las puso, y moviendo los dedos de los pies concluyó que necesitaban otra capa de esmalte, pero no había tiempo y la arena causaba estragos de todos modos.
Basta con pensarlo dos veces. Era hora de irse. Claro, llegaría temprano, pero no había nada de malo en ello, así podría leer su libro. Hacía tanto tiempo que no se relajaba que ni siquiera estaba segura de dónde había dejado la historia. Tal vez sólo debería empezar desde el principio otra vez.
Agarró su bolso, una botella de agua y partió. Manejaba a alta velocidad, y observó Clayton mientras volaba. Había un destartalado edificio que debía ser el restaurante, pero nunca lo hubiera imaginado con sólo mirarlo. Ni siquiera tenía un letrero. Gracias a Dios Edward no la invitó al almuerzo. No estaba segura de lo qué iba a conseguir al traspasar la puerta de entrada.
Pagó la cuota de cinco dólares para entrar al parque y luego se dirigió hacia las desvencijadas escaleras. Pasó frente al enorme muelle en forma de U en el que todos los niños estaban jugando, y eligió un lugar en la segunda playa, más pequeña, prácticamente vacía, excepto por una pareja de mediana edad.
Después de frotar cada pulgada de su piel expuesta con filtro solar, se despojó de su ropa y yació sobre su estómago con la novela romántica abierta delante. El sombrero de ala ancha proporcionaba suficiente sombra para contrarrestar el resplandor de las páginas, y rápidamente se perdió en la historia de un Highlander y su novia renuente.
Las cosas eran mucho más simples en las novelas románticas, al saber que no importa cuáles sean las pruebas que atravesaban, había un felices para siempre esperando por la pareja involucrada. La vida real rara vez era tan simple.
