Dedicado a mi Belenchurri :) Espero que disfrutes mucho con él.
3. ¿Aceptas el riesgo?
El ruido de un motor despertó a Angelina Johnson, que se había pasado toda la tarde entrenando y que había sucumbido al sueño nada más tumbarse en su cama.
Al principio pensó que seguía soñando y confundió el ruido del Ford Anglia con la batería de las Brujas de Macbeth, que se encontraban dando un concierto únicamente para ella y para un chico al que no podía ver la cara. Los dos estaban felices, bailando, cuando…
— ¡Angelina!
Ésa voz. Era inconfundible. La sacó de su sueño al instante.
— ¿Qué diablos estás haciendo aquí, Fred Weasley? — gritó sin aún levantarse de la cama, tapándose la cara con la almohada para amortiguar el dichoso ruido.
— ¿No quieres dar una vuelta? — suplicó él en un tono que se suponía inocente.
Entonces ella lo vio. Vio un coche volador en su ventana, ocupado por Fred, George y Alicia. No se lo podía creer. Los gemelos habían hecho muchísimas locuras, pero nunca les había visto hacer algo ilegal y que les podía costar el pellejo.
— No me voy a montar en ese coche — cruzó los brazos y les dirigió una mirada intimidatoria.
— Oh, vamos, Ange… — suplicó Fred poniéndole ojos de cordero degollado — te traeremos de vuelta sana y salva.
Angelina volvió a negar con la cabeza. Ni por todo el oro del mundo les iba a dar el gusto.
— Tendremos que usar nuestro propio método, ¿no, Freddie? — sonrió divertido George.
Dicho y hecho. Los dos se levantaron tambaleando el coche notoriamente mientras Alicia se encogía en su asiento y cerraba los ojos. Saltaron hacia el alfeizar de la ventana y se adentraron en la habitación de Angelina.
— ¡Cómo os atreváis…! — chilló ella, escandalizada.
Pero no le dio tiempo a decir nada más. Cada uno la inmovilizó por un lado y comenzaron a abrazarla con unas poco sutiles cosquillas.
— ¡Parad… parad… ya! — jadeaba ella sin aliento — ¡Vais… a… pagar… por esto!
Fred se inclinó hacia ella para susurrarle algo al oído:
— Sólo si accedes a dar una vuelta.
La muchacha volvió a negar con la cabeza, con lo que los gemelos continuaron con su genuina batalla de cosquillas.
— ¡Alicia… ayuda! — consiguió pronunciar Angelina a duras penas.
Alicia se debatía entre ir a ayudar a su amiga y arriesgarse a una dura caída o resguardarse en su cómodo asiento.
Era un miedo irracional, sabía que no iba a pasar nada y, ¿qué diablos? Era una Gryffindor. Una Gryffindor que muchas veces se preguntaba por qué estaba en esa casa cuando era una miedica, pero tratándose de sus amigos parecía que esos temores se disipaban un poco.
Se levantó del vehículo y notó el suelo tambaleándose a sus pies. Dio un paso. Luego otro. Consiguió abrir la puerta. Ahora era un pequeño salto lo que la separaba de la ventana.
— ¡Date… prisa! — suplicó Angelina, que seguía sufriendo la tortura de los gemelos.
Uno… dos… tres… y el saltito que había parecido tan temible se hizo ridículo una vez lo hubo superado. Alicia miró hacia atrás con una sonrisa de autosuficiencia. Lo había conseguido.
Corrió hacia los gemelos, que habían conseguido que Angelina se retorciese en su cama. Tiró fuertemente de George para separarle de ella, pero lo único que consiguió fue que se volviese en su contra y cayese también en la cama.
Y ahora las cosquillas también iban dirigidas a ella.
— ¡Ya… ya… por favor! — gritaba ahora ella como podía — ¡Yo sí que voy a ir!
— Ange, ¿te rindes? — le preguntó Fred.
Angelina le dirigió una mirada orgullosa y aprovechó que el pelirrojo estaba concentrado en ver que respondía para darle una patada en el pecho, lo que hizo que él retrocediera y la soltara.
— ¡Ay, Ange! — bufó — ¿ahora las jirafas dan coces o qué?
Ella había aprovechado para salir del alcance de los gemelos y se encontraba a un paso de la ventana:
— Juro que como no dejéis a Alicia en paz hago que se estrelle la cosa esa — dijo decidida.
Fred se quedó mirándola, sorprendido. Los años habían hecho que conociese a su compañera muy bien y sabía que lo decía de verdad. Atacarle en el orgullo era lo peor que habían podido hacer.
— Está bien — dijeron los gemelos a la vez.
Alicia se soltó rápidamente, jadeando y llevándose la mano a la tripa:
— ¡Os… voy… a… matar!
George se rió, retándola con la mirada:
— ¿Y qué vas a hacer?
— Digamos que vais a tener este año un poco más difícil vuestras bromas — dijo — no dudaré en decirle a McGonagall lo que sepa.
Los gemelos se rieron. Si así era como pretendía darles miedo, no lo iba a conseguir.
Al final, consiguieron que las chicas se montasen en el coche. Pasaron toda la noche sobrevolando Londres y riéndose profundamente cada vez que estaban a punto de ser descubiertos. Surcaban las nubes constantemente para evitar ser vistos, pero enseguida querían descender para disfrutar de la inyección de adrenalina que les otorgaba el riesgo.
No en vano los cuatro eran Gryffindor.
Ésa noche algo pasó. Ninguno fue capaz de describirlo con exactitud ni supo explicar qué era lo que había pasado, pero desde esa noche fueron incontables las ocasiones en las que no necesitaron hablarse para saber qué era lo que ocurría en la mente del otro. A partir de ese día, por mucho que se molestasen y negasen lo contrario, fueron como una piña.
Cuando los gemelos volvieron a la Madriguera, ya sin las chicas, su hermano Ron estaba esperándoles:
— ¡Por fin! — exclamó — ¿dónde os habíais metido?
Ambos intercambiaron una mirada cómplice y se encogieron de hombros.
— Da igual — bufó Ron — necesito que me ayudéis. Harry no da señales de vida y no sé qué le pueden haber hecho sus tíos…
Los tres se dirigieron a Privet Drive con el coche volador. Habían tenido motivos para preocuparse: Harry se hallaba recluido en su habitación como si de una cárcel se tratase. Por fortuna, consiguieron rescatarle y salir sanos y salvos en dirección a la Madriguera.
Pero entonces toparon con su madre, Molly Weasley.
Daba verdadero miedo. Fred y George podían dárselas de valientes, pero ante la rabia de su madre temblaban como los que más.
— Buenos días, mamá — fingió una inusual alegría George.
— ¿Os hacéis idea de lo preocupada que he estado? — el tono de su voz hizo que se les erizase la piel.
Los minutos siguientes transcurrieron lentamente, como si el tiempo se hubiese parado, con los gritos y la regañina de su madre.
Era el riesgo que tenían que pagar cada vez que hacían alguna de las suyas, el único riesgo que realmente tomaban como tal. No les importaban los castigos, las deducciones de puntos… lo único que de verdad hacía efecto en ellos eran los gritos de su madre.
Sin embargo, merecía la pena. Y por eso, lo volverían a hacer una y otra vez.
El verano iba avanzando más rápido de lo que les hubiese gustado y cada vez tenían menos tiempo para hacer lo que más les gustaba.
— Alicia dijo que se iba a chivar si veía que hacíamos una de las nuestras — sonreía George — pero no tiene ni idea de nada.
Delante de él tenía un caldero hirviendo. Iba agitándolo en el sentido de las agujas del reloj mientras Fred iba preparando y echando los ingredientes.
Pero, de repente, empezó a temblar y explotó.
— ¡Mierda! — exclamaron los dos a la vez mientras se reían el uno del otro, ya que tenían toda la cara negra debido a la explosión y los pelos chamuscados.
Se escucharon unos pasos que se acercaban a la habitación. Lo habían supuesto bien: era su madre que se dirigía hacia ellos.
— ¿Queréis hacer el favor de explicarme qué pasa aquí?
Estuvieron diez minutos discutiendo. Ya no sabían qué excusas ponerle. Las explosiones se habían hecho algo muy frecuente durante ese verano. ¿El motivo? Zonko se les había quedado pequeño y ahora querían ser ellos los que fabricasen sus nuevas bromas.
— Vale, me parece que la piel de ratón había que añadirla después de la esencia de jazmín y no al revés — murmuró Fred cuando su madre se hubo ido — hay que empezar otra vez.
Ésa misma tarde llegaron las lechuzas con la lista de materiales para el nuevo curso. Hogwarts estaba a la vuelta de la esquina. Mediante polvos Flu llegaron al Callejón Diagon, donde habían quedado con su amigo Lee.
Estuvieron un buen rato contando todo lo que les había pasado durante el verano:
— Escribí a Angelina para ver si quería ir a tomar algo, ya sabéis, vive muy cerca de mí, pero ni siquiera me contestó, ¿os lo podéis creer? — en vez de comentarlo con un tono triste, Lee lo contaba como si fuese algo divertido.
— Bueno, no me extraña — rió George — tal y como la acosas… estará asustada.
Después fueron a la tienda de artículos de broma Gambol y Japes, en la que compraron una buena cantidad de "Bengalas del doctor Filibuster".
— Pagas tú, Lee — dijo Fred — ya sabes, nos debe dinero.
— ¡Malditos! — se quejó Lee sacando un montón de sickles — no sé cómo sigo apostando con vosotros.
Los gemelos eran muy inteligentes. Mucho más de lo que la gente creía. Tenían una gran visión para los negocios y, demostrado estaba, también para el juego. En el último curso habían apostado contra Lee en casi todo: snap explosivo, el resultado de los partidos… cualquier excusa era buena. Lee siempre perdía, lo que alimentaba las huchas de los gemelos y les hacía más fácil lograr todos los artículos de broma que querían. A pesar de que siempre perdía, él se negaba a dejar de apostar con los gemelos. Su orgullo era mucho mayor que su sentido común y siempre albergaba la esperanza de ganarles un día.
En ese momento, vieron a una chica menuda y de ojos inquietos observando el escaparate de escobas de la tienda Artículos de Calidad para el juego de Quidditch.
— ¡Katie! — llamaron su atención, sonriendo de oreja a oreja.
La pequeña Katie ya había cumplido trece años y el verano realmente había hecho notorio el cambio que se había producido en ella. Atrás había dejado su aspecto de niña, aunque se seguía viendo pequeña y frágil.
— ¿Qué haces por aquí, Kates? — le preguntó Lee, pasándole el brazo por encima de los hombros en un gesto cariñoso.
— Mirando las nuevas escobas — dijo emocionada — esperaba que este año por fin me pueda comprar una Nimbus 2000, la mía está tan vieja… obvio que me gustaría una 2001, pero no tengo tanto dinero…
— Nuestra pequeña Katie — sonrió George — quizás tengas una sorpresita por Navidad.
Ella se quedó mirando al pelirrojo, perpleja. ¿A qué se refería?
— ¿De qué hablas? — quiso saber.
Él intercambió una mirada cómplice con Fred e inmediatamente su gemelo supo por dónde iban los tiros. Un gesto tan simple bastaba para que se entendiesen.
— Quizás te podamos conseguir algo que te gusta — se rió.
— ¿El qué? No entiendo nada.
— ¿Una foto dedicada de Oliver? — sugirió George divertido.
Katie bufó, muy molesta:
— ¡Por enésima vez, no me gusta Oliver!
En ese momento apareció Arthur, que llamó a los gemelos para ir a comprar los libros de Lockhart.
Cuando llegaron a la tienda, Ron, Harry, Hermione y Ginny se encontraban "hablando" con Malfoy. Su padre, oliéndose problemas, sugirió que se marchasen fuera, pero en ese momento apareció Lucius Malfoy y las cosas cambiaron.
Fueron un intercambio de sarcásticos comentarios por parte del señor Malfoy lo que desencadenó la pelea. Fred y George se encontraban fascinados ante la idea de que esta vez fuese su padre el que se metiese en problemas:
— ¡Dale, papá! — gritaban encantados, al mismo tiempo que su madre chillaba horrorizada.
Cuando la pelea hubo terminado por fin, ellos no dejaron de comentarla una y otra vez, como si de una pelea de boxeo se tratase y tuviesen que debatir quién había sido mejor:
— Malfoy tenía una nariz rota — puntualizó George — eso le da más puntos a papá.
— Bueno, es peor una nariz rota que el labio roto de papá, ¿no? — comentaba divertido Fred.
Su madre no quería oír hablar de la pelea:
— ¡Como vuelva a escuchar una palabra acerca de este incidente me encargaré de enviaros un bonito howler por Navidad! — amenazó, con lo que los gemelos se callaron.
Unos pocos días después ya estaban de regreso a Hogwarts. Después de atravesar el andén nueve y tres cuartos se dispusieron a elegir un vagón que estuviese vacío junto con su amigo Lee Jordan. Se pasaron todo el trayecto planificando las bromas del nuevo curso.
Cuando por fin llegaron a Hogwarts, los gemelos escucharon que Harry Potter y su hermano Ron no habían viajado en el Expreso de Hogwarts.
— Pero si estaban con nosotros, ¿por qué no atravesaron el andén? — se preguntaba George, que no entendía nada.
Una chica bajita y de piel tostada se le acercó:
— Dicen por ahí que se ha ido con Potter en un coche volador. Algo absurdo, si me preguntas… pero siendo hermano de quién es… ¡sois una mala influencia!
George rodó los ojos:
— Alicia, tú siempre tan amable — fingió una sonrisa — tranquila, no les pueden quitar puntos, aún no ha empezado el curso.
— Me preocupan algo más que unos simples puntos — se enfurruñó la chica — ¿no te das cuenta de lo peligroso que es?
Fred empezó a reírse, uniéndose a la conversación:
— Tienes un sentido de la moral un poco extraño, Leesh — le guiñó un ojo — hace unas semanas tú te montaste en ese coche…
Alicia bufó:
— ¡Es diferente! — negó con la cabeza — ¡no era a plena luz del día!
— Pero bien que te gustó saltarte las normas — puntualizó Fred.
Alicia bufó una vez más, pero no dijo nada. George le pasó el brazo por encima de los hombros y la atrajo hacia él:
— Ay, nuestra querida Alicia — le susurró al oído — no tienes por qué ser como Hermione Granger. Que tengas ambición en los estudios no significa que tengas que ser una remilgada…
Fred le interrumpió imitando el ruido de un león y poniendo a Alicia de los nervios:
— No podrías vivir sin nuestras bromas, reconócelo — le dijo George — vive un poco la vida, acepta el riesgo…
Alicia se marchó, murmurando.
— No lo quiere reconocer, pero sabe que tenemos razón — dijo Fred.
El primer fin de semana no fue como habían planeado: dormir hasta tarde y no hacer nada. No, Oliver Wood se encargó de lo contrario:
— ¡Entrenamiento de Quidditch! ¡Vamos, os quiero en veinte minutos en el campo!
Fue como si no hubiese dicho nada. George siguió durmiendo abrazado a su almohada mientras Fred murmuraba "sí…" en un profundo sueño.
Oliver tuvo que tomar medidas drásticas. Hizo que saliese agua de su varita directa a la cabeza de los gemelos. El primero en recibir semejante castigo fue Fred:
— ¡Incendio, incendio! — gritó, sin saber que en realidad había sido despertado por su entrenador.
Cuando vio quién había causado todo eso volvió a meterse a la cama:
— Lo llevas claro, Wood — y le dio la espalda.
Oliver, desesperado, intentó probar suerte con George:
— ¡SERÁS HIJO DE UNA BLUDGER!
En un acto reflejo, le pegó un puñetazo. A Oliver le empezó a sangrar la nariz y a duras penas levantaba la cabeza para frenar la hemorragia. Intentaba recordar qué hechizo le podía servir en ese momento, pero no lo conseguía.
Al final, tuvo que optar por el método muggle y utilizar el papel. Cuando regresó del baño, los gemelos dormían como si nada hubiese pasado.
— Esto va a ser duro — murmuró para sí mismo.
Le llevó media hora a Wood conseguir que por fin los gemelos bajasen a la sala común. Se fue derecho a despertar a Harry, que era el único que le faltaba.
Cuando por fin llegó Harry la imagen era desoladora. En los vestuarios se encontraban todos los integrantes del equipo de Gryffindor o lo que quedaba de ellos. Alicia estaba apoyada en la pared con los ojos cerrados y con aspecto de haberse dormido. George tenía la cabeza apoyada en su hombro, con los ojos hinchadazos y el pelo completamente despeinado junto a su hermano Fred que tenía las mismas pintas. Angelina y Katie estaban sentadas juntas, sumergidas en un profundo bostezo. Oliver, sin embargo, daba vueltas por todo el vestuario con una energía que no se asimilaba en absoluto a la de sus compañeros.
A medida que Wood hablaba, su equipo se iba adormeciendo más. Sólo se despertaron al oír "¿Alguna pregunta más?".
— ¿Por qué no contaste todo este rollo cuando estábamos despiertos? — bostezaba George, lo que a Oliver no le hizo ninguna gracia.
Empezó a hablar de lo importante que era ganar la copa de Quidditch, la mala suerte que habían tenido el año pasado… después de la perorata de Oliver, por fin comenzaron a entrenar de verdad y eso despertó al equipo.
Estaban casi terminando cuando un grupo con capas verdes se acercó al campo:
— Flint — le dijo Oliver al capitán de Slytherin — hemos reservado el campo, no podéis estar aquí.
Pero él enseñó un permiso firmado por el mismísimo Snape que les daba permiso para entrenar esa mañana porque tenían un buscador nuevo… nada más ni nada menos que Draco Malfoy.
Tal y como les tenía acostumbrados, Malfoy empezó a pavonearse por su nuevo puesto. Sin embargo, Hermione intervino:
— En el equipo de Gryffindor nadie ha tenido que comprar un puesto — puntualizó.
Malfoy se quedó blanco y su expresión cambió totalmente:
— No he pedido tu opinión, sangre sucia.
Fred y George fueron a abalanzarse sobre él, pero Flint se interpuso entre ellos:
— ¡Cobarde! — gritó Fred — siempre detrás de tus gorilas.
El hermano de los gemelos, Ron, le lanzó un hechizo a Malfoy, pero rebotó contra él.
— ¡Oh! — exclamó Alicia, sobresaltada — ¿has visto lo que le ha pasado a vuestro hermano?
Los gemelos seguían mirando con cara de odio a Malfoy:
— Hermione y Harry se están ocupando bien de él — dijo Fred — vamos al castillo.
— Ha sido el peor entrenamiento de Quidditch de mi vida — confesó Angelina — casi me duermo.
Y se fueron rumbo al castillo, riéndose los unos de los otros:
— Tú tenías la boca abierta, así — dijo George imitando a Alicia mientras dormía.
— ¡Ah, calla! — se sonrojó Alicia.
Y así concluyó su primera semana en Hogwarts. Con ganas de arriesgarse y vivir uno de sus mejores años.
Iba a hacer un capítulo muchísimo más largo, pero he decidido dividirlo en dos. ¿Por qué? Porque he tenido muchos problemas para escribirlo y ya había pasado bastante desde la última vez que actualicé y no os quería hacer esperar tanto. Para la próxima semana creo que ya podré tener el resto de su cuarto año, que es donde está lo interesante (ataques, Ginny…). Pero me veía incapaz de terminarlo para esta semana y no os quería hacer esperar tanto.
Espero que os haya gustado :) este creo que ha sido un poco diferente, está centrado más en los gemelos en conjunto más que en ningún otro personaje. Vosotros me decís si he ido por el camino correcto ;)
Contesto los reviews anónimos:
Dorothhy: Silvia :) Siento que se te hiciese tan corto. Quería compensarlo con este capítulo, que iba a ser muuuuy largo, pero al final he decidido dividirlo porque si no no actualizo en años! Así que el fic ya está teniendo más capítulos de los que tenía pensados :$ espero que este te haya gustado, y los sentimientos se verán más adelante ;)
Len: Belenchurri :) me alegro de que te haya gustado :) para el próximo a ver si nos podemos ver y me echas una manilla con el bloqueo que tengo ;)
