4. Vive la vida

La lluvia castigaba a los osados que se atrevían a salir fuera. Mientras tanto, una gran multitud de estudiantes se acurrucaban junto al fuego de la sala común de Gryffindor, intentando aprovechar el fin de semana aunque no pudiesen salir del castillo.

Los gemelos estaban muy entretenidos con una salamandra que habían "rescatado" de la clase de Cuidado de Criaturas Mágicas. Estaban intentando averiguar qué era lo que pasaba si le daban de comer una bengala del doctor Filibuster.

— ¡Mira, no deja de moverse! — exclamaba divertido Lee.

— ¡Va a vomitar! — dijo una niña de primero aterrorizada, mientras se tapaba la cara con las manos.

Finalmente, la pobre salamandra empezó a arder sobre la mesa, justo cuando Katie y Alicia llegaron:

— Decidme que eso de ahí no era un ser vivo — los ojos asustados de Alicia y su voz temblorosa se quebraron al ver las cenizas.

George intentó calmarla:

— ¡Tranquila, Leesh! ¡Es sólo una salamandra! Es un espíritu de fuego, se alimentan de él…

Pero Alicia no contestó, seguía mirando al fuego con lágrimas contenidas en su mirada:

— ¿Qué le habéis hecho? La gente no estaría montando un corrillo por una salamandra en fuego y ya está. ¿Qué le habéis hecho?

George bajó la mirada, incapaz de enfrentarse a los ojos implorantes de Alicia:

— Le hemos dado de comer una bengala del doctor Filibuster para ver qué pasaba…

— ¿Para ver qué pasaba? — Alicia no se lo podía creer — Por Dios, ¿es así cómo os divertís? Sabéis que siempre he sido tolerante con vuestras bromas, pero veo esto y es que… no os reconozco.

La Gryffindor se dio la vuelta dispuesta a volver a su habitación, mientras George la pisaba los talones, intentando alcanzarla:

— ¡Espera!

¡PLAS! La escalinata se convirtió en un tobogán y los dos cayeron al suelo.

— No me he fijado en la escalera — se disculpó George — perdona, de verdad…

Alicia no decía nada. Sólo se tocaba el codo con el ceño fruncido. Se había dado un buen golpe y ahora tendría un moratón por culpa del pelirrojo. Genial. Su vida estudiantil en Hogwarts estaba plagada de incidentes como ese, no había ni un solo día que se pudiese considerar normal junto a los gemelos. Y ya estaba harta.

— No me hables durante un buen tiempo, George Weasley — y el brillo de sus ojos hizo que a George se le formase un buen nudo en la garganta.

Duró más tiempo del que hubiese deseado. Pero, al fin y al cabo, Alicia era una persona de buen corazón y muy poco rencorosa, por lo que a la tercera broma consiguió dibujar una sonrisa en su rostro y eso hizo que George volviese a estar tranquilo de nuevo.

Aunque la gente no lo viese a simple vista, George era una persona que valoraba la amistad por encima de todo. Sabía ver quién merecía la pena y quién no, y cuando tenía la certeza de que alguien era especial no lo dejaba escapar. Y así había sucedido con Alicia.

Nunca se lo había dicho a nadie, pero Alicia había sido su primera amiga de verdad. Desde que vio a aquella chica temblorosa que se cayó al lago, sabía que "su protegida" iba a estar presente en su vida. Lo sabía de siempre y no sabía darle una razón lógica para explicar el porqué. Quizás es porque la veía tan frágil que necesitaba asegurarse de que estaba bien o tal vez era el hecho de que ella era la única que sabía ver qué se escondía tras su careta.

El sábado llegó pronto y con él el primer partido contra Slytherin. Contra Slytherin y sus nuevas y relucientes escobas. El equipo tenía razones para estar nervioso.

Alicia estaba en un rincón de los vestuarios, sola, sin hablar con nadie. Antes de los partidos le gustaba desconectar del mundo y relajarse de toda la tensión del partido. Y en este caso, contra Slytherin, la presión era muy grande.

Por fin salieron al campo y la señora Hooch sopló el silbato. El partido había comenzado. Alicia no tenía mucho tiempo para ver qué era lo que ocurría con el resto de sus compañeros, pero un silbido constante cerca de Harry le hacía intuir que algo no iba bien.

Una bludger no dejaba de perseguir a Harry y los gemelos estaban tan ocupados en quitársela de en medio que no pudieron evitar que una bludger le diese a Angelina, impidiendo que pudiese anotar.

Al final, Harry se sacrificó por todos y decidió que se las apañaría solo por el bien del equipo. El resto no estaba de acuerdo, pero al final sus súplicas fueron concedidas por Oliver, que aceptó a regañadientes.

Pero el esfuerzo sirvió y Harry al final atrapó la switch. Habían ganado.

Una dosis de adrenalina se apoderó del cuerpo de Alicia, que descendió rápidamente con su escoba al campo de Quidditch para encontrarse con el resto del equipo. Le dirigió una mirada alegre a George, que le había guiñado un ojo, contento con el resultado.

Abrazó a Angelina y Katie, pero no tuvo mucho tiempo de celebraciones porque Harry tenía el brazo mal. El profesor Lockhart sólo lo empeoró más cuando le quitó los huesos y el pobre muchacho tuvo que pasar la noche en la enfermería.

Ésa misma noche hubo un ataque. El segundo ataque en Hogwarts. Hacía semanas que todo el mundo hablaba de lo mismo: la Cámara de los Secretos se había abierto y el horror que se encontraba dentro iba a acabar con los que no fuesen de sangre pura. Alicia estaba aterrada, pero no era la única; Ginny Weasley, la hermana de los gemelos, se veía muy afectada porque se sentaba al lado de Colin Creevey, la última víctima.

Los gemelos habían intentado animar a su hermana pequeña. Se podía decir muchas cosas de ellos, pero había que reconocer que eran muy familiares y lo daban todo por quienes querían. A su manera, claro. Y ésa no iba a ser una excepción.

Su manera de animar a su hermana era darle sustos, esconderse detrás de las estatuas, intentar hacerla reír… pero tuvieron que parar porque Percy amenazó con escribir a su madre y contarle todo, ya que, según él, Ginny tenía pesadillas por su culpa.

— Cuando queréis sois muy tiernos — les dijo Katie divertida cuando Percy se fue — me parece fabuloso lo que hacéis por vuestra hermana.

Angelina se empezó a reír, también divertida con la escena:

— Shhh no se lo digas mucho, se lo empezarán a creer — dijo entre susurros — y no quiero lidiar con su ego después.

— Te encanta lidiar con mi ego, no lo niegues — bromeó Fred mientras le guiñaba un ojo.

Angelina bufó, moviendo la cabeza de un lado a otro:

— Nunca cambiarás. Desde el primer día de Hogwarts hasta ahora. Igualito.

Fred cada vez parecía más divertido, sobre todo al oír la alusión del primer día de Hogwarts:

— ¿Te acuerdas del primer día? Jajajaja sí que debí causar una gran impresión sobre ti — bromeó.

— ¿Bromeas? Por vuestra culpa Alicia se cayó al lago. Por supuesto que me acuerdo.

— No hablo de eso. Digo que si… ¿que si te acuerdas de cuando nos vimos por primera vez? ¿Qué pensaste?

Angelina le fulminó con la mirada.

— Recuerdo que pensé que eras un niño insoportable y que te tomabas demasiadas confianzas.

— Pues yo recuerdo que pensé "me lo voy a pasar bien con esta niña" — dijo el pelirrojo con cara de no haber roto nunca un plato — y no me equivocaba — dijo pasando un brazo por su cintura cariñosamente.

Angelina bajó la cabeza, roja como un tomate:

— Vale, Katie va a tener razón al final… cuando queréis sois unos pastelosos…

Los gemelos la guiñaron un ojo, muy divertidos:

— Esencia de Weasley, un día la patentaremos — bromeó George.

— Mira que sois burros — reía Katie divertida.

Y desde luego que se tomaban la vida de otra manera. Cuando todo el mundo pensaba que Harry era el heredero de Slytherin, ellos fueron los únicos que estuvieron ahí para sacarle el lado divertido, un lado que no todos eran capaces de ver:

— ¡Abran paso al heredero de Slytherin, abran paso! — gritaban entre reverencias y risas de todo Gryffindor — tiene prisa, no oséis desatar su ira…

La Navidad llegó mucho antes de lo que esperaban, pero la aceptaron con alegría. Por fin tenían algo alegre que celebrar entre tanta desgracia con los ataques.

Los regalos de los gemelos, por supuesto, fueron peculiares. A Katie le regalaron lo prometido: una foto dedicada por Oliver. El pobre Oliver ni sabía a quién iba dirigida, los gemelos le habían engañado diciendo que querían una foto firmada suya por si un día se hacía famoso y se revalorizaba. Inocente Oliver. Katie no fue la única que recibió algo inusual, Lee recibió cientos de gusanos que simbolizaban su pelo (lo que sorprendentemente se tomó muy bien) y Angelina recibió una jirafa en miniatura que amenazó con tirar por el retrete. Alicia recibió una agenda cuya función era gritar de horror cuando iba a hacer los deberes y cantar de felicidad cuando hacía el vago: "Vive la vida", había sido la firma de los gemelos.

— Muy gracioso, chicos — bufaba Katie, muy ofendida — ¿cuántas veces os tengo que decir que no me gusta Oliver?

Los gemelos empezaron a reírse y a dar vueltas alrededor de ella cantando "¡A Katie le gusta Oliver, a Katie le gusta Oliver!" como respuesta. La chica al final acabó yéndose a su habitación harta de los pelirrojos.

— Pobre Katie — señaló Alicia, conmovida — ¿cuándo la dejaréis en paz con lo de Oliver?

— Cuando admita que tenemos razón — murmuró Fred divertido — ya me veo en la boda, sería entretenido, ¿te imaginas a Oliver con su traje de capitán? Apuesto diez galeones a que llevaría ese traje.

Las chicas comenzaron a reírse a carcajadas, pero, para su mala suerte, en ese preciso instante llegó el capitán.

— ¿De qué os reís? — preguntó inocente.

— Comentábamos que en tu boda irías vestido de capitán — dijo Fred como si nada.

Oliver se quedó pálido. No se lo esperaba. Luego se calmó y se empezó a reír con el resto:

— Nunca cambiaréis — les dijo sujetándose las costillas.

— Por cierto — dijo George — no te hemos dado aún nuestro regalo.

Oliver abrió emocionado el paquete que le ofrecieron los gemelos y puso cara de desilusión cuando lo abrió:

— Lo siento, chicos, os lo agradezco mucho, pero ya tengo Quidditch a través de los tiempos — se disculpó azorado.

— Obviamente lo sabemos — dijo George quitándole importancia — ábrelo.

Oliver lo abrió y la cara que puso a continuación fue indescriptible. Le empezó a temblar el pulso y balbuceó un "gracias" casi inteligible.

Resulta que los gemelos habían conseguido que el guardián de Puddlemere United le dedicase el libro a Oliver. No hacía falta explicar lo emocionado que estaba el capitán.

— Sois increíbles siempre para los regalos — murmuró en voz alta Alicia — no sé cómo lo hacéis.

— Llámalo imaginación — dijo George.

— Frescura — secundó Fred.

— Otra vez vuestro ego no — gritó Angelina tapándose las orejas con las manos.

Ese comentario hizo que los gemelos empezasen una guerra de cosquillas con la chica, que se disculpaba a duras penas entre jadeos.

Cuando terminaron con las cosquillas, Fred apartó a Angelina del resto para hablar a solas:

— Tengo algo que enseñarte — le dijo — vamos fuera.

— ¿Por qué fuera?

— Ya lo sabrás.

La curiosidad mató al gato. Angelina acompañó a Fred hasta el lago, que en esos momentos estaba helado.

— Estoy congelada, ¿para qué me has llevado aquí? — quiso saber la chica.

— No te ibas a librar de mi regalo — le susurró al oído.

— Pero… — no entendía nada — si ya me has regalado la jirafa…

— Eso era una tontería — se encogió de hombros él — deja que te dé el regalo de verdad.

Sacó la varita y la apuntó al cielo:

— ¡Ignis fatuus!

De su varita comenzaron a salir cientos de fuegos artificiales de todos los colores. Con un movimiento de muñeca, los fuegos se juntaron para formar un mensaje: "Feliz cumpleaños, Angie".

Angelina se quedó sin aliento. No se lo esperaba. No imaginaba un detalle tan bonito de parte de Fred. Sabía que los gemelos siempre hacían unos regalos fabulosos y muy originales, pero no se esperaba algo así de él.

— ¿Cómo…? ¿Cómo te has acordado? — murmuró sin aliento.

Angelina era muy orgullosa. Jamás decía que era su cumpleaños para que la gente la felicitase. Prefería que se acordasen por su cuenta. Como su cumpleaños era el día de Navidad, muchas veces la gente se olvidaba con las celebraciones y sólo le felicitaba las fiestas, pero ella no decía nada.

Katie y Alicia se habían acordado, pero casi todos los demás lo habían olvidado, como casi todos los años. Pero Fred no. Fred se había acordado y le había hecho el regalo más bonito que le habían hecho nunca.

— ¿Cómo no acordarme del cumpleaños de mi jirafita? — le guiñó un ojo él, quitándole importancia.

— Gracias — dijo sinceramente Angelina, sintiendo un calor apoderarse de ella. Le abrazó tan efusivamente que ambos cayeron a la nieve.

— Perdona — dijo cuando los dos estuvieron sobre la nieve — soy una torpe.

— Nada — dijo alegremente él — eh, ya que estamos aquí, vamos a hacer unos ángeles. Te tumbas y mueves las manos así…

Las risas se apoderaron de la noche y ese día Angelina pasó el mejor cumpleaños de su vida.

Sin embargo, pronto olvidaría todo y volvería a pelearse con Fred por mil y un razones. Las bromas de él cada día hacían que su paciencia se agotase, pero en realidad, y aunque no se lo admitiese a nadie, le encantaba el mundo de risas de los gemelos Weasley, un mundo en el que no todo el mundo tenía el privilegio de estar.

Cuando San Valentín llegó, los chicos comentaron con repulsión la peculiar idea del profesor Lockhart de ir mandando mensajes de amor con pequeños Cupidos…

— Al menos habrá que verle el lado bueno a esta sensiblería — comentó Fred en el desayuno — le podemos mandar un mensaje a Millicent Bulstrode.

Alicia negó con la cabeza:

— Sois imposibles — bufó — ¿qué os ha hecho ella?

— ¿Existir? — dijo George, ofendido.

La chica volvió a bufar:

— Nunca cambiaréis…

Iba a darle un sermón a los gemelos, pero fue interrumpida por Angelina:

— Tú le ibas a mandar algo a Roger Davies, ¿no, Leesh?

Alicia se quedó de piedra y muerta de la vergüenza.

— ¡Ange! ¿Ves lo que has hecho? ¡Ahora no me van a dejar en paz con lo de Davies!

Fred comenzó a reírse divertido con la perspectiva de tener algo nuevo con lo que divertirse, pero George estaba ausente y no decía ni una palabra.

Desayunó lo más rápido posible y se fue directo a su habitación. Se perdería la primera hora, total, era Historia de la Magia. Ahora no tenía cuerpo para eso. Se dejó caer sobre su cama y abrazó su almohada con fuerza.

No sabía qué era lo que le pasaba, pero la idea de que a Alicia le gustase Davies no le había sentado nada bien. La sola idea de ellos dos juntos le producía náuseas. Bueno, era natural, ¿no? Ella siempre había sido su protegida, la chica a la que se había prometido cuidar y… bueno, era parecido a lo que podía pasar con su hermana Ginny, ¿era un sentimiento sobre protector, no?

Pero no se podía engañar a sí mismo. No podía. Algo en su interior le decía que no era eso. Que estaba equivocado. Que durante todo ese tiempo lo había sabido y se lo había querido negar.

Le gustaba Alicia.

Cuando lo pensó, un escalofrío recorrió todo su cuerpo. Bufó. ¿Por qué le tenía que pasar eso a él? ¿Qué iba a hacer? No lo quería joder todo, no quería perderla…

En menudo lío se había metido. ¿Cuándo había ocurrido esto? ¿Cómo no se había dado cuenta antes?

Se levantó de un salto de la cama y empezó a dar vueltas por la habitación como una fiera enjaulada.

No, se le pasaría. Estaba seguro. No iba a hacer nada, más tarde o más temprano se le acabaría pasando. Era sólo una idiotez que le pasaba con todo ese asunto de las hormonas, la pubertad, la adolescencia… se le pasaría.

Suspiró aliviado cuando llegó a esa conclusión. No pasaba nada, problema resuelto. Se le pasaría y no tendría que arriesgar su amistad con Alicia.


Siento MUCHÍSIMO el retraso. Está claro que no he cumplido con mi promesa de una actualización a la semana. De hecho, esta última ha llevado casi tres meses. Qué horror, lo siento muchísimo. Sobre todo ahora, que cuando estaba escribiendo de nuevo este fic estaba disfrutando como una enana y casi se me había olvidado la buena sensación que tengo con este fic y lo cómoda que estoy escribiendo con mis gemelos. Me lo paso genial y espero poder seguir siendo puntual con mi cita con ellos.

Las que me conocéis, sabéis que he estado muy agobiada últimamente con la Universidad y además he tenido problemas de salud. He estado a mil frentes y siempre tenía a mis gemelos en mente, pero no encontraba tiempo para plasmar todo lo que tenía en mi mente a papel. Me costaba una barbaridad. Había días que me lo proponía y no escribía ni una sola palabra. Pero hoy cuando he conseguido hacerlo me he sentido muy feliz :)

A ver, sé que os dije que iba a ser otro capítulo más del cuarto año de los gemelos (segundo libro de Harry Potter) y ya pasábamos al siguiente, pero mucho me temo que voy a tener que hacer un tercer capítulo sobre este curso. Entendedme, me queda la parte más difícil (Ginny atacada y demás) y más dura y no sabía cuánto iba a tardar en escribir eso, así que prefería adelantaros lo que tengo ya que estaba tardando muchísimo en actualizar y lo siento de veras. Espero tener el próximo capítulo muy pronto.

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¡Eso es todo! Espero que no me castiguéis mucho y me dejéis vuestro review para darme mucho ánimo para seguir escribiendo :)