Disclaimer: Todos los derechos de autor de la presente obra, le pertenecen a Katee Robert. Yo sólo la adapto a los personajes de Crepúsculo de Stephanie Meyer, con fines exclusivamente lúdicos o de entretenimiento.


Capítulo 23

El zumbido de la máquina de tatuaje por lo general calmaba a Edward, pero hoy quería tirarlo por la ventana. Dos días. Dos malditos días que había vuelto a la ciudad y no había oído ninguna maldita cosa. Apoyó los pies en la silla y se preguntó qué estaba haciendo en este lugar. Parecía una idea decente, no quería estar solo, así que vino a la tienda. Pero todo lo que había conseguido era recordarle lo innecesario que era aquí. De alguna manera, a lo largo de los años, se había convertido en un artista más que regular, todo el tiempo lo pasó en las discotecas. Nunca se preocupó antes, pero ahora no era como si otra maldita cosa lo sostuviera en la ciudad.

Tal vez debería despegar, coger el siguiente vuelo a Seattle. Subir por la costa y visitar los clubes que no había visitado en un tiempo. Cualquier cosa para mantener su mente fuera de lo que le dolía. ¿Quién habría pensado que dos putas semanas serían suficiente para enviarlo al borde por una chica?

La campanilla de la puerta tintineó y casi se cayó de su silla cuando la vio caminar dentro de su tienda. Debería estar soñando, maldita sea. No había manera que eso estuviera pasando.

¿Por qué estaba aquí? Trató de preguntar, pero no pudo conseguir que su boca trabajara de nuevo mientras que Bella cruzó el piso de madera brillante delante de él. La mujer era una visión, con un largo vestido abrazando cada curva y dejando sus hombros al descubierto. El estampado tropical brillante partió su piel bronceada y el cabello marrón calido; y todo lo que quiso él era darle un tirón a su regazo y abrazarla hasta que estuviera seguro que era real. No. Eso no estaba bien. No debería estar pensando en tocarla, no cuando las cosas habían terminado como la mierda la última vez.

—Hola.

Correcto, debería estar hablando en este momento. Edward se levantó de un salto. —¿Qué haces aquí? —Que mal cosa que decir. Mierda—. Maldita sea, eso no es la manera como lo quería decir. —Él realmente no quería hacer esto delante de sus dos artistas y clientes, pero no había otro lugar a menos que tuvieran esta conversación en el baño. Cristo, ¿incluso lo estaba pensando? La mujer lo volvía loco.

¿Por qué estaba aquí?

Ella sonrió. —Tengo tu paquete. —Uno de los chicos se rio y la cara de ella se sonrojó—. Emm, Sabes lo que quiero decir. Fue demasiado.

Así que había venido aquí para discutir sobre ello. Edward se hundió en su silla con ruedas, su estómago estaba hecho nudos.

Esta mujer lo hizo sentir como si estuviera en la secundario, un torpe que no podía hacer nada bien.

—Pero… la nota fue inesperada. —Miro a las otras personas en la tienda, ahora, todos descaradamente mirándolos. Por un segundo, pensó que terminaría, pero ella cuadró los hombros y habló en un apuro—. Terminé mi pintura.

Edward parpadeó. —Pintura.

—Sí, una… —Sus manos se movieron nerviosamente—. Una que comencé el día después que, ya sabes. —Bella alzó la vista y se encontró con su mirada—. De ti. La hice, ah, me gustaría que vinieras y me dieras tu opinión.

¿Una pintura? ¿De él? Eso quería decir… Edward se empujó sobre sus pies. —Vamos.

—Espera. —Ella lo empujó hacia atrás en su silla—. Realmente, en verdad siento que enloquecí contigo. ¿Recuerdas al chico que mi hermano golpeó? Bueno, me quedé atrapada con eso y en que eras un chico malo como él. Sólo que no eres como él, porque en verdad no te pareces nada. Él no se preocupaba por mí y lo único que quería era entrar en mis pantalones y al parecer en los pantalones de cualquier otra chica en el campus mientras estábamos saliendo. Pero después rompió conmigo y se aseguró de hacerlo de la manera más vergonzosa frente a mis amigos. —Cristo, sabía que ese chico era un idiota, pero Edward no esperó esto. Ella tomó una respiración profunda y se precipitó antes de que él fuera por ella—. Básicamente, lo que estoy tratando de decir es que mis problemas de confianza no son tu culpa, pero lidiaste con ellos de todas maneras. Por favor, perdóname.

—Eso es historia antigua, nena. Quiero ver esa pintura. —Una pintura de él.

—Hay más.

¿Más? ¿Había la posibilidad de haber más? pero ella se apresuró antes que tuviera el valor de preguntar.

—Estoy aquí por un tatuaje.

La mujer se movía demasiado rápido para mantenerse al día.

—Un tatuaje.

—Sí, un tatuaje.

Nada de esto tenía sentido. —¿Qué pensaría tu madre?

—No me importa lo que piense mi mamá. —Bella puso sus manos en las caderas—. Sabes, no estás haciendo esto más fácil.

Era como si estuvieran teniendo una conversación y él solo escuchara la parte de ella. —No lo entiendo. ¿Por qué quieres un tatuaje? ¿Por qué aquí?

—¿Hablabas en serio con las cosas que escribiste?

Infiernos, había pasado horas con esa estúpida carta y la maldita cosa ni siquiera llenó la mitad de la hoja. —Sí, lo hice.

Ella dejó escapar un suspiro. —Pues bien, resulta que me estoy enamorando de ti también. Y me haces muy, pero muy feliz.

La boca de Edward se abrió.

—Ves… —continuó antes de que pudiera decir algo—, después de lo traumático con mi ex, pensé que mi gusto con los hombres no era de confianza. Mi madre estuvo de acuerdo con entusiasmo, por lo que estuvo tratando de empujar relaciones con hombres "respetables" en los últimos años. Pero lo curioso es, que si hubiera tenido el valor de confiar en mis instintos, eres exactamente a quién elegiría para mí.

—¿Yo… qué? —Lo habría escogido a él. Edward parpadeó hacia ella, distantemente preguntándose qué tan seguido ella iba a golpearlo de esa forma… o si a él le importaría.

—Sí, Edward. Te hubiera escogido. Te escojo. —Le dio una sonrisa nerviosa—. Y es la mejor decisión que he tomado en mi vida.

Estaba bastante seguro que la planta sólo se cayó debajo de él. Esto sin duda era un sueño. No había manera que Bella entrara en su tienda y le dijera que se estaba enamorando de él. Que lo escogía sobre todos los demás. Esa clase de mierda no le pasaba a tipos como él.

Cuando no dijo nada, ella tomó una respiración profunda—. Así que… ¿recuerdas la conversación que tuvimos cuando fuimos a cenar? ¿Esa en la que hablamos que la gente consigue tatuajes para recordar ciertas cosas?

—Sí. —Como si fuera olvidar cualquier tiempo juntos. No cuando él ha estado pensando en cada minuto de esos momentos.

—Bueno, por eso quiero un tatuaje. Porque siento que mi vida ha dado vuelta al revés desde que te conocí. Ya no lo voy a ocultar más. Si eso no es algo para conmemorar, no sé qué lo es.

Edward tendió su mano, todavía medio inseguro que ella no fuera seria. Pero entonces deslizó una mano en la suya y eso lo golpeó, esto era real. Estaba aquí y en realidad quiso decir esas cosas. La tomó en su regazo y ni siquiera chilló en protesta. En su lugar, se instaló allí como si fuera la cosa más natural del mundo. —¿Vas en serio?

Bella acunó su cara con una mano. —Lo digo en serio. Me estoy enamorando de ti, Edward Cullen y me gustaría mucho que me tatuaras.

Sólo entonces se dio cuenta del papel en su otra mano. Era una réplica exacta de la pintura que le compró. —Este es trabajo serio.

—Pensé que podríamos empezar poco a poco. —Señaló la flor en el omóplato de la mujer en la foto—. Tal vez mirar cómo van las cosas y trabajar desde allí.

Síp, no estaban hablando de tatuajes. —Qué casualidad que tenga horario libre. — Incluso si no, habría cancelado al mismo presidente por esta mujer. La acercó más, disfrutando de la sensación de sus caderas bajo sus manos. Era como una mañana de navidad perfecta que nunca tuvo cuando era niño. En la que se despertaba y se daba cuenta que consiguió la única cosa que siempre quiso.

Bella le dio un beso, allí mismo, delante de todo el mundo. Ella lo deseaba. Edward quería gritarlo al mundo. Él suavizó el beso, finalmente, inclinándose hacia atrás con una sonrisa. —¿Estás lista, nena? Este es un gran paso.

Lo besó de nuevo. —Estaré en tus manos, así que creo que estaré bien. Hagámoslo.

FIN


El libro se llama Wrong Bed, Right Guy y es el número de la serie Come Undone de la autora Katee Robert.

Fue un guso adaptar esta historia. Déjenme saber que les pareció

-M. May