Disclaimer: Todos los derechos de autor de la presente obra, le pertenecen a Katee Robert. Yo sólo la adapto a los personajes de Crepúsculo de Stephanie Meyer, con fines exclusivamente lúdicos o de entretenimiento.


Capítulo 20

Si Edward no la tenía en este mismo segundo, iba a perder su maldita mente. Puso a Bella en sus brazos, besándola nuevamente. Como si besarla por si solo pudiese volverlo loco, era un misterio. Pero con Bella, podía hacerlo durante horas. Por su parte, ella no lo empujó fuera o lo llamó un Neanderthal otra vez. En su lugar, ella se derretía bajo sus manos, plasmándose en su pecho. Cristo, el olor de esta mujer era suficiente para volverlo salvaje.

Se retiró para decirle—: He intentado tan duro ser bueno, pero joder, te necesito.

—Sí.

Esa simple palabra. Nada más. Pero fue suficiente. Edward se volvió hasta que la espalda de ella estaba contra la puerta y besó su camino por su cuello, tirando de su vestido. Había sabido que ella no llevaba sujetador, a pesar de eso, gruñó cuando la tela cayó para mostrar sus pechos. Incluso en las tenues sombras, ellos eran algo perfecto. Absolutamente perfecto.

A pesar de su desesperación tirando de él, empeorando con cada segundo que pasaba, se tomó su tiempo. Algunas cosas no se podían apresurar, y esta mujer merecía ser adorada. Él le tomó los pechos, usando los pulgares para rodear los pezones. El gemido de Bella fue lo suficientemente fuerte para ser escuchado sobre la música.

Era demasiado. No podía esperar.

Liberando sus pechos, se dejó caer de rodillas y deslizó sus manos por sus piernas, levantando su vestido hasta que sus bragas fueron reveladas. Edward encerró la tela en una mano y usó la otra para darle un tirón al encaje hacia abajo.

—¿Qué…? —Su aliento siseó cuando el lamió su centro. Cristo, ella sabía aún mejor de lo que recordaba.

No era suficiente, no en esta posición. El empujó su vestido en sus manos. — Aférrate a esto. —Antes de que pudiera responder Bella, Edward utilizó su agarre en la parte posterior de sus muslos para levantarla y fundirse, arrastrándola por la pared. La dejó completamente indefensa y abierta bajo su lengua. Se tomó su tiempo, saboreando cada pulgada de ella antes de que se concentrara en su clítoris, ligeros latigazos que le causaban temblores con tanta fuerza que casi perdía su agarre. Bella lo tomó del pelo, manteniéndolo en su lugar. Como si él quisiese estar en otro lugar.

—Por favor, no te detengas.

Infiernos, no iba a parar. Edward chupó su clítoris, necesitando sentirla viniéndose contra su cara otra vez. Sus gemidos lo conducían, pero él no bajaba los brazos a la necesidad de darse prisa. Cuando sus caderas comenzaron a rondar en su encuentro, correspondiendo el ritmo, manteniéndolo constante incluso cuando ella jadeaba y daba vueltas. A continuación, su cuerpo se tensó, sus uñas en el cuero cabelludo. Le dio la bienvenida al dolor, manteniendo los lametones suaves hasta que dejó de estremecerse.

Bajándola al suelo, Edward esperó hasta que cerró sus rodillas antes de pararse. Bella ya estaba alcanzando sus pantalones, y él no necesitaba más ánimo. No esperaba que ella se dejase caer, sin embargo.

—Bebé… —En la primera tentativa del golpe de su lengua, su mente se quedó en blanco. Edward sólo podía mirar hacia ella mientras envolvía sus labios alrededor de su pene. No había palabras para describirlo. Él no podía…

Bella lo llevó más profundo y su espalda golpeó contra la pared. Su lengua acarició la parte posterior de su longitud, incluso cuando la cabeza de su pene golpeó la parte posterior de su garganta. Cristo, a este ritmo, las rodillas le iban a fallar. Su boca se sentía tan malditamente bien, pero era más que eso. Tener a Bella de rodillas y, obviamente, disfrutando… Nunca en un millón de años lo hubiese esperado. No aquí. No como esto. Pero, Dios, amaba cada segundo de ello. Ella hizo un zumbido mientras tomaba sus bolas, y la sensación de sus uñas ligeramente arrastrándose sobre su delicada piel enviando la presión acumulándose en la base de su pene.

No, era demasiado pronto. Edward necesitaba estar dentro de ella. Entrelazó los dedos en su pelo sin apretarle, tirando suavemente hasta que se puso de pie. Una rápida mirada alrededor no le dio ninguna buena opción, negándose en llevarla al suelo. No consideró los estantes, tampoco. Cristo, era un lugar estúpido para hacer esto.

—Date la vuelta. —Él tomó sus manos y las apoyó en la puerta. Luego tomó sus pechos jugando con sus pezones hasta que ella se arqueó contra él. Mantuvo agarrando el pecho izquierdo, levantó su vestido nuevamente y empujó sus piernas más separadas.

Su pene se encontraba justo sobre su culo y cuando ella empujó hacia atrás contra él, casi se perdió allí mismo. —Joder, Bella, necesito encontrar un condón.

Fue a su cartera, pero ella le agarró la mano y sacudió la cabeza. —Estamos cubiertos. Ahora, Edward, por favor.

Se presionó contra su entrada y luego se introdujo en ella, la sensación de tomar a Bella sin condón era más potente de lo que esperaba. La gran cantidad de confianza que ella debía tener en él para permitírselo, por no hablar de su falta de vacilación, lo sacudió en un nivel tan profundo que debía tomarse un momento para sí mismo. Lo haría bien con ella. No le daría razones para que lamentase confiar en él tanto.

Edward mantuvo sus empujes poco profundos, trabajando su camino un poco más profundo en cada uno. Ya el cuerpo de Bella estaba temblando. Le empezó a preguntar si estaba bien, pero luego se echó atrás contra él y lo único que podía hacer era gemir.

—Más Edward, necesito más.

Esto no era lo que había pretendido. Edward quería llevarlo lento, volviéndola loca por él, pero su urgencia era como una droga en su sistema. Usando su control sobre las caderas, latiendo en su interior, forzando el movimiento, golpeando su piel junta en un sonido que Edward podía oír incluso por encima de la música de la otra habitación.

Mierda, mierda, mierda. Demasiado. Había ido demasiado lejos.

Cuando Bella se empujó hacia adelante, casi la dejó ir, pero luego se deslizó de nuevo en su pene. Ella gimió, moviéndose hacia delante de nuevo, y Edward captó la indirecta. Consiguió un mejor agarre en sus caderas, tuvo la necesidad de demandarle que él manejaría esto. Se encontraron mutuamente, golpe a golpe, en forma de un calor construyéndose en la base de la columna vertebral de Edward. Todavía empujando, se inclinó hacia adelante, besando la parte posterior de su cuello mientras deslizaba su mano entre sus piernas y apretó su clítoris. Con cada golpe, frotaba su mano, sus gemidos cada vez más fuertes.

—Vente para mí, nena.

Ella se volvió salvaje, su orgasmo ondulando en su pene hasta que perdió completamente el control. Bombeando dentro de ella, Edward iba tan fuerte que sus rodillas se doblaron. Se apoyó en la puerta y trató de volver a aprender a respirar. Demasiado. No era suficiente. No estaba seguro de que estuviese dispuesto a dejarla ir.

La puerta vibró contra la mejilla de Bella y ella saltó, golpeando a Edward en la cara con la parte posterior de su cabeza. —Oh Dios, alguien está en la puerta.

Él gimió y la dejó ir de la pared, y cuando se dio la vuelta se veía muy malditamente satisfecho de sí mismo. —Nena, eso fue fantástico. Ni siquiera sé si puedo caminar en este momento.

Eso hizo dos de ellos.

Se puso su vestido, luchando torpemente con las correas. Quienquiera que estaba en el otro lado, aparentemente, no se rendiría. En su lugar, golpeó más fuerte. —Edward, ellos van a entrar aquí.

—Relájate. Está todo bien.

No se sentía todo bien. De acuerdo, eso no era realmente cierto. Su cuerpo se sentía muy bien, desmesurado alucinante sexo podría hacer eso a una chica, pero su mente era un torbellino con lo que acababan de hacer. Sexo sin protección en un maldito armario de almacenamiento. Ella estaba tomando la píldora, seguro, pero o Bella había perdido su mente o Edward significaba más para ella de lo que había previsto.

Ese fue un pensamiento alarmante.

Edward la besó, y las preocupaciones de Bella se desvanecieron. Ciertamente, este no había sido exactamente su momento más elegante, pero no importaba. Ella se preocupaba por Edward y él obviamente se preocupaba por ella. Eso significaba algo, aunque no estaban exactamente siguiendo el camino tradicional.

Nota mental: nunca, alguna vez, bajo ninguna circunstancia, decir a Emmett acerca de esto. Perdería su maldita mente. Y ni siquiera pensó en la reacción de su madre ahora.

Una vez que su vestido estaba en su lugar, miró alrededor. —Uh, ¿dónde está mi ropa interior?

—No sé, nena. —El golpeteo se hizo aún más intenso y el pomo de la puerta traqueteó—. Pero tenemos que salir de aquí.

—No puedo salir sin mis bragas.

—Soy dueño de este antro. Nadie va a jugar con ellas, ¿de acuerdo? Confía en mí.

Oh, Dios, él no estaba bromeando. No se veía como si fuera a tener una opción. Bella suspiró, al menos, no había manera de que él pudiera escuchar el tenue sonido, y finalmente asintió. —De acuerdo.

Edward tomó su mano y, con una última sonrisa, abrió la puerta. Quienquiera que fuera, ella esperaba al otro lado, era el enorme tipo calvo de la puerta principal. — Tenemos un problema, jefe.

Al instante, toda broma había desaparecido de su rostro. —¿Qué tipo de problema?

El gigante lanzó una mirada hacia ella y levantó sus cejas. —El, ah, tipo importante.

Oh, genial. Eso fue sutil. Obviamente, él no quería decir nada delante de ella. Bella rodó sus ojos, trató de no dejarlo picar cuando Edward no saltó inmediatamente en su defensa. Eran sólo negocios. No significaba que él estaba manteniendo secretos. Se sentía apagada debido a lo que acababa de ocurrir. Correcto.

Ella buscó algo que decir. —Sólo agarraré otra bebida mientras te ocupas de esto.—Después del sexo, su garganta estaba reseca. Porque, realmente, no estaba huyendo porque no estaba lista para lidiar con el cambio en la relación.

—¿Estás segura, nena?

Ella podría ser muchas cosas, pero pegajosa no era una de ellas. Y Bella nunca querría estar en el camino de su negocio... lo que fuera. —Claro. —Incluso si no la hacía completamente a gusto, no era como si ella podría exigir una explicación aquí y ahora. Era el club de él, así que, técnicamente, era su negocio.

—Vuelvo enseguida. Ni siquiera sabrás que me he ido. —La besó de nuevo, tirando de Bella contra su cuerpo. A pesar de sus mejores esfuerzos, se fundió en él. Sólo fue el gorila aclarándose su garganta que los separó. Cuando Edward se alejó, Bella tomó una respiración lenta, inestable. Sexo en los armarios. Enrollándose en público. Era como si fuera una extraña.

No sabía cómo se sentía al respecto. Aunque sabía lo que Rosalie diría "salta de nuevo en ese armario para otra ronda". Y sabía lo que Edward diría "nena, estás pensando demasiado de nuevo". Era como tener dos demonios en su hombro, excepto que uno era su mejor amiga y el otra el hombre responsable del mejor sexo de su vida.

De acuerdo, esa metáfora acaba de tomar un giro extraño.

Con un encogimiento de hombros mental, se dirigió hacia el concurrido bar. Había un poco de espera, pero no le importaba. Bella necesitaba tiempo para centrarse. La gente se apretaba a ella, olores contrapuestos de muchos perfumes y colonias asaltando sus sentidos. Buen Señor, ¿todo el mundo se duchó en la casa antes de que salieran? Fue suficiente para hacer que se preguntara si ella estaría mejor en un piso diferente. Pero no podía hacer eso. Bella ni siquiera sabía si Edward tenía su teléfono, gastarían el resto de la noche tratando de encontrarse el uno al otro.

Antes de que pudiera tomar una decisión, una brecha apareció delante de ella y Bella se deslizó en ella. Hizo una señal al barman, pero aun así tuvo que esperar cinco minutos para que la mujer hiciera su camino.

—¿Qué pasa?

—¿Puedo obtener un... —No un vodka con limón, no había manera de que pudiera conseguir pasar a través de esta multitud sin derramar hasta la última gota de la copa de martini—. Un vodka tonic.

—Dalo por hecho. ¿En la cuenta del jefe?

—Sí, por favor. —Se lo devolvería más tarde. O simplemente, diablos, le dejaría pagar por su maldita bebida. ¿Por qué siquiera se preocupaba por esto? Sus pensamientos estaban a toda marcha, saltando unos sobre otros en su esfuerzo por llevar sus miedos directo al primer plano.

Bella sorbió su bebida y casi la escupió de vuelta. Santa mierda, esto era repugnante. Le sirvió correctamente por pedir algo sin haberlo probado primero. Pero, diablos, mucha gente bebía esto. Al menos, Rosalie lo hacía. Supongo que simplemente no era cosa de Bella. Con un suspiro, puso el vaso en la barra y se volvió para observar a la gente moviéndose a través de la habitación. En su mayoría eran gente de la universidad, todos jóvenes y vestidos con una variedad de ropa, ninguno tenía mucho que ver con la música country por lo que podía ver.

A pesar de la buena música y observar a la gente, no pasó mucho tiempo para que se sintiera aburrida. ¿Dónde estaba Edward? Debería haber regresado ya. Sacó su teléfono y le echó un vistazo. ¿Quince malditos minutos? Por Dios. Ella estaba cansada de esperar por él.

Bella se empujó fuera de la barra y se dirigió hacia el ascensor. La música que había disfrutado antes ahora chirrió en sus nervios. Ella pulsó un botón al azar y golpeteó su pie a medida que descendía. Las puertas se abrieron y la música golpeó por todo su cuerpo, tan fuerte que no podía manejar encadenar dos pensamientos juntos. Desde su punto de vista, Bella podía ver cómo las personas estaban apretujados de una pared a otra, meneándose de una manera casi—orgásmica mientras algunos raperos continuaban sobre el asiento trasero de su coche.

De ninguna manera podía encontrar alguna persona soltera allí. Bella golpeó el siguiente número abajo, preguntándose si tal vez debería sólo esperar por la puerta principal. Eventualmente Edward estaba destinado a acabar con su negocio, lo que fuera, e ir a buscarla. Cuando no la encontrara en el piso country, trataría de encontrarla.

¿Verdad?

Esta vez, cuando las puertas se abrieron, era tecno volando a través del espacio. A pesar de que esta habitación estaba ligeramente menos concurrida que la otra, el baile era tan sugerente y la música... cielos, ella ni siquiera oía las palabras.

Bella estaba tan fuera de su elemento que ni siquiera era gracioso.

Sólo había dos opciones que quedaban, el primer piso o el de arriba. Cruzando sus dedos, presionó el número cinco y esperó lo mejor. Al menos no había nadie en el ascensor para presenciar su espiral en el auto—duda. O, peor aún, tratando de ligar con ella.

Al menos esta vez, cuando las puertas se abrieron, sólo había el tenue sonido de la música clásica y un suave murmullo de voces. Finalmente, algo con lo que podría relacionarse. Incluso si Edward no estuviera aquí, ella realmente podría preguntarle a alguien dónde era el mejor lugar para encontrarlo.

Plan en marcha, Bella se dirigió hacia la barra. Entonces el hombre detrás de ella estaba o bien en sus primeros cuarenta años, o era uno de esos tipos cuyo cabello se volvió plateado temprano. Después de tomar su rostro sin arrugas, decidió que era probablemente lo último. Él le dio una sonrisa ganadora que le tenía que ganar muchas propinas. —¿Qué puedo conseguirte?

La última cosa que necesitaba ahora mismo era alcohol. —Estoy buscando a Edward Cullen. Estábamos en el piso country y el gorila dijo que tenían un problema del que tenía que encargarse. —Mierda, ¿y si no se suponía que tenía que decirle eso?

El tipo no parecía sorprendido. De hecho, su sonrisa ni siquiera vaciló. —Las oficinas están en el primer piso. No estoy seguro de si eso es donde estaría, pero, como puedes ver, él no está aquí.

Parecía bastante fácil, y ella era lo suficientemente inteligente como para reconocer un despido cuando lo oyó. Obviamente este tipo no quería tener nada que ver con ella tan pronto como la catalogó como un cliente que no paga.

—Gracias.

Ella esperó el ascensor, de repente agotada. Después de toda la emoción y el caos, sólo quería ir a casa y meterse en la cama. Si ella tiene que hacerlo en los brazos de Edward, entonces mucho mejor.

El bar de la planta baja era más tranquilo que el resto, pero tal vez eso fue sólo por comparación. Aparte de un puñado de personas en todas las mesas de billar, todo el mundo estaba sentado y bebiendo. Miró alrededor, preguntándose dónde estaban situadas las oficinas. Dado que no había visto ninguna posibilidad de pasillos o puertas mientras entraba, tenían que estar en la parte de atrás.

Bella tejió a través de las mesas, caminando paralelo a la barra. Efectivamente, había un pasillo metido en la esquina trasera del cuarto. Ella lo siguió, tomando nota de los baños a la vuelta de la esquina, y siguió adelante. Las oficinas tenían que estar de vuelta aquí en alguna parte. Cuando giró otra esquina, captó el murmullo de voces, una mujer y un hombre.

Ese no era Edward... ¿verdad?

Caminando lentamente, se esforzó por escuchar lo que estaba diciendo, pero no funcionó. Había sólo una voz. No podía captar ni una sola palabra. Finalmente, Bella se rindió y presionó su oreja contra la puerta, ignorando la culpabilidad que sintió por escuchar a escondidas.

Una mujer se río. —Oh dulces mejillas, tú no tienes ni idea.

—Estoy seguro de que la tengo. He dado la vuelta a la manzana unas pocas veces.

Esto no es nada nuevo.

No había ninguna duda acerca de la diversión en la voz de Edward. El corazón de Bella dio un medio latido y encontró su lugar en algún punto al sur de su tobillo derecho.

¿Seguramente él no quería decir lo que parecía?

—Apuesto a que se lo dices a todas las chicas.

—Sólo a las bonitas. No puedo creer que volaras hasta aquí.

—¿Cómo alguien más aparte de mi iba a suponer que volverías a L.A.? Porque todas mis llamadas obviamente no fueron cortadas.

¿Todas sus llamadas? ¡Oh Dios mío! Él había estado al teléfono con esta mujer mientras estaba en la casa de Bella.

—Sé que has pasado un momento duro y siento que este asunto te esté ocupando tanto. Tan pronto como regrese a California, nosotros lo resolveremos todo.

Espera, ¿qué? ¿Iba a volver a L.A.? ¿Y él no se lo había dicho? Ninguna mención a la mujer con la que salía.

—Sólo estoy feliz de que vuelvas.

La respiración de Bella rasgó a través de sus pulmones. Seguramente esto era un error. Estaba malinterpretando lo que ellos estaban diciendo. Tenía que estar malinterpretándolos. El pánico la inundó, tan fuerte en su garganta que apenas podía respirar a través de ella.

La puerta era más pesada de lo que ella esperaba, lo que probablemente explicaba lo débiles que se oían las voces, pero consiguió abrirla lo suficiente para deslizarse dentro de la habitación.

La vista que encontró la paró en seco.

Edward parado cerca de una mujer alta con el pelo de color púrpura. Muy cerca. Al sonido de la puerta, él se volvió hacia Bella, limpiando su boca. El mundo se volvió blanco alrededor de los bordes, la habitación entera giró lentamente antes de cerrarse de golpe en el epicentro. No había error en el pintalabios embadurnado en el reverso de la mano o en la conversación que él había tenido.

En avalancha, todos los miedos de Bella se arremolinaron a su alrededor, cada uno reclamando su deuda. En un flash, ella tenía diecinueve otra vez y estaba parada en medio de un grupo de amigos. James tenía su brazo alrededor de su nueva chica a pesar del hecho de que él había tomado su virginidad hacía menos de cuarenta y ocho horas. Su corazón dio un batacazo en su pecho mientas su sonrisa se volvió mezquina.

—¿Qué? ¿Pensaste que alguna vez estaría satisfecho con una zorra frígida como tú? Tan sexy como follarse un cadáver—. Y luego se volvió y se alejó riéndose de ella todo el rato.

No otra vez. Nunca otra vez. Ella estaba tan segura de que Edward no estaba mintiendo después de su semana juntos, bastardo engañoso, pero aparentemente su primera impresión había sido la correcta. Ellos habían tenido sexo y él ya estaba besando a otra mujer y haciendo planes para volar a California ¡Oh, Dios mío!, había jugado con ella como una tonta. No sólo eso, la había rebajado a su nivel.

Su madre había estado en lo correcto todo el tiempo.

—Tú…

Tantas palabras se agolparon en su boca, pero no pudo dejar salir ni una sola.

Edward se alejó de un salto de la mujer, como si se hubiera quemado. Aunque era demasiado tarde. Ya había visto la verdad. Distantemente, notó cuan hermosa era en sus ropas de diseño y con su osado pelo púrpura. Justo el tipo de mujer que Edward realmente quería, el tipo que entendía los juegos mejor de lo que lo haría alguna vez Bella.

La habitación se volvió borrosa y dio vueltas alrededor de los bordes. Se tenía que largar de allí. En ese mismo momento. Porque lo próximo que él diría podría explicarlo todo y si ella se sentaba allí el tiempo suficiente, probablemente le creyera.

¿Por qué Dios mío, había él hablado justamente de cada uno de sus miedos, tranquilizándola haciéndola creer que en realidad le importaba? A pesar de lo que había pasado anoche, la idea era bastante divertida.

Edward se movió lentamente hacia ella, con las manos hacia arriba como si fuera un nervioso caballo. Él debería saberlo mejor.

—¿Bella? Cariño, respira.

Ella sacudió su cabeza. Le había mentido y le mentiría otra vez si le daba una media oportunidad. Y, como tonta que era, caería en ello. Suponía que no había aprendido de sus errores con James.

Bien, maldita sea, iba aprender de ello ahora.

La resolución calmó su agitada respiración. Retrocedió, levantando una mano cuando él hizo como si quisiera continuar.

—Mira, estás obviamente ocupado aquí, así que te dejaré con ello.

—No. ¡Maldita sea, Bella!

La maldita puerta fue por poco su perdición. Mientas Bella luchaba por abrirla, podía sentir a Edward caminando hacia ella como si ellos estuvieran acoplados por alguna extraña conexión. Pero eso era basura. No había ninguna conexión entre ellos, sólo una cadena de malas decisiones.

Debería haberse dejado sus bragas puestas. Finalmente, la puerta se abrió lo suficiente para que se deslizara por ella. Pensó que había oído gritar a Edward su nombre, pero Bella no se quedó para averiguarlo. Lágrimas nublaron su visión y todo su enfoque se redujo a salir pitando de ese estúpido club y llegar a casa. Había sido una maldita tonta por exponerse en primer lugar.

Se ahogó en un sollozo, se echó a la calle casi tropezando con sus propios pies en el proceso.

De repente una completamente irracional urgencia por llamar a su hermano surgió. Antes de que se arrepintiera, sacó su teléfono y ojeó sus contactos. Cuando presionó el teléfono contra su oído, fue justo cuando se paró a preguntarse qué hora era en Japón ahora mismo. Antes de que pudiera cambiar de opinión y colgar, Emmett respondió:

—Hola, Bells.

Ella sorbió, tratando de mantener el control de sus emociones.

—Hola.

—¿Qué va mal?

Bella sacudió la cabeza, limpiándose los ojos, pero las lágrimas no pararon. Ahora que le tenía al teléfono, no sabía que decir.

Toda la calidez desapareció de su voz.

—Dime que ha pasado. Ahora.

Esto era un error. Debería haber sabido que era mejor no llamar a Emmett, especialmente cuando no podía parar de llorar, pero no había remedio para eso ahora. Si le colgaba, él estaría en el próximo avión a casa.

Una pequeña cosa como una ausencia sin permiso no significaría nada para su hermano si pensaba que su hermana pequeña estaba en problemas.

—¿Quién es él?

Desde luego, su hermano se percató del hecho de que esto era acerca de un chico.

Su hermano era un listillo. Bella tragó deseando tener un pañuelo para sonar su nariz.

—No es un asunto importante. Siento haberte molestado con esto.

—Bells —suspiró Emmett, algo de su tono asesino frío como el hielo, drenándose fuera y siendo remplazado por el del hermano que limpió sus lágrimas cuando volcó su bicicleta y se arañó su rodilla.

—Por favor dime qué pasa.

Ella sorbió otra vez.

—Yo…yo pienso que hice un lío. —Las lágrimas empezaron otra vez, peores esta vez—. Realmente m—me gustaba este chico, y—y está arruinado. Todo está arruinado.

—¿Qué chico? ¿Tu jefe?

—N—no. —La enormidad de las dos últimas semanas cayó en cascada alrededor de sus hombros. No sólo intentó seducir a Jasper y falló sino que ella durmió con su hermano. Luego... luego… ella fue y perdió su idiota cabeza y sorprendentemente empezaba a enamorarse de él cuando todo lo que él quería de ella era sexo para quitarse la tensión antes de poder volver a L.A. y a otra mujer. Presionó la mano contra su boca, intentando reprimir el sollozo que amenazaba con emerger—. Yo no—no sé qué—qué hacer.

—No puedes ir a papá y a mamá con esto. Mamá se volverá loca ¿aún tienes amistad con esa mujer, Rosalie o como se llame?

—Sí.

—Llámala. O coges un taxi o ella tiene que venir a recogerte, pero no conduces esta noche, ¿está bien?

—Está bien —susurró ella. Justo como siempre, la actitud de Emmett de yo me hago cargo centrada en ella, incluso si esto no contrarrestaba lo que ella había hecho. Si él supiera… No, no podía contárselo a Emmett. Él mataría a Edward.

—¿Quieres que la llame yo? Oh, mierda, ¿hay alguna cosa que pueda hacer aparte de sentarme aquí y escuchar como lloras por teléfono? No ser capaz de ayudarte está matándome Bells.

No sería capaz de contener su sollozo para siempre. Bella tenía que colgar el teléfono antes de que le diera voz.

—¿Puedo llamarte mañana, cuando este… tu sabes?

—Si —suspiró él—. Hazlo. Estaré en casa en unas pocas semanas, todo irá mejor entonces.

Todo estaría mejor y nada estaría mejor. Tener a Emmett alrededor no iba a cambiar cómo las cosas habían explotado en su cara con Edward. —Hablaremos más tarde. Te quiero.

—Yo también te quiero.

Escogiendo una dirección al azar, empezó a caminar. Una vez que se calmó y hubo encontrado un lugar, llamó a un taxi. Excepto que la idea de volver a casa sola en la parte de atrás, casi la tuvo de rodillas. Sin la calmante presencia de su hermano, sus sollozos volvieron tan rápido ahora que eran casi como un largo lamento de desesperación. Bella envolvió sus brazos alrededor de ella, queriendo allí a su hermano, a su amigo, esperando ir a casa y básicamente queriendo una jodida máquina del tiempo para volver dos semanas atrás. Así podría golpearse en la nuca por haber siquiera pensado en que subirse a la cama con Jasper era una buena idea. Era la peor jodida idea que había alguna vez tenido y esto le había enviado a una espiral descendente sin igual.

Ella incluso no se reconocía a sí misma.